Nota de autor: este oneshot se dio gracias al alcance de un proyecto en conjunto que luego sera publicado en fanfiction y que actualmente existe solo en Wattpad, si estan interesados en saber mas del personaje les invito a buscar por la historia: "las desventuras de una mamagueva (Wane Loud Drabbles)".


No era costumbre que Wane llamara a Bobby para quedar en su casa, ya de por sí que la niña estuviera en un sitio cerrado era difícil, pero el muchacho veía con buenos ojos la oportunidad de pasar un rato tranquilo con ella, dar algo de variedad después de todas las aventuras por las que lo hacía pasar la pelirroja.

Y que buen día había escogido, Reina había salido de compras junto con su tía Leni por lo que podía estar seguros de que ninguna pelea de gatos se iba a montar en su casa ese día.

—Hijito,— llamó Ronnie,—¿A qué hora decías que llegaba tu hermana? El partido empezará dentro de poco y no me quiero ir sin saludarla, — pausó por un breve momento, — Y disculpa pero, ¿Cual dices que era?

—Me envió un mensaje hace unos diez minutos, mamá, — respondió Bobby gritando desde su habitación, — ha de llegar dentro de poco. Ah, y es Wane, la pelirroja.

—Oh, la nueva, — el sonido de la aspiradora resonó desde la sala, pero se vio interrumpido dos segundos después, — ¿Tienes condones?

—¡Mamá! — gimoteó el niño.

—¿Acaso crees que soy pendeja? Te recuerdo que ya a tu edad tu padre tenía dos hijas en camino. Posiblemente hubiera sido más rápido de tener medias hermanas como tú.

—Ugh, — el pequeño Bobby rechistó y se puso a buscar entre sus cosas de mala gana, ya sabía de antemano que no iba a encontrar nada, y efectivamente luego de revisar entre sus cosas confirmo que no tenía ningún condón.

Era un hecho que él joven tenía las posibilidades en su contra cuando se trataba de protección sexual; Loan era estéril por culpa de la cantidad de medicamentos que tomaba, y cualquier otro condón que le regalara su madre o padre eran robados por sus hermanos… o al menos eso era lo que Reina siempre decía.

Reina

En ese momento Bobby recordó que su hermana si estaría preparada para ese tipo de situaciones. Sin titubear, pues con su hermana no había nada de lo que ambos tuvieran que guardarse, fue hacia la cómoda de su hermana y sin tener que buscar mucho dentro de los gabinetes encontró un paquete de condones femeninos. Una nota con las iniciales "PBJ" estaban encima de la caja; Bobby no le prestó atención.

—Mamá aquí tengo unos.

—Está bien, al menos ya con eso estoy tranquila. — nuevamente el sonido de la aspiradora apareció.

Ahora sin tener que preocuparse por las ocurrencias de su madre, Bobby podía enfocarse en los planes que tenía para la estadía de Wane. Con papel y lápiz en mano se dispuso a listar las opciones que tenía y como distribuir el tiempo entre las cosas que a él le gustaban y las cosas que a Wane le gustaban.

Ya estando a la mitad de la hoja el timbre de la casa fue activado, —¡Bobby, tu hermana ya llegó!

Bobby corrió camino a la puerta, tropezando un par de veces antes de siquiera llegar a la sala, —Voy, voy, — anunciaba.

Al llegar a la puerta no se preocupó en arreglarse el cabello más allá de acomodar el flequillo que le estaba incomodando la visión de su ojo izquierdo. Abrió la puerta y se encontró con una feliz pelirroja del otro lado.

—Hola Bobby,— Wane saludó y luego acomodó el agarre en el morral que llevaba en la espalda. —Traje unas cuantas cosas para que juguemos.

Ronnie, que los estaba viendo desde la entrada de la sala, apagó nuevamente la aspiradora,—Bueno al menos esta tiene pinta de que es educada, o al menos normal.

—También traje pastillas anticonceptivas.

—¿Eh? — Los ojos del pequeño Bobby quedaron fijos ante tal comentario soltado como si nada. Sus pulmones dejaron de solicitar oxígeno, y a su cerebro le tomaría unos segundos procesar todo antes de volver a activar todo el cuerpo del muchacho.

