Ensayo
Ese sábado cenaron a las ocho, y el plan para después era el ensayo con el grupo punk, ya que Paul se quedaba a dormir en el colegio. Aunque a ninguno les apetecía, pues estaban agotados del larguísimo día, los cuatro habían leído durante toda la tarde.
-¿Lo dejamos para la semana que viene? – preguntó Valerie.
-La semana que viene va a ser lo mismo, cariño – respondió Sev – Vamos a estar igual de cansados o incluso más. Deberíamos dejarlo indefinidamente.
-Cierto, cierto. Qué duro es esto de ser brujo y querer vivir en dos mundos a un tiempo.
-Es porque estamos en tiempos de guerra, mi amor. Hacemos una cosa, os quedáis a dormir directamente en la Sala de Menesteres, así podéis saltaros el toque y no tenéis que ir hasta casa. En cuanto estéis muy cansados a la cama.
-Vale, hacemos así.
Hipólita le habló vinculada.
-Prince, yo quiero ir a veros tocar, no he estado contigo en toda la tarde.
-Ni hablar. Tú, a la cama, debes estar agotada también, toda la tarde ordenando.
-¡Prince! ¡Quiero veros tocar y dormir en la Sala con vosotros!
-¡Hipólita! – de viva voz – Todavía no tenemos nada interesante que tocar, no hay nada que ver.
-¡Prince! Estoy harta de que me controles, no eres mi padre. Si no me dejas ir, iré por mi cuenta. Sé la demanda, me la dijo Valerie.
-Haz lo que te dé la gana, paso de discutir contigo, va a sentarme mal la cena.
-¡Bien! ¡Te gané!
-No me gusta nada cómo nos llevamos, ¿eh? Y estoy comenzando a mosquearme, no te he oído hablar en todo este rato desde que volví del entrenamiento y tú del Lago. Habla.
-No.
-Quiero oírte hablar.
-¡No me ordenes!
-Hipólita… Ya me estoy oliendo lo que ha pasado, has pasado la tarde gritando y te has quedado sin voz.
-Eso.
-Buf…
-Era importante, Prince, salvar vidas.
-Jo… Me estoy sintiendo fatal, todo por mi culpa…
-No, Prince, no te equivoques, fue de los dos, yo también me bañé.
-Cierto, cierto…
-Y tú no podías estar entrenando a la gente, tenías que leer.
-Pues no, cariño, lo que has hecho tú era mucho más importante. Debería haber ido yo también, a mí me habrían hecho más caso sin gritarles.
-Pues sí, pero tú no puedes hacerte cargo de todo.
-Pero ahora no vas a poder cantar en muchos días.
-Quizá sí, si voy a Poppy y me cura.
-Claro…
-Debe haber un hechizo o una poción también para esto.
-Claro, claro…
-Debería haber ido en cuanto he vuelto del Lago para que tú no te enteraras, ya te he preocupado.
-No pasa nada, meu amor. ¿Te duele?
-Un poco.
-Jo…
-Vamos, Prince, cena tranquilo, tenemos mucha suerte de ser brujos.
-Cierto, lo mismo que mucha mala suerte.
-Es más suerte que mala suerte.
-Desde luego.
-¿Ya se te ha pasado el enfado conmigo?
-Sí, cariño, sí.
-Vale…
-Pero, ¿cuándo piensas hacer los deberes si vienes a vernos tocar?
-Ya los hice ayer por la noche, Prince. Eran sólo de dos días, porque contaba con aprender Legeremancia estas tardes. ¿Tú no los hiciste?
-No.
-Buf… ¿Y cuándo piensas hacerlos?
-No sé.
-Pues te toca mañana de noche. Prince, tienes que organizarte. ¿Voy a tener que hacerte otro horario también para el curso?
-Pues sí, cariño, sí.
-Pues te lo hago mañana de noche mientras tú haces los deberes.
-Vale…
-O si me escribes todo lo que tienes que hacer lo hago por la tarde. Tengo toda la tarde libre, lo haré en el Lago mientras vigilo a los socorristas.
-Estupendo.
-Con el material muggle también se puede escribir fuera. Te apoyas en una carpeta.
-Cierto.
