El Lago Negro
El curso comenzó tranquilo, hacía mucho calor todavía de día e Hipólita y Sev fueron de excursión al Bosque ese mismo viernes, a bañarse en el estanque, que estaba casi agotado, por lo que decidieron dejarlo estar tras divertirse un rato con Imperius y merendar y fueron al Lago a hacerlo, volviendo primero al castillo por los trajes de baño y las branquialgas.
-¡Qué bien lo vamos a pasar! – exclamaba Hipólita.
-Nunca he buceado con branquialgas – decía Sev.
-Podríamos haberlo hecho en verano, pero en el mar es un rollo, porque has de estar bajo el agua durante una hora entera y puede entrarte frío.
-Claro...
-Son muy desagradables de tragar, ¿eh? Aviso, vas a sentir que te ahogas. En cuanto lo sientas, al agua, a respirar bajo el agua.
-Genial.
-Dale, anda, tú primero.
Sev tragó las dos branquialgas sin pensarlo demasiado y en cuanto sintió faltarle el aire se zambulló. Poco después lo hizo Hipólita, jugaron a perseguirse, vinculados podían conversar y era muy divertido, tenían que hacer enormes esfuerzos por no tragar agua con la risa que les entraba.
Después se aventuraron a explorar un poco el Lago, a Hipólita se le metió en la cabeza que quería descubrir la cristalera de la casa Sly y verla desde el otro lado y Sev accedió con reticencias, pues apenas se trataba de menos de un piso de profundidad. La buscaron y la encontraron, se llevaron un chasco porque dentro de la casa Sly estaba más oscuro que afuera y apenas consiguieron ver nada pegándose mucho a ella.
-Los que están dentro deben estar alucinando – decía ella.
-Cierto.
-Por si quedaba alguna duda sobre si estábamos juntos.
-Ya nadie la tiene, mi amor, incluso Minerva lo sabe.
-Somos novios oficiales.
-Los jefes de Sly.
-Buaaah… Vas a ser director en cuanto el viejo se muera y acabe la guerra, no puedo creerlo, Prince.
-Ya, ni yo.
-Con un poco de suerte, si la palman el viejo y Minerva, a los dieciocho.
-Espero que eso no pase.
-¡Serías el amo, Prince!
-Primero hay que acabar con Voldemort.
-Claro, claro…
-Si ellos faltan será más difícil.
-Desde luego.
-Y toda vida es valiosa. Albus ya está comportándose bien, por fin.
-Vaya que sí, espero que no nos la juegue de nuevo. ¿Buscamos al calamar?
-No, no, ni de broma.
-Pero si te dijo que es inofensivo.
-Bueno… Dale, pero sin bucear más profundo, ¿eh?
-Vale, vale.
Buscaron al calamar, pero no lo encontraron antes de que se les pasara el efecto de las branquialgas. Cuando lo hizo salieron a la superficie y se dieron cuenta que se habían alejado mucho de la orilla.
-Buf… qué lío, Hipólita. Ahora tenemos que nadar un montón hasta la orilla estando agotados.
-¡Prince! ¡Eso no es nada! Sin olas ni nada.
Echaron a nadar hacia la orilla.
-No vuelvo a hacerte caso, ¿eh?
-Eres un quejica, un aguafiestas, lo hemos pasado genial. A la próxima lo primero que vamos a hacer es buscar al calamar, lo encontraremos aunque nos lleve toda la hora de branquialgas.
-Ni hablar.
-Entonces lo haré sola.
-No te daré más branquialgas.
-Pues le pediré a mi padre que me las mande.
-Te las quitaré, o mejor todavía, escribiré a tu padre y le diré que no te las envíe. Voy a hacerlo en cuanto cene.
-¡Prince! ¡No te metas en mi vida!
-Desde luego que voy a hacerlo, esto no nos vuelve a pasar.
-Eres un llorón. Yo hago lo que me venga en gana, soy independiente.
-Ya se te ha subido a la cabeza que puedes usar magia en el colegio, te olvidas muy rápido de cuánto me has necesitado en verano. Tienes muy poca memoria, sólo pretendo cuidar de ti.
-Jo… Prince… Pero agobias, no tiene ninguna importancia, mira lo rápido que nos estamos acercando, los dos nadamos muy bien.
-Cierto.
-Anda, di que buscaremos juntos al calamar, la verdad es que no quiero hacerlo sola.
-Bueno, ya veremos, probablemente a este paso vamos a llegar tarde a cenar y a mí me habría gustado ducharme antes para quedar calentito, ya comienza a refrescar.
