La sagrada locura, atentando con mentes cuerdas. Después del suplicio del encierro trae para ustedes su tercer proyecto"

Y el escritor dijo: Hágase el computador.

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Nanatsu no Taizai no me pertenece, todo ello corresponde a Nakaba Suzuki. Como dije en mi proyecto anterior, utilizo a los personajes por mero placer a la escritura y los fines de recreación que esta pueda traer.

Notas: lastimosamente el resto de los capítulos no tendrán la misma velocidad que los primeros ya que, entre nuevamente a clases y bueno, ¡Se están robando mi vida! Mi correctora tampoco está disponible, por lo que me disculpo si hay errores ortográficos (alias garrafales). Faltan aproximadamente 10 capítulos para terminarla y apenas vamos a entrar en el nudo de la historia :)

Muchísimas gracias por los comentarios, el apoyo y todos los mensajes privados. ¡De verdad que me alegro mucho! Me encanta responder los comentarios jocosos, ¡Valen oro! Además a las personas que me están preguntando por el foro. Aprovecharé para responder aquí. Tengo un foro sí, pero es de Black Clover y falta muchísimo personal por lo que no, aún no puedo empezar el de NNT sería suicidio. Por lo que estoy, esperando reunir a los capitanes de cada reino para finalmente iniciar el segundo proyecto. Además, esta historia necesita del poco tiempo que me queda después de las clases.

Ya saben. Si les gusta la historia, si quieren opinar, ¡no duden en comentar, me encantaría leerlos!

¡El capítulo!

A una semana del evento todo se complica y el humor de su padre empeora. Estarrosa para su sorpresa a dejado de consumir alcohol y reemplaza su vicio con videojuegos, algunas salidas en la madrugada con el resto de los subordinados de su padre; todo, menos probar nuevamente el líquido que ahora descansa en las repisas mayores.

Sabe el motivo, ¡¿Y como no?! Estarrosa tiene un humor considerablemente bueno desde sus conversaciones con Gelda y él no puede sentirse más en conflicto que en esas ocasiones que sostienen largas por teléfono y su hermano se permite narrar historias personales.

Todo estaría bien si no entrara en conflicto lo que siente por ella. Así que el domingo, finalizando la semana de asco que ha tenido, se digna en plantearse que hará con respecto a su tema personal. Bien, es lo suficientemente inteligente para aceptar que está atraído, pero no hay más de esa palabra por ahora y la mera idea de enamorarse le provoca dolor de cabeza. ¿Qué haría entonces? Él no está destinado a ofrecerle una mano cálida o una sonrisa, no mientras la agonía de vivir en esa casa lo esté consumiendo.

Pero Gelda es distinta a todo lo que pensaba, sería su vida, en el infierno del señor Demonio. Ella es refrescante, inteligente, hermosa. Es perfecta a pesar de las grietas que sus palabras han dejado escapar cuando tuvo la oportunidad de escucharla. Todo su mundo ha empezado a girar en su dirección, como magneto y él, ha estado jalando en dirección opuesta, pero lo ha conseguido, lo ha atraído como para aceptarla entre sus pensamientos. La vida se está tornando complicada.

Y ahora, debe buscar a su hermano Meliodas.

Por es el mal humor que destila con cualquiera que le dirija palabra. ¡¿Cómo su padre ha pedido el regreso del traidor?! Su molestia aumenta hasta un punto que no puede detener, se asemeja a una pequeña, pero violenta, bestia enjaulada. Claro, es estoico por crianza y como tal, aún permanece frío estratégicamente con su progenitor, incluso si está deseando gritarle todo lo que no ha gritado en su vida.

La noche lo serena lo suficiente para unos segundos de silencio. Quizás podría llamarla, tiene su teléfono entre el listado de asistentes del evento de navidad y, podría solicitarlo. Sin embargo, no sabe si eso verdaderamente sea la mejor opción. ¿Qué diría después? Claro que desea escuchar su tranquilizadora voz confortando sus pensamientos, pero, ¿Qué sigue?, cuando quiera más de lo que se puede permitir. Incluso Gelda es un objetivo que no debe ser tomado a la ligera, la relación de Edimburgo no debe verse afectada por su estúpido amorío.

A veces, solo quiere ser un crío impulsivo. Aunque nada tenga sentido de eso, no puede permitirse esos pensamientos. Es un legítimo heredero de la empresa más poderosa de la región, no un niño deseando un estrella. No. Él ya no puede soñar en ella, incluso si le gusta, solo debe dejarlo allí.

