Holi! Si, lo se. Desaparecí, pero volví renovada. (?)
POV HOPE
Jacob con una mueca de asco, soltó mi agarre inesperadamente, me tomó por la cintura y con un rápido movimiento me llevó hacia las escaleras de la entrada ignorando mis quejidos, mientras golpeaba su pecho. ¿Quién se creía que era? No le había dado permiso de poner sus estúpidas patas en mi cuerpo, mucho menos en mi cintura. ¿Desde cuándo el perro tenia este tipo de confianza conmigo? Acaso, ¿No acababa de llamar a mi tía, maldita bruja? Bueno le tengo novedades, yo también soy una bruja, y una maldita de verdad. Con furia recité en mi cabeza un hechizo simple haciendo que se doblara de dolor. Los lobos por su parte giraron su cuerpo comenzando a gruñir a la nada, poco interesados en nuestra pelea, incluso Jacob después de que el dolor lo dejara, tampoco parecía concentrado en mí.
- ¿No te enseñaron a no tocar a una mujer sin su consentimiento perro? – Sonreí al escuchar la voz gélida de Rose. Levanté mi mirada, y ahí estaba ella, en lo alto de un árbol, mirando a los lobos asqueada, y jodidamente enojada. - ¿Estas bien? – Me preguntó con suavidad, yo asentí e intenté acercarme, pero otra vez Jacob me cortó el paso, haciendo que Rose rugiera y por consecuencia los lobos le gruñeran.
- ¿Qué demonios te pasa? – Le pregunté empujándolo una vez más, sacándolo de mi camino.
- No dejaré que te vayas con ella. – Aseguró haciéndome reír. – Estas siendo estúpida.
- Mira Oddie… - Comencé haciendo estallar en carcajadas a Rose.
- ¿Oddie? ¿Cómo el perro tonto que vive con Garfield? – Se burló mi amiga, Jacob apretó su quijada. – Esa fue buena. – Me concedió Rosalie.
- Mira Jacob… - Le dije al darme cuenta que mis formas, por más divertidas que me parecieran, no estaban ayudando en nada. – Viniste a mi casa, gritando, demandando e insultando a mi tía, ella no está, de hecho no parece que haya pasado la noche en mi casa, lo cual jamás ha pasado sin que ella me avisara. No puedes esperar ser bien recibido, ni tú, ni tu manada de lobos, mucho menos pensar que puedes decirme que y que no hacer. Las únicas personas que podían hacer aquello, están muertos o desaparecidos. – Le aclaré.
- Y, ella, un chupasangre, una asesina ¿Sí es bienvenida? – Siseó mirándome duramente, casi decepcionado. Me encogí de hombros. Rosalie no mataba humanos, por lejos Los Cullen, en comparación con todos los seres sobrenaturales que conocía, eran unos santos. Ellos tenían una moral que ni siquiera mi madre tenía y ella era jodidamente honorable al igual que Tío Elijah.
Para ser sincera, tampoco conocía mucho a Jacob, las veces que habíamos hablados el intercambio no había sido amistoso, y ni si quiera habíamos avanzado de la tensión sexual que había entre nosotros, en cambio con Rose, y sus hermanos, habíamos creado un vínculo, confiaba en ellos, eran mis amigos. Y, ahora mi tía estaba desaparecida en acción, eso no ayudaba mucho a los lobos, ellos la habían visto, por lo poco que sabía ellos podrían ser responsables de ello.
- Deberías aprender a cerrar el hocico, perro. – Le dijo mi amiga ahora enojada. Las risas habían quedado atrás, su mirada era fiera y sus palabras comenzaron a salir como dagas, tuve que esforzarme para seguir la velocidad de ellas. – Teníamos un tratado de décadas que acabas de romper con tu indiscreción. – Señaló haciendo a los lobos aullar, Rosalie me miró con confusión al no ver ninguna reacción, le hice una mueca incomoda, de eso era precisamente de lo que quería hablar con Los Cullen, que sabía lo que eran, unos jodidos vampiros fríos, y que no entendía cuál era el maldito problema, mi vida estaba lleno de distintos seres. ¿Qué tipo de tratado había entre los lobos y los Cullen? Me pregunté – No hemos roto nuestra parte del trato. ¿Dónde está tu alfa? Espero que lo pongas al corriente porque Carlisle querrá hablar con él. – Jacob se encogió levemente ante sus palabras. Aparentemente la había cagado en grande, si los lobos parecían retroceder sin poner problema alguno.
