La sagrada locura, atentando con mentes cuerdas. Después del suplicio del encierro trae para ustedes su tercer proyecto"
Y el escritor dijo: Hágase el computador.
-:::-
¡Hola Gente! ¿Cómo vamos desde los días que no nos leemos? Yo particularmente algo enferma, la semana ha estado pesadísima. Entre exámenes finales, proyectos varios, etc. Lo cierto es que la vida sigue y esta preciosa historia debe continuar. Este capítulo en particular, está inspirado en "hechos de la vida real". Sin bromas ni nada, pero eso de tener amistades con historias amorosas es maravilloso, puedes sobre explotarlos por información (hahaha).
Notas: Me he decidido incluir a futuro algo de smut. Lo suficiente como para sentirme complacida de escribir algo decente que no sea romántico, lo romántico no es lo mío, así que probablemente cambie el rated cuando vaya a escribir esa parte o la baje conforme al rated T. Pero de que me elimino la azúcar que cargo encima, lo hago.
Solo me queda agradecer al corrector maravillosa que tengo, que está sacando tiempo de donde no lo tiene para hacerlo. ¡Un abrazote! Me ayuda muchísimo con Zeldris, que es un amor y yo de amor no tengo nada.
Nanatsu no Taizai no me pertenece, todo ello corresponde a Nakaba Suzuki. Como dije en mi proyecto anterior, utilizo a los personajes por mero placer a la escritura y los fines de recreación que esta pueda traer.
¡El capítulo!
El miércoles es un día interesante. Es la mitad de la semana, sabe a día libre, pero también a trabajo. Aunque en su idioma todos los días son trabajo, incluso en sus irreales y únicas vacaciones. No las tomó porque él lo deseara, fue más bien un plan ideado por Estarrosa, Meliodas y los maestros. Tenía arriba de los quince años cuando decidieron viajar a Alaska porque al ingenuo de Estarrosa se le ocurrió nadar con tiburones blancos alegando que estaba en su lista de antes de morir; el siguiente en apoyar la noción fue Meliodas, para ese entonces se alimentaba de adrenalina y fuerte infusiones de ideas suicidas según lo pensaba Zeldris, pero a pesar de todo eso, su admiración era mucho más que su sentido común y terminó convencido por unas míseras muestras de afecto que sus hermanos le ofrecieron para convencerlo.
Era frío y turbio, el agua se mecía con algo de fuerza. De hecho, era un milagro que no hubieran vomitado. Estarrosa estaba listo para arrojarse a la jaula, sonreía de forma animada mientras coqueteaba descaradamente con la capitana. Zeldris sostenía su móvil mientras repasaba los datos importantes de la junta de Cusack. No podía desperdiciar ni un solo segundo si deseaba superarse, así estaría más cerca de ser como sus hermanos.
-Estás exagerando con eso -comenta Meliodas quitándole el móvil.
-¡No es eso hermano! -trata de recuperarlo sin éxito, es como si predijera cada movimiento que hará- es importante.
-No lo es, estamos en vacaciones por algo -se lo devuelve con el texto cerrado, la pantalla con el bloqueo de la imagen vieja del muñeco de nieve- si aspiras a superarte por medio de esto, no te veo futuro.
-... gracias.
Meliodas no vuelve a mirarlo y Zeldris cree que debe seguir esforzándose. Su hermano es su más grande admiración y quiere que lo mire como lo hace al reír con Estarrosa; quiere sentirse parte de una familia a la que, años después entiende perfectamente que no pertenece. Cusack y Chandler intentan hacerlo llevadero, pero fue difícil antes y lo es mucho más ahora que el desertor se marchó y el alcoholismo redujo a su otro hermano.
Así que es miércoles cuando deja pasar esa vaga memoria de su vida y se centra en lo irreal de tener despejado su día. No hay papeles perfectamente apilados para leer, ni libros nuevos por ojear. Cusack está en un viaje de trabajo, Estarrosa dormido y Chandler con su padre; lo que deja un extraño vacío en su pecho. No sabe cómo ocupar el tiempo disponible, nunca ha dispuesto de él y ahora que lo tiene… no hay nada que desee hacer.
