Ginny entró en su departamento pasadas las siete de la tarde. Después de firmar el contrato, la habían llevado con el fotógrafo del Ministerio para hacer las imágenes publicitarias. Daphne la acompañó tanto como pudo, hasta que Pansy le envió un aviso de que la necesitaban en la oficina y tuvo que dejarla. Se estaba acostumbrando a eso de posar frente a las cámaras.
Encendió las luces cálidas del living y caminó con pereza hasta la estufa para encenderla.
—¿Mione? —llamó en voz alta.
—¡Me estoy cambiando! —llegó la respuesta desde alguna habitación.
Decidió que prepararía una tetera con el té en hebras que les había regalado Daphne en la mudanza. Su variedad preferida tenía una combinación de té verde, manzanilla, lavanda, tilo, cedrón y menta. Relajaba su mente y su cuerpo.
Exactamente lo que necesitaba después de estar cara a cara con Narcissa Black.
Llenó la tetera con agua, la puso a calentar en el fuego y se sentó en el taburete frente a la barra para ojear el periódico que Hermione había leído esta mañana. El diario se actualizaba mágicamente cuando había novedades que no podían esperar al día siguiente, por lo que en primera plana estaba la cara de la menor de las Black. La nota anunciaba que la bruja había decidido hacer carrera política y la Ministra le había dado un lugar más que especial para que comenzara. Se notaba a leguas que creían que no merecía el puesto. Por un instante, pensó en lo atrevido que era enfurecer a Bellatrix Black. Se sorprendió cuando descubrió que la nota estaba firmada por Alan R. el periodista que se había metido con ella dos veces. ¿Tendría algún problema con las mujeres?
El ruido del agua hirviendo la obligó a levantarse. Preparó una bandeja con varios bocados dulces y salados, un par de tazas y los llevó a la mesa baja cerca de la estufa. Estaba terminando de servir ambas tazas cuando apareció Hermione. Traía el cabello suelto y mojado y su ropa holgada de siempre.
—Ey, que tarde volviste, no sabía que tenías actividades fuera del entrenamiento—saludó Hermione, tomando asiento junto a ella.
—Yo tampoco, fue un día intenso —hizo una mueca—. ¿Qué hacías vos?
—Vengo de la piscina, deberías probarla. Vale cada galeón de este alquiler.
—Si, tengo ganas, quizás más tarde vaya —concedió—. Hice té para ambas —señaló las tazas y tomó la suya.
—¡Me leíste la mente! Contame de tu día —se acercó la taza a los labios y la alejó rápidamente al recordar algo—. ¡¿Viste la noticia sobre Narcissa Black?!
Ginny se rió del exabrupto de su amiga y observó cómo ondeó el líquido acercándose peligrosamente al borde de la taza pero finalmente sin derramarse.
—Hoy firmé el contrato con ella, no sé mucho más que vos —se encogió de hombros—. Supongo que se aburría ahora que no está su esposo.
Hermione la miró con una ceja alzada y su característica expresión de incredulidad.
—Me parece demasiado ingenuo creer que simplemente se aburría. Cuando alguien se aburre y tiene el dinero de la familia Black y Malfoy en conjunto, se va de viaje o se anota en algún curso. ¿Desde cuando alguien se aburre y va a trabajar? O mejor aún ¿desde cuándo Narcissa trabaja?
Ginny ladeó su cabeza, reflexionando sobre aquello.
—Ahora que lo decís, no parecía específicamente aburrida. Estaba decidida.
—Aparte pensalo, ¿Narcissa Black interesada en la igualdad de oportunidades para las brujas? Ella, una sangre pura —apuntó y luego tomó de su taza antes de continuar:— Podrían haberle dado un puesto en el departamento de Daphne porque debe tener muchos contactos, eso sería más adecuado. Esto es extraño.
—Supongo que tenés razón pero realmente no tengo ganas de pensarlo. ¿Está muy mal? —juntó sus cejas para darle lástima a su amiga.