Cansada de la situación, paralicé el cuerpo de Jacob y lo hice arrodillarse, Rosalie desde la copa del árbol atinó a saltar al no saber qué haría a continuación, los lobos nerviosos, una vez más gruñeron en mi dirección, pero concentrándome puse mis manos en sus sienes e intente y logré entrar en su mente. Jadee de la impresión, su mente estaba conectada con toda su manada, una energía que jamás había conocido en mi vida me invadió, dejándome aturdida por un segundo, ellos no eran licántropos, ni siquiera otra clase de lo que yo misma era. Ellos eran cambia formas y fueron creados con el solo objetivo de neutralizar a los vampiros "fríos", por ende, eran más poderosos de lo que en un principio pensaba, si ellos con sus dientes podían desmembrar el cuerpo duro como el mármol que tenían la especie de mis amigos, podrían sacarnos momentáneamente del juego a mí y a mi tía fácilmente. Me comencé a desesperar buscando en sus recuerdos a Tía Isabella, me lo estaban haciendo difícil, tantos pensamientos juntos me estaban abrumando al punto que mi cabeza dolía.
- Hope… - Escuché a Rosalie llamarme, pero no podía hablar, no podía contestarle, tenía que encontrar lo que había pasado con mi tía. – Maldición Hope, me estas asustando. – Los lobos comenzaron a aullar de dolor, mi poder los estaba doblegando.
- Raphael… - Mascullé con la voz rota.
Podía ver a mi amigo tomando a mi tía que estaba en un estado catatónico y arrastrarla por el bosque desde un brazo, sin cuidado alguno. Comencé a sollozar de la impotencia, y sentí el tacto frio de mi amiga en mis hombros, pero no podía dejar de mirar, Kaleb también estaba en la escena, no parecían amigables, incluso se los notaba agresivos con ella, tanto como mi tía hacia ellos. Empecé a hiperventilar cuando la vi rodeada de varios vampiros, los reconocía también, eran estudiantes del instituto Salvatore.
- ¡Hope basta! ¡Vas a matarlo! – Las manos antes delicadas de mi amiga, apretaron su agarre en mis hombros haciéndome chillar del dolor y soltar a Jacob que cayó con un golpe seco al suelo.
- ¡¿Qué demonios Rose?! – Le dije apartando sus manos de mí. Ella lejos de importarle mi enojo señaló con su quijada al suelo.
Muchas cosas sentí cuando vi el cuerpo inerte de Jacob tirado, parecía muerto, comencé a hiperventilar. Me arrodillé junto a él y en un acto completamente agónico puse mis dedos en su cuello, rezando por sentir su pulso. Largué todo el aire de mis pulmones cuando sentí sus latidos. No solo me aterraba activar la maldición lobo, tampoco quería su muerte, no era mi objetivo, solo quería saber que mi tía estaba bien. Había sido demencial hacer aquello que solo había hecho con vampiros o híbridos a Jacob, ni si quiera lo había intentado con algún hombre lobo. Había sido despreciable con alguien que más de una vez, a su forma, había demostrado que le preocupaba. Los demás, también inconscientes habían vuelto a su forma humana. ¿Qué había hecho? Había violado los pensamientos de cada uno de ellos sin importarme nada, ni siquiera su vida, si Rosalie no me hubiese apartado... Me empecé a sentir mareada, entre lágrimas y desespero me sentía desvanecer, lo último que escuche fue a mi amiga maldecir.
No sé en qué momento pasó, pero de repente me di cuenta que Rosalie me llevaba en brazos a una velocidad vertiginosa por el bosque, apenas tenía fuerza en mi cuerpo y a pesar del frio que mi amiga me transmitía me sentía segura, sabía que ella no dejaría que nada me pase, así que me dejé desvanecer una vez más.
