Basilisco
De ese modo la rutina quedó establecida. Hipólita montó horarios semanales para Sev y para ella de modo que llegaran a todo lo que querían hacer, aunque no le dedicaran a cada actividad tanto tiempo como les gustaría. Dos noches por semana, hasta el toque, acudían a la Sala de Menesteres a tocar el piano para no olvidar el repertorio y seguir sacando y componiendo temas. Los demás instrumentos los ensayaban a ratos muertos en su Fidelius.
La primera ruptura de la rutina se produjo el siguiente viernes, en el que Sev llevó a su hermano, Shelley, Hipólita y Sirius a la cueva de la Sala para realizar el ritual. Shelley todavía no había aprendido Oclumancia, pero lo consideró adecuado porque calculaba que lo lograría ese mismo fin de semana. De camino se bañaron en la poza que ya había descubierto con Lauren el año anterior, pues tenían tiempo de sobra hasta la cena ya que habían usado el Giratiempo dos horas atrás antes de entrar en la Sala.
Lo pasaron de muerte, no tanto después subiendo la cuesta. A quienes más les costaba eran Shelley y Sirius, que eran quienes estaban en peor forma física.
-Deberíamos haber traído a alguien que pudiera Aparecerse y pedir al viejo que deshiciera el hechizo que lo impide – decía Sev.
-Nada, nada, que se fastidien, así van poniéndose en forma. Han de estar muy potentes para aguantar el tirón del Ejército – decía Hipólita.
-Cierto, Hipólita, cierto, debería haber ido a la playa con vosotros más a menudo este verano. Si hubiera nadado más estaría mucho más fuerte - decía Sirius.
-Y yo lo mismo, yo voy un montón pero casi nunca nado porque el agua está muy fría – decía Shelley.
-Y porque apenas sabes nadar– le dijo Ariel.
-También, también.
-Lo justo para no ahogarte.
-Me gustaría estar aprendiendo a nadar en el Lago con todos los demás estos días.
-Cierto, Shelley, pero ahora no puedes dejar la instrucción en Oclumancia hasta que aprendas del todo, cariño – le dijo Sev.
-Ya, ya lo sé, pero me aburro tanto… ¿No podemos practicar ahora?
-¿Sin pensadero?
-Claro que sí, así perdemos menos tiempo. Siempre que no te importe leer los pensamientos que tenía sobre ti antes de conocerte y cosas como cuando voy al baño, me ducho y así, que es lo único que extraigo cuando me lees. Yo apenas tengo cosas que ocultar.
-Vale…
-Pues dale, anda, siempre que no te canses tú, ¿eh?
-No, no, yo no me canso de leer, ya tengo mucha práctica.
-Pues dale, dale.
-Va a verte desnuda, Shelley - le dijo Ariel.
-No me importa en absoluto, mi hermano me ve muchas veces, y Sev es como un hermano para mí.
-Vaya…
-Pero tú no me leas, ¿eh? Porque tú no lo eres, tú eres mi novio y sólo me verás desnuda cuando estemos preparados los dos.
-Vale, vale.
-No la veo desnuda, Ariel, yo sé qué buscar lo que quiero leer – dijo Sev.
Así que Sev leyó a Shelley sin pensadero todo el resto del camino hasta la cueva. Realizaron rituales individuales y conjuntos y lo hizo de nuevo de vuelta. La chica ya alcanzaba un ochenta por cien cuando llegaron a la casa.
-Estupendo, Shelley. Como nos llega el tiempo y vas a conseguirlo mañana mismo, vamos a hacer también un ritual en un árbol, así también adquieres esos poderes – dijo Sev.
-Claro…
Fueron hasta el olivo y realizaron rituales en el mismo apurando el tiempo hasta la hora de la cena. De vuelta a casa, la chica le dijo en confidencia:
-Si puedes seguir leyéndome sin pensadero podríamos ir los tres a bañarnos mañana con todos.
-Claro…
-Ya me enseñas tú a nadar de paso.
-Desde luego. Pero entonces Ariel no practicará Legeremancia.
-Podrá practicar conmigo cuanto quiera en cuanto yo sepa ocluir bien.
