"La sagrada locura, atentando con mentes cuerdas. Después del suplicio del encierro trae para ustedes su tercer proyecto"

Y el escritor dijo: Hágase el computador.

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¡Hola Gente! ¿Cómo vamos desde los días que no nos leemos? Yo particularmente bien, feliz de encontrarme de vuelta en NNT después de ir al lado de Black Clover, donde las personas también son un amor. Lo cierto es que prometí hacer la historia de el buen Zeldris y llegué para cumplir, ¿Por qué me gusta Zelda? ¡Tienen una buena historia para explotar! Y, aunque no va a tener relación con el anime, que en su totalidad será paralela; conservará la síntesis de la pareja.

Notas o advertencias: Será de continuidad, la primera historia que no serán capítulos aleatorios como estoy acostumbrada a trabajar aquí. Lo que significa que irá en progreso. No, no tendrán tantos capítulos porque no me acostumbro a trabajar todavía a lo extenso, pero tampoco será corta. Yo calculo que unos 10-15 capítulos.

Estarrosa aún será Estarrosa y si no quieres un spoiler mejor no preguntes que pasó (:D)Nanatsu no Taizai no me pertenece, todo ello corresponde a Nakaba Suzuki. Como dije en mi proyecto anterior, utilizo a los personajes por mero placer a la escritura y los fines de recreación que esta pueda traer, ¿Seguirás con la nota? Sí, para decirles que se animen a escribir si les gustó o tienen dudas, simplemente si desean una nueva amistad de esta plataforma. Lo que sea, me gusta responder mensajes. Así que cuídense y nos vemos en el siguiente capítulo.

¿Habrá connotaciones sexuales? Probablemente sí, aunque a ciencia cierta aun no sepa donde colocarlas, habrá su par. En verdad perdí el toque de hacer una escritura fluida, perdón si algunas de las ideas se pierden. Espero pulir lo suficiente para tener una mitad decente y un final destacable. Pero el inicio probablemente sea lo más malo que escriba.

¡El capítulo!


Siempre le gustó la lectura, por lo menos la que mantenía su mente ocupada para no pensar en otra cosa. Primero, de sus tantos libros, encontraba pensamientos que se asimilaban a su vida y con ellos fingía una comprensión que nunca llegaba por parte de familia. Su familia era... un completo asco. Su padre había instituido una anarquía basada en el poder que dejaba muy poco para ellos, tal vez por eso Meliodas, su mayor admiración; el hermano mayor, escapó. Quizás Estarrosa le hubiese seguido, si no hubiese sido capturado en la puerta.

Y luego estaba él.

¿Qué podría decir de él ahora? No era la sombra de lo que había sido en el pasado. Estaba muy lejos de serlo con veintidós años, un peso que ni siquiera pudo rechazar. Nuevamente se preguntaba si su padre lo hacía por considerarlo el menos rebelde o el más inútil que tenía que empezar a destacarse por algo. Su maestro, Chandler, lo atribuía a una posición que podía demostrar el valor que tenía como hijo del mayor empresario. Pero, ¿Sería ese el verdadero motivo? A veces Zeldris consideraba que solo estaba aminorando la verdadera razón bajo la capa de "todo está bien". De seguro su padre estaba empezando a planear el golpe contra la compañía enemiga, que por cierto y para más gracia de toda la historia, era a donde su hermano había conseguido su prometida.

El hijo mayor y la hija de la Diosa. Era ridículo entre más lo pensaba, si algo le había enseñado la lectura es que, toda esa estupidez siempre terminaría mal.

Intentó retomar el tomo sobre administración de empresas antes de Estarrosa interrumpiera con botella en mano. Ebrio otra vez, de seguro lo tomaba como una vía de escape al suplicio en el Meliodas los había dejado a ambos. Siempre llegaba en ese estado mientras le fuese posible, luego reía sin cansancio hasta hablar, una idea de escape para terminar gritando lo mucho que odiaba su vida. Pero incluso él no tenía el peso que Zeldris sostenía ahora en sus hombros, con la responsabilidad de ser la imagen de la empresa, de revisar cada paso que daba sin que afectara ninguna de las ideas de su padre.