Me desperté sobre abrigada, la cama en la que estaba era extremadamente suave y cálida, demasiado de hecho, estaba hundida entre tantos edredones y almohadas que sentía que me iba fundir en ellos, la comodidad en la que estaba me tenía inconscientemente nadando entre algodones, olía tan bien aquí, pero todo bienestar se fue cuando sentí unas voces hablar. Al principio no las reconocí y rápidamente moví mis manos para corroborar que estas estaban sueltas. Jodidamente triste que esa fuera mi primer reacción, pero desde que tengo uso de razón que estoy en constante huida. No sería la primera vez que despertaría amordazada y amenazada por alguien. Las dos mujeres dueñas de las voces que se escuchaban estaban hablando de los lobos, y de mí. Los recuerdos de esta mañana empezaron a colarse por mi mente poniendo todo mi cuerpo en alerta. Tía Isabella. Los lobos. Jacob…
- Sam Ulley llamó a Carlisle para poner paños fríos en la situación con nosotros, pero no se vio muy benevolente con ella o su tía. – Se escuchó una voz decepcionada, sedosa y madura, reconfortante. – Pero conoces a Carlisle no va a parar hasta que el panorama este bien para ellas.
- Tendrías que haberla visto… ella es mucho más que poderosa, Esme. – La voz parecía rota, nerviosa como nunca. Rosalie. - Estaba como ida, no podía ni quería frenar. – Dijo ahora duramente. - La llame varias veces, no me escuchaba, su piel se fue marcando como si de raíces negras se tratara, invadiendo su sangre, su carne… Estuve a punto de salir pitando de ahí. – Confesó angustiada, avergonzada.
- Pero no lo hiciste Rose, no te castigues. – Le contestó la otra voz dulcemente. – Cariño, salvaste el día, pensaste en tu amiga antes que ti. ¿Qué si dudaste? ¿Qué si el miedo te paralizó? – Rosalie rió. – Sabemos que te importa Hope, y eso está bien Rose.
- ¿No estas enamorada de mi o algo así de jodido no? – Pregunté burlándome mientras me sentaba en la cama sonriendo amenamente. Mierda, sí que era gigante. Quería una cama así para mí.
A un lado de Rosalie, había una mujer, un poco más baja que mi amiga, sus cabellos eran castaños con suaves ondas que llegaban a la mitad de su brazo, sus ojos dorados me veían alegres, y su sonrisa era amorosa en sus labios, ella era hermosa de una manera cálida, arrolladora.
- Hola Hope, soy Esme. – Se presentó suavemente, le sonreí. Ella era sumamente agradable, ella me estudió, no de una mala manera sino más bien como si le interesara.
- Hola Esme, es un placer conocerla. – Le dije sonrojándome. Ella me intimidaba, me generaba añoranza. Me hacía extrañar a mi madre. Esme rió divertida.
- No me trates de usted, niña. No es como si fuera mucho mayor. – Bromeó guiñándome el ojo. "Se ve que Emmett no es el único bromista de la familia" pensé rodando los ojos internamente.
Rosalie me miraba desde el lugar donde estaba sentada con el ceño fruncido y los brazos cruzados. Estaba furiosa. Sí, podía verlo en sus ojos. Quería matarme. Mi amiga se paró y a velocidad vampírica se sentó en la cama, sorprendiéndome al abrazarme para luego pegarme en el hombro muy suavemente, aun así, dolió.
- ¡Rosalie! – Protesté sobándome el brazo.
- ¡¿Tienes una maldita idea de lo preocupada que estaba por ti?! – Masculló. Le sonreí.
Sabía que Rosalie era así, no le gustaba mostrar sus sentimientos, de hecho si podía maltratarte al mismo tiempo que demostraba lo mucho que te quería, mejor.
- Lo siento. ¿De acuerdo? Pensé que lo tenía todo controlado y no. No quise lastimar a Jacob y compañía, lo juro Rose. – Ella asintió, pero luego se encogió de hombros.
- ¿Tengo cara de que me importa? – Me dijo volviendo a abrazarme.
- Deberías, el tratad… - Ella me cortó siendo determinante.