-Cierto.
-Pues ya está, asunto arreglado, mañana todos a bañarnos.
-Gracias, Shelley.
-Boba que fui, debería haberlo pensado ya el domingo pasado, cuando me enteré de lo del Lago.
-Cierto, yo también podría haberlo pensado.
-Tú no sabías que yo estaría dispuesta a que me leyeras sin pensadero.
-Pero se te ha ocurrido a ti, hace más de tres horas que lo sé y a mí no se me ha ocurrido.
-Porque has estado leyéndome y pendiente de los rituales, pero mientras tanto yo he tenido mucho tiempo para pensar.
-Claro, claro… También eres una magnífica planificadora, Shelley.
-Todas las mujeres lo somos, recuerda que somos nosotras quienes llevamos la casa.
-Desde luego.
-He de aprender, ahora ya sé que seré madre de familia y en mi familia eso es complicado, con todo el dinero que tendré, los negocios y todo.
-Cierto.
-Porque Ariel no sirve para eso, ¿eh? Tendré que encargarme yo de todo.
-Claro…
-Con él olvídate del dinero, no le interesa. Se avergüenza de que tenga que ponerlo todo yo, no quiere oír hablar del tema.
-Lo comprendo.
-A ver si le saco esa tontería de la cabeza.
-Pues sí.
-Tú también podrías ayudarme, a ti te hace caso en todo.
-Lo haré, cariño.
-Yo siempre le digo que mi madre también era pobre, bueno, clase media, hija de muggles, como Lily.
-Claro…
-Y que nadie vale más ni menos por tener más o menos dinero, y te pongo de ejemplo a ti, que puedes convocar joyas.
-Claro, claro…
-Pero él me responde que él no es capaz ni nunca lo será, que vale mucho menos que tú.
-Jo…
-Tiene la autoestima un poco baja porque se compara contigo.
-Vaya…
-Por eso estoy hablando en privado contigo, para que se la subamos entre los dos.
-Claro, claro…
-Combate mañana contra él un rato, que recuerde lo bueno que es.
-Está bien, lo haré.
-Yo me encargo de Hipólita.
-Estupendo.
. . . . . . . . .
La segunda ruptura importante de la rutina se produjo el siguiente miércoles en la cena, al comienzo de la cual Minerva se vinculó con Sev.
-Prince, pido permiso para charlar contigo.
-Dime, Minerva.
-Negociaciones hechas, ya he hablado con todos los candidatos a formar parte de la operación contra el basilisco.
-Vaya… estupendo…
-Somos quince.
-Wow…
-Suficientes, ¿no?
-Desde luego.
-¿Has tenido tiempo de pensar estrategias?
-Sí, lo he tenido.
-¿Nos reunimos esta noche?
-De acuerdo.
-¿También con Deborah y Alice?
-Sí, los cinco, ellas también han estado pensando.
-Desde luego, ya les dije yo que lo hicieran, ¿te lo contaron?
-Sí, sí.
-Si dejamos el plan listo esta noche lo haremos este fin de semana.
-Buaaah…
-Antes seguramente, el viernes después de clases para no alterar la rutina del Ejército. Muchos oclumantes también son legeremantes.
-Buf… - agobiado.
-Prince… evitar riesgos mayores. Si hay un laberinto quizá haya que organizar más operaciones a medida que vayamos cubriéndolo.
-Desde luego, pero podrías haberme avisado con más tiempo.
-¿Para que pasaras más tiempo preocupado, conociéndote? Ni hablar, somos muchas mentes a pensar y ya tienes grandes cargas sobre tus hombros.
-Está bien, Minerva, lo comprendo.
-¿Quedamos entonces después de cenar en el despacho de Albus? En la sala que montó para reunirse con vosotros.
-Está bien, ¿hemos de usar Giratiempo?
-No, no, en absoluto, a no ser que no podáis alterar otros planes que tengáis.
-Yo puedo alterarlos.
-Muy bien, tráelo por si nos alargamos demasiado y queréis echar atrás para dormir lo suficiente.
-De acuerdo.
-La contraseña es 'Píldoras agridulces'.
-Está bien.