—Olviden lo que dije. Bueno, al menos la niña es precavida.— comentó para sus adentros la madre mientras veía como la joven pelirroja se moría de risa a expensas de la expresión de su hijo.

—¡Hahaha! ¡Esa reacción! Dios me encanta las caras que pones. — Añadió Wane antes de darle unas palmadas a su hermano y así reactivarle el sistema, —No te preocupes, fue mi madre quien me hizo traerlas por si las dudas, dijo que no se podía confiar de los genes de Lincoln.

Bobby, que luego de toser varias veces logró recuperar el aliento, respondió —Bueno, al menos me alegra que no sea el único con una mamá tan… precavida.— Bobby rascó su mejilla y luego extendió su mano a Wane, —Vamos a mi habitación.

Su hermana accedió y fueron juntos, dejando a Ronnie terminar su trabajo antes de que empezara su partido de futbol.

El día era joven y la lista de cosas que podían hacer se abría a ambos como un mapa para aventureros sin experiencia.

—Okay, okay, podríamos comenzar con unos MV's que tengo de Star Wars, sé que no te gusta mucho la saga pero nadie se resiste a las escenas de acción, menos si las acompaña una buena música,— Bobby seguía explicando mientras acomodaba en el escritorio de la habitación las cosas que tenía preparadas. —O, si aún tienes algo de energía, podríamos jugar con mi colección de espadas, o tal vez con mis legos, tengo piezas que permiten disparar proyectiles, podríamos hacer nuestras propias armas con esos. Ah, no, mejor...

—Oye, oye, Bobby. Wow, relájate un poco,— Wane dijo antes de poner sus manos sobre los hombros del muchacho, —me encanta ese espíritu pero dame un momento. No lo parezco pero vine corriendo hasta acá.

El hecho de que las manos de la niña estaban casi en el punto de ebullición fue suficiente prueba para Bobby, —okay, tus manos me lo confirmaron- auh auh.

—Oh.

Wane se apartó rápidamente.

—Lo siento, hehe,— La niña entonces para buscar disculparse se quitó de encima el morral y empezó a sacar el contenido dentro. Galletas, chupetas, chucherías, latas de soda, — estas tendremos que calentarlas, ¿puedes llevarlas a tu nevera?

—Claro,— Bobby dijo, su lenguaje corporal alertando a Wane de inmediato.

—Bobby, ¿puedes tomarte tu tiempo? Necesito cambiarme de ropa, conseguí unas prendas geniales y quiero que tu las veas primero. No me tomara mucho.

El pequeño asintió con gusto y salió de la habitación. Al llegar a la cocina se encontró nuevamente con su madre, la cual ya llevaba puesta gorra, y banderines en el bolsillo de sus jeans.

—¿Ya te vas, ma?

—La verdad es que voy tarde, pero tu tía Lynn me dijo que viene en camino. Ir en bicicleta con ella es más rápido que un taxi. — Ronnie entonces se acercó a su hijo y le plantó un pescozón en la frente con un dedo junto con un beso en el mismo sitio.

—Auch, — Bobby se sobó en la zona afectada más su sonrisa se mantenía. Ya estaba acostumbrado a las ocurrencias de su madre.

—Ay no te hagas, he visto cómo te tratan a veces tus otras novias.

—No son novias, mamá.

—Y Lincoln no es el padre de media Royal Woods, si claro, — Ronnie soltó una sonrisa antes de abalanzarse hacia su muchacho en un fuerte abrazo, acariciando su pelo y la zona donde lo había lastimado, — Te quiero mucho, mi bebe.

—Hehe, también te quiero, ma.

Ronnie le volvió a dar un besito, esta vez en la cabeza, — siendo honesta me gustaría que escogieras una y salieras de todo ese embrollo… pero, todas se lanzan a ti y ninguna parece pelear con las otras. Hehe, estúpidos genes de tu padre no me han hecho la vida fácil…

—Pues, ya desde antes quería escoger a una pero… — Bobby levantó la mirada y se encontró con lo que esperaba, una mirada de preocupación, ojos estreñidos que evitaban la conversación. Por muy buena persona que fuera Loan, su condición mental era algo que asustaba a Ronnie, —Ahm… Wane ha sido muy buena conmigo, me pone en muy alta estima y siempre me está ayudando a ser mejor.

