—ESTÁS PEOR DE LO QUE PENSABA, SI CREES QUE MI VIDA VA A ESTAR ATADA A LA TUYA POR CUATRO AÑOS.

Daphne se llevó las manos a sus sienes y apretó ligeramente, con un gesto de cansancio. "¿Por qué tiene que hacerlo todo tan difícil?" Y lo que más la inquietaba: "¿qué estaba pensando cuando decidí meterme en esto?" Tomó aire, contó hasta diez y se sentó recta.

—Señorita Weasley, me complace saber que tus cuerdas vocales funcionan a la perfección pero te agradecería que no me rompieras los tímpanos con tus gritos; no sé qué te preocupa de ese punto, creí que ya habías aceptado que tu supervivencia está asegurada sólo bajo mi protección.

—No necesito tu protección, rubia —se cruzó de brazos, hundiéndose en el mullido sillón, perdiendo su mirada en el ventanal que daba al calmo mar.

—Entonces el punto tres que estipula que la Señorita Weasley tiene que rendirle cuentas a la Señorita Greengrass durante los cuatro años del contrato ¿queda aprobada? —interrumpió la abogada intercalando la mirada entre ambas.

Daphne se encogió de hombros como si aquello no fuera con ella y Ginny asintió con gesto disconforme.

—Bien, en ese caso continuemos. La cláusula cuatro estipula que la Señorita Weasley tendrá que aceptar las simulaciones sociales que la señorita Greengrass considere necesarias para mantener su imagen. —levantó la mirada con miedo a encontrarse otra reacción violenta por parte de la menor, sin embargo esta solo bufó.

—Qué sorpresa, una serpiente queriendo actuar para la sociedad. Nunca se me hubiera ocurrido.

—Continúa, por favor. Quisiera terminar hoy.

La abogada llevó la mano a su boca intentando tapar la sonrisa que quería escapar. ¡Qué par! Tenían una química de la que no parecían darse cuenta. Carraspeó y siguió con la lectura.

—La cláusula cinco estipula que la señorita Weasley no puede hacer declaraciones públicas acerca de sus ideales políticos.

—Ja! Esa sí que es buena. ¿Te crees que el mundo mágico se olvidó que luché al lado de Harry Potter?

—Evidentemente no soy tan ingenua, Ginevra. Lo que quiere decir ese punto es qu

—¡No me irás a pedir que me una a los Mortifagos! —interrumpió— DESDE YA TE ACLARO QUE NO VA A SUCEDER. TENGO UNOS PRINCIP

Ginny vociferaba apasionadamente ahora arrodillada sobre el almohadón, cuando se escuchó un golpe seco producido por la bruja mayor que dejó caer sus manos contra la madera de roble del escritorio.

—Listo, me rindo. Cancelamos el contrato. Está claro que no vas a colaborar en nada y yo no tengo tiempo para perder.

La pelirroja dejó caer lentamente su cola al sillón, sorprendida por la determinación que vio en la serpiente y aún más porque no estaba usando técnicas de manipulación o tortura sobre ella.

—Ouh… bueno, tampoco para tanto ¿no? Sólo decía que no me voy a unir a esos locos con máscaras que siguen a Voldemort.

—Y se puede saber ¿en qué momento te pidió alguien que te unieras a los Mortifagos? ¡Qué obsesionada estás con ellos! ¡Voldemort ni siquiera está vivo! ¡Ya todo se terminó! Lo único que estoy intentando por medio de este contrato, que te parece tan invasivo, es protegerte. Y protegerme a mí, por supuesto. Tengo cierto poder y respeto en la sociedad mágica y no lo voy a perder porque un día se te de por ser impulsiva. Mi protección tiene límites y necesito que entiendas que si, por ejemplo, le das una entrevista a El Profeta y te preguntan intencionadamente por tu pasado, no respondas con el orgullo por delante y maldiciendo a Bellatrix, actual Ministra, porque entonces estaríamos muertas las dos y no sé qué tan masoquista seas, pero paso de morir en manos de una de las brujas más sádica de la historia.

—Entonces… ¿Nada de la marca en mi brazo?

La rubia la fulminó con la mirada.

—Era una bromaaa, ay dios, rubia, necesitas relajarte un poco.

Una suave risa se escuchó rompiendo la tensión, la abogada no pudo contenerse más y se rió aunque intentó hacerlo pasar por una tos. La pelirroja fue la primera en unirse y al poco las tres rieron relajando el ambiente.

