"La sagrada locura, atentando con mentes cuerdas. Después del suplicio del encierro trae para ustedes su tercer proyecto"
Y el escritor dijo: Hágase el computador.
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Nanatsu no Taizai no me pertenece, todo ello corresponde a Nakaba Suzuki. Como dije en mi proyecto anterior, utilizo a los personajes por mero placer a la escritura y los fines de recreación que esta pueda traer.
¡Han pasado 84 años…! En realidad, si se ha sentido como una eternidad no escribir sobre Gelda o Zeldris. Wao, debo una disculpa enorme por ausentarme por un gran tiempo y también, por ajustar la historia a "editar". Procedo a explicar, en el momento que terminé el capítulo ocho, releí la historia para saber que huecos me faltaban y seguir cronológicamente. ¡Fue una desagradable sorpresa descubrir la cantidad injustificable de errores ortográficos!
Quedé horrorizada y preferí darme el tiempo para corregir todo eso y, sin embargo, para desgracia mía y de la editora, parece que el plazo de FF de guardar los documentos se venció, por lo que borró todos los capítulos a excepción de los dos últimos, que, son los que están bastante aceptables.
Así que, eso me tiene aquí algo inconforme por no poder mejorar la historia, pero realmente feliz de sentirme con aires renovados para dar lo mejor de mí en ella. ¡Espero de verdad, disfruten! De paso, agradecer cada comentario que hicieron al último capítulo.
¡Sin más dilación, ¿Hotel?!
¡Zhivago!
Elizabeth a penas y pudo contenerse al verla, su rostro se contrajo en una muestra de horror y sus manos involuntariamente tocaron el primero de los muchos moretones que tenía Gelda. Aunque estaban sanando, la coloración oscura le daba un aspecto peor del que se sentía. Ella le pidió que pasara, estando en la puerta solo podría ser víctima de algún paparazzi con ganas de alimentarse de una nueva historia de romance que involucrara al segundo hijo del señor Demonio. Todo eso estallaría violentamente con ella siendo nuevamente arrastrada a las garras de su padre. Estaba decidida a no volver, incluso si su nombre se veía ultrajado entre el amarillismo y la propia ira de Izraf. Tenía que velar por mantenerse a salvo… por salvar a Zeldris y Estarossa.
Puso en sus labios una sonrisa de calma y extendió su mano- toma asiento, ¿Gustas algo de beber Elizabeth?
Su compañera negó rápidamente- déjame atenderte primero por favor, ¿Cómo…? Si no quieres… es decir….
-Tranquila, sé que debe verse mal e incluso no tengo la fuerza para mirarme al espejo -dejó de estirar sus labios, no sentía la necesidad de ser tan falsa. Si había tomado una decisión con respecto a la propuesta que le plantearon en la Taberna, tenía que aprender a confiar un poco más en ellos- un grupo de hombres… en un hotel -su nudo en la garganta la hizo tragar- le debo lo que queda de mí a Estarossa y Zeldris.
A ese punto no dejaba de recordar los pequeños rastros de los golpes que recibió Zeldris y trató de ocultar en sus conversaciones. Cuando le confesó que le gustaba alcanzó a ver el resultado de su protección. El mensaje que le causó broma en Estarosa no fue un chiste soltado a la ligera, si el sr. Demonio estaba como "boss final" y su enamorado aparecía con moretones al día siguiente que no fue capaz de mencionar… las palabras de Meliodas no estaban tan lejos de la realidad. El asunto era demasiado delicado.
Elizabeth contuvo el sollozo al pensar en los asquerosos seres que se hacían llamar humanos, pero cometían acto tan crueles como el que presenciaba.
-Gelda, cuanto lo siento -a penas y pudo pronunciar antes de llorar honestamente- no estás sola en esto, puedes contar con nosotros para lo que necesites, estaremos dispuestos a ayudarte.
-Gracias -agregó en respuesta a su ofrecimiento, Gelda hizo una pausa antes de continuar- solo quiero que me permitan unirme a su causa, quiero la libertad que no han gozado Estarossa y Zeldris, quiero que el imperio que su padre construyó con dolor sea sustituido por alguien con la capacidad de llevarlo de mejor manera.
Elizabeth asintió aún afectada- no sabes cuánto te agradecemos que nos permitas contar con tu valiosa ayuda. ¡Pero, basta de charla! -anunció golpeando el cojín a su lado- necesitamos atender tus heridas.
