La sagrada locura, atentando con mentes cuerdas. Después del suplicio del encierro trae para ustedes su tercer proyecto"

Y el escritor dijo: Hágase el computador.

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Nanatsu no Taizai no me pertenece, todo ello corresponde a Nakaba Suzuki. Como dije en mi proyecto anterior, utilizo a los personajes por mero placer a la escritura y los fines de recreación que esta pueda traer.

Notas: lastimosamente el resto de los capítulos no tendrán la misma velocidad que los primeros ya que, entre nuevamente a clases y bueno, ¡Se están robando mi vida! Mi correctora tampoco está disponible, por lo que me disculpo si hay errores ortográficos (alias garrafales).

Vaya, ha pasado un siglo desde esas palabras y realmente no sé si hay alguien que esté leyendo esto después del lapsus que me tomé antes de volver a aparecer. La escuela me está acabando de a poco con tantos molestos exámenes que ni siquiera se dignan en explicar bien. Molesto, por no decir irritante. Dejando eso de lado, lamento muchísimo no escribir cuando ya tenía el borrador y solo debía editarlo. Espero, que los comentarios que me llegaron con respecto al capítulo anterior, puedan ver este nuevo capítulo.

¡¿Por cierto, se vieron lo nuevo del manga?! Creo que Meliodas es un terrible mal hermano y Cusack un padre con problemas mentales. Por cierto, Gelda se ve igual de preciosa que siempre (*w*)

¡El capítulo!

Gelda se desliza como seda entre los dedos de su acompañante de baile. Giran en una sincronía peligrosa, porque Estarossa la observa con una sonrisa arrogante y vacía. Tratando de pinchar; por mero placer a su observador. A pesar de que todos los ojos estén puestos en ellos, solo le interesan los de Zeldris. La forma peligrosa de su mirada, una alentadora promesa que surte efecto en sus propios sentimientos. Tal vez empiece a ser menos indiferente si la mira así, por lo menos, eso se permite albergar después de tiempo de no verse. No se ha dado por vencida, jamás lo haría a su causa más importante. Sentirse viva después de conocerlo, incluso considerando las posteriores circunstancias.

Era el día de la actividad de beneficencia. Esa mañana, Gelda vio interrumpida su rutina con una reunión de su padre recordándole que el único propósito por el que iba a asistir era como informadora. La invitación de ser la acompañante del segundo hijo del Señor Demonio avivaba esa utopía de su padre de obtener cualquier tipo de debilidad por medio de ellos. Su hija no lo corrigió, pero si pensó en que él no sería un obstáculo para su relación con Zeldris en tanto deseara más poder del que poseía. Lo que significaba que estarían a salvo de sus ojos un largo período de tiempo.

Lástima que solo eran ilusiones unilaterales de algo que podría suceder. Le gustaba un hombre obstinado en principios que escapaban de su conocimiento, pero la mirada con tal intensidad que sentía que cada vez que volvían a coincidir bajo cualquier medio, la corriente entre ambos se haría visible. Gelda se sentía orgullosa de tener una observación desarrollada y no vacilaría en afirmar que él no quiere apartarse como deja entre sus palabras ver.

Y eso la lleva a aceptar la propuesta de Estarossa, con el fin de estar en el mismo círculo que Zeldris e intentar abordarlo una vez más. Curiosamente su aceptación había surgido de una conversación con su pareja de esa noche, el segundo hermano de la familia Demonio la encontró posterior a la visita de los niños. Cuando pararon para recoger papeles de mero trámite. Él también estaba haciendo algo similar mientras coqueteaba descaradamente con la recepcionista, Gelda estaba segura que la tenía comiendo en la palma de su mano, podía notarlo por la forma hambrienta en que lo miraba. El contraste inmediato con los dos hermanos restantes le dibujó una sonrisa sincera. Meliodas era similar en ese aspecto, ella lo pudo presenciar en la forma que se desenvolvía con Elizabeth; alternado sus bromas en un sentido directo, sin contar las insinuaciones. Luego estaba Zeldris, a quien no imaginaría de esa forma, porque tenía una actitud más reservada.

Estarossa logra verla cuando intenta pasar desapercibida para no incomodar a la secretaria. Rápidamente sonríe de forma torcida, altanero como de costumbre- Gelda, es bueno verte.