Incluso ahora que intentarían establecer relaciones con Edimburgo. Significaba un viaje de hora y media en auto, sin el respaldo de su tutor, incluso su hermano se quedaría para hacer lo que hacía mejor, osea nada. Entonces eso lo dejaba a él, teniendo una horrible migraña de lo poco que dormía y lo mucho que lograba sobreexigirse. Siempre así de diligente, siempre siendo la sombra de Meliodas que jamás logrará las expectativas. Por lo menos su padre se esforzaba en nombrarlo por su nombre, antes solo era "hijo" bajo la falta modestia, en realidad debía haber olvidado como se llamaba... hasta que su hijo prodigio escapó.

Zeldris se levantó de la silla frotando el puente de la nariz. Estarrosa estaba dormido en el sofá, botella en mano, con ese horrible olor a alcohol flotando en el ambiente. Cabello gris sin brillo y rebelde. Esa era la nueva imagen de su otro hermano, no la del animado hijo que creía que todo podría tratarse a modo de broma. Le quitó la botella mientras se acomodaba su cabello negro, la dejó en la estantería donde no podría verla y volver al vicio. Lo dejó en ese despacho que tantas veces había sido su refugio para las bromas pesadas de él y Meliodas. Cuando Estarrosa intentaba amarrarlo con la soga y Meliodas lo ataba al árbol hasta que se hartaban de oírlo llorar. Entonces nadie se disculpaba, pero lo dejaban bajar.

Caminó por el pasillo oscuro de vuelta a su habitación. Mañana viajaría a primera hora para conocer a sus nuevos socios y debía lucir lo más presentable posible. Eso incluía estar descansado, por lo que se acomodó lo mejor que pudo en cuanto llegó, tirando de la camisa roja y el pantalón oscuro. Los zapatos probablemente habían quedado estratégicamente ordenados para tomarlos en caso de emergencias. Nunca había llegado tarde, pero él siempre se permitía pensar lo peor.

-/-/-/-/

Hay un chico rubio corriendo al lado de uno más alto, cabello gris. El primero lleva una serpiente en manos, lo habían atrapado sobre el árbol por el que solían escapar al jardín después de la lecciones de esgrima. El rubio parece conseguir lo que busca, le hace una ademán al otro de guardar silencio, por encima de la pared en la que se ocultan consiguen observar otro niño de cabello negro, sostiene de forma incorrecta la máscara de protección, intenta ajustarla un par de veces ante de conseguirlo, mientras está lo suficiente ocupado no nota a los otros dos.

Ambos ríen antes de adentrar la serpiente por debajo del uniforme de esgrima del pelinegro. Zeldris escucha el grito, las risas y la voz de su padre. Lo mira con desaprobación mientras escucha a sus otros dos hijos contarle la hazaña. Por suerte no lo mordió, pero sacarla fue una experiencia poco gratificante. Nadie se disculpa, no con Zeldris que siempre se pensó, sería el tercero que nadie tendría que notar.

La imagen cambia un poco, apoya una de sus rodillas en el suelo. Meliodas se ha ido con es maldita mujer, ahogando lo poco que quedaba de cordura en él, la voz estridente de su progenitor se pierde mientras el odio por su hermano aumenta. Zeldris lo maldice por todo lo que pasa, porque ahora él es notado, solo para convertirse en la nueva marioneta de papá. Estarrosa no dice nada, también está afectado.

-/-/-/-/

-¡Levántate Zeldris! -gritan, la almohada choca con su brazo antes de que golpee su cara. Ya conocía ese movimiento- tengo hambre.

-¿Qué tiene que ver eso conmigo? -gruñó por lo bajo, el primer impacto de despertar le estaba taladrando el cerebro- deja la maldita flojera y baja a pedir algo si tanta hambre tienes.

-¿Qué gracia tienes eso? -rió Estarrosa- cuando puedo pedírtelo, te queda dos horas para alistarte, tu también vas a comer. Se un buen hermano y tráeme algo cuando subas~

El menor rodó los ojos con fastidio para tantear la cómoda en búsqueda de su celular. En efecto, le quedaban dos horas para alistarse para hacer una parada, donde probablemente Chandler le esperaría con todo lo que tenía que recordar para no echar a perder la idea de unificación de su padre. Lo que le sorprendía, era que su hermano no parecía afectado por el alcohol ingerido la noche anterior. Probablemente no había tomado lo suficiente para llegar a su punto límite, o se estaba volviendo una especie de inmortal del licor.

