¡Atención!
¡Siéntase libre de disfrutar de la lectura, que con muchísimo cariño he escrito para todos los que apoyan esta hermosa pareja! Me declaro oficialmente enamorada de todos los proyectos que he leído con respecto a Gelda y Zeldris. Y, en uso de mis buenas facultades para la escritura (modestias aparte, por favor Saraevo), decidí hacer este especial navideño que obviamente, no tiene cronología con la historia regular y, mucho menos con lo que escribo.
¡Muy felices fiestas! ¡Muchas gracias por el apoyo y nos vemos en el 2019! Con más historias entre esas una sobre Soyo/ Kamui, Sasha/Mafuyu, Green/Blue, Hao/Jeanne, Yami/Charlotte, Maka/Soul; entre otras cientos de ideas que me vienen a la mente.
Notas: Agradecer a las personas que me animaron a hacer el proyecto, Wuda, por prestarse a ser la correctora y dibujar la mayoría de mis ideas (¡Muy pendientes porque estará ilustrando algunas escenas la historia de Black Clover y una de este fic). Pero, por sobretodo a ti que lees esto, que te gusta lo que escribo, que tomas tiempo para apoyar mi idea ¡Eternamente agradecida!
¿Propósitos del 2019? ¿Tienen alguna historia que deseen leer? Déjenlo en los comentarios y así me animaré a conocerlas para escribirlas.
¡Eso es todo! ¡Venga el capítulo!
La idea de la cena navideña nació de Meliodas, haciendo caso omiso de las protestas por la idea descabellada que empezaban a reflejarse en el rostro de su hermano menor. Estaba decidido a hacer una reunión familiar como "Dios manda". Así que ese mismo lunes, en la madrugada acompañado por su muy emocionada prometida, empezaron a adornar la casa donde se estaban alojando el resto de los familiares. Seguramente las paredes silenciaron los ronquidos de Estarrosa y, el sonido de las cajas de adornos que bajaron del auto. Era prácticamente empezar de cero, el primer año que se permitían el lujo de arreglar para cenar en familia.
El menos emocionado era Zeldris. De hecho, ni siquiera deseaba estar ahí, tenía trabajo y papeleo que no se haría por el estúpido espíritu navideño, alias ver a Elizabeth vestida de rojo ajustado, que tenía su hermano. Detestaba estar reunido con gente que no tenía sentido por la responsabilidad y sobretodo las muestras de afecto que Meliodas daba públicamente.
Sin contar la comida. Su estómago no volverá a ser el mismo.
Lo cierto es que tampoco le agradaba la navidad. Una parte de él detestaba los villancicos que sonaban como canción de cámara de tortura durante todo el diciembre. Además, era casi indispensable tener un arbolito y regalos. ¡¿Por qué?! ¿Qué ganas hay de estar regalando cuando tienen todo el año para hacerlo? No lo entendía simplemente y, no tenía la más mínima intención de hacerlo.
Además, su hermano pensaba llenar la casa de sus amistades y él no deseaba convivir con el cirque du soleil. Suficiente con el horrendo afán de Estarrosa de estar cantando 3:00 am The Angelous mientras subía como podía las escaleras, que en el último mes había sido sustituído por un, nuevamente espantoso, repertorio de villancicos. ¡No gracias, prefería estar encerrado el 24 de diciembre en la noche!
Sí, esa era la idea antes de abrir la puerta cuando su maestro decidió hacer uso de su habilidad "solo por esta vez, por favor" y, fue muy efectivo… por lo menos para sentenciar que estaría presente sólo una hora y luego de eso, podría irse sin represalias. Él asintió sonriente. Sinceramente, solo aceptaba porque no le caía tan mal como debía esperarse, considerando que había cuidado de él como un padre… le debía algo de consideración. Así que se viste apropiadamente (osea, de color negro con una corbata roja porque su armario no habitaba otro color) El gusto de los hijos del señor Demonio, hasta que Meliodas usó su primera camisa blanca… Zeldris aún recuerda cómo su padre la arrojó fuera antes de quemarla horrorizado. Y a esa le siguieron una verde, una crema, incluso una de flores veraniega. De seguro solo lo hacía por joder, no podía tener tan mal gusto, ¿verdad?
Salió con esa aire de no querer estar ahí, con la típica pose que Estarrosa llamaba "NarciZeldris". El no era un narcisista, solo que el poco privilegiado sistema de procesamiento que tenía su hermano por cerebro no lograba entender la magnificencia de su pose habitual. En el recibidor el Cirque du Soleil comía animadamente mientras compartían algunas copas, pero fue Elizabeth quien captó su atención y no, no se trataba de ella, sino de quien la acompañaba. No la reconocía y vaya que él grababa los rostros de las amistades que visitaban la casa. Todas y cada una de ella habían hecho alguna estupidez que le permitía recordarlos.
Diana había quebrado los vidrios de la ventana francesa jugando beisbol, King se había culpado ante su padre para salvar a Diana, Ban había vomitado después de la ronda de shots con Estarrosa, estuvo limpiando el piso casi por una semana, Merlín había experimentado con la comida de Meliodas. Escanor se ofreció a comerla y, una semana después, según recuerda, Meliodas fue a buscarlo cuando le dieron de alta del hospital. Aún le perturba recordar a Gowther probarse la lencería de Elizabeth, así que era mejor dejarlo allí. Asiste a terapia los lunes por la mañana.