-Cierto, cierto.
-Si lo hacemos, lo hacemos en cuanto salgamos de clase.
-Vale… O el fin de semana.
-Tenemos entrenamiento.
-¡Entrenamiento! ¡Bien! ¿Te apetece?
-Sí, mucho, ahora me aburro en las clases acostumbrado a la vida activa.
-¡Toma! Y yo, siempre lo hacía.
-Claro…
-Dúchate igualmente, Prince, aunque lleguemos tarde a cenar, yo también voy a hacerlo.
-He de ser puntual al Comedor, Hipólita, por si alguien, sin ir más lejos Minerva o Albus, tiene que comunicarme noticias, y mañana es precisamente el primer entrenamiento del año. Comprende que tengo obligaciones.
-Tienes razón, las tienes, pero con que llegues antes de que se marchen te llega.
-Sí, me llega, y si no estoy yo se lo dirán a Deborah.
-Vale… Entonces dúchate.
-De acuerdo, lo haré.
Llegaron por fin a la orilla.
-Vamos así, en traje de baño, sin secarnos ni vestirnos, directos a la ducha – dijo Hipólita.
-Ni hablar, Hipólita, no entro así en el castillo ni en casa.
-¡Prince! ¡Eres un mojigato! - de viva voz, enervada - ¡Es para no perder tiempo! ¡Que piensen lo que quieran!
-Hipólita, vamos descalzos y en ropa interior.
-¡No vamos en ropa interior, vamos en traje de baño! ¡Vamos, si seguramente estarán todos en el Comedor!
-Pues no, todavía no, son las siete y cuarto.
-Pues por eso mismo, date prisa, venga, para llegar puntual a la cena.
-Vamos a cruzarnos con toda la casa saliendo de las mazmorras.
-¿Qué importa, Prince? - de viva voz, enervada - ¡Eres un remilgado, cuando deberías estar orgulloso de lo bueno que estás! ¡Parece mentira a estas alturas de la vida! ¡En la playa no te daba vergüenza!
-Vale… vamos… tienes razón…
-Mira que me cuestas de criar, ¿eh?
-Y tú a mí.
-Coge la ropa y vamos.
Cogieron la ropa y marcharon al castillo y a casa. Todavía no se cruzaron con casi nadie por los corredores, pero la sala de las mazmorras estaba llena cuando entraron. Nadie hizo comentario alguno sobre su atuendo, pero sí que les dijeron:
-¡Eh! Os hemos visto hace un rato por la cristalera. Branquialgas, ¿no?
-Sí – dijo Hipólita – Compradas en Diagon, no te vamos a dar.
Rieron.
-Prince, ¿tenemos permiso del viejo para bañarnos en el Lago?
-No lo sé, nosotros lo hemos hecho sin permiso – respondió él.
-Bueno, habrá que arriesgarse a un castigo, vale la pena por disfrutarlo con el calor que está haciendo.
-Pues sí, tú prueba, pero no bucees profundo, hay bichos muy peligrosos. Por algo está prohibido bañarse, y a cualquiera que vaya a intentarlo, avísale.
-Vale, vale.
-Vamos a ducharnos, que llegamos tarde a cenar.
-Claro, claro.
Subieron las escaleras y se metieron en el dormitorio de los chicos de sexto y hasta su Fidelius, que Albus ya había deshechizado y Sev conjurado pero en el que todavía no tenían cama grande, pues tenía venir Paul el fin de semana a hacer desaparecer las pequeñas para que pudieran convocarla. Había hecho conocedor del Secreto también a Jack por si les ocurriera algo de noche, no quedar atrapados sin que nadie pudiera entrar a ayudarlos o si les requerían para cualquier urgencia estando dentro. Conversaron de camino y mientras entraban:
-Ya la hemos fastidiado dejándonos ver – dijo Hipólita.
-Pues sí – dijo Sev – Porque bañarse es peligroso y la mayoría de la gente no lo sabe. Como les dé a todos por conseguir branquialgas sin haberse informado bien podemos tener más de una desgracia.
-Yo no lo decía por eso, sino porque ahora cuando vayamos siempre va a haber gente haciéndolo.
-Eso es lo de menos, Hipólita. Al igual que tenemos derecho tú y yo lo tienen los demás, lo malo es que es peligroso.
-También pueden habernos visto desde la torre Rave.
-También, tanto rato que hemos pasado nadando.
-Y la ropa que hemos dejado fuera.
-Somos unos inconscientes.
-Te toca avisarlos a todos mañana en el entrenamiento.