Los ojos de Ronnie se calmaron y su mano volvió a acariciar el cabello de Bobby.

—Y aun cuando es grosera o ruda en ocasiones, Wane se porta distinto conmigo, creo que conmigo deja mostrar su yo de verdad y no le hace falta irse a la defensiva; que no le hace falta una fachada a mi lado. Hasta ahora solo una persona había sido tan honesta conmigo acerca de quién es, y también hasta ahora solo una persona me había mostrado lo importante que soy para ella.

Bobby se separó del abrazo, mas sus manos aun sostenían la de su madre, —Aun tengo en un gran pedestal a Loan… pero siempre he tenido el miedo de que ella podría sanar en algún momento y que los sentimientos que tiene por mi cambien. Es una chica mayor después de todo… así que tal vez eso sea lo mejor. — Bobby entonces le sonrió a su madre, — Con Wane no tengo ese miedo.

—¡Mamáááááááááá frijol!

El grito resonó por las paredes y por el tímpano derecho de madre e hijo, era claro para ellos, Lynn había llegado, y les había arruinado el momento.

—Ugh, Lynn, dame solo tiempo para que pueda ponerme en buena forma y te juro que te voy a hacer entender a golpes que no me gusta ese nombre. —Soltó Ronnie entre dientes antes de liberar la tensión con un suspiro, y devolverle una mirada cálida y serena a su hijo, —todavia no he conocido bien a Wane, sin embargo, luego de escucharte y verte así por ella, ya quiero saber más, — añadió antes de plantar un último beso en la frente de su hijo. —Nos vemos, cariño.

—Nos vemos, mamá.

Bobby volvió a lo suyo. Tomó un par de vasos y los llenó con el jugo de naranja que quedaba en la nevera. Ya de camino de regreso a su cuarto recordó la petición de Wane, por lo que en vez de abrir decidió tocar primero.

—Pasa adelante.

Bobby entró con emoción, intrigado por la sorpresa que le tendría su hermana, —traje algo de jugo para que comamos las golosinas, espero te…

Allí, en la cama de Reina, acostada de lado y con una mirada seductora que contrastaba de forma totalmente opuesto al de la pintura blanca con marcas negras en su cara, estaba Wane.

Vestía de un top blanco con rayas negras y falda con tirantes negro, una falda que no destacaba por su extenso tamaño o por su habilidad para ocultar un detalle de Wane que usualmente pasaba desapercibido: los muslos definiditos de la pelirroja. Si Gloom y Lois tenían la habilidad de llevar todas las proteínas y grasas a sus pechos, Wane había conseguido hacer lo mismo con sus muslos y piernas.

El usar una falda holgada y botas largas facilitaba ocultar esas cualidades, pero ahora estaban allí expuestas para Bobby, piernas capaces de sostenerlo durante el acto lascivo que los ojos y el gesto de invitación a la cama que Wane le hacían alusión. Estaba claro que de acercarse a esa trampa la araña le sacaría todo el jugo al pequeño frijol.

Obviamente, para el joven Bobby ver a esta seductora mimo…

Lo había dejado petrificado del miedo.

El pobre ni siquiera podía moverse; sus ojos, que en vez de estar deleitándose, estaban al borde de soltar lágrimas, incapaces de evitar mirar a su hermana debido al shock del momento.

—W-W-W-ane…

Wane frunció el ceño en confusión, y le hizo un gesto alzando ambas manos y hombros, diciendo que no entendía lo que pasaba.

Esto solo sirvió para darle otro escalofrió que termino por hacer que Bobby soltara su agarre en los vasos. Era claro para Wane que algo no estaba bien, así que se quitó el maquillaje y la bufanda, se colocó una camisa encima de su top, y se olvidó de la fachada de mimo.

—Bobby, hey, Bobby, está todo bien. ¿Qué te pasó, chamo?