-Sal de mi cuarto -se incorporó.

Por lo menos, ahora que lo dejaba solo con la idea que dejaría comida en lo que nadie, excepto Estarrosa podría llamar cuarto, tenía suficiente tiempo para acomodar lo mejor que podía el equipaje. Optó por la maleta pequeña, siempre había sido lo suficiente organizado como no prescindir de algo más grande. Sonrió de forma amarga al recordar que era la única cosa en la que podía superar a alguno de sus hermanos. Siempre que viajaban era él quien siempre se emocionaba de más, feliz de sentirse notado...

-No se armará sola, Zeldris -se dijo a sí mismo antes de empezar a empacar.

Después de una hora, de no dejar morir a Estarrosa tomó el auto. Se suponía que su tutor lo estaría esperando en su afán de protegerlo explicándole lo que hiciera falta, tuvo un vago "adiós, trae algo bueno y consíguete una mujer que te quite lo amargado" por parte de su hermano. También se despidió de los chef y de cada trabajador de la casa, parte de los pocos buenos momentos que tenía los había hecho con ellos. Era lo menos que les debía antes de dejarlos con el que podría ser el mayor de los trabajos que tendrían por el tiempo en que estaba fuera. Alimentar a Estarrosa.

En efecto, Chandler tenía el resto de papeles que faltaban para partir.

-Llegaste temprano.

-Siempre he sido así -comentó apático.

Su tutor ofreció unas palmadas que le dejaron algo de dolor. Una sonora carcajada tan propia de él, Candler contrastaba con la actitud serena del menor; considerando que, tenían una buena relación, lo habría criado prácticamente volviéndolo alguien más capaz de lo que nunca imaginó. Zeldris le estaba eternamente agradecido, probablemente más de lo que llegaba a decir. Aunque eso último lo demostraba cuando lograba alguna de las tareas encomendadas a su padre y después de escucharlo se dirigía a su tutor, solo para recibir una aprobación que por lo menos llenaba el vacío que incrementaba conforme las asignaciones se hacían más pesadas.

-Saldrás bien de eso -sonrió conforme- si logras que te tengan el suficiente respeto, recuerda ser cortés pero con límite y cuídate, no debes involucrarte demasiado con ellos. Menos con su hija.

-Entiendo -no le preguntó eso último, pero la duda quedó flotando unos segundos en su mente.

Regresa al auto a la hora justa revisando rápidamente que todo estuviese en el sitio correcto. Aún distingue la silueta de su tutor desde la lejanía. Se prepara mentalmente para ser el verdugo perfecto de su padre, hay demasiado con lo que fallar y muy poco tiempo. Toma entre pocos lapsus que se da de descanso, un poco del café que ha solicitado. Pero incluso eso no despeja su mente lo suficiente y ha abandonado la idea de seguir forzándose después de una media hora, cuando el GPS le empieza a indicar que no hay más tiempo, que solo lo dividen unos minutos de su nueva asignación. Frota el puente de la nariz y se esfuerza en sí mismo, encomendándose a alguna fuerza superior que pudiese estar arriba. Él no era fanático de las religiones, pero después de vivir en el infierno, la esperanza empieza a parecerte razonable.

Edimburgo a simple vista es refrescante. Todo sitio fuera de casa lo era, pero este en particular atraía una historia monumental, estaba sobre lo cimientos del pasado en un contraste moderno. Parte de las estructuras se destacaban por el tiempo de permanecer allí. Decidió estacionar el auto para recorrer un poco la plaza en lo que se hacía la hora de la cita. Con la tarjeta del parquímetro buscó la cafetería con vista al castillo que había alcanzado a ver en la curva. Era un sitio tranquilo, tenía mesas. El clima estaba tolerable, por lo que optó por tomar asiento en una de ella esperando el expreso.

No le sorprendió que el sitio fuese concurrido considerando la vista.

-Disculpe la demora, aquí su expreso -la dependiente dejó en la mesita la humeante taza.

-Gracias.

