Ésta historia es un yuri. Tendrá una segunda y quizás tercera parte, donde se irán incluyendo más personajes (también tendrán otros títulos).

La historia está escrita en conjunto con una amiga mía, en wattpad la podéis encontrar como agathazafiro533. A mi podéis encontrarme como Walia84.

POR TU FALDA ME COLÉ

(Madara Uchiha (fem) x Hashirama Senju (fem))

Tres, cuatro… Tal vez diez tragos se había tomado, y aún no podía dejar de perderse en sus pensamientos. El estrés en ese momento era el suficiente para sentir la bilis subir por su boca, sus manos se posaban sobre su rostro intentando descansar en ese momento, pero no podía, a su mente regresaban aquellas palabras que odio toda su vida.

Hashirama Senju, primogénita de su importante familia, poseedores de la más grande empresa farmacéutica. Siempre fue la hija buena, la que ayudaba a sus hermanos con la tarea, la que se quedaba hasta tarde tomando cursos extracurriculares, la chica prodigio buena en deportes, educada y agraciada, con un cuerpo que te llevaría al pecado resultado de años entrenando artes marciales; en definitiva la hija que todos deseaban pero que nunca fue lo suficiente para su padre que esperaba un varón. Años tardaron a tragarse esa decepción una vez que sus demás hermanos nacieron todos varones aunque no podían cargar totalmente con el nombre Senju. Ella entregó todo de sí para ser reconocida por su padre, pero éste jamás lo notaba, siempre eran sus hermanos. Esta circunstancia no la llevó a tener envidia, sólo creo un gran vínculo de sobreprotección hacia los menores, y la hacía esforzarse mucho más… Ellos debían vivir su propia vida.

Hashirama, conocida como la favorita (a pesar de no serlo), siempre sonreía ante todos sin perder ni un poco la gracia, por lo que todos querían ser su amiga, sólo para entrar en el círculo "adecuado" que les abririan las puertas a futuro. Cada día se sentía peor. Tan sola que su única confidente terminó siendo Mito Uzumaki, la hija de su nana, quién siempre la ayudó a escapar de esos pesares. Cierto es que ella parecía tener la vida perfecta con una familia que la amaba, amigos que la rodeaban, una vida llena de lujos y comodidades y aún así….

SE SENTÍA JODIDAMENTE SOLA

Apretando los labios suspiró nuevamente tomando de un solo trago aquella bebida. Hace poco había pedido un vaso de whisky seco que cayó como perlas, su garganta ardía ante el duro escozor que bajaba hasta su estómago dejando su mente por segundos en blanco. Estaba cerca a punto de la inconciencia en el que olvidaría hasta su nombre.

¿Por qué no se oponía y se iba de la casa? Sabía que fácilmente podría tomar una beca, trabajar en cualquier lugar y vivir con Mito. Mandar todo al carajo y ser finalmente libre, pero eso significa dejarle todo el peso a sus hermanos. Jamás se perdonaría hacerles algo así, eso sería demasiado egoísta de su parte y sólo los llevaría a alejarse totalmente entre ellos. No lo permitiría, mamá no lo hubiera aceptado.

Llamando con la mano al cantinero le pidió una botella completa de ron, por hoy se daría el lujo de mandar todo por el caño y ser igual que todos. A fin de cuentas había terminado en un bar "de esos" o como lo llamaba su padre "un lugar para marimachas pobres". Hum… Si supiera que su hija lo era… Una "desviada" de clóset. Estaba segura que si se lo dijera inmediatamente la casaría con uno de los hijos de sus socios para "enderezarla" ¡Ja! Cómo si un estúpido muchacho le hiciera cambiar todo en un abrir y cerrar de ojos.

Cinco, diez minutos… Tal vez una hora había pasado desde su entrada y el mareo comenzaba a atacarla. Volteando su mirada hacia todos lados le dio un vistazo al lugar, era simple pero divertido, un buen lugar para escapar. Lo que la llevaba a recordar el porqué de su encuentro en este sitio… De una tarde donde la mansión se llenó nuevamente de gritos de su padre y ella, hoy no era sólo por tonterías banales como sus acciones, ésta vez iba más allá. Empezando por sus "raros acercamientos" con la hija de su nana y segundo, que hizo explotar la pequeña burbuja de tensión, fue por su carrera. Sabía que al haber escogido algo no relacionado con heredar la empresa había decepcionado a su padre, pero era su pasión, su amor por salvar a las personas era más grande, pero él nunca lo había visto. Al principio habían hecho un trato para aceptar esa escuela mientras ella comenzaba a involucrarse en la empresa, algo fácil ante su carisma entre los inversores, tipos ancianos que se emocionaban por las atenciones de una muchachita… Unos cerdos la mayoría, pero debía hacerlo lo mejor posible.

Cada día la presión iba en aumento, hasta que estalló; por primera vez gritándole a su padre para luego salir huyendo del lugar. Ella no dejaría su carrera, ya estaba a nada de empezar la especialidad y trabajar, pero él parecía empeñarse en joder todo. A veces pensaba que la odiaba por ser el vivo reflejo de sus decisiones de adulto estúpido, pero ya todo daba igual.