- Ellos rompieron el tratado, no nosotros. Carlisle y los demás están hablando en este momento con Sam Ulley, el alfa de la manada renegociando un nuevo tratado, uno más justo para nosotros y uno que te proteja a ti. – Asentí poco convencida.
- No quiero que tengan problemas por mi Rose, puedo manejarlo. – Le dije levantándome. – Tengo que encontrar a mi tía e ir a Mystic Falls a parar a las brujas. Cuando entre a la mente de los lobos… Mi tía fue atacada por amigos míos que están siendo controlados por las malditas brujas, no sé si pudo escapar o si fue asesinada. – Le aclaré. – No pude seguir viendo.
- Los chicos encontraron restos en el bosque de lo que parece ser un hechizo. Sacaron fotos, ¿Quieres verlas? – Preguntó Esme ofreciéndome su celular. Asentí y me acerqué a ella.
En las fotos podía ver sal, arena, velas, un mapa de Forks y una bufanda mía. Resoplé rodando mis ojos, mi tía hizo una proyección astral de sí misma, por eso Raphael pudo arrastrarla por el bosque, su cuerpo estaba inconsciente y nadie lo estaba cuidando.
- Rose, mi celular. – Le pedí al ver que no lo tenía conmigo, ella me lo tendió esperando a que me explicara. – Voy a enviarle un mensaje a Raphael y a Kaleb, mis amigos que atacaron a Tía Isabella. – Expliqué torpemente. – Les voy a exigir que la entreguen o verán. Tengo que hacer un hechizo locador, tengo que saber dónde la tienen o si sigue viva. – Tomé mi campera que estaba apoyada en una silla a un lado de la puerta de la habitación, Rose se paró al mismo tiempo que empezaba a ponérmela y me la sacó de las manos, la miré alzando una ceja.
- Donde sea que vayas vas a ir con alguno de nosotros. – Dictaminó, negué levemente con la cabeza. – Iremos. – Aclaró.
A decir verdad no me molestaba que me acompañaran, ellos eran bastantes indestructibles, de hecho aún no sabía cómo podían morir, y el refuerzo me servía. El único miedo que tenía, es que frente a la sangre o al conflicto no pudieran controlarse. Estas personas eran mis amigos, estaban siendo controlados, no era su culpa sus acciones, y necesitaban mi protección también.
Bajamos las escaleras, su casa era maravillosa, los techos eran altos, todo lo cubría grandes ventanales, por dentro todo era luminosidad. Me encantaba. Un cuadro colgado perfectamente a mitad de la escalera llamó mi atención, estaba segura que lo había visto antes, o al menos esa misma técnica. El cuadro era predominantemente oscuro, con trazos rojos profundos irrumpiendo, destacándose como si estuviera emergiendo de la misma oscuridad, proclamándose el caos.
- Hasta el día de hoy, Carlisle no recuerda de donde lo sacó. – Comentó Esme posando su mano en mi hombro con suma delicadeza.
- Es increíblemente hermoso. – Comenté.
- Y triste… - agregó después de suspirar.
Sí, algo en el cuadro transmitía un dolor casi desgarrador. Quizás sea los ojos agonizantes que se ven perdidos por un costado, quizás las rayas inconexas e improvisadas pareciendo que fueron dibujadas con furia y anhelo, o quizás simplemente eran los colores, pero lo que más doloroso lo hacía para mí era ese parecido a las obras que mi padre solía pintar, pasé mis manos por la tela del cuadro, los relieves casi plateados que dibujaban la silueta que se escondía en el fondo me llamaban, me invitaban a tocarlas, pero apenas mi piel hizo contacto me invadieron miles de imágenes de violencia, la ejecución de varios vampiros fríos, el dolor en los ojos de uno de ellos al ver a una mujer arder frente a tres tronos. Canticos de brujas, sometiéndolo todo a su paso. Saqué la mano asqueada, jadeando. ¿Qué demonios había sido aquello?
- Cariño, ¿Estas bien? – Preguntó Esme preocupada, asentí tratando de procesar lo que mi mente había absorbido.
- Estoy bien. Necesito ir a mi casa a buscar algunos elementos. – Le dije cambiando de tema, Esme hizo una mueca.