Ginny seguía sin estar segura de las intenciones de Daphne, pero tampoco tenía pruebas contra ella. De todas maneras, se consideraba una bruja inteligente y sabía que por lo pronto debía tomar la protección y oportunidad que le ofrecía. Parecía sacado de un sueño que su vida cambiara de un día para otro. Pasar de no tener futuro a poder cumplir la vida a la que aspiraba antes de la guerra era una oportunidad que no dejaría pasar. No sabía qué estaba ocultando aquella serpiente pero usaría a su favor lo que se le ofrecía.

Una hora después finalmente habían podido ponerse de acuerdo en todos los puntos del largo contrato. Deberían vivir juntas al menos por dos años.

—Muy bien, señoritas, acérquense por favor.

Ambas lo hicieron y balanceando la varita, la abogada rasgó la palma de la mano izquierda de cada una, dejando que unas gotas de sangre cayeran en el pergamino y se unieran. Sangre Weasley y sangre Greengrass unidas por primera vez.

—Muchas gracias por el trabajo —habló la bruja rubia, con su palma ya curada.

—No ha sido nada, sabe que es un placer trabajar con usted y su familia, Señorita Greengrass.

Ginny revoleó sus ojos, no podía creer lo complacientes que eran en el mundo de la gente con galeones. Daphne la fulminó con su mirada y guió a la abogada hacia la chimenea. A los pocos segundos volvían a estar a solas.

—Tengo que salir, intentaré no demorarme mucho, hoy podés relajarte pero mañana vas a tener que empezar a entrenar si querés estar en forma para la prueba con Las Arpías. ¿Necesitas que te consiga alguien que te entrene?

—¡Claro que no, por Morgana! ¿Con quién crees que estás hablando? —levantó su camisa floreada dejando a la vista sus abdominales marcados— Pasé toda mi vida haciendo ejercicio, sé cómo estar en forma.

—¿Qué? —a Daphne le costaba apartar la mirada de aquel vientre marcado — Lo siento, no te escuché —finalmente se encontró con sus ojos.

—¿Me estabas mirando?

—¿Me estabas mostrando?

—Qué rara sos, rubia. Muuuuuy rara. ¿De qué te reís ahora?

—De vos. En fin, entonces vas a entrenar sola, me parece bien, igual voy a estar vigilándote, no quiero que eches a perder la prueba.

—¿Hay algo que escape de tu control, Greengrass?

—¿Qué pregunta es esa? Por supuesto que no. Ah, por cierto ¿te gusta tu cuarto?

—No está mal — "la lleva clara si cree que voy a dar saltos por esta casa increíble. Al menos no frente a ella."

Daphne enarcó una ceja, no convencida de la actuación de la menor.

—Bueno, me alegro. Sentite cómoda para andar por la casa o bajar a la playa. Si necesitas algo podés llamar a Saberia.

—¿A quién?

—Saberia, la elfina que te trajo el desayuno.

—¿La llamás por su nombre?

—¿Cómo pretendés que la llame, Señorita Weasley? No sólo estás obsesionada con los Mortífagos, también con la forma en que nombro a brujas y elfas. Anotado. Después la rara soy yo.

—Uff. Perdón por sorprenderme de que una Serpiente tenga buenos tratos hacia una elfa o cualquier otra raza. No es lo más común de ver, ¿sabes?

—Lo que sé es que seguís haciendo suposiciones sobre mí y nunca me veo favorecida en tus conjeturas ¿por qué será, gran y benevolente Gryffindor?

Ginny se cruzó de brazos, ofuscada. Daphne continuó hablando:

—Mirá, no tengo intenciones de darte sermones sobre la vida. No tengo ninguna autoridad para eso. Pero sería bueno que revisaras los conceptos aprehendidos en Hogwarts. Y también que entendieras que el colegio se terminó. Esto es la vida real. Ya no es un juego acerca de quién gana una pelea en los pasillos o a qué casa le sacan diez puntos. Acá si haces un comentario frente a la persona equivocada terminas, en el mejor de los casos, muerta. Ojalá fuera tan fácil como clasificar a la gente por buena o por mala. Es muchísimo más complejo. Hay matices. Ni Gryffindor es sinónimo de todo lo elevado e iluminado ni Slytherin lo es de todo lo bajo y oscuro.

Se quedaron un segundo en silencio, manteniéndose la mirada mutuamente.

—Aún así no confío del todo en vos.