—¿Teniendo en cuenta que firmaste un contrato para trabajar con ella? —sonrió por encima de su taza.
—Por cierto, hoy la vi a Pansy —cambió radicalmente de tema.
—¿En el Ministerio?
—Sí, bah, me fue a buscar al entrenamiento y fuimos al local de Astoria a conseguirme ropa —se señaló a sí misma, todavía no había ido a cambiarse.
Hermione repasó su cuerpo con lentitud.
—Sí, estás preciosa —admitió y deslizó su lengua entre sus labios para humectarlos.
Ginny se distrajo observando los labios hinchados de su amiga. Como una ráfaga, el recuerdo del beso en Hogwarts apareció en su mente. El caos a su alrededor dejaba de escucharse, los pedazos de piedra de la pared estallando y las personas luchando ensangrentadas se ralentizaban y todo sucedía en cámara lenta mientras ella veía a una Hermione sucia y herida acercándose a besarla.
—¿Bebé? —los lados de los labios de su amiga se estiraron en una sonrisa.
Ginny movió su cabeza de lado a lado para volver a la realidad. Sintió sus mejillas arder y se escondió detrás de su taza, cerrando los ojos mientras el líquido bajaba por su garganta. Cuando los volvió a abrir, Hermione la miraba con pupilas dilatadas y por alguna razón, estaba mucho más cerca. Ahora sentía el calor corporal que desprendía el cuerpo de la otra chica.
—Mione… —susurró, aunque no sabía qué quería decir.
El deseo la tomó por sorpresa estrujando su estómago y enviando una corriente de electricidad hasta su vulva. Hermione estiró su brazo y con mucha delicadeza apoyó la mano sobre la mejilla pecosa. Ella ladeó su cabeza, recargándose sobre la caricia. Sus ojos se cerraron queriendo tener mayor registro sensorial, las yemas contra su piel se movieron delineando su mandíbula y sus labios se entreabrieron. Su corazón había decidido escaparse de su cuerpo y cada latido retumbaba ensordeciendo sus oídos.
—Mione… —volvió a susurrar, abriendo sus ojos el instante exacto en que su amiga acortó la distancia entre ellas.
El estallido hormonal que se generó en su cuerpo la tomó por sorpresa y le quitó el aliento.
Jadeó contra la boca de Hermione y sintió su lengua acariciar su labio inferior e introducirse en su boca buscando la suya. Su clítoris reaccionó de inmediato llamando su atención, sus manos buscaron el cuerpo contrario y arrugaron la camiseta tratando de sentir la piel bajo ella. Sintió el cuerpo de su amiga moverse, por un instante rompió el beso, dejó las tazas en la mesa y la miró con el deseo desatado.
—¿Mione…? —preguntó insegura, con la voz grave.
La respuesta de la chica fue empujarla y subirse encima suyo pasando una pierna por encima de su cuerpo. Ginny buscó su boca mientras sus manos se deslizaban por las piernas de Hermione hasta llegar a su cola y empujarla contra sí. Gimieron, entrelazaron sus lenguas, se mordieron los labios con el deseo contenido de todos estos años. Las manos de la morena arañaban su nuca y sus brazos, pronto viajaron por su torso y tiraron de la camiseta para sacarsela. Ginny sentía sus pezones duros apretarse contra la palma de las manos de Hermione. La acercó con fuerza, levantando su pelvis para hacer presión en el centro de la otra. Hermione abandonó su boca y le clavó los dientes en el cuello, chupando después. La pasión desbocada de su amiga la hacía sentir caliente. Saber que poca gente había tenido la oportunidad de estar bajo ella y comprobar que no era para nada una bruja frívola. Que se abocaba a besarla con la misma intensidad que defendía su postura ideológica. Deslizó sus manos por debajo del suéter de la morena, sintiendo cómo se estremecía bajo sus dedos y subió arañando su vientre hasta sentir el comienzo del pecho. La yema de sus dedos se sintieron eléctricas bajo la piel suave, Hermione movió su pelvis hacia abajo y hacia delante, buscando fricción. Sintió la mano de la morena apretar la suya, incitándola a tocarla. Pronto Hermione quedó con su torso al descubierto y cuando sus manos se encontraron para desabrochar el botón del pantalón, sus bocas se separaron buscando oxígeno.
