Y el escritor dijo: Hágase el computador.
- :::: -
Con tristeza, pero también muchísima alegría presento el último capítulo de esta historia. Un gran recorrido si me detengo a pensar cuando solo era una idea y no quince capítulos con algunos especiales, soy muy afortunada de tener la posibilidad de escribir sobre esta hermosa pareja. Además, pude compartir con todos ustedes, los lectores, a quienes agradezco profundamente por tomarse el momento para leer cada capítulo y aquellos que fueron un poco más lejos escribiendo mensajes que atesoraré.
Graciosamente este último capítulo empezó a la par de los capítulos de la cuarta temporada en los que finalmente salió Gelda en el anime. Estoy enamorada de su diseño y la elección de colores, aunque me había acostumbrado al azul que le pusieron inicialmente, por eso nunca mencioné su color de cabello, no sabía cual de los dos estaba confirmado.
También recuerdo haber mencionado que modificaría el tag para agregar contenido mayor de 18, pero creo que la historia está en un punto dulce que merece mantener a pesar de que no sea mi estilo acostumbrado.
Eso es todo, espero que disfruten el capítulo.
¿Hotel?
¡Zhivago!
Solo hasta que la última caja de sus pertenencias es colocada dentro de la que será su nueva casa y ha despedido al servicio de la mudanza, es que Gelda se permite dejar salir las lágrimas que estuvo reteniendo en la mañana. Observa su nuevo hogar con la emoción de la aventura en vívidos ojos claros, recorre el camino de piedras escuchando el sonido de su calzado al dar cada paso. La vista le resulta perfecta, desde la fuente con forma de querubín, el rosal a un lateral y la casa misma de dos pisos con terraza. Sus especificaciones se resumieron en grandes ventanas y diferentes accesos, quería estar dentro de su residencia y sentirse en igual libertad que estando fuera.
Al principio había pensado en optar por un departamento, pero después de enamorarse de la fachada de su nuevo hogar no pudo evitar comprarla.
Una vez estuvo dentro, revisó las cajas buscando cuáles de ellas le era más sencilla desmontar sin la necesidad del servicio que la ayudaría en unas horas. Estarossa, Meliodas y Zeldris le habían ofrecido su ayuda, pero Gelda se negó, reemplazando el propósito de sus visitas por una tarde amena para conversar cuando todo estuviera acomodado. Aunque, en el caso de su pareja, deseaba postergar su estadía y persuadirlo de quedarse. Hace dos días que no se veían y tampoco tuvieron tiempo para intercambiar mensajes, Zeldris estuvo ocupado en negociaciones y ella en la mudanza.
Pequeños cuadros con unas cuantas fotografías salieron uno a uno de la cajeta, sus dedos repasaron los vidrios conforme los tomaba mientras sus ojos recordaban la fecha exacta en que fueron tomadas. Estarossa las capturó con su cámara profesional en momentos naturales de distracción, como la vez que lo enseñó a preparar waffles, la noche de películas y su favorita, Zeldris de perfil apoyado contra la madera del marco de la puerta observando a la distancia, no se apreciaba lo que estaba mirado, pero Estarossa le había dicho que se trataba de ella, el profundo amor en sus ojos oscuros le hacía revolotear las mariposas en sus estómago. Gelda se encontraba igual de enamorada.
La siguiente caja que tomó resultó ser juegos de manteles para la mesa del comedor. Había vendido su antiguo hogar con todos los muebles; con el dinero compró nuevos, unos que no poseían fantasmas de memorias llenas de tristeza; cada nueva adquisición tenía los gustos de Gelda y una que otra opinión de Zeldris, curioso contraste de colores en los que se veía la preferencia de los blancos de ella y los oscuros de él. Se había sentido tan a gusto escogiendo los últimos muebles en su compañía, fantaseando con la posibilidad de volver a repetirlo para su casa conjunta.
El tiempo se le fue entre desempacar las cajas pequeñas y colocar los objetos sobre los diferentes estantes. El servicio de mudanza se presentó después, la ayudaron por un par de horas hasta tener todo en el sitio de permanencia; su casa lucía como una recién estrenada esperando una fiesta para conmemorar el momento, dicha fiesta sería más tarde; tendría invitados a diferentes horas, el último de ellos sería Zeldris.