Terminando esa última botella, sacó unos cuantos billetes que estaban escondidos en su falda para pagar e irse de una vez. Tal vez a un hotel de paso y pasar su cruda. Levantándose de su lugar, intentó pararse pero nuevamente esas estúpidas zapatillas le hicieron trampa al sentir como sus piernas temblaban levemente cuál cervatillo recién nacido, dejando que su peso le ganará y se volviera a sentar en aquella silla alta. Observó la vista de la pista de baile, los cuerpos se movían al son de cada melodía, algunos de manera sensual, otros solo por diversión y otros siendo influenciados por la emoción de la masa.

Sintiendo que su característica nube de depresión la invadió, agachó la cabeza, grave error al sentir como las náuseas la atacaban. Tapando la nariz por unos segundos, sintiéndose levemente alterada, levantó la cabeza para respirar nuevamente y ahí la vio… Sabía que no estaba bien hacerlo pero era inevitable, miraba escaneándola de arriba a abajo a la hermosa mujer, notando lo sexy que era. El conjunto era de por sí llamativo, enmarcado su ¿Trabajada figura? Pero por dios… ¿Cómo es que ese simple movimiento, que no era fingido como lo había visto alguna vez con la chicas de la facultad, la embelesaba? Conocía que ese tipo de sensualidad era innata. Sintiendo su mirada brillar hacia esa mujer espero que la notara o al menos que no viera lo mierda que estaba. Acomodando un poco su cabello y falda, se sentó mejor al ver cómo ésta de acercaba a la barra pidiendo un vodka con lima, muy suave de alcohol.

Una vez que la otra estuvo junto a ella pensó cómo llamar su atención. Era mucho más atractiva de cerca que en la entrada; su rostro era suave pero se miraba de facciones duras, de cabello alborotado y largo, adornando esos atrayentes ojos cuál pozo oscuro que con gusto se perdería para siempre en ellos, tal vez sería divertido perderse solo un momento con ella. Agradece estar ebria ya que si está era rechazada podría culpar al alcohol. Volteando su mirada le sonrió levemente.

– ¿Por qué tan cariño en un lugar como éste sola…? – Mierda eso no era. Tosiendo levemente avergonzada volvió a intentarlo.– Quiero decir… ¿Por qué tan sola está una mujer así de arrolladoramente sensual?

Ugh…. Genial ahora sólo parecía otra ebria acosadora, como las que hace un momento le habían sugerido algo más.

(…)

Llevaba unas semanas muy estresantes, el negocio iba muy bien, demasiado bien a decir verdad. Todos querían que ella les entrenara, ya fuera para poder cumplir sus metas en una competición, para adelgazar, para verse bien en verano o simplemente para ponerse fuertes y estar en forma.

Hacía ya unos pocos años que había heredado el gimnasio de su padre. Ella tenía 18 años, cumplidos hacía unos meses y, tomó la decisión de invertir casi la totalidad de la herencia que les quedaba, en reformar ese viejo lugar. Y aunque fue una apuesta arriesgada, ahora el centro contaba con una gran cartera de clientes y subiendo, y sólo habían pasado 5 años desde que heredó. Definitivamente el negocio les iba muy bien y cada vez más personas buscaban apuntarse a su centro.

Eso hacía que tanto su hermano como ella, tuvieran un buen "colchón" sobre el que vivir con comodidad y permitiéndose caprichos. El gym les daba para vivir de forma holgada con tantos clientes apuntados y tantos dispuesto a realizar clases personales dirigidas por ella. Pero… Eso también implicaba muchas horas dedicadas, muchas horas invertidas. Llegaba a casa agotada. Por suerte Izuna siempre le tenía la cena preparada y mientras cenaba se ocupaba en leer la ficha de los clientes y en preparar nuevos ejercicios según la necesidad de cada usuario.

Y esa parecía que iba a ser otra noche igual, otra noche donde se iría a dormir a las tantas para luego tener que madrugar para realizar su propio ejercicio diario e ir a abrir el centro… Pero Izuna le tenía otros planes. Se plantó delante suyo y le cerró y quitó las carpetas por la fuerza, se lo miró con el ceño fruncido.

–¡No estoy para juegos, Izu! Devuélveme los ficheros. ¡Ahora!–Le estiró la mano, mientras zapateaba impaciente.

–¡NO! Por hoy es suficiente… Mírate, hermana.– Ella se miró y no vio nada malo, le levantó una ceja– ¿Cuándo fue la última vez que saliste a divertirte? ¿Cuándo fue la última vez que te soltaste y ligaste? ¿Eh? Hace tanto que seguro te ha vuelto a crecer el himen.

Le miró ofendida y se cruzó de brazos, dispuesta a ponerlo en su lugar. Ella era Uchiha Madara y nadie le decía esas palabras y salía bien parado… Tenía suerte de ser su amado hermano, sino ya le habría golpeado. Pero el menor también se cuadró y la miró a la espera.

–No lo recuerdo… ¿Satisfecho?– Mientras bufaba hastiada.

–¡Pues de hoy no pasa!