El proceso fue lento, no le dolía, pero la marca psicológica ardía entre ira y tristeza. Tenía tantas ganas de dejar que su padre se hundiera como de llorar. Seguramente eso se debía a que su "enfermera" hipaba constantemente. Que ella sintiera empatía le hacía sentir bien, pero, de igual forma, consciente de su aspecto. A penas e intercambiaron palabras que no fuera sobre el plan durante el vendaje. Elizabeth le explicó que empezarían a moverse a partir de la siguiente semana desconectando las redes de información del padre de Meliodas, de esa forma no podrían avisarle cuando todo iniciara.
Y ella de alguna manera alegró su día al decirle que, si lograban provocar ese equilibrio, las empresas que aún dudaban en brindar su lealtad al señor Demonio se encargaría de rebelársele. Entre esas, la de su padre, que terminaría hundida por tan osado movimiento.
Su ayuda se basaba en la poderosa capacidad de difusión que tenía. Gelda era hábil manipulando a las personas a través de sus gestos, sus palabras, sus acciones. Si ella podía utilizar esa capacidad, podría difundir el mensaje más rápido que los rumores, su sedosa voz llegaría a través de las murallas de la que alguna vez fue su casa, a oídos de su padre. Y él se encargaría del resto. Obviamente, con todo lo que había pasado, tendría que actuar bajo otro perfil, se haría el camaleón que alguna vez Izraf creyó poseer.
-¿Cómo hará Meliodas para convencer a sus hermanos? Por la última conversación supe que no estaban en buenos términos -murmuró, agradeciendo de paso por los cuidados que le brindó. Su heridas, en su totalidad, estaban tratadas.
Elizabeth suspiró- realmente no lo sé, no hemos podido concretar nada al respecto. Convencerlos realmente será difícil, pero ¡No imposible, lo lograremos! -aseguró levantando su voz, tomando una de las manos de Gelda- primero intentaremos con "Los Mandamientos", luego Estarossa y finalmente…
-Zeldris… -brotó de sus labios el nombre de la persona que había alegrado sus días desde conocerlo. Pensar en que sería lastimado con todo eso provocó una mueca en su rostro- espero que todo esto termine de la mejor manera.
-Yo también -se sinceró Elizabeth, sonriendo ligeramente. Cuanto daño puede hacer la familia, pensó.
Los lazos paternalistas casi destruyen a Meliodas, sus hermanos habían recibido la peor parte producto de su huida y Gelda, no se lo había dicho, pero ella sabía que la única persona que podría hacerle eso se trataba de su padre. Nunca salía si él no lo ordenaba, el rumor real de la belleza encerrada. El títere con título de hija. Ahora entendía su empatía por el hijo menor, a pesar de tener la corazonada de tratarse de algo más, Zeldris y ella tenían similitudes en ese aspecto. Ambos mandados al antojo de progenitores errados.
Cuando estaba por despedirse abrió la puerta, le pidió que cuidara los pocos días de cicatrización que le quedaban a las heridas. Le prometió escribir constantemente para saber su salud y volver a acordar una reunión para llevar a cabo sus primeros golpes. Estaba ocupada en sentirse preocupada y esperanzada a la vez. Ingenuamente no tenía tiempo para dedicarle a algo más que no fue lo que sentía, por eso Estarossa pudo bloquearla cuando su sombra ya se proyectaba en la puerta de entrada, cuando su sonrisa anticipaba el caos que esperaba desatar.
Gelda se tensó, como una cuerda demasiado ajustada. A pesar de no sentirse asustada con él, la relación que tenían era meramente superficial, sus palabras caerían en saco roto. No entendería de razones, no mientras sus ojos locos miraran a Elizabeth como la pieza que se había escapado, que finalmente completaba el rompecabezas.
-¡Hola~! -canturreó- es bueno volver a vernos, sobre todo en mi apartamento -miró a Gelda mientras decía esas últimas palabras, sentenciándola a ver su desconfianza colgando de esa sonrisa cínica- parece que no me contaste algo importante, ¿No es así? Zeldris buscaba al traidor y tú traes al señuelo a mi casa, Gelda.
Estarrosa suelta una carcajada que encoge el corazón de la persona nombrada por él. La sensación solo empeora cuando continúa hablando.
