Hermione no tenía idea de cómo reaccionar a esas palabras. Su respiración se había acelerado y su boca se secó. La música aún sonaba a su alrededor, pero ella la escuchaba muy lejana, como si estuviera bailando junto a Malfoy en una especie de viaje astral.

Incluso cuando Malfoy se alejó de su oído y siguió bailando, Hermione siguió aún demasiado perdida. Apenas pudo ordenarse a sí misma bajar la mirada embobada que le tenía.

Ni siquiera sabía cómo era que su cuerpo seguía moviéndose al compás de la música. Pero estar junto a Malfoy y con su mano guiándola en la parte baja de su espalda, la hacía sentir más ligera. Más tranquila.

Se quedó mirando su pecho mientras seguía bailando el vals, y en un repentino impulso —o tal vez fue por el movimiento— ella se acercó más y quedó lo suficientemente cerca como para recargarse en él, escuchando al instante sus latidos.

Cerró los ojos por un momento, disfrutando de la situación, de su cercanía, de su aroma. De él.

Todo desapareció para Hermione. De repente sólo existía Malfoy y ella, bailando en una gran sala y con esas pequeñas caricias que él le daba a través de la tela mientras sus cuerpos se movían de un lado al otro y al ritmo de la música.

Hasta que de repente todo se detuvo, incluyendo él.

Hermione frunció el ceño y alzó la mirada para encontrarse con sus ojos grises, los que tenían una mirada cautelosa y bella mientras la observaban. Su sonrisa se curvó de una manera sencilla y la mirada de la morena cayó en los labios de él sólo un segundo antes de que Malfoy se alejara.

Ella sintió como si le hubieran arrancado algo que tanto apreciaba. Dio una rápida mirada a su alrededor y entonces se dio cuenta de que la música ya había terminado.

Miró a Draco. Él la miró un momento más antes de volver a sonreír, y luego sólo se dio la vuelta y se alejó, perdiéndose entre la multitud. Hermione quedó helada y sin moverse, incluso cuando la próxima canción volvía a sonar y las parejas volvían a bailar.

Ella sólo lo siguió con la mirada hasta que ya no pudo verlo más porque atravesó uno de los pasillos laterales. Él y su apuesto esmoquin negro se perdieron.

Hermione parpadeó, recordando las palabras que le había dicho mientras bailaban. Recordando cómo le había dicho que se veía hermosa, y cómo había insinuado una burla hacia Ron.

Casi como si lo hubiera estado llamando, una mano suave se cerró sobre su brazo y pronto la vista de Ron quedó frente a ella. Primera la miró con una sonrisa, pero luego frunció el ceño al verla tan perdida.

—Oye, Mione —llamó—. ¿Estás bien?

Hermione lo miró a él, una extraña oleada de culpa recorriendo su estómago apenas lo divisó. De seguro que no la había visto bailar con Malfoy por todo el gentío que había, porque de haber sido así, no tendría esta expresión preocupada que estaba teniendo en estos momentos.

En vez de responderle, Hermione miró hacia el lugar donde Malfoy se había ido. Y entonces cayó en cuenta porque la realidad la golpeó como un balde de agua helada.

Draco Malfoy la había besado, y ahora la estaba llamando hermosa.

No supo qué fue lo que sucedió con ella, pero respiró hondo y, con toda la vergüenza del mundo, se giró hacia Ron y tomó sus manos entre la suyas para después sonreírle.

—Estoy bien —le dijo, de nuevo sintiéndose la peor persona por lo que estaba por hacer—. Yo sólo... Estoy cansada. La música me está dando dolor de cabeza.

Sus ojos se llenaron de preocupación.

—¿Necesitas que te acompañe a la enfermería? —preguntó—. De seguro que Pomfrey puede ayudarte con algo...

—No, no. Estoy bien —Hermione sonrió con tranquilidad—. Creo que sólo es el cansancio, he bailado mucho y Ginny nos ha movido de un lugar a otro. Tal vez sólo deba irme a dormir.

Hermione pudo divisar un pequeño brillo de decepción en la mirada de Ron, y eso sólo la hizo sentir peor. Pero tenía que hacer lo que traía en mente, sino probablemente se arrepentiría durante mucho tiempo.

