—Realmente podrían haberme avisado que mudarse era tan agotador —se quejó Pansy.
—Contrataste a Elfos Mudanzas para que hicieran todo el trabajo ¿Cómo eso puede ser agotador? —cuestionó Hermione.
—¡Tuve que elegir qué cosas traer! Si me hubieran avisado, me habría comprado todo nuevo, mucho más sencillo.
—A veces sos tan clase alta que das asco.
—No podés insultarme en mi propia casa, Weasley.
—¿No puedo insultarte pero sí ordenar tu ropa? —la miró con ceja alzada mientras guardaba las infinitas camperas de la morena.
—En realidad tampoco debería dejarte hacer eso, si ordenas la ropa tan bien como los libros…
—¡Serás cara dura! Vos no podrías haber ordenado la biblioteca mejor que yo.
—¿Pansy de dónde sacaste este cuadro? —observó la pintura abstracta en tonos fríos.
—Es un regalo de una amiga de mi madre, siempre me fascinó esa pintura.
Ginny se acercó para ver la obra y ladeó su cabeza tratando de encontrarle algún sentido.
—No lo intentes, Weasley, demasiado elevado el arte para alguien como vos.
Pansy levitó el cuadro con su varita y lo colgó encima de su cama.
—No sé por qué te aguanto.
—Porque soy linda a la vista.
—Creeme, no es suficiente.
—No sabía que te interesaba la pintura —retomó Hermione.
—De chica me mandaron a clases, ya sabés, familias aristocráticas. Intentan abultar tu currículum. No me gustaba especialmente, me enseñaban a pintar figurativo. Hasta que conocí el arte abstracto y conecté completamente.
—Me cuesta lo abstracto, pero esta obra es intensa. Como vos, de hecho. El caos de los trazos azules, los distintos tonos aportando profundidad, la aparente falta de sistema, sin embargo… Si observas, podés ver el patrón que hay detrás.
—Qué snob que son —se burló Ginny.
—Vos sos demasiado deportista, que es distinto —le sacó la lengua Pansy—. El resto de los cuadros van en el living, los llevaré.
Para la noche, el departamento había quedado precioso. Entre las cuatro chicas y la ayuda de los elfos, lograron acomodar todo y darle vida al lugar. Ginny se sentía agotada, dos mudanzas en un fin de semana era demasiado, sumado al primer juego de la temporada que lejos de hacer que Jones se relaje, había endurecido los entrenamientos la semana siguiente. Y sumado a esto, la mosca detrás de la oreja que era el asunto del trabajo con el Ministerio de Magia. Algo había pasado porque se había retrasado por una semana completa la firma del contrato. Daphne estaba que se subía por las paredes, a pesar de no decir nada, su magia se había estado descontrolando y estallando cosas a su alrededor en los momentos más extraños. Supuso que la rubia tenía miedo de que Bellatrix hubiera dado marcha atrás, pero no tenía mucho sentido. Había jugado bien el partido y al día siguiente todos los periódicos deportivos tenían su foto en primera plana. Por lo tanto, no sabía qué había pasado, pero dudaba que fuera algo malo para ellas. O al menos eso esperaba.
Pansy llegó a las sede de Las Arpías de Holyhead pasado el mediodía. El día estaba siendo una auténtica locura y no había tenido tiempo de almorzar, por lo que se dirigió a la cafetería que consideró agradable pero podría mejorar. Había algunas mesas ocupadas por jugadoras de las otras categorías que rápidamente silenciaron su charla cuando la vieron aparecer. Caminó hasta la barra como si no fuera consciente del efecto que tenía en las personas y le dedicó una mirada al chico de rizos negros y lentes que estaba tras la caja registradora.
—Buen día señorita ¿Qué desea tomar?
—Un latte y una barrita de cereal, por favor.
Observó cómo el chico cliqueaba en la pantalla antes de volver a mirarla.
—Tengo de coco, manzana, arándanos. ¿Cuál desea?
—Arándanos está bien.
—Perfecto, serían tres knuts —recibió las monedas que dejó caer Pansy en su mano—. Al final de la barra le entregarán su pedido.
