—¿Cómo puede ser que tengas tantos libros si aún no trabajás ni tenés tus antiguas pertenencias? —se quejó Ginny mientras abría otra caja y los empezaba a acomodar en la biblioteca.
—Se los regaló mi madre —respondió Pansy, en tono aburrido, desde el sofá.
—Todavía faltan algunos, van a llegar en estos días. Margaret insistió en pedirle a su editorial títulos que, y cito, son la base de una buena biblioteca —comentó desde la cocina—. Esos que estás guardando son de su colección, hizo una selección personal y luego me permitió elegir a mí —sus ojos brillaban mientras hablaba.
—Debe tener una gran colección si te regaló esta cantidad —frunció el ceño mirando las dos cajas que ya había vaciado—. O debés ser una increíble nuera. ¿Se dice nuera? Siempre me confunden los títulos.
—Sí, es correcto. Ella es mi suegra y yo soy su nuera.
—Ah ¿Qué no es Mary Greengrass tu suegra? —agregó en tono sorprendido Pansy.
Hermione le envió una mirada extrañada.
—¿Seguís enojada? —la observó Ginny por un instante, antes de retomar su actividad.
—Para nada, ¿por qué estaría enojada? —estiró su brazo y levantó la mano para observar su perfecta manicura.
—Uh, es seria la cuestión si ni siquiera podés asumir que estás enojada —se burló.
—No tengo nada que asumir —revoleó sus ojos con gesto cansino.
—Si algo aprendí recientemente es que las cosas se solucionan hablando.
—¡Qué inteligente te volviste de pronto, Weasley! La siguiente lección es callarte la boca.
—Menos mal que no estabas nada enojada —se rió.
—Sos insoportable. No sé por qué pensé en venir a ayudarlas con la mudanza.
—¿Tu concepto de ayudar es estar sentada en el sillón? —la miró divertida Hermione mientras ordenaba tazas.
—¡Me acaban de hacer la manicura! —se justificó— Aparte ni que tuvieran tantas cosas.
—Gracias por recordarnos que la guerra se llevó todas nuestras pertenencias —bufó.
—Ay, Weasley, qué sensible. No quise decir eso.
—¿Y qué quisiste decir? ¿Que ahora tenemos un estilo minimalista? Eso sólo se lo permiten los ricos. O los pobres, cuando no tienen plata para amueblar una casa y viven con lo mínimo.
—¿Qué te pasa? No pasaste ni un día con Hermione y ya te pareces a ella —se quejó.
—Conciencia de clase se llama, Parkinson. Te vendría bien —puso los ojos en blanco.
—No logro encontrar el patrón que estás siguiendo para ordenar los libros —interrumpió Hermione que se había acercado sin que la notaran y miraba por encima del hombro de la pelirroja.
—Eso es porque no estoy siguiendo ningún orden en particular —respondió despreocupada.
Hermione soltó un grito ahogado y se llevó la mano al pecho.
—¿Me estás diciendo que perdiste cuarenta minutos sólo metiendo un libro detrás del otro?
—Uh, si, eso estoy diciendo, supongo.
—¡Basta! —sobresaltó a Ginny y tomó de su mano el libro que estaba por acomodar— No puedo permitir esto. Andá a hacer otra cosa.
—¿Es broma verdad? ¡Casi termino!
—¿Cómo pretendes que encuentre lo que quiero leer si está todo por cualquier lado, Ginevra? —miró los títulos que tenía frente suyo, tratando de organizarlos en su mente— No me desconcentres, buscá otra actividad y llevate a Pansy.
—Estoy acá todavía —se quejó la morena.
—Lo sé, por eso le digo que se vaya con vos —respondió repentinamente de mal humor.
—Vamos Parkinson.
—No sigo tus ordenes Weasley.
—Pansy —habló Hermione, su tono bajo no admitía réplica.
La morena se cruzó de brazos pero siguió a Ginny por el pasillo hasta una de las habitaciones.
