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BAD HABITS

POR: GAIASOLE

PERSONAJES DE GEORGE R.R MARTIN

"Esta historia participa en el reto 115, Cuatro niveles, del foro Alas Negras, Palabras Negras."

CONDICIONES: valonqar de Cersei, sentenciar, tesoro, crimen y final abierto.

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Tierras del Oeste.

— ¡Cersei!

La joven de cabellera rubia se giró bruscamente al escuchar el llamado de su hermano Jaime, él parecía demandar una respuesta a una pregunta no formulada, ¿Dónde se había metido toda la tarde? No quería entrar en explicaciones con su gemelo, a final de cuentas seguramente se burlaría de ella si le contaba que esa tarde había visitado a "Maggy la Rana". Él no era creyente de la magia o brujería, para él igual que para la mayoría de los hombres solo el acero podía dar las respuestas deseadas.

La mayor de los Lannister hizo oídos sordos a cualquier palabra que Jaime mencionará, la profecía hecha por la bruja había quedado grabada a fuego en su mente. La mención de su muerte y la imagen de su malformado hermano menor le generó una mueca de asco que durante años no podría evitar siempre que Tyrion se dibujaba en su mente o en su presencia.

— ¡Estas conmocionada! —decía Jaime agitándola hasta que esta reacciono y se libero del agarré de su hermano que parecía atribulado.

Cersei entonces prestó más atención, aunque era de noche la habitación estaba bien iluminada, elegante y fastuosa como correspondía a la primogénita de los Lannister. Doseles de oro y carmín abundaban por el cuarto, una gran cama, una bañera, muebles de madera que habían sido labrados por los mejores artesanos y que guardaban vestidos y joyas dignos de la realeza. Un cuarto opulento, digno de la heredera de los leones, de la próxima reina de poniente.

Y en medio de esa habitación estaban ella y su hermoso hermano. Jaime de entre todos los hombres era el que más la atraía. Su cabello dorado destacaba entre los demás, cada día era más alto, y su padre más de una vez mencionaba orgulloso que su hijo era un guerrero nato y eso hacía las delicias de Cersei siempre que experimentaba con él de juegos que a ojos de otros eran prohibidos.

Tal situación había obligado a su madre a sentenciar una separación entre los gemelos. Había sido tan doloroso como una herida de guerra. Pero entonces su madre había muerto. Tal vez Tyrion si había tenido un valor que entonces no había reconocido. La leona se preguntó si más adelante el adefecio lo seguiría teniendo.

—Lo siento mucho Cersei, acaban de encontrar a Melara ahogada en un pozo.

¿Eso era todo? Jaime la observaba a detalle, esperando una reacción dramática, no todos los días alguien recibia la noticia de su mejor amiga muerta. Cersei ahora entendía porque su hermano parecía alarmado y la atosigaba de ese modo tan poco habitual en él. Ella sabía de la muerte de la chica Hetherspoon; su primer crimen, los gritos no estallaban tan fuerte en su memoria como una profecía.

—Jaime —pronunció abrazando a su hermano.

Debía tener cuidado con sus reacciones, procuraría fingirse mas sobrecogida por la muerta de su amiga frente a otras personas. Tal vez verla abatida atraería la atención del guapo principe Rhaegar Targaryen, su padre le había hablado mucho de él pero nunca menciono que era una visión casi etérea.

Ella había enmudecida al ver al joven príncipe que sería su marido, era el tesoro prometido por su padre. Ella sería reina de los siete reinos, tomaría la mano del príncipe de mirada triste. Y mantendría a Jaime a su lado. Tendría dos hermosos hombres complaciendola. Una vez Jaime le había dicho que el se sentía vivo solo cuando estaba en batalla y cuando hacía el amor. Lo segundo se lo había enseñado ella.

—Me siento tan mal Jaime —pronunció mientras se restregaba contra el cuerpo masculino, siento la inmediata reacción del joven de su edad. Era tan fácil provocarlo.

¿En que momento se sentía Cersei viva? No tenía duda al responder. Desde luego, cuando hacía el amor pero también cuando planeaba. Aunque su padre no lo reconociera jamás sus mentes eran similares. La de estrategas. Ambos no daban pasos sobre la arena, cada uno sabía pisar y dejar huella en cada acción.

—Lo sé, lo siento —Jaime olio el perfume que tan bien conocía. Era embriagador para el desde joven. No era un perfume suave como el de la mayoría de las doncellas, eran un perfume fuerte, de un tono sugerente que él podría reconocer incluso en una habitación en absoluta oscuridad.

Cersei se enderezó y con una mirada de sus ojos verdes engatuso de inmediato al joven que sintió la garganta secarse cuando ella dejo caer el vestido a sus pies. Ella sabía bien como torturar a su hermano, un mal habito que tenía desde pequeña, aún así el no se quejaba.

No lo hizo cuando ella tomo una de sus manos y la poso sobre su pecho, ni cuando tomo la otra y empezó a chupar el dedo en su boca. Entrando, saliendo, entrando de nuevo igual que el vaivén de sus caderas cuando estaba dentro de ella. La excitación de él era evidente. La leona tenía a su presa.

Ella se alejo moviendo provocativamente su cuerpo sinuoso, siguió caminando hacía la cama, parándose frente a ella mientras se echaba el largo cabello rubio sobre los pechos. Cuando giró el rostro sonrió al ver que Jaime se dirigía hacia ella, pero esta vez lo hacía desnudo.

—Yo te consolaré pequeña.

Cersei rió, su hermano podía ser tan similar a ella. En realidad lo era, salvo por esa extraño sentido del deber que el tenía a veces y del cuál ella carecía por completo. Dos gotas de agua, en su versión masculina. En su versión femenina.

La rubia gimió cuando sintio el roce de protuberencia de su hermano. Él sabía como le gustaban esta clase de juegos. Porque al aprender a jugar con fuego, había que ser cuidado con no quemarse; al menos, no desde el inició.

El rubió beso su cuello desde atrás, sin tocarla, eso lo hacía ella con sus manos que jugaban con sus pechos, apretando, jalando, sobando y acariciando mientras sentía la humeda boca de su gemelo bajando desde su espalda hasta sus nalgas. El mordió una de las nalgas antes de decidir que ella había estirado suficiente la tensión entre ambos.

Cersei gimió cuando el la agacho sobre la cama y entró en ella de golpe. Los rostros de ambos estaban humedos, él la sujetaba de la cintura mientras entraba y salía de ella, los golpes de Jaime no dolían. La cogía con fuerza y con cada golpe ella veía luces, sombras y finalmente un estallido intenso que le recorría el cuerpo completo.

Entonces Cersei se sentía viva. Esa noche soño con Jaime y Rhaegar y se olvidó la profecía.

Deseo regresar a esa habitación, a ese bello sueño, pagaría toda la fortuna Lannister por regresar a ese tiempo y alejarse de ese lugar donde se encontraba ahora. Cara a cara con su profecía. Su valonqar estaba por asesinarla. El aire empezaba a ser escaso, sentía su cuerpo listo para abandonarse cuando unas palabras se reflejarón en su mente.

¿Qué le decimos al dios de la muerte?

FIN

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Hasta otra historia ;)