Disclaimer: he tomado prestados fragmentos del capítulo 17 'El heredero de Slytherin' de 'Harry Potter y la Cámara de los Secretos' en la traducción de Adolfo Muñoz García y Nieves Martín Azofra.

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Victoria

Sev se dirigió de nuevo a la cama de Valerie, donde estaba Hipólita también, ya sentada.

-Vamos, vamos, Prince, que Valerie está esperando para contarnos todo a los dos a la vez – le dijo la chica.

-Genial.

-Convoca una silla para ti, anda.

Convocó una silla y se sentó, Valerie le dijo a Andrew.

-Cariño, ve tú a acompañar a Paul y que venga Deborah también, y Alice si quiere. Ellas también tienen mucho que contar.

-Desde luego, nos vemos luego, entonces – dijo Andrew, y se levantó.

-¿Qué te ha parecido conocer a la Orden? – le preguntó Valerie a Sev.

-Apenas he charlado con ellos, pero Aberforth es fantástico, le pone las pilas al viejo.

-Sí, sí, todo el tiempo, es genial, lo hemos pasado bomba con él. Desde la camilla no paraba de increparlo diciéndole que era un chapucero y un cobarde, hemos reído mucho de regreso.

-Vaya…

Rieron.

-Lo que te digo, la que te has perdido, Prince… Una experiencia inolvidable en todos los sentidos.

-Cierto. Gideon también me ha caído genial, sólo habla de sus sobrinos.

-¡Vaya que sí! Los Weasley, ya los ha hecho famosos.

-Ya me ha dicho que los espere dentro de seis años.

-Claro, claro, serán tus alumnos.

-Y de Deborah y Lily.

-Por supuesto, del relevo.

Llegó Deborah y se sentó en la silla que había abandonado Andrew.

-Dice Alice que por el momento prefiere no recordar, que ya te contará su parte mañana si tenéis un rato – dijo Deborah.

-Está bien.

-¿Cómo lo hacemos? – preguntó Valerie - ¿Nos vinculamos y os lo mostramos tal cual u os lo contamos de palabra?

-Vinculados, vinculados – dijo Hipólita.

-Claro que sí – dijo Sev.

-No os asustéis del basilisco, ¿eh? Da mucho miedo – dijo Valerie.

-Si a ti no te lo ha dado a mí tampoco me lo va a dar – dijo Hipólita.

-A mí sí que me lo ha dado, cariño. No se trata de no tener miedo, sino de sobreponerse a él.

-Claro… el verdadero coraje.

-Eso. Vamos allá entonces.

Se vincularon los cuatro y Valerie les fue mostrando en su mente todo lo que había ocurrido

Se encontraban los quince en los servicios desmantelados, formando un círculo alrededor de la estructura. Todos con las varitas en la mano, con gafas y con los siete Gryff intercalados entre los demás. Albus, con su fénix en el hombro, se situaba frente al lavabo con el grifo con la serpiente grabada, y dijo:

-Voy a probar con 'Ábrete'. ¿Todos listos?

-¡Sí!

Pronunció una palabra en pársel y la estructura se hundió en el suelo dejando ver una estrecha tubería que descendía como un tobogán.

-Buf… - dijo Albus – Aquí no podemos tender cuatro escaleras. ¿Cómo hacemos?

-Pues una sola y bajamos de uno en uno – dijo Deborah.

-Y no tenemos idea de lo profundo que es, ¿cómo de larga?

-Que el primero que baje sepa convocar.

-Pero he de ir yo delante.

-No, Albus, tú no vas delante. Si hay algún obstáculo en pársel se te esperará.

-¿Quién va delante entonces?

-Voy yo – dijo Paul.

-No, mejor un Gryffindor para que le aparezca la espada si aparece el basilisco – dijo Albus.

-Voy yo entonces – dijo Frank.

-De acuerdo, ¿y después?

-Gryffidors y los demás intercalados – dijo Deborah.

-Entonces voy yo el segundo – dijo Paul.

-Ni hablar – dijo Moody – Voy yo.

-Bueno, bueno, no nos pongamos a discutir – dijo Minerva – De lo contrario vamos a perder mucho tiempo como anoche. Vamos a seguir el orden que teníamos pensado exceptuando a Frank que va el primero y que tenemos que intercalar Gryffindors. Los adultos y los hombres por delante.

-De acuerdo – dijo Paul.

