—¿Saben algo de Hermione o no? —las apuró.
—Sé que la encerraron en Azkaban, puedo intentar averiguar algo más, si querés —se ofreció Daphne.
—Obvio que quiero ¿qué pregunta es esa? —cuestionó con el ceño fruncido— ¡O sea que está viva!
—Bueno, no lo sé con certeza pero si Bellatrix hubiera ordenado su muerte, me habría enterado. Quiero decir, yo y toda la comunidad mágica, no es como matar a cualquier bruja.
—Me la imagino dando un discurso eterno como últimas palabras —sonrió la pelirroja, recordando los sermones que daba su amiga.
—Insoportable, seguro por eso todavía sigue viva —se burló Pansy, encogiéndose de hombros ante la mirada enojada de Ginny.
—Calle A —se señaló a sí misma—, calle B —señaló a Daphne— , calle C —señaló a Pansy.
La pelinegra la miró con el ceño fruncido.
—¿Qué te pasa, loca?
—Ahg, nada, es un juego muggle.
—¿Estás nerviosa por la prueba? —cambió de tema Daphne, siempre atenta.
—¿Parezco nerviosa?
—No hablo de lo que pareces, sino de lo que estás.
—No, confío mucho en mis capacidades. Soy buena en esto. ¿Vos estás nerviosa? —la miró burlona.
—Para nada, Ginevra, sé dónde apuesto.
Pansy puso los ojos en blanco. "Ya están otra vez con el jueguito del coqueteo".
Como cada lunes, la Jefa del Departamento de Cooperación Mágica Internacional ingresaba en las oficinas con renovada energía. Mientras caminaba a su despacho, con un movimiento de varita levantaba todas las persianas y permitía al sol bañar aquél amplio espacio. Era la primera en llegar y en general, la última en irse.
Se sentó tras su escritorio y descubrió que la estaba esperando un ejemplar de El Profeta y otros periódicos que leía rigurosamente antes de comenzar la jornada.
Enfrascada como estaba en su lectura, se sobresaltó cuando llamaron a su puerta.
—Adelante
—Buenos días Señorita Greengrass.
—Buen día Alexa, ¿cómo pasaste el fin de semana? —recibió a su secretaria, una joven que se había ganado su confianza trabajando duro.
—Pude descansar y adelantar trabajo, así que muy bien. ¿Qué tal la pasó usted? Le traje su café —lo dejó encima del escritorio y apoyó varias carpetas para que Daphne las revisara más tarde.
—Gracias, ya lo estaba deseando. Yo también tuve un buen fin de semana —por un segundo recordó a cierta pelirroja—, ¿repasamos la agenda de hoy?
—Claro —con un movimiento de varita, apareció el holograma de un calendario—, a las nueve tiene reunión con el equipo para revisar la estrategia con Rusia, a las diez se reúne con el enviado de China, en el almuerzo quedó con las cabezas de equipo por la próxima reunión con la Ministra y por la tarde deben volver las enviadas a cerrar los negocios en Canadá y México.
—Perfecto, tenemos un día cargado de tareas. Nos queda una semana para la junta con la Ministra así que no hay tiempo que perder. ¿Sabes que te voy a pedir? Necesitaría el balance de la gestión anterior, ¿me la podrás conseguir?
La chica asintió, tomando nota. Daphne le dedicó una sonrisa y volvió al periódico, segundos antes de que la interrumpiera había encontrado el artículo de Rita.
Si es Greengrass es bueno rezaba el título. Abajo ella, Pansy y Ginny en movimiento. No salían tan mal e incluso se atrevería a decir que realmente parecía una comida de negocios por sus expresiones. Con su amiga estaban acostumbradas a posar para la prensa, pero la pelirroja no tenía esa experiencia y aún así había salido decente.