Sonríe por cortesía al escucharlo- puedo decir lo mismo.

-Te invito algo -ofrece, ojos que brillan de diversión. De buenas a primeras no deduce exactamente que pasa por la mente de Estarossa, pero asiente con suavidad. Puede ser algo de su interés, después de todo, estaba segura que él sabía sus intenciones con respecto a Zeldris.

Antes de abandonar el lugar, lo observa recibir el número de la recepcionista. Él solo ríe restándole importancia, lo guarda perezosamente en el bolsillo mientras empieza a preguntarle por sus días sin verse. Gelda aborda cada consulta con la distinción que la caracteriza, sin esforzarse a sonar tan natural como verdaderamente es y tan cómoda, como no lo está. Después de todo, él no es el tercer hijo; sino el segundo del que se sabe, es el más inestable. La crisis de alcohol, la depresión disfrazada en risa, Gelda puede verlo como también la ha visto a ella.

-¿Así que, lista para el evento? -consulta casual, abriendo la puerta del local con diversión, estirando un poco más su gesto caballeroso en algo de gracia propia, sacando una sonrisa en su acompañante. Estarossa la guía a través de las mesas encontrando una lo suficientemente cómoda para conversar.

-Con franqueza aún me cuestiono el porqué me elegiste entre tantas opciones -comenta, ha conseguido fácilmente que él ría en signo de travesura descubierta.

Lo ve llevarse una de sus manos al mentón mientras finge pensarlo -Ninguna de mis otras opciones incluyen a Zeldris, como sabrás, disfruto particularmente de su mortificación.

-No me considero un motivo para llevar tal hazaña -le asegura antes deteniéndose en cuanto el mesero aparece. Ambos ordenan bebidas y postre, reanudando su conversación en cuanto se retira.

Estarossa emite una carcajada tan honesta que a ella le produce dolor después de que él se quejara de sentir su estómago dividido a la mitad. Sin embargo, ese locura contagiosa de reír lleva a Gelda a igual su gesto con mucha más reserva. Él demora un par de segundos, pero en cuanto regresa a respirar con más tranquilidad, momentáneamente la mira con completa seriedad. Un peligroso silencio que ella aborda con la cautela posible.

-No juegues a la inocencia, lo detesto -puntualiza, enfatizando la palabra inocencia. Dejando que lea la advertencia entre sus palabras.

-No puedo jugar algo que desconozco -trata de persuadirlo, sus ojos y gestos implican un juego que lo convence momentáneamente, sobretodo al hablar lo último- Zeldris no es alguien que me permita ver más allá de lo que me diga.

Estarossa le aplaude con diversión- que forma de convencerme~ por tu esfuerzo, me convenceré de que lo que dices es verdad, considerando que mi hermano era asexual antes de conocerte -otra carcajada le sigue- deja que te vea conmigo en el evento de beneficencia.

-No he aceptado aún la propuesta -sonríe para él, complacida de ver que momentáneamente le arranca una sonrisa más honesta. Incluso parece satisfecho de verla desenvolverse tan bien, a pesar de tratarse de un Demonio.

-No tengo necesidad de escuchar tu respuesta, ya se lo que harás -el pedido llega y ambos se disponen a comer.

Realmente desconoce si Estarossa pretende apoyarla o solo la prueba para evaluar su fidelidad con la alianza que tiene su padre. Tal vez solo quiera camuflar sus intenciones mediante un diálogo entretenido y fingir que vela por los sentimientos de alguien que no conoce, pero muestra interés en su pequeño hermano. Él ha visto en ella ya, debe saber porque su padre la utiliza y de que forma asquerosa lo hace. Debe saber lo manchada que está. Además, y más importante, él también puede estar cumpliendo un sondeo para su padre; después de todo, de esa misma forma se conoció con Zeldris.

Aunque sus pensamientos le arrojen que no debe acercarse a Estarossa demasiado, también piensa en Meliodas y su propuesta. De camino al sitio donde se desarrollaría la actividad de beneficencia, meditó realmente lo que implicaba ser participe de la propuesta del primogénito Demonio. A pesar de nos actuar directamente, tener conocimiento de las cláusulas que pensaban activar Meliodas y Elizabeth solo la hacía cómplice y, por ende, a toda la compañía de Edimburgo. Para el señor Demonio significaría una traición.