- No es muy seguro que vayas a tu casa ahora Hope, los lobos siguen por los alrededores, y justo ahora, no eres su persona favorita en el mundo. – Me dijo Rosalie pasando por mi lado y yendo a la cocina. – Nombra lo que necesites y nosotras lo conseguiremos, pero tu casa está fuera de discusión.
No sabía que era lo que mi persona le generaba a los demás, me confundía cuando se comportaban como si yo fuera una niña a la que proteger, una a la que le podían dar órdenes y esta las acataría. Lo entendía, tenían no sé cuántos años, yo era bastante joven, pero no era débil. A veces pensaba que estaba luchando demasiado contra mis partes sobre naturales, a veces anhelaba activarlas, para demostrarle a todos lo que significaba ser una tribida original, una Mikaelson.
Con la ayuda de las dos vampiras conseguimos todo para el hechizo locador, y si bien hice todo como debía, no pude encontrarla. Estaba débil, entrar a la mente de los lobos me había drenado de energía, pero aun así debería poder encontrarla. Respiré tratando de creer que, si no la podía encontrar era porque no quería ser encontrada, ella estaba bien y planeando algo.
Los demás Cullen, llegaron unas horas después, venían sonriendo y bromeando entre ellos, todo parecía que la renegociación había salido bien y los lobos no serían un problema. Emmett apenas cruzo la puerta corrió hacia mí y me levantó abrazándome con fuerza, Alice se unió a él manteniéndome entre medio de los dos, reí incómodamente, estos dos si se pasaban de fuerza podrían matarme fácilmente, seria papilla de Hope en un instante. Jasper y Edward me saludaron desde su lugar con una sonrisa, este último sonreía enormemente.
- Supongo que esta es la jovencita por la cual todos mis hijos están revolucionados.
Un hombre, alrededor de los 30 años entró a la casa con la misma elegancia que mis amigos tenían, su piel a diferencia de ellos era aún más pálida, su sonrisa tranquila y su mirada, perezosa parecía analizarme con… ¿Cariño? Como si encontrara algún tipo de familiaridad en mí.
- Carlisle supongo. – Estiré mi brazo dispuesta a darle mi mano como saludo, él sonrió aún más y la tomó. Poco impresionada por el frio de su tacto mi mirada se detuvo en el gran anillo alrededor de su dedo medio.
- ¿Te gusta? – Preguntó sacándome levemente de mis pensamientos. Nuestros ojos se cruzaron e intente analizarlo decidiendo que hacer a continuación.
- Creo que debela tu verdadera edad… - Bromeé.
El anillo que tenía Carlisle puesto, era un anillo de olvido. No sabía por qué motivo llevaba uno, podría ser que haya querido olvidar algo traumático de su vida, o que alguien lo haya obligado a hacerlo, de todas formas, no estaba en mí exponer aquello. El anillo solo podía quitarse por la bruja que lo había forjado o en su defecto cualquier bruja descendiente de ella, era innecesario por ahora gastar mi tiempo creando un problema que no sabía si podría solucionar.
Carlisle relató como habían llegado a un acuerdo con los lobos tomándome a mí, bajo su protección. Básicamente todo lo que yo haga en Forks era responsabilidad de los Cullen. Mi tía, según Edward que había leído la mente del alfa, había salido victoriosa del encuentro. Por suerte para mis amigos, una vez encontrara a mi tía, saldríamos pitando para Mystic Falls y ya no seriamos su problema. Me entristecí al pensar aquello, les había tomado cariño, pensar en dejar atrás esta amistad me sabia amargo, sobre todo porque nunca la esperé. Me consolé a mí misma sabiendo que éramos seres inmortales, nuestros caminos se volverían a encontrar tarde o temprano.
- Nuestros caminos no van a volver a encontrarse Hope. – La voz de Edward me sorprendió y al ver sus ojos burlones, los míos se volvieron fieros. – Porque no van a separarse. – Concluyó encogiéndose de hombros.
- Sal de mi mente Edward. – Le dije sin ganas. – No es de caballero aprovecharse de la debilidad de tu amiga para escarbar en su mente. No importa cuanta ternura me dé que estés obsesionado con los ojos de mi tía… Sal de mi cabeza.