Está decidido.

¿Qué pasaría en una situación diferente?

La pregunta que arroja su mente lo aturdió momentáneamente. Si él no fue él y ella, no estuviese peligrando en su condición. Todo sería distinto, incluso sus pensamientos, porque de no ser la situación por la que pasan, se encargaría de amarla con profundidad. Se enamoraría hasta calarle los huesos y tatuarla en su piel. Le sonreiría como el niño que alguna vez fue, sin una infancia llena de memorias dolorosas…

Claro que dejaría el sentimiento llenarle los pulmones hasta ahogarlo. Pero eso, no es algo que pueda permitirse en la realidad que vive. Debe evitarla, porque de lo contrario no cree resistir mucho sin desearla.

En el corto espacio del silencio nocturno, se mentaliza para un día más. Para el martes debía buscar su ropa e intentar contactar a su hermano, solo. Estarrosa, a pesar de no beber, no lucía lo suficientemente bien para enfrentar al primogénito sin querer arreglar cuentas. Por lo que, siendo el más apto, enfrentaría la decisión de su padre.

Más tranquilo, se dirigió al dormitorio. No demoró antes de caer rendido a los sueños que, en esa ocasión, lo traen en una tarde cálida, a la misma cafetería de Edimburgo. Mesas perfectamente acomodadas con el mantel blanco bordado, servilletas y cubiertos brillando bajo las luces del cielo. Su mano atrapa la de Gelda en cuanto toman asiento, una caricia que la hace sonreír.

Ambos están cómodamente sentados lo suficientemente cerca para considerarse más privado. Zeldris se siente a gusto cuando ella descansa en su hombro, su boca se mueve, pero no logra escucharla. Está concentrado en lo perfecta que le parece desde ese ángulo, con el cabello claro contrastando con los mechones negros de él. Sus ojos adornados bajo pestañas grandes y delicada, labios de un rosado natural. Toda ella le parece fascinante, sobretodo, la confianza que se ve demostrada en sus dedos delicados entrelazados con los de él.

-Te amo.

Despierta. Con su voz susurrando esas últimas palabras. El reloj de mesa con la alarma sonando le parece sorprendente. Siempre se había levantado antes de la alarma, pero ha conseguido dormir satisfactoriamente una ronda sin interrupciones. Incluso su humor es considerablemente bueno para ser lunes por la mañana, lleno de asignaciones que debe cumplir con la mejor de las diligencias.

No repara en lo que ha soñado, porque no tiene importancia. Se levanta rápidamente, listo para iniciar su rutina, a su lado, Estarrosa ronca escandalosamente y sus pies, ya están fuera de la cama. Un poco más y caerá sonoramente.

Procura ser silencioso como de costumbre. Su hermano, a pesar de ser un completo idiota, merecía descansar considerando lo mal que pasaría la mañana solo. El resto estaría fuera, lo que dejaba a Estarrosa con el humor agrio de papá por las mañanas. Por lo menos él estaría con las invitaciones y la bandeja de recaudación. Cualquier cosa era mejor que estar en casa. Rodeado de ese aura asfixiante que su progenitor se encargaba de complementar con los continuos gritos. Zeldris ha perdido las cuentas en las que había deseado despertar en un sitio diferente. Incluso en los momentos en los que el ego lo cegaba y el reconocimiento de ser llamado por su nombre inflaba un falso orgullo, sentía el vacío inmediato de la realidad.

El agua fría le permite despejar sus pensamientos. Trata de mantenerse sereno, disfrutando la sensación de navaja que tenía el agua a esa hora, el frío que lo apartaba de la calidez de su cama, donde volvería a caer en brazos de sueños mortíferos. Ni siquiera completamente alcoholizado le agradaría la idea. Gelda no aportaría más que problemas, por más que descansó favorablemente gracias a su imagen.

Una que susurraba "te amo".

Se levantó de la tina para buscar su toalla. Vestirse demoró mucho menos, ya estaba acostumbrado a realizar todo de forma eficiente. Su hermano, por el contrario, apenas estaba regresando a la realidad.

-¿Ya te vas? tráeme algo de comer cuando regreses.

- Te quedarás aquí, comida es lo que menos te hará falta. Un reloj, por el contrario, parece ajustarse más a tus necesidades.