Su padre finalmente acabaría con ella en todos aspectos. Sus grande manos tomarían su cuello y... o quizás la venda para recuperar algo del dinero perdido. Estaba arriesgando demasiado por una causa que no le involucraba hasta escuchar lo que Meliodas habló con respecto a su padre.

-Nos había lavado el cerebro hasta el punto de convencernos que lo que estábamos haciendo era el propósito de nuestra vida. A penas y podía pensar en algo más que el poder. Lastimé a demasiadas personas antes de ver la realidad, más bien. Elizabeth me hizo verla... mis hermanos solo han conocido la filosofía de mi padre toda su vida, no han escapado como yo lo hice y temo... que sea demasiado tarde.

He sido un mal hermano... él ha sido el peor padre.

En ese momento, cuando se sintió una confidente sin saber realmente que hacer, atinó a colocar su mano sobre las suyas a modo de confort. Se sintió tan preocupada por el bienestar de Zeldris e incluso el de Estarossa. Comprendió que la vida de ambos era igual de desastrosa que la suya, sintió una empatía que podría costarle mucho más que la integridad. No le aseguró a Meliodas ayudarlo, pero prometió pensarlo como lo hizo antes de llegar. En el momento que puso un pie en la actividad de beneficencia, su acompañante le extendió la misma sonrisa que en el café. Le ofreció el brazo que no dudó en utilizar para apoyarse. Las fotos no se hicieron esperar, después de todo, conociendo la fama que tenía; parecía otra de sus conquistas.

Eso la lleva a ese momento, cuando Zeldris ya está en su punto de vista y la observa momentáneamente mientras habla con diferentes colaboradores. Sus ojos la atraviesas en sensaciones fuertes. A su lado Estarossa le sonríe antes de indicarle a Gelda con una de sus manos que es momento de bailar. Ella lo sigue convencida de estar en medio de un terreno de fuego. Pero, por sobre todas las cosas, dispuesta por él. Esperando que decida buscarla.

Ahora baila con su hermano, girando en sincronía. La música les permite demostrar el talento innato de la danza. En cuanto la pieza termina reciben numerosas ovaciones. Gelda sonríe en agradecimiento, su acompañante la mira antes de asentir. Está convencido que en cuanto la deje Zeldris irá tras ella, porque la naturaleza de su hermano será advertirle de lo peligroso que resulta él. Así que no vacila en sonreírle a Gelda cuando la abandona para buscar a alguien con quien entretenerse el resto de la velada. El trabajo sucio después de todo está resuelto.

Su hermano dejó de ser una especie nueva de hombre trabajador, para ser solo un niño vacilante. Espera que por lo menos tenga la valentía de buscarla, lo que le hace falta está en esa mujer que parece buscarlo con insistencia. Se convence divertido que después de tener a Gelda de las Mil Tentaciones, Zeldris dejaría de estar cabreado con el mundo. Además estaba su principal propósito, ese que le hace persistir en la sonrisa ladina. Gelda provocaría la destrucción de Edimburgo y Geldris la de su padre. Entonces, cuando todo arda, el se complacerá de ver a su progenitor destrozado, como él lo está gracias a su mano.

Que entretenido será.

En efecto, Zeldris la busca en cuanto Estarossa deja de escoltarla. Luce perfecta como de costumbre. Su cabello suelto acomodado a un lado, su vestido hasta las rodillas en un estilo campana. Viste de rojo vino. No se cree lo suficientemente idiota como para ignorar la insinuación directa a la ropa que está acostumbrado a utilizar y que reconoció para ella, era uno de sus colores favoritos. Le había advertido Cusack que Gelda seducía con la mirada y algunas palabras educadas. Pero su maestro había omitido que el encanto de ella no era ninguna de esas dos habilidades, sino su belleza natural que irradia y es algo más profundo que su rostro o figura. Es un encanto poético que deseó no haber visto, porque seguramente de esa forma no le gustaría tanto como lo hace.

-Pensé que no eras buena tomando decisiones conmigo, pero no soy el único con el que lo haces.