—Mi habitación —ordenó Hermione, levantándose y tirando de la mano de la pelirroja.
Ginny quiso reír a pensar en la cantidad de veces que ella misma había tirado así de su amiga para llevarla al patio de la Madriguera o sacarla de la biblioteca. Un sentimiento de amor y confianza construído durante tantos años burbujeó en su vientre, expandiéndose en forma de olas calientes por su cuerpo. En un arrebato, jaló de su muñeca y la hizo girar con fuerza hasta que se estrellaron en otro beso apasionado, juntando sus bocas, las manos recorriendo los cuerpo y los pies dando tentativos pasos hacia atrás. Cuando chocaron contra un cuerpo se separaron de un salto, encontrando una sonrisa burlona y una ceja alzada con sensualidad.
—¡Parkinson!¿De dónde saliste?
—¡Pansy, me asustaste!
Sus voces alteradas y sin aliento se mezclaron, haciendo que la sonrisa de Pansy se agrandara mucho más.
—¿Yo las asusté a ustedes? —se burló— Tan sólo imagínense venir a visitar a su novia y encontrarla metiéndole la lengua a su mejor amiga.
Ginny por primera vez no tuvo ningún comentario ocurrente para decir, por lo que pasó su mirada de Hermione a Pansy esperando el desarrollo de la situación.
—¿Estás enojada? —preguntó Hermione, intentando calmar su respiración, sin preocuparse demasiado por estar desnuda de la cintura para arriba.
—Depende, ¿estoy invitada?
Ginny elevó sus cejas, divertida. La forma en que había formulado la pregunta Pansy no tenía nada que ver con su casi trío de la primera vez. Ahora se notaba el deseo encendido en su tono bajo y su expresión que la hacía pensar en una serpiente a punto de atacar.
La imagen de la princesa de Slytherin queriendo estar entre ella y su amiga cosquilleó por su cuerpo. Hermione la miraba a ella, esperando por su respuesta.
—¿Ginny?
Pasó su mirada por última vez de la expresión ansiosa de Hermione con sus labios sonrojados y sus pezones erectos hacia la espera lujuriosa de Pansy. Antes de poder procesar su decisión se encontró acortando la distancia entre su cuerpo y el de la mayor antagonista de su adolescencia. La mano de la chica se apresuró a posarse sobre su pecho, frenando su avance. Desconcertada, Ginny conectó sus ojos y encontró una oscura diversión. Sintió como la empujaban hasta que su espalda rozó el torso desnudo de Hermione quién deslizó los brazos por su cintura y la apretó contra sí. Pansy la observó con deseo, dando pasos lentos hasta que sus cuerpos se tocaron. Ginny sentía otra vez su corazón desbocado, entre las atenciones de los labios de Hermione rozando su cuello, las manos arañando su vientre y la serpiente acercando su rostro sólo para alejarse en el momento exacto en que sus labios estaban por juntarse. Un pulgar rozó sus labios, su lengua sorteó el obstáculo y se enredó en él. Lo succionó hacia dentro sin apartar los ojos de los verdes que tenía al frente, envolviendolo con su boca y acariciándolo con la lengua. La sonrisa burlona de Pansy perdió fuerza a medida que el deseo ganaba terreno en su rostro. Sus ojos se entrecerraron, su cuerpo se apoyó contra el de Ginny y Hermione las sostuvo, equilibrando el peso. La pareja compartió una mirada de complicidad que envió escalofríos en Ginny. Si bien la diferencia de edad no era mucha y corporalmente era más fuerte, se sentía pequeña entre aquellas dos chicas que compartían el deseo por la pelirroja. La sensación vulnerable y el deseo se unieron junto a su ego que siempre agradecía ser alimentado. Cuando Pansy cambió su pulgar por sus labios y finalmente se besaron, la ropa interior de Ginny ya estaba húmeda. La disputa diaria de poder se transfirió a sus lenguas como las guerreras de aquella batalla. Lucharon con lujuria y saliva para dominar consiguiendo todo