No tiene sueño, por lo que decide salir al jardín de su padre. Las rosas rojas destacan de entre la poca nieve que cae y las blancas se opacan. Le gusta el rojo, el color espeso destilando una advertencia. Le gusta la metáfora de las espinas y otras poesías de perfecta atracción; a sido así desde que empezó su lectura de historia y educación de arte. Como hijo del señor Demonio debe prepararse en cada área, incluyendo las que no están en la carrera de Administración de Empresas.
Después, lo hizo por amor al conocimiento.
El mediodía es tranquilo, como no existe la obligatoriedad de almorzar en el comedor, lo hace en la terraza del huerto, donde la calefacción mantiene un temperatura perfecta en contraste con el descenso de afuera. Disfruta del silencio del lugar, hasta que pasadas las dos empieza el movimiento en la casa, su hermano despierta con apetito y pueden escucharse sus gritos mientras baja la escalera. No es capaz de pedir algo con paciencia, por lo que imagina como lo ha visto tantas veces a los chef tratando de complacer el agujero negro que debe tener Estarrosa por estómago.
Cusack aparca el auto, ha llegado temprano, con la suficiente diligencia de cumplir con su encomienda a tiempo para recibir al señor Demonio cuando regrese para cenar. Por lo que, al divisar a Zeldris en el jardín decide ir por él. Toma asiento al frente de su pupilo para hablar con prudencia, están a un solo día de recibir los nuevos socios de Edimburgo y debe asegurarse de asesorar. No porque no confíe en su capacidad analítica, es todo lo contrario.
No pudo tener un mejor pupilo.
-¿Ha sido de provecho? -consulta Zeldris, ha abandonado la taza de té colocándola perfectamente a un lado.
-Ciertamente -responde- tengo información, pero no me hes grato referirme a ella. Zeldris, Izraf no es solo un pretencioso empresario, tiene una forma retorcida de manipular a las personas que lo rodean, sus socios, proveedores, todo.
-Bien. Cuanto antes mejor, continua.
-Consiguió el desarrollo de su empresa cuando su hija terminó la secundaria… -se siente asqueado, pero aún así lo remite- empezaron a apodarla "Gelda de las Mil Tentaciones".
No hay ademán de sorpresa, pero el frío que recorre su columna es mucho peor que un simple gesto. No quiere escucharlo, pero lo hace aún si una extraña sensación de asco lo inunda. Aborrece al monstruo que vendrá para firmar los papeles, siente repulsión por una joven que apenas tiene unos días de conocida.
-¿Por qué me dices todo esto? -para su suerte, el tono de voz es el mismo.
-Joven Zeldris, ¿Ella no intentó…?
Se levanta, furia incontrolable destilando en sus ojos. Lo mira por largos segundos antes de girar en dirección al interior de su casa. No quiere pensarlo, pero la impresión que tiene al verla de forma inoportuna en el café le taladra en su cabeza, no quiere imaginarla obligada por el cerdo que tiene por padre, pero lo hace.
Golpea una de las mesas en un intento de mitigar su opresión. Gruñe como un animal rabioso y luego se sienta en la cama, tomándose fuertemente la cabeza. Cierra los ojos y la imagen de Gelda regresa, llorando mientras no puede detenerlo, manos perversas en un cuerpo de porcelana. Gelda está quebrada como él. Entonces la ira cesa, pero no la amargura. A pesar de no tener una obligación por ella, ha conseguido finalmente una empatía de sentimientos oprimidos.
¿Cómo podrá verla a la cara sin pensar en las palabras de Cusack?
Para su desgracia, el tiempo va a prisa. Ni siquiera a dormido con soltura prudencial para la mañana que empieza a asomarse por su ventana el jueves. Su cabeza está peor de lo que esperaba, una inminente punzada arremete con dejarlo inconsciente. Toma pastillas, se enfrenta a un desayuno sin ganas. Estarrosa lo sabe, así que prefiere joderlo que dejarlo en paz.
-¿No amanecimos bien, eh? -sonríe mordiendo su octava tortita untada en una especie de mezcla de queso cremoso, sirope y chocolate- es una pena, hace un día maravilloso.