Bobby de a poco estaba recuperando la movilidad en su cuerpo, —Y-yo-yo mimos, no, por- por favor.

—Espera tu…— los puntos conectaron, — oh… es eso… no lo sabía Bobby. Solo quería intentar algo divertido sin tener que hacer ruido, tú sabes siguiendo el juego de que los mimos no hacen ningún sonido,— La mención de la palabra mimo había hecho al pequeño temblar del miedo, — oye, oye, tranquilo, todo está bien. Mira, vamos a limpiar el jugo antes de que se seque y veamos tus videos mientras te calmas, ¿Esta bien?

De haber sido cualquier otra persona a Wane no le hubiera importado. Pero asustar a Bobby con lo que le parecía a ella ser la fobia del muchacho, asustarlo a él que era al que ella misma había depositado su confianza para intentar vencer su propio miedo… La culpa la golpeó fuerte, y le tomaría tiempo quitarse de encima el pesar que agobiaba su pecho.

Aun así, todo el evento había plantado una idea dentro de la mente de Wane. No podría ni siquiera mencionarla en ese momento por la obvia razón de que Bobby seguía muy asustado, pero eso podía cambiar después de algunos videos, papitas y un abrazo para acompañarlo todo.

Wane no tenia en claro el alcance exacto que tenía su calor corporal afectando otros, pero sin duda sabía que a su Bobby le fascinaba. Y así como ella predijo, solo bastaron unos minutos acurrucados para que el lenguaje corporal de Bobby volviera a demostrar que estaba tranquilo.

Y al mismo tiempo, la misma Wane logró aliviarse también con los videos.

—Hey Bobby, ¿Sabes que se me ocurrió?

—¿Dime?

—En Halloween, yo junto con L3 podríamos disfrazarnos del robot ese de cuatro brazos.

—¿El general Grievous?

—Ese mismo, y tu podrías ir como Kenobi, así podríamos hacer el meme.

—¿Y como le harían? Solo lo puedo imaginar si una se monta en los hombros de la otra.

—Ya eso lo tenemos dominado, tú no te preocupes.

Wane continuó explicando por qué L3 y ella habían practicado esa extraña posición de combate. Y como en el intento perdieron varias veces sus duelos contra Laika. Bobby si bien intentó no reírse a las expensas de Wane, se le hizo imposible cuando ella misma empezó a reírse de sus ocurrencias.

Siguieron con sus videos poco después, pues aun cuando ya estaba claro para Wane que Bobby estaba tranquilo y que ya ella podía poner sobre la mesa la idea que se le había ocurrido, ella no iba a dejar pasar ese abrazo ahora que estaba tan cómoda.

El momento llegó media hora después, cuando estaban haciendo modelos de pistolas con los Legos.

—Oye Bobby, — Wane inició, — Sabes, como tú me has estado ayudando a superar mi claustrofobia, yo quisiera ofrecerte el mismo favor.

—¿Eh? — Bobby alzó la mirada, sus pupilas ya temblando de solo plantear la idea, —n-no lo sé, no hace falta, es algo tonto…

—Una explicación tendrá. Cuando era pequeña el maestro Luz me dijo que no buscara denigrarme a mí misma por las debilidades con las que había nacido. Son parte de mí, aceptarlas era el paso más importante, poder vivir con ellas o enfrentarlas solo me haría más fuerte, pero tenerlas no me hacía menos.

Los ojos de Bobby se abrieron por encima de lo habitual por un breve momento, —Oh… bueno, dicho así pues si me hace sentir algo mejor… aunque no puedo evitar seguir sintiendo pena por ello. Tu miedo es algo relacionado a un evento que en algunos casos en verdad te puede poner en riesgo.

Bobby bajó la cabeza, —yo, le temo a personas que solo hacen su trabajo, hah… un trabajo que se supone es entretener.

Wane atrapó con ambas palmas una de las manos de Bobby, —y te vuelvo a decir, alguna explicación tiene, y es válida. Si lo hablamos podríamos llegar a una solución.