el tiempo intercambiar los roles pero nunca quedar una por encima de la otra. Para el momento en que tocaron la cama, la saliva había sido compartida por las tres y no podían dejar de intercambiar besos mojados. Ginny observó cómo se unían las lenguas de su amiga y la novia, el cabello rizado y castaño mezclándose con el lacio y azabache. Le calentó la forma en que Pansy pellizcaba los pezones de Hermione y cómo ésta gemía sobre su boca. El atuendo siempre elegante de la bruja ahora tomaba una connotación sexual que estaba haciendo arder su clítoris. Gateó por la cama hasta quedar atrás de Pansy, acariciando sus hombros deslizó el blazer negro, revelando una camisa blanca de tela sedosa. Ronroneó sobre el cuello pálido y aspiró el perfume mezclado con el olor a tormenta que siempre le sentía a la bruja. Guió sus manos hacia delante, desabrochando uno por uno los botones de la camisa de Pansy. Hermione buscó su boca y compartieron otro beso hasta que logró desprender y quitar la prenda con ayuda de la dueña. El corpiño de encaje color crema le hizo acordar a los que solía usar Daphne y por un instante se preguntó si acaso los comprarían en el mismo lugar. Hermione lo soltó ya que tenía un cierre delantero y Ginny sintió cómo los pechos de Pansy caían sobre sus manos. Para el momento de los pantalones, Pansy se había cansado de jugar al estilo muggle e hizo desaparecer la ropa, quedando las tres sólo con su ropa interior inferior.
—Siempre tan ansiosa —dijo Hermione aunque no parecía molesta.
A pesar de no haber hecho un trío jamás, Ginny se sentía cómoda y segura con las dos brujas. El deseo prácticamente podía sentirse vibrando en la habitación y sus núcleos mágicos parecían estar reconociéndose de una forma nueva que las hacía experimentar todas las sensaciones con mayor fuerza. Pansy la sorprendió deslizando sus dedos sobre su vulva, Hermione capturando uno de sus pezones con sus labios. Tiró su cabeza hacia atrás, unos dientes mordieron su cuello y a su vez, ella mordió otro. Las manos y las bocas ya no tenían distinción, dedos y lenguas penetraron y rozaron clítoris hinchados. Sus gemidos se mezclaron, sus cuerpos transpiraron. Nunca dejaron de moverse y cambiar de posición, la atención parecía estar en una y en todas a la vez. Su deseo creció, explotó y volvió a crecer tantas veces que había dejado de contar. Cuando dos se cansaban, la otra volvía a iniciar con un toque sutil y nada inocente. Un roce de más en la vulva húmeda, unos labios apretando la carne suave del clítoris. Una mirada necesitada y la tensión volvía a crecer en aquel cuarto. Ginny se durmió, con tantas otras veces, abrazando el cuerpo de Hermione. Sólo que esta vez, otra persona la abrazaba del otro lado.
El despertador mágico sonó a las siete como cada mañana. La chica de rizos fue la primera en abrir los ojos, acostumbrada de toda su vida a tener un horario exigente para poder estudiar un poco más. Intentó moverse aún adormilada pero descubrió que tenía dos cuerpos que la mantenían retenida y poco podía hacer. Su novia la sintió moverse y se separó para estirarse cuan larga era y dar un vistazo a la habitación tratando de ajustar lo que veía a la realidad. Ginny fue la última en abrir sus ojos y la que finalmente y de manera rutinaria, apagó el despertador para darse la vuelta y seguir durmiendo bajo la divertida mirada de Hermione y la somnolienta de Pansy. Pocos segundos le tomó volver a abrir los ojos y darse la vuelta, encontrando a las dos chicas desnudas en su cama. Entreabrió sus labios pero ningún sonido salió de ellos, su mirada viajando de un rostro al otro, recordando todo lo que había pasado en las últimas horas y sintiendo el deseo volver a asomar en su bajo vientre.
