17
Kakashi acababa de aniquilar a otro neófito cuando sintió una quemazón a la altura de la parte baja de su espalda.
Aguzó los sentidos de inmediato.
Era su puñal guddine, el mismo que detectaba la cercanía de un semidios y que lo avisaba cual alarma antirrobos.
Se dio media vuelta, para ver qué pasaba.
La hoja le quemó y sacó la daga de su pantalón.
El mango, que tenía bellas incrustaciones de piedras preciosas blancas y rojas, daba vueltas y se retorcía, en señal de aviso.
Y, de repente, en un visto y no visto, Hummus se materializó ante él. Los ojos grises y el pelo negro y suelto del lobezno le recordó a la primera vez que se vieron en las cuevas de Chappel Battery. Pero esta vez, Hummus parecía más débil físicamente, aunque más poderoso en presencia.
Kakashi levantó su oks, dispuesto a cortarle la cabeza y a pelear, tal y como había hecho con todos los demás. No iba a intercambiar ni una palabra con él. Pero entonces un fuerte dolor en el pecho lo distrajo. Su oks cayó al suelo.
Miró hacia donde provenía el dolor. Ver aquella imagen lo impactó.
Hummus acababa de atravesar su pecho con su puño. Inclemente, sostenía su corazón.
Kakashi cayó de rodillas y el lobezno sonrió como un loco.
—Tienes la energía de un dios, pero eres un mierda. Puede que Odín haya dejado a semidioses por el Midgard, pero ¿de qué sirven cuando son tan flojos como tú?
Kakashi escupió sangre por la boca. Parpadeó, confundido por no haberlo visto venir. Hummus había sido tan rápido. En un visto y no visto se le había plantado en frente y le había metido la mano en el pecho, como si eso fuera tan sencillo como hacer un agujero en la arena.
Hummus apretó el corazón entre sus dedos, decidido a reventarlo, a hacerlo explotar. Kakashi dejó ir un alarido de angustia con tanta fuerza que los guerreros de alrededor dejaron sus peleas por un segundo.
Sakura, tras atravesar a dos neófitos con sus flechas, se dio la vuelta; sabía que ese grito no podía ser de otro más que de Kakashi. Cuando lo vio arrodillado ante aquel hombre, su mundo se desmoronó.
¿Quién era aquel tipo vestido con ropas negras y harapientas que intentaba someter a su bengala?
¡Si le arrancaban el corazón, el berserker moriría!
—¡Kakashi! —gritaron todos a la vez, dispuestos a echarle un cable.
Sin embargo, el lobezno levantó la mano y los lanzó a la otra punta de la superficie.
Hummus retorció el corazón con sus dedos. Estaba dispuesto a matarlo. Sin embargo, Sakura, que estaba en otro lado, lo placó. Le dio un fuerte golpe en las rodillas y lo tiró al suelo.
Kakashi debería estar muerto: le había dejado el corazón hecho papilla, deshecho; sin embargo, el berserker continuaba vivo.
—¿Por qué no mueres, hijo de puta? —rugió Hummus desde el suelo, lanzándose a por él.
Sakura se puso delante para protegerle. Le rodeó con los brazos. Tenía el rostro lleno de lágrimas y los ojos rojos. Le mostraba los colmillos como una fiera.
Hummus vio la estampa y se echó a reír.
—Ah... Vaya vaya... ¿El berserker ha encontrado a su putita eterna? —La señaló con el dedo y le indicó que se acercara.
Sakura no iba a obedecerle. Sin embargo, aquel hombre la elevó del suelo y la hizo levitar, arrastrando las puntas de sus descansos, hasta llegar justo en frente de él.
—¿Y qué tenemos aquí? —preguntó Hummus repasándola de arriba abajo—. Una valkyria enamorada de un berserker... ¿Es eso? —Soltó una carcajada—. Me maravillan los inventos de los dioses. ¿Te ha marcado? —le preguntó.
Ella le escupió en la cara y miró hacia otro lado.
Si había algo que Loki detestaba era la falta de respeto. Si supiera quién era, jamás habría hecho eso. Se habría arrodillado ante él y habría suplicado por su vida.
—¿Sabes que el mordisco de un lobezno a una mujer marcada por un berserker hace que se le revuelvan las entrañas y que casi muera de dolor? ¿Por dónde te muerden, preciosa? ¿Por el cuello? —le preguntó rozando su mejilla con la nariz.
Kakashi jamás había escuchado algo así. Se levantó, con la mano en el pecho agujereado y un dolor que hacía que le castañetearan los dientes, y caminó renqueante hacia ellos.