Skeeter no la había desilusionado y en el desarrollo se desvivía en halagos para ella y su carrera y nombraba a la joven Weasley como una bruja de sangre pura. Le pareció increíble como esa periodista se armó una nota sólo con el misterio de un negocio; tenía que reconocer que era buena en lo que hacía. El resto de los periódicos eran similares en su contenido sobre la salida en el Callejón Diagon.
Dio por terminada su lectura matutina, satisfecha. Corrió la pila enorme de diarios y apareció uno que se le había traspapelado. Confiada, abrió y pasó las páginas hasta encontrar una foto de ellas dos juntas, quizás, demasiado juntas. En la captura, se veían sus manos arreglando el cuello de la camisa de la pelirroja con la naturalidad de una acción rutinaria. Ahora el título… El título era muchísimo más desconcertante:
¿El nuevo interés romántico de la codiciada joven Greengrass?.
Se horrorizó con tal exposición y buscó rápidamente al responsable de aquella nota: Alan R.
Cerró los ojos, enojada consigo misma, ¿cómo se le había pasado?.
Alan era un brujo que creció precipitadamente por sus notas tendenciosas. Habían coincidido una vez en un cóctel y él había intentando coquetear con ella, siendo rechazado categóricamente.
A Daphne para nada le interesaba el género másculino.
—Maldito resentido —masculló.
El vuelo de una lechuza la desconcentró. Se había colado por la ventana abierta y ahora se apoyaba con elegancia sobre su escritorio.
—Claro que sos vos —le habló al ave, que la miraba digno.
Las lechuzas negras eran el símbolo de la familia Greengrass. Aquella, sin duda, era la de su padre.
—A ver qué tenés para mi —desató el pergamino de su pata y con un movimiento de su mano le puso un bowl con agua y comida.
Querida hija:
Sé que estás ocupada con tu trabajo y tus expansiones. Por cierto, ¿cuándo podremos juntarnos para hablar de negocios? Tengo algunos problemas con los viñedos y podrías ayudarme.
Tu madre dice que te extraña y planea organizar una juntada familiar. ¿Cómo es eso de que estás interesada en una jovencita pelirroja? ¿Una Weasley? Pensé que estaban extintos ya. Estamos desolados por habernos enterado tal noticia de la mano del estúpido de Alan, que cada vez que lo veo no deja de dorarme la píldora para ver si consigue que lo ayude contigo. En fin, espero que puedas traer a la chica a nuestra casa pronto. Sabes que estaríamos encantados de empezar a planificar tu boda.
Te adoran,
Isaac y Mary Greengrass.
—Perfecto, absolutamente perfecto. Lo único que me faltaba —dejó caer su cabeza contra el escritorio, estresada.
Si alguien le hubiera dicho lo insufrible que se iba a poner Daphne los días previos a la prueba, quizás jamás hubiera firmado ese contrato. Aparentemente, no le bastaba con que Ginny entrenara toda la mañana. Ahora cada tarde volvía antes del Ministerio y la obligaba a realizar entrenamientos que la dejaban exhausta.
No sabía si su meta era que entrara al equipo o que muriera.
—¡Vamos Señorita Weasley, no seas vaga!
La pelirroja la observó desde el piso con molestia, recibiendo una sonrisa divertida. Resopló y forzó su cuerpo un poco más, mientras subía y bajaba su espalda con las manos en la cabeza. Todo su cuerpo perlado de sudor.
Daphne disfrutaba las vistas, disimulando cronómetro en mano.
—¿Te gusta lo que ves, rubia?
—¿Te refieres a verte bajo mis órdenes?
Ginny sonrió, divertida.
—La Reina de Gryffindor nunca estaría bajo las órdenes de una simple Slytherin.
—¿Y quién te coronó a vos?
—¿Perdón? Acaso ¿crees que hubo otra reina en nuestra generación?
—Por supuesto.
—¿Quién? —la desafió, con el ceño fruncido.
Daphne se quedó pensando, pero no se le ocurrió ningún nombre para fastidiar a la pelirroja.
