Advertencia:
🔺Los personajes no me pertenecen, son de la increíble JK Rowlings.
🔺No existe relación entre los acontecimientos de esta historia y el desarrollo de los libros o películas.
🔺Cambio de personalidad de los personajes.

Espero que lo disfruten.


Justo ahora en lo único que podía pensar era en su figura envuelta a su alrededor, sus pequeños brazos sosteniéndolo fuerte, mientras eran un enredo de labios y lenguas.

Se sentía a punto de explotar de felicidad por tenerla ahí, con su precioso pelo castaño rizado recogido en algún peinado elaborado que mantenía la mitad envuelta en un moño mientras el resto caía como cascadas por su espalda, su vestido verde imperial la hacía lucir esbelta y hermosa al abrazar todas sus curvas; mismas curvas que él acariciaba con sus manos, subiendo por su espalda hasta su cuello y después bajando de nuevo a su cintura.

Estaban en el último vagón del expreso Hogwarts, el vagón reservado en el área para el personal del castillo. Había encontrado esa grata sorpresa al ingresar al compartimiento privado y verla sentada allí, esperándolo. Su primer impulso después de superar la conmoción había sido besarla, no siendo capaz de volverla a soltar, resultando ambos en ese lío de extremidades mientras él disfrutaba de la suavidad de sus labios y la calidez de su boca en ese húmedo beso.

De alguna forma habían terminado sentados sobre el asiento con ella a horcajadas sobre él, sus manos soltando su cintura sólo para acomodarla mejor antes de volver a su lugar, estrechándole contra su cuerpo lo más cerca que podía. Su levita descansaba en el suelo del compartimento, su camisa arrugada por sus puños al agarrarla para atraerlo hacia ella.

Sintió sus pequeñas manos enredarse en su pelo y suspiró de satisfacción, había extrañado eso. Apretó las suyas en su cintura y chupó su labio inferior, mordisqueando con sus dientes; ella gimió en respuesta, inclinándose sobre él para tomar el control e introducir su lengua en su boca una vez más. En ese momento ya no le importaba que estuvieran besándose como un par de adolescentes hormonales. Hacía exactamente seis meses y siete días que no veía a su mujer, definitivamente tenía derecho a acapararla de esa manera. Dos golpes en la puerta los interrumpieron.

- Señor Snape, en cinco minutos llegamos. - Agradeció que la persona al otro lado simplemente se fuera y se sorprendió a sí mismo al darse cuenta de que casi protesta en voz alta cuando ella rompió el beso, separarse de sus labios le parecía casi un sacrilegio.

La imagen que lo recibió al abrir los ojos compensó la repentina frialdad que sintió al separase. Hermione lucía preciosa, sus ojos brillaban de felicidad junto a sus mejillas arreboladas, sus labios rojos e hinchados por los besos, dándole esa mirada de satisfacción y deseo que era capaz de hacerlo caer rendido a sus pies en cualquier momento. Estaba maquillada y lucía acalorada, su pecho subiendo y bajando al compás de su respiración tan acelerada como la suya.

- Hola. - Le saludó riendo un poco, divertida con el hecho de que ni siquiera habían hablado hasta ese momento. Él también quiso reír, pero la pequeña gota de sudor que resbaló por su cuello hasta deslizarse por su pecho en el centro de su escote lo distrajo. La diversión que sintió se esfumó y fue reemplazada por el deseo una vez más.

Sus manos subieron desde su cintura para enmarcar su rostro y se acercó a su cuello, oliendo su perfume favorito, uno que él le había obsequiado, antes de morder la piel suave y subir por su cuello dejando un rastro de besos hasta sus labios.

- Te quiero comer. - Susurró contra su boca y observó satisfecho sus ojos marrones oscurecerse de deseo. Ella le dió su sonrisa atrevida y burlona.

- ¿Se volvió usted vampiro en mi ausencia, director Snape? - Preguntó burlona y le pellizco los costados para hacerle cosquillas, haciéndola soltar una carcajada. Estaba exultante de alegría, y él también. La abrazó enterrando su rostro en su cuello.

- Le recuerdo, Sra. Snape, que los vampiros no se comen a sus presas. - Ella seguía riendo y él estaba simplemente disfrutando en tenerla en sus brazos - ¿Qué estás haciendo aquí? Pensé que tus estudios terminaban en una semana. - Ella volvió a juguetear con su cabello, ahora más corto de lo que solía llevarlo antaño.

- Quería darte una sorpresa. Hoy fue la graduación, ni siquiera fui, me arreglé pero después simplemente tomé mis cosas y vine, no quería pasar más tiempo sin verte. - Ella hizo un gesto hacia su vestido arrugado y después tomó su rostro para darle un casto beso en los labios.

En ese momento sintieron al tren detenerse y escucharon el estridente silbato. Su ceño se frunció al instante, ahora debería ayudar a bajar a todos los estudiantes, dar el discurso de bienvenida y esperar que termine la ceremonia del Sombrero Selecionador antes de poder estar con ella de nuevo a solas.