Meliodas y Elizabeth fueron los primeros en presentarse con comida de obsequio para la nueva propietaria; el chef de la taberna del rubio, Ban, había preparado distintos platillos desde entradas hasta bebidas. Gelda los recibió con una sonrisa de genuina felicidad dándoles un pequeño recorrido por el recibidor y agradeciéndoles, con esa elocuencia elegante que brotaba de su educación, su visita. El tabernero tomó asiento en el mullido sofá, como una persona entrada en confianza adoptó una posición relajada a diferencia de su pareja, Elizabeth se sentó con recato.
-¡Es un sitio maravilloso! -concluyó Meliodas aprobando con su tono efusivo la casa de Gelda.
-Es hermoso, con una adorable fachada hogareña -secundó la otra invitada.
La dueña del lugar extendió con alegría un gesto de profundo agradecimiento- aprecio sus cumplidos y les reitero que están más que bienvenidos de desear volver, tengo habitaciones para invitados si desean quedarse durante la noche y disfrutar de la tranquilidad que ofrece este lugar. Apenas he escuchado el sonido de contados automóviles, soy una persona afortunada al poder disfrutar de esto.
-¡No se diga más! -rió el rubio tabernero- cuando surja la oportunidad vendremos a visitarte con estadía de fin de semana.
Gelda asintió satisfecha de escuchar que no planeaban declinar su oferta; a diferencia de Estarrosa, no estaba del todo segura que Meliodas y Elizabeth desearan pasar más tiempo en su compañía, pero con agradable sorpresa descubrió que ambos deseaban afianzar el lazo que inició como un plan para rescatar a Zeldris.
Durante el espacio en el que estuvieron solo los tres, Gelda no sintió el paso del tiempo y las horas pasaron volando en compañía de sus amistades; por eso le sorprendió el sonido de la puerta interrumpiendo la amena conversación y con mayor asombro revisó la hora en su teléfono celular. Sabía quién era sin necesidad de abrirle la puerta, con anterioridad esa persona le había mencionado a que hora estaría en su casa, así que al girar la perilla no pudo evitar extender una genuina sonrisa de familiaridad, después de todo él la consideraba su "hermana favorita".
-¡Heme aquí! -bromeó Estarossa antes de estrecharla en un afectivo abrazo que no tardó en ser correspondido- te está sentando de maravilla la independencia.
-Tanto como a ti -respondió Gelda apreciando el aspecto más saludable de su "hermano"- es un placer verte.
-Lo mismo digo -sonrió para ella extendiendo sus hilera de dientes en un gesto más humano, menos loco- ¿Meliodas está aún aquí?
Con certeza, le era esperanzador ver que Estarossa lidiaba con su hermano mayor de mejor manera que al volver a verse, Gelda intuía que parte de eso era la confianza que de grano a grano estaba restaurando su rubio amigo, una que empezó el día que volvió para sacar a su padre del poder de la empresa y ceder su derecho a la presidencia. Ambos habían coincidido un par de veces desde esa reunión y en todas las ocasiones que se presentó el espacio conversaron sin puyas de por medio, no como dos grandes amigos, pero era un avance. Gelda pudo ver una minúscula imagen de cómo era su relación de niños, eran más abiertos a bromear a diferencia de Zeldris.
-Sigue aquí- afirmó invitándolo a pasar.
-¿Qué hay de mi otro hermano? el que se muere por verte -bromeó él mientras reía con descaro.
Gelda le dio una mirada divertida, pero parte de la mujer enamorada que era se dejó ver- vendrá más tarde.
-¡Al fin se le quitará esa fase de lamento y llanto! -Estarossa elevó sus manos al cielo con dramatismo- ¡Aleluya!
Meliodas estaba comiendo deditos de queso cuando entraron al comedor, al ver a su hermano levantó la mano para saludar en lugar de intentar forzar la comida para hablar; Estarossa asintió con familiaridad y luego hizo el mismo gesto para Elizabeth. La relación de estos había mejorado, lo suficiente como para que se mantuvieran en un mismo círculo sin incomodidad de por medio.
Gelda era consciente a plenitud de que, al igual que Zeldris, su segundo hermano requería más tiempo del que llevaban para soltar todo el odio que cargaba sobre sus hombros. Quizás nunca volvería a ser como antes, pero sería mejor que verlo escupirles palabras venenosas.
Para sorpresa de la propietaria de la residencia, su "hermano" recordó que con él trajo algunos juegos de mesa clásicos que no dudó en buscar para hacerla partícipe de un ambiente competitivo. Ella nunca tuvo la oportunidad de jugar con amigos, por lo que con gran curiosidad recibió un grupo de cartas con diferentes situaciones bizarras y un puntaje de valoración; se suponía que tendría que agarrar una carta del mazo colocado en el centro y leerla en voz alta, el resto de los participantes debían decirle el porcentaje que, creían, tenía la carta y de acertar se quedarían con ella.