Se dirigió a donde le indicaron y durante unos segundos se dedicó a mirar cómo otro chico, esta vez de cabello rubio, preparaba su café. Nada impresionada, guió su atención hacia las mesas, atrapando varias miradas de brujas que se sobresaltaron al encontrarse con el verde de sus ojos. No estaban nada mal aunque algunas parecían demasiado chicas y ella estaba fuera de esa liga.
—¡Cinco, tu pedido está listo! —llamó el chico rubio.
Pansy observó como una chica se acercaba con un caminar confiado. Era bonita, pensó, la forma en que se movía como si la cafetería fuera suya le hizo pensar que sin duda era clase alta.
—Gracias, Peter —le dedicó una sonrisa pero no agarró la bandeja, en cambio se giró para mirar a Pansy—. Hola, soy Matilda —saludó.
—Hola Matilda —devolvió el saludo, sin entender a dónde quería llegar la chica—. Qué bueno que no te llamas Cinco.
Enarcó una de sus cejas cuando la bruja se rió en lo que parecía una performance demasiado ensayada y le dedicó una sonrisa mostrando sus paletas con diastema, encontró realmente atractiva la pequeña separación entre los dientes.
—Es el número con el que juego —explicó—. Estoy en la categoría juvenil pero este año cumplí dieciocho y pronto estaré en la liga senior —se pavoneó.
—Mirá vos —respondió desinteresada, mirando tras la barra para ver cómo iba su pedido.
—¿Sos nueva por acá? —intentó llamar su atención otra vez.
—¿Te parece que tengo pinta de estar por subirme a una escoba? —cuestionó con burla.
—Aquí está su pedido —interrumpió el rubio.
—Al fin —lo tomó—. Bueno, hasta luego Cinco —pasó por su lado.
—¡Esperá! —sintió un tirón en su brazo y su mirada fue feroz hacia la mano que osaba detenerla— ¿Te gustaría ir eh a tomar no sé algo?
Tuvo que hacer grandes esfuerzos para contener la risa que quiso escapar de su boca. Consideró que Hermione la reprendería si humillaba de esa forma a una criatura que claramente había perdido toda la confianza frente al rostro aburrido de Pansy.
—Lo siento, estás muy fuera de mi nivel —le guiñó un ojo y se alejó, ahora sí, riendose en el pasillo del rostro desencajado que se le quedó a la chica.
Hermione no podría regañarla si no se enteraba, ¿verdad?
Caminó con rapidez hacia el campo, había perdido más tiempo del que tenía en aquel extraño intercambio. Al menos se sentía revitalizada con el líquido caliente. Llegó a las gradas justo cuando la entrenadora daba un tiempo de descanso y levantó su brazo para hacer que la única pelirroja del grupo la notara. Vio de lejos su gesto confundido y cómo se acercó trotando hasta ella. Debería pensar más tarde en lo hermosa que se veía con el rostro sonrojado y su cuello perlado con gotitas de sudor.
—¿Estás pensando unirte a Las Arpías? —saludó con una sonrisa—. Dudo que puedas hacer mucho con esas botas, ¿cuántos centímetros tiene ese taco?
—Buen día para vos también, siempre es un placer recordar tus pocos modales —puso los ojos en blanco—. Y son sólo diez centímetros, no seas exagerada.
—Como digas Parkinson ¿Me extrañabas tanto que viniste a pelearme o hay alguna razón real para que estés en medio de mi entrenamiento?
—Daphne te necesita en el ministerio y ella no podía salir a buscarte.
—¿Qué? No puedo ir ahora, me faltan dos horas —frunció el ceño.
—¿Tenés tapados los oídos, Weasley? No te pregunté si podías, te dije que irías. Avisale a tu entrenadora, no tenemos tiempo para perder.
—Ey, tranquilita. A mi no me das ordenes. ¿Para qué me necesita?
Pansy volvió a poner los ojos en blanco. Hablar con la pelirroja siempre era un poco como hablar con una niña.