La vibración la sintieron antes de poder volver a saborear sus labios. Era la forma en que vibraba la casa para avisar que Daphne Greengrass había entrado. Cada bruja por su núcleo mágico, tenía una vibración particular. Los ojos de Ginny se ampliaron, volviendo a observar los cuerpos desnudos. Se levantó de un salto, recordando tarde que su novia le había dicho que pasaría por ella a la mañana para acompañarla a la rueda de prensa que daría el Ministerio.
—¿Es Daphne verdad? —consultó Pansy mirando los movimientos acelerados de la pelirroja.
—Si, vestite —Hermione ya se había levantado y le tiró la camisa por la cara, en pánico al recordar que la mitad de sus ropas había quedado en el living.
—Maldita sea, maldita sea —jadeó Ginny, buscando ropa interior limpia en sus cajones.
—Buen día pequeña —la puerta se abrió paralizando a las chicas.
Daphne mantuvo su sonrisa por algunos segundos más hasta que su cerebro procesó la imagen que estaba viendo. Su mejor amiga semi desnuda en la cama de su novia, Hermione en ropa interior a un costado y Ginny con todo su cuerpo expuesto.
—Okey, no era lo que esperaba encontrar esta mañana —balbuceó, registrando la ropa tirada en el piso, la cama destendida, los rostros de las chicas como si las estuvieran apuntando con un farol en plena oscuridad—. Haré el desayuno para las cuatro —decidió, al ver que ninguna parecía reaccionar y cerró la puerta tras de sí.
El silencio y la quietud se extendió por unos minutos más, hasta que Hermione reaccionó, obligándose a calmar su corazón y poner la mente por encima del shock que sentían las tres. Daphne estaba en la cocina y esperaba respuestas.
—Ginny —llamó, tocando con delicadeza el brazo de la chica que pegó un pequeño salto y la miró con los ojos desorbitados—. Andá a bañarte, vestite y encontranos para desayunar ¿está bien? —la miró y deseó poder transmitirle tranquilidad.
—Eh… Sí. Okey, una ducha, puedo hacer eso —respondió asintiendo repetidas veces.
El único cuarto que traía baño era el de Hermione por lo que le tocó salir e ir al que quedaba al final del pasillo. Escuchó de fondo cómo su amiga le hablaba a Pansy y salían de su habitación luego de algunos encantamientos que supuso habrían limpiado su cuarto.
El agua caliente golpeó su rostro con fuerza. Se sentía paralizada. Su mente no podía ni siquiera ponerse en marcha porque no sabía qué abordar primero. Había besado, de nuevo, a Hermione. Se habían besado por primera vez con Pansy. Tuvieron sexo durante horas las tres. Su cuerpo dolía por el esfuerzo físico y registró algunas marcas que debería tapar con magia. Daphne las había encontrado. ¡Morgana, por qué Daphne las había encontrado! ¿Cómo había sido tan estúpida de olvidarse que iba a buscarla esa mañana? No es que estuviera pensando ocultarle aquello a su novia, de hecho, recordó que habían conversado sobre el vínculo y la posibilidad de estar con otras personas hacía algún tiempo. Sabía que, probablemente, ese no sería el problema. ¿Lo sería que esas personas fueran Hermione y Pansy? ¿Qué tan inmoral era haberse acostado con la mejor amiga de su novia? No podía negar que había deseado besar a Pansy en demasiadas ocasiones al igual que a Hermione. ¿Qué significaba esto en la dinámica de las relaciones que mantenían todas entre sí? No pudo aclarar nada bajo el agua, cuando terminó de lavar su cuerpo, se secó, se cambió y caminó con nervios hacia el salón desde el que llegaba un delicioso aroma a café recién hecho.