-¡Se me olvidaba! Tu humor de palabras bonitas por las mañanas -bostezó Estarrosa sonoramente, un gesto que desagradó al menor de la familia- ya pues, puedes largarte entonces.

-No me ordenas nada -lo observó con un gesto despectivo.

-Últimamente tienes un genio terrible, hermano -le sonríe para fastidiar- ¿Qué pasa? Te rechazaron por alguien ¿o qué?

Obtuvo un portazo como respuesta.

Zeldris tomó sus papeles y la carpeta maniobrando con su celular y las invitaciones. Entre esas tantas, la suya propia. Lo únicos que irían, después del mar humor de su padre, eran él y Estarrosa. Claro, este último, bajo la terminante y prohibida regla de traer una nueva amante a la entonces, que a pesar de solo asistir ellos, su padre tendría algún observador desde un punto neutro y evaluativo.

Lo que le recuerda su segunda misión del día. Buscó en la galería la foto más reciente, el último sitio donde Meliodas había sido visto por última vez. Parecía un tipo de muralla, él y Elizabeth sostenían una conversación mientras comían en un tipo de picnic. Asco, eso es todo lo que puede sentir al verlos., mientras él está condenado a ser el imbécil que lo busque, para pedirle que vuelva como si de verdad lo deseara.

Tendría que empezar su búsqueda en la muralla. Pero primero, encargarse de su parte del evento de beneficencia y eso, incluía revisar la organización. Ajustó el cinturón antes de dar marcha en su auto, tanteando la emisora por las noticias más importantes de PIB y, el resto de ridiculeces que debía saber.

El local estaba lo suficientemente lleno, él tenía un estacionamiento privado. Por lo que, estacionó y recogió los papeles en el asiento del copiloto antes de bajar. Con solo poner un pie fuera la temporada fría le golpeó el rostro, probablemente enrojeciendo su rostro. El vapor escapó de su boca en cuanto respiró un poco, concentrándose en la forma más rápida de adentrarse al local evitando el agitado movimiento de paneles y piezas de la tarima. Optó por la derecha, donde el las personas se encontraban dando órdenes. Al verlo, la mayoría se inclinó con respeto y el resto, lo observaban intimidados por la posición que ejercía ser el verdugo del señor Demonio, él, de manos sucias y trabajos de igual calibre.

-Joven Zeldris, me alegra verlo -comentó la coordinadora principal, la madre del orfanato más grande de Inglaterra- espero, nos disculpe por el constante movimiento y la poca tranquilidad que suelo ofrecerle en sus visitas. Es un gusto volver a verlo después de un año.

La señora regordeta le sonrió y él se limitó a sentir. Su relación con su familia remontaba de mucho atrás, cuando Meliodas apenas era un adolescente y Estarrosa recién llegaba a la casa. Tiene una vaga imagen, de verla nuevamente cuando tenía ocho, llevando a los niños a comunión. Su padre, por el contrario, tenía una afán de impedirle la religión que terminó por adoptar, aunque en ocasiones, vagas ocasiones, creía que existían "milagros". Sí, sonaba ridículo, pero él era de esas personas agnósticas que no negarían la existencia de alguien superior, después de vivir el infierno en la tierra. Seguramente, de ser criado en un sitio como en el que la madre educaba, no dudaría en ser un creyente. Esos niños habían tocado el cielo sin saberlo.

-Deseaba mi ayuda, la tranquilidad es el menor de los problemas -concluyó.

Ella sonrió- cierto, siempre tan escueto. Las invitaciones que te hice llegar, necesitaba tu evaluación. La bandeja de recaudación y, por supuesto, ¿Qué me digas a quién traerá un joven tan guapo como invitada?

Bufó al escucharla y la risa de ella se acentuó al verlo.

-Deberías traer a alguien, nos dará más popularidad y los medios querrán las mejores fotografías -concluyó llevándose la mano a las mejillas- mis niños necesitan ese dinero.

Zeldris la observó antes de poner su habitual rostro póquer. Ella tenía un punto, el revuelo que crearía que él se presentara con una pareja traería a la prensa y eso, le generaría más tendencia a la actividad, pero él no estaba dispuesto a hacerse un medio de entretenimiento. Por lo que, se concentró en observar las invitaciones que tenía antes de entregárselas con su aprobación y, posteriormente, retirarse para empezar con la bandeja. Los diseñadores conversaron con más emoción de lo que necesitaba, pero al final, lograron un acabado en la bandeja lo suficientemente atractivo como para incentivar el donativo. Su trabajo, para pasada las tres, estaba terminado.