-Ya te digo, como si no tuviera preocupaciones, una más.
-Jo… Prince…
-Estoy harto, ¿eh? No he tenido ni cuarenta y ocho horas de tranquilidad.
-Ya… Me sabe muy mal, con lo bien que lo hemos pasado…
-Pues sí.
-Ha merecido la pena…
-Sí, cariño, sí que ha merecido la pena.
-¿Has visto cómo no pasaba nada por llegar a casa así?
-Cierto, pero no te equivoques, ¿eh? Porque somos Sly, muy permisivos para estas cosas.
-Somos la mejor casa.
-Desde luego, pero por eso mismo los más propensos a saltarnos las normas. Toda la casa va a querer bañarse, pienso que ya en la cena hemos de correr la voz por la mesa para que no lo hagan después de cenar.
-Cierto. Entonces hoy me siento enfrente y la corro yo por mi lado y tú por el tuyo.
-Cuéntaselo todo, ¿eh? Los grindylows y las sirenas, que no se adentren si no saben nadar y que vigilen a los pequeños.
-Claro, claro, van a alucinar.
Se ducharon dándose prisa y no se entretuvieron en secarse el pelo, llegando tarde a cenar, e hicieron así, en la cena corrieron la voz por toda la mesa.
-¡Prince! Siempre cuidando de todos… - le dijo Valerie – El papá de todos nosotros.
-Ha sido un error mío, Valerie, he de solucionarlo. Si le pasara algo a alguien por mi causa no me lo perdonaría en la vida – dijo Sev.
-Tienes razón, yo tampoco lo haría.
-Corre la voz también por la mesa Rave, Valerie, por si nos han visto desde la torre.
-Vale, vale.
Valerie se levantó y lo hizo.
-Más deberías preocuparte de ti mismo y de Hipólita – le dijo Deborah – Habéis subido al Comedor con el pelo mojado.
-Debíamos llegar a tiempo para correr la voz, Deborah. No vamos a morir de un resfriado pero cualquiera podría morir ahogado o atacado por un grindylow.
-Toda la razón, pero no sé si no va a ser peor. Quien no hubiera tenido la idea ahora ya la tiene, mañana va a estar medio Hogwarts bañándose en el Lago por la tarde.
-Bueno, pues si es así, mientras lo hagan seguros que lo disfruten. Quizá muchos de ellos no han tenido oportunidad de ir a la playa en verano, muchos seguro que nunca se han bañado como me pasaba a mí y después son muchos meses de sufrir invierno. ¡Viva la diversión!
-Muy bien hablado, sí señor.
. . . . . . . . .
La mañana siguiente tuvieron el primer entrenamiento del año. La hora de comienzo se había retrasado hasta las diez menos cuarto para que diera tiempo a todos a pasar por casa después de desayunar, pero la mayoría no lo hicieron y ya estaban allí a las nueve y media, pues estaban ansiosos por comenzar y no habría exámenes hasta dentro de más de ocho meses.
Habían sido convocados los alumnos recién graduados que ya habían entrenado el año anterior y un puñado de Aurores que había escogido cuidadosamente el tío de Jack. De ese grupo, que eran los más urgentes por preparar, se harían cargo Alice y Frank con ayuda de Minerva y de miembros de la Orden del Fénix que también acudieron.
El recinto había sido ampliado para que cupieran todos, pues ahora eran cerca de ciento cincuenta personas entrenando, ya que aparte de los Aurores y los miembros de la Orden se habían sumado los alumnos que acababan de comenzar cuarto año, todos los Sly, los Rave y los Gryff y la mitad de los Huffle, un grupo muy numeroso del que iba a hacerse cargo Sev con ayuda de su hermano, Shelley e Hipólita.
La ampliación del recinto consistía en un conglomerado de calles y viviendas simuladas, la idea de Minerva, que quedaban reservadas para aquéllos que más cerca estaban de entrar en combate, el grupo de adultos y el de séptimo año. Ambos se repartirían el tiempo.
Así seguían siendo cuatro grupos a entrenar en el espacio libre que quedaba, que también era mayor, distribuidos en cuadrantes como hicieron el año anterior. El cuarto de hora que habían ganado acudiendo más temprano lo perdieron organizándose, pues para muchos era la primera vez.
Julia y Richard llevaban séptimo año, Genevre y Ronald, quinto, y como Prince había abandonado el grupo de sus compañeros de año del que se encargara el año anterior, puso al frente de sexto a Deborah y Paul.
