Ginny se removió incómoda bajo la mirada divertida de Hermione. ¿Cuándo aprendería a callarse? Todo era diversión en su cabeza hasta que se encontraba de frente con una charla seria. ¡No tenía idea de cómo afrontar esta conversación en particular! Ella era su mejor amiga, no quería que esto saliera mal. ¿Podrían distanciarse para siempre? Suponía que sí, como cualquier vínculo que eventualmente puede romperse. No quería lastimar a Daphne, no quería lastimar a Hermione. Maldición, incluso no quería lastimar a Parkinson. ¿Todo eso dependía de ella? ¡A quién se le ocurría!
—Ginny —una mano se deslizó por su rodilla—, soy yo. ¿Te acordas?
—Justamente, Mione —se queja, aunque entrelaza sus dedos con los de Hermione sobre su rodilla—. No quiero cagarla, ¿sabés?
—¿Por qué lo harías?
—¡Porque soy yo! —reforzó su punto abriendo sus brazos, las manos aun juntas— No sé nada de relaciones y todas parecen estar muy cómodas con estas nuevas dinámicas. ¿Y si nos lastimo? Porque odiaría hacerlo, Mione. Pasamos por un montón de mierda y al fin parece que estamos en un buen lugar.
El rostro de Hermione se llenó de comprensión. Se acercó un poco más y procuró mirarla fijamente a los ojos.
—Ginny, no sos responsable de nosotras. Y ninguna sabe más de relaciones que vos. Quiero decir, ¿qué pareja tuve antes? ¿O Pansy? ¡Daphne ni siquiera se animaba a acercarse a vos en el colegio! Y ellas tuvieron este vínculo extraño durante su adolescencia —se encoge de hombros, por un segundo con el ceño fruncido—. Creo que todas estamos aprendiendo.
—No sé, no lo parece. ¿Vos y Parkinson? Tan felices con su vínculo abierto porque estás enamorada de otra persona. ¡Enamorada! —abre sus ojos al máximo.
Hermione se ríe y tira de sus manos entrelazadas, se acomodan con torpeza en el sillón, estirando sus cuerpos y abrazándose como tantas otras veces.
—Definitivamente Pansy no debería haber dado tanta información —pone los ojos en blanco—, típico de ella. Supongo que sólo quería empujarte a que hablaras conmigo.
—Bueno, lo logró —se queja— ¿Te das cuenta que estamos saliendo con dos Slytherin? Nos creí más inteligentes que esto, la verdad.
—¿Estás queriendo decir que nos van a manipular como serpientes que son?
—Estoy completamente segura de que ya lo están haciendo.
—Estamos perdidas, Ginny.
—Lo sé, por lo menos estamos juntas en esto.
Se miran por un segundo manteniendo sus rostros de sufrimiento antes de estallar en risas.
—Ellas no deben poder ni creerlo ¿sabés? —retoma Ginny, divertida.
—Pansy a veces me mira con ojos reflexivos y estoy segura que piensa ¿cómo diablos terminé acá?
La pelirroja vuelve a reír, contagiando a su amiga.
—¡Ay! Te creo, te creo. No sólo con la nerd de su clase, ¡también con la mejor amiga!
Se acomodó mejor sobre el costado de Hermione, pasando su brazo por la cintura. Se sentía bien la cercanía de sus cuerpos, incluso con ese calor que empezaba a gestarse en su bajo vientre.
—Mione, ¿por qué me besaste en la batalla de Hogwarts?
Finalmente lo sacó de su sistema. No podía seguir con esa duda dando vueltas en su mente. Sintió cómo su amiga se tensaba bajo ella, sólo para relajarse unos segundos después.
—Porque pensé que iba a morir, Ginny. ¿Qué sentido tenía seguir ocultando lo que sentía? Lo que siento. Un día eras la hermana pequeña de mi amigo y al siguiente la hermana adolescente que me atraía. ¿Cómo podría haberte esquivado? Sos una llama roja que enciende todo a su paso. Sos cálida cuando me siento congelada. Sos una fogata junto a un libro y un chocolate caliente. Sos impulso, protección, diversión. Como amiga, estoy enamorada de vos. Pero también reconozco otro tipo de chispa cada vez que te acercas o sé que te voy a ver.