-Los viernes por la tarde son sagrados para nosotros, ¿eh? Hasta que yo tenga entrenamiento de Quidditch, que será cada cuatro semanas, ese día es para hacer cosas nosotros.
-Claro que sí.
-Y pienso que una vez nos instruyas en Legeremancia a Ariel y a mí deberías pedir licencia en lo de leer tú, ya bastante ocupado estás.
-Pues sí. Lo haré, meu amor. De otro modo no vamos a poder hacer ni la mitad de las cosas que tenemos planeadas.
-Entonces esperaré a que se haga más temprano de noche para aprender yo a leer y tendrás la tarde entera libre los fines de semana cuando todavía hay horas de luz.
-Eso no va a ser así, si no estuviera leyendo me dedicaría a instruir en vuelo.
-Claro…
-Pero aun así eres una magnífica planificadora.
-He de ganarme la comandancia.
-Claro que sí, meu amor.
Cuando terminaron de cenar, Sev acompañó a Hipólita a la enfermería y Poppy le curó la afonía con un hechizo, y además les contó que existía un hechizo altavoz, el Sonorus, para que se les oyera sin tener que gritar, y les mostró cómo efectuarlo. Charlaron un rato también de los resultados en San Mungo, de los que Damocles la había puesto al tanto por carta, y de su instrucción en Oclumancia y Magia Ancestral, estaba estudiando a fondo la Magia de la Luna.
Era además el contacto con Damocles durante el curso, a través de ella iba a enviarle a Sev los ingredientes para la poción de la Unión de las Almas que faltaban y se cartearían para acordar los horarios en los que Sev continuaría colaborando en el hospital.
Se les hizo muy tarde, ya eran más de las nueve cuando subieron a la Sala de Menesteres. Cuando entraron en el local de ensayo, donde los esperaban Valerie, Sirius, Andrew y Paul sentados en sillas, Valerie les dijo:
-Jo, chicos… sin bajo no podíamos comenzar…
-Lo siento mucho, Valerie, tenía que hablar de muchas cosas con Poppy.
-Lo entiendo, pero has tenido tiempo estos días para hacerlo. Estamos desaprovechando el tiempo que pasa Paul aquí estando todos muy cansados.
-Cierto, tienes razón, pero estaba solucionando cosas para todos, no sólo para mí. Poppy va a recibir los ingredientes que faltan de la Unión de las Almas.
-Vaya…
-Claro, Valerie.
-Bueno, si es así está bien.
-Y era importante lo que hemos hablado, está estudiando la Magia de la Luna y nos la podrá enseñar.
-De hecho, ya nos ha enseñado algo muy útil – dijo Hipólita – Un hechizo altavoz, así no necesitarás el micro para cantar, Valerie.
-Vaya… Pero no importa, he de acostumbrarme a usarlo para cuando cante en los conciertos en locales muggles, cariño – dijo Valerie.
-Claro, claro…
-Pero sí se me ocurre para qué se podría usar.
-¿Para qué, Valerie?
-Para comentar los partidos de Quidditch en el propio campo, mientras se disputan.
-¡Vaya que sí!
-Sería estupendo.
-Desde luego.
-Y para Agatha, para dar las órdenes a los grupos que está instruyendo – dijo Sev.
-Desde luego. Me extraña que ella no lo conociera – dijo Valerie.
-Hemos de llegar siempre nosotros a solucionar la vida de la gente.
-Mejor para nosotros, así seguimos siendo necesarios.
-Desde luego.
-Muy bien. ¿Comenzamos? Te has librado de tener que montar el tinglado, el generador y toda la parafernalia. Se ha encargado Sirius y nos ha enseñado a los demás, ya te enseñará a ti el próximo día. Y también nos ha sonorizado ya, si no te suena bien el bajo te lo retocará.
-Estupendo.
-Y ya lo dejaremos todo así, cubierto con telas grandes para que no coja polvo, así no necesitamos a Sirius siempre que vengamos.
-Voy a venir igualmente, ¿eh, princesa? - dijo Sirius - Estoy al lado de casa y me va a encantar escucharos, no hay mejor plan para un sábado de noche.
-Genial, Sirius, pero hoy te quedas a dormir conmigo, ¿no?
-Sí, sí, ya hemos quedado en eso.