—Okey, no. De todas maneras, estás bajo mis órdenes —le sacó la lengua—¡Deja de hablar y concéntrate en el ejercicio! Te quedan cincuenta abdominales.
Ginny bufó y volvió a empezar.
Tres horas después, las brujas al fin descansaban en el living. O mejor dicho: Ginevra descansaba tirada en el sillón, leyendo una revista y Daphne sentada con sus piernas cruzadas, revisaba unos archivos que se había traído del trabajo.
—Voy a necesitar una play, rubia, te lo aviso —rompió el silencio, aburrida.
—¿Una qué? —respondió en automático, girando su cabeza con gesto de confusión pero sin dejar de leer el informe que tenía entre manos.
—-Una play —puso los ojos en blanco—, ya te expliqué: es un juego de muggles. ¿Podré usar un adelanto de mi paga?
—Mm, ya veremos.
Unos repiqueteos llamaron su atención. Detrás del ventanal, una lechuza negra las observaba.
—¡Ah! Es mi hermana —se levantó y abrió la ventana, permitiendo que pase para sacarle el pergamino que llevaba atado. Leyó:—, me pregunta si me apetece recibirlos a cenar esta noche ¿qué decís?
Ginny se incorporó, interesada.
—¿Tu hermana y Malfoy? ¿Acá? —Daphne asintió—Euh, no es que me muera de ganas de ver a Malfoy pero tampoco tengo nada mejor que hacer —se encogió de hombros.
"Primero Pansy, ahora el estúpido de Malfoy. O consigo algo para divertirme o moriré en el intento. O peor, terminaré siendo parte de su grupo."
—Perfecto, ¡le diré que les esperamos esta noche! —con un movimiento de varita hizo aparecer dos potes: uno con agua y otro con alimento para la lechuza.
Ginny observó a Daphne, parecía contenta.
—¿Te llevas bien con ella? —preguntó mientras la veía escribir en el pergamino.
La lechuza había terminado de comer y la miraba fijamente. Se removió incómoda en el sillón "qué le pasa a esa maldita ave?". Le sacó la lengua y saltó para atrás cuando ésta abrió sus alas y se levitó unos centímetros, haciendo un sonido extraño.
—Sí, siempre tuvimos buena relación a pesar de ser muy distintas, ya verás.
—Me da la sensación de que tuviste una vida perfecta.
—No me quejo, definitivamente no la pasé mal. Pero también porque intento no complicarme la existencia. Al ser la mayor me exigieron muchísimo más que a ella y llevo en mis hombros el emporio Greengrass.
Terminó la nota y la ató a la pata del ave, que bajó su cabeza para que Daphne le haga unas caricias y luego alzó el vuelo, no sin antes dedicar una mirada a la pelirroja, que le volvió a sacar la lengua.
—Ese bicho me mira mal —explicó ante la confusión de la rubia—. De todas maneras se te dio fácil, ya tenés tu carrera en marcha.
—Me esfuerzo, sí. Por suerte me gustan los negocios. Astoria no hubiera podido con tanta presión.
—Casarse con un Malfoy debe resolver algunos problemas. ¿Y vos por qué estás soltera?
—¿Es una molestia eso para vos? —sonrió pícara.
—Para nada, pero me sorprende. Si hiciste todo lo que debías hacer, todo lo que se esperaba de vos. ¿Por qué no un matrimonio?
—Supongo que entregué todo salvo eso. De todas maneras, hice lo suficiente por mí misma como para que ya no puedan controlarme —una voz en su mente se burló de ella al recordar la carta de su padre—. Estoy forjando mi propio nombre, no quiero ser sólo una Greengrass. Quiero ser Daphne Greengrass. Por ahora estoy bien posicionada, tan cerca de Bellatrix. Sólo tengo que mantenerme así.