—Está bien —respondió Ron, dándole un leve apretón a sus manos—. Seguro que podremos vernos después. ¿Quieres que te acompañe?

Ella le volvió a sonreír.

—Puedo regresar sola. Pero muchas gracias. De verdad me alegró mucho verte esta noche. Dile adiós a Harry de mi parte y que me disculpe.

Luego, antes de que Ron pudiera decir otra cosa, se acercó a él y le dejó un beso en la mejilla antes de sonreír otra vez y desenlazar sus manos para irse.

Hermione intentó dejar la culpa atrás mientras se alejaba hacia el lugar por donde Malfoy se había ido.

Caminó hasta llegar al pasillo, y una vez estuvo lo suficientemente cerca, comenzó a avanzar más despacio, como si su mente apenas le estuviera recordando qué era lo que estaba haciendo. Y cuando ya estuvo a nada de sólo dar la vuelta e irse por donde él se había perdido, se detuvo.

¿Realmente era una buena idea? Ni siquiera sabía qué era exactamente lo que iba a hacer. Ella sólo se estaba dejando llevar por ese impulso que le decía que debía seguirlo. Porque Malfoy no podía sólo llegar a decirle que se veía hermosa, bailar con ella, y luego alejarse sin decir ni hacer nada más.

Si para él funcionaba esa táctica, entonces Hermione tendría que hacerle saber que hacía falta algo más. Así que recuperó su valentía y se adentró al pasillo.

Estaba oscuro y vacío, y a pesar de que el Gran Salón estaba sólo a lado, la música se escuchaba cada vez más lejana a medida que avanzaba. Se sintió como caminar en un túnel sinfín, ni siquiera recordaba haber cruzado ese pasillo alguna vez.

Poco a poco todo fue estando más oscuro, y las linternas que colgaban de la pared apenas le daban luz para resaltar su cara, una que ahora tenía una expresión algo asustada porque el ambiente se estaba poniendo frío.

Agudizó su oído, y entonces escuchó una respiración agitada. O más bien, una respiración agitándose con otra respiración. Hermione frunció el ceño y siguió avanzando tratando de llegar a la fuente del sonido, pero se detuvo en seco cuando escuchó labios compactándose contra otros labios.

Ella abrió mucho los ojos, aterrada de que ahora sabía por qué el pasillo estaba tan oscuro: eran los perfectos para que las parejas se besuquearan.

Se dio la vuelta para regresar por donde había venido, pero entonces algo se cerró sobre su brazo con rapidez y la jaló en medio de la oscuridad.

Hermione, como un instinto de supervivencia que había desarrollado durante la Guerra, se asustó y empezó a retorcerse contra quien la había tomado. Pero era de una fuerza mayor a la de ella, así que la arrastró con fiereza y la tomó de una mano en la cadera para darle la vuelta y que ella compactara con su espalda en el pecho de la persona.

Abrió los ojos del miedo y estuvo a punto de gritar antes de que le taparan la boca. Como instinto, de nuevo, ella le mordió la mano, y fue ahí cuando escuchó un chillido casi conocido.

Frunció el ceño e intentó mirar de reojo hacia quien la tenía, pero la persona sólo aprovechó la distracción para arrastrarla con rapidez hasta uno de los tapices que estaban escondidos en el pasillo. Los metió a ambos en él y luego dejó caer la cortina para que no pudieran verse.

Hermione, entrando en la paranoia, se retorció bajo sus manos para poder escapar, pero entonces su voz le causó escalofríos en el oído:

—¿Acaso quieres que nos castiguen?

Ella se quedó helada, y era porque sabía exactamente de quién era esa voz.

Se mantuvo quieta, más por la sorpresa que por cualquier otra cosa. Sólo sentía su cuerpo contra el de Malfoy un segundo, y al otro, una voz más gruesa inundó el pasillo, al igual que unas zapateadas largas y arrastradas.

—Señor Miles y señorita Derry —dijo una voz, y Hermione la reconoció como la voz del profesor Dante. Al parecer, había entrado al pasillo en el momento exacto donde Malfoy los escondió detrás del tapiz—. Hemos cerrado estos pasillos precisamente para que no haya este tipo de incidentes. Así que, debido a que ignoraron las órdenes, deben acompañarme a la oficina de la directora.