Bobby soltó un lento, y pausado, suspiró, dejando que sus pulmones volvieran el oxígeno contenido en fuerza antes de liberarlo todo y lograr serenarse, — Esta bien, lo intentare…— La miró de reojo, sus cachetes sonrojándose de pena, — ¿Podrías acercarte más?

—Por supuesto.

Wane tomó un espacio al lado de su hermano, incluso dándole a escoger para que este reposara su cabeza en las piernas de esta. Bobby se negó en un principio, pero un vistazo rápido a las piernas de la pelirroja bastó para doblegar su voluntad.

Ya con la cabeza en reposo y con Wane acariciando su cabello, Bobby empezó a explicar lo que experimentaba cerca de los mimos. No era solo la pintura, sino las sombras; explicaba como en estos no podía ver las facciones de la cara en detalle debido a la tinta y que al final eso le hacía sentir como si viera un monstruo tomando posesión de una cabeza humana.

Pero eso podía también darle el mismo efecto con los payasos, mas no lo hacía, ¿porque? Por sus acciones. Los payasos solo hacen chistes, piruetas o tonterías… ¿Pero los mimos? Parecían estar en un limbo, como monstruos que viven en un universo invisible al nuestro; un universo del cual podían disponer para mover objetos; incluso moverse a sí mismos. La idea de que en cualquier momento el mimo pudiera sacar algo peligroso de ese universo lo aterraba.

Wane le costaba entender todo, pero si algo había aprendido de su maestro, y del mismo Bobby, fue del gran poder que tenían dos palabras.

—Está bien, Bobby. Todo está bien.

Esas palabras las repetía cada que notaba que la mente de Bobby se escapaba a rincones oscuros.

Bobby tomó otro respiro y culmino su explicación declarando que el mayor factor que le asusta de esa otra realidad era que en muchos de los actos que presenció de pequeño los mimos parecían estar sufriendo. Como si de no completar el acto, algo horrible podría sucederles a ellos… o al mundo…

—Tal vez no recibirían su paga, — comentó Wane con una ligera risa, —Mi mamá sin duda parece que se puede volver una amenaza para el planeta cuando no le pagan una comisión.

—Hehe, ojala solo sea eso,— Bobby añadió mientras rascaba el reverso de su mano con la otra. Se levantó entonces del regazo de su hermana, sus ojos mirando con desdén el suelo, — ¿Entonces qué crees? ¿Si soy un tonto?

Wane tarareó por un breve momento mientras pensaba su respuesta, — bueno… sin duda eres mi tonto, pero no por tener ese miedo. Por lo que entiendo, tú también tienes miedo a una posibilidad que tu cabeza hace creer que es lo único que puede suceder. Lo mismo me pasa en lugares cerrados. De no ser por la ventana de tu habitación que da al patio, sin duda estaría pensando que las paredes se van a encoger.

—Y… ¿Alguna idea de cómo podría superarlo?

—Bueno… no soy un doctor, pero sí sé que al menos tú tienes una ventaja, a diferencias de los espacios cerrados, los mimos son personas con las que puedes entablar una conversación, reír, compartir comida, un abrazo… un beso.

Bobby alzó la cabeza y cejas ante esa declaración y fue directo por una aclaración, —¿Qué? A que te refie…

Wane lo tomó en ese momento por sorpresa y sembró un beso rápido que dejó los labios del muchacho vibrando de emoción.

—Los mimos pueden ser callados, sumisos, y… necesitados. — Wane se mordió el labio para acentuar esa última palabra. Sus ojos volvían a ofrecerle a Bobby esa mirada seductora de antes, pero ahora sin pintura en la cara que pudiera distraer al muchacho.

Bobby tragó un cumulo de saliva que amenazaba por salir de su boca.

—Lo había pensado desde antes pero sentí que dejarte abrir primero sería lo mejor. — Dijo Wane mientras se quitaba la camisa que ocultaba su top, —cierra los ojos Bobby.

El muchacho acato órdenes y cerró sus ojos al mismo tiempo que alivianaba su cuerpo, la idea de que Wane fuera mimo no estaba ni cerca de cruzar por su mente aun. Para lo que si estaba listo era para ser tomado y puesto de espaldas contra la pared o el suelo.