—Parece que vas a firmar el contrato hoy. Hubo muchos cambios, están pasando cosas. Te cuento de camino, tenemos que bañarte y buscarte ropa más adecuada.
Ginny levantó sus cejas juguetonamente y una sonrisa torcida apareció en su rostro.
—¿Me vas a bañar, Parkinson? Qué sucia resultaste.
—¡Obvio que sólo te quedaste con esa parte de todo lo que dije!
Luego de que la jugadora se bañara, sola por supuesto, se dirigieron hacia el local de ropa de Astoria, ubicado sobre la Regent Street, la avenida más exclusiva de Londres. Ginny siguió a Pansy hacia el único local en la cuadra que salía del color beige y negro. Colores pasteles en las paredes y una vidriera con una escenografía que transmitía vida bajo el nombre de Astoria Greengrass. Le pegaba completamente con la personalidad descontracturada de la chica, pensó.
Una bruja les abrió la puerta cuando se acercaron. Dentro, música electrónica a un volumen bajo y un aroma floral las recibió.
—¡Señorita Parkinson, la estábamos esperando! Si me acompaña, la llevaré con la señorita Greengrass.
Ginny observó a su alrededor, no entendía cómo iba a encontrar algo para ponerse en el local de su cuñada. Evidentemente, nunca había tenido la posibilidad de entrar en un lugar tan exclusivo y estaba impresionada de la decoración del interior. El local que por fuera se veía pequeño, estaba agrandado con magia y se veía como un barrio dentro de otro barrio. Según el tipo de ropa que estuvieran mostrando, era la decoración. Todo parecía sacado de una revista de moda.
Siguió a Pansy por unas escaleras y entraron a lo que sin duda era el espacio vip. Mucho más sobrio, con una estética minimalista que le recordaba a Daphne. La iluminación focalizada, grandes espejos y paredes completamente blancas. Agradeció internamente aquel cambio, en el piso inferior parecía que podría tener un ataque de epilepsia en cualquier momento.
—¡Mis dos cuñadas favoritas! —exclamó Astoria, acercándose.
—No puedo creer que ahora tengo que compartir podio con esta —bufó Pansy.
—Deberías agradecerme, Parkinson, te recuerdo que soy la única cuñada.
—¡Son tan adorables! Entonces ¿Qué necesitas, Pansy?
—Cierto, tenemos que vestir apropiadamente a la salvaje acá a mi lado para que se presente en el ministerio.
Astoria asintió, repentinamente seria y dirigió su mirada a Ginny, escaneándola de arriba abajo.
—¿Te sentís más cómoda con un look femenino o algo más andrógino? Tu look deportivo no me dice mucho, realmente.
Ginny se rascó la nuca, para nada acostumbrada a este tipo de preguntas.
—Creo que pantalón y saco va a estar bien —la ayudó Pansy, con un tono de voz más amigable que el usual—. ¿Qué te parece? —le consultó.
—Sí, podría funcionar. Pero no quiero nada muy estirado al estilo Malfoy —fue tajante.
Astoria asintió sonriendo y caminó hacia un lateral, donde había varias prendas colgadas.
—¿Te enteraste? —preguntó Pansy, mientras investigaba otros percheros.
—Como para no hacerlo, Draco está como loco desde hace una semana —sacó una prenda, la observó con ceño fruncido, la volvió a guardar y siguó revisando.
—Daphne se enteró hoy, el ministerio está revolucionado —agregó, acercándose una camisa al cuerpo y viéndose en el espejo.
—¡Mi cielo! Está con un ataque de nervios, ¿verdad? —apoyó en su brazo izquierdo dos prendas.
—Perdí la cuenta de la cantidad de tazas de café que se tomó hoy, ya venía con su magia desbordada pero esto… Fue totalmente imprevisto.
—¿Alguien puede explicarme qué está pasando? —interrumpió Ginny, molesta.
Astoria se acercó a ella y la guió del brazo hacia el probador.
—Fijate qué tal te queda esto —colgó las prendas y cerró la cortina.
—La ministra hizo un cambio de planes… Inesperado, por decir algo —respondió Pansy, evasiva.