Hermione, creyendo que podía verse a través de la tela del tapiz, se hizo un poco más hacia atrás sin importarle que estuviera aplastando a Malfoy. Intentó regular su respiración y dejó caer su cabeza en su pecho.

Malfoy estaba muy rígido, y eso no hacía cómoda la situación, así que ella intentó moverse para hallar una buena posición, pero la mano de él le hizo una apriete en su cadera para que se quedara quieta.

Ella habría chillado de no ser porque su boca aún seguía cubierta por su mano. Se quedó quieta y respiró con lentitud mientras escuchaba las quejas de los chicos que habían estado besuqueándose y el profesor Dante. Estuvieron discutiendo durante casi cinco minutos donde Hermione estuvo demasiado nerviosa de ser decubierta, hasta que por fin se dieron por vencidos y la pareja salió molesta en dirección a la oficina de la directora.

Hermione agudizó su oído para tratar de adivinar si también se había ido el profesor, pero cuando intentó dar un paso hacia delante para hacer precisamente eso, la mano de Malfoy se enrolló con rapidez en su cintura y la regresó a su lugar.

Fue el momento exacto donde la figura del profesor Dante pasó justo delante del tapiz; sus pies viéndose por debajo de este. Se había detenido, como si hubiera escuchado sus movimientos y estuviera buscándolos.

El susto hizo que Hermione se apegara aún más hacia Malfoy, si es que era posible. Y esa acción hizo que de nuevo él hiciera presión en sus caderas para decirle que se quedara quieta.

Eso hizo, aún con el corazón en la garganta. No había mucho miedo con respecto al castigo que tendrían; en realidad, el problema de Hermione era la situación embarazosa en la que se encontrarían si los descubrían.

Pasó sólo un minuto más, y entonces el profesor por fin se dio por vencido y salió del pasillo.

Hermione cerró los ojos y respiró hondo, como el alivio que de repente la recorrió. Alzó su mano y quitó la que Malfoy tenía en su boca. Intentó dar un paso hacia delante, pero las manos de él se aferraron a su cintura y se lo impidieron.

Ella se congeló. Tragó saliva.

—Malfoy, ¿qué...?

—No te muevas —respondió en voz baja. Pero no fue eso lo que la sorprendió, sino lo rasposa que salió su voz, casi como ronca.

—¿Por qué no? —preguntó, y de nuevo intentó zafarse, pero una mano de él subió hasta sus hombros y la abrazó para mantenerla quieta.

La posición hizo que Hermione de nuevo tuviera que recargar la cabeza en su pecho, quedando justo debajo de su barbilla y sintiendo su cercanía más que nunca. Ella respiró lentamente mientras trataba de encontrar la respuesta al por qué no quería que se moviera.

—Sólo... Espera. No te muevas —le dijo. Otra vez su voz muy baja.

—¿Pero por qué no? —insistió en su susurro—. El profesor ya se fue, podemos salir.

De nuevo intentó moverse, pero Malfoy se aferró más a ella.

—¡Joder, no te muevas!

El susurro fue tan histérico que la hizo congelarse al instante. Se puso a analizar la situación en la que estaban, y entonces se dio cuenta: Malfoy sólo se ponía de esa manera cada vez que ella se movía. ¿Pero por qué le molestaba que se moviera? Estaba segura de que no lo estaba pisando o algo por el estilo, sólo estaban demasiado cerca y...

Entonces Hermione por fin lo entendió.

Abrió los ojos, muy sorprendida y demasiado quieta.

—Oh... —murmuró.

Oh... —repitió él, su tono de voz goteando en sarcasmo.

Ahora que sabía cuál era su razón para que no quisiera que ella se moviera, no se atrevía ni siquiera a respirar. Lo cual se volvió tortuoso porque parecía que su única necesidad en este momento era bostezar o tomar mucho aire, pero significaría movimiento, y no quería molestar a Malfoy.

O mejor dicho, no estaba preparada para ella sentir lo que él estaba sintiendo.

Así que se mantuvo quieta como una estatua, con los ojos muy abiertos y un nudo enorme en su garganta que le pedía a gritos que tragara saliva pero que no podía.