-Mi padre descubrió mi prueba de embarazo -anunció Estarossa con una sonrisa.
-32 por ciento -respondió Elizabeth con duda, pero recibió una negativa de vuelta.
-Debe ser más -aseguró Meliodas, una de sus manos acariciaba su barbilla en gesto pensativo- cincuenta por ciento.
Tampoco estuvo en lo correcto.
-¿Qué dices hermanita, crees tener la respuesta? -tarareo su segundo invitado moviendo la carta con diversión.
Sopesó sus opciones antes de responder, una prueba de embarazo era un paso importante y de ser positiva, según creía que era, tendría que tener un porcentaje mayor por el susto que se llevaría la persona y el probable enojo de su padre si no estaba enterado de su relación o aventura. Después de todo, eran situaciones bizarras, debía pensar lo peor.
-setenta por ciento -se aventuró a hablar Gelda, sus ojos observaron el cambio de Estarosa de divertido a estar sorprendido.
-No puedo creerlo -volteó la carta descubriendo para el resto de los presentes el número exacto. 71 por ciento.
-¡Por poquito! -chilló con sorpresa Meliodas-es tu turno.
-Mi perro se comió el anillo de bodas y ahora lo ha defecado -después de hablar, Gelda no pudo evitar reír.
Jugaron otra ronda después de que Estarossa ganara, en esa ocasión ella hizo más competencia y estuvo a dos cartas de quitarle la segunda victoria que obtuvo. A votación cambiaron al tradicional Monopolio, el dinero se repartió según indicaban las reglas y Gelda decidió escoger el carro como ficha, a su lado Meliodas tomó el dedal dejándole el pequeño perrito de plata a Elizabeth y a Estarossa el sombrero.
La anfitriona se mostró mucho más hábil debido a su preparación con Izraf, mantuvo un perfil de compra bajo y terminó por apoderarse de los mejores sitios del juego, hasta tal punto que empezó a colocar las casitas cuando el resto apenas estaba montando una estrategia decente. Nuevamente su concentración le ganó, porque ignoró los dos primeros mensajes que hicieron vibrar su teléfono entrada la noche. Estarossa, que a diferencia de ella, estaba repartiendo su concentración entre la comida y el juego, al llevar un par de papas tornado a su boca notó la insistente notificación en el teléfono de la fémina, le dió un pequeño golpe a Gelda con su mano señalándole el motivo de su interrupción.
Las pequeñas y finas manos femeninas tomaron el dispositivo con curiosidad, en cuanto leyó el mensaje una sonrisa de plena alegría alumbró su rostro de por sí bastante animado. Zeldris estaba esperando que le abriera la puerta para pasar y ella no dudó en levantarse para ir a recibirlo apropiadamente; en cuanto giró el pomo alcanzó a ver el rostro sereno de su novio, sus mejillas arreboladas por el frío lo hacían lucir más joven y el traje formal le daba el aire de joven apuesto de revista que a ella tanto le gustaba apreciar. Zeldris le devolvió el gesto con una sonrisa de confianza, aún no era tan abierto a mostrar todas sus emociones como sus dos hermanos, pero hacía el esfuerzo por Gelda.
El cabello rubio contrastó con el negro corto de él cuando inclinó su cuerpo para envolverlo en un cálido abrazo, las manos masculinas también la acunaron y pronto el calor que emitía la embargó en una sensación de plenitud.
-Te extrañaba -se sinceró ella a través de esa pequeña frase.
-Yo también -respondió Zeldris con honestidad, se separó lo suficiente para dejar una de sus manos sobre la mejilla pálida femenina, acariciando con su pulgar el pómulo suave.
-¿Te quedarás esa noche? -murmuró Gelda con interés.
Zeldris asintió sin emitir comentario; en respuesta a su afirmación, su novia atrapó su rostro con sus manos, envolviendolo en un beso tranquilo que los mantuvo ocupados el tiempo suficiente para que Estarossa se quejara del juego en pausa. Se adentraron al cálido hogar, Gelda volvió a ocupar el sitio que le correspondía mientras Zeldris tomaba asiento a su lado. Decir que saludó con ávida alegría sería mentir, pero su pequeño cabeceo en dirección a Meliodas no guardaba malicia ni irritación.