—¿Qué significa eso? —su voz ahogada por la camiseta que estaba sacandose.
—Transfirieron a la jefa del Departamento de Género y Diversidad.
—¿Con la que iba a firmar el contrato? —trató de unir las piezas.
—Ahá.
—No entiendo cómo eso es tan grave para tener a Daphne y todo el ministerio revolucionado —abrió la cortina de golpe—. ¿Qué les parece?
—¡Holy shit! —exclamó Pansy, sorprendida.
—Maldita sea por qué te vio mi hermana primero —jadeó Astoria.
—¿Para tanto? —sonrió sintiéndose un poco agrandada por las reacciones.
Salió del probador y se miró en el espejo de la sala. El pantalón negro de gabardina se apretaba en sus piernas y resaltaba su trasero. Sin duda le quedaba bien. Un saco a juego y una camiseta impecablemente blanca terminaban el atuendo.
—¿Qué talle de zapatos usas?
—Treinta y nueve.
—Bien, probate estos, son de cuero ecológico.
—Entonces —retomó, sentada en un sillón y probándose los zapatos—. ¿Cómo es tan grave lo que está pasando?
Le dio una mirada inquisitiva a Pansy que parecía estar a años luz del lugar, con la mirada perdida sobre ella.
—¿Qué? —enfocó su mirada y sus mejillas se pusieron coloradas, algo muy poco Parkinson— Ah si, el ministerio. Bellatrix nombró jefa del Departamento a su hermana.
—¿Ella qué? —bramó—¿Por qué haría eso?
—No lo sabemos. Y esa es la razón por la que Daphne está alterada.
Ginny se levantó y observó su reflejo nuevamente. Ganaba unos centímetros con los zapatos.
—¿Me vas a maquillar vos? —le preguntó a Pansy.
—No, mejor que lo haga Tori.
—¿En serio? —se extrañó, pero la bruja no le devolvió la mirada.
—¿Acaso parezco alguien que quiere estar cerca tuyo? —se burló, enfocando sus ojos en su manicura perfecta.
—Yo puedo hacerlo, sentate acá que hay buena luz, Ginny —le indicó con amabilidad Astoria.
La chica no sólo la maquilló, también la peinó en una trenza cocida. Para cuando terminaron se veía como si estuviera por salir en una revista.
—Mi suegra te va a adorar —se aplaudió a sí misma.
—¿No es extraño estar casada con el hijo de Narcissa Malfoy? —preguntó.
—¡Ni se te ocurra decirle Malfoy! Podrían cruciarte. Es Black ahora.
—Okey —dio un paso atrás por la emoción de Astoria—. La pregunta vale igual.
—No lo sé —se encogió de hombros—. Ella es imponente y muy posesiva respecto a Draco, pero ya hemos pasado por la etapa de prueba. Tenemos buena relación.
—¿Algún consejo para darme? —sonrió.
—Sí, recordá no llamarla Malfoy, sobre todo en presencia de Bellatrix.
Ginny frunció el ceño pero asintió.
Por supuesto que Astoria se negó a cobrarles, argumentando que ya encontraría la forma de que su hermana le pagara con un poco de su tiempo.
A medida que se acercaban al despacho de Daphne, sus nervios iban en aumento. No entendía qué estaba sucediendo pero los pasillos del ministerio se veían ajetreados. Había tenido que esquivar a no menos de cinco personas que iban corriendo de un lado para otro. Pansy golpeó la puerta que tenía grabado el nombre Daphne Greengrass y tras un ¡Adelante! exaltado, abrió.
—La paloma está en casa —anunció Pansy.
—No estoy para juegos, Pansy —la fulminó con la mirada Daphne.
Ginny entró en la oficina y cerró la puerta detrás suyo. Cuando se giró, se sorprendió de encontrar tal caos rodeando a su novia, siempre siendo el ejemplo del orden.
—Hola rubia —intentó distender el ambiente.
—Estás preciosa —le sonrió y parecía que era la primera vez en el día que lo hacía.
—Tori dijo que lo ibas a apreciar —rodeó el escritorio y se inclinó para capturar los labios de Daphne.