–Mañana tengo que abrir el gym…

–Lo haré yo. Total no tienes que realizar ninguna clase personal en domingo.– Viendo que su hermana iba a volver a alegar– Y no quiero peros. Sube ahí arriba y vístete para arrasar.

Escondiendo la carpeta en un armario de la cocina, se puso a empujar a la pelinegra hacía las escaleras del dormitorio, que a trompicones empezó a subir siendo empujada por el otro. Y al llegar a su habitación, abrió el armario para agarrar algún conjunto. Su hermano se sentó en la cama, le miró sobre el hombro y bufó. Tendría que hacer eso si o si. De mala manera agarró unos pantalones cortos, una muda interior limpia y una camiseta negra y se fue al baño.

–¡Espera!– Su hermano se había levantado y rebuscaba en su armario. Menudas confianzas tenía ese retaco. – Este me gusta más, te ves más sexy.

Una camiseta roja, ajustada de tirantes con transparencias detrás es lo que le había dado su hermano. Iba a decirle que no, pero el menor puso esa cara de terquedad y suplica a la vez y no pudo negarse.

Veinte minutos más tarde salía por la puerta del baño, con esos pantalones cortos negros y esa camiseta ajustada y sexy. Su hermano le había preparado unos zapatos tipo botines de color negro. Izuna tenía buen gusto, se había de reconocer.

Ya en la puerta se despidió.

–Sino vuelves acompañada… ¡No vuelvas, Dara!

Mascullando improperios hacía el menor fue hacia el coche y se marchó a la zona más comercial de la ciudad. Vio un bar que tenía buena pinta y encima sitio cercano para aparcar.

'BESO EN LOS LABIOS'

Ese era el nombre del local, un bar de temática homosexual. Bueno, para ella eso no importaba, tanto le daban hombres como mujeres.

Entró y tenía buena pinta, limpio, buena música y ambiente agradable. Se dirigió a la barra y se sentó al lado de una morena de larga melena lacia y curvas de infarto.

– Ponme un vodka con lima– El camarero le sirvió el licor en un vaso largo con hielos y pagó.

Con el vaso ya en la mano se dedicó a observar a la atractiva morena de larga y lacia melena. Por su modelito no parecía de la zona, sino de barrio más rico. Una falda a medio muslo plisada y una blusa muy finita, pero recatada. Era una mujer muy hermosa y que enseguida había llamado su atención. Parecía que la chica, que tenía más o menos la misma edad que la azabache… Ya llevaba un par de tragos o más…

La miró fijamente al girarse hacia ella, no le gustaba andarse con rodeos, y le sonrió mientras le guiñaba un ojo y levantaba el vaso con licor que había pedido.

–A tu salud, muñequita.– Y es que eso era lo que parecía la chica, melena larga, bien cuidada, uñas perfectas… Bueno casi todas, ligero maquillaje, cuerpo voluptuoso, ropa elegante. Y se rió de forma descarada por el mal intento de piropearla de esa mujer morena. –¿Por qué no vuelves a intentarlo? Dicen que a la tercera va la vencida.

La vio quedarse callada, como si intentara ordenar su mente y sus ideas, que falta le hacía, y le levantó una ceja esperando divertida.

–¿Ahora dime, viene usted muy seguido por aquí? Sensual mujer que me hace caer en lares del pecado.– Ésta vez se sintió satisfecha, ni había enredado las palabras, ni se había confundido de orden… Nada. Una oración perfecta, y en su estado de embriaguez era de admirar. Le tendrían que dar un premio.

Madara no pudo evitar soltar una suave risa ladeada ante las atrevidas palabras de la morena, por fin dichas de forma correcta, antes de seguirle el juego. Era su tipo y encima algo deslenguada y atrevida. Le encantaba.
–Vengo de vez en cuando a ver si me encuentro a una belleza como tu... Y si tengo suerte me la puedo llevar a la cama. – A la azabache nunca la había gustado perder el tiempo–¿Está funcionando?– Mientras se acerca suavemente y le rozaba la pierna a la voluptuosa morena.

–Sabes bebé, normalmente diría que no…– Se sentía una triunfadora, la azabache estaba interesada.– Pero contigo estoy dispuesta a ser algo… Por así decirlo "caderas fáciles".

Menuda suerte había tenido, pensaba la azabache. Entrar, ir a la barra y encontrar esa muñequita que parecía dispuesta a aceptar sus avances, bueno la verdad esa morena es la que había realizado los primeros movimientos, pero eso era lo de menos... Y todo eso en menos de 5 minutos. Era su mejor récord.

–¿Y me vas a mostrar como de traviesas son tus caderas?– Mientras le sonreía algo juguetona, esa morena de ojos dulces sería suya, era totalmente su tipo.

Ahora se sentía algo inquieta, eso era más en serio de lo que creía. Asintió

– ¿Solo quieres comprobar eso de mis caderas?– Sonriendo con un deje nervioso.