—¿Sentís eso por Parkinson también?
Negó con la cabeza.
—Es distinto, ni mejor ni peor. No creo que se puedan comparar los vínculos. ¿Vos sentís lo mismo por Daphne que por mí? ¿O incluso entre tus hermanos?
Ginny ladeó la cabeza todo lo pudo, acomodada sobre el hombro de Hermione.
—No, supongo que no. Yo…Es muy hermoso todo lo que me decís. No sabía que eras tan romántica, ¿eh? —se rió tratando de aflojar sus nervios, Hermione negando con la cabeza con una sonrisa suave— La verdad es que estuve intentando no enfrentar este tema. No sabía ni por dónde empezar a mirarlo. Sé que… A veces quiero besarte. Siento cosas que no se parecen a una amistad muy pura. ¿Ya sabés que sos la persona más increíble que conozco, no? Y al mismo tiempo, están todos estos sentimientos nuevos por Daphne. Y Parkinson, bueno, ella me calienta, no puedo negarlo.
Hermione dejó escapar una carcajada, apretando su brazo que rodeaba a la pelirroja.
—Era obvio que tanto odio iba a terminar en sexo —se burló.
—¡Todavía no hubo sexo! Quiero decir, es tu novia. ¿Estamos en un vale todo ahora? —se incorporó sobre su codo, mirándola de cerca.
—No sé, bebé, cada una tiene su pareja y en principio las cosas deberían estar claras ahí, me parece. El resto se puede ir viendo. Eventualmente vamos a tener que charlar todas juntas quizás. ¿Hacer acuerdos y esas cosas?
—Morgana, no puedo creer en qué nos metimos —se dejó caer nuevamente.
—Bueno, ni que sufrieras tanto, Ginevra, tenés tres chicas hermosas dispuestas a estar con vos —puso los ojos en blanco—. ¿Sos dramática eh?
—¡Dejame! Y te prohibo que le digas a Parkinson que me gusta.
—¿Recién te calentaba y ahora te gusta? Wow, vos sí que avanzas rápido —se burló—. Entonces ¿pizza y película?
Era por ese tipo de actitudes que adoraba a Hermione. La conocía, sabía cuánto le costaba procesar las emociones, siendo pura acción. Dale una actividad o un impulso y ella estaría bien, pero ¿una emoción profunda? Ella se paralizaría la mayoría de las veces.
Hicieron el pedido y se entretuvieron buscando en la laptop de Hermione alguna película que les interesara. Se sentía como en casa, la noche de películas la habían inaugurado un verano que su amiga la llevó a conocer a su familia. Esas fueron unas vacaciones increíbles, jueguitos electrónicos, parques de diversión, cines donde proyectaban películas en pantallas gigantes, deportes distintos. Era increíble la variedad de deportes que existían en la sociedad muggle. También fueron a museos e instalaciones de obras artísticas que no tenían nada que envidiarle al mundo mágico. Si le preguntaban, se la habían arreglado más que bien sin magia.
—¿Cómo va tu plan con Daphne? —preguntó mientras abría un refresco y le servía otro a su amiga.
—No quiero cantar victoria pero vamos encaminadas. Estoy deseando que llegue el momento de ponerlo a prueba porque no soporto más esconderme —suspiró—, hasta yo tengo un límite con los espacios cerrados.
—Ni que lo digas, Mione. ¿Ya te dije que me sorprende cómo tus soluciones siempre involucran ponerte en riesgo? Deberías mirarte eso porque primero te escondés en la casa de Parkinson y ahora querés trabajar con Bellatrix. Cómo mínimo diría que sos sadomasoquista ¿no?
—¡Ginevra! Las cosas que se te ocurren —puso los ojos en blanco.
—¡Ah, claro, matemos al mensajero! La culpa ahora es mía. Decime, ¿Parkinson te pega con un látigo? ¿O vos a ella?
—¿Qué te hace pensar que voy a contarte mi intimidad sexual?
—¡Soy tu mejor amiga, Mione! ¿Si no me lo contás a mi, a quién?
—Bueno, podés preguntarle a ella ya que comparten tantos secretos —le sacó la lengua.
—Si, claro, ¿vos querés que me mate?