-Estupendo.
-A ver si te pongo en marcha con lo cansada que estás.
-Y si no, nos dormimos temprano y nos lo montamos por la mañana, que es mejor todavía, lo sabes.
-Cierto.
-Pues Prince, a tu puesto, cuélgate el bajo y a disfrutar.
Se prepararon para tocar. Sirius se dirigió a la mesa de sonido e Hipólita se sentó.
-Vamos a comenzar por algo sencillo – dijo Valerie – Para ponernos en marcha como grupo vamos a hacer alguna versión de Ramones. Andrew sacó varios temas del disco de oído en sus clases de guitarra y preparó partituras para todos, las tenéis en los atriles.
-Buah… cuánto has trabajado este verano, Andrew – dijo Sev, hojeando su libreta.
-No tenía nada mejor que hacer exceptuando el puesto, San Mungo y las clases, Prince, y lo he pasado de muerte.
-Estupendo.
-¿Por cuál os apetece comenzar? – preguntó Valerie.
-Elegid vosotros – dijo Sev.
-Una que nos valga como versión para hacer en concierto, que pegue mucho.
-Vale.
-No estoy de acuerdo – dijo Paul – Si les gusta más que lo nuestro echamos piedras contra nuestro propio tejado. Yo no haría ninguna versión en concierto, versiones sólo para divertirnos y aprender el estilo y a tocar.
-Pues visto así tienes razón, Paul, pero si no hacemos versiones nos va a llevar más tiempo tener repertorio para un concierto en directo – dijo Valerie.
-Pues lo que nos lleve, así también me dais tiempo a mí para que haga mis prácticas con la furgoneta. Y no creo que nos lleve tanto, podemos hacer temas más largos y que nos lleguen quince para un concierto.
-Desde luego que sí, algo más en lo que nos distinguiríamos, temas más largos.
-Las letras que tenemos dan para temas mucho más largos que los de Ramones – dijo Sev.
-Claro, claro… ¿Tú qué opinas, Andrew, que has sido quien se ha trabajado las versiones?
-Que sí, sin versiones, lo que nos lleve, así también nos damos tiempo a tocar mejor individualmente y a empastarnos como grupo. No quiero un desastre como el de Sex Pistols – respondió Andrew.
-Estupendo entonces, todos de acuerdo. Vuelvo a la pregunta de antes, ¿por cuál comenzamos?
-Si es sólo para aprender y divertirnos que lo elija Andrew que se lo ha trabajado más – dijo Sev.
-Mi favorita es 'Blitzgrieg Bop' – dijo Andrew - Está la primera.
-¡Bien!
-Vamos a ello, entonces – dijo Valerie.
Todos excepto Paul prepararon las libretas.
-Paul, tú no tienes partitura – le dijo Andrew – No sabía hacer partituras de batería.
-Pero da la casualidad que también la ensayé en mis clases – dijo Paul.
-Vaya… ¿Y por qué no decías nada?
-Porque no me importaba tener que aprender un tema desde cero. Recuerdo la música del disco porque he estado fijándome mucho en la batería y me siento capaz.
-Claro, claro…
-Yo tampoco he tenido nada mejor que hacer salvo San Mungo y el carnet de conducir.
-Cierto.
-¿Y dónde ensayabas, Paul? – le preguntó Sev.
-En el cuarto de mi hermano mayor, que lo hemos convertido en local de ensayo – respondió Paul.
-¿Tienes batería en casa?
-Claro que sí, me la regaló él, también de segunda mano, por mi graduación. De otro modo no la tendría para los conciertos.
-Claro… Buf… cuántos gastos ha tenido tu familia.
-No importa, Prince, mis padres trabajan los dos.
-Vale, vale…
-Y yo lo haré en seis meses más.
-¿Qué tal en la Academia de Aurores?
-Buf… Ya te contaré en otro momento, vamos al lío.
-Vale, vale.
-¿Le damos? – preguntó Valerie.
-Le damos – dijo Paul – Os doy la entrada.
Paul dio la entrada y tocaron el tema, batería, bajo, dos guitarras y dos voces, la de Valerie principal y la de Sev haciendo coros. Les quedó muy bien pese a ser la primera vez que lo tocaban y Sirius se dedicó a retocar hasta que todo estuvo perfectamente sonorizado. Cuando terminaron, todos, incluidos el grupo, aplaudieron entusiasmados, se les había pasado todo el cansancio.
