HARTO

Así es como se sentía Deidara por la actitud prepotente y superior del maldito Uchiha. Siempre mirándole con desprecio, siempre ignorando su poder, su técnica a la que llamaba burda, su presencia como si no fuera nadie, como sino existiera.

Él reconocía que Uchiha Itachi era arte, su fuerza, su chakra, su poder ocular… Pero el otro le despreciaba, por mucho que hiciese o se esforzase.

–¡Se va a enterar, hum!– Masculló cabreado por enésima vez.–Me tiene harto él y sus desprecios como si yo no fuera nadie, como si mi arte no fuera nada, mm.

A su lado una voz hastiada bufó.

–Tus explosiones no son arte– La voz desapasionada de Sasori le interrumpió. –Y si tanto odias al Uchiha, díselo a él y deja de repetirte. Ahora cállate, Deidara.

–¡Danna! No se meta con mi arte. Y tengo motivos para estar airado con ese prepotente, hm.– Gruñó.

–Pues ves y díselos a él.

–¿Otra vez quejándote del Uchiha, rubia? –Se burló el peliblanco entrando en la estancia–¿Qué es esta vez? ¿Te ha bajado la regla y no va a por tus compresas? ¿No te encuentra los suficientemente atractivo como para encamarse contigo?

Y rió de forma estrepitosa.

–Puto tarado, hum. ¡Repítelo si tienes huevos!

Sasori suspiró y se fue de allí. Era imposible seguir trabajando tranquilo en ese lugar.

–Oh, rubia. Yo los huevos los tengo… Pero tu, es otro cantar.

–¡Te digo que soy hombre! ¿Tanto te cuesta entender algo tan básico, hum?

–Eso es lo que dices tu… Pero sigo pensando que tu género es dudoso.– Adoraba burlarse de Deidara, era tan fácil de sacar de sus casillas. –Aunque en este caso la falta de huevos es por no atreverte a plantarle cara al señoritingo Uchiha.

–¡Ja! Tampoco he visto que tu le plantes cara al Uchiha.–Contraatacó a su vez.

–Yo no soy el que tiene un fetiche por dejarse sodomizar por el Uchiha. ¿Cuándo le pondrás el culo para que te lo ensanche, Barbie?

–¿Y por qué tendría que poner yo el culo, mm?– Porque todos daban por hecho que era mujer. Vale, era bajito y llevaba el pelo largo… Pero Itachi también tenía el pelo largo y nadie dudaba de su hombría y masculinidad.

–¿Reconoces que te gusta ese amargado?– Le levantó las cejas insinuante –No te preocupes seguro que te folla sin problemas. Tanto tiempo de compañero de alguien tan feo como Kisame, seguro que no tiene reparos en acostarse contigo. Al lado de Kisame eres una belleza… Hasta yo te penetraría sin dudarlo si mi compañero fuera un pescado tan horripilante…

Deidara estaba alucinando; primero que el compañero de Hidan era Kakuzu… Y no es que fuera míster belleza de Akatsuki. Segundo que estaba dándole de nuevo un rol femenino… Y tercero, ¿Por qué estaban hablando de quien le follaría? Espera, directamente ¿Por qué hablaban de sexo?

Le miró y ahí seguía Hidan hablando de que el Uchiha le rompería el culo, porque los seriecitos son los peores. Que iban de modositos y eran en realidad unas bestias pardas insaciables que se te echaban encima y te dejaban el culo destrozado y sin poder sentarte en una semana. Puto Kakuzu, suerte que me recupero rápido y me gusta el sado, había añadido. Abrió los ojos asombrado, mientras el jashinista continuaba con su discursito de cómo Itachi le destrozaría su, seguramente, virgen agujerito y le llenaría de su blanca leche una y otra y otra y otra… Espera, ¿Cuántos "otra" llevaba Hidan? No lo sabía pero continuaba diciéndolos.

–¡Basta, hum!–Y Hidan se calló –¿Aun seguías con las veces que me llenaría?

–Por supuesto, piensa que ese debe llevar mucho tiempo sin sacar a pasear los renacuajos y debe tener leche acumulada de años, por eso es un maldito amargado. Créeme, se de lo que hablo; Cuando los hombres, tu no cuentas que eres medio mujer, no descargamos en mucho tiempo nos volvemos como ese. Y me jugaría la guadaña a que Itachi es virgen por eso es tan inhumano. Pero tranquilo, contigo desatascara las tuberías de su pajarito… Y se le quitará lo capullo. –Le puso la mano en el hombro –En tu mano queda curar al Uchiha, rubia. Es una gran responsabilidad… Aunque lo siento por tu esmirriado trasero.

