2. Tristeza.

La hermosa chica de ojos azules y rubios cabellos largos y lacios, se miraba en el espejo lleno de luces dando los toques finales a su maquillaje y, sobre todo, a su autoestima.

Miraba sin mirar, pensando nada más en que esa era su noche, la que había estado esperando tantos años, su gran momento de brillar.

-Señorita Aino, cinco minutos-escuchó detrás de la puerta y eso la sacó de sus pensamientos. Estaba lista, era el momento justo ahora. Sin embargo, poco antes de salir se encaminó hacia su bolsa y de un pequeño pañuelo de color naranja, sacó una roca brillante y rasposa que frotó entre sus dedos y después llevó a sus labios con anhelo.

-Es la noche, mi querido Kunzite.

-Rómpeles una pierna—dijo una voz varonil a sus espaldas. La chica soltó una risita nerviosa y se giró para mirarlo.

-Así no se dice—le reprendió con el dedo, –Es rómpeles la cara, o patéales una pierna... algo así.

El joven moreno de ojos azules y cabello platinado sonrió divertido mientras miraba como la chica frente a él entraba en confusión.

-Eres tan graciosa, mi querida niña.

-Y tú siempre eres tan lindo conmigo, ¿Me veras en la función?

-¿Alguna vez no lo he hecho?

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La presentación fue todo un éxito. El público en aquel hermoso teatro antiguo, ovacionó de pie a todo el elenco, en especial a la nueva promesa de la actuación, a la chica rubia de ojos azules y sonrisa ensoñadora, que había dado una muestra inequívoca de su gran talento.

Cuando el productor de aquella obra la escuchó cantar, quedó realmente conmovido, así que cuando la chica le pidió como único favor, un asiento vacío justo al frente en la primera fila, no dudó ni un segundo en aceptar. Pero lo que él no sabía es que se asiento nunca estuvo realmente solo.

El telón volvió a subir a tiempo para que todo el elenco agradeciera al público su presencia, y las ovaciones no se hicieron esperar. Aún con todas las luces sobre ella, Mina no dejaba de sonreírle al hombre de la primera fila, que al igual que todos, le aplaudía de pie y le sonreía con orgullo y cariño.

Unos minutos después, la sala comenzó a vaciarse y los actores se retiraron hacia sus camerinos, volviendo, aquel escenario a su tranquila normalidad, al silencio después del espectáculo. Hubiera sido también en completa soledad, pero una peculiar pareja seguía en él, conversando con tranquilidad.

-¿Crees que lo hice bien? -preguntó Mina con coquetería.

-Estuviste realmente increíble, mi amor-respondió orgulloso.

-Estaba sumamente tan nerviosa, pero verte a ti, siempre me ha ayudado.

-Me da gusto apoyarte, sin embargo...

-¡Sí, lo sé! -resopló la rubia interrumpiéndolo. -Sé que has venido también a despedirte.

-Es el momento.

-¡No! No es el momento para que te vayas, ¿Cómo ves? -preguntó retadoramente.

-Si lo dices así tan decidida—dijo el joven con falsa resignación.

-¡Por supuesto! ¡Este ha sido mi gran debut, el mundo comienza a ir bien para mí! ¿Por qué quieres irte ahora?

-Me quedaría si pudiera y lo sabes.

Mina frunció la nariz con desagrado, un gesto tan infantil pero que cautivaba al general por completo.

-Eres fuerte, eres valiente, estarás bien sin mí.

-Es que resulta, mi querido tontito—dijo la rubia dando un salto para bajar del escenario y sentarse al lado de Kunzite -, que simplemente no quiero estar sin ti.

-La gente creerá que estás loca si te ven hablando conmigo todo el tiempo.

-¡Les diré que estoy actuando, ensayando una obra! - Kunzite soltó una fuerte risa que hizo ruborizar a la rubia. -¿Ah, no me crees?

Mina corrió de vuelta al escenario y tomando una capa que se había caído al suelo de uno de sus compañeros, se la amarró al cuello y comenzó a actuar.