La partida terminó una hora después cuando Gelda logró mandar a la bancarrota a todos sus oponentes teniendo hoteles rojos en casi todos los bloques de la zona costosa del Monopolio, los elogios no se hicieron esperar y con algo del humor contagioso de Estarossa aceptó que se desempeñó con mejor estrategia que él. A partir de ese momento terminaron de cenar entre algunos comentarios que incluyeron cualquiera trivialidad que no hiciera sentir el ambiente tenso, incluso Zeldris aportó algunas pequeñas oraciones cuando Elizabeth decidió, nerviosamente, preguntarle por la situación de la empresa que él conducía de manera más justa; No lo hizo con intenciones de sonar codiciosa y a Gelda le alegró que Zeldris no lo tomara como una intromisión desagradable a su vida laboral. Sabía de primera mano que el menor de los hijos del sr. Demonio no disfrutaba de ser cuestionado.
Después de la comida, casi como una coordinación bromista, tanto Estarossa como Meliodas aseguraron que era tiempo de retirarse antes de que Zeldris los echara con los ojos, aunque el hermano mayor prefirió limitar la broma al decírselo a la anfitriona en privado. Gelda despidió a la mayoría de su visitas con una gran sonrisa y la promesa de volverse a ver pronto, movió con suavidad una de sus manos hasta perder a los autos de vista. De vuelta al interior de su hogar encontró a su pareja de perfil, observaba el paisaje nocturno apoyado contra el marco de la ventana; su cabello proyectaba sombras sobre su rostro al igual que en su ropa; todo él tenía un aspecto taciturno.
Zeldris no se sintió sorprendido cuando su enamorada lo rodeó con sus brazos apoyando su mentón en el espacio entre su hombro y cuello, la esperaba y estaba seguro de que al abordarlo estando solos buscaría el contacto que ausencia le hizo durante los días que no pudieron verse; estaba seguro de que sería así, porque él sentía lo mismo. Cuando las manos femeninas hicieron contacto con su cuerpo, Zeldris entrelazó sus dedos con los de ella, sus labios instintivamente se estiraron en una sonrisa ligera antes de voltear a verla.
-¿No es un paisaje relajante? -preguntó Gelda.
Él aprobó su comentario con un ligero cabeceo- tranquilizador, es adecuado para mudarte.
-Me alegra que lo pienses, será menos difícil convencerte para que te quedes más tiempo -bromeó obteniendo un sonrojo en el rostro de él como recompensa
-No tienes necesidad… -soltó Zeldris en un susurro avergonzado.
-Lo sé -respondió Gelda antes de tirar de él para que se volteara- pero me alegra escucharlo de tu boca.
Un nuevo beso los envolvió a ambos que, a diferencia del anterior, les robó el aliento más rápido por lo prolongado que fue; sin embargo, ninguno de los dos se quejó, antes bien juntaron sus frentes de forma cariñosa mientras recuperaban oxígeno. Zeldris sintió el cosquilleo tensionar su cuerpo, estaba ligeramente nervioso producto de sus pensamientos; todos giraban en torno a volver a besarla, solo que, en esa ocasión, con más demanda. No quería verse ansioso, pero deseaba probar un beso similar al de su última despedida.
Aquí voy, se dijo mentalmente antes de aventurarse, con cautela presionó sus labios con los de Gelda, el recibimiento del gesto fue a gusto y pronto la caricia le hizo olvidar su nerviosismo y adentrarse en la valentía que le otorgaba el deseo. El beso se convirtió en una íntima provocación, Zeldris mordió con suavidad el labio inferior femenino robándole un pequeño jadeo que motivó sus acciones; Gelda abrió la boca y buscó envolver la lengua de él con la suya mientras sus manos acariciaban sus cabellos oscuro. De algún modo Zeldris terminó sentado en el respaldar del sofá cercano a la ventana y la altura que favorecía a Gelda se redujo, permitiendo que a él le fuese más sencillo encontrar un punto cómodo entre beso y beso.
Apenas se separaban para tomar aire, la necesidad les nubló la compostura y el amor que tenían por el otro danzó con el deseo. Era propio, era esperable, pero no dejaba de ser una nueva experiencia para ambos. Zeldris se sentía ansioso y nervioso a partes iguales, trataba de no pensar demasiado en qué hacer y que no para afectar el ambiente, pero no podía evitarlo, las preocupaciones primerizas se acumularon en él hasta que no fue capaz de llevar el ritmo de las caricias. En cuanto se apartó, Gelda lo observó con curiosidad, parecía indispuesto y ella no deseaba forzarlo.