-Lo sería si te callaras -comenta con voz baja, no tiene el ánimo de hablar más alto.
-Ok~ pero solo te diré papá quiere que estés temprano para la reunión con los de Edimburgo, me han dicho que la hija del presidente está muy…
-No te atrevas -lo interrumpe- si arruinas los negocios por un maldita calentura, te dejaré sin comer hasta que mueras.
Estarrosa ríe escandalosamente, pero no responde. No le dará el lujo a Zeldris de tener la razón, mucho menos de demostrarle que es la primera vez que lo trata de esa forma. Es casi irreal, pero divertido. Jamás se altera por algo y ahora patea muebles, lo amenaza… ¿Qué seguirá después? ¿Escapar como Meliodas? No, se responde con amargura, ambos carecen de esa capacidad de hacerlo. Seguirán encadenados a esa maldita vida hasta que su padre muera o mejor aún, ellos lo hagan. Ironías de la vida, el hijo prodigio admirado decide huir con el enemigo; solo falta una traición más para ver de que es capaz su padre en un arranque de ira.
Zeldris se levanta para dar por finalizada su estadía- no hagas nada estúpido.
-No prometo milagros, Zel. Pero, buena suerte~
El camino a la empresa es molesto. Se mentaliza serenarse conforme la mano que sostiene el timón se agarrota con la presión de sus dedos, puede hacerlo como el mismo Zeldris que tiene la capacidad de ser calculador y frío. No tiene que ser la última versión de él, una extraña mezcla de una persona que no debe por nada del mundo volver a gobernarlo. Suspira de forma sonora y aparca el auto al llegar, justo donde su nombre de la ubicación reservada llega a sus ojos. Al abandonar la comodidad mínima que le brinda estar solo, vuelve a colocarse la máscara de verdugo.
Pero no es Gelda quien lo mira al llegar, sino Izraf con la sonrisa falsa. Ella no está.
-¡Es bueno volver a verte, Zeldris! -los ojos destilan un veneno ácido que no responde, no con su padre al frente.
-El gusto es mío.
-Podemos pasar a dentro para la firma -la voz de su progenitor lo mantiene alerta, un paso en falso y no llegará a la cena de esa noche. El bastón está a su lado, firmemente sostenido por la mano arrugada.
Tantos años de ser lo que sea que puede definir a un padre como él. El empresario capaz de conquistar el pensamiento, manipulando a todo el que tiene a su alrededor o el monstruo que miraba a sus hijos como utilería. Cualquiera de ambas son una buena descripción, pero la realidad es que para su padre, solo uno de sus hijos podría aspirar verdaderamente a su aprobación y él, estaba muy lejos de su mano envejecida.
-/-/-/
Gelda tiene una rutina diaria. Conservar el matiz perfecto de su rostro, sus manos cuidadas, su cabello estilizado antes de salir a desayunar. Solo que ese día, a diferencia del resto de su existencia, lo hace con una sonrisa en su rostro. Su padre no está en casa, pero ha dejado sus asignaciones y entre ellas, para su deleite mucho más que la inicial sorpresa está viajar a Inglaterra, donde debe ser presentada al padre de Zeldris. Lo único que quiere es verlo otra vez, a sí que espera ansiosa la hora para salir de su hogar.
No importa si solo quiere utilizarla como un mediático en su relación. Su padre le desagrada estar por debajo del Demonio, por eso pretende utilizarla y está más que dispuesta a hacerlo si eso la aleja de él, de tener que escuchar su voz asquerosa ordenándole. Gelda agradece infinitamente su odio mientras desayuna, lista para el siguiente paso de su rutina, la lectura. En sus últimos años encontró en los libros una puerta que evitaba sentirse más miserable de lo que ya reconocía en ella. Le gustaba las novelas de investigación, las cruzadas, las guerras de propósito y el amor profundo. Le gustaba leer sobre las maravillas del mundo e imaginarse tenerlas.
Así que toma El Arte de la Guerra y la hora pasa volando.