Luego de unos segundos, se mordió el labio y cerró los ojos, deseando con fervor que el momento pasara ya. Pero entonces cometió el terrible error de resoplar, y eso logró el mínimo movimiento que obligó a Malfoy aferrarse más a ella.

—¿Por qué tuviste que moverte tanto? —le susurró al oído. Su voz ronca—. Te advertí que te quedaras quieta.

—¿Cómo? ¿Picándome la cadera? Disculpa por no entender tus señales divinas.

Él gruñó detrás de ella, y si no estuviera en medio de la oscuridad y dándole la espalda, lo habría visto rodar los ojos.

—Malfoy, tenemos que salir de aquí —murmuró Hermione luego de otros segundos—. La fiesta está por terminarse y no quiero quedarme encerrada.

—¿Crees que no lo sé? —bufó. Luego, si fuera posible, la acercó más a él—. Pero no sé cómo salir. Es decir, estoy en una situación difícil...

—Es normal —atajó Hermione, agradeciendo a Merlín que Malfoy no pudiera ver sus mejillas rojas como un tomate—. Ya sabes, las erecciones. Son norma...

—¡Ya sé que son normales! —susurró con histeria y eso la hizo guarda silencio de golpe. Después volvió a gruñir y se acercó más a su oído para añadir—: Lo que no es normal es que sean por ti.

Hermione había tenido los ojos cerrados para olvidar el pequeñísimo dolor de cabeza que estaba amenazando en llegar, pero cuando Malfoy dijo eso, los abrió de golpe y frunció el ceño. Intentó mirarlo de reojo para que fuera testigo de su expresión indignada, pero como no pudo hacerlo porque él la advirtió con otro pellizco sobre sus caderas, sólo resopló.

—¿Por mí? —repitió.

—Sí, por ti —contestó—. Estoy teniendo una erección por Hermione Granger. Algo jodidamente genial.

El sarcasmo fue muy obvio, y eso sólo la hizo molestarse. Apretó las manos en puños a sus lados, dispuesta a reclamarle hasta que le sangraran los oídos, pero entonces una mejor idea pasó por su cabeza. Respiró hondo para obtener paciencia, y luego soltó la pregunta maestra del plan:

—Hace no menos de diez minutos acabas de decir que soy hermosa —dijo en voz baja—. Y que me veía más hermosa contigo.

Esperó por su respuesta, pero sólo lo sintió respirar detrás de ella. Y eso la hizo sonreír, porque había dado en el blanco.

—Bueno —murmuró Malfoy—. Tampoco me gusta decir mentiras. Te ves hermosa, robaste la atención allá afuera apenas llegaste; era obvio que iba a notarte. Y respecto a lo de Weasley, en realidad, cualquiera se ve mejor con otra persona que con él.

Hermione soltó una pequeña risa y, a propósito, se permitió moverse un poco mientras lo hacía. Eso sólo hizo que Malfoy suspirara.

—¿Entonces dices que el que me vieras hermosa fue sólo algo normal? —preguntó—. ¿Algo normal que podría pasarle a todos y no porque tú seas un caso en especial?

—Exactamente. Verte hermosa y decírtelo es algo que podría pasarle a cualquiera. Lo cual despotrica la razón por la cual crees que tengo esta erección y...

Las palabras de Malfoy se ahogaron en su garganta cuando Hermione se movió contra él. Y esta vez fue con toda la intención de repegarse y que se callara de una vez por todas.

Se obligó a no mostrarse sorprendida cuando sintió... a su amiguito. Sólo se mantuvo quieta y ordenándole a su corazón que dejara de latir tan rápido mientras se movía una y otra vez contra él.

Podía sentir la mandíbula apretada de Malfoy incluso cuando no podía verla. Y sus manos se aferraban a ella como si eso fuera capaz de detenerla. Sin embargo, el dolor que eso le estaba causando a él era como un tipo de placer para Hermione.

—¿Es normal esto, Malfoy? —le preguntó en un susurro.

—Granger... —gruñó—. Detente.

Eso sólo la hizo sonreír con triunfo.

—¿Por qué debería? Eres tú quien aún no me suelta.

Y si había creído que eso lo haría liberarla, se equivocó. Porque Malfoy sólo recargó la cabeza en la pared trasera y suspiró mientras la abrazaba con fuerza por los hombros y por la cadera.

—No puedo —respondió en voz baja—. No aún.