–¿Curarme de que?– Esa voz profunda. Ambos se giraron y miraron al recién llegado, éste a su vez les miraba con frialdad.– Y mi sexualidad es privada. Lo que yo haga o deje de hacer, o decida… Es cosa mía.

Pero Deidara no escuchó al Uchiha, había otra cosa en su mente.

–¿Y por qué tengo que ser yo quien ponga el culo, hum?– Otra vez estaban con lo mismo, le cabreaba muchísimo esto.

Itachi levantó una ceja incrédulo y Hidan largó una carcajada. ¿De todo lo dicho, eso era lo único que preocupaba al de las bombas?

–Es evidente que el Uchiha se ve más masculino…

–¡Yo puedo ser el que la meta perfectamente, hum! Itachi también tiene el pelo largo y en cambio no le llamáis pelinegra.

Y las carcajadas del jashinista se multiplicaron.

–Idiotas…–Masculló Itachi antes de darse la vuelta– No me incluyáis en vuestras tonterías.

Hidan ya estaba que se revolcaba en el suelo. Menudos dos mendrugos, se notaba a leguas que se tenían ganas… O eso suponía. Tanta pelea, tantas miradas aunque fueran frías y de molestia, estar ofendido uno contra el otro. Si ya lo decía el dicho: Los que se pelean se desean. ¡Que se follaran ya y se dejaran de tanta tensión sexual por todos lados y tanta lujuria contenida!

Deidara gruñó molesto y ofendido. Él no había hecho nada y se la cargaba igualmente. Además le atribuían un papel que no deseaba, si sucediese algo como lo que decía Hidan… Él sería el macho perforador. ¡He dicho! Encima el capullo Uchiha se lo había vuelto a mirar despreciándolo. Estaba harto, muy harto de esa superioridad que se cargaba Itachi. Pero por mucho que entrenara, por mucho que enseñara a su ojo derecho a discernir un genjutsu y a combatirlo… Uchiha Itachi seguía venciéndolo y tratándolo como a inútil. Y encima ahí estaba ese capullo del religioso riéndose a su costa… llamándole mujer. Gruñó de nuevo y se largo.

–¡Rubia no te hagas la difícil y déjate penetrar! ¡JAJAJAJAJAJA!

Apretó los puños con rabia. Sabía que Hidan no era el único que creía eso, sólo que era el más bocazas de toda la organización.

Esa noche se acercó a su compañero de equipo.

–Danna, una consulta.

–Si es sobre arte, ya sabes mi opinión, Deidara… El arte es eterno– Atajó rápido la posible discusión. Tenía mucho trabajo con la puesta a punto de sus marionetas. Necesitaban mantenimiento diario.

–No, es eso. Aunque se equivoca, ¡El arte es efímero, el arte es una explosión!– Espera, se estaba desviando. Carraspeó– Entre Itachi y yo, ¿Quién es más varonil? ¿O sea, quien tomaría un papel dominante, hum? –Era una pregunta estúpida, y la cara de Sasori le mostraba que pensaba igual. Pero es que expresar la idea que quería transmitir no era fácil.

–Esta claro que Itachi…– No quería responder esas tonterías que se les ocurrían a su idiota compañero y al otro tonto de Hidan, pero sino el joven seguiría preguntando con terquedad. Había oído las conversaciones entre algunos miembros sobre eso mismo y sabía el porque de la pregunta.– Todos los demás creen lo mismo, te lo digo antes de que vayas a otro a consultarle esta memez. Itachi sería el que te haría morder la almohada, imagino que por aquí iba tu pregunta.

–Pero Sasori-danna…

–No tengo tiempo para más tonterías Deidara. Si quieres lo haces, sino… Demuestra que se equivocan.

Su danna lo despacho con un ademán rígido de manos, le apremiaba a largarse y no molestarle. Compuso un puchero enfadado y se fue de allí. Las últimas palabras de Sasori le dieron una idea. No podía vencer a Itachi en una pelea… Aun. Pero les demostraría a todos que se equivocaban con él.