—Viviré con eso. Mientras cumplas tu parte del contrato no es necesario que seamos mejores amigas, con llevarnos de manera cordial y respetuosa es suficiente.

—Me parece bien. Mm...Por esas casualidades ¿tenés play?

—¿Si tengo qué?

—Olvidalo.

—Decime, odio quedarme con la intriga.

—Es un invento muggle para videojuegos, de los mejores si querés saber mi opinión. Pero claro, bruja de sangre pura, sólo a mi se me ocurre que podrías tener una playstation.

—No entiendo si debería sentirme ofendida. Te recuerdo que vos también sos una bruja de sangre pura. Evidentemente no tengo eso, lo que sea que sea. Tendrá que bastarte con vivir en una casa con salida a una playa exclusiva —sonrió con burla— nos vemos luego, Ginevra.

—¡Qué creída, por Morgana! Adiós rubiaa.


"¿Qué hago ahora? Podría revisar sus cosas aunque eso sería muy rastrero ¿no?" Decidió que incursionar a la cocina sería una buena elección, su estómago ya estaba pidiendo más alimento. "Discutir con la rubia me abre el apetito" Dejó atrás el estudio y se encontró en el amplio living. "todavía no puedo creer el pedazo de mansión que tiene para ella sola, bueno, ahora para las dos, aún así es desproporcional en comparación con la madriguera, ¿cómo no van a ser personas creídas si desde chicas esta es su realidad? ¿habrá decorado todo ella? le reconozco el buen gusto, hasta ahora diría que predomina el beige con toques en verde oscuro y dorado. Muy a la moda, me encantan estos sillones en ele y la biblioteca detrás queda muy integrada en la estancia aunque definitivamente le falta una play" Cruzó la habitación y entró a lo que suponía era la cocina.

—Señorita Weasley ¿desea algo? —la recibió la elfina.

—Hola Saberia, en principio me gustaría que me digas Ginny, por favor —pensó por un instante que su amiga Mione se sentiría orgullosa de ella— , tengo un poco de hambre, ¿habrá algo para almorzar?.

— Oh, claro que sí, Señorita Ginny, ¿dónde desea comer?

— Ouh… — giró sus ojos por la estancia, sintiéndose un poco perdida.

—La ama Greengrass suele aprovechar los días que está en casa para almorzar en la terraza —le señaló con la cabeza el espacio que se podía ver desde la cocina—, puede acceder desde aquí, por aquella puerta y por el living.

—Está bien, probaré la misma actividad que la ama Greengrass —dijo rodando los ojos para sí misma. Qué ego que tenía esa serpiente, por favor.

Se sentó en la terraza y por primera vez pudo llevar sus pensamientos hacia sus familiares. Supuso que la Sanadora de Almas era realmente buena porque no sentía la angustia asfixiante que recordaba de Azkaban.

Recopiló información mentalmente: lo último que sabía es que Molly había muerto, dando la vida en batalla para salvar a Fred. Arthur fue apresado y sentenciado a muerte, igual que Bill y Percy. De los gemelos no sabía nada, pero suponía que habían llegado a huir del país junto con Charlie. Sin duda el que más le preocupaba era Ron, del que desconocía su paradero. A Hermione le había perdido la pista también y Harry, muerto. "Nos hicieron creer que todo iba a salir bien y terminé sin familia. ¡Morgana, qué ilusa que fui, que fuimos! Harry el primero, sin dudar. Esa manía que tenía por sentirse héroe. Aunque era un crío. ¿A quién se le ocurre enfrentar a uno de los magos más poderosos y dementes con un niño?" Se sintió enojada, aunque todavía no podía dilucidar con quién. "Nos robaron todo, la vida, los sueños, el futuro. Y acá estoy yo, bajo el ala de una Slytherin. ¿Soy una traidora por aceptar esto? ¿Qué otra opción tengo, de todas maneras? ¿Soy tan estúpida como para morir sólo por orgullo?"

No logró llegar a ninguna conclusión; fue interrumpida por Saberia que le traía la comida y decidió dejar esos pensamientos para otro momento.

Mientras almorzaba sentía el sol calentar su cuerpo, qué diferente era esto a los días en Azkaban. El mar acompañaba el momento, llevándola a un estado casi meditativo con el ir y venir de las olas. El aroma meditarreneo llenaba sus sentidos. Se sentía de pronto muy feliz.

"Podría acostumbrarme a esto, sí que sí".