-¡Qué bueno! ¡Qué bueno para terminar un día agotador! - exclamaba Sev - ¡Una buena inyección de adrenalina! ¡Esta música es estupenda para eso!
-¡Otra vez! ¡Otra vez! – exclamaba Valerie dando saltos – Hasta que nos aburramos de él.
-Vamos, vamos.
Lo tocaron muchas veces más hasta que les quedó perfecto.
-Vamos a dejar ya a Ramones por hoy, chicos – dijo Andrew – Cada día le daremos a una distinta.
-Vale, vale – dijo Sev.
-Nos ponemos a lo serio, que al menos nos dé tiempo hoy de montar un tema.
-¿Tenéis todos las letras que preparamos?
-Sí, sí. Lily nos las pasó.
-¿Y habéis pensado por cuál os gustaría comenzar?
-Desde luego, hemos estado hablándolo. La favorita de los tres es 'Para la Libertad' – dijo Valerie.
-Genial.
-Pero pienso que es mejor esperar a que tengamos un poco más de práctica componiendo antes de atacarle a ésa, podríamos estropearla – dijo Paul.
-Claro…
-Entonces comenzamos por la que menos nos gusta – dijo Valerie.
-Eso, eso.
-Alguna de Walt Whitman.
-Ésas son más difíciles de musicar, no riman.
-Mejor, más libertad, más rompedor. Hagamos una cosa, tocamos lo que nos salga y después buscamos alguna que le entre la letra. Ya intento metérsela yo, y después decidimos qué coros me haces, Prince.
-Muy buena idea.
-Pues dinos una secuencia de acordes – dijo Andrew – Tú que sabes más armonía.
-¿Sabéis acordes con séptimas?
-Sólo dominantes.
-Bueno, llega por el momento, ya os enseñaré más.
-Al final vas a tener que enseñarnos tú en lugar de yo a ti, que era el plan en un principio.
-No importa, Andrew.
-Qué rápido le has pillado al bajo.
-Claro, tocando guitarra y contrabajo es muy fácil. Además, mi profe de contrabajo toca bajo también y lo trajo en una clase porque se lo pedí.
-Vaya…
-Claro, Andrew, de otro modo no habría sabido cómo se pulsan las cuerdas ni cogerlo ni nada.
-Claro, claro… El que dice que los demás nos lo hemos trabajado.
-Y que yo lo haya hecho no desmerece lo vuestro. Por cierto, Sirius, magnífico, sonamos de muerte.
-Gracias, Sev – dijo Sirius.
-Allá voy con la secuencia de acordes. Como sólo vamos a meterle acordes dominantes, vamos a hacer un cambio de tonalidad de la estrofa al estribillo. ¿Qué os parece?
-Estupendo – dijo Andrew.
-Os la dicto entonces.
Les dictó una secuencia que incluía cuatro acordes en tono menor y modulaba a otra tonalidad mayor en el estribillo. La apuntaron los tres en sus libretas, a continuación de las canciones de Ramones.
-Tocad y yo ya me iré pillando, si vais a hacer un cambio radical entre estrofa y estribillo procuraré que se refleje también en la batería – dijo Paul.
-Maravillosa idea, Paul, le damos entonces sin parar hasta que Paul se coja – dijo Sev.
Tocaron con bajo y guitarras la secuencia y Paul se fue metiendo en ella hasta que fijó una batería, no demasiado perfeccionada, pero que reflejaba el carácter de cada parte del tema, más suave en la tonalidad menor de la estrofa y mucho más enérgica en la del estribillo. Además anunciaba los cambios entre una y otro. Tocaron hasta que Valerie ordenó:
-¡Vamos a dejarlo! ¡Vamos a dejarlo!
Pararon.
-Buf, Prince… estoy rompiéndome los dedos con las cejillas.
-Claro…
-No podemos tocar tanto tiempo seguido con armonías tan complicadas, al menos hasta que hayamos fortalecido las manos. Yo no he tenido tanto tiempo de ensayar como Andrew.