Para su sorpresa, cuando Wane lo tomó de los brazos fue para ponerlo encima de ella.

—Bobby, me pondré el maquillaje, — Bobby escuchó la cremallera del bolso de Wane, —Sé que los mimos no hablan, pero vamos a tomar esto paso a paso, ¿Si?

Bobby sacudió la cabeza de arriba abajo. Aún estaba evitando pensar en su fobia, y en vez de eso otro peligro se le vino a la cabeza, —e-espera, los condones.

—na-a-a,— negó la araña antes de sostener a su presa , haciendo que la pelvis de Bobby por accidente terminara reposando sobre la zona más caliente de todo el cuerpo femenino de Wane, soltando un chispazo dentro de la cabeza de Bobby. —Ya me tomé una de las pastillas. La verdad es que estaba preparada para que tú me dominaras hoy. Ahora que eso también te sea de ayuda es solo un premio extra.

—D-dominada…— Wane apretó a Bobby más cerca de la fuente de calor, produciéndole al chico otro chispazo que esta vez dio como resultado un leve gemido de su parte.

—Usualmente me gusta estar en control, pero esta vez quería probar algo distinto. Y debo admitir que encontré cierto gusto a la idea luego de nuestro encuentro con Lois el otro día, — Wane entonces capturó entre sus manos la cara de su terrón de azúcar moreno. —Listo Bobby, es momento de que domines tu miedo.

Bobby abrió los ojos nuevamente, y ante él estaba otra vez la cara que le había petrificado. Pero esta vez era diferente, esta vez estaba recibiendo dos señales distintas.

Por un lado, su instinto de escapar le imploraba que saliera o si hiciera el muerto.

Por el otro, su cuerpo le imploraba que hiciera todo lo posible por estar más cerca de esa fuente de calor exquisito que expedía la mimo.

Para su suerte, los genes Loud le ayudaron a darle el si al segundo. Con ayuda claro, Bobby cerró sus ojos mientras disponía a liberar su miembro de las ataduras de tela; casi al mismo tiempo, sus manos expertas fueron capaces de apartar la fina tela que cubría el horno de Wane, y así su cintura solo le bastó con un ligero empujón para que su miembro fuera besado por los labios inferiores de la pelirroja.

Bobby volvió a abrir los ojos para encontrarse otra vez con la mimo, la mirada de esta le clamaba saciar el deseo que ambos contenían, y la máscara no podía ocultar la expresión de anticipación que solo un humano podía ofrecer.

—Bobby… necesitaras ser algo más rudo, que eso.

Bobby respiró profundo, el suave abrazo que recibía su miembro lo confortaba pero el miedo dentro de su cabeza solo necesitaba tiempo para recuperar su fuerza completa. Era como la mimo decía, tenía que ser más activo, y pronto.

Fue entonces que se dio cuenta del par de opciones que tenía a su disposición, el top de la mimo apenas se sostenía en su sitio, estaba hecho pensando más en estilo que en su usabilidad, así que un suave jalón fue lo único que necesitó para dejar al descubierto los pezones de la chica.

—Hehe… esta pobre mimo no se trajo un sostén… que ingenua, ahora su pecho esta indefenso…

La respiración de Bobby se volvió mas agitada, solo ver la suave piel de las montañas de la mimo hacían que su miembro pulsara con fuerza. El deseo de su cuerpo estaba recobrando camino.

—Pero sabes, no cualquiera podría dejarme así de indefensa… fuiste tú, Bobby.

Wane podía ver las llamas en los ojos de su Bobby consumir las ascuas del miedo que antes lo asolaban.

—Solo tú puedes dejarme así de vulnerable.

La respiración de Bobby empezaba a tornase agitada, y el pulso en sus brazos vibraba producto de la antelación. Era obvio para Wane el siguiente paso.

Ella solo necesitaba…

Darle a Bobby un empujón.

—Ah~— Wane exclamó lentamente, consumiendo de apoco sus reservas de oxígeno. ¿Bobby? Su cuerpo había conseguido su deseo, el dulce abrazo que su carne tanto anhelaba se le fue concedido.