-¿Te encargas tú de avisar a Alice y Deborah?
-Sí, Minerva, ya lo hago yo.
-Muy bien. Si tenéis cualquier problema vuelves a contactar conmigo. Si no lo haces os esperamos allí en cuanto terminéis de cenar y paséis por casa.
-De acuerdo.
Sev se vinculó con Alice y Deborah.
-Chicas, cortad con quien estéis hablando.
-Un momento, Prince – le dijo Alice.
-Yo no estaba hablando con nadie – le dijo Deborah.
-Ya está – dijo Alice.
-Vinculaos también entre vosotras, Alice y Deborah.
-Estamos – dijo Deborah.
-Tenemos reunión con Albus y Minerva, la operación es este fin de semana.
-Buf… - dijo Alice, agobiada.
-Alice, retírate. Son quince, catorce también serán suficientes.
-Ni hablar, Prince, si va gente más joven yo también voy.
-Bueno, como quieras.
-Digo buf… porque no voy a dormir hasta que lo hagamos.
-Pues toma poción de sueño, Alice. Has de estar fresca y probablemente no será la única operación.
-Ya, ya. También digo buf… porque hoy precisamente es mi cumpleaños.
-Claro… Felicidades, Alice…
-La segunda mayoría de edad, vaya regalito me has hecho, Prince.
-Te hago uno mejor, duermo contigo esta noche en la Sala de Menesteres cuando terminemos.
-Buf, Prince… No sé, ¿eh?
-Quiero, Alice.
-Bueno…
-¿Sabéis cuántos oclumantes del colegio participan?
-Sí – dijo Deborah – Todos los mayores de edad, nadie se ha echado atrás.
-Por fortuna Cecile se queda fuera siendo este fin de semana.
-Pues sí – dijo Alice – Porque también habló con ella y está dispuesta.
-Buf… Entonces participará en las siguientes.
-Desde luego, Prince, Cecile es Gryff y bien entrenada, otra candidata a usar la espada.
-Claro…
-La espada no se aparece a cualquiera, ¿eh? Sólo a quien va a ser capaz de usarla.
-Claro, claro…
-Y nadie nos hemos visto en un brete así, no sabemos si flaquearemos.
-Desde luego. Dadme la lista de oclumantes de Hogwarts.
-Te la doy yo – dijo Deborah – Paul, Alice, Frank, Genevre, Valerie, Jack, Andrew, Albus, Minerva y yo.
-Diez.
-Los cinco restantes son de la Orden, uno de ellos Prewett y otro su hermano, ambos Gryff también.
-Estupendo.
-Otro, Alastor Moody, un Auror famoso por todos los Mortífagos a quienes atrapa.
-Maravilloso, ¿ése es Gryff?
-No, es Rave.
-Vaya, qué pena…
-Y es bastante viejo, fue coetáneo de Riddle.
-Vaya…
-Pero es un guerrero excepcional. Acudió el domingo pasado al entrenamiento del Ejército, no viene más porque el trabajo no le deja tiempo y se dedica a cazar Mortífagos por su cuenta y riesgo, no tiene familia – dijo Alice.
-Claro…
-El siguiente, Edgar Bones, Huffle – continuó Deborah.
-Jo… ¿Por qué no ha escogido más Gryff?
-Para que haya de todo, Prince. Es una labor conjunta, el que queda es Gryff.
-¿Quién?
-Su hermano Aberforth.
-Vaya… Pero también es muy viejo.
-Pero es un mago excepcional y muy, muy valeroso. Y recuerda, a ése no va a importarle jugarse la vida, ya la ha vivido. Quizá la espada aparezca para él.
-Claro…
-Y era al que tenía más a mano y con más tiempo libre para enseñarlo a ocluir en verano.
-Claro… Ha escogido todo hombres.
-Pues sí, porque quizá se trate también de una labor de fuerza.
-Claro…
-Puede haber obstáculos de camino, y matar al basilisco con una espada no debe ser moco de pavo.
-Claro…
-Sabes que Aberforth está muy fuerte pese a su edad.
-Desde luego que lo está, lleva él solo todo el tinglado de Cabeza de Puerco.