Zeldris cree que puede perderse unos segundos en el sabor reconfortante que le produce la bebida. Pero hay alguien que interrumpe la vista gloriosa, su paz, sus poco minutos de tranquilidad. Él ya la había escuchado vagamente cuando llevó el expreso, estaba preguntando por una mesa que ocupar, pero el interior estaba lleno, entonces lo miró. No había visto su rostro hasta que el "disculpe" salió de su boca. Entonces levantó la vista, ojos que conectaron con él ante la súplica... ella era puramente de un sitio como ese.

-¿Crees que pueda ocupar el sitio vacío?

-Adelante.

El cabello claro brillaba bajo la poca luz de Edimburgo. Zeldris no era partidario de observar a las personas, lo encontraba imprudente e innecesario, sin embargo ella si le sostuvo la mirada unos segundos. El ser humano es curioso por naturaleza, piensa antes de mirarla para hacerle notar su inconformidad. Una sonrisa es todo lo que obtiene, calmada como toda su imagen refinada, agraciada a la figura femenina. El pelinegro tuerce la boca ligeramente, parece divertida por algo que él desconoce y tampoco tiene el tiempo para descubrirlo.

-No eres de aquí -comenta de repente, iniciando una conversación que él considera innecesaria- solo intentaba descifrarlo.

-Ahora que has conseguido tal revelación puedes dejar de mirarme. -tomó un poco de su bebida.

-¿Te incomodo? -consulta de repente. Hay un extraño contraste entre su figura tranquila y las palabras que conforme pasa el tiempo, empiezan a sonar de forma fluida en sus Zeldris la observó con el mutismo de no expresar una afirmación que fácilmente podía leerse en sus ojos ella tomó un poco de su bebida antes de seguir- me disculpo por ello, ¿Por qué no me negaste el asiento?

-Desconocía tu actitud.

Su risa calmada llega a sus oídos. El sonido de la musa le aturde los tímpanos momentáneamente, se deja llevar por la satisfacción de escuchar un sonido tan distinto a su propia forma satírica de humor negro o Estarrosa con su sarcasmo. Ella era una forma de espejismo temporal, pero que probablemente se quedaría en su memoria, una hermosa mujer que tiene una voz calmada. Ahora que la miraba entre el poco tiempo que le quedaba de descanso, pudo notar que era de una belleza irreal, en parsimonia resaltaba de Edimburgo, pero no habría lugar más perfecto para ella que ese. Podría asquearse de sus pensamientos tan vanos, pero era lo menos que podía ofrecerle después de lograr algo que incluso a él le costaba, darle paz.

-No estás acostumbrado a hablar con desconocidos -concluyó acomodando la taza sobre la mesita. Era alguien de protocolo, podía notarse en la postura refinada, sin el ápice normalista de ser una persona del común.

-No realmente -niega sereno- solo he perdido práctica.

-Tu honestidad me hes curiosa, no se acostumbra donde convivo a ser francos -levanta un poco la mirada, se pierde en pensamientos propios- es refrescante. Lamento que sea bajo las presentes circunstancias enviado del señor Demonio.

Zeldris sonríe con la satírica recuperada. Chandler tenía razón, los socios de Edimburgo eran demasiado peligrosos de no ser tomados con el debido cuidado. La mujer al frente solo era una pequeña idea de lo atento que tenía que estar, acomoda entonces la taza vacía mientras ella sigue irrealmente serena, sin afectarle el mínimo estar frente al representante de la compañía más grande que podría existir y que seguiría expandiéndose hasta absorberlo todo.

-Ciertamente -apoya, el tono de voz de matiz oscuro que advierte que no debe ser tomado en broma. Él es el hijo del señor Demonio- una falta que puedo pasar por alto si me respondes el motivo de tu envío antes de la hora prevista.

-Únicamente para guiarte -otra vez esa sonrisa.

-Cuanta disposición -comenta de forma peligrosa, el tono destila un sutil veneno que ella consigue captar.

La joven solicita la cuenta igual que Zeldris, ambos pagan mientras él comprende que ella irá en su auto. La conduce hasta los estacionamientos antes de abrir la puerta, la mujer agradece tomando el asiento de copiloto. En la posición en la que se encuentras, a su lado, el contraste de la altura no es un factor que tome importancia; ella puede verse más alta, pero él tiene el control ahora. Toma la ruta que indica completamente enfocado en la realidad, debe completar su trabajo de forma impecable y, eso significa establecer relaciones amistosas con Edimburgo.