-No… sé que hacer -se atrevió a comentar Zeldris superando su percepción imaginaria de resultar patético. No creía justo que no lo dijera y permaneciera con la bruma de la duda.
Su novia le ofreció una sonrisa llena de afecto mientras acariciaba con sus manos los pómulos masculinos- podemos descubrirlo juntos, no hay prisa y tampoco quiero que te sientas comprometido.
Él asintió vagamente antes de dejarse llevar por el roce tranquilo de sus dedos, el calmante que le proporcionaba Gelda y el amor que transmitía a través de su toque; se concentró en eso y, conforme volvieron con lentitud a retomar el ritmo anterior, olvidó que lo aquejaba; la recreó únicamente a ella, con las luces de la habitación en la que se encontraban creando sombras en su rostro pálido, sus mejillas de un rosado cereza que, de seguro, él también poseía. Gelda lo envolvió en un deseo con toques afectivos, un amor tórrido que se desbordaba entre cada beso avivado por la intimidad que le proporcionaba el lugar. Le permitió ser aventurero y recorrer con sus dedos inexpertos sus hombros descubiertos.
Zeldris absorbió cada gesto que modificó el rostro de Gelda cuando, entre el apogeo de las caricias, terminaron acostados en el sofá. Aprendió tanto de lo que la hacía moverse con nerviosismo, lo que producía espasmos en su columna y que las atenciones cerca de su oreja la hacían suspirar a gusto. Gelda también descubrió aspectos que desconocía de sí mismo, el cosquilleo que podría generarse en su cuerpo si ella lo besaba a profundidad o el tono grave que podía adquirir su voz en atención a las mordidas sobre su clavícula.
En esa noche silenciosa besó cada rincón del cuerpo femenino, se extasió en el regocijo de la mujer debajo de él y la amó justo como lo merecía. Porque Gelda le ofreció desde el primer día de conocerse más de lo que merecía obtener, lo sacó del despojo que creyó ser por obra de su padre y abrazó su dificultades como si fuesen propias. Ella lo amaba incondicionalmente, de la misma manera que él se lo profesaba después de aceptarlo. Pensó, como cada vez que lo recordaba, lo afortunado que era de poseer su cariño.
Al amanecer se descubrió abrazado a ella y siendo acariciado con dulzura en un de sus pómulos, la desnudez de ambos le provocó algo de vergüenza que a duras penas logró disimular con su rostro adormilado. Gelda, por el contrario, no podría lucir más plena; su precioso rostro pálido tenía una bonita sonrisa y un agradable sonrojo en los pómulos.
-Buenos días -murmuró ella con cariño.
Zeldris repitió las mismas palabras antes de tallarse los ojos- ¿Qué hora es?
-Pasadas las ocho, ¿Qué te gustaría desayunar? -preguntó Gelda con ánimos de anfitriona- y no acepto negativas como respuesta -se adelantó al ver el rostro de su pareja- quiero prepararte algo que te guste.
-Waffles -respondió él después de pensarlo.
-Bien, eso será -premió su novia buscando incorporarse del sofá, sin embargo, cuando intentó hacerlo se vio rodeada por uno de los brazos de Zeldris- ¿sucede algo?
No contestó a su pregunta, solo le ofreció un abrazo perezoso que ella entendió; quería quedarse rodeado de su calor un poco más de tiempo y, por unos minutos significativos, Gelda se lo concedió. Después de levantarse ambos recogieron las prendas desacomodas y tomaron una refrescante ducha por separado en los baños disponibles dentro de la casa. De igual forma se tomaron el tiempo para procesar la nueva experiencia compartida, cada uno de forma distinta, pero llegando a la misma conclusión. Lo habían disfrutado.
Zeldris demoró un poco más en regresar por revisar el contenido de su maleta y el celular que dejó en el bolsillo delantero, por lo que al volver se encontró con su pareja moviéndose al compás en la cocina, parecía danzar al ritmo de los diferentes implementos que usaba para el desayuno compuesto de fresa, waffles y sirope; no fue capaz de apartar sus ojos de la grácil figura femenina y se entretuvo lo suficiente con ella para no hacer ruido. Siendo tan silencioso Gelda no lo notó hasta que giró con los platos, sonrió con dulzura al verlo y él le respondió el gesto mientras tomaba de sus manos la carga y la acompañaba al comedor.