-Madre, me retirare ahora. Debo continuar con el resto de mi itinerario -se inclinó a modo de despedida.

-Claro, muchas gracias.

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Gelda observa enternecida a los niños del orfanato darle la bienvenida a ella y a Elizabeth. Se escapó un par de horas con la joven que traicionó a su familia por amor, por lo que ambas estaban medio cubiertas con ropa distinta a la habitual y peinados muy comunes. Casi parece una chica normal, con el cabello suelto a un lado y un pequeño broche sosteniéndolo, una camiseta de color pastel, falda hasta la rodilla y zapatos de plataforma. No hay joyería de por medio, nada que pueda delatarla, se ha quitado el poco maquillaje que usa habitualmente. Una joven, normal, como desearía ser.

Elizabeth está encariñada con los niños, los ha apoyado desde que la encargada inició las actividades de recaudación. Los visita habitualmente, como ese día, para llevarles juguetes y alimentos. Al parecer, el chef del sitio del que es dueño Meliodas, había vuelto con su novia de las vacaciones que se habían tomado; por lo que, aprovechando la ocasión, decidieron hacerles un pequeño banquete. Apoyarla con la carga fue la mejor inversión de su tiempo y, realmente se siente mucho más a gusto con la chica de sonrisas de azúcar que en el auto, siendo la misma muñeca de porcelana.

-Hermana... -comentó animada la niña a su derecha, tomándole la mano con la suya- te hemos hecho un dibujo en la pizarra. ¡Ven a ver!

-Será todo un placer -le indicó gustosa dejándose guiar por la entusiasmada chiquilla.

La pizarra en realidad era un gran muro con dibujos y fotografías de las personas que asistían, colaboraban, padres adoptivos. Todo ese mundo plasmado con una belleza infantil que le cristalizó los ojos. Entre los retratos estaba Meliodas rodeado de un grupo de niños mientras sonreía, el resto de sus amistades en otra con un grupo distintos, Elizabeth con las cocineras preparando postres, los colaboradores y luego, entre esos tantos, un dibujo de ella. Curiosamente, no estaba nada mal, seguramente uno de los niños debía estar puliendo su talento. Sonrió pasando sus dedos por el retrato.

-¿Le... gustó? -comentó el niño que parecía ser el creador, un chico tímido.

-Claro, está precioso -se inclinó a su altura- es perfecto. Tienes mucho talento.

Balbuceó sonrojado antes de agradecerle y prácticamente huir. Gelda solo podía sentir ternura al verlos, ciegos del mundo cruel que había fuera de esas paredes. Elizabeth se le unió para ver el mural de dibujos cuando le indicó una de las fotografía. Meliodas y ella rodeado de niños. El amor que se reflejaba en los ojos del rubio hizo que Gelda tuviese una idea del motivo de su fuga al igual que el de Elizabeth. Ese tipo de amor, que te ahoga en un mar de sensaciones, fácilmente te movería por la persona correcta a hacer lo que considerabas imposible.

Meliodas escapó por amor y Elizabeth lo siguió.

-¡El hermano Meliodas es una gran persona! ¡Siempre nos hace reír! -comentó la niña que la había traído- aunque... es un poco diferente a sus hermanos.

Captó su atención, por lo que le sonrió en confidencia- ¿conoces a sus hermanos?

-¡Claro! ¡Hermano Estarrosa nos trae dulces, aunque no podemos comerlos mucho porque se nos picaran los dientes! -hace una especie de puchero- y el hermano Zeldris visita a madre en algunas ocasiones. ¡¿Tu también lo conoces, hermana?!

-Si -asiente cuando Elizabeth la observa con un deje de preocupación, puede hablar después de salir con ella.

-¡Hermana, ¡¿Crees que puedas decirle al hermano Zeldris que nos visite?! -le tomó de las mano con una emoción que le causó algo de gracia. Probablemente el toque misterioso del hijo menor había interesado a los niños.

-cuando lo vea se lo diré -asintió- los traeré conmigo si es posible.

Elizabeth parpadeó al comentario, pero no opinó al respecto. La sonrisa de confianza de Gelda no le inspiraba un peligro, pero sí el peso de la relación con el señor Demonio. Sería paciente, su nueva amistad no le inspiraba ningún sentimiento negativo, por lo que sonrió para aligerar la tensión que debía tener su rostro. La sola mención del tema le recordaba el rostro de decepción de Meliodas cuando rechazó a su familia, el dolor, sufrimiento... no hacían las cosas de la mejor forma, pero tampoco era la incorrecta. En su corazón, albergaba la seguridad de esas palabras.