—Suéltala —ordenó, inclinándose hacia un lado, a punto de caerse.
Hummus lo ignoró.
—Digo lo de «casi» porque su pareja puede sanarla en un momento. —Se encogió de hombros—. Pero, claro, tú, Niño Perdido, ya habrás muerto, así que... Dejemos que esta beldad muera de dolor. —Agarró a Sakura por el chaleco, lo abrió para morderla justo en la marca que debía de tener en el cuello. Pero entonces Hummus se arrodilló y se quedó completamente ciego.
Todos los secuaces de Loki, lobeznos, nosferatus, troles y neófitos se llevaron la mano a los ojos. No podían ver nada.
Sakura se liberó de su amarre. Kakashi, que, poco a poco, se recuperaba,del maltrato al que le había sometido Hummus, dijo:
—¡Es el collar! ¡No cubras el collar, Sakura!
La valkyria se abrió el chaleco y siguió mirando a Hummus solemnemente, decidida a acabar con él de un momento a otro.
—¡No veo nada! —gritaba Loki, que intentaba escapar de ese cuerpo. Pero aquella extraña luz que no cesaba de brillar lo tenía desorientado, perdido.
Kakashi agarró al lobezno por el pelo. Con la otra mano sostenía su puñal guddine, que le clavó a la altura del corazón.
—¡Matadlos a todos! —gritó el bengala, que tenía las venas hinchadas por la rabia y la ofuscación. Y es que cuando Odín los transformó en berserkers, les dio la furia propia de los lobos sangrientos. Y ahora Kakashi estaba más furioso que nunca.
Hummus había estado a punto de morder a Sakura. Eso no se lo perdonaría jamás.
El berserker retorció el puñal guddine en el corazón del lobezno.
—¿Y tú eres un semidios? —le repitió al oído—. No entiendo cómo Loki envía a semidioses tan flojos como tú al Midgard.
—¿Por..., por qué no puedes morir? —preguntó Loki en el interior del cuerpo de Hummus.
¿Quién demonios era? Él mismo había sacado su espíritu de la cárcel de cristal para poner el de Hummus. Pretendía descubrirlo él mismo y, así, ahorrarse sorpresas desagradables. Pero no sabía quién era. Ahora, si Kakashi lo mataba, regresaría a la cárcel. Esta vez, cuando saliera de ahí, que lo haría en breve, solo tendría ese cuerpo, ninguno más.
Aunque bien mirado, el Ragnarök lo merecía. Ver cómo el planeta perecía bajo sus artimañas sería el fin perfecto para un plan tramado desde hacía miles de años.
—Nerthus me dijo que no se puede matar a alguien que ya está muerto. —Sonrió, soberbio.
El lobezno frunció el ceño. De repente, una idea molesta cruzó su mente.
—No puede ser... —susurró con los ojos grises brillantes, medio enajenados.
—¿Qué es lo que no puede ser?
—Se han girado las tornas —susurró echando espuma por la boca—. Esta vez... el asesino eres tú.
—Y estoy orgulloso de acabar contigo, escoria. Loki se queda sin su última marioneta.
Kakashi se encogió de hombros, hundió la mano en el pecho de aquel jotun y le sacó el corazón, que se incendió en su mano. El bengala lo dejó caer, asqueado.
Hummus había muerto.
Pero mientras Loki regresaba a la velocidad de la luz hasta la cárcel de cristal que ya no podía retener su cuerpo físico por mucho más tiempo, solo tenía un pensamiento en la mente.
El bengala acababa de matar a su hermano.
Y era cierto que él se había quedado sin su marioneta.
Por eso, la próxima vez que se encontraran, sería él mismo quien acabara con la vida de Kakashi. Ahora sí que sabía qué tenía que hacer.
Los guerreros amontonaban los cuerpos y las valkyrias los incineraban con sus rayos.
La cima de aquel monte de Rauma era un crematorio, resultado de una batalla que creían perdida, pero que, sorprendentemente, había acabado con una victoria aplastante, gracias a la intervención de Sakura, la portadora del Brisingir.
Sakura no había intercambiado ni una sola palabra con Kakashi. Se sentía decepcionada y triste porque aquel hombre había decidido rendirse y apartarla de su lado, aunque en la cueva de las agonías le hubiera hecho creer lo contrario.
La valkyria lo esquivaba. Evitaba tocarlo y mirarlo, pues desconfiaba de sus propios impulsos. Estaba desencantada por la actitud de Kakashi. Sentía tal frustración por no saberse indispensable para él en su viaje que solo tenía ganas de gritar y de electrocutar.