-Ahora, cuñada, llama a Meliodas, seguramente querrá venir a saludar -apretó el agarre en la mano de Elizabeth quien jadeó asustada, pero sabiamente levantó el teléfono. La inestabilidad mental de él no era una tema para tomarse en broma y de alguna manera, ese momento tenía que llegar, desgraciadamente, de la peor manera posible.
La llamada de Elizabeth había finalizado dejando el ambiente aún más tenso que antes. El que alguna vez fue el heredero de la compañía del señor Demonio colgó rápidamente, preocupado por el bienestar de su pareja, consiente del daño que podría provocarle su hermano. Había llegado el momento de dar la cara por sus pecados.
Estarossa fijó sus ojos en Gelda mientras levantaba el teléfono, grabaría una nota de voz- Zeldris -su mención obtuvo lo que deseaba ver, el horror en su rostro lo llenó de satisfacción. Ello lo provocó- te han preparado una sorpresa y si no vienes, solo yo podré disfrutarla, apresúrate~
Si alguna vez pensó que las acciones de su padre era lo único que hundió su vida en la miseria, era solo porque no había vivido ese momento. La decepción e ira en el rostro de la persona que la salvó sin exigirle nada a cambio la destrozaba, pero seguramente eso no sería peor que ver a Zeldris, cuando él la mirara con decepción ella habría muerto, enterrada en la tumba que creó al ocultarles esa información. E incluso lo que aún no sabían, que estaba apoyando al traidor.
Al que los abandonó.
-Si que sabes cómo arruinar las cosa -comentó Estarossa, en esa ocasión, sin diversión perversa en su rostro- pero, mira el lado bueno, en cuanto todo esto termine, no habrá nada que salvar en ti.
"No es lo que crees" quería decirle, pero ¿Qué ganaría de eso? Se sentía peor que cuando era utilizada por su padre, porque en esa ocasión no había a quien más culpar. E incluso, sintiéndose tan mal, no era capaz de declinar lo que antes tomó como decisión, a pasar de verse como un ser horrible, ella quería salvarlos y, si tenía que obtener su odio de ello, pero verlos finalmente libres, lo haría. Por el hombre que amaba y el hombre que la salvó en el hotel.
Sería el ser despreciable que siempre se creyó que era.
Meliodas no demoró en llegar, después de todo, conocía de ante mano todos los lugares en los que se alojaban sus hermanos. Verlo nuevamente, llenó la sala de un aire tenso. Sobre todo, en su hermano. Estarossa rió enfermo, lleno de ese sadismo que no trataba de ocultar, aplaudió ante la atenta mirada de los presentes manifestando una alegría poco creíble.
-¡Pero mira nada más, si parece que te tengo que traer obligado para que vengas a visitar! -luego hizo una pausa- ¿Oh, no es eso lo que hice?
Meliodas mantuvo su semblate serio, apenas y dejó ver una fugaz melancolía en sus ojos antes vibrantes de alegría. No importase que mostrase de su dolor, por ahora, era mejor comportarse a la altura de la situación. Ver a su hermano tan destruido le afectó, el niño risueño o el adolescente divertido que recordaba había sido suprimido por un alcohólico sin control, un loco de ira y obsesión; su querido familiar, un daño colateral que aún no pagaba. Tenía ganas de llorar, sentía la sensación ardiente en su garganta y el dolor en sus puños fuertemente.
-Permite que Elizabeth se valla, yo no iré a ningún lado.
-Claro, pero no creo que ella quiera irse, siempre ha sido una metiche -rió, pensar en que esa mujer alguna vez le gustó le causaba asco. Ese sentimiento juvenil se vio suprimido por todos los golpes que recibió tras la partida de Meliodas por su causa, el alcohol mitigaba sus sentidos, pero no lo hizo olvidar.
Ellos dos lo condenaron…
-No te atrevas a irrespetarla -habló el mayor de los hijos, esta vez imponiendo un tono severo, asemejándose a la antigua imagen que tenía.
-¿Cómo podría? -siguió canturreando Estarossa- suficiente con lo que se hizo ella sola.
El golpe no tardó en llegar. A pesar de la altura, a Meliodas nunca se le hizo difícil impactarlo físicamente, sus nudillos se estrellaron a la altura de su estómago y eso fue todo lo que su hermano necesitó para dejarse llevar en el odio. Elizabeth gritó horrorizada, entre el llanto que le producía verlos pelear y no poder hacer nada. Les rogó que pararan, pero no resultó por obvias razones.