—¿No dijiste que eran amigas y podían hablar sin pelear?
El timbre de la casa sonó antes de que Ginny pudiera responder y de un salto, cruzó el sofa por encima del sillón.
—¡Esto no termina acá, Mione! —gritó de camino a la puerta.
El lunes llegó muy rápido y con el inicio de semana, el trabajo. Ginny había arreglado un almuerzo con su representante para discutir cómo llevarían la carrera de la jugadora y las actividades que ya empezaba a tener programadas.
Se encontraron en aquel restaurante que habían ido por primera vez en compañía de Pansy. Era privado, agradable y el estómago de Ginny aprobaba el menú.
—Bienvenida señorita ¿tiene mesa reservada?
—Greengrass —respondió, sus ojos deteniéndose sólo por un segundo en la chica frente a ella y luego escaneando el lugar que tenía pocas mesas vacías.
—¡Perfecto! La guío —le dedicó una sonrisa profesional y la llevó por unas escaleras, al segundo piso y luego por unas puertas que conducían a las mesas al aire libre.
—Señorita Weasley —se levantó Daphne, con una cálida sonrisa y compartieron un abrazo mientras la chica se alejaba— ¿Cómo estuvo tu día?
—Muy bien, Greengrass —dejó un beso cerca de la comisura de la boca y tomó asiento frente a ella—, ¿el tuyo?
—Atareado. De hecho, pensé que iba a poder volver con vos pero tengo que ir unas horas más al ministerio.
—Oh, qué pena —sacó su labio inferior en un puchero—, te quería arrastrar a comprar una televisión.
—Voy a admitir que sos insistente —enarcó una de sus cejas—, y que estoy muy contenta de estar ocupada hoy —tomó la jarra de limonada y sirvió dos vasos—. Hice nuestros pedidos, ¿estás hambrienta?
—¿Cuándo no lo estoy? —sonrió divertida, tomando su vaso y llevándolo a sus labios— Bueno, ¿cómo viene mi semana entonces?
Daphne se enderezó aún más en su silla. Como si ella alguna vez fuera a estar sentada de manera inapropiada, de todas formas. Ginny puso los ojos en blanco mentalmente por eso.
—Bien, veamos —con un movimiento de su muñeca, apareció un holograma que mostraba un calendario y se iba abriendo según lo que ella nombraba—. Mañana después del entrenamiento tenés con Jones la entrevista que pactamos en la fiesta ¿te acordas? —le dio un momento y Ginny asintió— El miércoles Jones va a hacer la rueda de prensa para presentarte a vos y a las otras chicas, esto es antes del entrenamiento, es probable que los medios se queden a mirar —enarcó una ceja ante el ceño fruncido de la jugadora—, vas a estar bien, no te preocupes. Ese mismo día a la tarde, una entrevista con Skeeter, a la que te prohíbo decirle que le diste una entrevista a alguien antes. Le prometí la primicia.
El mozo apareció y sirvió sus platos en silencio, yéndose con una reverencia.
—Bueno, ¿eso es todo? —preguntó esperanzada, con la mirada en la hamburguesa que tenía en el plato.
—Más o menos. Sí, es todo por ahora, pero después de que se haga público tu fichaje vamos a movernos hacia delante muy rápido, Ginny.
—¿Qué querés decir? —preguntó con la boca llena.
—Más entrevistas, publicidades, presencias —enumeró, antes de llevarse el tenedor a la boca.
—¿En algún momento voy a jugar? —se burló sin gracia.
—Señorita Weasley…
—No, Daph, no me vengas con señorita nada. Soy tu pareja, no te quieras comportar fría y distante —su tono alterado.
—Ey —alcanzó su mano por arriba de la mesa, con la mirada preocupada—. Tranquila. Estoy acá y voy a estar al lado tuyo en todo esto. Sé que es mucho pero vas a estar bien. Y por supuesto que vas a jugar, de hecho, espero que lo hagas muy bien.
Ginny jugó con sus dedos entrelazados.
—Sí, perdón —suspiró—, es sólo que… ¿Por qué tanto?