Por eso no cesaba en sus rayos y avivaba las llamas incluso cuando ya no era necesario.
—Sakura —le dijo Mei al otro lado, lanzando rayos a la pila de muertos—. ¿Sabes qué pensé cuando Hummus abrió tu chaleco y se arrodilló ante ti?
Sakura negó con la cabeza, seria y concentrada.
—Pensé: «Esta mujer lleva unos cubrepezones reflectantes y lo ha dejado todo loco, cegado».
Sakura levantó la mirada hacia su hermana. Sus pestañas titilaron.
—Ya sabes —continuó la valkyria deslenguada—, en plan: «¡Sorpresa! ¡No llevo ropa interior!».
Solo Mei podía arrancarle una carcajada en un momento como ese.
Sakura intentó reprimir la risa, pero fracasó.
—Eres una bruta —dijo.
—Sí. Lo sé. Y te encanta. Te he hecho reír. —Le guiñó un ojo.
El samurái se acercó a Mei y le dijo algo al oído. Mei le acarició el rostro y asintió con la cabeza.
—Voy a ayudarle a buscar su mano —informó a Sakura—. Espero que no la hayamos quemado... —Echó un vistazo a la pira funeraria.
—Espero que no. Las necesito para pelear —comentó Madara—. La buscaría yo, pero el olor a sangre de trol es muy molesto y penetrante, y la hoguera que estáis haciendo difumina mi sangre. No me puedo encontrar.
—Un momento —se disculpó Mei. Tomó a Madara por la cabeza y pegó su frente a la de él.
Sakura sabía lo que estaba haciendo. Mei tenía el don de la psicometría. Si tocaba a Madara tal vez podría encontrar su extremidad perdida.
La valkyria que todo lo ve se separó del samurái y miró a su alrededor.
—Está por esas rocas de allí. —Señaló un cúmulo de escollos en el dentro de la planicie.
Madara exhaló agradecido y besó a Mei en los labios.
—Arigato, hanii.
—De nada, japo mío.
Mientras el vanirio buscaba su mano, Mei continuó quemando junto a Sakura, mientras Hotaru y Temari hablaban junto a Naruto, Indra y Kakashi de lo que habían descubierto en aquel edificio, en aquel nido de humanos de Loki.
Sakura tenía tan buen oído como Mei, por lo que ninguna de las dos se perdía detalle de lo que decían.
—Sakura trae el Brisingir —dijo Hotaru sin ocultar su sorpresa—. Y no lo hace por casualidad. Freyja se lo dio por un motivo que tiene que ver con el aquí y el ahora.
—Estoy de acuerdo —respondió Temari, limpiando su martillo de restos de jotuns.
—Ninguno de nosotros puede ver su luz, porque el Brisingir actúa contra las fuerzas malignas de Loki —continuó la generala—. Pero, conociendo a la diosa, es posible que ella supiera de las dificultades con las que íbamos a encontrarnos en este lugar. Sabía que Sakura estaría aquí y nos ayudaría. —Sonrió, maravillada—. Cómo quiero a esa puta.
—Sí, ya... Es una mierda ser bipolar, me encanta —replicó Indra, repasando las heridas de Hotaru con su mirada obsidiana.
El highlander estaba tan preocupado como Naruto por Temari. Estaban deseando llevarse a sus mujeres a algún lugar para curarlas.
Kakashi desvió la mirada hacia Sakura. Su tensión, su espalda envarada y aquel gesto mustio y desafiante indicaban que la valkyria prefería comerse un cactus a hablar con él.
Pero no pensaba echarse atrás. Tenía que convencerlos de que lo mejor era que Sakura se fuera con ellos.
—Entonces, ¿creéis que Freyja quiere que Sakura muera?
Temari y Hotaru le prestaron toda su atención.
—¿Por qué dices eso?
—Porque decís que todo esto que hacemos está ya planeado —explicó, con cierto tono de desprecio—. Freyja conocía esta guerra, y por eso trasladó a Sakura hasta aquí. ¿Eso es lo que decís?
—Sí, más o menos... —dijo Hotaru.
—Entonces Freyja quiere que Sakura muera. Porque si ella sigue conmigo, ese será su destino.
—Yo no moriré —dijo Sakura desde detrás—. Olvídate de enviarme con ellos.
Kakashi se dio la vuelta y la miró directamente a los ojos.
—Sabes que sí. Sabes que hemos soñado lo mismo. Yo sueño con eso desde hace tiempo..., y ahora tú te quemas conmigo.