Se viste de rojo, el cabello suelto acomodado a un lado de hombro. El vestido arriba de la rodilla permitiéndole la comodidad que desea al caminar, toda ella irradiando una inusual aura de felicidad que las sirvientas notan, pero nadie comenta respetuosamente. Aborda el auto, en el asiento de atrás y su chófer inicia el viaje de una hora a las empresas comerciales del señor Demonio. El camino está rodeado de una preciosa escarcha y ella solo puede pensar en volver a escucharlo hablar, con esa perfecta tranquilidad. Imagina su ropa elegante, su cabello negro rebelde, sus ojos calculadores y su humor compatible con su aire intelectual. Gelda solo quiere provocarlo para escuchar sus perfectas respuestas llenas de honestidad, desea más que mentiras continuas y voces en su oído.
Sonríe sin poder evitarlo sintiéndose nuevamente humana.
Debe de lucir irreal, como un sustituto que no a estudiado a quien debe suplantar. Lo sabe cuando finalmente a llegado y baja del auto. Los labios de su chófer se abren unos segundos antes de regresar a su postura estoica, ríe internamente intentando volver a ser la antes. Le indica su proceder antes de adentrarse en el edificio de unos cuarenta pisos. Una secretaria de cabello perfectamente acomodado le da la bienvenida antes de indicarle el camino, Gelda le agradece con honestidad para continuar.
-¿Vienes a ver a mi padre? -comenta una voz peligrosamente cerca.
-Ciertamente -responde casi por inercia, a pesar de disimularlo con naturalidad, la ha tomado por sorpresa.
El cabello plata le da el aspecto justo que Gelda ha considerado en el primer segundo que lo ve. Es mucho más alto que ella, por lo menos una cabeza, sostiene una corbata de rayas en una mano mientras su otro brazo le sirve de apoyo contra la pared. Parece divertido y peligroso, tiene esa aura de advertencia notablemente marcada. Se mentaliza tratarlo con cuidado, debe estar consciente de tomarlo calculadoramente, antes de que él se adelante. Debe ser alguien importante, por la forma relajada de su postura.
-¿Eres la hija del empresario de Edimburgo, cierto? -sonríe ladinamente- eres muy blanca.
-¿Es malo ser muy blanca? -lo observa cautelosa.
-No, pero tienes un radar de no pertenecer aquí -se acomoda contra la pared- ¿Cuál es tu nombre?
-... -lo medita antes de decirlo, él parece verdaderamente peligroso- Gelda.
Se queda en silencio, como si estuviese procesando el nombre antes de sonreír con su actitud despreocupada. Así que Gelda de las Mil Tentaciones está frente a él y entiende ahora que la ve el significado del apodo. Toda ella emana un aura de seducción natural, un encanto a través de esos ojos claros que fácilmente podrían interesarles si no estuviese consciente del peso que tiene. Seguramente por eso enviaron a Zeldris primero, últimamente creía que su hermano estaba pasando por una fase asexual. Era tan extraño que no le conociera ni una sola mujer en su vida, cuando Meliodas y él habían experimentado la vida en los sentidos más profanos que podían denominarse.
-Soy Estarrosa, el hijo más guapo del dueño de esta empresa.
Gelda sonríe más por el comentario que por lo convencido que suena. Él contrasta tanto con Zeldris, entre más lo mira el recuerdo del pelinegro le hace divertirse, seriedad contra atrevimiento. Estarrosa era una persona peligrosa, retorcida, pero divertida mientras estuviese a esa distancia considerable. No parecía del tipo de persona con la que debía conversar más tiempo.
-Fue un placer conocerte, pero debo ir con mi padre.
-De hecho no, estaba esperándote para llevarte por un café -sonríe- tu padre me ha dicho que quiere verte al finalizar la reunión. Por lo que tienes el tiempo suficiente para seguirme.
No se opone, pero se siente algo decepcionada. ¿Qué esperaba, ser presentada? No, se reducirá nuevamente a recopilar información para él, por eso a seleccionado a Estarrosa después que ella comentara la personalidad de Zeldris. Dicen que el pez muere por la boca, Gelda solo ha tenido que dar una pequeña bocanada para hundirse. Ahora tiene que ser lo suficientemente inteligente para no transmitirle las intenciones detrás de las palabras de su progenitor a su acompañante que a su lado, sonríe de forma animada. Pero esa sonrisa es peligrosa, lo lee en sus ojos de locura, en una persona que se ve perdida entre los pensamientos que ella desconoce, pero bullen como un faro a través de la mirada. Estarrosa no es estable.