—Algunas profesiones vienen con este equipaje. Yo sólo quiero sacarle el mayor provecho para que puedas seguir haciendo lo que te gusta. Y por otro lado, ¿sabés que el plan con Hermione depende de que esto salga bien? Soy optimista pero aún tenemos que navegar por las repercusiones que traerá la rueda de prensa.
—¿Pero Bellatrix no está de nuestro lado? ¿Qué podría pasar?
—Sí, lo está, pero no va a salir ella a defenderte. Sos un poco la prueba. En esto estamos solas. No hay de qué preocuparse, igual. Digamos que hay algunos grupos reaccionarios que aún quedan dando vueltas.
—¡Daphne, eso no suena a nada! —se quejó— ¿Estás buscando que me maten?
—Sí, claro, todo este trabajo para que alguien te asesine —rueda los ojos— ¿Dónde está la valentía Gryffindor?
—La tiene toda Hermione, a mi no me mires. Yo paso de tener una señal en la cabeza que diga matame.
—Ginny, vas a estar bien, ya te lo dije. ¿Podés confiar en mí?
—Como si tuviera otra opción.
—Siempre hay otras opciones.
—Está bien, está bien, confío en vos. Intenta que no me maten aún ¿okey? Dejame decirte que te prefiero como novia que como mánager.
—Bueno, me preocuparía si fuera al revés —se encogió de hombros con una sonrisa.
Nunca había estado en un estudio fotográfico. Tampoco sabía que las editoriales tenían tantos pisos y estudios allí mismo. Caminó pegada a Jones mientras seguían a la recepcionista que las conducía al estudio, aparentemente primero harían las fotos y luego la entrevista. ¡Creía que iba a morir de nervios! ¿Qué cara tendría que posar? Nunca había hecho esto, seguro era pésima. ¿Tendría que haber llevado a Pansy? Se imaginó la expresión engreída que le hubiera puesto de haberle preguntado, pero maldita sea, ella seguro sabía posar.
Cuando abrieron la puerta nadie se volvió hacia ellas, las personas iban y venían preparando luces, cámaras, probando distintas escenografías, vestuarios. Se sintió tan perdida y un remolino creció en su estómago tan intensamente que tuvo miedo de vomitar.
—Señorta Jones, señorita Weasley —una conocida voz a su derecha la sacó de su estado de ansiedad.
Daphne les sonreía con profesionalidad pero ella pudo ver detrás de la máscara, una expresión preocupada cuando se enfocó en Ginny.
—Greengrass, es bueno volver a verte —estrechó su mano Gwen.
—Lo mismo digo, te están esperando en maquillaje —señaló hacia atrás.
—Voy ya mismo, nos vemos ahora —se despidió.
La rubia se acercó invadiendo ligeramente su espacio personal, aún se veía normal desde afuera.
—Hola pequeña ¿cómo estás? —su tono preocupando.
—Como si fuera a vomitar todo mi almuerzo.
Sintió las manos sobre sus hombros y enfocó sus ojos en su manager.
—Vas a estar bien, este equipo es muy amigable y saben tratar con deportistas. A parte, ¿quién no tuvo una primera vez frente a las cámaras? Con el tiempo se te va a hacer normal, lo prometo.
—¿De verdad? —estrujó sus dedos entre sí.
—Ey, ¿quién es la reina de Gryffindor? La pelirroja por la que babeó la mitad de Hogwarts. Vamos, sólo tenés que dejarles ver eso —le guiñó un ojo.
Ginny asintió con demasiada fuerza y dio unos saltitos en el lugar, como si estuviera por entrar a ring de boxeo. Daphne masajeó sus hombros y luego acarició con fuerza sus brazos.
—Yo puedo, yo puedo —se alentó, descontracturando su cuello.
—Vas a conquistar a todo el mundo mágico, Weasley. A maquillaje ahora, ¡vamos!
Asintió y dio unos pasos en esa dirección, deteniendose repentinamente y girando para enfocar a la rubia.
—Gracias por venir.
Daphne le dio una sonrisa cálida, esa que tenía guardada sólo para ella.
—Soy tu manager, ¿creías que te iba a abandonar?