Y así el oso resurgió de entre las llamas, degustando de la carne de su presa, chupando y lamiendo de los pechos que después darían leche a sus crías. Wane lo había logrado, Bobby no solo estaba ganándole a su miedo, lo hacía mientras le daba a ella la follada de su vida.

—Bo-bby… — El miembro de Bobby se sacudía en arco justo al final de cada arremetida, imposibilitando a Wane terminar sus palabras sin sentir como el placer recorría sus entrañas, —ah~ mardicion~ no, hablar, no ah~ ¡Coño!

Aún le quedaba un deber a Wane por cumplir, quedarse callada mientras su Bobby se encargaba de ofrecerle todos los orgasmos para cumplir la cuota del mes. Claro, esa acción parecía más un sueño, pero en la situación en la que se Wane encontraba no podía evitar no pensar en que su osito pudiera cumplirlo.

Al paso e intensidad con el que Bobby iba le sería imposible controlar su voz, así que Wane se fue por la opción más cercana y se tapó la boca con sus manos.

Pero a Bobby no le gustó eso, por lo que tomó a Wane de ambos brazos y los puso en contra del suelo, liberando los gemidos de Wane otra vez.

—Eres un mimo… pero se siente tan bien dentro de ti…— el miedo de antes junto con el éxtasis del momento lo habían dejado delirando. Wane considero por un breve segundo si tenía que preocuparse por ello…

Nojoda, mejor que si se crea que soy un mimo.

Pero el placer era demasiado grande como para que le importase.

Bobby se acercó al cuello de Wane y empezó a lamer y besar la piel de la pelirroja, su cintura siempre en movimiento.

—Tan suave… y hueles tan bien…

Entonces Bobby se acercó a su cara, cosa que por la diferencia de tamaño hizo que sus cuerpos se acercaran aún más. Wane podía sentir como sus labios inferiores eran acariciados por los testículos de Bobby, como la punta de su mástil presionaba directamente contra su punto más sensible.

Las piernas de Wane no aguantaron más la fachada de sumisa y apretaron a Bobby como si la vida de ambos dependiera de ello.

—Hmm… apretado… tan apretado. Me encanta…— Bobby dijo entre alaridos, —no me importa que seas una mimo… eres mía ahora…

Wane apretó los dientes para intentar no soltar su voz, su cabeza sacudiéndose de arriba a abajo.

—Así que, no importa si... si yo…

Wane asintió con más fuerza, estaba tan cerca de venirse también, solo necesitaba unos segundos más, solo presionar un poco más adentro a su amado, que su miembro pulsara dentro de ella una, no tal vez dos, no hacían falta más.

Más.

Más.

—Dios~, ya, no puedo, ¡Hazlo, Bobby!

La plegaria de Wane fue la última gota que necesitaba Bobby, y el líquido que se derramó término esparciéndose dentro de Wane, un cálido sentimiento que contrastaba con los fuertes espasmos de sus paredes.

Con lágrimas en los ojos, Wane apreció cada segundo de placer expresados en la cara de su amado. Su mente solo podía enfocarse en eso de todas formas, todo lo demás allí dentro era niebla y un sentimiento universal de dicha que recorría su cuerpo entero, como si todos sus músculos hubieran recibido un masaje al mismo tiempo.

Y entonces, mientras ésta intentaba recordar como respirar, Bobby la tomó en brazos y se levantó junto con ella, su miembro aún estaba erecto y el pulso que emitía se sentía con mayor fuerza que el latido de su propio corazón.

—Cama… mi cama… — Bobby balbuceaba mientras veía hacia la litera de arriba.

—¿Eh? — Wane, aun con su conciencia anonada por el clímax de antes, no iba a desaprovechar la oportunidad de manchar la cama de Reina. —Bobby… no importa.

—Pe-pero esa es la de Reina…

—Por favor… quiero más…

—Hmm… está bien…

Bobby se sentó en el medio de la cama con Wane aun montada encima de su verga. El cansancio había apaciguado a la bestia, pero los genes Loud no iban a dejar que el muchacho se detuviera tan rápido.