Daphne subió al ascensor y haciendo equilibrio con las bolsas que traía, apretó el círculo que contenía el número siete. El departamento tenía una excelente ubicación, pensó. Le gustaba lo cerca que quedaba del ministerio, a pesar de que solía usar la red flu para transportarse, era bueno poder dar un corto paseo a la salida de su trabajo. El barrio se veía seguro, mayormente edificios ocupaban la manzana y habían tenido la suerte de tener uno de los parques más bellos de la ciudad frente a su casa. Lleno de árboles de distintos tipos, algunos bancos y hasta un lago en el medio. Si bien ella no era una chica de picnic, se imaginó que a Ginny y Hermione le gustaría tener esa opción. Las puertas se abrieron y salió al pequeño recibidor. Había un departamento por piso, la única puerta de madera pintada de blanco tenía un número siete en plateado. Tendrían que conjurar las puertas más tarde, mientras tanto, se estaban manejando con una llave. Le habían dado la llave cuando se ofreció a comprar comida, y así no tener que bajar a abrirle.
—¡Volviste! —exclamó Hermione.
—¿Alguien tiene hambre? —le sonrió, caminando hasta la barra desayunadora para dejar las bolsas.
—¡Ordenar libros me abre el apetito! —se rió.
Daphne colgó su túnica abrigada y se arregló el sweater de cachemira. Amaba esa lana, no sólo era la más suave, también la que funcionaba mejor como aislante del frío. Y realmente, le quedaba increíble. Se acercó a la pared que contenía los libros y observó el trabajo de la otra bruja, que la miraba expectante.
—¿Qué te parece?
—¿Los ordenaste por género? —consultó.
—Exacto, me llevó un tiempo decidirme pero me resulta más práctico que por orden alfabético.
—Totalmente. Hiciste un buen trabajo —le sonrió—. ¿Margaret te regaló algunos de estos?
—Lo hizo, su colección es impresionante.
—Oh si, lo es. Siempre que voy a visitarla tomamos el té en la biblioteca.
—¿Ya podemos volver? —se asomaron unos cabellos rojos.
—Sí, acabo de terminar y Dapne trajo la comida —señaló.
—¡Menos mal, me moría de hambre! —se quejó y entró en la amplia sala que contenía el living, comedor y cocina.
—¿Las echaste? —preguntó curiosa la rubia, viendo a Pansy aparecer tras Ginny.
—Estaban molestando. Y ni me hagas acordar del método de Ginevra para ordenar libros.
—No era tan malo —refunfuño volviendo con las bolsas para apoyarlas en la mesa baja frente a los sillones.
La madre de Helena había ofrecido la opción de dejarles el departamento amueblado y las chicas decidieron aceptar hasta que pudieran comprar sus propias cosas. De todas maneras, todo estaba nuevo y combinaba muy bien con el lugar.
—Comida china para Ginny y Pansy y tailandesa para Hermione y para mi —sirvió en los platos que había traído Pansy.
—Se ve delicioso, gracias —Ginny le sonrió y se acercó para robarle un beso.
Hermione se sentó en el piso, apoyando la espalda contra el sillón, al igual que la pelirroja del otro lado de la mesa baja. Daphne y Pansy, por supuesto, se sentaron en los cómodos sillones.
—Entonces, felicitaciones por su nueva casa —habló Daphne, con una sonrisa tirando de sus labios.
—¡Hagamos un brindis! —exclamó Ginny y levantó su vaso, esperando a que las otras la imitaran para volver a hablar— Por nuestra primera casa y por todas las aventuras que nos esperan bajo este techo.
—Por las segundas oportunidades —agregó Hermione en el momento en que se escuchó el ruido del vidrio chocando entre sí.
Bebieron para sellar el brindis y tomaron el primer bocado de sus platos, emitiendo distintos sonidos de satisfacción.