—Si no me liberas, creo que tendrás a tu amigo durante un buen tiempo más.

Él bufó.

—No. Esto se va a ir en unos minutos, sólo hay que esperar. Y tú deja de moverte.

—Pero yo quiero moverme —protestó. No porque quisiera dejar sin palabras a Malfoy (aunque también por eso) sino porque en realidad el espacio le estaba causando claustrofobia y le ponía nerviosa que la música de la fiesta estaba cada vez más apagada, lo que significaba que probablemente ya se estaban yendo todos—. Estoy cansada de estar como una estatua a lado tuyo.

—Sólo espera unos minutos.

Pero Hermione algunas veces podía ser la persona más terca del mundo. Así que, uniendo su vértigo a los espacios pequeños y también su molestia porque Malfoy hubiera insinuado algo tan bello y ahora de repente lo negara de una manera tonta, la hizo volverse más insoportable para él.

—No —replicó, y entonces movió sus caderas de una manera tortuosa. Eso lo hizo gruñir.

—¡Granger!

—¿Qué?

—¡No te muevas así! ¡Lo haces peor!

—¿Cómo? ¿Así? —preguntó, y entonces volvió a moverse lentamente contra él.

En otras circunstancias —o mejor dicho, en otros tiempos—, ella había creído que hacer esto era una cosa totalmente vulgar, y también algo que jamás haría. Provocar a un hombre para su propio placer era algo tan bajo para sus escalas, porque no le gustaba aprovecharse de la anatomía de un chico cuando ellos no tenían la culpa de eso.

En cambio, ahora, eso parecía ser una maravilla si estaba dirigido a Malfoy.

—Granger, te lo advierto —siseó él, muy cerca de su oído—. Deja de moverte.

Y que Godric la partiera en un rayo, pero esas palabras sólo la inflaron de valor para volver a hacerlo. Apenas iba por un segundo lento y tortuoso movimiento antes de que el brazo de Malfoy que estaba sobre sus hombros bajara con rapidez hasta sus caderas para mantenerla quieta.

Sus dedos se enterraron en su piel tanto que ella tuvo que aguantarse las ganas de gruñir por el toque.

Entonces, en un largo silencio, Malfoy se acercó demasiado a su oído, y eso la hizo aguantar la respiración. Con su barbilla, poco a poco, se hizo paso entre sus rizos, y luego se acercó para susurrar con lentitud:

—No jueges con el diablo si no quieres conocer el infierno.

Sus palabras enviaron una corriente extraña por todo su cuerpo. Algo que definitivamente no había esperado, así que su única reacción fue tragar saliva.

Malfoy aún seguía demasiado cerca de su oído, y podía sentir su mirada sobre ella incluso aunque fuera de reojo. Pero Hermione sólo podía pensar en sus palabras.

O mejor dicho, en lo que había tratado de insinuar.

¿Pero qué sería Hermione Granger sin ser tan terca y obstinada? Malfoy había dicho algo grande, y ella estaba contra él en una posición muy comprometedora que podía tomar el rumbo a muchas cosas.

Cosas de las cuales ella podía tal vez estar deseosa de descubrir. Así que, sin importarle qué sería lo que sucedería, ella hizo otro movimiento más.

Y desde ese preciso momento, los condenó a ambos.

Las manos de Malfoy se aferraron a sus caderas, y entonces, en un brusco pero hábil movimiento tomó el control de ellas. Las acomodó en una posición que ella no había encontrado, y entonces Hermione quedó directamente frente a... sí. Su amigo.

Abrió la boca para gemir, porque fue una reacción completamente involuntaria, pero alcanzó a morderse los labios como último recurso para que no pasara.

—Eres demasiado terca, ¿no? —susurró Draco, y su voz salió demasiado ronca.

Hermione fue capaz de decir nada. Así que tampoco reaccionó cuando el cuerpo de Malfoy se separó de la pared para erguirse y tomar una nueva posición donde ella pudiera sentir todo con más claridad.

Él estaba muy duro.

Draco alejó una mano de sus caderas, y entonces la conjudo por todo su estómago lentamente. Con tortura, igual que ella lo había hecho. Hermione, en cambio, no supo qué hacer y terminó por recargar su cabeza contra él.