—¡Son solo sueños! —gritó Sakura—. ¡Y tú eres un mentiroso! ¡Me dijiste que iríamos juntos!
—¿De qué sueños habláis? —preguntó Naruto, que parecía perdido e intentaba manipular su iphone.
—No voy a dejar que decidas por mí, Kakashi. —Sakura le señaló con el índice y se lo clavó en la herida del pecho, que aún estaba cicatrizando—. En lo que a mí respecta, tu viaje también es mío. No me voy a apartar.
Kakashi siseó, se fue hacia ella y la desafió, amenazándola con su altura y su corpulencia. La cogió de la muñeca y la acercó a él.
—No hagas que me enfade.
—Mira cómo tiemblo.
Los ojos amarillos de él le prometieron venganza ante aquel abierto desafío; los esmeraldas de ella enrojecieron iracundos y lo empujó para apartárselo de encima.
—Los sueños no tienen por qué ser presagios —apuntó Madara, que cargaba con su propia mano amputada.
—Me encantaría que experimentaras una vez lo que es morir quemado. Porque te aseguro que lo siento todo. Todo. Y es Sakura la que se quema junto a mí. No pienso permitirlo.
—¡Tú no tienes poder sobre mí, perro! —gritó Sakura, acongojada—. ¡No me vas a dejar al margen! ¡Yo también he sentido ese sueño, pero no pienso como tú!
Kakashi se fue hacia ella, y ella hacia él. Parecía que, en cualquier momento, se fueran a pelear. Mei y Madara los separaron.
—Todavía tenemos el subidón de adrenalina —intentó explicarles Madara—. No es bueno discutir así...
—Eso digo yo —dijo Mei, a la que le entretenía ver a Sakura tan furiosa—. Lo mejor es follar, ¿verdad, oni?
—Pero ¿es que no lo entendéis? Si no os lleváis a Sakura ahora en una de esas tormentas que creas, Temari, ¡tu amiga morirá! ¿Es eso lo que queréis?
Temari puso los ojos en blanco.
—Por supuesto que no quiero eso —replicó molesta por tal insultante insinuación—, pero ahora mismo no puedo convocar ni una reunión de dos. Mira mi cuerpo, berserker. Tengo heridas por todas partes, como todos. Necesitamos sanación y repostar energía. Hasta que entonces no podré crear una tormenta.
—Además, ¿adonde crees que vamos? —le preguntó Indra, imponente, cruzado de brazos a su lado, con el rostro lleno de sangre—. Por tus palabras parece que nos dirijamos al Paraíso, pero regresamos a Escocia. ¿Sabes lo que es eso ahora? Es un maldito cementerio, abierto en dos, con gases tóxicos flotando en el aire y lava en el interior de sus entrañas. ¿Crees que allí tendrá más posibilidades de sobrevivir? ¿O aquí?
—Mientras no esté conmigo... —repuso Kakashi. Necesitaba sacarla de allí y liberarla del posible futuro que la esperaba a su lado. No podría vivir si ella moría por su culpa—. Ella me estorba. Iría más rápido solo. Todo sería más fácil.
Hotaru, Mei y Temari abrieron la boca, pasmadas, y después exclamaron todo tipo de improperios. ¡Eso no se le decía a una valkyria! ¡Jamás!
—¡Cabrón cínico! —gritó Sakura con los puños apretados.
Se lanzó a por Kakashi, y esta vez, las valkyrias se unieron a su propósito, pero Indra se puso en medio. Tomó a Kakashi por los hombros y se lo llevó de allí. Las valkyrias intentaron serenar a su hermana, sin mucho éxito.
—¡¿Te estorbo, cretino?! —gritó por encima de las cabezas de sus hermanas—. ¡Si no llega a ser por mí, ese lobo con pinta de heavy te habría matado! ¡Te he salvado el culo!
Mei arqueó las cejas y asintió.
—Ahí has estado muy bien, Saku. Nuestro gusto por los diamantes y las perlas está más que justificado. Mira lo que ha hecho el collar de Freyja...
—¡Deja de llorar, Rainman! —espetó Sakura con dureza—. ¡No sé quién soy! ¡No sé de dónde vengo! —lo imitó, aunque las lágrimas la delataban—. ¡Eres como Willy, estás perdido continuamente y no permites que nadie te encuentre!
Hotaru y Mei se miraron y rieron por lo bajini.
—Es Wally, Sakura. Willy es la orca asesina.
—¡Me da igual! —La energía electromagnética de Sakura se elevaba con rapidez.
—¡¿Y qué harás, valkyria?! —Kakashi se encaró con ella, a pesar de que Indra lo sostenía—. ¡Tú no me puedes hacer daño!