Ginny la observó mientras la bruja volvía a su trabajo. Sin duda era lo opuesto a todo lo que conocía. Aunque quizás… Su mente volvió a Hermione. Cada vez descubría más puntos en común entre su mejor amiga y la bruja rubia.
Todavía no sabía qué quería decir eso, teniendo en cuenta que estaba desarrollando un interés por Daphne mucho más allá de lo amistoso.
La imagen de su amiga se le presentó, adorable como siempre que la recordaba. Mione apretando un libro fuerte contra su pecho, Mione concentrada escribiendo con su pluma, Mione en su cama cuando hacían pijamada, Mione recostando la cabeza en su regazo. Mione abrazada a ella, durante la guerra, escondida detrás de una columna. Mione… besándola, antes de separarse y no verla nunca más.
Aquel recuerdo llevaba guardado bajo siete llaves, incapaz de poder enfrentarlo en la ausencia de la chica de rizos.
—Me recordás a Hermione. Tan apegadas a las normas, tan responsables, tan estrategas.
La rubia la miró sonriendo con ¿pena?.
—¿La extrañas, no?
—Demasiado. Es que la amo, estoy cien por ciento enamorada de ella — Daphne abrió los ojos, impactada—, como amiga, quiero decir. Es el yin de mi yang. Somos como —movió sus manos intentando que encajase algo invisible —, partes de lo mismo. Funcionamos muy bien juntas.
—Te entiendo. ¿Así que todo eso te sucede ahora conmigo? —bromeó.
—¡Qué creída! Jamás llegarías a ocupar su lugar.
—No quiero su lugar. Tengo el mío propio —le guiñó un ojo.
Ginny le sonrió y volvió a perderse en sus pensamientos. Sentía que acababa de abrir la caja de pandora.
—¡Hola hermanita! —exclamó Astoria saliendo de la chimenea y tirándose al cuello de Daphne—Te extrañaba, ¡no me escribís nunca! Ves más a mi esposo que a mí.
Daphne envolvió con sus brazos a la chica, riendo.
—Trabajo con tu esposo, Tori —se separaron y vio al rubio sonriendo burlón.
—Admití que soy tu favorito.
—La única favorita soy yo —salió de la chimenea Pansy, con un enterizo negro, impecable como siempre.
—¡Pero si es mi cuñada predilecta! —la abrazó Astoria, tan rápido que la otra bruja no pudo escapar.
—Soy tu única cuñada conocida, querida —su tono era jocoso.
—No es tu cuñada, de hecho —apuntó Daphne.
—¿Ginny? —todos los ojos siguieron la mirada de la Greengrass menor.
—Oug, ¿hola? —se sintió cohibida al notar tantos ojos sobre ella. Después recordó quién era y siguió caminando con confianza, acercándose al grupo —¿Qué haces vos acá? Estás hasta en la sopa, Parkinson.
—Callate, Weasley, te morías por verme seguro.
—¿Cómo estás, Ginevra? —saludó educadamente Draco, que ahora traía barba y una mirada mucho más afilada.
—Malfoy —respondió con desgana, fijándose en Astoria que la miraba con intensidad.
—¿Nos vamos a saludar mucho tiempo más o podemos pasar a tomar unas copas? —interrumpió Pansy, esquivando al grupo y yendo directa a la terraza que veía preparada para la ocasión.
—Como en tu casa, Parkinson ¿eh? —la siguió Ginny.
—¡No tenés cara para decir eso! Justo vos.
Astoria las observó divertida y se unió a ellas.
—¿Cómo te va con la chica? —consultó Draco, una vez a solas con su amiga.
—Bien, mejor de lo esperado. ¿Y tu tía? ¿Algún comentario? —sirvió dos copas con whisky de fuego y le entregó una.
—Dijo algo sobre estar satisfecha con lo que salió en los medios. Fue una buena estrategia —acercó su copa para brindar—, incluso lo del tal Alan, pero me da la sensación de que eso no fue tu idea —enarcó una ceja, burlón.