—¿Te vas a quedar con el otro departamento Pansy? —consultó Daphne cuando terminó de tragar.
—Sí, es precioso, podríamos cenar allá mañana así lo conoces.
—Me encanta.
—No te hablaba a vos, Weasley.
—Todas sabemos que querías que fuera.
—Como digas —murmuró y se llevó el tenedor a la boca.
—Por cierto, Astoria está como loca pidiéndome el contacto de Ofelia Parkinson —miró divertida a Hermione.
—Es un tema prohibido, Daph. Tu amiga está un poco celosa —molestó Ginny.
—¿Por qué no te metes en tus propios asuntos?
—Bastante celosa por lo que veo —sonrió Daphne, observando a su amiga con curiosidad—. ¿Creí que estaban en una relación abierta?
—Lo estamos —afirmó.
—De todas maneras, ya sabés como es Tori, no la tomes en serio —intentó aliviar la tensión del ambiente.
—¿Por qué nadie puede entender que no tengo ganas de hablar de esto? —apoyó su vaso en la mesa con demasiada fuerza, sobresaltando a las demás.
—Lo siento, no sabía que era un problema de verdad —se disculpó Daphne.
—¿Les contaste que te hice ver El diablo viste a la moda? —habló Ginny, como si no hubiera pasado absolutamente nada.
—¡Es una película tan Daphne! ¿Te gustó? —exclamó Hermione, deslizando su mano por la rodilla de Pansy para dejar caricias circulares.
—¡Vos también! —se quejó en broma la rubia— Ginny me torturó diciendo que yo era Miranda. ¿Podés creerlo? Ni siquiera me conoce en el trabajo.
—Sos cien por ciento Miranda —sonrió un poco más relajada Pansy, enredando sus dedos en el cabello de su novia.
—¡No puedo creer esto! No soy tan insoportable ni exigente.
—Yo sí que no puedo creer tu nivel de negación —se burló Ginny.
—De todas maneras, ella es una diosa. Ojalá crecer como esa actriz.
—Estoy agotada, ¿les molesta si me voy a la cama? —se estiró la pelirroja.
—Yo también la verdad y mañana tenemos mudanza en lo de Pansy… —respondió Hermione, levantándose y juntando los restos de comida.
—¿Te quedas a dormir Daph? —se incorporó para ayudar con los platos.
—Si querés, sí.
Hermione salió del baño frotando su cabello con una toalla. Agradeció la calefacción central de la casa, aunque fuera estaba helado, dentro hacían unos veinticinco grados y podía permitirse andar sólo con una tanga blanca de encaje. Pansy se había duchado antes y estaba parada frente al ventanal del cuarto, con la mirada perdida en el parque iluminado. Pensó que se veía graciosa con esa camiseta amplia y sin mangas de Ginny, pero sin duda, hermosa y sexy. Pansy siempre se veía preciosa.
Dejó el toallón en el respaldo de una silla y se acercó a su novia, deslizando sus brazos por la cintura abrazandola por la espalda. Apoyó su mentón sobre el hombro.
—¿Cómo estuvo tu ducha? —preguntó Pansy, acariciando distraídamente uno de los brazos de Hermione.
—Mm, relajante —murmuró—. ¿Cómo estás vos?
—Pensativa.
—Ya veo… ¿Querés hablar de lo que pasó con Astoria? —probó, no queriendo obligar a la chica que sabía se había sentido presionada durante el día.
—No realmente, pero supongo que sería lo mejor —entrelazó sus dedos, permaneciendo en esa posición.
—Bueno, tomate el tiempo que necesites, acá estoy.
Hermione dejó una serie de besos desde el hombro hasta el cuello de Pansy antes de escucharla tomar aire y hablar.
—No sé por qué me molestó lo de Tori —admitió—. Sabés que no tengo problemas con que estés con otras personas ¿no?
Hermione sabía que estaba luchando contra la sensación de exposición para decirle eso.