-¿Puedo saber tu nombre o debo esperar a que estés obligado a decirlo? -un tono de humor disfrazado de curiosidad.

-Estar obligado es una condición a la que no estoy acostumbrado -concluyó, la mitad era cierta mientras de tratara de trabajos asignados por su progenitor. En sí, solo si se estaba incluyendo a su padre, la obligación era la voz diaria de su cabeza.

-Podría proponerte un intercambio provechoso. Mi nombre, que de seguro te será necesario a cambio del tuyo que empieza a ser de interés.

Zeldris sonrió sin humor. ¿Qué esperaba de él que buscaba con tanto afán al hablarle? Parecía dispuesta a desenmascarar la vacía coraza de él, como si hurgase en sus entrañas preparada para sus verdadera intenciones. Era una verdadera lástima que el tiempo de miseria con su progenitor lo prepararan lo suficiente para no dejar ver absolutamente nada y la paciencia que en momentos odió ahora era su mayor carta a favor.

-Me parece bien -respondió al final.

-Soy Gelda -juntó sus manos mientras sonreía paciente, esperando observar la reacción del hombre frente a ella.

-Zeldris -musita.

-El hijo menor del señor Demonio, estoy ante uno de los sucesores de la empresa más grande de Inglaterra.

-Para ser solo curiosidad, te has nutrido lo suficiente de información para mi gusto -no voltea a verla, pero sabe que le ha causado gracia. Gelda irradia una actitud jovial, pero sin llegar a sentirse en síntesis; como una burbuja de protocolo que empieza a serle sospechosa.

-El gusto, joven Zeldris, es subjetivo.

Claro que lo era, porque él sabía ahora que estaba frente a la hija del Izraf. La heredera del imperio que su padre había construido al unificar las pequeñas colonias de trabajadores en una empresa de exportación de primera calidad; consiguiendo que su padre colocara su ojos anarquista en la siguiente adquisición en su lista. No sabía si sentirse precavido por las resonantes palabras de Chandler antes de dejarlo o ocupar su mente en la poca información que estaba obteniendo de la mujer a su lado. De lo único que estaba seguro es que la guía, motivo por el que supuestamente Gelda estaba en la cafetería que él concurrió, no era la verdadera intención de enviar a su primogénita.

El edificio se vislumbra por encima de la rampa que ella le indica, debe subir. Se supone que su padre los ha anunciado con anterioridad por lo que no deben preocuparse de la seguridad que los rodea. El espacio que le han dejado le permite bajarse con toda comunidad, con los principios con lo que fue educado abre la puerta para la mujer, que baja de auto tan elegante como cuando se sentó en la cafetería. Zeldris reconoce que debe llevarle un par de centímetros arriba, pero incluso esa altura no le da el porte amenazador que siempre tiene él. Por el contrario, ella se asemeja a una irreal imagen de belleza antigua, perpetua como si fuese a hechizar al incauto que desee más de esos ojos. Lo conduce al ascensor, el vestido de volados blanco la hace más fantasmal de lo que ya parece. Él se permite mirar su mano lechosa al marcar el botón del piso.

Gelda es lo último que debe tener en el pensamiento. Se maldice internamente.

-¡Bienvenido enviado del Señor Demonio! -comenta la voz proveniente de la persona que deseaba ver- su puntualidad es destacable. No esperaba menos, Gelda indícale el despacho, podremos conversar mejor allí.

-Gracias -respondió autómata, la apariencia de gentileza que Izraf quería mostrar era de lo más falso que le pelinegro había encontrado en su vida; lo sabía a través de sus ojos que lo miraban de forma meticulosa, evaluando el valor de su llegada y porque se trataba de él. Probablemente esperaban a Meliodas o Estarrosa. De seguro no sabían como tratarlo, era uno de los beneficios que tenía la oscuridad en la que había sido sumergido la mayoría de su edad.

-Si padre, por aquí joven Zeldris.

La siguió interesado en la forma de mirar que tenía el padre de Gelda para con ella; como si de un objeto se tratase, lo que por desgracia él ya conocía. Empatía no era lo que estaba experimentando en ese momento, pero cuando lo miró por última vez para dejarlo con su progenitor, Zeldris consiguió pensarla con algo de tristeza sincera, debía ser más de lo que ella podía soportar. Podía notarlo en los ojos que nunca se iluminaban cuando sonreía, la sonrisa siempre dócil, la paciencia forzada; debía ser más de lo ella podía soportar. En algún tiempo se quebraría, dejando un cascarón vacío.

