...CON TU RESPLANDOR ROJO
Sonrió satisfecho observando a todos ahí sometidos y calmados, dormidos sin estarlo realmente. Si, todo había salido a la perfección. Obito había cumplido su parte y luego le pasó el testigo y él se ocupó del resto.
Miró al moreno de larga melena lacia... Por fin era suyo. Se relamió gustoso, estarían juntos para toda la eternidad. Esperar tantos años había válido la pena, morir había válido la pena, resucitar había válido la pena pues ahí estaba, ahí lo tenía... Bueno a él y a todos. Rió con fuerza, complacido. En unos instantes se uniría con los demás, con ellos; pero antes aún tenía que ocuparse de algo... O alguien.
Saltó de la loma, dispuesto a cumplir con su última venganza... Nadie lo sabría y ese no merecía su bondad, ni formar parte de su sueño.
–¡Madaraaaaa! ¡Te vamos a detener! Cueste lo que cueste. Esto que haces... Tantas vidas...–Un rubio sin brazos apareció ante sus ojos. Seguido de un viejo que siempre le había parecido ridículo. Ya de joven era un decrépito inútil.
–¿Vosotros? Vosotros estáis muertos... Y como tal volveréis al lugar que os corresponde. –¿Qué se creían esos dos Edo tenseis? –Ahora ya nadie puede detenerme. Quien podía hacerlo, el único que hubiera sido capaz, esta en mis manos ahora.
Dijo mientras agarró unos mechones del largo pelo del Senju y se los llevó a la nariz, aspirando. Le gustaba ese olor del usuario del mokuton. Era delicioso.
¿Cómo habían llegado a esa situación?
Todo había sido un caos al llegar al frente después de que Orochimaru les hubiera "invocado" o resucitado.
Por lo que podían percibir, la pelea había sido cruenta... Los dos Uchiha habían causado estragos... Tenían una especie de bestia gigantesca, una masa inmensa de chakra gracias al poder de los bijuus encerrados en su interior y, según parecía ahora intentaba hacerse con el poder del Hachibi y del Kyubi.
Al llegar ellos, pudieron comprobar como de acabado estaba el ejército aliado, sangre bañando la tierra por doquier y muertos apilados a cientos, empalados en gruesas ramas, decapitados, desmembrados... Una auténtica carnicería.
Un grito dasgarrador estremeció el aire... El jinchuriki del Hachibi había caído y su bestia estaba siendo extraída y absorbida al interior de ese ser humanoide que abrió otro nuevo ojo al hacerse con el poder del ocho colas.
Minato vio que su hijo gritó y como se lanzó al ataque... El enmascarado peleó con él con fuerza, mientras Uchiha Madara saltó y se plantó ante ellos.
–¡Hashirama! Me has hecho esperar demasiado. ¡Vamos a bailar!– La sonrisa de desquiciada felicidad plasmada en el rostro del poderoso Uchiha.
La pelea entre el fuerte azabache y ambos Senju, pues Tobirama se lanzó en ayuda de su hermano, empezó.
Mientras Hiruzen y él mismo, junto al joven Sasuke, se vieron retenidos por masas amorfas blancas, cientos de ellas que la tierra parecía haber erupcionado. Según percibieron al observar a su alrededor no era la primera vez que eso sucedía... Los pocos ninjas agotados, vencido su espíritu y al limite de sus fuerzas, se unieron a la refriega como mejor podían, estaban exhaustos. Esas masas blancas se convertían en árboles cuando las golpeabas, aunque también eran capaces de absorber chakra de sus rivales y mimetizar en ellos, por suerte descubrí que con el modo sabio podía descubrir quien era el shinobi original y cual la masa blanca transformada.
Pero un grito me distrajo, y luego un desgarrador lamento de mujer. Mi hijo había caído al suelo mientras las cadenas de chakra que venían de Gedo Mazo se llevaban al zorro encerrado en mi vástago.
–Naruto...– Me trasladé al lado de la mujer de pelo rosado que intentaba mantener las constantes de mi hijo.
Un gorgoteo de pájaros gritando paso por nuestro lado, esa técnica... ¡Kakashi!. Eso nos daría tiempo para poder salvar a Naruto.
Sasuke miró a mi hijo con preocupación plasmada en el rostro antes de lanzarse a por la gran criatura. "Me ocuparé de esa cosa" les había dicho. Le asentí.
–Tengo la otra mitad de Kurama en mi interior, se la traspasaré a Naruto. Necesito tu ayuda... Eh...
–Sakura– Mientras continuaba con las maniobras de reanimación y también miraba al joven azabache, preocupada por ambos.
–Madara– Fue el aviso del hombre de la máscara, antes de desaparecer junto a Kakashi en un torbellino que les absorbía.