—Que tengamos un vínculo abierto no significa que no puedas sentir celos alguna vez —la calmó—, me parece perfectamente normal. Creo que es importante comunicarnos y ajustar nuestros acuerdos tantas veces como sea necesario para sentirnos cómodas las dos.
—¿No estás enojada? Estuve comportandome como una idiota.
—Bueno, al menos lo estás admitiendo —correspondió la sonrisa de Pansy—. Sé que nunca es bueno presionarte para que hables y no, no estoy enojada.
—Creo que simplemente no estaba preparada para el avance tan descarado de Tori. Me sentí en desventaja por no poder hacer nada, quiero decir, ella pensaba que eras mi prima. Y vos… Parecías disfrutarlo. ¿Te gusta ella?
—Fue agradable, sí. Es hermosa, no lo puedo negar. Y tiene una personalidad llamativa —reflexionó, sin querer mentirle—, es el tipo de chica que me atrae, sin duda.
Pansy exhaló todo el aire de sus pulmones y se removió inquieta en el abrazo.
—Pero no sabía que lo estabas pasando tan mal, perdón por no haberlo notado —tiró con suavidad de su brazo para que se diera vuelta y poder ver sus ojos.
—Lo sé, no pasa nada. Y Tori es… —un sonido similar a un gruñido salió de sus labios— Una maldita serpiente encantadora. Pero es la hermana de Daphne, yo estoy fuera de ese negocio —levantó sus cejas para remarcar su punto.
—¡Yo también! —se rió bajo la mirada astuta de Pansy— Mirá, la verdad es que tengo más que suficiente con Ginny y Daphne. ¿Por qué sumaría otra Greengrass?
—Menos mal —relajó sus hombros que en algún punto se habían unido y tensionado.
Pansy se dio vuelta y notó por primera vez la desnudez de su novia. Tragó saliva.
—Aparte, ni siquiera era yo. ¿Pensaste en eso? Le gustó la chica de la cafetería y luego, Ofelia Parkinson. No Hermione Granger.
—Como si no fuera a saltar sobre Hermione Granger si tuviera la suerte de estar en mi lugar ahora mismo—repasó lentamente el torso desnudo, mordiendo su labio inferior.
La piel de Hermione parecía recién tostada por el sol, probablemente por las largas jornadas de lectura a cielo abierto. Dos triángulos blancos resaltaban sobre sus pechos y daban cuenta del verdadero tono de piel de la chica. Algunas pecas aquí y allá y un rosa acuarela.
—Bueno, pero no es Astoria quién está delante mío ¿verdad? —acarició el cuello de Pansy con la yema de sus dedos— Y si tengo que admitirlo, me gustó todo esto de los celos. ¿Crees que podríamos jugar un poco a la posesividad?
—¿Querés decir en el plano sexual? —levantó una de sus cejas y sus pupilas se dilataron por adelantado.
—Sólo sexualmente y sólo como un juego. Empieza y termina.
—¿Querés ser mía, Hermione Granger?
—No soy tan fácil, Parkinson. Vas a tener que ganártelo.
—De rodillas.
Hermione sonrió juguetonamente y dio un paso hacia atrás.
—¿Estamos jugando a eso de nuevo? Parece que a alguien le gustó dominar.
—Dije de rodillas —su tono peligrosamente bajo.
—Mmm, no lo creo.
Un jadeo fue todo lo que se escuchó. Hermione sintió el impacto de un hechizo contra su cuerpo y se regañó mentalmente por confiar, podía ser su novia pero no dejaba de ser una serpiente. Sus rodillas tocaron el suelo y sus manos se ataron mágicamente en su espalda.
—Una buena demostración de magia —admitió.
Podrían arrodillarla y atarla, pero aún tenía su orgullo y su voz. Levantó su barbilla desafiante, sus pequeñas tetas apuntando hacia afuera con pezones erectos.