-Yo pienso que es el candidato perfecto.
-Cierto, yo también.
-Pero eso no podemos elegirlo, la propia espada escogerá al más adecuado.
-Claro, claro…
-¿Quieres que debatamos ahora una propuesta conjunta para terminar cuanto antes con Minerva y Albus?
-Sí, me parece bien.
-Muy bien, pues por pasos.
-Quince no cabéis en los servicios, no tendríais libertad de movimiento ni de acción.
-Desde luego que no.
-Hay que desmantelarlos excepto la estructura.
-De acuerdo contigo.
-¿De acuerdo, Alice?
-Sí, sí, y no me preguntes cada vez. Si no estoy de acuerdo o tengo algo que aportar lo diré – respondió Alice.
-Estupendo. Siguiente paso, Albus abre la estructura.
-Hay un paso previo, Prince, desmantelar los servicios sin despertar alarma en el colegio – dijo Deborah.
-Claro… Ya sé, que simulen que hay obras y lo hechicen de manera que no se pueda pasar.
-Muy bien, buena idea, incluso que construyan un muro en el corredor en el que se abra una puerta como el hechizo que había en tu cuarto, así pueden desmantelarse por completo, incluso las paredes.
-Eso, eso, muy buena, Deborah, puliendo.
-Myrtle la llorona puede huir de allí y chivarse.
-Bah, nadie va a hacerle caso.
-Eso espero. El muro también impediría que el basilisco escapara de allí.
-Claro, claro…
-Pero nos dejaría atrapados a nosotros – dijo Alice.
-Cierto. Más atrapados vais a estar si tenéis que descender a las galerías.
-Pues sí. Entonces idea aprobada.
-Muy bien. Se desmantelan los servicios por completo y todos rodeáis la estructura a una distancia prudencial, en círculo, mientras Albus la abre, con los Gryff intercalados entre los demás.
-De acuerdo – dijo Deborah.
-Si aparece el basilisco, a luchar, cada uno desde su posición hasta que aparezca la espada.
-Claro.
-Albus debe llevar también el fénix para que lo ciegue, a todo aquél que mire quedará petrificado.
-Y moriría si no fuera por una idea de Albus.
-¿Cuál?
-Que todos llevemos gafas.
-Claro…
-Prince, estás muy bobo, ¿eh? Myrtle murió.
-Desde luego. Pero Myrtle lleva gafas, ¿por qué murió entonces?
-Debía estar limpiándolas.
-Puede ser.
-Albus se ha informado bien, si te mira a través del cristal o de un reflejo no mueres, sólo quedas petrificado.
-Estupendo.
-Y se revierte con poción de mandrágora, que ya está preparada.
-Vaya…
-Claro, Prince, han pasado cuatro meses desde el quince de mayo.
-Justo hoy – dijo Alice.
-Qué bobo estoy, todos los planes que he elucubrado no contaban con gente muerta o petrificada.
-Por eso somos tantos, Prince. Quizá cuando el fénix lo ciegue quedemos la mitad – dijo Deborah.
-Claro, claro… Sigue tú, Deborah, estás mucho mejor informada que yo.
-Si aparece en los servicios ya está, nada más que debatir.
-Pues no.
-Si por el contrario tenemos que adentrarnos en las galerías, pasarán los adultos delante.
-Desde luego.
-Con Albus al frente para abrir en pársel los obstáculos que pueda haber.
-Claro.
-Que quizá no se abran con un simple ábrete sésamo.
-Vaya que no.
-A ver lo que se le ocurre.
-Claro, claro. Seguro que ha preparado una buena provisión de frases posibles. Ya sabes, sus noches de insomnio.
-Desde luego, ha tenido material para elucubrar y de paso ha aprendido otra lengua.
-Cierto.
-A ver si la pronuncia bien y resulta.
-Ésa es otra, pero si es capaz de hablar sirenio confío en ello.
-Yo también. Pues eso, si nos topamos con el basilisco por las galerías vamos a caer como moscas.
-Buf… No, que el fénix vaya por delante de vosotros.
-Claro…
-Y que se adelante aquél a quien se le aparezca la espada.