¿La voluptuosa morena la estaba retando? ¿A ella? ¿A Uchiha Madara? Una sonrisa ladeada le curvó los labios
–¿Que más te gustaría que comprobara? –Acercándose al oído, y poniéndole algunas hebras de esa lacia melena detrás de la oreja.–¿Quizás quieres ver cuanto puedo hacer que te mojes?
–Me encantaría verlo– Suspirando suavemente mientras se recostaba en el pecho de la azabache.
Si la de lacia morena la daba permiso, ella no perdería el tiempo. Acarició ese muslo de piel bronceada introduciendo una mano dentro de esa falda, hasta llegar a la intimidad, frotándola por encima de la ropa interior.
–Y a mi sentirlo...

– Mmm... ¿Quieres solo tocar por encima o algo más ? –Mordiéndose el labio con suavidad, suspiro con deleite por esos roces por encima de su ropa interior.

–Esta claro que dentro de ya voy a meter mis dedos en tu raja... Sólo estaba tentándote– Le guiña un ojo a esa morena sensual. Y por el lateral de la braguita le cuela dos dedos empezando a acariciar esos labios inferiores, al verla tan deseosa de disfrutar de un buen momento.

Apretando las piernas por reflejo, ante los dedos de la azabache, dejó salir un suave gemido, atrapado entre sus manos la tela a su disposición.

– ¡Ahh!... Lo estás haciendo muy bien– Gimió ante esa mano pálida y tan atrevida que la tocaba en la barra de ese bar, en público.

–¡Sshht! No hagas ruido o nos descubrirán -Susurrándole en el oído mientras jugueteaba con su clítoris ésta vez, aprovechando para lamerle el lóbulo del oído.

Cerrando sus ojos apretó sus párpados, era injusto, ella era muy ruidosa en temas de sexo, respondía a los mínimos roces y esa azabache la tocaba tan bien.

Por lo que asintiendo con su cabeza, llevo su otra mano hasta sus labios cubriéndolos, sus piernas temblaban y estaba segura que posiblemente caería una vez que llegase al orgasmo sino fuera por estar sentada en ese taburete.

Disfrutó de esa imagen que le ofrecía, la sensual morena era tan sensible a las caricias y los toques.

–Si quieres me apiado de ti y vamos a un lugar más... Íntimo– Esperaba que aceptara, se podrían divertir tanto. Podría hacerla llegar al cielo tantas veces…

No había respuesta, estaba demasiada entretenida con el movimiento entre sus piernas por lo que asintiendo con su cabeza suspiro, sintiendo nuevamente otro espasmo en su espalda.

Sonrió victoriosa ante la aceptación de la morena.

–Tu guías gatita– Sacó los dedos de su entrada, la besó y se levantó.

Suspirando de alivio al verse libre del asalto de esos dedos aventureros, respiro de manera profunda. Tomando su mano para caminar de manera levemente graciosa hacia el baño, no era lo mismo pero era lo más cercano.

Le levantó una ceja al ver el rumbo que la hacía tomar la morena.

–Eso podría haberlo hecho yo misma, muñequita. Yo quería algo aún más personal... Pero vale. Te haré gritar en el baño.

Bastante confundía por las palabras de la azabache la miró.

– ¿E- espera en el baño? Hum... Bueno tendré que dejarte marcas con mis manos, pero no te daré el gusto tan fácilmente.– Sonrió de manera coqueta.

Le sonrió de vuelta, ¿Eso era un reto? ¿La exuberante morenita la estaba retando?
Agarró su muñeca y caminó decidida hasta el baño, entrando empujando la puerta con fuerza y llevando rápidamente a la otra detrás. Buscó un cubículo libre y la empujó dentro. Cerró acorralándola.

–¿Así que no me vas a dejar?– Presionó con su cuerpo el más voluptuoso, aplastando entre sus torsos el gran pecho de la otra mujer.

Gimiendo ante la manera ruda de ser tratada se dejó mover al gusto de la contraria.

– No lo sé... ¿Puedes? –Frotando su cuerpo busco más cercanía, dejando un pequeño beso travieso cercano a la comisura de sus labios.

Dejó que la morena la besara y, cuando terminó ese besito inocente, la giró contra la puerta. Dejándola de cara a la pared. Le demostraría con quien trataba esa muñequita.

Dejando salir un pequeño sonido de sorpresa, sobrepuso sus manos sobre la pared, apoya totalmente su rostro sobre la puerta.

Bajó las manos por su espalda y le agarró el culo apretándoselo con fuerza, para luego levantarle la falda, enrollarla sobre ella misma y aguantarla con la cinturilla de la misma prenda.

–¿Te gustan tus braguitas?... Espero que no mucho –Le dijo tirando y rompiéndolas, sin esperar su respuesta.

– Pues si me gustan pero... ¡Oye!– Alzó la voz con algo de vergüenza llevando una de sus manos hasta falda cubriéndose lo máximo posible, sin embargo no lo pudo lograr ya que ciertas manos traviesas comenzaron a frotarla de nuevo.

Sonriendo cínicamente por su travesura de romperle la ropa interior y, sobretodo por como intentaba cubrirse en vano. Llevó sus manos por delante y empezó a frotarle con insistencia el clítoris, mientras se presionaba contra su espalda para inmovilizarla.

– Mmm... Joder ¡Ahhh!...– Cerrando sus ojos, recargó su frente de nuevo sobre la puerta.