-Desde luego que no. Paul, magnífico.
-Gracias, Prince – dijo Paul - Yo también me canso de tocar, ¿eh? Tocar la batería es agotador.
-Entonces hagamos una cosa – dijo Valerie – Nos tomamos todos un descanso mientras pienso en cuál de todas las letras meterle ahora que tengo el tema en la cabeza.
-Genial, Valerie – dijo Sev.
-Yo me quedo haciéndolo mientras ellos os enseñan el resto del local. Está la sala del generador, insonorizada, y otra salita con sofás, televisión y equipo de alta fidelidad para ponernos cómodos.
-¿Qué dices? – muy asombrado.
-Por supuesto, por eso lo de 'Espacio de ensayo y descanso para grupo rock'. También hay servicio.
-Vaya…
-Y mueble-bar y nevera que no estamos atacando por ti, y fregadero para lavar los vasos.
-Wooow… Podéis beber si queréis, ¿eh? Siempre que no os emborrachéis.
-De acuerdo, Prince, si me das permiso yo tomaré un cubata ya que no voy a poder hacerlo cuando vayamos de concierto – dijo Paul - Más no, caería dormido.
-Claro que sí, Paul.
Pasaron todos excepto Valerie al espacio de descanso. Se sentaron en los sofás excepto Paul, que se dirigió al mueble-bar y la nevera para servirse un cubata. Hipólita dijo mirando su reloj de cuerda.
-Ya son más de las diez, ya nos hemos perdido la película del sábado.
-Bueno, cariño, tendremos que olvidarnos de la televisión mientras estemos en el colegio, de lo contrario no llegamos a todo lo que queremos hacer – dijo Sev.
-Cierto.
-¿No lo estás pasando bien escuchándonos ensayar?
-Claro que sí, lo estoy pasando muy bien, aprendiendo yo también a componer.
-Genial.
-¿Alguien más quiere beber? – preguntó Paul.
-Yo quiero un chupito de whiskey, Paul – dijo Sirius – Pero ya me lo sirvo yo.
Sirius se levantó.
-Las bebidas que han aparecido son de la mejor calidad, un montón de botellas de cada, y la nevera llena de cerveza y refrescos.
-Por eso lo quiero solo.
-Yo lo habría tomado solo también, pero ya lo probé el domingo pasado y no me va, prefiero cubata.
-Claro, claro…
-Las bebidas son de la mejor calidad al igual que lo son los instrumentos musicales. La Sala de Menesteres da todo de lo mejor – dijo Sev.
-Desde luego que sí, ya hemos estado hablando antes de eso – dijo Paul - ¿Vosotros no queréis un refresco?
-Yo Coca-cola para espabilar – dijo Andrew.
-¿Te la sirvo en vaso? También hay hielo y limones.
-Wow, Paul, te lo agradecería mucho.
-No tienes más que pedirlo, yo he pasado todo este tiempo sentado, tú en pie.
-Cierto.
-¿Vosotros queréis algo? – preguntó Sirius – También hay tónica si no os gustan los refrescos dulces.
-Nunca la he probado – dijo Sev.
-Pues aprovecha ahora.
-Vale, sírveme una.
-¿Con hielo? En seco, aunque esté fresca de la nevera es bastante dura, sabe muy fuerte.
-Vale, con hielo.
-¿Tú quieres, Hipólita?
-Yo pruebo de la de Prince y si me gusta tomo una – dijo Hipólita.
-¿Te gusta el sabor amargo?
-Me encanta.
-Entonces te la sirvo.
-No, Sirius, no lo hagas hasta saberlo seguro, porque las bebidas se agotarán tarde o temprano.
-Eso no es problema, cariño – dijo Paul – Ya hemos estado pensándolo antes, cuando se acaben pediremos una demanda sólo de bebidas y las trasladaremos, al igual que cuando se acabe el combustible para el generador.
-Claro… De todos modos prefiero probarla primero.
-Vale…
Por fin estuvieron todos servidos incluida Valerie, a quien le llevaron también una Coca-cola. A Hipólita y Sev les encantó la tónica con hielo y limón que les había preparado Sirius.
-Es potente como tú – le dijo Hipólita a Sev.