La mitad del entrenamiento, hasta las once y media, tras organizar su grupo, Sev se dedicó a luchar uno contra dos contra Deborah y Sirius, cumpliendo con el compromiso de entrenarlos por si decidían formar parte del grupo que acabaría con el basilisco.
En el descanso, de media hora, hasta las doce, se dejaba salir a la gente de la sala de entrenamiento para acudir de nuevo al Comedor, donde había servido un refrigerio ligero, fruta y sándwiches. Esa mañana los comandantes no abandonaron el recinto, comiendo allí mismo, donde debatieron cómo continuar organizando a continuación y los entrenamientos de la tarde en Artes Mentales.
Para ello, la sala de Comandancia también había sido ampliada, pues eran más, cuatro en cuarto, dos en cada uno del resto de años y cuatro, la pareja Gryff, Minerva y un miembro de la Orden del Fénix en el grupo de adultos.
Se decidió que quienes debían aprender Oclumancia en primer lugar sería el grupo de adultos y todos los comandantes sin importar la edad que tuvieran. Iba a ser un proceso complicado, pues no contaban con muchos legeremantes, todos ellos estarían ocupados desde la hora del almuerzo hasta la de la cena, en pequeñas salas destinadas a ese fin, provistas, cada una de ellas, de un pensadero.
A un tiempo, los lectores instruirían en Legeremancia a alguien más, alternándose con él en la lectura de la persona a quien estuvieran entrenando en Oclumancia, así descansaban a ratos y mataban dos pájaros de un tiro. Sev decidió entrenar personalmente a Shelley en Oclumancia y a su hermano en Legeremancia.
-Prince, Prince… - decía Hipólita – Yo quiero leer con vosotros.
-Hipólita, ya te tocará, no puedo instruir a dos legeremantes a la vez – decía Sev.
-Te vienes conmigo, Hipólita – le dijo Deborah.
-No, ni hablar, quiero que me enseñe Prince. Paso la tarde bañándome en el Lago.
-Está prohibido bañarse en el Lago – dijo Minerva.
-Pues prepárate para la que se va a liar esta tarde, Minerva. Vas a tener a medio Hogwarts bañándose en el Lago.
-Pues sí, algo de lo que debéis advertir a todos los alumnos, que los mayores que han venido a entrenar corran la voz entre los más pequeños. Cuéntales, Hipólita, los peligros del Lago Negro – dijo Sev.
La chica lo hizo. Cuando terminó, Sev concluyó:
-Minerva, no tiene sentido prohibir sin más, hay que explicar el por qué, de lo contrario la gran mayoría se saltará una norma que no comprende.
-Hasta ahora nadie lo ha hecho, ¿por qué ahora iba a ser diferente? – preguntó Minerva.
-Porque ayer Hipólita y yo metimos la pata, nos bañamos y muchos lo vieron. Tenía permiso de Albus desde el año pasado.
-Vaya… pues vaya lío…
-Pues sí, uno no es perfecto, estoy intentando enmendar el error.
-Compréndelos, Minerva, son jóvenes, quieren divertirse – dijo Prewett, el miembro de la Orden del Fénix – Tú también lo fuiste, ¿no?
-Yo nunca me salté una prohibición – respondió Minerva.
-Lo extraño es que no lo hayan hecho hasta ahora pese a no comprenderla. El Lago es muy tentador con el calor que hace.
-Cierto.
-Bastante suerte habéis tenido hasta ahora. Enviad elfos para que vigilen y cuiden de los pequeños.
-El calamar gigante los rescatará si están ahogándose.
-Mejor que no lleguen a ese punto, quizá no los salvarías. ¿Alguien controla salvamento?
-Yo – dijo Hipólita – Sé rescatar y hacer la reanimación y el boca a boca.
-Pues ya tienes algo útil que hacer esta tarde, pequeña. Enseñar a más alumnos mayores para que haya muchos que sepan rescatar a los pequeños.
-Claro…
-Mucho más importante que aprender Legeremancia.
El entrenamiento terminó a la una y media y hubo un descanso de media hora hasta el almuerzo, que se serviría a las dos. A las tres comenzaron las sesiones de Artes Mentales hasta las siete y media, pues la cena era a las ocho. Todos aquéllos que estaban en proceso de aprender Oclumancia tenían terminantemente prohibido acudir a Hogsmeade, Diagon, San Mungo o el Ministerio hasta que lo consiguieran por completo.
A un tiempo, Agatha y jugadores de Quidditch, entre ellos James, que había aportado gran parte del dinero para las escobas, instruían en vuelo a comandos formados por los alumnos ya graduados, y otro tanto harían el domingo. El viernes por la tarde, en el rato que les dejaba libre el entrenamiento de Quidditch, ya se habían hecho cargo de grupos de séptimo. Iban a resultar fines de semana agotadores.