No se cuantos segundos pasaron, o quizás fueron largos minutos. Pero cuando ya estábamos a medio traspasar del zorro de mi interior al de Naruto, una lanza de chakra me atravesó antes de que uno de mis brazos fuera seccionado. Con horror vi como la joven kunoichi era arrojada lejos por una fuerza invisible, el enmascarado había vuelto.
–¿Dónde esta Kakashi?
–No te preocupes por Kakashi y preocúpate por tu hijo... Minato sensei.
Las cadenas desde Gedo Mazo envolvieron a Naruto atando el chakra del Kyubi y absorbiéndolo también junto a la otra mitad. Miré con horror como el Uchiha estaba en el suelo, antes de volver a mirar estupefacto a mi pequeño.
–Ese joven Uchiha fue imprudente y estúpido... Intentar enfrentar solo, el poder de Gedo Mazo con el chakra de todos los bijuus.– Se burló una voz ronca, pero en ese momento no caí que Madara estaba a mi derecha.
–NARUTOOOO– El cuerpo de mi hijo cayó al suelo en un golpe sordo. Intenté lanzarme, pero Madara cortó mi otro brazo para luego golpearme con su gunbai, partiendo mi cuerpo en dos.
–Konoha me quitó todo lo que me importaba, ahora toca devolver el golpe y cambiar esto...– El hombre enmascarado se quitó la máscara y me miró antes de mirar a Madara.
–Obito... –Musité– ¿Por qué haces esto? Tu no eras así...
–Vosotros me volvisteis así. Pero tranquilo maestro, todo se arreglara. Hasta tu hijo podrá tener una gran vida si nos damos prisa... Creo que aun respira. –Sonrió con cinismo.– Ahora comprendéis el dolor y lo necesario de un cambio, el cambio que realizaremos nosotros... Rendíos ya y vuestra vida será mejor– Dijo esto en alto para que los que quedaran vivos del ejército aliado lo oyeran.
Madara sonríe con orgullo a su lado. ¿Dónde están Hashirama y Tobirama? Los ha conseguido sellar de alguna forma y parecen tener dificultades para liberarse.
–Obito... Es la hora. Es ahora o nunca.– El asentimiento del otro y los sellos que realiza, sellos que no conoce pero que sabe que no serán nada bueno... Y él aun no puede moverse, sólo observar.
–Resurrección celestial.
Madara había vuelto a la vida, joven, fuerte, lleno de vida... Sólo faltaban sus ojos. Obito le pasó un frasco donde un ojo flotaba en el líquido. El azabache de larga melena se lo implantó.
–Necesito el otro, Obito.– Su ex alumno asintió antes de llevar dos dedos a su propia cuenca donde mostraba el Rinnengan y extraérselo.
–Yo ya no lo necesito... Y siempre fue tuyo.
–Pero necesitarás tus dos ojos para nuestro plan, Obito.
Un remolino apareció y con él un herido peligris.
–Lo tengo controlado, Madara. ¿Qué harás tu, mientras?
Pero su venerable antepasado no le había respondido, en cambió lo dejó allí mientras se dirigía a los dos Senjus atrapados.
–Resurrección celestial–Mientras sonreía hacía el moreno y el albino.–Bienvenidos a la vida...De nuevo. Te va a gustar estar vivo otra vez, Hashirama.
–¡NOOO!–Minato se levantó con dificultad al no tener brazos. Pero no pudo evitar lo que sucedió a continuación. ¿Todo estaba perdido? No, aun quedaba él. Tenía que pelear, pero una fuerza expulsora lo envió metros lejos de todo. Ese poder venía de Uchiha Madara.
Obito le había quitado el sharingan a Kakashi y se lo había vuelto a implantar en su propia cuenca. El pobre Hatake, herido no había podido hacer nada para evitarlo, excepto gemir de dolor.
–Tranquilo, Kakashi... Nos veremos pronto.–Le había sonreído mientras le clavaba una barra de forma lenta en el pecho, eso lo mantendría quieto y así no le causaría problemas.–Estoy listo– Aviso al otro.
–-
¿Qué significaba eso?
Notaban el aire en el rostro, el latir de sus corazón y como sus pulmones se llenaban con el preciado oxígeno.
Hashirama miró a su hermano sin creerlo. Ese justu no lo había visto en la vida. Se tocó las mejillas notando el calor en sus yemas y luego el corazón... Latiendo con fuerza. Tobirama estaba igual de estupefacto que él.
–¿Qué narices has hecho maldito Uchiha? Esto es ir contra natura. Los muertos debemos quedarnos muertos... Nuestro tiempo y nuestro momento quedó atrás.
Preparó una de sus técnicas acuáticas.
–Ridículo... Como siempre, maldita rata albina–Levantó sus palmas –Empuje celestial.
Y no sólo salieron expelidos los hermanos Senju, sino todos los ninjas que estaban a su alrededor de tan potente que fue la técnica empleada. Hashirama siendo rápido había hecho crecer unas raíces que los frenaron a él y su hermano, tenían que detener todo eso.