-¡Gelda, por favor ayúdame! -suplicó.
Pero su mención al igual que el llamado a Meliodas cayó en saco roto. El rostro de la mujer a la que le pidió socorro estaba concentrado en la persona que recién se unía a la "reunión familiar". Gelda sintió dolor sin ser golpeada, verdaderamente asustada de su reacción. Zeldris estaba de pie, con algunos papeles en su mano derecha, mirando fijamente la pelea. Sin embargo, ella sabía que eso no era lo que le interesaba, sino a quien estaba viendo después de mucho años.
-¡Paren! -bramó, con la frialdad que no mostraba desde hace mucho, con la imagen nuevamente del verdugo del señor Demonio- son dos adultos comportándose como mocosos.
Meliodas se detuvo al escucharlo, su pequeño hermano…
Estarossa lo igualo, solo porque le interesaba ver todo lo que ocasionaría Gelda en Zeldris, terminaría de arrastrarlo a la fosa de donde fingió sacarlo. Le gustaba ver su gélida mirada, era un buen indicio del caos que se postergaba.
-¿No te gustó la sorpresa? -elevó su tono juguetón, limpiando la sangre que brotaba de su nariz.
-¿Qué hacen aquí? -consultó ignorando la punzada de ira que amenazaba con llevarle la contraria a su forma de comportarse calculadora.
-¡Pero, que tonto soy! -rió el hermano del medio, dirigiendo sus pupilas a Gelda. En el momento que lo hizo Zeldris se congeló, asustado de escucharlo. No lo demostró, pero su corazón empezó a golpear con fuerza su pecho- tu novia los trajo~ han sostenido una buena amistad como para hacer esta animada reunión.
Zeldris ni siquiera la miró, la traición se mezcló con la ira y el deseo de no verla.
-¡No es como creen! -anunció Meliodas, tratando de hacerse comprender, pero lo único que obtuvo fue el desagrado en sus dos familiares- estoy tratando de salvarlos, nuestro padre…
-¡Oh, mira eso, Zeldris! -aplaudió Estarossa- resulta que se escapó dejándonos con la ira de papito, solo porque quería salvarnos, ¡vaya! ¡Todo este tiempo pensando que se había ido por esta! -enfatizó la última palabra, disfrutando del sabor despectivo al mencionar a Elizabeth como si fuera una cualquiera.
-¡Basta! -gritó el rubio. Instintivamente sus ojos se mantuvieron en su hermano menor, él siempre el racional de los tres- si activo la cláusula podremos sacarlo, sabes de lo que hablo, todas las caídas que he logrado hasta este momento son…
-¿Te has escuchado siquiera? -mencionó Zeldris, verdaderamente asqueado- provocaste todos los golpes económicos a mi padre solo por un capricho de libertad, traicionaste a tu familia, te traicionaste a ti mismo y esperas que simplemente aceptemos que has sido nuestro salvador en la sombras, ¿eres imbécil?
Ahora lo sabe, cuando su progenitor lo empezó a usar para contraatacar las bajas que sufría nunca habría esperado que se tratara de su hermano. Mientras él los "salvaba" no hacía más que provocar la ira de su padre que se traducía en las primeras grandes golpizas que recibió por "incompetente". Cada golpe y moretón que dolía como el infierno fue para "salvarlo".
Quería golpearlo tanto como Estarossa lo hizo, pero él no era así. Era el hermano menor, manipulable.
-sal de aquí -indicó a Elizabeth mirándola a penas de reojo, lo suficiente para odiarla más de lo que ya lo hacía.
-¡No!
-Elizabeth, retírate por favor -sonrió Meliodas, tratando de calmarla con ese gesto tan característico suyo.
-¡Por favor, no yo…!
-Saca a tu amiga de aquí~ -rió Estarossa, indicándole a Gelda con un gesto que era momento de salir. Ambas.
No lo pensó dos veces y sacó a la chica que entre llantos aún le pedía a su prometido que le permitiese quedarse. Estaba tan aterrada, como lo estaba la persona que la sacaba, no quería pensar lo peor, pero la relación entre los tres estaba en un punto de quiebre que muy difícilmente podía restaurarse.