Gelda niega con suavidad al escucharlo. Estarossa había acertado al suponer que vendría ante ella. Se han encontrado en el pasillo que conduce a la sala de descanso, les otorga una privacidad que agradece internamente. Lo menos que necesitan es ojos curiosos que tengan información innecesaria y tergiversada de la realidad. Quiere alcanzarlo con la mano y comprobar si la dejaría con el gesto.

-Ha decidido amablemente en hacerme compañía un tiempo determinado. -comenta con jovialidad- me gustan todas las decisiones que he tomado. Incluso esta, ha sido de provecho encontrar un ávido compañero de baile.

Zeldris descarta morderse la lengua. La persona frente a él ya empezó a jugar ese insistente juego de tirar y jalar que han tenido ambos desde que se conocieron. Se permite sonreír con ojos cerrados en una mueca de satisfacción interna, Gelda cumple con ser insistente.

-No es lo único que encontraras en Estarossa si sigues otorgándole permiso.

Ella ríe melodiosamente, de forma suave. Mucho antes de que lo hiciera, sabría que encontraría el humor en un comentario que va destinado a detenerla; no solo de lo que hace con respecto a su hermano, sino de lo que intenta por medio de él. Gelda se acerca finalmente y Zeldris siente que empieza a sentir la necesidad de apartarla. No lo hace, a su favor, se encuentra mortificado cuando no le impide apoyar una de sus manos en su mejilla. Es apenas un rose que lo tensa como cuerda de instrumento musical, dispuesto a sonar al modo en el que los dedos de ella rozan su piel. Ambos se observan en silencio brevemente.

-¿Qué puedo encontrar en ti, Zeldris? -murmura inclinándose.

Maldice el calor que le transmite y lo fácil que hace parecer el gesto- nada de lo que estás esperando que te ofrezca. -se atreve a apoyar su mano entre la suya perdiendo el toque en su mejilla, pero obteniendo sus dedos entrelazados involuntariamente al apartarla.

-Es contradictorio considerando que tu mano ahora sostiene la mía -le sonríe- puedes mentirme, pero no a ti mismo.

Lo ve removerse antes de negar molesto- ¿Por qué? -pregunta de repente- no he sido amable, tampoco te he demostrado ningún tipo de simpatía... ¿por qué?

-Tu me haces sentir viva, algo que no cambiaría por nada de lo que has dicho. -susurra, algo de su dolor se deja ver en ojos que a Zeldris le parecen perfectamente enternecedores. Ella le está permitiendo ver debajo de la máscara que ha construido de los pedazos de inocencia que su padre le ha robado.

No sabe que responder cuando él puede considerar esa oración como la perfecta respuesta a lo mismo que siente por ella. La forma en la que sus días suelen hacerse menos tediosos en cuanto tiene la oportunidad de recrearla en sus pensamientos. Gelda lo desarma con palabras honestas que no puede contrarrestar, mitiga su sentimiento de responsabilidad familiar y le permite olvidad que se trata de la hija de Izraf. Hace poco se había dicho que de permitirle un solo paso más el caería en los peldaños de una idea en la que ambos puedan encontrarse sin sentir la culpabilidad de traicionar su linaje y comprometer a su padre. Gelda ha avanzado con esa simple oración lo poco que le faltaba, corrompiendo sus principios y reduciéndolo a la realidad de aceptar que ella representa lo mismo en su vida.

¿Acaso su padre la aceptaría?

-Gelda... -intenta hablarle antes de que ella lo detenga.

-En cuanto creas prudente, dame un respuesta que no esté nublada por tu obligación como hijo -concluye antes de besar su mejilla, el gesto quema en su piel. Seguramente debe tener las orejas rojas, las siente calientes.

La hija de Izraf lo deja solo mientras trata de recuperarse en cuando desaparece del campo de visión de Zeldris. Lleva una de sus manos a su pecho respirando con mayor necesidad el oxígeno que le ha robado ser tan osada. No puede dejar de sentirse una mujer enamorada, incluso debe sonreír perfectamente como una. Trata de reducir su rubor intentando serenarse en el tránsito del pasillo devuelta a la fiesta. No pasa desapercibida de su padre, Gelda observa sus ojos taladrarle en busca de respuesta que ella protege con una mirada cubierta de la máscara que ha creado con los años. No le permitirá destruir el único motivo de su sonrisa honesta. Sin embargo, sabe que eso no bastará, no cuando Izraf entrecierra los ojos en signo de desprecio a su comportamiento.