Parecía que el placer había vencido la vergüenza, se sentía orgullosa por lo que le estaba causando a la morena.

–¿Decías algo, querida?– Empezó a morderle el cuello buscando marcar esa piel bronceada, deseaba marcar esa piel impoluta. Mientras sus manos se perdían entre esos lubricados y carnosos pliegues para humedecer sus dedos y luego volvió a torturar su clítoris, frotándolo y girándolo entre sus dedos en pinza.

Apretando los ojos suspiro en repetidas ocasiones, su pecho se oprimía contra la pared buscando sostenerse de algo inexistente, frotando sus piernas con excitación.

– Es... Tan delicioso… –Gimió con ganas al sentir aquella corriente de placer entre sus piernas, lo sentía, la sensibilidad se hacía más y más presente, acompañado de aquellas pequeñas formas de luz al cerrar lo ojos.

Como disfrutaba de esos gemidos y ese delicioso cuerpo tensándose y, a la vez, derritiéndose entre su cuerpo y esa puerta, siguió moviendo sus dedos de forma rápida, deseando escuchar más.

– E-espera... Me voy a ve-venir si sigues... Así ¡Ahhhh!– Gimió con ganas al sentir las primeras oleadas del delicioso y caliente líquido comenzar a bajar por sus piernas. Se cubrió los labios, recordando el lugar donde estaban, sintiéndose algo avergonzada por sus casi gritos.

–Así es, grítalo... ¡Dámelo todo! -Sus dedos quedaron mojados por ese caliente líquido que la otra derramaba. Sus oídos disfrutando de esa sinfonía de gemidos muy altos. Le gustaba que fuera tan expresiva con su placer. –No te cubras... Quiero que te escuchen– Se acercó a su oído a susurrarle maliciosa – ¿Qué pensaran en el bar ante tus gritos? – Rió divertida por su vergüenza –Eres realmente escandalosa, muñequita. Pero si ibas a sentir tanta vergüenza no haberme atraído hasta el baño…

Se destapó la boca, sintiendo su orgasmo plenamente para luego sonreír de manera divertida y un toque de inocencia.

– Bueno, en mi defensa no pensé que me hicieras sentir así de bien. – Guiñando su ojo con un toque de travesura añadió.–Pensarán que me estoy divirtiendo y qué quién me llevo está haciendo maravillas en mi cuerpo. –Intentando recuperar nuevamente el aire que escapó de sus pulmones volteó a mirarla sonriendo con complicidad.

–¿Te crees que esto termina aquí? – Le miró con su oscura mirada encendida en lujuria.

– Te mataría si esto se quedará solo así.–Vio esa sonrisita dirigida a su persona y fue a besar esos labios, regalándole un mordisco final en su labio inferior.

–¿Tu y cuantos más, muñequita? –Le devolvió el beso de manera profunda y frotó de nuevo su clítoris, le mordió el cuello al separarse del beso. –Prepárate que voy de nuevo... A ver cuantos resistes antes de que nos echen del lugar.

Estaba a punto de agachar la mirada nuevamente, pero aquellos labios se sintieron tan suaves al igual que intoxicantes, que la hicieron corresponder al beso. Suspirando y sintiendo nuevamente las ganas de gemir de gusto, un gemido que pudo sacar al sentir aquella mordida deliciosa quería rogar por más pero de nuevo aquella deliciosa fricción se hizo presente haciéndola gemir de manera alta de nuevo.

– S-solo... Mmm... Conmigo ahh... Basta es... Eso ahhh mierda... –Mordió su labio con fuerza intentando controlar su voz, aún quería tener diversión de ese lugar.

¿Acaso dudaba de su pericia? Le demostraría a esa morena de lo que era capaz.

Dejó de masturbarla sólo unos segundos, para agarrar los bordes de esa diáfana blusa y rasgarla por la espalda.

Luego acariciando sus costillas avanzó hacia la parte delantera apretándole esos turgentes senos. Eran más grandes que los suyos, le levantó el sujetador por encima y le apretó esos pezones tiesos.

-No te muerdas el labio... Quiero ir tus gloriosos gemidos– Mientras se apretaba en su contra y le besaba los hombros.

Abriendo los ojos con sorpresa escucho el característico sonido de ropa rompiéndose. ¿Es que acaso no le había bastado con las bragas? Eran sus favoritas. Y ahora, con la única ropa con la que saldría al público, suspirando con algo de malestar estaba a punto de pelearle, pero nuevamente una descarga eléctrica que le avisaba un nuevo orgasmo la hizo voltear el rostro hacia la pared mordiendo su propio brazo.

– Ugh... Mierda a-ahora tend... Tendré que mmm... Salir desnuda... Ahhhhh... Po-por tu culpa.– No, esta vez no le daría el gusto de escucharla gemir, tendría que retener sus gemidos. Algo bobo sabiendo que nuevamente jugaba con ella, llevando su cordura hasta sus límites.

Delicioso, rudo, demandante… Y así como lo pensó no lo logro, separándose unos centímetros de su mano gimió con ganas cuando sus pechos eran apresados. La excitación anterior los había hecho demasiado sensibles, quería llorar por la frustración de sentirse tan caliente en ese segundo.