Daphne había tenido un día largo. "Mejor dicho una semana larga", hacía meses que se preparaba para el momento en que la pelirroja despertara, sabía que no iba a ser fácil y de hecho no lo fue. "Aunque podría haber salido peor". Y eso sin contar con el estrés que estaba teniendo últimamente en el trabajo, estaba a punto de cerrar un gran contrato y no podía fallar en nada.

Cuando regresó a la casa fue directa a su dormitorio y puso a llenar la bañera, agregando unas sales de rosa traídas de la India, eran sumamente relajantes.

Se desnudo despacio, doblando cada prenda que se sacaba y apoyándola en el banco para ese uso. Observó su cuerpo en el espejo redondo, llevó las manos a sus tetas y las masajeo, jugando con sus pezones hasta que se pusieron erectos. "¿Cuánto hace que no tengo un orgasmo? Ni siquiera puedo recordarlo"

El cielo se fundía en tonos anaranjados típicos del atardecer y esa iluminación entraba por el ventanal que cruzaba la estancia de la bañera. "Siempre hago buenas elecciones, pero sin dudas dentro de las mejores está construir la casa con tantos ventanales."

Gimió de placer cuando hundió su cuerpo en el agua caliente. "¡Cómo necesitaba esto!"

Quiso pensar sobre Ginny Weasley, de verdad que quiso. Elaborar estrategias, repasar lo sucedido, hilar todo a la perfección. Pero estaba demasiado cansada y la pelirroja no despertaba sus alarmas. "Aunque con esos abdominales podría despertarme otras cosas" fantaseó masajeando una de sus piernas.

Después de una hora de relajarse con la mente en blanco (o en rojo), se vistió de manera informal, con un jersey largo y un pantalón suelto.

La imagen que la recibió en el living hizo que se detuviera en el último escalón: la bruja que esa mañana la había sacado de quicio estaba recostada en un sillón con cara de no haber roto una varita en su vida, el velador prendido para poder leer generaba un ambiente cálido que le dio sensación de hogar. No pudo ni quiso evitar la sonrisa, era la primera vez en mucho tiempo que volvía a casa y había alguien más que ella.

—Ey —saludó Ginny que había sentido la mirada, levantando la vista de la revista que sostenía entre sus manos.

—Buenas noches señorita Weasley —devolvió el saludo Daphne, con una gran sonrisa que contagió a la menor—, ¿cómo te fue en mi ausencia?

Terminó por bajar la escalera y se sentó en diagonal a la menor.

—Mm ¿qué puedo decir? Definitivamente esta casa es mejor que Azkaban.

—Bueno, dicho por vos es todo un halago —rió suave.

—Ni tanto rubia, no te emociones, hasta las mazmorras serían mejor que Azkaban.

—Perfecto, mañana mismo le escribo a Snape a ver si tiene lugar para vos.

—Bueno bueno eh, tampoco hay que ponerse tan sensible, si acá estoy bien y aparte en el contrato dice que tenemos que vivir juntas dos años.

La rubia la miró con su ceja alzada.

—Sos de no creer, Señorita Weasley.

—Bueh, habló, doña perfecta.

—No me siento para nada ofendida, lo soy.

La pelirroja la miró con cara de "si, claro, y yo soy castaña"

—En fin, ¿cómo te fue a vos?

—¿A mi?

—Eh ¿si? ¿Hay alguien más en la sala?

—Sólo me sorprendió que preguntaras. —la observó por un segundo, clavandole sus ojos azul mar— Me fue bien, siempre me va bien en realidad— Ginny puso los ojos en blanco— ¡Es la verdad! Soy competente y muy buena en lo que hago, ¿por qué fingiría que no? Odio la falsa modestia.

—Ja! Rubia, disculpá que te baje de tu escoba pero vos no sabes lo que es la falsa modestia ni la modestia en sí.

—¿Con qué cara me decís eso? Jamás te escuché ser modesta, en Hogwarts te encantaba jactarte de tus victorias en Quidditch o tus conquistas en la cama, no somos tan diferentes señorita Weasley.

"Maldita sea, ¿cómo hace para siempre darme vuelta el discurso?"

Ante el silencio de la menor, Daphne sonrió triunfal.

—Me muero por tomar algo fuerte. ¿Te gustaría una copa?

—Uff, definitivamente sí, hace dos años que lo más fuerte que tomo es agua.

—Vamos a arreglar eso de inmediato ¿qué tipo de tragos te gustan? Dulces, amargos, fuertes.

—Mm, la verdad es que no tengo mucha cultura alcohólica, sorprendeme.