Zeldris, de que hablas, tu más que nadie sabes que es eso.

-Me retiro, con su permiso -inclinó ligeramente la cabeza antes de dejarlo.

Entonces Izraf entró para sentarse al frente, en el sillón de cuero que estaba por encima del resto de la mesa con sus asientos menos imponentes. Era la primera señal de orgullo, lo que significaba que no podía desplegarse como el humilde servidor por el que algunas ocasiones su padre lo había hecho pasar; tenía que ser Zeldris, hijo del señor Demonio, inteligente y capaz. Justo lo que mejor sabía hacer.

Tomó la carpeta con la propuesta antes de depositarla en la mesa de caoba. La habitación era de un oscuro acostumbrado, en su casa lo que sobraba eran los colores monocromáticos y la poca falta de luz. El edificio al parecer, tenía la base de gustos de su padre; o por lo menos el mismo inepto diseñador. Un poco de luz no mataría a nadie. Extendió la propuesta al hombre frente a él, este la tomó con sus grandes manos para leerla. Pasaban los segundos y el rostro del presunto socio era neutral.

Luego lo escuchó, la carcajada que retumbó en la espaciosa habitación.

-Muchacho ¿Quién hizo esto?

-Yo señor.

-Eres interesante -concluyó, estaba mintiendo. Lo observaba como si representara un peligro que debía tratar con cautela; en su boca torcida con desdén podía encontrarse el patrón de conducta que le decía a Zeldris lo mucho que detestaba leer los papeles al frente y mucho más tener que considerarlo.

-Me alegra escucharlo -lo mira con la habitual advertencia de poner un pie en falso y considerar su propia destrucción.

Izraf se toma su tiempo- ¿Qué te hace pensar que aceptaremos esta propuesta?

-No veo mercado más sólido que el de mi padre. Actualmente no existe nada que se oponga a su expansión -mueve una de sus manos enfatizando sus palabras, está totalmente estoico- el oponerse significará que perderá todo los beneficios que ofrecemos, incluyendo la posibilidad de extender su exportación de forma masiva. Si es consciente de la realidad de lo que mi padre propone y desea rechazarlo, estará perdiendo la opción más provechosa que se le puede ofrecer.

-Si no te conociera diría que nos estás amenazando.

-No, solo advierto su posible desenlace -concluye, no hay sonrisa ni muecas. Solo la presión que ejerce sus palabras sobre el contrario. Zeldris ya sabe lo que vendrá a continuación, lo ha visto ciento de veces.

-Bueno... entonces no hay mucho que se pueda hacer -concluye sonriendo, hay malicia en sus palabras- dile a tu padre que estaremos encantados de ser parte de su gabinete. El jueves mismo iniciaremos el proceso. Pero, por lo pronto nos alegrará tenerte en casa, mañana podrás ir con energía renovadas a decirle las noticias.

-Agradezco su hospitalidad -estrecha la mano del mayor.

Sabe que no puede negarse, es una forma práctica de ponerlo en escrutinio por un día; por lo menos se lo concedería considerando que lo que más deseaba era estar fuera de casa y, si la posibilidad se daba, no la desaprovecharía.


¿Qué puedo decir después de este primer capítulo?

Cierto, no es mi tema acostumbrado no hacerlo con humor, pero consideré que debía implementar otro tipo de sentimientos para expandir mis posibilidades y he aquí el resultado. Me cuesta en serio, hacer personajes de actitud más serena; sigo diciendo que no entiendo porque no he escrito sobre Meliodas; hay cosas que el mundo no puede explicar.

Este será el capítulo más corto, por lo que me esforzaré en hacerlos más extensos ya que no es una historia de muchos capítulos y necesito abarcar lo más que pueda antes de empezar bien la trama de esta fabulosa historia Zelda. ¡Que en serio me está costando no soltar un chiste de esos que me entretienen!

¡Anímense a escribir en la barra de comentarios! Me encantaría escuchar sus opiniones. Nos vemos en el siguiente capítulo que demorará un poco en publicar por motivos escolares, ¡Pero volveré, todo lo bueno siempre vuelve!

¡Nos vemos!