- Sí, es mucho más amable doblegar a tu amigo y sacarle los recuerdos a la fuerza. ¿Cierto Hope? - Preguntó Rosalie mirando sus uñas sabiendo perfectamente lo que había hecho con sus palabras. Ella y su maldita debilidad por Edward.
- Edward, sal de la mente de Hope. – Esme habló dejando una bandeja con galletitas y té frente a mí y me sonrió para luego mirar a mi amiga. – Rosalie deja de ser una perra.
- ¡Esme! – Carlisle exclamó sorprendido. Ella se encogió de hombros quitándole importancia. Jasper reía divertido haciendo que Rosalie le mostrara el dedo medio, sonreí.
- Gracias Esme. – Le sonreí enormemente. No recordaba la última vez que había comido algo. – Estoy hambrienta. – Le dije abriendo rápidamente el paquete de galletitas, tomando 2 juntas y poniéndola en mi boca.
- Oh Cariño, lamento no tener nada más que ofrecerte. – Me dijo apenada. - La próxima vez que vengas tendremos de todo. Lo prometo. - Le sonreí.
- Haré una lista. – Dije haciéndolos reír.
- Hope, me gustaría saber más de ti. De tu condición. – Aclaró Carlisle con un tono respetuoso. - Mis hijos me han contado que no solo eres una bruja, sino que también un vampiro y una mujer lobo. – Asentí sonriendo, él estaba siendo muy cauteloso con sus palabras, se notaba que no quería enfadarme.
- Así es, aunque mis otras partes están inactivas… para hacer la historia larga, corta, para activar el vampirismo tendría que morir, eventualmente pasará, no estoy ansiosa al respecto, pero es algo que ya tengo aceptado.
- Y, ¿para ser una mujer lobo? – Preguntó intrigado.
Quizás si fuera otra persona, estaría recelosa de compartir esta información, pero Carlisle se veía interesado de una forma curiosa, casi científica.
- Para que eso pase tendría que matar a alguien que no sea sobrenatural y así activar la maldición, ya sea a un humano corriente, o a una bruja. Nosotras somos servidoras de la naturaleza, no estamos por encima, somos parte de ella. – Aclaré al ver la confusión en los rasgos del vampiro. - No se quienes hacen las reglas. – Suspiré contrariada. – Matar a un vampiro, a un hibrido, humano o una bruja es igual de malo para mí. Crecí con estos seres sobre naturales. ¿Mi padre y tíos? Vampiros Originales ex brujos, ¿Mi hermano adoptivo? Vampiro. ¿Mi madre? Una jodida mujer lobo. ¿Mis mejores amigas? Brujas nacidas de una vampiro. ¿Mi ex novio? Una pequeña rata traidora pero también vampiro y después esta Alaric Saltzman, quien es como un segundo padre para mí, humano ex vampiro cazador original creado por mi abuela para matar a sus hijos, quien era una bruja malvada. Realmente Carlisle, no importa como lo haga, será jodido y encima voy a tener que pasar por la transformación. Todos mis huesos deberán romperse en la primera noche de luna llena luego de haber activado la maldición y siempre pensé que cuando pasara mi madre estaría allí para mí, pero ella está muerta por mi culpa…– Sin quererlo, mi temperamento estaba comenzando a salir. Las luces de la casa empezaron a subir de intensidad, y la taza en mis manos se rompió de la presión que ejercí en ella. Sus restos se clavaron en mis palmas dejando salir una gran cantidad de sangre.
- Hope… Estas matando a mi chico aquí. – Me dijo Alice con una mueca, sacándome la taza de las manos y señalando con su barbilla a Jazz que estaba con la cara descompuesta. Respiré hondo.
- Lo siento. – Le dije con ojos húmedos. Jasper asintió, se sentó a mi lado y apoyó su mano en mi hombro, trasmitiéndome tranquilidad.
Con Jasper habíamos descubierto la forma de usar su poder para aplacar mis emociones negativas, pero mi cooperación era completamente necesaria.
Carlisle, quien se había ido en algún momento volvió con un botiquín y pidiéndome permiso empezó a curar mi herida, se sorprendió al ver como mi herida comenzaba a curarse sola.