Siguió jugando con esos voluminosos pechos algo más, esos pezones que se erguían pidiendo que los siguiera atormentando.

–Sabia que no podrías retenerlos... –Le besó en la mejilla con diversión, su juguete era tan divertido –Por cierto, me llamo Madara, para que puedas gritarlo ¿Tu nombre es…? Ya que te hago mojar que menos de conocer a quien.

"Madara…" Ese nombre simplemente era delicioso, y gemirlo era mucho más gratificante. Suspirando nuevamente apretó sus puños intentando modular su voz, no sonaba tan mal decirle su nombre pero era ¿Confiable? Que más daba, al menos podía decirle su nombre, posiblemente no volverían a verse.

– M-mi nom... Mmm... Nombre es... Hashirama... ¡Ahh, Mady! – Ronroneo con gusto aquel nombre. Por dios era más caliente decirlo.

Reviró los ojos ante el diminutivo que le estaba diciendo la morena. No se lo iba a reconocer, pero ese apelativo le gustó, así como también le gustó el nombre de su amante nocturna. "Hashirama". Si, definitivamente era un bonito nombre.

Dejó de presionarle los pezones para bajar por su plano vientre hasta volver a acariciar esa raja bien mojada.

Ensimismada en aquel placer causado por esa sexy pelinegra, tembló ante esas expertas manos, el contacto le dejaba un pequeño camino tibio que la hacía sentir reconfortada, una extraña combinación.

–Voy a enterrar mi lengua en ti. –Le advirtió en el oído a la morena, antes de bajar mordiendo y lamiendo su espalda.

De forma juguetona también enterró la cara entre sus nalgas dándole una ligera probada a ese ano.

–¡Madara!– Gritó con sorpresa al sentir la cálida lengua en su entrada, agradecía que la música afuera del lugar estuviera demasiado alta, temblando una vez más sintió la humedad en su ano, jamás había tocado esa parte... Si que se había perdido de ese gran mundo.

Su corazón latió con fuerza al oír como sonaba su nombre completo gemido por la boca escandalosa de la otra joven. Quería escucharla gemir, quería que gritara su nombre hasta quedarse afónica... Así que continuó su recorrido obligándola a llevar la cadera más hacía atrás, más curvada. Lamió esos lubricados pliegues sorbiendo su néctar.

Solo una cuantas probadas fueron suficientes para venirse nuevamente en un gran gemido que resonó por el lugar

Usó su boca para recoger todos los fluidos que liberaba esa fémina. Y llevó dos dedos a introducirse todo lo profundamente que podía en esa vagina, empezando a masturbarla con ferocidad, sintiendo el estremecimiento del orgasmo que Hashirama estaba sufriendo.

Mierda ella también estaba muy cachonda y muy caliente de oír los gritos de placer de la otra y sentir sus orgasmos. Llevó su mano libre hacia sus pantalones, metiéndola dentro el tejido para frotar su propio clítoris.

El calor en el cubículo se hacía cada vez más intenso, su piel comenzaba a perlarse de pequeñas gotas de sudor, la vulnerabilidad era presente al sentir su ropa rasgada y piernas temblorosas, ya no existía rastros de lo que en principio fue en busca de diversión, nunca se imaginó que terminaría en ese baño del bar con una azabache proporcionándole placer.

Su pezones se marcaban ante la falta de sujetador, acompañados de aquellos gemidos que salían de sus labios ante cada suave probada que limpiaba los rastros de lo que llamaría su mejor orgasmo.

El movimiento de los dedos contrarios la llamaban a pedir más, moviendo sus caderas en busca de más profundidad, separó sus glúteos para dar mayor acceso.

Agradeció que colaborara abriéndose las nalgas, le facilitaba la tarea. Separó un momento su boca de la vagina de la otra.

–Vamos a otro sitio, Hashirama. Déjame llevarte a mi casa... –Allí podrían jugar mejor, sin riesgo a ser interrumpidas en cualquier momento.

Por un momento estuvo tentada a irse con ella pero… ¿Que pasaba si quería robarle algún órgano, o tal vez secuestrarla? Intentando calmar su respiración observo desde arriba a la pelinegra, que aun permanecía arrodillada, y con un deje de curiosidad e inocencia pregunto.

– M-Madara... ¿Me prometes que no me robarás un riñón, por favor?

Y ahora la miraba con una mueca extraña en su rostro, sin saber como tomarse esas palabras… No parecía estar bromeando al soltarle esa pregunta.

–¿Lo dices en serio, tonta? ¿Para que querría tu estúpido riñón? –Le clavó sus dedos con mayor velocidad en esa lubricada vagina y usó su pulgar para frotar el clítoris en círculos.

– No lo sé... Perdón no te conozco y yo... No te conozco– Volvió a pronunciar con algo de vergüenza. Pensaba que tras decir eso la dejaría sola y empapada, un problema sabiendo que estaría medio desnuda.