—Probablemente lo haya apreciado ella también —sonrió sobre la boca pecosa.
—Es posible, si —acarició su nuca.
—¿Bueno, las dejo solas, les traigo un champange? —bufó Pansy, de brazos cruzados.
—Ay, qué celosa —se rió Daphne.
—¡A mi me ladras y a ella le das besos!
—¿Querés que te dé besos a vos también? —enarcó una de sus cejas, con una sonrisa ladeada.
—No dije eso —puso los ojos en blanco.
—Lo siento, Pansy, tuve un día horrible. Gracias por ir a buscar a Ginevra.
—Vas a tener que esmerarte un poco más —golpeó el suelo repetidas veces con la punta de su zapato.
—No te abuses, que sigo siendo tu jefa —la señaló—. Bueno, nosotras tenemos que irnos —se levantó de su asiento y caminó al baño privado para corregir su maquillaje y alisar su ropa.
—¿Me necesitas para algo más, Daph? —consultó.
—Quedate a cargo hasta que vuelva, bajo ningún pretexto interrumpan la reunión —volvió a aparecer, impecable, como si saliera recién de la ducha.
—Perfecto. Suerte —le guiñó un ojo a Ginny—.
La pelirroja levantó su mano para despedirse y luego siguió a Daphne por los pasillos del ministerio. Brujas y magos se corrían ante el paso seguro e implacable de la Jefa del Departamento de Cooperación Mágica Internacional. Ella caminaba con la barbilla en alto, su mirada enfocada más allá de cualquiera. Subieron al ascensor y bajaron en el piso dos. Contrariamente a lo que pasaba en el resto del ministerio, aquel piso estaba desierto y silencioso. Como si ni siquiera los memorándum se animaran a cruzar el aire.
—Qué espeluznante —susurró a espaldas de Daphne.
Si la rubia se había intimidado tanto como ella, no lo demostró. Caminó tan segura como antes, el sonido de sus tacos retumbando contra el piso del mármol. Ginny estaba segura de que podría vomitar en cualquier momento. Cuando frenaron, Daphne se giró y le envió una mirada cálida antes de dar dos golpes firmes contra la madera.
—Buenas tardes señorita Greengrass —saludó una bruja de baja estatura, haciéndolas pasar—. La señora Black las está esperando en su oficina. ¿Desean tomar algo?
—Un café para mí —respondió e invitó a responder a Ginny.
—Uhm ¿Agua?
—Perfecto, enseguida se los llevo.
Otros dos golpes más.
—¡Adelante!
Si había que decir algo sobre Narcissa Black es que ella era impresionante.
Y no es como si Ginny no estuviera acostumbrada a trajes hechos a medida o brujas que parecían salidas de revistas. Con Daphne y Pansy, esa era la regla general. Narcissa era… Ella simplemente estaba a otro nivel. Sus ojos parecían glaciares en comparación con los azul océano de su novia. Y el cabello más que rubio, era cercano al blanco. Quizás color mantequilla. Tenía un aura de poder que la envolvía y cada vez que te miraba sentías cómo si un lobo te estuviera acechando de cerca.
—Señorita Greengrass, señorita Weasley, adelante —se levantó de su asiento y estiró su brazo por encima del escritorio.
—Señora Black, felicitaciones por el puesto —se adelantó y dio un firme apretón de manos Daphne.
—Muchas gracias, querida. No parecen demasiado felices con mi presencia por aquí pero son lo suficientemente inteligentes para no decirlo en mis narices —le sonrió sin gracia.
—Fue una gran sorpresa —admitió—. No sabía que tenía intenciones de trabajar en el ministerio.
—Ya lo creo —asintió—. ¿Qué puedo decir? Me aburría en casa y Bellatrix me necesitaba. Acérquese señorita Weasley, no muerdo.
Ginny se forzó a caminar y estirar su brazo. La suavidad de la mano de Narcissa contrastaba con el gélido carácter de la bruja.
—Señora Black.
—Bueno, tenemos un contrato que firmar —tomó asiento e indicó con su mano para que la imitaran.