Encontrar a Itachi no fue tan complicado, la guarida de Akatsuki era pequeñita y además no es que fueran un grupo muy numeroso. El problema fue su falta de valor. A ver comprendedle, Deidara era intrépido y valiente… En combate. Pero aquí de lo que se hablaba era de otro tipo de "combate", uno íntimo… Y además él era virgen. Se retorció las manos y sintió su corazón palpitar con fuerza, ¿Ahora le iba a dar un infarto? ¿Con lo joven y saludable que estaba? Se escondió y se fue corriendo al ver que el Uchiha miraba en su dirección con una mueca molesta. Llegando a la cocina y respirando acelerado y extremadamente nervioso.

–¿Qué me pasa? Yo no soy un gallina, hum.–Pero las palpitaciones seguían allí y su boca se sentía muy seca.

Abrió un armario buscando agua y encontrando una botella se la empinó sin miramientos. Tosió después de darle un largo sobro. Era alcohol, específicamente sake. La dejó en la encimera mientras se limpiaba los labios. Y un extraño y agradable calorcito le recorrió entero, una sonrisa se posó en sus labios, una sonrisa incontrolable y bobalicona. Eso le gustaba, se sentía bien… Así que le dio otro trago a la botella. Ahora se sentía feliz. Al siguiente trago, se sintió capaz de todo.

–Prepárate Uchiha, hic… Sentirás todo mi "poder".– Mientras dejaba la botella con decisión en el mueble o eso creyó, pues la botellita acabó en el suelo, por suerte estaba ya casi vacía. Y caminaba decidido, y concentrado para no caerse, hacía la habitación del jodido azabache. Le iba a demostrar quien mierdas mandaba ahí.

Sujetándose del marco de la puerta, abrió de una patada… En realidad requirió varios intentos para conseguir apuntar la puerta y no la pared. Y realmente la puerta se abrió, aunque en realidad fue Itachi el que la abrió al oír los golpes contra la pared. Miró al rubio, ahí plantado, con las piernas abiertas para mantener el equilibrio, una mirada brillante y algo desenfocada.

–¿Qué haces?

–Vengo… Hic… A demostrarte quien…hic… Manda. Jodido hic… Uchiha, hum. He dicho…Hic.– Su dedo señalándole. Y le enfocó a ver si aceptaba su desafío. El azabache iba con el pecho descubierto y unos pantalones flojos y sueltos. Y su pene saltó en sus pantalones, se relamió.

Itachi suspiró viendo el estado del rubio. Era evidente que Deidara había sucumbido a la presión de los otros y estaba ahí buscando retarle para demostrar que los demás estaban equivocados. Era tan estúpido. Y encima se había emborrachado… No iba a pelear con él, no estaba en sus cabales en ese momento. "Kami-sama dame paciencia.". Deidara era joven, apenas un adolescente casi… Y encima estaba muy beodo. Le tocaría llevarlo a su cuarto y meterle en la cama, suspiró de nuevo buscando su calma. Se acercó al rubio.

–No voy a pelear contigo en tu estado, Deidara. Te llevaré a dormir la borrachera y mañana será un nuevo día. Si para entonces quieres pelear, lo haremos. –Iba a pasarle un brazo por el torso para ayudarle antes de que se cayera cual largo era en el suelo, pero…

Deidara aprovechando que Itachi se le acercaba, porque tenía claro que en su estado no podría ser él el que se lanzara a por el azabache. Espero hasta tenerlo a un palmo y se lanzó a por sus labios, y si, se lanzó pues era la única forma. El Uchiha era más alto que él y de alguna forma tenía que salvar la distancia. La colisión, que Itachi no se esperaba, del rubio en su contra los acabó tirando al suelo.

–No me seas idio…– Iba a decirle que en su estado no tenía nada que hacer contra él, pero los labios del otro no se lo permitieron. Ni tampoco la lengua invasora entrando en su boca. Se revolvió por ese beso torpe y burdo.

Itachi intentaba liberarse de su beso, tenía que hacer algo… Bajó una de sus manos por el torso del azabache, dejando que su lengua lamiera y mordisqueara a su paso. Un pezón, los trabajados abdominales, tirar de ese negro pelo púbico y de ahí a lamer ese pene por ahora flácido. Y funcionaba, Itachi se había dejado de mover.