–No lo siento- Soltó Tobirama concentrándose. Pero hasta que no se aposentó la tierra levantada no vieron nada.
Madara ya no estaba allí, sino al lado del otro Uchiha uniéndose a esa criatura humanoide. Según parecía el otro había avisado que todo estaba dispuesto.
–Están preparando algo muy gordo, el chakra acumulado es inmenso... Nunca había sentido nada parecido. –Era asombroso, y algo de temer.
–Corre... Debemos detenerlos.
Pero unas raíces los envolvieron junto al resto de supervivientes en esa guerra.
Intentaron liberarse rápido, pero esas raíces o lo que fueran realmente, eran fuertes.
Y ya con todo el poder de los 9 bijuus en Gedo Mazo fue que las raíces aparecieron sosteniendo a los shinobis de la alianza que quedaran vivos a la vez que ambos Uchiha realizaban los sellos de forma coordinada y rápida. Era una potente técnica ilusoria. Una raíz del mazo se unió a ambos azabache, en la zona de la espalda, para poder tener el suficiente poder para lanzar tal técnica, el Tsukiyomi infinito.
–Estamos perdidos... –Soltó una voz desanimada y débil a su lado.
–No, aun podemos liberarnos y detenerlos. No les miréis a los ojos...
El resplandor rojizo de la luna los sobrecogió y miraron al cielo... Ese fue su error. El plan ojo de la luna estaba activo. Todos quedaron a merced de esa poderosa y omnipotente técnica ilusoria lanzada por esos formidables enemigos. Dos enemigos que vencieron a millones... Dos enemigos demasiado poderosos para que fueran detenidos.
Madara miró a Obito, y este a su vez miró a su venerable antepasado.
–Nos vemos en ese maravilloso mundo. Nuestro sueño por fin hecho realidad. –Con una inclinación de cabeza respetuosa Obito se despedía de Madara para poder caer dentro de esa utópica ilusión que crearon. Un mundo de paz y lleno de felicidad. Se colocó al lado de su ex compañero Kakashi, que aunque débil por las heridas que le había infringido aun estaba vivo para poder disfrutar de es maravillosa vida que les ofrecería esa potente ilusión.
–Disfruta de tu vida escogida, joven Obito.–En breve se uniría a todos ellos. Por fin estaría al lado de Hashirama en esa vida que escogería y podría volver a estar con su amado hermano. Pero antes aun tenía algo por hacer... Se acercó a ambos Senju.
Sacó un kunai, pero esas molestas voces le interrumpieron. Bufó molesto. Primero se tendría que ocupar de esos dos muertos, el rubio desmembrado que miraba apesadumbrado a otro rubio más joven y ese viejo decrépito de Hiruzen Sarutobi.
–Tu hijo, imagino... Tendrías que alegrarte, ahora tendrá una buena vida... La vida que desee. De otra forma iba a morir al extraerle la bestia de su interior. De nada– Soltó con mofa y superioridad.
–No estaría de esa forma, nadie estaría así... Si no fuera por ti.
–Te vamos a detener y a liberarlos a todos.
Que ilusos eran. Rio con cinismo y los atrapó empezando a sellarlos.
–¿Que podíais hacerme vosotros dos? Vuestro nivel nunca ha sido el adecuado para enfrentaros a alguien como yo. No estáis a la altura, ni lo estaréis jamás.–Lo último que vio de esos dos fue sus caras llenas de ira, unas caras que le causaron reír con fuerza por el odio que llegaban a transmitir antes de ser definitivamente sellados.
–Por fin puedo cumplir mis planes...–Miró con odio al albino al lado de su amado Hashirama. –Tu no mereces disfrutar de esta vida que ofrezco, jodida rata albina.
Lentamente rajó el vientre del Senju de pelo blanco, observando como la sangre machaba su mano, la ropa de Tobirama y el suelo a sus pies. La vida escapando de ese miserable y como la nauseabunda rata no podía hacer nada, la ilusión de la luna era demasiado poderosa como para poder escapar de ella.
–Me quitaste a Izuna y creaste la desconfianza de mi propio clan, me orillaste a esto al tener que marcharme de mi propia aldea y luchar contra tu hermano... Revuélcate en el más allá al saber que tu hermano será mío en ésta utopía en la que viviremos.–La respiración de ese maldito Tobirama se fue apagando mientras su corazón cada vez latía más y más lento... Hasta apagarse.
Satisfecho, se acercó a Hashirama y le besó.
–Ahora estaremos juntos, amor mío.– Porqué si, Hashirama Senju sería de él. En esa ilusión nadie les separaría, nadie se interpondría... Jamás.
RAYO DE LUNA ILUMINAS LA NOCHE CON TU RESPLANDOR ROJO, HACIENDO QUE TODOS CAIGAN EN ESTOS DULCES SUEÑOS, LA MEJOR DE LAS ILUSIONES LA QUE ES ETERNA.