La secretaria apareció y dejó un café para Daphne, un té para Narcissa y el agua para Ginny.
—En principio, felicitaciones por su incipiente carrera, señorita Weasley —entrelazó sus manos, mirando directamente a la pelirroja.
—Gracias —asintió cohibida.
—Y felicitaciones por el magnífico trabajo que está haciendo, señorita Greengrass —cambió su mirada—. Ya no quedan personas tan multifacéticas como usted. Dicho esto —puso dos carpetas adelante de las brujas—, pueden mirar el contrato y lo repasamos.
Ginny abrió la primera página y pasó ciegamente los ojos por las letras. A su lado, Daphne leía rápidamente.
—Básicamente el contrato estipula que la señorita Ginevra Weasley va a ser la cara visible del proyecto Lilith que tiene como fin empoderar a las brujas de nuestra comunidad. Por supuesto, va a tener que alinearse con la visión de nuestra Ministra, recibiendo una gran multa si realiza acciones en contra de la compaña o del gobierno. Principalmente haremos publicidades y apariciones en eventos sociales. Quizás conversatorios, eso está por verse, tengo que organizar este Departamento primero. ¿Alguna duda?
Ginny tenía muchas dudas pero no había manera de que supiera cómo plantearlas sin quedar como una idiota. La voz de Daphne la salvó.
—¿El contrato es de exclusividad?
—No, entendemos que la señorita Weasley está recién empezando su carrera y confiamos que coseche varios éxitos con Las Arpías de Holyhead, lo que suponemos le va a traer varios contratos por publicidad. Mientras no se interpongan con los lineamientos de nuestra Ministra, no hay ningún problema.
—Bien. No puedo encontrar por ningún lado la retribución a la señorita Weasley.
—Oh, por supuesto. Quería que estuviéramos de acuerdo sobre eso. El ministerio ofrece dos millones de galeones por mes.
Ginny clavó sus uñas en sus puños para evitar el grito y los ojos desorbitados que querían manifestarse. Eso era… Demasiado dinero se quedaba corto.
—Cuatro millones —aumentó la apuesta Daphne y Ginny sintió que se iba a desmayar.
La gélida risa de Narcissa rompió el silencio.
—¡Qué negociadora tan feroz, querida! Pero no creerás que el ministerio puede pagar eso, ¿verdad? Dos millones quinientos.
Daphne sonrió, halagada. Y con voz confiada dijo:
—Tres millones los primeros seis meses y cuatro millones el segundo semestre.
Ginny se preguntó si así era la realidad de la gente que tenía demasiado abultada sus cuentas bancarias. Tirando números exorbitantes como si estuvieran hablando del clima. Pensó en su padre, por un instante. Se avergonzaría si escuchara lo que el ministerio estaba por pagarle, ni juntando todos los sueldos de los años en su labor allí, su padre acumularía lo que ella cobraría en un mes. No tenía dudas de que se estaba metiendo en algo grande. Pero ¿qué tan grande? ¿Cuál era el elefante de la habitación? No conseguía verlo y temía que fuera demasiado tarde cuando pudiera visualizarlo.
—Tres millones quinientos para el segundo semestre y es más de lo que puedo ofrecerte.
—Tenemos un trato, señora Black.
—Maravilloso. Si me permite su mano, señorita Weasley —extendió su palma hacia arriba.
Ginny dudó por un segundo, mirando primero a Daphne quién asintió imperceptiblemente. Estiró su brazo y observó cómo Narcissa producía un corte en su palma, sólo pasando su uña por encima. Se distrajo al ver un hermoso anillo con las siglas BB grabadas en plata sobre el escudo de la Casa Black. El ardor candente del corte la centró en la situación y la bruja mayor volteó su mano para que las gotas rojas cayeran en el pergamino que burbujeó hasta que incorporó el líquido oscuro y apareció su nombre. Con una sutil caricia de su yema, Narcissa cerró la herida y continuó el procedimiento con la mano de Daphne y luego la propia.
—Felicitaciones, señorita Weasley. Su vida está a punto de cambiar.