Pero a ella, no la ha visto nunca. Seguramente debe se una amistad de su cuñada, ese aire distinto lo toma por sorpresa. ¡Diablos, ella es preciosa! Ahora que ha bajado dos peldaños más de la escalera y la mira como quien no quiere la cosa, puede notar esa belleza que hace que olvide momentáneamente la lencería de Elizabeth en el cuerpo de Gowther. Casi se le ha borrado cuando ella sonríe. Zeldris se siente curado.
Cuando da un traspiés en el peldaño antes del piso superior, el silencio incómodo se instaura permitiendo escuchar el estropicio. ¡Justamente cuando él finge mirarse los zapatos para pasar desapercibido que su dedo gordo acaba de resentir todo el golpe y las lágrimas del dolor empiezan a asomarse en sus ojos! ¡No frente a ella! Se dice indignado antes de reponerse como puede, con el calambre en el pie derecho y las ganas de maldecir al diseñador de la escalera y no a su falta de coordinación. Su cuñada decide que es el momento oportuno de presentarle a la joven que la acompaña.
-Zeldris, quiero presentarte a una importante amistad de unos años, Gelda -extiende la mano a modo de presentación y la nombrada la extiende a él.
¡No puede tocarla! Notaría lo sudado que está y sería estúpido limpiarse con la camisa y perder toda la imagen de "frío" que tiene. Así que asiente como si nada pasara, pero Gelda sonríe para él incluso sin tomarle la mano. Su corazón se salta un latido entre la fascinación de puberto que tiene al observar la preciosa sonrisa que le dirige y casi por instinto el lo intenta, saliendo una mueca más perversa que la de su padre al enviar a sus perros a corretear a los vecinos. Elizabeth tuerce la boca en un gesto nervioso que le indica lo mal que debe verse. Se maldijo internamente.
-Zeldris es un nombre inusual -contesta de forma interesada, para hacer amena la conversación.
-Si, mi padre no terminaba la rehabilitación cuando empezó a nombrarnos -rió, pero luego la observó horrorizado- ¡Es decir! Él…
¡Zeldris, compórtate! ¡NO eres un crío! Se recrimina mentalmente. Cuando la mira, esperando un rostro asustado, encuentra a la chica cubriendo con su manga su boca en un vago intento de oculta una melodiosa risa. ¿Qué cara de estúpido tendrá, considerando que Estarrosa se está riendo al fondo? Meliodas se une a la risa hasta formar un notorio escándalo que solo hace abochornarse más de lo que está. Malditos, les dice mentalmente mientras los mira; ¡Claro! ¡Búrlense del hermano sin experiencia que prefirió estudiar en vez de experimentar "la vida"!
-¿Quieres salir a tomar un poco de aire? -consigue decir después de fulminar a Meliodas, porque Estarrosa está tratando de liarse con una mujer nuevamente.
-Claro, Elizabeth -sonríe para su amiga, que entiende perfectamente o prefiere hacer de casamentera ahora que ha visto en HD el espectáculo inusual que dió Zeldris.
-Nos vemos luego. Recuerden el brindis -dice algo emocionada. Su cuñado empieza a verle en la frente "voy a emparejarlos, como si no tuviese otro oficio o algo mejor que hacer", y suda frío.
Salir le hace bien. Sus nervios se serenan un poco y él consigue ser nuevamente un poco de su actual persona. Se apoya en el barandal con la hermosa mujer a su lado, disfrutando de la suave brisa del invierno. La mira de reojo tratando de disimular, es por lo menos una cabeza más grande y si él tuviese la posibilidad de abrazarla probablemente su rostro quedaría entre… su senos.
Sus ojos se oscurecieron unos segundos chocado con su propia actitud. Desolado por parecerse cada día más a los enfermos que tiene por hermanos y peor aún, por considerar abrazarla sin su consentimiento. En esos segundo recuerda el deforme dibujo de la abeja y la flor que Estarrosa había hecho en una cartulina para explicarle de que iba "madurar". Sigue en terapia los lunes.
-Es una vista preciosa -sonríe ella.
-Lo eres. ¡Lo es! -se corrige azorado tratando de no abofetearse en frente de ella y lucir como un enfermo.
Gelda lo observa unos segundos antes de negar algo divertida- es muy distinto a lo que esperaba, Elizabeth me había comentado un poco de ustedes antes de conocerlos... lamento si fue un importuno, pero tenía interés en conocerlos -trata de corregirse algo sonrojada- su padre es una persona de mucho renombre al igual que sus hijos por eso yo...
-Entiendo -responde de forma calmada. El tema le ha servido para congelarlo un poco- tal vez Meliodas pueda responderte lo que necesites.
-Pensé que podrías.
-Oh... ¿yo? -cara de estúpido, otra vez, muy probablemente.
-Si. Elizabeth me mencionó sobre tu proyecto de energía sostenible y... disculpa si sueno tan entusiasmada, pero es un proyecto tan nutrido que me he sentido muy agradecida cuando me mencionó que podría conocerte. Así que, traté de ser puntual para tener una oportunidad de conversar contigo y... ¿Zeldris?
El chico había tapado su rostro abochornado.