—Ni me lo recuerdes. La próxima semana tenemos la reunión con Bella, ¿vas a estar? ¿Podrías pasar por mi despacho así revisamos todo?
Draco rió y pasó un brazo por encima de los hombros de su amiga.
—Daphne, va a estar todo bien. Relajate un poco, ¿si? No sé por qué te gusta tanto trabajar, pero no soy de los tuyos. Disfrutemos la noche.
Fuera, las brujas conversaban animadamente. Ginny estaba sorprendida del look desenfadado que tenía Astoria, quien era muy parecida físicamente a su hermana pero en personalidad parecían polos opuestos. Incluso hacían una pareja extraña con Draco.
—¿Te gusta la ropa muggle? —le consultó, ya que traía puesto un jardinero corto.
—¡Me encanta! Miro mucha moda muggle, mi última colección la hice con asesoría de Miuccia Prada ¿la conoces?
Ginny abrió su boca, impactada.
—¿¡Qué!? Las Greengrass no hacen nada sencillo ¿eh?
—Pansy siempre me acompaña a sus desfiles, podemos invitarte la próxima vez ¿no?
—Sólo si te atreves a juntar a esas dos —se metió Daphne—, se pelean como niñas de quince.
—¿Por qué será? —levantó sus cejas en dirección a su hermana.
—¿Quién lo hubiera dicho? Las monarcas de Slytherin y Gryffindor en una misma mesa —se sentó Draco al lado de Ginny, frente a su novia que estaba sentada con Pansy a su costado. Daphne como siempre, presidió la mesa.
—¿Escuchaste, rubia? Hasta Malfoy admite mi lugar.
—¿Toqué un tema sensible? —miró con burla a su amiga que le enseñó su dedo medio —¡Qué modales!
—¡Saberia, cuánto tiempo! —saludó la rubia menor.
La elfina dio un salto de sorpresa provocando se le tambaleen todos los platos.
—Señorita Greengrass, ¡qué placer verla! Hacía tiempo que no pasaba por aquí —sirvió los platos.
—¡Hasta Saberia se da cuenta!
—La ama Daphne trabaja mucho y el tiempo restante se la pasa dando órdenes a la Señorita Ginevra —quiso arreglar, por miedo a haber metido en un lío a su ama.
Pansy fue la primera en reírse, contagiando a Draco que intentó disimular. Astoria miró de manera inquisitiva a su hermana, aunque ésta le esquivó la mirada, como si aquello no fuera con ella.
Ginny se cruzó de brazos.
—Nadie me da órdenes —refunfuñó por lo bajo.
—Así que estuviste muy ocupada con Ginevra —siguió sin darse por vencida.
—Soy su mánager —le recordó.
—Tu hermana sólo se ocupa de trabajar, en este tiempo no la ví haciendo nada más.
—No hace falta que lo jures, la conozco de sobra —negó con la cabeza.
—Todavía estoy aquí —interrumpió la nombrada.
—¿Se conocían del colegio? —les preguntó Draco, intentando echarle un cable a su amiga.
—Sí, por supuesto.¡Te conté de ella! —respondió su esposa, efusiva.
—¿Qué le contaste de mi? —Ginny ya se esperaba los típicos comentarios de serpientes.
Astoria clavó sus ojos en ella, con una expresión pícara y divertida.
—Fuiste mi crush los últimos dos años —anunció como si nada, desencajando la mandíbula de les presentes—. ¡Me encantabas!
—¡¿Qué?! ¿En serio?
—Así que ella era la chica misteriosa que tanto nombrabas — acotó Draco.
—No puede ser —se quejó Pansy—. ¿Qué demonios le ven?
Ginny la ignoró y miró por un segundo a Daphne, no muy segura de cómo debería tomarse esa situación. La encontró relajada, aunque sin duda también sorprendida y expectante.