- Te estaré esperando en casa, no te preocupes. - Dijo para tranquilizarlo, dándole otro beso, esta vez más largo, antes de que la ayudara a ponerse de pie. Sólo cuando estaban uno frente al otro fue que notó sus tacones altos negros, que estilizaban sus piernas haciéndolas lucir más largas. Eso se sumó a la lista de cosas que no podría disfrutar hasta más tarde, lo que solo aumentó su frustración.

Le tomó una mano y le hizo dar una vuelta frente a él para poder apreciar su atuendo. El vestido llegaba hasta las rodillas, de mangas cortas, y el escote tenía arreglos de encaje, su peinado seguía intacto después de su intensa sesión de besuqueo, supuso que era un hechizo, y los zapatos completaban la imagen. Lucía sexy y elegante a la vez.

- Estás preciosa. - Envolvió uno de sus brazos en su cintura para abrazarla contra su costado y besó su frente, sintiéndose completo.

- Gracias, cariño. - Hermione le sonrió con dulzura antes de inclinarse a tomar su levita del suelo, la sacudió y le ayudó a ponérsela otra vez, sonriendo divertida a los interminables botones. Le dió un último beso y tomó su varita, haciendo un hechizo de aparición rápidamente.

De más está decir que estuvo de mal humor el resto de la noche, los estudiantes evitaban acercarsele a toda costa y los de primer año lucían asustados para cuando terminó su corto y austero discurso. No es que fuera precisamente accesible la mayor parte del tiempo, pero por lo general ya no era tan estricto y taciturno como en sus años de enseñanza. Minerva buscó conversación con él y sonrió divertida cuando entendió por fin su enfado.

La subdirectora rió divertida cuando el director fue el primero en ponerse de pie y retirarse del Gran Comedor en cuanto acabó la ceremonia de bienvenida, encargándose ella de dirigir a los prefectos a que llevaran a cabo sus tareas.

Severus se dirigió a su oficina y usó la Red Flu para aparecer en la chimenea su casa. Se tomó un momento para pasear su mirada por la sala mientras se quitaba la levita, sus ojos observando las fotos sobre la chimenea, una de los padres de Hermione junto a ella, una de su madre, y una de ellos dos juntos el día de su boda. Sonrió satisfecho cuando escuchó el sonido de la sartén al freír desde la cocina, era bueno estar en casa.

Se encontró con Hermione moviéndose con soltura por la cocina mientras preparaba algo de comer. Ella había sido muy mala cocinera al principio de su matrimonio, siendo la receptora de las burlas de Severus hasta que él mismo se había dedicado a enseñarle algunas recetas. Tenia puesta una de sus camisas y sus pantuflas de estar en casa, sus piernas descubiertas y con las mangas envueltas en los codos. De pronto quiso cargarla sobre su hombro y encerrarse en la habitación.

La abrazó por la espalda y recibió el beso que ella se inclinó de puntillas para darle.

- Alístate y baja, tendré la cena lista en un momento. - Asintió y se dirigió a su dormitorio, tomando una ducha rápida y poniéndose sus pantalones de pijama y pantuflas para volver a la cocina.

Se sentaron a cenar juntos y él escuchó atento su conversación mientras le contaba su experiencia en su maestría en Beauxbatons. Había estudiado para perfeccionar sus conocimientos en regulación de leyes mágicas, por lo que había estado seis meses lejos de casa. Siendo tan perfeccionista y exigente como era, había decidido no tomar vacaciones y evitaba todas las distracciones posibles, incluyéndolo a él. Se escribieron con frecuencia, por supuesto, a veces compartiendo cartas y mensajes varias veces al día, pero no se habían visto en todo ese tiempo.

Estaban sentados en el salón frente a la chimenea, ambos en el suelo arropados por una manta, la mano de Severus descansando en su muslo cuando ella lo miró con preocupación, cambiando su mirada contenta por primera vez desde su llegada.

- Las cosas estaban igual que las dejé al irme. ¿No has estado durmiendo aquí? - Su ceño fruncido le hizo saber que estaba disgustada. Besó su frente.

- No quería dormir aquí solo. Simplemente decidí quedarme en el castillo. - Se encogió de hombros, la casa sin Hermione simplemente no se la veía habitable siquiera, ella tenía que estar para ser un hogar.

Sus manos se envolvieron en su cuello y su boca cubrió la suya, besándolo intensamente. Severus la levantó para sentarla a horcajadas sobre él, ansioso por volver a sentirla por todas partes. Su beso escaló rápidamente de nivel y antes de darse cuenta la tenía tendida bajo él mientras luchaban por quitarse la ropa el uno al otro. No les dió tiempo llegar a la habitación.


Bueno, eso es todo amigos. Espero que les haya gustado.