Esa humedad recorriendo su piel no se la esperaba. Jadeó sorprendido por un mordisco en su tetilla derecha, y su vientre se tensó al sentir los tirones en su rizado vello inferior. Sus manos que intentaban separar al rubio de encima suyo, dejaron de hacer fuerza de tanta que fue su sorpresa, para finalmente clavar los dedos en el hombro del más bajo al sentir esa cálida humedad de la lengua de la mano derecha del rubio en su pene. Su cadera se movió de forma incontrolada mientras suspiraba de gusto y sentía su pene erectarse. Pero el beso seguía siendo torpe e invasor, demasiada lengua usada. Le devolvió el beso de forma tímida y algo renuente al principio, para finalmente dejar que su lengua saliera al encuentro de la intrépida del rubio. Y después de unos segundos parece que los dos encontraron el ritmo de ese beso, lo cortaron unos segundos para respirar y volvieron a unir sus labios como si tuvieran imanes, esta vez el contacto era apasionado.

Con jadeos y suspiros por su parte por esa mano que ahora le masturbaba… Y que lo hacía muy bien, todo hay que decir, una idea cruzó su mente ¿Cuántas veces se habría masturbado Deidara usando esa técnica? Pues aunque sus besos se notaban que eran de persona virgen, su mano se movía cual profesional sobre su duro falo. Mezclando los típicos movimientos de arriba debajo de la mano, con la saliva que expulsaba esa boca y lamidas profundas. Y cuando ya hizo su siguiente movimiento… Meterse su pene dentro de la boca de la mano y felarle, fue que soltó un gemido ronco y movió su cadera buscando más de ese placer.

Si, lo estaba consiguiendo. Itachi no sólo movía la cadera buscando más placer, sino que le devolvió el beso y ahora estaban coordinados. Y esos jadeos y gemidos que liberaba dentro de su boca cuando estaban unidas… Era lo más erótico que había sentido jamás. Sintió humedad en su ropa, su pene liberando presemen por estar tan excitado. Movió su cadera buscando fricción contra ese cuerpo, quería más, mucho más.

–Itachi… –Suspiró antes de cambiar la dirección del lujurioso beso. Los brazos del Uchiha le rodeaban el cuello, una de sus manos perdida entre su melena rubia, acariciándole.

Bajó su mano libre y tironeó de esos pantalones sueltos del dueño de sharingan, bajándoselos hasta debajo de los glúteos, quería… Pero no podía, el peso de los dos juntos no dejaba espacio. Giró sin soltar al otro, dejándole encima de su cuerpo y llevó su mano libre, la que no le estaba felando el pene al azabache, hasta esas nalgas. Le mordió una mejilla de ese glúteo firme, notando el pequeño estremecimiento de sorpresa del azabache y de ahí metió su mano entre las nalgas lamiendo todo el surco hasta encontrar la fruncida entrada del Uchiha. Lamió toda esa rosada carne apretada.

–Relájate– Musitó entre beso y beso. Y es que Itachi se había tensado al sentir esa lengua allí.

Entró la punta y la movió y poco a poco fue consiguiendo meter más y más en ese apretado lugar. Sonrió para si, el del sharingan ya no estaba tenso y en cambio liberaba suaves jadeos roncos y suspiros de placer.

Ahora la lengua entraba en su totalidad, de forma profunda, dejando su saliva en ese interior y acariciando las paredes firmes del Uchiha. Mientras este gemía y suspiraba en su oído, abrazado a su cuerpo dejándose hacer de forma sumisa. Se tensó con un gruñido gutural y se corrió, la boca de su mano recogiendo todo lo máximo de ese fluido blanquecino y viscoso. Eso había sido muy erótico, Itachi era puro erotismo y ahora le notaba suave y con el cuerpo relajado encima suyo, su respiración acelerada contra el oído le dejaba caliente. Él quería correrse también. Liberó ese pene que había masturbado y levantó la mano hacia la mejilla del Uchiha, haciendo que le mirara. El sharingan brillando en sus pupilas, pero esta vez no percibía amenaza en esos ojos sangrientos. Le besó, esa visión era demasiado tentadora y sublime.

–Quiero… Quiero entrar Uchiha.– Itachi le miró con esa mirada brillantes y sus mejillas encendidas y le asintió quedo.

Volvió a besarle, mientras giraban, dejando ese cuerpo debajo suyo. Se incorporó encima de sus rodillas y sin dejar de mirar al peligroso shinobi en el suelo, con el pelo revuelto y la piel levemente brillante por el sudor, se quitó la camiseta y se bajó los pantalones, quitándoselos con dificultad por los pies, estaba urgido. Oyó una suave risa y miró a Itachi.