La cafetería es cómoda, hogareña más bien. De caoba oscura permitiéndole más privacidad de la que necesita, en vez de sillas tienen cómodos sillones alejados lo suficiente para permitirse una conversación sin llegar a alguien indeseado. Estarrosa la conduce a la apartada zona del fondo, donde se acentúa la oscuridad. Su cabello gris apenas de vislumbra de ese tono. Ordenan expresos, sentados al frente del otro.
-¿No esperabas que fuera más animado, cierto? -le pregunta apoyado con una de sus manos en el mentón.
-Con sinceridad no.
-No todos somos Zeldris -ríe- de hecho, de solo pensarlo reconsideraré el psiquiatra.
Gelda sonríe involuntariamente y Estarrosa la mira detalladamente. Curioso, muy curioso... podría meter la mano al fuego, pero cree que es chica ni siquiera conoce realmente el tipo de interés que tiene por su hermano. Su rostro tiene ese brillo que ya ha visto en otras mujeres antes, es el primer paso antes de que el corte toda relación con ellas, siempre ha sido un fiel creyente de los encuentros casuales y solo eso. Pero alguien como Zeldris no, por lo que esto era sumamente interesante de comprobar que no era la única con esa mirada.
-¿Cómo te fue con mi hermano? Sé que suele ser pesado cuando quiere.
-Es una persona diligente, únicamente intercambié un par de palabras con él.
Siempre ha mentido, así que al hacerlo está segura de que suena como una verdad. Su cerebro está programado para mentir desde el lavado que ha hecho su padre desde los dieciocho, tenía tanto en ese entonces por vivir. Izraf le quitó ese todo para sustituirlo por una horrible realidad que perturba sus noches cada vez que sueña, cuando las órdenes la encadenan a cumplir los caprichos de su progenitor. Entonces despierta aterrada, con la sensación de las manos recorres su piel, llora por la suciedad...
Pero cuando cree que ha mentido correctamente, la sonrisa de autosuficiencia que tiene Estarrosa le hace comprender que necesitará mucho más que eso para convencerlo.
El negocio finalmente ha concluido y la unificación de los nuevos asociados termina en apretones de manos. Zeldris cree que está finalmente dado de baja, por lo que cuando su padre sale con Izraf, él los sigue más tranquilo. Ha pasado una de las partes difíciles de su día. Su padre está lo suficientemente entretenido para ignorarlo como desea, así que se concentra en la otra pequeña punzada de molestia, Estarrosa debe estar arribando con Gelda dentro de poco.
De las cosas más estúpidas que cree, se le pueden ocurrir a Izraf, dejar a su hija con su hermano debe estar en una de las primeras posiciones. Y lo peor de todo, es que se siente inquieto, molesto consigo mismo por darle importancia, pero tampoco lo evita. No sabe descifrar con certeza que cree que está haciendo preocupándose, cuando debe estar alerta para protegerse a sí mismo, no a Gelda. Tal vez las palabras de Cusack aún lo afectan, incluso después de dañar su mueble a patadas. El arranque de ira que tuvo después del almuerzo no volverá a repetirse nunca más.
Estarrosa aparece en su campo de visión, hablando de forma animada con ella, la persona que ha descompensado su realidad. Viste de un rojo que resalta su palidez, pero solo puede hacerla más hermosa de lo que es, de esa forma espectral. Solo la observa un par de segundos, en los que se permite vaciar su mente y solo recrearla. Tal vez solo la encuentra atractiva e inteligente, por eso el interés.
Debe ser eso, piensa orgulloso de su descubrimiento.
-He aquí su hija, señor Izraf, sana y salva -ríe Estarrosa, siendo secundado por el nombrado, pero de forma menos sonora- fue un placer ser tu compañero por el tiempo que ha durado el expreso.
-Puedo decir lo mismo.