El sol entraba iluminando toda la estancia, dando una sensación de calidez al ambiente. Aparte, la estufa había quedado prendida toda la noche por lo que el clima era muy cálido. Daphne estaba sentada en un taburete alto, con un café en su mano y la otra apoyada en el diario que leía sobre la barra. Traía un vestido azul de mangas hasta los codos, largo hasta las rodillas que se subía hasta mitad de muslo por estar sentada y la hacía ver preciosa y elegante a la vez.
—Hola —saludó con timidez Ginny.
Daphne se giró y sus ojos se encontraron aunque no pudo descubrir nada tras el azul océano.
—Ey, hice café —señaló la máquina.
Ginny asintió y se acercó, sin saber si podía besar a su novia o tenía que mantener la distancia. Daphne la observaba con rostro impasible. Decidió servirse un café y dar un trago a la bebida antes de enfrentar otra vez la mirada de la chica.
—Siento que tuvieras que ver eso.
Daphne dejó caer el periódico y abrazó la taza con sus manos.
—Yo también —admitió, la imagen de las tres chicas a medio vestir todavía grabada en sus pupilas.
—¿Molestamos? —preguntó Hermione.
—No, adelante —respondió Daphne—. Hay café.
—Gracias —musitó Hermione, sintiéndose incómoda.
—¿Me odias? —fue de frente Pansy.
Daphne observó con ceja alzada a su mejor amiga. Esperaba la respuesta con un brazo apoyado en su cintura y el otro cayendo al lado de su cuerpo.
—¿Sos idiota? ¿Te olvidaste de nuestra conversación?
Pansy asintió y respiró hondo, empujando sus hombros hacia atrás como si estuviera sacándose una mochila de la espalda.
—Sólo quería comprobar —comentó, caminando hacia la cafetera y sirviendo una taza para ella y otra para Hermione.
—¿De qué hablan?
Daphne miró a Hermione y luego a Ginny. Tomó un sorbo de su café antes de explicar.
La fiesta estaba saliendo perfecta. Sus invitados bailaban, otros conversaban con una copa en sus manos y lo más importante, ella había logrado hacer los contactos comerciales que necesitaba. Ginny no estaba tan feliz como ella había esperado, deberían tener una charla luego, pero ahora, se merecería disfrutar su cóctel de Malibu y maracuyá. Por algo la inversión más alta que había hecho era en la barra, trayendo a un bartender que hacía unos tragos fabulosos.
—Admiro la capacidad de tu hermana para llevarse a la cama a quien quiera.
—¿Qué hizo ahora? —cuestionó con una sonrisa divertida.
Pansy se sentó al lado suyo en el sillón que daba hacia la pista de baile y de fondo, el mar.
—La entrenadora de tu novia. Parecía que se la comía delante de todos. Weasley no podía desencajar más la mandíbula —se rió al recordarlo.
—No seas mala —golpeó el brazo de su amiga y bufó cuando le robó el vaso—. ¡Conseguite tu propio trago!
—El tuyo está más cerca —le guiñó un ojo y delineó su figura mientras tragaba, antes de devolverle el cóctel—. Estás esplendida.
—Gracias, vos no te quedas atrás —recuperó su vaso y bebió de él, sintiendo las cosquillas que siempre sentía al coquetear con su amiga. No importaba la cantidad de años que pasaran— ¿La estás pasando bien?
—Tengo que decirte algo o me voy a morir —el tono urgente de Pansy la preocupó.
—¿Qué pasa? —volteó su cuerpo para mirarla.
Pansy se mordió el labio inferior y paseó la mirada por los cuerpos que se agitaban a unos metros suyos. Sabía que tenía que decirlo, se lo debía por los años de amistad y porque se conocía, si empezaba a dejar que sus rasgos oscuros la dominaran, la situación se le iba a descontrolar.
—Me gusta Ginny. Y estoy casi segura de que también le gusto.
Daphne parpadeó pero no se sorprendió demasiado. Sería hipócrita de su parte, habían estado a punto de hacer un trío apenas se juntaron las tres en una habitación.