-A este paso vamos a ser todos potentes, con tantas horas de entrenamiento – dijo Andrew.
-Ya te digo, todo el colegio, entrenando por la mañana y nadando o volando por la tarde. Vaya cuerpazos se van a ver el próximo verano en el Lago, porque por el momento están bastante fofos.
Rieron.
-Cuenta, Hipólita, cuéntanos de tu tarde en el Lago – dijo Paul.
-He tenido que pegarles a los socorristas para que dejaran de morrearse, porque se han puesto a hacer el boca a boca y se han enganchado, ya sabéis, iban en ropa interior.
-Vaya…
Volvieron a reír.
-Yo que los había emparejado chicos con chicas para que no les diera asco hacerse el boca a boca.
-Has hecho de alcahueta, Hipólita.
-Pues sí, lo que tanto le criticaba a Prince, pero no ha sido a propósito.
-Desde luego que no.
-¿Tú no has ido a bañarte, Sirius? – le preguntó Sev.
-En absoluto, estoy aprendiendo Legeremancia con Valerie – dijo Sirius.
-Claro…
-Por eso sólo he bebido un chupito, yo también estoy agotado.
-Claro, claro…
-Y no voy a tomar Coca-cola porque no quiero que me quite el sueño. Si hoy Valerie no quiere marcha, a dormir como troncos.
-Claro… ¿La Coca-cola quita el sueño?
-Claro, Sev, tiene cafeína, como el té y el café.
-Pero no te lo quita tanto como ellos. Es mucho más suave, te espabila pero no te impide dormir – dijo Andrew.
-Según lo acostumbrado que estés, a mí sí me lo impide – dijo Sirius.
-Porque sigues estando muy delgado, Sirius, todo te afecta más.
-Será por eso.
Al rato oyeron la guitarra al otro lado de la puerta y después entró Valerie.
-Chicos, la tengo, ya he estado probándola también con la guitarra.
-Ya, ya te hemos oído, vamos a ello entonces – dijo Sev.
-Pues sí, así terminamos cuanto antes y ya nos llega por hoy.
-De acuerdo.
Hipólita y Sirius se quedaron lavando los vasos y los demás salieron de nuevo a la sala de ensayo. Se prepararon, Paul dio la entrada y comenzaron a tocar. Valerie había repartido la letra en dos partes, una mucho más larga para las estrofas, dos, y otra más corta que se repetía en el estribillo. La tocaron completa una vez, después preguntó:
-¿Dónde me haces coros, Prince?
-¿Dónde crees tú? – le preguntó él.
-Podemos cantar juntos todo el estribillo y también el final de cada parte de las estrofas, el último verso de cada cuatro.
-Estupendo.
-No cantes al unísono conmigo.
-Buf… lo intentaré. Eso nunca lo he probado todavía.
-Un pequeño esfuerzo, Prince, eres al que menos le está costando pillarle.
-Cierto, cierto.
Hipólita y Sirius ya habían salido.
-¿Vamos allá?
-Vamos allá.
Lo intentaron hasta que se dieron por satisfechos. Todos fueron mejorando sus partes, Paul los efectos de la batería, Valerie y Andrew acompañándolo con el ritmo de las guitarras, Sev con el bajo y ambos cantantes puliendo sus partes, Valerie probando variaciones de la letra y Sev intentando seguirla sin cantar al unísono con ella. Por fin la tocaron una última vez.
-Vamos a dejarlo ya, estoy agotada – dijo Valerie – Lo tenemos casi montado, nos falta meterle un solo de guitarra entre la segunda estrofa y el estribillo y hacerle quizá una introducción y un final decentes. Piensa la armonía durante la semana, Prince, si tienes tiempo.
-De acuerdo, lo haré.
-Vamos a ir lentos, ¿eh? A un tema por sesión, quizá.
-Pero es un tema muy elaborado y pulido y nos da tiempo a tener repertorio antes de Navidad.
-Cierto, cierto.
Recogieron tapándolo todo con grandes telas, salieron de la Sala y demandaron el Espacio de Hechicería Olvidada. Caminaron bajo las estrellas y el cuarto creciente sin encender los Lumos hasta la casa, y se metieron cada uno en su dormitorio para pasar la noche. Todos se durmieron de inmediato.