Después de desayunar ambos regresaron a sus rutinas laborales, Zeldris tomó su computadora y encendió su auricular inalámbrico mientras respondía mensaje tras mensaje. Para su sorpresa el grupo de los Mandamientos lo llamó por videollamada y él, pensando que se trataba de algo importante, deslizó su dedos en el botón de contestar. Al instante aparecieron los rostros conocidos de cada una de sus contadas amistades y el de su animado hermano.
-¡Buenos días jefecito! -habló Estarossa, su ojos se mantenían fijos en la pantalla.
-¿Cuál es el motivo de la llamada? -comentó Zeldris ignorando el saludo.
-Nada relevante, planeamos celebrar el ascenso de la compañía y su restablecimiento dentro del mercado -resumió Melascula- ¿Tenemos tu permiso y confirmación de participación?
Lo veía venir, desde que impulsó la empresa para recuperar los daños que causaron las crisis provocadas por Meliodas no habían tenido momentos para respirar con tranquilidad, de hecho, estaba agradecido con el compromiso de sus amistades que prefirieron omitir sus planes vacacionales por permanecer con él hasta que se acomodara la situación. De ser el Zeldris antiguo seguramente los hubiese reprendido por mostrarse débiles, pero la versión actual de él era más justo, sabía que se lo merecían.
-Pueden tomarse el día -concedió obteniendo un par de elogios de aprobación- pero no participaré.
-¿Podemos conocer el motivo? -consultó Monspeet, seguramente pensaba que seguía siendo un adicto al trabajo y, en cierta parte, no estaba errado.
-Gelda -tosió Estarossa muy mal disimulado.
Al escuchar el nombre de su pareja, Zeldris arrugó el rostro en desaprobación.
-Extendemos la invitación a ella -afirmó Galand- siempre viene bien la buena compañía.
Estarossa ni corto ni perezoso empezó a teclear desde su teléfono, lo deducía por la inclinación que tuvo la cámara y descubrió rápidamente que fue a Gelda; su pareja abrió la puerta de la habitación en la que se encontraba, se inclinó con una sonrisa mientras movía una de sus manos a modo de saludo.
-¡Te invitamos a festejar con nosotros! -anuncio Melascula.
-Y también queremos que nuestro amado jefecito no tenga excusas para rechazar la oferta -completó su hermano mayor con una sonrisa de burla.
Gelda emitió una pequeña risa- muchas gracias por la invitación, pero solo asistiré si él desea hacerlo.
-... iré -habló Zeldris después de una pausa prolongada, con un tono de resignación que daba a notar que cambió de parecer por su pareja.
Había pensado pasar el día con ella en la comodidad de su hogar, pero se veía interesada en convivir con sus amistades y él no era capaz de negarle la oportunidad. Su cambio de decisión le costó un par de miradas mal disimuladas por parte del resto de los conectados en la videollamada y algunos mensajes de Estarossa que pensó leer en cuanto colgaran; cada uno de ellos se despidió después de conseguir con éxito su participación y, cuando estuvo todo en silencio, se vió rodeado por los brazos de Gelda que, desde atrás, aportaba algo de calor agradable.
-No tenías que hacerlo si no lo deseabas.
-Quiero hacerlo -le respondió él con una ligera sonrisa de confianza- y tú también quieres.
-Por supuesto, son personas cercanas a tí y espero que pueda congeniar con ellos adecuadamente. Apenas los he visto en una ocasión y creo que he dado una buena impresión.
Zeldris abrió la boca para preguntarle, pero en cuanto sintió la separación de sus labios decidió callar; él lo sabía sin necesidad de agregar la cuestión y que ella le respondiera, era una verdad tácita en sus palabras honestas. Gelda quería ser agradable con ellos porque eran las personas apreciadas por él, apenas lo dedujo su rostro se calentó y su corazón palpitó con adoración a su pareja.
Entrelazó una de sus manos con la de ella y llevándola a sus labios la besó con devoción- soy afortunado, no poseo la honestidad para repetirlo como debería, pero no he dejado de creerlo.
Si que lo era y tenía, por que estaba más que dispuesto a defenderlo, mucho tiempo para disfrutar serlo.
Gelda se acurrucó junto a él, plena y feliz; pasó grandes dificultades para sentirse de esa manera, pero lo había conseguido paso a paso desde que escapó de la jaula de oro de Izraf y consiguió derretir la barrera que Zeldris puso para distanciarnos al inicio.
-Soy igual de afortunada.