—A esta altura me empiezo a preguntar quién no gusta de Ginny —bromeó.
—Siempre fue así, desde Hogwarts —le robó el vaso de nuevo y tomó un trago—. ¿Quién te manda a enamorarte de ella?
—No es como si hubiera podido evitarlo, creo —se encogió de hombros.
Ginny apareció entre sus ojos, charlando con Hermione que no estaba en su cuerpo. Ambas brujas se tomaron unos segundos para observar la manera confiada en que se movía, los músculos de sus brazos tensándose, sus cabellos rojos al viento. Era una confianza distinta a la de ellas, su confianza era real. La de una niña que había sido demasiado deseada, la primera mujer en generaciones. Ginny era especial y cuando tenías su atención sentías como si todo a tu alrededor dejara de existir. Su energía era vibrante, dinámica, poderosa. Y era, quizás, demasiado buena y leal para este mundo.
—Entonces, ¿no te molesta?
—No sé si no me molesta. Creo que no. Sucede, ¿qué puedo hacer? Quiero decir, sos vos —miró a su amiga—, a veces, yo también quiero empotrarte contra una pared. ¿Cómo puedo enojarme porque Ginny sienta eso? Y también deseo desnudarla cada vez que la veo, así que puedo entenderte.
—Soy irresistible —bromeó.
—Entre Hermione y Ginny también hay algo. ¿Lo sabés, verdad?
Pansy asintió y cambió su posición en el sillón, encarando a Daphne.
—La única que parece no darse cuenta de nada es tu novia, Daph.
La risa de Daphne contagió a Pansy.
—Es cierto, supongo que pasó por mucho. O quizás, en su mente no existe la posibilidad de vincularse distinto —reflexionó, ya que no habían conversado sobre eso aún.
—Dejemos que ella dé el primer paso entonces. Si estás bien con esto —aclaró—. Sabés que me importas más que cualquier atracción.
—Lo sé —terminó su trago Daphne—. Y me parece bien. Veamos a dónde nos lleva esta aventura.
—¿Voy a buscar dos tragos para brindar?
—No sé qué estás esperando —sonrió.
Ginny observaba a su novia con la boca abierta. Se llevó el café a los labios en un acto reflejo y terminó escupiendolo cuando la bebida helada llegó a su boca.
—No sé qué decir —admitió—. ¿De verdad soy la última en enterarme de lo que pasaba entre todas? Quiero decir, ¿ustedes también? —observó a su amiga y su novia.
Las chicas compartieron una mirada nerviosa entre ellas. Y cuando hablaron, lo hicieron al mismo tiempo.
—No —dijo Hermione.
—Sí —respondió Daphne.
Ginny ladeó su cabeza, aún más confundida.
—¿Si o no?
—No pasó nada entre Daphne y yo, pero, voy a hablar por mí, sí siento atracción por ella. Por vos —la miró, con las mejillas encendidas—. Tu forma de ser, tan práctica, inteligente y exigente con vos misma… —se relamió los labios, en un acto inconsciente.
—Sí, me pasa lo mismo —admitió Daphne, tragando con fuerza ante la mirada que recibía de Hermione.
—Obvio que una nerd se sentiría atraída por una adicta al trabajo y viceversa —se burló Pansy, recostada contra la mesada.
—¡Pansy! —dijeron al unísono.
—¡Qué! Tengo razón.
—¿Dónde nos deja todo esto? —cuestionó, su mente trabajando a toda velocidad no podía permitirse distracciones. No si había sido la última en ver lo que sucedía.
—¿Les gustó lo que pasó ayer? —preguntó Daphne y observó la incomodidad de nuevo en los cuerpos de las tres chicas— Por favor, basta con eso. ¡Yo debería estar así en todo caso!
—¿Y por qué no lo estás? —dijo Ginny.
—Sí lo estoy, pero también sabía que eventualmente iba a suceder. Intento racionalizar la situación para estar todas en la misma página —explicó.
—Está bien, a mi sí me gustó —dijo Pansy.