Cerró los ojos, porque no estaba dispuesta a mirar la expresión de Malfoy en estos momentos.

Su mano siguió viajando por ella, haciendo una delicada presión en cada punto exacto para que la morena se estremeciera. Sus dedos subieron hasta llegar a su clavícula, y se mantuvieron acariciándola ahí unos segundos antes de que bajaran con lentitud por el valle de sus pechos.

Pero justo cuando estuvo por llegar, Hermione abrió los ojos y él se detuvo con los dedos contra su piel.

Apenas de reojo, ella lo miró. Él la estaba observando, pero no su mirada, sino toda ella, y sus ojos la veían tan intensa y profundamente que eso sólo logró que otro escalofrío que la recorriera.

Hermione respiró con lentitud, porque era incapaz de procesar algo más coherente, y no quería que él se alejara, así que sólo lo siguió mirando mientras Draco volvía a mover su mano sobre ella.

Delicadamente, viajó sus dedos por el valle, y cuando llegó a la tela del vestido, sólo la pasó de largo para de nuevo regresar a su estómago, acariciando una y otra vez.

Ella estaba comenzando a sudar, y no exactamente por el calor. Había algo nuevo creciendo debajo de su estómago, algo que ella sólo había conocido unas pocas veces en su vida.

—Este vestido... —susurró Draco, y eso la hizo regresar un poco a la realidad—. ¿Dónde lo compraste? Tengo que darle mis felicitaciones...

Hermione apenas alcanzó a fruncir el ceño, porque era lo único que podía hacer cuando su mente y cuerpo estaban solamente conectados al viaje que tenía la mano de Draco por todo su cuerpo.

—¿Dónde...? —musitó ella—. No... Yo no...

—Te queda muy bien —interrumpió, y entonces su otra mano dejó su cadera para ambas viajar por su cuerpo. Y Hermione se lo permitió—. Esta tela... Te favorece.

—¿En serio? —preguntó, y no tenía ni idea de por qué estaban hablando sobre el vestido si era lo que menos estaba pasando por su cabeza en estos momentos.

—Sí.

Draco se abrió paso entre sus rizos de nuevo, y esta vez Hermione ladeó la cabeza inconscientemente, dejando pase libre a su cuello. Él no hizo nada, y por un momento creyó que se burlaría de ella por darle acceso tan fácil, pero todo eso se perdió en su mente cuando sintió sus labios mojados sobre su piel.

La entera satisfacción la hizo cerrar los ojos. Sus propias manos viajaron hacia atrás para aferrarse al traje de Draco, pero él, al notar lo que trataba de hacer, le tomó las manos y se separó de su cuello para indicarle que las alzara.

—Dejalas ahí. No las bajes.

Ella accedió, porque en realidad no le importaba nada más. Alzó las manos y las rodeó en su cuello.

Entonces Draco regresó a besar su piel, y sus manos tuvieron un acceso más libre a todo su cuerpo. Unos toques que, incluso a través de la tela, se sentían con una corriente de ardor llamativo que tanto le estaba gritando placer.

Toda ella pedía más, pero su mente no lograba articular nada coherente, así que sólo se mantuvo quieta y dándole paso a los labios de Draco para que siguiera besando lentamente su cuello.

Él lamió y succionó, y eso la hizo apegarse más hacia él, sintiendo su falo aún más duro.

El mero pensamiento de eso le pareció irreal, pero definitivamente no le molestó. Así que se entregó a él mientras seguía besando su cuello y sus manos se movían con habilidad tocando cada parte de ella como fuera posible.

Pero entonces...

—Esta abertura... —susurró Draco, y una de sus manos viajó hasta debajo de sus caderas. Específicamente, la parte del vestido que dejaba desnudo su muslo—. ¿Es una invitación, Granger?

Hermione, aún perdida entre lo abrumador que se sentía todo el placer, se obligó a abrir los ojos. Lo miró, y se dio cuenta que él tenía una expresión diferente en su rostro. Algo que ella no había visto antes.

Parecía que estuviera pidiendo permiso.

Y como todo estaba zumbando a su alrededor, y no había nada que ella quisiera o le importara más, sólo se lamió los labios y asintió con la cabeza.