-Desde luego. A ver cómo son las galerías.
-Suficientes para que pasen personas si puede pasar un basilisco de mil años de edad, no tendréis por qué avanzar de uno en uno.
-Desde luego que no.
-A ver si no son verticales – dijo Alice – El servicio está en el cuarto piso y el cubil debe estar bajo tierra.
-Claro… buf… Entonces, ¿cómo haréis? – preguntó Sev.
-Lanzarnos al vacío habiendo montado un colchón previamente – dijo Deborah.
-Buf… no… muy peligroso…
-No más que el basilisco.
-Y ese paso os hace separaros unos de otros, os puede ir pillando de uno en uno.
-No si va el fénix por delante.
-Claro, pero más seguro sería que pudierais bajar varios a la vez, un basilisco de mil años cegado no deja de ser peligroso. Convocad largas escaleras de cuerda y tenderlas.
-Buf… Albus…
-Deberá hacerlo, peor sería lanzarse al vacío.
-Claro… claro…
-Al menos cuatro escaleras, tres grupos de cuatro y uno de tres, y en cada grupo que bajen uno o dos Gryff.
-Claro…
-Y de otro modo no podríais volver a subir.
-Desde luego.
-¿Y el rescate de los petrificados? – preguntó Alice.
-Buf… Atados y levitados o levantados a pulso por los demás.
-Claro.
-Siguiente paso, encuentro con el basilisco. Albus aventura que puede encontrarse en una cámara en la que tengamos suficiente espacio – dijo Deborah.
-Es peor si tiene libertad de movimiento, puede huir en lugar de perseguir o petrificaros a muchos de manera que no quedéis suficientes. Qué nervioso estoy poniéndome.
-Venga, Prince, no es para tanto.
-Si es así, lo mismo, dejad pasar al fénix por delante a la cámara.
-Claro…
-Ya está, y después a perseguirlo si no va él a vuestro encuentro, aturdidlo con maldiciones y ponédselo fácil a quien tenga la espada.
-Desde luego. Último paso, matarlo. ¿Cómo cargarse a un basilisco de ese tamaño con una espada tan pequeña?
-En eso sí que he pensado, clavándosela por un punto débil, desde la garganta hacia arriba o en un ojo, directa al cerebro.
-Buaaah… hay que acercarse mucho a él – dijo Alice.
-Desde luego, ¿qué esperabas? Alice, retírate.
-No, ni hablar.
-No volveré a decírtelo, confío en que la espada no te aparezca a ti por lo que estoy viendo.
-No me arredraré, seré una heroína.
-Está bien… Estos Gryff…
Plantearon el plan conjunto a Minerva y Albus y fue aprobado en su totalidad. Terminaron tan temprano que esa misma noche se pusieron en contacto con todos los participantes que no vivían en el colegio, convocándolos para el día siguiente a una reunión de planificación, para entre otras cosas decidir quiénes formarían los grupos en los puntos en que debían separarse.
Sev durmió esa noche con Alice en la Sala de Menesteres, ambos con poción de sueño, y al día siguiente tuvieron la reunión de planificación por la noche, a la que Sev ya no asistió. Esa noche necesitó de nuevo poción de sueño para dormir, pues cuando se fue a la cama no habían vuelto todavía a casa los oclumantes de su familia.
Al día siguiente, todos se negaron a contarle cómo había ido la reunión. Sólo le dijeron, como él ya había podido comprobar el día anterior, que los servicios ya estaban preparados y que la operación comenzaría esa tarde a las cuatro.
A esas alturas Hipólita ya se olía que pasaba algo grave, pues Sev estaba muy nervioso, y se lo llevó a pasear por el Bosque por la tarde para que se relajara. Cuando ya llevaban un rato largo le dijo:
-Que sepas que me habría gustado ir al Lago a bañarme con mis amigos y he preferido venir al Bosque a solas contigo para que estés más aislado de gente y te sientas mejor.
-Vaya…
-Claro, Prince, y habríamos invitado al menos a Shelley y Ariel, pero te quería sólo para mí para que puedas contarme y desahogarte. ¿Qué te pasa, cariño? Cuéntamelo, por favor…
-No puedo, Hipólita.
