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Duda
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Tanjūrō observa a su familia comiendo, y esa conocida sensación de calidez y amor ocupa todo vacío aún siendo intangible. Entonces su mirada se posa en Kie, se llena con su imagen, y las dudas comienzan a asaltarlo de la nada. Kie es una mujer hermosa y saludable. Está tan bella como el día en que la vio por primera vez. Él, en cambio, es un hombre enfermo, su cuerpo cada día más frágil languidece ante las dolencias de los años.
Debe ser difícil para ella ver qué enjuta se han vuelto sus mejillas, otrora tan llenas de vida.
Por supuesto que, Tanjūrō y Kie no se casaron sólo porque se encontraran atractivos. Pero el poder de la belleza y la vitalidad es subestimado por muchos y Tanjūrō tiene la urgente necesidad de hacer una pregunta a su mujer. Pero no quiere hacerlo delante de los niños. Esperando a que sus pequeños estén dormidos, le pregunta a su mujer:
—¿Realmente aún me encuentras atractivo?
Confundida, Kie mira a su marido. —¿Qué te hace pensar eso, cariño?
Tanjūrō duda, pero continúa —He cambiado mucho físicamente en los últimos años —argumenta entonces—, y me pregunto si no echas de menos al hombre que solía ser.
—¿Te has devanado los sesos por esa nimiedad? —la pregunta le sale sedosa—. Puede que hayas cambiado físicamente, pero por dentro sigues siendo el mismo hombre del que me enamoré entonces. No hay hombre más atractivo que tú ante mis ojos, por muy guapo que sea.
Le acaricia la mejilla con cariño antes de rodearle suavemente el cuello con los brazos. Los movimientos de Kie no son tan tumultuosos como antes, pero cuando junta sus labios y suspira de placer contra su boca, Tanjūrō siente la misma felicidad que la primera vez.
No entiende de dónde vienen las dudas, pero se han ido y devuelve la caricia de su mujer con la misma intensidad.
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Esta mañana gris me ha dado por escribir algo nostálgico pero bonito. Los Kamado fueron buenos padres, se amaron y amaron mucho a sus hijos *llora poquito*
Gracias por leer y comentar quizás (?)
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