Entonces, aún mirándola a los ojos, la mano de Draco viajó por debajo de la tela de su vestido, aprovechando la avertura. Alzó un poco el satén hasta que llegó a su cadera, y Hermione sintió un poco de aire entrar por ahí.

Se quedó mirándolo y respirando un poco agitada mientras su mano cálida caía en su piel. Una que estaba helada, pero el contraste le venía bien a la situación.

Mientras sus dedos recorrían con suavidad su piel, ella sentía que podía cerrar los ojos cada vez con más facilidad, porque le era imposible mantenerse cuerda mientras lo sentía vagar por su cuerpo con una mano y vagar por debajo de la tela con otra.

Incluso los brazos que tenía alzados amenazaron con perder fuerza y dejarlos caer, pero al menos encontró la voluntad para mantenerlos donde estaban.

La mano de Draco jugó con la delgada tela de sus bragas, sólo toreando a su cuerpo y haciéndola estremecer durante varios segundos antes de que tomara la tela y la separara de su piel.

El corazón de Hermione comenzó a latir más rápido, y cuando sus dedos bajaron con lentitud la braga hasta que ella quedó descubierta de su zona, no pudo evitar cerrar los ojos.

Bajó la cabeza, incapaz de seguir manteniéndole la mirada por lo abrumador que se sentía el placer que emanaba su simple toque.

Nada importaba, de repente Hermione olvidó absolutamente todo. Para ella sólo existía la mano de Draco debajo de la tela de sus bragas, acariciando la piel de su zona con una delicadeza extrema.

Su dedo pulgar cayó en su clítoris, y cuando presionó sobre él, Hermione gimió y dejó caer su cabeza sobre su pecho una vez más.

Eso pareció emocionarlo, porque la mano que estaba viajando sobre su cuerpo se fue hasta su cintura para mantenerla quieta en su lugar, y entonces los dedos de su otra mano comenzaron a mover en círculos tortuosos aquella zona.

Hermione apretó las manos que tenía encima de su cuello, y también cerró los ojos con fuerza mientras negaba una y otra vez con la cabeza por mero instinto.

—¿No te gusta? —le preguntó Draco a Hermione en un susurro. Aunque por su tono de voz, no sonaba a una duda, sino más bien una manera divertida de recordarle lo que le estaba haciendo su toque.

Así que no contestó, porque sabía que sólo se burlaría. Como respuesta, sólo dejó de negar con la cabeza, y se mordió los labios con fuerza mientras su pulgar se movía cada vez más rápido.

—Granger —llamó, pero ella no tuvo la cordura para abrir los ojos y mirarlo. Así que él intentó de nuevo—: Granger, mírame.

Ella no podía, sentía que su cuerpo estaba teniendo un huracán de placer por dentro mientras se sentía tocada por Draco Malfoy. El susurro de él había estado demasiado cerca de su cuello, lo que envió otro escalofrío de placer mientras intentaba moverse contra él, pero la mano que tenía sobre su cintura todavía se lo impedía.

Escuchó que Malfoy la llamó varias veces más, pero Hermione sólo estaba concentrada en el movimiento de sus dedos sobre su zona. Nunca le habían hecho eso, por lo que no podía confirmar si esto era lo mejor, pero definitivamente era bueno. Sin dudas.

Pero entonces sintió unos dedos aferrarse a su barbilla, y el toque la hizo abrir los ojos de golpe. La mano le hizo girar la cabeza hacia arriba para mirar a Malfoy, y él tenía una mirada intensa de plata mientras su pulgar seguía moviéndose, esta vez dejando el ritmo rápido para ir más lento.

Apenas era la presión exacta.

La estaba torturando. Idiota.

—Mírame —ordenó, y por lo ronca de su voz, ella decidió que le haría caso—. Quiero que me mires.

Así que eso hizo, se perdió en su mirada grisácea, una que jamás había esperado encontrar mirándola de esta manera. Tan profundo, como si le tuviera un mar de pensamientos detrás de esos ojos.

Pero entonces, cuando menos se lo esperó, un dedo se introdujo dentro de ella. Eso la hizo saltar ligeramente y cerró los ojos como instinto, pero la mano de Malfoy que todavía estaba sobre su barbilla le hizo ligera presión para obligarla a abrirlos de nuevo.

—Mírame —repitió.