-Es peor que no me lo digas. Yo también me fijé anoche que los mayores de la familia no habían llegado a casa bastante después del toque, estoy preocupada por todos ellos.
-Jo…
-En serio, es peor que no me lo cuentes, por ti y por mí. Tenemos dos buenas razones para que me lo cuentes, tranquilizarnos los dos.
-Cierto.
-Para eso están los compañeros. Y recuerda quién es la que siempre te tranquiliza, yo.
-Tienes razón.
-Pues empieza, anda, ¿o prefieres que lleguemos a algún sitio cómodo para sentarnos?
-Empiezo ya porque es muy largo de contar.
-Vale, me vas guiando hasta que lleguemos a un sitio cómodo.
-De acuerdo. Hay un basilisco de mil años de edad encerrado en el castillo, lo dedujimos Lauren y yo…
Sev le contó todo el proceso, Hipólita no le interrumpió. Mientras tanto, llegaron a un lugar más despejado de árboles y se sentaron en una roca. Cuando terminó, ella le dijo:
-Prince, había una razón de más peso todavía para que me lo dijeras. Quizá nunca volvamos a verlos vivos.
-Cierto.
-No te lo recrimino, ¿eh? Y comprendo que no lo hayas hecho, es alarma en el colegio. ¿Jack se lo ha contado a su hermana?
-No lo sé, imagino que no.
-Pues muy mal hecho. Ya es oclumante también, debería haberse despedido de ella por si las moscas. Si le pasa algo nos va a tocar contárselo a nosotros, otra razón para habérmelo dicho.
-Claro, claro…
-Y a Ariel, que Jack es como un hermano para él.
-Cierto.
-Y a la hermana de Valerie y los hermanos de Andrew.
-Desde luego.
-Y a las familias de todos, que no se enteren por alguien del Ministerio que vaya a decirles.
-Claro…
-Y el plan tenía un fallo muy gordo. ¿Y si no sale nadie de los servicios? ¿Cómo vamos a enterarnos de lo que ha pasado?
-Buaaah… cierto… Deberían haberme dicho cómo se entra al espacio que han cerrado.
-No lo han hecho porque sería peligroso para cualquiera si el basilisco ha sido liberado.
-Claro, claro…
-No adelantemos acontecimientos. ¿Iban a usar Giratiempo?
-No lo sé, no quisieron contarme nada.
-Quizá ya estén de vuelta. ¿Volvemos al castillo, que nos queda un largo camino, o vas a volver a ponerte nervioso si no los ves?
-Sigo nervioso, Hipólita, prefiero regresar por si ya han vuelto y no sufrir.
-Hoy poco puedo ayudarte a no ser que efectivamente no haya pasado nada grave, porque es cierto que tenías razones de mucho peso para estar como estás. Yo también estoy muy preocupada.
-Volvamos entonces.
-Sí, será lo mejor. Aunque espera, se me ocurre algo que podemos hacer, estamos muy bobos.
-¿Qué, Hipólita?
-Rastrearlos, Prince.
-Claro…
-Vamos, nos los repartimos, yo las chicas y tú los chicos.
-A Minerva yo, que tú no estás vinculada con ella.
-Vale, vale.
Rastrearon a sus amigos, estaban todos vivos y ya en el castillo, aunque Valerie, Jack, Paul y Frank estaban en camas de la enfermería y los demás acompañándolos.
-Están todos vivos, Hipólita, aunque hay cuatro en la enfermería.
-Porque debe haberlos petrificado pero ya están despiertos. Yo pienso que sí que han usado Giratiempo, en dos horas no les daba tiempo a todo, a rescatarlos y recuperarse y todo.
-Claro, claro…
-¿Vamos rápido y los pillamos allí todavía?
-Vamos.
Se dieron mucha prisa en regresar y consiguieron hacer el camino en la mitad del tiempo que les había llevado. Llegaron al castillo alrededor de las seis y media, subieron corriendo a la enfermería, pues todavía estaban todos allí. Cuando entraron en la misma, Valerie los vio y gritó desde la cama, alzando el puño cerrado.
-¡Victoria!