—Ahora veamos qué más podés hacer con esa boca.
—Estás empapada —gimió Ginny, sintiendo la tela húmeda bajo sus dedos.
—¿No era eso lo que buscabas cuando jugabas con las velocidades del vibrador durante la cena?
Ginny sonrió, con un movimiento de muñeca hizo desaparecer la ropa interior de Daphne y ejerció presión con la palma abierta de su mano sobre la vulva ahora expuesta.
—¿Qué se sintió ser estimulada delante de las chicas?
—Sucia, me sentí muy sucia —admitió, sus mejillas coloreandose.
La pelirroja sonrió, le encantaba que entre esas cuatro paredes Daphne se alejara tanto de la bruja que mostraba al público, en su día a día. Tomó con ambas manos la cabeza de su novia para atraerla a un beso desesperado. Se mordieron los labios y le chupó la lengua cuando la otra la ofreció. Con Daphne distraída, conjuró varias cuerdas rojas que se ataron con precisión alrededor del pálido cuerpo. Su novia le contó hace tiempo de aquella práctica llamada shibari y a ella le pareció de lo más erótico.
Sonrió en el beso al sentir el escalofrío que recorrió a la rubia y se alejó para ver cómo se había ejecutado su magia.
—Sos magnífica —susurró impactada.
Los patrones geométricos en rojo expulsaban sus pechos hacia fuera y tensionaban sus brazos hacia atrás. Las piernas se habían atado a las patas de la silla, dejándola expuesta. Se alejó unos pasos y se sentó al borde de la cama, los pupilas de Daphne estaban dilatadas y apenas se veía un arco azul.
—¿Cómo se siente?
—Caliente —jadeó.
—¿Y si hago esto? —sacó el control remoto del vibrador y lo encendió.
Pansy agarró un puñado de pelo y tiró la cabeza de Hermione hacia atrás. Sus ojos se encontraron, todavía tenía una mirada orgullosa que la hizo sonreír y negar con la cabeza.
—Abrí la boca —ordenó.
Pudo ver el debate interno que generó y acercó su mano libre hasta que la yema de sus dedos rozó los labios entreabiertos. Los delineó y deslizó dos dedos hacia dentro, sintiendo una corriente de placer al ver que Hermione cooperaba.
—Buena chica —ronroneó.
Y acarició la lengua bajo sus dedos sin apartar la mirada de los ojos avellana.
¿Quién hubiera dicho que iba a tener a la chica dorada desnuda, arrodillada y haciendo lo que le pedía?
Guió sus dedos húmedos a los pezones erectos de Hermione. Tenía unas tetas preciosas, suaves y pequeñas. Observó cómo sus párpados se cerraban y gemía de placer, era particularmente sensible en esta zona.
—Así que… ¿Crees que Astoria podría manejar tu cuerpo como yo? —preguntó con su característico tono burlón.
Apretó un pezón entre sus dedos y se acomodó tras la espalda de Hermione, de cuclillas para estar más cómoda. Soltó su cabello y deslizó su brazo hacia delante, ahora masajeando ambos pechos, sonriendo cuando su novia jadeó y dejó caer su cabeza contra su hombro.
—Nadie puede tocarme como vos —respondió ahogada de placer.
El dildo dentro de Daphne empezó a emitir vibraciones a un ritmo acompasado, enviando escalofríos por todo su cuerpo. Tiró su cabeza hacia atrás, exponiendo su cuello.
—Por favor —suplicó.
—Ya empezamos a rogar, me gusta —jugó subiendo un punto más la velocidad.
El cuerpo de Daphne se convulsionó y la abandonó un gemido gutural. Ginny se sentía atrapada por la erótica visión, la vulva de su novia brillando de flujos. Deslizó una mano por su cuerpo hasta llegar a su clítoris, estaba tan duro. Lo acarició con la yema de dos dedos y se obligó a mantener la vista fija en Daphne cuando el placer comenzó a invadirla.