Y eso hizo, al mismo tiempo que su dedo comenzaba a entrar y salir con más rapidez. Sus ojos se entrecerraban, rogando que pudiera cerrarlos para disfrutar, pero él la seguía mirando con tal intensidad que ella no encontró otra opción más que seguir así.

Sus brazos no tuvieron la misma fuerza, así que los bajó de donde los tenía alzados porque ya no tuvo cabeza para preocuparse por ellos.

La mano que Draco tenía sobre su barbilla, bajó hasta quedar a su garganta, y ahí la mantuvo mientras seguía moviendo su dedo dentro de ella.

Hermione abrió la boca, porque no pudo evitarlo mientras suspiraba, pero entonces eso pareció ser una invitación para él porque se acercó para atrapar sus labios.

Los mordió y succionó como si fuera un salvaje, y eso la hizo despertar de su ensueño. Sabrá Merlín cómo lo hizo, pero logró darse la vuelta para enfrentarlo sin tener que sacar su dedo de ella, y entonces Malfoy no desaprovechó la situación para recargarla contra la pared y seguir besándola.

La mano en su garganta la mantuvo quieta mientra seguía besándola con ferocidad, y entonces introdujo otro dedo más.

Gimió, y no fue capaz de seguir besándolo porque sus dedos se movían con rapidez y habilidad dentro de ella, arañando de una manera increíble y tortuosa al mismo tiempo.

Sus labios rozaban con los de Malfoy, y sus dientes chocaban de vez en cuando, pero no podía dejar de mirarlo a los ojos mientras todo su cuerpo se sucumbía de placer.

Era demasiado, Malfoy la estaba empujando al borde y llegaría pronto.

Entonces, como bomba final, Draco movió con mayor rapidez sus dedos mientras volvía a besarla. Y tal como lo fue la primera vez, no fue tierno ni suave o delicado.

Fue feroz, salvaje y necesitado, como si hubiera esperado toda una vida para hacerlo. Como si la hubiera estado deseando todo este tiempo.

Y ese pensamiento fue lo que logró que el orgasmo la invadiera como un maremoto.

Gimió con fuerza, pero Draco se encargó de callarla aún con los labios pegados a los suyos, tragándose su placer.

No pudo evitar cerrar los ojos. Recargó la cabeza contra la pared e intentó recuperar su respiración normal mientras los dedos de Draco salían de ella.

Él también estaba respirando agitadamente, pero Hermione aún podía sentir su mirada.

Escuchó un extraño babeo, pero ella no pudo abrir los ojos para descubrir qué era porque seguía con la respiración demasiado acelerada. Ahora que el placer había llegado a ella y la lucidez parecía querer volver, se estaba dando cuenta de lo rápido que iba su corazón.

Una rapidez que no era normal.

Sus pies comenzaron a temblar, e inconscientemente se aferró a la chamarra del traje de Draco para no cacerse. Pero aún se sentía muy débil.

—¿Te gustó el infierno, Granger? —preguntó Draco, y su voz salió tan tentadora que, si Hermione no estuviera demasiado ocupada en su respiración, le habría contestado que sería un lugar al cual iría más de una vez.

Pero todo estaba nadando a su alrededor, y tuvo que recargar la cabeza en su pecho para sentirse más cuerda, porque todo parecía ir mal.

Las manos de Draco acunaron su rostro segundos después, y a pesar de que ella tenía los ojos cerrados, podía sentirlo mirarla con atención.

—¿Granger? —preguntó—. ¿Estás bien?

Y eso fue todo lo que ella pudo aguantar. Un pitido inundó sus oídos, y de repente todo pareció demasiado reacio y lejano.

Se obligó a abrir los ojos con una lentitud no propia de ella, y se dio cuenta que Draco le estaba diciendo algo, pero no podía escucharlo. O tal vez sí pero no podía entender lo que decía.

Sintió tus piernas ceder y se preparó para el impacto contra el suelo, pero nunca llegó. Su cabeza cayó hacia atrás y luego sintió el lejano toque de una mano sobre su nuca que intentaba regresarla a la realidad.

Alguien la llamaba, pero no sabía quién era. Alguien estaba delante de ella, pero no podía reconocer a la persona.

Su alrededor zumbó. Y entonces todo se volvió negro.