La sentenció silenciosamente.

-/-

Zeldris se toma su tiempo antes de regresar como si nada hubiese pasado. Controlando su rostro sereno frente a los latidos apresurados que aún surgían para traladarle su actitud serena. No la busca entre las personas porque piensa realmente en volver a encontrarla cuando tenga una respuesta más clara. De negarse, apartarla firmemente; de aceptarla... descubrir a donde los llevará los sentimientos que pretenden devorar su seguridad con respecto a todos sus pensamientos desde que la conoció. Cuando reconoció que le gustaba, pero debía ser más cauteloso en los pasos que daba.

Encuentra a Estarossa del otro lado, levantando una copa de lo que parece ser soda. La levanta en su honor antes de beberla, Zeldris no sabe como se contiene de golpearlo. Pensar que su hermano tiene conocimiento de lo que siente por Gelda le parecía una realidad absurda que ahora reconoce como verdad. Estarossa tomó un bando y no fue del lado de sus principios ni menos, los fundamento con los que su padres lo habían criado. El orgullo de su estirpe, la necesidad de poder hasta consumir la belleza del mundo...

El destruir todo sentimiento que causara inferioridad.

A pesar de que la velada transcurre sin mayores contratiempos, la actividad de beneficencia consigue recaudar el doble de lo estipulado. De su mano se entrega el cheque con los fondos obtenidos a modo de distinción. Solo cuando acabó el movimiento de la prensa encontró un momento para escuchar las palabras de la madre de convento. La señora le indicó hablar en un sitio menos concurrido, por lo que ambos se acercaron a la terraza, ya empezaban a despejar el sitio. Su hermano probablemente no regresaría con él. El viaje a casa le daría tiempo para pensar.

-Haz hecho un gran trabajo hoy -le toma las manos- mis niños estarán eternamente agradecidos de tu bondad.

-Coloca sentimientos que no puedo albergar -la mira completamente serio, hace mucho que perdió la humanidad. Solo queda un cascarón lleno de resentimiento por demasiadas personas.

-No puedes verlo ahora -sonríe con gentileza- a su debido tiempo lo comprenderás, una acción mueve al mundo, Zeldris y la tuya a hecho girar a mis niños. Sé que no albergas ninguna religión y tu padre es muy poco asiduo a la creencia. Pero, que te sigan bendiciendo como hasta ahora muchacho.

No dice nada al escucharla, ni siquiera se toma el tiempo de contradecirla. ¿Acaso vivir esa vida que tiene es una bendición? ¿Los golpes de su padre solo eran un móvil de su obsequio? Omitió cada palabra que quería escupir del veneno que se asomaba garganta arriba. Su vida estaba llena de espinas que terminaron por perforarlo. Un orgullo falso y una familia que no puede considerarse como tal. Su hermano el traidor terminó de arrojarlos a las brazas de más de diez años intentando soportar cada día que seguía al lado de su progenitor y el bastón que no dudó en utilizar para romper su boca en cuanto no le satisfacía el trabajo que realizaba como verdugo. Deshaciéndose de la suciedad, reducido a actuar de la peor forma posible para llenar unas expectativas que ahora sabe vacías con las palabras de la señora.

Ella lo deja no sin antes mirarlo de forma dulce. Zeldris entonces suspira llevando su cabello atrás con una de sus manos.

El viaje de vuelta estuvo plagado de memorias del pasado. Las bromas que le hacían sus hermanos, su esfuerzo por estudiar hasta el cansancio, los moretones de su padre, su iniciación en la esgrima. La primera vez que fue reconocido, el orgullo que sintió al ser parte de la familia, cuando Meliodas aprobó su primer desempeño como hijo del señor Demonio. Cuando finalmente el traidor los dejó hasta la reunión en la cafetería de Edimburgo. Zeldris reconoce que solo ha estado pensando en favor de su familia, el orgullo de ser parte lo ha cegado lo suficiente para ignorar que sin nada de eso, no ha hecho absolutamente nada. No ha llenado el vacío que siempre ha estado ahí y ahora empieza a reclamarle.

Ahora encuentra absurdo pensar que su padre va a aceptar a Gelda. Comprometería la disposición de su verdugo para seguir siendo la marioneta que desea.