-¿Es su novio? -consultó con ingenuidad la pequeña.

Por unos segundos su rostro se tornó sorpresa genuina- n-no, es un conocido... solo un conocido.

Un conocido que le gustaba.

Al salir del sitio, después de despedirse con la constancia de volver a visitarlos en cuanto se desocupara el resto de su agenda; decidió que había postergado la conversación con su acompañante por mucho tiempo. Caminaron hasta la primer cafetería, un poco desocupada, colocándose estratégicamente en las mesas del fondo. El clima poco agradable de afuera no surtía efecto con la calefacción. Gelda no recorrió con la mirada el local, tenía intereses más importantes en el momentos. Se concentró en la persona frente a ella. No debía contarle demasiado, pero tampoco nada considerando que Elizabeth podría saber más de lo que Zeldris le ha permitido a ella.

No va a dar su brazo a torcer. Gelda se considera lo suficientemente persistente para llevarle la contraria a él. Desde su última conversación, había sostenido infinidades con su hermano. Estarrosa parecía interesado en ella, pero no de una forma romántica; parecía evaluar lo que estaba dispuesta a hacer por conseguir lo que quería y si de paso, podría joderse a cualquiera por el camino y adjudicárselo. Seguramente había deducido su interés por Zeldris, desde la despedida de la cena. Cualquiera que la conociera como "Las mil tentaciones" pensaría que se trata de un juego de su padres; pero, según lo que piensa, Estarrosa ha descubierto que hay más de ella con respecto a su hermano y, por supuesto, más de él que trata de negar.

No quiere decirle hombre terco...

Una relación entre ellos garantizaría la lealtad de su padre y, como estaban las cosas con la empresa de las Diosas, le sorprendía que el señor Demonio no lo hubiese pensado. O quizás solo era ella estando ilusionada con un imposible y tratando de endulzarle con pensamientos inútiles. Es solo que, se rehusaba a dejar eso que sentía por borda. Menos con lo poco indiferente que era él, ¿Qué tiene de malo eso que siente en el pecho cuando sus pensamientos la regresan a Zeldris? ¿Acaso estaba mal desear un poco de felicidad en su vida después de todo lo que ha vivido?

Elizabeth le influye confianza apoyando una de sus manos con la suya- sé que sabes la situación por la que pasamos Meliodas y yo, por lo que puedo comentarte con confianza que me tomó por sorpresa tu amistad con sus hermanos. No estaba cociente de que Edimburgo mantuviese relaciones con el señor Demonio.

Ya estaba lista con la máscara de cuidado que colocaba para evitar filtrar información que no debía- mi padre cree que es más ventajosa para nosotros ahora que el poderío del señor Demonio se ha extendido el doble. De esa forma garantiza un mayor número de bienes al expandirse a su lado. -se toma su tiempo, el tema lo necesita- con respecto a lo otro, Estarrosa fue mi guía durante el pacto, por lo que después de sostener una conversación, mantenemos contacto por medio del teléfono... Zeldris fue a Edimburgo con la propuesta.

-Entiendo -comenta con una sonrisa de apoyo. Sabe que está midiendo lo que dice. -Meliodas los extraña, suele hablar de sus anécdotas y lo mucho que se arrepiente de su yo del pasado. Sé que debes preguntarte a que me refiero... verás Meliodas -intentó empezar antes de desviar la mirada- cree que su padre tomó represarías en sus hermanos cuando se escapó y, asegura que la peor parte se la llevó Zeldris.

Gelda la miró con un preocupación real en el rostro- ¿te estás refiriendo a... ?

-Si -la interrumpe con voz apagada- cree que desde entonces su padre ha estado maltratando a sus hermanos a modo de calmar su ira. -aprieta sus manos infundándole una extraña sensación. Como si de una madre se tratara- sé que no me tienes confianza, pero yo si a ti. Eres una gran persona en el tiempo en el que te he conocido, no dudaría en considerarte un persona amable. Y es por esa amabilidad es que debo confesarte que... Meliodas está pensado invocar una cláusula de revocación de presidencia.

-¿Cómo logrará tal cosa? -consulta asombrada.

-Ha pensado en provocar una crisis económica en la empresa y no solo la de su padre... también la de mi familia.