—No puedo creer que no te acuerdes de nuestro beso —tiró una nueva bomba.
—¡¿Beso?! —repitió Weasley, pasando a toda velocidad sus recuerdos escolares. "Esa chica.. no, demasiado morena, esta otra… no, era más chica, esa del baño… tampoco, más grande, maldición, esto es imposible".
Astoria rió, tapándose por un instante la cara con las manos.
—No fue nada del otro mundo, tranquila. Creo que estabas demasiado ebria.
—¿Alguna otra pista de esa noche? Porque siempre estaba demasiado ebria en las fiestas.
—La organizaste por el cumpleaños de Luna, aunque claramente vos disfrutaste más que ella, creo que sólo querías una excusa para festejar. Yo me llevaba bien con ella y me invitó.
Ginny se tapó la boca con las dos manos, impactada. El resto de la mesa la miraron interesados, como si estuvieran viendo un reality show.
—¡Por Morgana! Te recuerdo.
El beso empezó a proyectarse en su mente. "Esa fue una noche caliente, sin duda".
La chica se rió complacida por ser recordada. Ginny sintió el calor subir por su cuerpo. Su mirada buscó nuevamente el azul de Daphne.
—¿Lo sabías? —le preguntó, confundida.
—No eramos tan unidas en el colegio —volvió a hablar Tori—. En fin, me alegra que ahora estés aquí —le guiñó un ojo—, parece que estabas destinada a la familia Greengrass.
—Interesante reencuentro ¿no? —se burló Pansy.
—A mi no me molestaría hacer un trío con tu crush, bebé.
Todas las miradas fueron hacia Draco.
—Ah no, quieto ahí, querido, esa chica ya está pedida para otro trío —lo apuntó Pansy.
—¿Ah sí? ¿Con quienes? —habló Tori.
—Me enternece el alma la solidaridad que demostras hacia tu esposa, Draco —se burló Daphne.
—Qué decirte, soy un mago progresista.
—Claro que sí, bebé, nada tiene que ver con tu propia fantasía de nosotras dos juntas ¿no?
—¡Estoy de tu lado! ¿Por qué me atacas a mí?
—Realmente si quisiera tener algo con Ginny ¿por qué te incluiría?
—A pesar de que me encanta este debate sobre mi persona, se dan cuenta de que estoy presente ¿verdad? Puedo elegir, no necesito que me rifen como si fuera un premio. ¡Típico de Serpientes mimadas!
—Estoy de acuerdo con la Señorita Weasley.
Ginny puso los ojos en blanco y desapareció camino al baño, internamente divertida.
—¡Así que el trío es con ustedes dos! —aprovechó Tori la ausencia de la protagonista de la noche.
—La cabeza de tu hermana es un misterio para mí —se burló Pansy de Astoria.
—Señorita Weasley ¿De verdad, Daph? Sólo a alguien que te gusta le hablarías así.
—Definitivamente sí —añadió Draco.
—¿Qué les pasa a ustedes? ¿Se pueden comportar?
—¿Tenés miedo de que te robemos a tu chica roja, Greengrass? —se burló Draco, mirando a su amiga.
—No sé de dónde sacan esas conclusiones, pero ciertamente son buena pareja.
—Tranquila Daph, nunca me metería entre vos y la señorita Weasley —se burló Tori, pero su hermana sabía que lo decía en serio.
—Buen día Señorita Weasley.
Ginny se llevó la mano al pecho, asustada. Se alejó de la puerta que daba a la playa para acercarse a Daphne.
—¿Acaso dormiste? La última vez que te ví estabas trabajando y ahora siendo las —revisó su reloj—, siete de la mañana estás igual.
—Seis horas son más que suficientes para descansar.
—Eh, no, claro que no, tu cuerpo necesita al menos ocho.
—¿Así que sabés lo que necesita mi cuerpo?