Lo reciben sus sirvientes al llegar, todos en perfecta sincronía inclinándose en un respetuoso saludo. Zeldris se dirige a las escaleras cuando su padre lo intercepta, esta vez tiene un humor de diversión perversa que lo hace estar alerta a la mínima pregunta que pueda hacerle. Se inclina con respeto.

-¿Tu hermano? -consulta.

-Regresará mañana.

-Por su bien, espero que así sea. -luego retoma su camino sin decir una sola palabra, su hijo lo observa desconcertado. Es la primera conversación corta que sostienen sin incluir las que son únicamente para recibir su informe.

Zeldris no sabe como tomarse esa situación, así que prefiere concederle un motivo de buenas noticias para su empresa. De ninguna forma llega a imaginar el motivo de felicidad detrás de ese humor negro. Se deja sedar por la comodidad de su cama antes de dormirse, pensando que puede tener un día en calma... antes de la tormenta. Buscar al traidor, regresarlo a casa para premiarlo por su vulgar acto. Degradando su esfuerzo a nada.

Odiaba en lo que se había convertido su hermano.

Esa noche no soñó en nada. Le fue muy fácil despertar a las ocho, cuando los golpes del despacho de su padre rebotaban como ondas hasta su cuarto. Estarossa aún no había llegado, por lo que el pie izquierdo de su progenitor empezaba la mañana. Se incorporó al escuchar su celular sonar, el nombre de su hermano se reflejaba en la pantalla.

-Mi padre te quiere aquí y ahora.

-Gelda está conmigo ahora -responde tensándolo de forma inmediata. Una respuesta como esa no se la esperaba y mucho menos el tono tan neutro con el que habla- su padre no parece tan diferente que el nuestro.

Colgó.

-/-

Estarossa no dice nada, pero le ofrece la sábana que retira de la cama donde se encontraba sentado. Ella le agradece en silencio, sus labios tiemblan; la mirada de brillo que tuvo antes estaba sustituida por la desolación. Se siente los suficientemente vulnerable para permanecer observando el piso. El asco que le provoca recordar que su padre la arrojó a ese lugar rodeada de cerdos inhumados atraídos por su vulnerabilidad. Izraf le había prometido quebrarla y esa noche casi lo consigue.

Su sonrisa en el baile le costó mucho más de lo que esperaba.

Su salvador interrumpió la lamentable escena cuando se equivocó de habitación en el hotel. Su primera impresión lo hizo abrir los ojos momentáneamente, Gelda se encontraba amordazada. La rodeaban hombres lo suficientemente mayores para pasar como sus padres, uno de ellos apretaba su cuello con insistencia. Estaba desnuda y marcada con moretones que probablemente le habían causado para controlarla. Estarossa no lo pensó dos veces antes de tomar a uno del brazo y doblarlo hasta producirle un dolor insoportable.

Los amenazó con una risa arrogante, reconocía a algunos de ellos. Todos se movían en el mismo círculo que su padre. Le produjeron asco.

Salieron a tropiezos de miedo. Gelda a penas y fue consciente cuando él la cubrió con su camisa, no le dijo nada. Solo se sentó en el sitio sin mirarla, después de unos minutos llamó a recepción para ordenar artículos de limpieza. Gelda pensó que la miraría con repulsión, pero encontró unos ojos de un mutismo que no lo caracterizaba, ensimismado en pensamientos que ella desconocía, pero estaba consciente que habían surgido producto de lo que acababa de vivir. ¿Cómo podría volver a su casa?

Después del baño lo encontró hablando por móvil sobre su padre. Eso los lleva a ese momento, cuando la sábana cubre su cuerpo húmedo y él le indica que bajará para conseguirle ropa. Gelda no le dice que no quiere quedarse sola, así que asiente despacio. En cuanto la habitación queda sola escucha sus sollozos. Se abraza a si misma asustada de lo que su padre fue capaz de hacerle. Con lágrimas en los ojos escucha la puerta abrirse y se prepara para enfrentarse nuevamente a Estarossa con una máscara de serenidad que no posee.

Pero Zeldris la desarma antes de pensarlo, sus ojos la evalúan unos segundos antes de acercarse. Gelda tiembla antes de morder su boca para no llorar, él la rodea con sus brazos cuando finalmente se quiebra.

-No volverás a ese lugar.