Era primordial hacerlo así pues pronto comenzarían a acortar demasiado los días y no se podría entrenar de día, deberían hacerlo de noche, y para ello ya necesitaban tener cierto nivel y muchos no habían vuelto a volar desde primer año.
Sev, en consecuencia, dedicó la tarde a instruir en Oclumancia a Shelley, la comandante de su grupo que todavía no conocía esa Arte Mental, y en Legeremancia a su hermano.
-¡Hey, brother! Por fin vengo al colegio sabiendo que tengo un hermanito en él, qué ilusión me hace – dijo Sev.
-Pues sí, porque yo lo sé desde hace tres años – dijo Ariel.
-¿Por qué no me lo dijiste, bobo?
- Porque Jack no me dejaba acercarme a ti, me ataba en corto.
-No fue por eso, fue para que yo no me enterara.
-También, pero me habría hecho amigo tuyo.
-Pero no es lo mismo.
-Cierto que no, me encanta que me llames brother.
-Y a mí llamártelo, suena muy bien. Llámame así tú también, por favor… - suplicante.
-Vale…
-Claro, yo se lo llamo a mi hermano y él a mí me llama sister – dijo Shelley.
-Claro, porque lo sois. A mamá no la llamas por su nombre, Eileen – dijo Sev.
-Cierto, cierto, la llamo mamá. Me costó acostumbrarme a llamarla así, se me hacía muy raro. Es lo que me pasa contigo, que ya me he acostumbrado a llamarte Sev – dijo Ariel.
-Pues quítate la costumbre, llámame siempre brother, serás el único que lo haga, más especial.
-Ok, brother.
-¡Bien! Hasta ahora sólo Jack me había llamado así.
-Claro… Entonces no soy el único.
-Pero a Jack lo dejamos, es nuestro hermano mayor…
-Claro, claro.
-Ahora resulta que tengo tres hermanos en lugar de uno – dijo Shelley – Y yo la única chica.
-No te equivoques, tú y yo nunca seremos hermanos, ya somos novios – dijo Ariel.
-¿Ya sois novios? – dijo Sev, muy asombrado e ilusionado.
-Claro, ya nos dimos el primer beso en el novilunio de agosto. Estábamos esperando a que yo cumpliera los catorce.
-Vaya…
-Pero no vamos a hacer la iniciación como viene, ¿eh? Sólo tres meses para hacer cosas ya. No, no, por lo menos otro año.
-Claro, claro. Muy bien, cariño, mejor esperar.
-Claro, somos muy pequeños todavía.
-Tú bastante más que yo, yo ya hace casi tres años que soy mujer y tú todavía eres un chiquillo – dijo Shelley.
-Por eso, por eso, ella me espera.
-Claro… Te quiere mucho, ¿eh? – dijo Sev.
-Pues sí, a ver si mientras tanto no se me escapa con otro.
-Sabes que no, Ariel, si te he esperado hasta ahora es porque te quiero sólo a ti para eso – dijo Shelley.
-Claro, claro…
-Seguiría charlando con vosotros toda la tarde, chicos, pero hay que ponerse a la faena - dijo Sev.
-Vamos, vamos a ello, explícame qué tengo que hacer, Sev – dijo Shelley.
. . . . . . . . .
Mientras tanto, Hipólita organizó por propia iniciativa clases de natación y salvamento en el Lago Negro entre la multitud de alumnos que habían acudido a bañarse allí, todos en ropa interior, pues no habían traído trajes de baño al colegio. No pasaba nada, ella no se asustaba de esas cosas.
Averiguó quiénes sabían nadar bien y los separó en dos grupos, al primer grupo lo puso a enseñar a nadar a grupos de cuatro o cinco alumnos cada uno y al segundo les enseñó personalmente a rescatar, a cada uno de ellos por separado, y después reanimación entre ellos, pues ella no pensaba hacerle el boca a boca a nadie no habiendo besado todavía a Prince. Esa tarde surgieron flirteos, pues hizo parejas de chica y chico para que no les diera asco con los de su mismo sexo.
-¡Eh! ¡Estamos a lo que estamos! ¡Ya vale de morreos! ¡Si ya habéis aprendido ya vale! ¡Sois los socorristas! ¡Tenéis que vigilar a los demás para que no se ahoguen!
Al final de la tarde se había quedado sin voz de tanto ordenar.