-Cuanto lo siento -se disculpó Gelda, una vez estuvo afuera, tratando de consolarse en el hecho de que Zeldris no parecía dispuesto a golpearse con su hermano. Quería creer con fuerza que lo que hacía era lo correcto, habría un pequeña luz después de todo ese túnel oscuro por el que estaban pasando.
-No, no te disculpes, solo son las circunstancias. En algún momento tendría que pasar, pero, estoy tan preocupada que sea de una mala manera…
/Residencia de Estarossa, interior/
-Si activo la cláusula, nuestro padre tendrá que dimitir -trató de explicarse- no tendrán que escucharlo nuevamente.
-¿Y tú llevarás la empresa entonces? -consultó el segundo hermano, su risa caótica solo empeoraba el ambiente.
-No, quiero que lo haga Zeldris.
El nombrado lo miró sin mostrar emoción alguna. ¿Cuánta veces deseó ser notado por él? ¿Qué Meliodas reconociera su trabajo como ahora lo hacía? Luchó incansablemente durante toda su niñez para ser notado y en ese momento, cuando declaraba que lo pondría a la cabeza de la empresa fue incapaz de soportar su ira contenida. Estarossa no lo detuvo, el mayor de los hermano tampoco lo hizo. Su puño se estrelló en la cara del rubio y él solo pudo dirigirle una mirada de tristeza melancólica, lo que empeoró todo.
-Lo merezco -susurró por lo bajo Meliodas, haciendo que detuviera sus acciones momentáneamente adolorido. Las manos que antes sostenían papeles estaban llenas de sangre que no le pertenecía- yo los abandoné, yo los traicioné y ahora les pido que me ayuden. Merezco su odio.
-Eres un bastardo -escupió Zeldris colérico.
-Lo soy -rió dolorosamente, de su boca escapaban gotas de sangre- pero quiero enmendar mi error, no quiero que me perdonen porque no lo merezco, solo quiero salvarlos.
-Solo quieres ser libre -refutó el menor- para vivir tu maldita fantasía.
Meliodas negó- no, lo hago porque quiero que puedan disfrutar todo lo que les arrebate al abandonarlos -luego, miró decididamente a su hermano antes de hacer algo que Zeldris no esperaba, lo rodeó con un abrazo empapando su camisa de lágrimas que no contuvo- yo los salvaré, se los prometo.
Su hermano menor, la persona que peor trato se llevó producto de sus acciones empezó a temblar violentamente. No supo si se trataba de ira o ganas de llorar que llevaba conteniendo desde hace mucho. Pudo ver desde el suelo a Estarossa observándolo analíticamente, lleno de los prejuicios que merecía tener, seguramente deseando ver alguna mentira en sus palabras.
-lárgate -habló Zeldris finalmente, separándose sin voltear a mirarlo.
-Muy buena la reunión familiar -canturreó el dueño del apartamento, indicándole con una mano al mayor que era tiempo de salir. Meliodas no refutó nada, sabía que era el momento de darles tiempo.
-Espero que puedan considerar mis palabras -soltó como últimas palabras. Abrió la puerta, solo para encontrar la mirada de horror de Elizabeth, debía tener unos feos golpes sangrantes.
Ella lloró acunando su rostro pidiéndole que se apoyara en ella para sacarlo lo antes posible de ahí, regresaría a casa donde podría curarlo y escuchar que sucedió.
Estarossa fue el segundo en salir, dirigió una mirada a Gelda, su rostro abatido le alimentó el humor perverso. Encontró satisfacción en su dolor- ¿Y ahora que harás, que otra sorpresa tienes debajo de la manga?
Ella se giró y en su dolor, en el rostro de él encontró determinación para no llorar- voy a ensuciarme las manos, lo que sea necesario para salvarlos.
-Muy buena lavada de cerebro la que te dio mi hermano -rió- pero tus vacías palabras no me convencen. Ni las de él.
-Mis acciones lo harán -respondió obstinadamente, consiguiendo una mirada de compasión en su rostro. Estarossa no la había mirado así desde aquel día en el hotel. Le dio una mínima esperanza, a la que pareció aferrarse con fuerza. En el fondo, muy en el fondo, él no esperaba verla convertirse en el villano.
Se retiró, dejándola de pie en su apartamento, con las ganas de largarla colgando en la punta de su lengua. No tenía ánimos para nada más que beber. Volvería a ser el hijo alcohólico. Que gracioso se le hizo, después de todo, fue ella quien lo ayudó a salir de ese cuadro y, ahora lo devolvía justo donde empezó.