—¡Hecho! —se levantó.

—¿A dónde vas?

Daphne la miró confundida.

—Yo estoy cansada, lo admito, pero ¿no dijimos hace diez segundos atrás que tomaríamos unos tragos?

—Si, pero… ¿No se lo ordenas a Saberia?

—Ah, ya entiendo —sonrió la rubia, negando con su cabeza—, es otra de tus ideas sobre mí, sobre los Mortífagos, sobre las Serpientes, sobre el mal, en fin. ¿Sigo o quedó claro el punto?

La pelirroja boqueó pero no dijo nada más. La bruja mayor dio por terminada la charla y se perdió tras la puerta de la cocina. Cuando volvió delante suyo levitaba una jarra con dos vasos de caña alta.

—¡Wow, eso tiene pinta! Aunque ¿no me vas a envenenar, no?

—Es un misterio para mí de dónde sacas esas ideas tan conspirativas. ¿No te parece que tuve mejores oportunidades de matarte?

—Bueno, tenés un punto, pero ustedes los Mortífagos… Nunca se sabe qué plan retorcido pueden tener.

—¡Ya empezamos otra vez! Me parecía raro que no los nombraras, mirá lo que te digo.

—No soy yo la que está del lado del mal —se encogió de hombros.

—Claro porque del lado luminoso y moralmente aceptable jamás hicieron nada parecido a los Mortífagos ¿no? Debo estar confundida entonces respecto a Dumbledore, aquel mago que manipuló al menos a tres de sus estudiantes y les puso en riesgo de muerte durante siete años seguidos. ¡Qué tonta soy, si está claro que los malos visten de negro!

—¿Qué estás diciendo, Serpiente? ¡No te metas con Albus!¡Fue el mago más poderoso de todos los tiempos!

—Y ¿qué significa eso por sí mismo? Voldemort fue también un mago poderoso. Bellatrix es sin duda y a mi entender la bruja más poderosa de nuestra historia. Y ¿qué con eso?

Daphne guió la bebida hacia la mesa ratona delante de los sillones y luego de que se sirvieran, le pasó uno de los vasos a Ginny, que la miraba más roja de lo que ya de por sí era.

—¡Odio como das vuelta todo! No podés comparar a ese desquiciado o a esa sádica con Dumbledore.

—¿Por qué no? —se encogió de hombros al tiempo que relajaba su espalda contra el sillón.

—Ni siquiera puedo creer este debate. Albus era bueno, está bien, quizás no tenía los mejores métodos, ¡pero todo lo hacía por un bien mayor!

—¿Mejores métodos, Ginevra? En mi primer año, tu amiga Granger se encontró con un troll en el baño de mujeres. ¡Y eso sólo en el primer año! Voldemort logró entrar absolutamente todos los años, de una forma u otra, a Hogwarts. El director que por alguna razón sabía todo lo que pasaría en vez de compartir esa información con aurores o brujas y magos aptos, puso en primera fila a un niño de once años. De verdad, me parece que tenés que revisar tus figuras de autoridad.

—Claro porque un mago obsesionado con un niño tiene todo el sentido del universo ¿cierto?

—Sos tan Gryffindor que duele. En ningún momento dije eso. Que opine que Dumbledore no era tan bueno como ustedes quieren creer no significa que apruebe a Voldemort.

Si las miradas pudieran matar, sin duda Daphne Greengrass estaría ya en otro plano. A la rubia le divertía la situación, no podía evitarlo. Su orgullo no se sentía tocado cuando atacaban a ninguno de los bandos, era lo bueno de ser su propia diosa. Aparte, el trago le había salido especialmente bien y nada iba a arruinarle el momento de relax de su día. Incluso agradecía el debate picante, la mantenía despierta, entretenida y nunca venía mal practicar su persuasión. A fin de cuentas, era tan buena en los negocios porque sabía de estrategias de comunicación.

—¿Brindamos?

—¿Por qué brindamos? ¿Por los Mortífagos, la supremacía de sangre, Bellatrix nuestra Ministra?

—Dejemos eso para quienes le interese. Brindemos por tu nueva vida. Bienvenida señorita Weasley.

La aludida quiso hacer algún comentario jocoso pero no pudo. La desconcertaron las palabras de la bruja rubia pero esto parecía la norma con ella: todo lo que hacía y decía desde hacía veinticuatro horas la desconcertaba; brindaron mirándose a los ojos, azules divertidos, avellanas contrariados.