Sin embargo un nuevo movimiento en su interior la hizo gemir nuevamente, se sentía tan bien que esta vez de seguro caería de rodillas. La pared en la que se sostenía poco a poco se hacía más y más resbalosa, estaba a punto de llegar un nuevo y ansiado orgasmo, un poco más y... Todo movimiento se detuvo, sintiéndose levemente adolorida, excitada y cansada recargo su frente en la pared. Encogiéndose en su lugar se sintió cohibida.

Había detenido el movimiento, algo divertida por lo que le había causado a la morena y se levantó, llevó los dedos a su boca saboreando la esencia de esa muñequita. Y la apartó de la puerta.

–Anda vamos ya. No pienso esperarte mucho rato o me sigues o te quedas...–Se detuvo un segundo y la miró con un dedo señalándola–Y no camines detrás mío, no me gusta que se me pongan a la espalda.

Sonrojándose suavemente asintió con la cabeza a las palabras de esa sensual azabache.

–Está bien... Iré. Sólo déjame bajar la falda. Eres una salvaje, mira que dejarme sin ropa interior, cualquiera podría meterme mano mientras salimos.–Gruño con molestia observando su panti favoritas, dándose la vuelta acomodó lo mejor que pudo su ropa, comenzando a caminar junto a la pelinegra mientras una mano cubría su pecho, la otra acomodaba su largo cabello.

-No te he escuchado quejarte de mi trato... ¿O me vas a decir que no has gemido satisfecha? Dime, Hashirama.. ¿Cuantos orgasmos te ha causado esta salvaje?– Esperó para que caminara a su lado. Y al salir al bar, le puso su chaqueta sobre los hombros.

Volteando hacia otro lado sonrojada, infló sus mejillas con algo de vergüenza observando hacia ambos lados por si alguien las había escuchado, ¿Acaso esa mujer no conocía el pudor?

–Pudiste hacerlas a un lado, era mis braguitas favoritas. –Una vez que estuvieron fuera, tembló ante la sensación de frío. Había olvidado su suéter en casa y en aquel estado, con las piernas levemente mojadas, sólo la hacia temblar más. Posiblemente el viaje sería incómodo de no ser por aquella chaqueta con el agradable aroma a la mujer a su lado, sonriendo en agradecimiento la acomodó mejor en sus hombros. –Gracias Madara.

– Ya te compraré unas si tanto te afecta, llorica.–Se burló mientras sonreía de lado y negaba. Que dramática era esa morena.

– ¡No me llames marica Mady! Si tú también lo eres, porque lo que me hiciste en el baño no fue muy heterosexual que digamos.

Frunció las cejas y la miró ofendida, ¿Lo decía en serio esa morena?

-He dicho llorica, no marica. Es evidente que si fuera totalmente hetero no te hubiera comido el coño... Ni lo habría disfrutado tanto al hacerlo.- Y conociendo ya un poco a su amante, pues era bastante transparente en sus emociones -Aun tengo tu sabor en mi boca. -Y le guiñó un ojo pues sabía que así la avergonzaría.

Sonrió con un ligero toque de burla, cada momento con esa pelinegra era divertido lo que la llevaba a sentirse feliz, sobre todo porque con ella no tenía que fingir ser la hija perfecta, la hermana respetable ni la joven prodigio. Allí sólo era... Hashirama la chica del bar gay al que entró y por curiosidad encontró a una sexy chica salvaje. Tomando del brazo a la pelinegra, no sabía si era lo mejor pero ella dijo que no le gustaba que fuera detrás.

Su casa no estaba precisamente cerca, pero tenía el coche aparcado cerca de allí. La morena caminaba agarrada a su brazo y hizo una pequeña mueca, mientras un leve sonrojo se posaba en sus mejillas. Apartó la mirada e hizo ver que eso no iba con ella, pero que lo toleraba. Aunque en el fondo era un gesto que encontró adorable.

Volviendo a observarla notó la incomodidad de la otra al ser tomada del brazo, tal vez eso sí la incomodaba, estaba a punto de soltarla de no ser por su voz.

–Sube. –Ordenó–Y no, no quiero tus jodidos órganos... Ni ninguna otra cosa rara que pase por tu mente. Sólo quiero darte y recibir placer.

– Lo siento, no quería ofenderte. – Asintió con la cabeza, entrando al automóvil, observo todo los detalles era bastante lindo y cómodo, casi como el de su hermano Tobirama.

–No me has ofendido, más bien me he podido reír un poco de alguien.–Entró y encendió el motor.

Acomodándose en su lugar, reviso por la ventana con curiosidad. Al fin conocería aquel lado de la ciudad, con un ligero despliegue de emoción movió sus pies en un gesto infantil de regocijo. Y seguiría así de no ser por el mensaje de su hermano que se mostraba bastante preocupado; no quería decir más pero al menos solo le diría que estaba con su amiga Mito, ella la taparía ante todos.

Condujo en silencio, viendo como miraba por la ventana como un niño mirando los regalos de Navidad. Esa mirada de ojos marrones, observaba todo con ojos grandes y llenos de inocencia. Sonrió con suavidad, realmente parecía una dulce gacela a la que se fuera a merendar. Sintió el sonido de un teléfono y como lo miraba, pero como no dijo nada continuo hasta su hogar.