-Mina, cariño te amo tanto que no podré irme jamás de tu lado—dijo la rubia tratando de imitar el tono de voz de su ahora cautivo espectador. -Lo sé, mi querido Kunzite, tampoco quiero que te vayas, ¡Estaremos juntos siempre! -La chica cambió de lado y volvió a colocarse la capa -. Lucharé contra todo por tu amor, hasta derrotaré a la muerte...

Justo cuando iba a cambiar de papel otra vez, Kunzite se paró junto a ella y la tomó por el rostro.

-Y luché con ella por estar contigo, así es como obtuve este año a tu lado.

Los ojos azules de la alegre Mina se cristalizaron al escuchar aquellas palabras. Fue un año que pasó en un parpadeo, doce visitas, una al mes, una docena de besos de despedida que llegaban a su fin aquella agridulce noche.

-¿Volveremos a vernos? -preguntó con esperanza.

-Por supuesto que sí. Podrás soñar conmigo y yo te veré siempre, hasta que sea el momento de volver.

-¿No estarás ahí cuando gane mi primer premio?

-Estaré ahí.

-¿Y cuándo ponga mis huellas en el paseo de la fama?

-También.

-¿Y cuándo...?

-En todo momento, en todo lugar, cuando ganes, cuando pierdas, cuando rías, cuando llores, cuando sientas que no das más... yo estaré ahí, porque ni muerto me podrían separar de ti.

Mina sonrió con esa mueca que denota la tristeza y la alegría a la vez. Cerró sus ojos para sentir el tierno calor de los besos de Kunzite en sus labios. Era una sensación dulce, inocente, como el calor del pan recién horneado que le reconfortaba el alma.

-Kunzite, yo te amo tanto—dijo en un susurro cuando sus labios por fin se separaron.

-Y yo te amo mucho más a ti-respondió él con dulzura -. Sin embargo, debes prometerme que el show debe continuar.

-¿A qué te refieres?

-Quiero que me prometas, que cuando el hombre indicado llegue a tu vida, serás muy feliz a su lado, sin pensar en mí o en mi recuerdo.

-¡Eso no va a pasar! -exclamó con seriedad.

-Pasará... porque eres la diosa del amor y la belleza, y alguien como tú, no puede estar triste siempre.

-¡Pero yo te amo a ti, y solamente a ti!

-Y justo por eso, es que debes continuar.

-¡Claro, lo dices como si fuera tan fácil! -exclamó molesta. Pero Kunzite por toda respuesta, le sonrió compasivo.

-Nadie dijo que fuera fácil mi niña, tampoco lo ha sido para mí. Pero confío en tu fortaleza y en tu amor por la vida.

-Siempre sabes que decir -refunfuñó Mina.

Kunzite le guiñó un ojo y sin mediar más palabra, comenzó a bajar los escalones, de vuelta hacia las butacas.

-¿Ya te vas?

-Sí, pero, antes que nada, quiero verte una vez más por todo lo alto—Kunzite se sentó en el asiento que había ocupado durante la función y Mina, completamente conmovida, comenzó a girar frente a él, meneando su hermoso y rubio cabello y posando para él.

-¡Te agradezco tanto, mi querido Kunzite. Nunca te olvidaré -le gritó desde arriba lanzándole un beso. El hombre hizo un movimiento como si atrapara algo en el aire y se lo llevó al corazón.

-Te amo, pequeña y graciosa Mina.

El sonido de unos pasos rumbo al escenario, hicieron voltear a la rubia hacia la dirección de la que provenían. Un grupo de chicos con unas libretas se emocionaron al verla.

-Señorita Aino, ¡Denos un autógrafo por favor! -gritaron con entusiasmo.

Mina sonrió halagada pero antes de ir hacía ellos, miró por última vez la butaca ahora vacía y guiñó un ojo a la nada.

-¡Claro que sí muchachos, muchas gracias por venir!

Mina y los chicos salieron del escenario, la rubia llevaba en su palma, apretada con fuerza, la hermosa kunzita que ahora brillaba con debilidad. Las luces del escenario se apagaron tras ellos, dejando aquel lugar casi desierto, sólo quedaba un alma en pena que se despedía con un aplauso de pie, del amor de su vida.