—No me vas a despistar, rubia. Deberías descansar bien.
—Ya habrá tiempo, ahora estoy..
—Si, si, ya lo sé, ahora estás con mucho trabajo preparando la reunión para la Ministra. En fin, como un día te desmayes, yo te dejo ahí tirada eh.
—Mentira, las dos sabemos que no harías eso, Ginevra. ¿Estabas por salir a entrenar? Haz un trote tranquilo y nada más, tenés que estar relajada para mañana.
—No pienso quejarme por eso. Nos vemos luego, rubia —le guiñó el ojo y salió.
—¿Qué es esto? —preguntó Ginny cuando recibió un paquete envuelto.
Había llegado, finalmente, el día de la prueba.
—Abrilo —incitó Daphne, sonriendo.
Ginny la miró desconcertada y rompió el envoltorio. Dentro, descubrió una camiseta deportiva azul y roja, con la capa a juego. Por delante, a la izquierda un escudo que no conocía pero le sonaba. En la espalda de ambas prendas, se podía leer el apellido Weasley en dorado.
—¡Wow! Es increíble, ¿es para mí?
Daphne rio.
—¿Hay otra Weasley en la habitación?
—Me encanta, gracias —la miró sonriendo ampliamente y se puso la capa para probarla—, no era necesario, tengo como cien mil camisetas en mi vestuario —alzó una de sus cejas.
—Pero ninguna dice Weasley.
—Eso es cierto, la amo —daba vueltas sobre sí misma, modelando para Daphne que la veía divertida—. ¿De qué es el escudo? —se acercó la camiseta para revisarlo de cerca.
—Es el escudo Greengras, claro. Pero no el de toda la familia, es el mío, tiene algunas alteraciones al familiar, lo uso en todos mis negocios y es parte de mi firma.
—Y yo soy tu negocio…—se acercó hasta que sus cuerpos se rozaron.
—Yo lo vería así: de esta manera queda claro que estás bajo mi protección —le guiñó un ojo, no dejándose amedrentar por la cercanía.
—Y si hoy pierdo, ¿seguiré bajo tu protección? —pasó sus brazos por los hombros de la bruja, acercando más sus cuerpos.
—No vas a perder, Ginevra —deslizó sus manos por la espalda de esta.
—¿Y si lo hago?
—Recuerdo que dijiste no estar tan incómoda en Azkaban —se burló, mirando los labios rodeados de pecas.
—No te crees ni vos que me vas a dejar ir —deslizó su lengua por labio inferior, mordiendolo para provocarla.
Estaban tan cerca que sentían la respiración de la otra.
—Tendríamos que ir yendo, Señorita Weasley —susurró contra su boca.
—Ya, ya vamos… Sólo… —dejó de hablar al capturar el labio inferior de Daphne con los suyos.
Con los ojos cerrados empezaron a besarse con pasión contenida, extasiadas. Ginny deslizó sus dedos entre el pelo lacio de la rubia mientras la otra la atraía más contra sí. Sus lenguas se encontraron, enviando descargas eléctricas por todo su cuerpo.
La mano de Daphne se salteó la camiseta y arañó aquella piel tersa y musculada. La pelirroja se sintió arder.
—Ginny —habló entre besos—, de verdad debemos irnos.
La jugadora se había olvidado del horario, de la prueba, de todo. Todo menos saciar las ganas de besar a la rubia. Con su cuerpo la empujó despacio hasta apoyarla contra la biblioteca.
—No, no noo —la alejó por los hombros—, tenemos que irnos.
—¿No te relajas nunca? —se quejó.
—Ya sabes la respuesta —sonrió.
La otra puso los ojos en blanco y se quiso alejar pero Daphne atrapó su mano, la dio vuelta con decisión y la volvió a besar, agarrando con firmeza su rostro.
—¿Seguimos después? —le mordió el labio inferior.
—Definitivamente —sonrió, feliz y excitada.