Volteando de manera disimulada a la pelinegra sonrió con un ligero sonrojo, sin embargo éste despareció al poder ver todo el lugar. Las calles eran maravillosas, llenas de luces y locales, personas saliendo y entrando, el bullicio a su alrededor era encantador, lo amaba. Apretando la tela entre sus manos evitó dejar salir uno de esos raros sonidos que a su hermano menor le hacían reír.

No quería que terminara el recorrido, sin embargo éste se detuvo frente a una casa, no era tan grande como su casa, era mediana pero se sentía el aroma a hogar.

Aparcó en la puerta de su jardín y bajó.

–Vamos. –La esperó en la entrada de la verja – No te preocupes por mi hermano, no nos molestará para nada.

Saliendo del coche la acompaño sintiéndose curiosa por el jardín, tocando de improviso una de las flores cercanas, llevándola hasta su nariz para oler. Todo era encantador en esa casa. Una vez entraron observo nuevamente su alrededor. Lo amaba.

Izuna seguramente estaría aun viendo una película. Entró y le saludó.

–Izu, sube el volumen de la televisión. Hashirama es... Muy expresiva.–Sonrió al describirlo de tal forma y luego miró a la morena –Él es Izuna, mi hermanito.

– Mucho gusto soy Hashirama espero no incomodarte y…– Entonces reparó en lo dicho por la dueña de la casa y se giró hacía donde estaba con los brazos en las caderas– ¡Ugh! Madara no digas eso, aún es un pequeño– Renegó con molestia al escuchar lo que decía. Esa pelinegra era tan cínica sobre todo con el chiquillo frente a ella, posiblemente solo fuera unos años menor que su hermano Tobirama, por lo que sin dudar se acerca hasta el quisquillo besando su frente con cariño, le sonrió.

Negando divertida por la "reprimenda" de la muñequita morena, siguió avanzando, sin mirar hacia ninguno de los dos de nuevo, hasta llegar a las escaleras que iban a la segunda planta, segura que la otra iría con ella. Se detuvo a esperarla con los brazos cruzados sobre el pecho... Observando la interacción con su hermano Izuna. Eso iba a ser divertido.

– Perdona si te incomodo, no me gustaría hacerte sentir mal, emmm... Te ofrecería dulces pero no tengo en mi bolso, lo siento– El niño era un eterno encanto, alejándose del lugar no sin antes dejar una cariñosa caricia sobre el menor siguió a la pelinegra.

-Dara... Tu amiguita es muy rara. Cada vez te las buscas más extravagantes -Soltó su hermano burlón y algo rojo por el beso de esa desconocida en su frente.

Rió fuertemente por las palabras de su hermano. Efectivamente había sido divertido y más al ver la cara de Hashirama ante esas palabras.

A pesar de aquella respuesta, que la asombró, no podía evitar pensar que el niño era una dulzura. Era igual de sarcástico que su hermana pero más expresivo, de seguro acabarían llevándose bien por lo que sin dudarlo le regaló una gran sonrisa amistosa.

– ¡Jajaja! Lo siento, a veces mi propio hermano dice que soy muy confiada con los extraños tal vez tú y él se lleven muy bien, creo que tienen la misma edad. –Tal vez cuando terminara esto le pediría a Izuna sus datos y con ello podría darle más amigos a su hermano, ya que era bastante solitario y Kagami le agradaba pero no siempre le gustaba las ideas que le daba a su hermano, demasiado ego le dañaría.

–Tranquila, le agradas. Y no es tan menor como crees. Sólo nos llevamos tres años.-Su hermano menor era muy atractivo y todos le metían menos años de los que realmente tenía por esa suavidad en sus facciones y por su físico. Adoraba a su hermano y agradecía que Hashirama se hubiera comportado tan dulce con él.

Llegando ya a su habitación le agarró la mano y la hizo entrar para cerrar detrás suyo.
La miró fijamente y le acarició la mejilla antes de unir sus bocas de forma profunda, sometiendo esa boca... Tal como le gustaba.

Le agarró los cachetes del culo mientras caminaba hacía atrás y se sentaba en la cama con la otra encima de su regazo. Siguieron besándose en profundidad, mezclando sus salivas, sus lenguas peleando en esa sensual lucha.

Los besos y las caricias iban y venían. La timidez se había ido hace un rato en aquel baño del bar, por lo que pasando sus manos por detrás del cuello de la pelinegra acercó todo lo que pudo sus cuerpos, moviéndose hasta caer en la cama, quedando ella sobre la contraria. Besando y suspirando ante cada roce, gimiendo ante las caricias rudas sobre su trasero que no eran escuchados debidos al profundo beso.

–¿Estas preparada para este baile?– Le preguntó a la voluptuosa morena.

Separándose solo unos segundos, del apasionado beso que le daba Madara, escuchó lo dicho con el rostro sonrojado, la saliva escurriendo y la entrepierna mojada, sonrió de manera lujuriosa y pícara.

– Encantada de bailar con el diablo– Desde ahora nunca vería igual la palabra baile en su vida.

CONTINUARÁ...

Dentro de poco, colgaré la segunda parte.