Gelda se preparó para lo que vendría, entrando lentamente a su hogar temporal. Descubriendo a Zeldris limpiándose los nudillos sangrantes. A penas y fue capaz de mantener su manos quietas, sin embargo, de su boca brotó su nombre dolorosamente, y él la miró por fin como esperaba que lo hiciera. Como aquella vez que descubrió que era la enviada de Izraf, su rostro era gélido, irritado, traicionado.
-Si Estarossa no te largó, yo tampoco lo haré -comentó levantándose, estar en el mismo lugar que ella lo estaba asfixiando.
-Por favor, déjame explicártelo -suplicó al borde de las lágrimas, dolía su comportamiento, pero ser quien lo provocó la desgarraba mucho más.
-No quiero escucharte -siseó peligrosamente, su rostro se contrajo en una mueca de odio. Gelda intentó impedirle su salida, pero él tomo su mano con fuerza. Aunque no le provocó daño, la estaba matando por dentro- no te atrevas a tocarme.
-Lo siento -repitió incansable, él la alcanzo a escuchar. Su corazón dio un doloroso golpe- pero no quiero que él te haga más daño, no quiero verte lastimado tratando de protegerme. Si este es el precio que debo pagar. Si debes odiarme -se detuvo en la puerta odiando seguir atendiendo a sus palabras- no importa, solo si eres libre.
Gelda creía que Meliodas era la única salida.
Escuchó el portazo de la puerta como única respuesta.
/Residencia del sr. Demonio/
Pasó una semana antes de que Estarossa volviera a estar sobrio, para entonces las grandes noticias estallaron de golpe. Lo primero que notó fue su departamento desocupado, después de todo solo pasó por algunas cosas para volver a "casa" con papá. No fue sorpresa encontrarlo vacío, de hecho, le hizo gracia. Por otro lado, el traidor se mantuvo en contacto como prometió pidiéndoles que reconsideraran la idea, asegurando que sus intenciones eran buenas. Personalmente cada vez que leyó su mensaje, terminó arrojando su celular lo más lejos posible.
Los golpes a la empresa de su padre solo lograron enfurecerlo, tenía a todos en la residencia con un ánimo desagradable. Por ese motivo trató de pasar el menor tiempo posible, solo en las cenas por obligación.
No habló con Zeldris sobre su decisión o su desamor, a penas y parecía que podía consigo mismo sin colapsar ante la pila de asignaciones que tenía gracias a Meliodas. Sabía que si mantenía contacto con el traidor era solo para "mejoría" a su padre, que parecía dispuesto a todo con tal de traerlo de vuelta.
Para el domingo en la tarde cuando la inminente pérdida de activos sacudió la empresa del señor Demonio y ya no estaba de humor para recibir más sorpresas, se encontró con los medios de comunicación acaparando una nueva información que lo dejó helado. Por primera vez dejó de lucir como el desquiciado que era.
-Hace pocas horas ingresó en urgencias la hija del empresario Izraf, la información que se tiene hasta ahora parece indicar que fue ella quien terminó de desmantelar la red que tenía su padre para traicionar la afiliación que tenía con las empresas del sr. Demonio. Se especula que producto de ello él intentó matarla propinándole algunos cortes en el área abdominal. También se habla de moretones en el rostro y su condición es bastante delicada, seguiremos informando.
"voy a ensuciarme las manos, lo que sea necesario para salvarlos"
Estarossa no sabe cómo apagó la televisión llegando a escuchar el zumbido de aturdimiento en su oído. Gelda lo había cumplido, se escapó de su departamento para regresar a manos de la persona que le daría muerte.
Creyó en sus palabras, al desmantelar la red de su padre desconectaba las principales exportaciones que tenía el sr. Demonio, y este no pasaría por alto una ofensa de tal magnitud, los haría caer mientras se derrumbaba sin saberlo en el proceso. Con ello Meliodas estaba a nada de lograr invocar la cláusula. Se estaban viviendo lo últimos días de la empresa más grande de Inglaterra como la conocían.
No sabía que sentir, quería reír de lo absurdo que parecía su sacrificio, decir que ella se lo buscó. Pero solo había demostrado que cumplía su palabra. Estaba salvándoles ensuciándose las manos.
-Zeldris -susurró el nombre de su hermano, tratando de anclarse a la realidad- ¡Zeldris!