Sakura agitó sus bue, desplegó el arco y cargó tres flechas en la cuerda.
—¡No! ¡No!
Las valkyrias la cubrieron por completo, intentando detenerla.
—¡Dejadme! ¡Lo mato! ¡Presuntuoso! ¡Trolera!
—¿Trolera? —Indra miró a Kakashi; el labio con su cicatriz se alzó dibujando una sonrisa insolente—. Eres todo un macho, ¿eh?
—Que te follen, escocés —contestó Kakashi, irascible.
—Sabes que sus flechas hacen daño, ¿verdad?
Kakashi frunció el ceño y sonrió a Sakura, provocador.
—¡¿Me quieres disparar, valkyria?! ¡Venga! ¡Adelante!
—No es por nada... —Madara se colocó en medio de la línea de fuego, alzando su propia mano cortada; sus ojos rasgados miraban a todos los allí presentes con asombro—, pero me desangro. Me de... san... gro. Necesito que mi valkyria haga magia y me pegue la mano derecha.
Naruto decidió poner orden en aquella contienda entre parejas. Comprendía que las relaciones no eran fáciles y que el dilema de Kakashi era muy importante para él y para todos, pero, tal y como estaban las cosas, no podían quedarse ahí por más tiempo.
—¡Dejad de discutir! —gritó Naruto. Intentaba coger señal telefónica para hablar con los clanes y averiguar cómo iba todo, pero su móvil, como el de todos, se había estropeado durante la batalla. No acababa de coger buena cobertura. Debía informar que la última sede de Noruega agonizaba bajo el fuego y los escombros, y quería saber cómo iba todo en Inglaterra y en Estados Unidos—. Debemos salir de aquí y encontrar una línea fija que esté en pie. Todos los pueblos del Jotunheim están desiertos.
—Yo llamé a Homura desde el hotel —informó Kakashi, que odiaba profundamente pelearse con Sakura. Era horrible discutir con ella, pero es que Sakura no quería hacerle caso. Se apartó de Indra—. Los pueblos están en buenas condiciones y los sistemas eléctricos siguen funcionando. Hay línea.
Naruto asintió.
—Entonces vayamos al pueblo más cercano. Nos reponemos todos de nuestras heridas y permitimos que Temari coja fuerzas. Entonces decidiremos qué hacer con tu kone. —Miró a Kakashi, conciliador.
—No hay nada que decidir —repitió Sakura, limpiándose las lágrimas de las mejillas.
Kakashi negó con la cabeza. Aquella situación lo agotaba.
—Haced lo que os dé la gana —murmuró—. Yo sigo con mi viaje.
—Te acompañaremos hasta el pueblo más cercano. Ahí nos separaremos. Pero, tú, como nosotros, necesitas que tu valkyria te ponga las manos encima y te cure, berserker. Nadie puede continuar así, por mucho que nos regeneremos rápido. ¿Alguien tiene idea de cuál es ese pueblo más cercano? Está oscureciendo y en pleno Jotunheim: no quiero ni imaginarme lo que se nos puede venir encima si estamos demasiado a la vista.
—Gracias por tu coherencia, engel —murmuró Madara.
Kakashi aceptó. Tenía que calmarse, no podía seguir con los nervios tan a flor de piel. Pero desde que Sakura y él lo habían hecho por primera vez, estaba completamente descontrolado. Además, luego se sumó el afrodisiaco de las agonías a su tortura; como resultado, estaba un pelín histérico y enfadado con Sakura, por no ver que él, en realidad, se moría de miedo por ella.
Sacó el mapa que tenía guardado en el bolsillo del pantalón. Había conseguido hacer una fotocopia de la zona en el hotel, buscando por Internet. Ahora tenía un plano de Noruega.
Kakashi le echó un vistazo y localizó el pueblo más cercano. No retrocederían hasta Lom. Seguirían adelante.
—Debemos ir hasta Storen.
Sí. Tal vez allí podría encontrar información sobre aquellos pilares de hielo subterráneos que había vislumbrado en su visión.
Sakura leyó perfectamente lo que quería hacer Kakashi. Era como si lo conociera de toda la vida. Intuía sus movimientos, aunque no había visto venir su engaño. No sabía que se la quería quitar de encima de ese modo.
Sin embargo, ella se adelantaría a sus movimientos. Porque tenía una herramienta mucho más eficaz que Internet o que un mapa cualquiera.
Todos acataron la orden del engel. Con mejor o peor humor, descendieron de la cima de Rauma, allá donde la Escalera de los Troles los había guiado.