Zeldris siente que está mintiendo, pero no agrega nada. Entonces ella lo mira, casi con un notoria timidez que le hace alguien distante a la osada mujer que le pidió el asiento en Edimburgo. Lo atribuye a los presentes, de seguro de estar solos sería la misma persona de actitud retadora, pero inteligente. La enviada para seducirlo. El pensamiento que ha rondado su cabeza el resto de la tarde. Esa misma mujer que ahora es presentada a su padre mientras sus conjeturas continúan, siente esa molestia en el pecho nuevamente, pero decide ignorarla en cuanto su padre lo mira, indicándole que acompañe a los invitados afuera, donde abordará el auto de vuelta a su hogar, aceptan con doble intención la cena que su padre les ofrece.
-Zeldris, lleva a Gelda a casa. Estarrosa, vienes con nosotros.
No reprocha nada, sin embargo cree que sus ojos han emitido un brillo de molestia durante unos segundos antes de apagarse. Lo menos que necesita es descubrir más virtudes de la mujer que lo acompañará, no si desea ¡Y vaya que lo hace! Dejarlo en un simple interés pasajero, no tiene el tiempo ni las ganas de adentrarse en terreno peligroso y desconocido. Se avergüenza en el corto camino a su auto de que ella sea la primera mujer por la que se siente interesado, solo una en más de quince años. Y la imagen de sus hermanos contanto sus aventuras sexuales le corta el rollo, casi suda frío cuando abre la puerta para ella e intenta ignorar la sonrisa de labios rosa que le ofrece por el gesto.
Deja que sus pensamientos se concentren en la maniobra en reversa para salir del estacionamiento. El auto ronronea suavemente por la calle asfaltada, las luces de los faros se enciendes y los últimos rayos del sol desaparecen en el horizonte.
-Tu hermano es agradable.
Por unos segundos considera la idea de rodar lo ojos, pero lo cree grosero- no esperes que contradiga tus palabras.
Gelda niega- no es por ese motivo, solo quise decirlo. Me ha comentado parte de sus aventuras, todas con un matiz de historias arriesgadas, creo que disfruta de la adrenalina.
-Como verás, no todos podemos ser sensatos -comenta divertido, la risa sincera de ella lo hace mirarla unos segundos en el retrovisor.
Mejillas rosadas armoniosas con su jovialidad. Está siendo sincera al reír, porque puede ver ese brillo de honestidad en sus ojos. Luego se obliga a dejar de observar algo tan vano como verla, incluso si quiere hacerlo. Se mantienen mirando fijamente recriminándose el momento de debilidad, no necesita la sonrisa de Gelda en su mente más de lo que ha estado toda ella. Lleva más de tres días en eso y no desea agregar más.
-No lo consideraría insensato, de contar con el tiempo, me hubiese aventurado a las cataratas -responde con una ilusión que amarga su vista. Solo se quedará en eso, una ilusión que con el tiempo también la abandonará.
Zeldris no responde a eso, porque él también desearía saltar. Ese silencio incómodo que se instala posterior a su confesión los acompaña hasta llegar a casa, donde le pide esperarlo mientras estaciona el auto. Entonces Gelda se permite mirar sin demasiada curiosidad la casa imponente frente a ella, con paredes que se asemejan a la jaula que tiene por hogar. Se encoge su corazón de imaginar que él también experimenta la misma sensación, lucía demasiado meditabundo cuando mencionó lo de las cataratas...
La cena pasa sin mayor interés. Mientras sus padres conversan ella lo mira dentro de lapsus cortos para evitar los ojos de Estarrosa, así que finge conversar con él lo suficiente para que pierda el interés. Intercambian de números telefónicos sin que nadie más lo note, pero ella sabe que no lo hace por él, sus últimas acciones giran alrededor de Zeldris. En ese punto está segura de estar interesada en él, pero a ciencia cierta no sabría definir el verdadero significado de esa palabras. Y está irremediablemente dispuesta a descubrirlo con prontitud.
Aún si él trata de evitarlo.
-Ha sido un verdadero placer conocerte, Gelda -comenta Estarrosa con una intención más oscura que la cordialidad- estoy fervientemente convencido de que no será la última vez que nos encontremos.
-Entonces, será un placer volver a verte -comenta ante de sorprenderse, él ha besado su mejilla a modo de despedida. Es muy acostumbrado en Europa, pero no deja de tomarla desprevenida.