—A mí también —siguió Hermione.
Ahora todas las miradas estaban sobre Ginny. Su rostro desencajado demostraba que la situación superaba con creces sus expectativas. Se refregó los ojos con las manos y peinó su cabello hacía atrás antes de encarar de nuevo a las chicas.
—Okey, a mi también. Esta situación no tiene sentido.
—¿Por qué? —preguntó Hermione.
Ginny la observó con ceja alzada.
—¿En serio, Mione? Mi novia nos encontró desnudas. Ahora ustedes dos admiten que sienten atracción. No tengo ni que preguntarles a ellas. ¿Qué significa todo esto? Porque a mi no me lo explicaron en el colegio. No sé de dónde salieron ustedes tan abiertas de mente —gesticulaba con sus brazos para darle mayor énfasis a su desesperación.
—¿Te sentís mal con algo de esto, Ginny? —cuestionó Daphne, la tensión sintiéndose en el aire.
—¡No sé qué debería sentir!
—Ayer no tuviste tantas dudas, Weasley. Frená tu ataque de ansiedad por favor, es demasiado temprano —interrumpió Pansy, con su tono aburrido.
—¡Pansy!
—¿Qué? Es cierto —la miró a la pelirroja—. ¿Cuánto hace que venimos deseando besarnos? ¿O que deseas a Hermione? Terminemos con la hipocresía, sucedió, lo deseábamos, lo deseamos. Si no hubiera llegado Daphne, probablemente habríamos vuelto a follar. ¿Me equivoco?
Ginny cruzó sus brazos por debajo de su pecho, intentando escudarse de la racionalidad que estaba imponiendo Pansy. Quitó la mirada de la chica y observó interesada sus zapatillas para entrenar.
—Tenés razón. Perdón.
—Estamos todas en esto y nadie se va a quedar atrás —habló Hermione—. Tranquila, bebé, hay tiempo para asimilar y digerir todo esto.
Ginny asintió y se dejó rodear por los brazos de su amiga. ¿Ya no debería llamarla amiga? Ahora hasta el detalle más pequeño parecía cambiar. Al menos, reconocía que la verdad era liberadora. Que las cuatro supieran de la atracción que recorría al grupo en las direcciones era algo bueno.
—Realmente espero que el resto del día sea aburridísimo porque con esta manera de comenzarlo… —se burló Pansy.
—No quiero romper tus ilusiones pero dudo que sea así. De hecho, deberíamos ir al Ministerio. Ginny tiene la conferencia de prensa y vos vas a estar a cargo de la reunión sobre los negocios con China y Rusia.
—Fantástico, qué ganas de morir.
Ginny se alejó un poco del abrazo y sus ojos se encontraron con los de Hermione. El recuerdo de los besos, las caricias y los orgasmos brillaban tras sus pupilas, calentando su bajo vientre. Sintió el impulso de acortar la distancia y besar a su amiga. Sin saber qué hacer, buscó con la mirada a su novia y la encontró observando el intercambio.
—¿Si la beso… está bien?
Daphne asintió y Ginny percibió el deseo detrás de sus pupilas. Hermione aún la sostenía por la cintura y cuando volteó a verla, le dio una sonrisa tensa y ansiosa. Capturó su labio inferior, sacando la punta de su lengua para acariciarlo. Cerró los ojos, dejándose atravesar por el beso y las miradas que sentía encima. Hermione enredó una mano en su cabello y tiró más cerca, deslizando su lengua para encontrar la otra. Con más confianza, se fueron soltando, sintiendo el beso con sabor a café.
—Bueno, el día acaba de mejorar —llegó la voz de Pansy.
Las chicas se soltaron y tras mirarse y encontrar la misma complicidad de siempre, estallaron en risas. Daphne negaba con la cabeza, con una sonrisa suave en su rostro, mientras se incorporaba y agarraba su túnica.
—Deberíamos irnos —anunció.
Tras una despedida torpe y divertida, las tres brujas dejaron sola a Hermione y se fueron al Ministerio.