–Deja te ayudo.– Incorporándose un poco y ayudándole con el lío en sus tobillos.

Por fin estaba desnudo, lo mismo que también arrancó los pantalones del azabache de sus piernas. Le miró de nuevo antes de volver a tumbársele encima y volver a iniciar un nuevo beso. Sintió las piernas de Itachi en sus caderas, en una mansa entrega hacia él y como el mayor llevaba sus manos entre sus cuerpos buscando su pene, se lo acariciaba y luego lo guiaba hacía su entrada.

Uchiha Itachi deseaba eso, y él estaba asombrado… Iba a perder la virginidad con el peligroso Uchiha. Uno de los más temidos en esa organización y… Estaba deseándolo desde el momento que pillo valor con esa botella de sake. ¡No! Lo deseaba de mucho antes, antes incluso que empezaran las burlas a su persona llamándole mujer. Si, lo deseaba desde que Itachi le venció con facilidad cuando fueron a reclutarlo.

Sonrió a su amante y al sentir que el otro le había colocado en el lugar correcto y se lo acariciaba como dándole permiso, apretó sus caderas buscando ingresar en esa carne. El jadeo de Itachi y como tensaba el rostro no se hizo esperar, él también tenía una mueca en su cara, pero por diferente motivo. La de uno era de cierta molestia o dolor, la del otro era por tan placentera presión en su pene. Era demasiado y gimiendo al entrar del todo en ese cálido lugar se tensó, tembló y se corrió con fuerza.

–Yo… Yo… – Se había corrido nada más meterla. ¿Dónde quedaban esas fantasías en las que se pasaba horas penetrando al Uchiha? ¡Que vergüenza!

–Shht, tranquilo, Deidara. Ambos somos nuevos en esto… Es normal que suceda las primeras veces, según me contaron.–Itachi le acariciaba la espalda con suavidad, usando las yemas de sus dedos. Y le apretó las piernas en la cadera al sentir que quería apartarse– Quédate quieto, no me molesta tu peso… Y en breve podrás seguir con esto.

Le miró estupefacto. ¿Ese era Itachi? Al que odiaba por burlarse de él… Aunque realmente no lo hacía, sólo le miraba por encima del hombro haciéndole sentir que era menos. En cambio en esos instantes, estaba siendo dulce y sumiso, dejándole ser el activo y aceptando el rol pasivo. Y ahora le sonreía con suavidad y levantaba la cabeza para besarle. Y se movía un poco, sin dejar de acariciarle espalda y nuca.

Le devolvió el beso y fue su turno de suspirar por esos suaves y ondulantes movimientos, mientras dejaban a sus labios besarse y lamer el cuello y hombros del otro.

Sentía el miembro de Itachi endurecerse entre ambos vientres y como el suyo también se ponía duro en el interior del otro. Siguieron con ese ritual que les estaba haciendo despertar sus intimidades y cuando menos se dieron cuenta, Deidara estaba penetrando al Uchiha. Primero de forma lenta para seguir rápido y profundo. Se incorporó un poco para llevar sus dos manos a lamer el miembro y los testículos del azabache, mientras Itachi gemía sin controlarse y sus dedos intentaban sujetarse a algo. Era la visión más sublime que había contemplado jamás.

–Esto… Esto si es arte.– La mirada cómplice y la pequeña sonrisa del Uchiha le dijeron que estaba a favor de esa afirmación. Antes de abrir la boca y gemir con fuerza por esa fricción en ese placentero punto.– Si… definitivamente es-es arte, mmmm.

Los dos se corrieron casi a la vez y se quedaron abrazados con fuerza en ese frío suelo. Hasta que Itachi se quejó de su espalda siendo magullada en algunos puntos. Se trasladaron a la cama y entre besos, abrazos y mordiscos siguieron con su noche de pasión.

Desde ese día, Itachi se convirtió en el amante de Deidara. Y siempre que podían por sus misiones se encontraban, la mayoría de veces era el Uchiha el que visitaba las dependencias del de las bombas y se entregaba a todos los juegos que el joven rubio quisiera experimentar con su cuerpo. Al Uchiha le gustaba que Deidara fuera su activo y no tenía ningún tipo de problema de adoptar un papel sumiso, la verdad es que le encantaba. Y las manos de Deidara… Nunca le defraudaban, esas si eran arte.

FIN