Su padre no dice nada, pero tiene un extraño brillo de complacencia. De seguro está pensando en como acercarla a él, más de lo que ya están mientras funcione a conveniencia. Al frente, el señor Demonio tiene una mirada neutral y luego está Zeldris, observándola de forma fija. Contiene el aliento, se siente acorralada como si estuviese en una amenaza latente. Aún así trata de no mostrarlo, con esa máscara que su padre a ayudado a forjar.
Izraf aborda su auto dejándola con su chófer esperando dentro. Él se dirige una reunión y ella debe volver a casa.
-Estarrosa -advierte el señor Demonio para girarse- si nos disculpas, debemos retirarnos. Gelda, esperamos verte pronto.
-Seguramente para el evento de caridad de navidad, señor -se inclina respetuosamente, Estarrosa la mira divertido para luego abandonar el lugar, no sin antes levantar su móvil. Tendría que leer el mensaje que iba a enviarle.
Zeldris la mira, sin ese deje amenazante y ella lo recrea en su mente nuevamente por si no puede verlo en todo el mes antes del evento. Para ese entonces tal vez ha cambiado para con ella. Quizás no tengan esa extraña conexión que empieza apenas a formarse, pero está consciente de su existencia; porque puede sentirla cuando lo ve. No debería demorar, debe irse ¿Entonces que espera?
Algo más que un simple adiós...
-Gracias -comenta de repente- por traerme.
Él asiente y ella siente una horrible exasperación extendiéndose en su garganta. No le está poniendo las cosas fáciles.
-Volverás a ser callado -le sonríe- está bien.
-No puedo ofrecerte nada más.
Para su sorpresa Gelda sonríe con sinceridad, con esa habitual actitud desafiante antes de inclinarse para besar su mejilla. Después de eso gira elegantemente de vuelta a su auto- entonces no será necesario despedirme.
Cuando el auto avanza se queda de pie aturdido. Entonces es consciente de sí mismo y de lo mucho que arde su rostro. Ahí iba el primer de sus besos en la mejilla.
Gelda por su parte, no sabe realmente si fue un ataque de osadía que se apoderó de ella o el deseo de batallar contra el muro que Zeldris quería colocar entre ellos. Tal vez ambos, pero de lo que si estaba segura ahora que había leído el "Me agradas" de Estarrosa, es que no estaba dispuesta a ceder hasta descubrir que podía llegar a sentir por Zeldris si le daba el tiempo suficiente.
En el camino a casa decidió detenerse por una bebida, le estaba molestando un poco la garganta producto de llevar su cuello descubierto. Se encaminó a un sitio que se veía animado, las personas pasaban un rato agradable. Se acercó a la barra para pedir un bebida de frutas cuando un pequeño cerdo se asomó del puesto del dueño.
-Hola pequeño -murmuró dándole una pequeña palmada que el cerdo aprobó con entusiasmo.
Después de ello un joven que ella mayor de lo que aparentaba, puesto que emitía ese aire de dueño del local, le sonrió con cordialidad. "¡Hola! ¿Qué vas a ordenar?" ese rostro se parecía tanto a... ¿Sería posible?
-¿Meliodas?
-¿Nos conocemos?
¿Han visto we don´t talk anymore de Selena y Charlie? Bueno, así es como funcionarán los capítulos a partir de este punto. Uno, porque es necesario explicar ambos personajes y su desenvolvimiento de forma más cómoda o si no sería mucho más tedioso. Escribir un poco de la situación de Gelda me hace recordar a Rihanna cantar, nadie debería pasar por eso, pero pasa. Y nunca, bajo ninguna circunstancia, se debe pensar que fue culpa de la víctima, es todo lo contrario.
Lo que si me gustó es que por fin estoy entrando en la parte interesante de esta historia. Ya deben tener una pequeña pista del nudo, quien lo sepa, puede comentarlo en la caja o enviarme un mensaje privado si se anima. Son aproximadamente las 6 de la mañana y se supone que tengo clases en una hora, esto es triste...
¡Meh! Nos vemos en el siguiente capítulo~