- Si, curo rápido. – Me encogí de hombros. – Mi sangre, ya es de por si curativa.
Mi celular sonó haciéndome levantar rápidamente, pero apenas pude moverme cuando Alice lo dejó en mi mano. Kaleb estaba llamando. Nerviosa miré la pantalla por una milésima de segundo, tratando de decidir si iba a usar mi voz amistosa o si por otro lado tendría que hacer que se hiciera en sus pantalones, de cualquier manera, no lo pude terminar de decidir cuándo Alice, impaciente, tomó el celular de mis manos, contestó y me lo devolvió como si fuera una bomba a punto de explotar. La miré molesta.
- Mira tienes exactamente dos segundos para decirme que le hiciste a mi tía, porque juro por todo lo sagrado Kaleb, tus futuros inexistentes hijos, sentirán la patada que voy a pegarte en las bolas. – Amenacé mientras caminaba por la sala.
- ¡Hope Andrea Mikaelson! – Sonreí sintiendo como la opresión que me había invadido desde que me levanté en esta casa se disipaba rápidamente. Ella no solo estaba viva, por su tono, también estaba jodidamente enojada. Lo cual no sabía que tan bueno era. – No tienes ni una remota idea en los problemas que estas metida pequeña mentirosa. Estoy furiosa Hope, furiosa. – Me advirtió. Con una mueca nerviosa les avisé a todos que necesitaba un poco de privacidad mientras salía a la entrada de la casa. ¡Qué vergüenza! - ¿Dónde estás? Y más te vale que no me mientas Hope. – Cuando iba a contestarle, ella prosiguió. - ¡Eres tan irresponsable! No puedo creer cómo pudiste ocultar y mentirme así. Sabía que estabas en algo, no soy idiota y tú no eres buena mentirosa, pero jamás, ¡Jamás! Pensé que podías ocultarme algo que pondría en peligro a la gente que amamos. – Me encogí ante sus gritos. Tía Isabella no gritaba, bueno no a mí al menos, podía recordar alguna que otra discusión que tuvo con tío Kol, en esas ni siquiera mi padre se metía y él amaba regodearse.
- No quiero que hagas un drama al respecto. ¿Si? Déjame explicarme. - Comencé, pero ella me interrumpió.
- ¡¿Que no haga drama?! – Rio. - ¿Hope Mikaelson tiene la osadía de decirme a mí que no haga drama? – Ironizó, supongo que había elegido hacer drama de igual manera. - ¿Dónde, por lo que más quieras, estas Hope? – Preguntó impaciente.
- En lo de los Cullen. – Le dije en un susurro rendida, sabiendo que a continuación tendría el regaño de mi vida.
- Bien, en una semana pasaré a buscarte. Espéranos ahí. – Dijo, luego sentí el característico ruido de que la comunicación había terminado. Me quede viendo el celular confundida. ¿Me colgó?
Entre a la casa, aun viendo el celular con el ceño fruncido. Sacando el hecho de que ella estaba bien, no me había enterado de nada. ¿Espéranos ahí? ¿A quiénes? ¿Dónde estaba? ¿Por qué tardaría una semana en venir? ¿Qué puede ser más importante que estar conmigo? ¿Ella sabía dónde vivían mis amigos o le tendría que mandar la dirección? ¿No le importó que este con Los Cullen? Quiero decir, genial, estoy contenta que no quiera venir en plan voy a asesinar todo lo que se mueva alrededor de mi preciada sobrina, pero, aun así. ¿Qué carajos? ¿Acaso ya no le preocupaba? Eso era bastante inaceptable.
Maldita sea, ni siquiera me dio tiempo a advertirle sobre los lobos Quileutes.
Hey! Cuéntenme que les pareció! Tienen preguntas? Tienen en mente que podría pasar?
Se que tardé bastante con este capitulo y no voy a prometerles una fecha que no se si voy a poder cumplir, pero todos los días mientras camino a la oficina, unas 30 cuadras, estoy pensando diferentes situaciones, escenas, diálogos y caminos para seguir esta historia. No la voy a abandonar, pero si les pido paciencia. También habrán notado el cambio de narrativa y retomar la fluidez no me esta siendo fácil.
Gracias por leer!