—Gine...vra —jadeó ante la visión.
—¿Qué necesitas, Daph?
—Tocarte.
—Mmm, no lo creo.
Apuró sus caricias y subió aún más la velocidad.
—¿Me necesitas acá? —presionó la yema de un dedo sobre el clítoris hinchado, a través de la tela.
El cuerpo de Hermione se sobresaltó y se movió con un espasmo.
—Sí, por favor.
—¿Y si no quiero? —jugó acariciando los labios vaginales por fuera— ¿Y si te dejo así, abierta y mojada?
—No, Pansy, no fui tan mala —utilizó su voz más inocente.
Acarició su entrada, estaba realmente empapada y sabía que no le costaría nada hundirse dentro suyo. Hermione gimió e intentó mover su pelvis para conseguir más atención.
—De hecho te portaste bastante mal.
Alejó sus dedos, sonriendo ante el lamento de su novia.
—Quizás tenga que follarte, aunque no te lo merezcas, sólo para dejar claro de quién sos, ¿verdad?
Hermione aulló ante las palabras y asintió rápidamente con su cabeza.
—Soy una buena alumna, aprendo rápido.
Daphne se abandonó a la idea de que no podía hacer nada más que aceptar lo que su novia quisiera darle. Y por ahora, era una intensa vibración en su canal vaginal. El tamaño era perfecto, se sentía llena. La textura rugosa la estaba haciendo delirar. Pero si tan sólo pudiera tener la boca de Ginny sobre su clítoris… Gimió, sus ojos fijos en el short que tapaban los movimientos de mastubarción que estaba haciendo la chica, pero se veía tan caliente. Le parecía tan hermosa, sus brazos tensionados y marcados, cada vez más musculosos por los entrenamientos. El cabello rojo atado desordenadamente en una cola alta, sus mejillas incendiadas, su boca entreabierta.
—Voy a acabar.
—Yo también, estoy tan cer..ca.
—¡Por favor, adentro! —pidió.
Sus ojos cerrados con fuerza, sus rodillas dolían por estar durante tanto tiempo en esa posición. El torso sobre Pansy, y la mano de la chica jugando en su entrada.
—Siempre tan dilatada, Herms —ahogó un gemido de placer.
Hermione movió su pelvis hacia delante y se estremeció cuando Pansy le hundió dos dedos. Se sentía febril en ese punto. Sus brazos aún tensionados hacia atrás, odiaba y amaba la restricción.
—Sólo para vos —susurró.
Sintió cómo la mano libre jugaba con su pezón y la otra empezaba a entrar y salir hasta lograr un buen ritmo. Su clítoris rozado por el pulgar. Todo se sentía húmedo y caliente.
—Vení para mi, Daph, quiero ver cómo te estremeces.
La bruja jadeó, tan cerca, tan cerca. Sentía la ola gestarse desde su vientre y llevarla a la cima para dejarla caer. Gimió alto, perdida por completo en las sensaciones, en la estimulación durante horas que había tenido, en el orgasmo tan duramente negado.
—¿De quién sos? —Cuestionó con la voz baja y grave.
Los dedos de Pansy se arquearon en su interior, entraron y salieron más rápido, le pellizcó el pezón más fuerte. Hermione apenas podía concentrarse en algo que no fuera la humedad creciente entre sus piernas. El placer llegando a su pico máximo, a punto de arrasar.
Un fuerte gemido cruzó el espacio desde la otra habitación.
—Tuya, Pansy — sollozó cuando el orgasmo la empezó a atravesar—. Sólo tuya.
Y se dejó ir. La idea de estar acabando al mismo tiempo que la otra pareja la enloqueció y los dedos de Pansy hundiendose en ella sin parar, la llevaron a través de su orgasmo, sus dientes clavados en su cuello, reclamandola.
Lo último que pudo pensar fue que las cosas volvían a estar en relativa paz.