Maquillaje y vestuario: listo. Jones posó primero, ella tuvo menos fotos porque el artículo era sobre la pelirroja. Cuando la llamaron, compartieron unas fotos y descubrió que era más fácil de lo que pensaba. No le pedían nada extravagante, la fotógrafa era una morena muy simpática y tenía una ayudante que le mostraba algunas fotografías con poses para que ella intentara copiar. Con Gwen había sido divertido y cuando le tocó a ella sola, no estuvo tan mal. Incluso le gustó cambiarse de ropa, siempre con todos modelos deportivos de una marca que recién estaba empezando en el mundo mágico. De hecho, le habían regalado varias de las cosas que se probó. Si esto era dar entrevistas, estaba dentro.
Cuando terminaron, volvió a su ropa y bajaron con Daphne hasta la oficina de Verna, la periodista. Era un lugar luminoso y supuso que esta mujer tendría años trabajando en esta editorial porque era de las pocas que tenían oficina propia. Las paredes con cuadros de algunas portadas y fotografías de deportistas autografiadas.
—¡Señoritas! Qué bueno verlas —se levantó de su silla tras el escritorio y se acercó a saludarlas— ¿Qué tal la sesión de fotos?
—Uhg, mejor de lo que esperaba —respondió con honestidad Ginny, causando suaves risas en las demás.
—Me alegro, me alegro. Pasen por acá ¿quieren tomar algo? —ofreció con su secretaria tras ella, mientras se acomodaban en unos sillones al lado del ventanal que mostraba la ciudad bajo ellas.
—Algún refresco estaría bien —pidió Jones.
—Un café sería delicioso —se sumó Daphne, como siempre con su bebida oscura.
—Me sumo al refresco —terminó Ginny y vio como la chica salía.
—Bien, es bueno tenerlas acá. El primer partido de la temporada es la próxima semana. ¿Cómo se están preparando? —apareció una pluma que transcribía todo lo que hablaban.
—Estamos entrenando muy duro, sabemos que tenemos mucho trabajo esta temporada, la anterior no fue buena para Las Arpías pero estoy segura de que nuestras nuevas estrellas van a cambiar la dinámica del juego —respondió Jones.
—¿Cómo te sentís con el equipo, Weasley?
—Ellas son increíbles, quiero decir. Es mi sueño desde adolescente, crecí viendo a Jones jugar y aprendo cada día de ella y del resto del equipo. Me recibieron con los brazos abiertos y se siente como una familia. Creo que mi juego se amolda muy bien al del equipo.
—Me contaron que en tu prueba hiciste el amago de Wronski, una jugada peligrosa que en algunos lugares incluso está prohibida. ¿Llegaste con la idea de hacerla para impresionar?
Ginny sonrió recordando ese momento. Daphne poniendo los ojos en blanco al recordar el pánico que sufrió viendo bajar a toda velocidad a la jugadora. Verna observando interesada la mirada de la mánager.
—La verdad es que no, de hecho, no la había hecho antes. Cuando estoy en el campo, me olvido de todo, me compenetro en el juego y doy lo maximo de mi, incluso un poco más. Se sintió como una buena decisión en el momento, lo que tenía que hacer para ganar.
La secretaria vuelve con sus bebidas y las reparte sin interrumpir. Todas se detienen por un segundo para refrescar sus gargantas.
—¿Te impresionó Gwen? ¿Fue decisivo para elegirla?
—Seguro que me impresionó, claro. Me pareció una locura también, fue lo primero que le dije. No busco que se suiciden en los partidos pero pude ver el fuego que hay en ella y no tuve dudas. La necesitamos. Aunque espero no tener que verla seguido en el hospital —acotó en broma, generando risas.
—¿Pensas quedarte mucho tiempo en Las Arpías o hay otro equipo en el que te gustaría jugar? —volvió a Ginny.
—Bueno, como te dije antes, realmente estoy en el equipo con el que soñé siempre. No sé qué desafíos vendrán más adelante, soy una chica de presente, no puedo estar más que agradecida por esta oportunidad y todo lo que quiero es salir a jugar y ganar tantos partidos como podamos.
Media hora después, habiendo respondido todas las preguntas que Verna tenía, ya estaban libres. Jones se había retirado y ahora caminaba al lado de Daphne.
—Al final estuvo bien, fue fácil —sonrió.