Si algo tenía que agradecerle a su padre sobre todas las cosas, era por haberle dado de herencia la capacidad de asegurarse del bienestar de su pareja sin importar la condición en la que estuviese. Pues de no ser por eso, Bobby habría empezado su segundo ronda justo en ese momento sin importarle la condición de Wane.

En vez de eso, el joven aprovechó el momento para apreciar los definidos muslos y los tiernos pechos de su chica mientras esta se preparaba. Tampoco duró mucho, el cuerpo de Wane seguía sensible al tacto, por lo que las suaves caricias de su hermano no tardaron mucho en volver a activar la llama dentro de ella.

—Usualmente… no tienes… tanta energía. — comentó Wane entre saltos, afincando su cintura en cada uno.

—Me sentí ah~ con mucha fuerza cuando- hmm~ estuve seguro de que el mimo no podría hacerme daño… Gracias WaAane~

Los gemidos de Bobby hicieron encrespar la piel de la pelirroja al mismo tiempo que una sonrisa lujuriosa se apoderó de su cara.

—Hehe… me gustó jugar a la mimo, pero creo que no puedo vivir sin… — Wane sacudió sus caderas al llegar a la base del mástil de Bobby, provocando otro alarido de placer del muchacho, —esos gemidos tuyos.

—Que... bueno… — el pequeño hablaba mientras mordía sus labios, — no se me da tanto ser dominante.

—Todo es cuestión de balancear las cosas, — Dijo Wane antes de darle una pausa al acto para que ambos lograran respirar y también para quitarse el maquillaje. —Creo que es suficiente, de mimos por hoy.

—Estoy de acuerdo… — Bobby entonces tomó un respiro. — ¿Quieres continuar esto en mi cama?

—Por supuesto que no, bebe. Estas mantas merecen ser manchadas, y se me acaba de ocurrir la idea perfecta para devolverte el favor de casi hacerme desmayar de placer hace un momento.

—¿Como?

—Solo necesitamos hacerte un rápido cambio de atuendo. Créeme, si esto funciona los dos quedaremos tan satisfechos que ni siquiera…

—Puedo sentir las piernas...— exclamó Bobby con malestar.

—Haha, yo tampoco, ¿Que te dije? El sexo violento es lo mejor.

Wane y Bobby estaban acostados en la cama de Reina, la primera desnuda mientras que el ultimo vestía con una de las faldas y sostenes de Reina; las manchas de sus crímenes repartidas por las sabanas. El pequeño Bobby reposaba su cabeza en el pecho de Wane mientras esta acariciaba el suave cabello del muchacho.

—No creo que pueda repetir algo como eso hasta por lo menos un mes. — Bobby comentó mientras intentaba fútilmente mover sus piernas.

—Tranquilo, ñero, que no hay prisas. ¿O es que ya quieres volver a hacerlo?

Bobby entrecerró los ojos, era imposible ocultar la verdad, —por supuesto que quiero repetirlo, no tuve algo así de bueno desde que me drogué por accidente junto con Lemy y Loan.

—Espera, no me lo creo, ¿Lemy los drogó?

—Lupa. — respondió simple y llanamente.

—Oh…. Ya, ya, así si tiene sentido, — Wane Acarició la mejilla contra la frente de su hermano. —bueno, creo que tomare una siesta.

—Mamá podría encontrarnos si nos quedamos dormidos.

—Tampoco es que podamos mover un musculo, e igual, cual sea el castigo, sé que habrá valido la pena. — Wane estiró su cuello y dejó su cabeza reposar cerca de la esencia del cabello de Bobby, —Tuve un día increíble contigo, y hasta pude ayudarte con tu fobia… espera, ¿Si te ayude, verdad?

—Bueno, sin duda siento menos miedo ahora cuando pienso en ellos, y eso te lo debo a ti Wane. — añadió antes de darle un piquito en la mejilla que atrajo por completo la atención de Wane.

Ambos se sonrieron el uno al otro, y luego de un breve roce de narices y una risa compartida, cerraron los ojos para dejarle el resto del trabajo a Morfeo.