—Te lo dije. Verna es divina y tiene un buen equipo. No siempre son así, pero me pareció que iba a estar bien empezar con ella.
—Parece que tengo una buena mánager —le sonrió, con ganas de besarla.
Nunca habían hablado sobre las muestras en público, pero hasta ahora se manejaban de manera cautelosa. Supuso que deberían tener esa charla pronto.
—¿Vamos a casa? —preguntó esperanzada.
—Tengo trabajo pendiente, pequeña —contestó sin ganas—, estoy saliendo en mi horario laboral y no quiero que Bellatrix me eche. Nos vemos más tarde, ¿si? —tomó su mano para dejarle una caricia y un apretón.
—Si no hay más remedio… Que tengas lindo día —le sonrió sintiéndose un poco triste.
El miércoles amaneció con una fuerte tormenta. No era lo habitual en esa época del año y le dio pereza tener que entrenar así, más aún que hoy tocaba rueda de prensa y estarían algunos medios, según Daphne. Lo bueno fue que pudieron compartir el desayuno entre besos antes de dirigirse a la sede de Las Arpías.
—Weasley — saludó Vittoria con una sonrisa, acompañada de su mánager.
—Hey —Helena iba a su lado.
Las jugadoras chocaron sus puños de camino a la sala donde sería la rueda de prensa.
—¿Nerviosa?
—No pude ni desayunar —se quejó la rubia—, Chiara —señaló a su representante—, dice que no me preocupe, pero estar frente a cámaras no es lo mío.
—Te entiendo, ayer tuve una sesión de fotos y fue toda una experiencia.
El salón ya estaba atestado de periodistas. Había tantas personas que las tres jugadoras se detuvieron en seco de la impresión y casi logran que las otras chocaran contra sus espaldas.
Jones estaba parada al lado de una señora de traje que Ginny no había visto nunca pero se notaba que tenía un rol importante en todo esto. Cuando las divisó, les indicó con la mano que se acercaran.
—Vittoria, Ginevra, Helena, ella es Elizabeth Rowle, preside la junta directiva de Las Arpías.
Las chicas saludaron y luego presentaron a sus mánager. La mujer tenía mirada de acero que le envió un escalofrío por toda la columna vertebral a Ginny.
—Un placer, señoritas. Esperamos mucho de ustedes —su mirada se detuvo por un segundo más en los ojos de la pelirroja.
—Señoras, ya es la hora —apareció una ayudante.
Elizabeth asintió y soltó los ojos de la chica para indicarles que subieran al escenario que tenía una mesa con micrófonos y botellas de agua.
—Suerte, voy a estar acá —susurró Daphne en su oído antes de que se alejara.
Se escucharon algunos aplausos mientras se acomodaban, Elizabeth presidia a mesa, luego Jones, Ginny, Helena y Vittoria.
Hacía un calor del infierno con las luces enfocando hacia ellas, y apenas permitían ver los rostros de los periodistas. El vértigo que sintió ayer no era nada comparado con el que tenía hoy. Si bien al principio había estado tranquila, ver la cantidad de gente que estaba en la sala había tenido un efecto negativo en sus nervios. No podía prestar atención a las palabras, sabía que había comenzado a hablar la presidenta de la junta, luego Jones y ahora habían habilitado las preguntas. Hasta ahora todo había sido fácil de responder, se sentía un poco en un sueño, no del todo anclada a la situación, pero creía estar dando buenas respuestas. ¿Ya casi estaría por terminar no? Se sentía como una eternidad desde que habían subido allí.
—Buenos días, soy Alan R, para la Gaceta Deportiva. Esta pregunta es para la señorita Weasley. Sabemos que acaba de salir de Azkaban y que luchó con el infame Harry Potter. ¿Su vuelta al mundo mágico significa que su lealtad ahora está con Bellatrix Black?
El silencio que dejó la pregunta fue tan estridente que sintió sus oídos doloridos. ¿Cómo se atrevía? Pensó, sintiendo todo su cuerpo en tensión y sus manos cerrarse en puños apretados. En un instante pasaron frente a ella la cara de todos los caídos en la guerra. Sus amigos, su familia. No veía nada más que la sonrisa retadora de aquel idiota. Tomó aire y abrió la boca para responder.