-Os digo yo el orden, recordad quien va delante de vosotros. Frank, Moody, Gideon, Edgar, Fabian, Paul, ya van suficientes para que baje Albus, después Andrew, Aberforth, Jack, yo, Valerie, Alice, Genevre, y Deborah la última, hay que preservar a la cabeza pensante.

-De acuerdo – dijo Albus – Vamos allá. Convoca la escalera, Frank, a ver qué tal te sale.

Frank convocó una escalera de cuerda muy larga.

-Ahora hay que fijarla al suelo, voy a convocar soportes y a ligarla con magia. Fíjate en cómo lo hago para hacerlo también en los puntos del recorrido donde tengas que convocarla de nuevo – dijo Albus.

-De acuerdo – dijo Frank.

Albus convocó dos soportes en el suelo, ligó la escalera de cuerda a los mismos diciéndole a Frank el hechizo y tendieron la escalera.

-¿Serás capaz?

-Supongo que sí. Si no lo consigo vuelvo a subir, esperad un tiempo prudencial.

-No, Frank, mejor agita la escalera cuando ya estés en la siguiente para que sepamos que ya has bajado de ella y vayamos el siguiente – dijo Deborah - Dos en la misma escalera es muy peligroso.

-Claro, claro…

-Buf… - dijo Minerva - ¿Qué haríamos sin ti, Deborah?

-Y lo mismo todos los que estéis en las escaleras – dijo Deborah.

-Desde luego.

-Bueno, mando al fénix por delante – dijo Albus – Fawkes, baja por el basilisco, ciégalo si lo ves y vuelve a subir. Si no lo ves no subas.

Fawkes se marchó por el agujero.

-Vamos a esperar un rato por si regresa.

Esperaron diez minutos.

-Deberíamos haberlo enviado en cuanto hemos abierto – dijo Deborah – Estamos perdiendo mucho tiempo.

-Mejor por pasos, Deborah – dijo Albus - Hemos echado atrás cinco horas y ni siquiera llevamos media, hay tiempo de sobra.

-Nos va a llevar mucho tiempo bajar, y volver a subir ya no te digo nada.

-Tenemos las cinco horas más tres y media hasta la cena, ocho y media, más que de sobra.

-Está bien…

-Vamos ya, debe haber llegado hasta el final de la cañería al menos, estamos cubiertos en un buen pedazo de camino.

-Frank, si lo ves volver, preparado – dijo Deborah.

-No te preocupes por mí, Deborah – dijo Frank.

-Grita para avisar a los demás.

-Desde luego.

Fueron descendiendo todos por el agujero. Cuando fue el turno de Valerie vieron cómo lo hizo, comenzó a descender por la primera escalera cuando Minerva la agitó, llegó a la segunda y la agitó a su vez. Para entonces ya necesitaba el Lumos, que llevaba en la boca, para ver, y se podía observar que el túnel estaba lleno de barro e inmundicia.

Sev interrumpió, riendo:

-Buaaah… qué asco…

-Claro. Al volver, lo primero que hemos hecho ha sido ducharnos y cambiarnos, estábamos todos hechos un asco. Ha sido horrible, olía fatal, además.

-Buf…

Continuó descendiendo un total de cuatro escaleras.

-Buaaah… qué largo…

-Bajar no ha sido nada comparado con la vuelta teniendo que subir a los petrificados y heridos levitándolos con mucho cuidado de no golpearlos. Por fortuna no era completamente vertical.

-Cierto.

Cuando hubieron descendido todos, todavía no había aparecido el fénix. Continuaron avanzando por una galería horizontal por parejas, en la que había multitud de esqueletos de pequeños animales por el suelo.

-Buf… las víctimas del basilisco – dijo Sev.

-Pues sí, eso hemos pensado – dijo Valerie.

-Desde luego.

Un poco más adelante vieron una muda enorme de ofidio.

-La muda del basilisco – dijo Valerie.

-Buaaah… ¿Así de grande?

-Espera a verlo.

El fénix no regresaba, continuaron avanzando así mucho tiempo por el túnel serpenteante. Por fin llegaron frente a una pared en la que estaban talladas dos serpientes entrelazadas, con grandes y brillantes esmeraldas en los ojos. Allí estaba el fénix, que volvió a posarse en el hombro de Albus. Se detuvieron ante ella.

-Quizá sea ya la puerta de la cámara. Pegaos a las paredes, probaremos de nuevo con 'Ábrete' – dijo el director.

Hicieron así, se pegaron todos a las paredes.

-¿Estáis listos?

-¡Sí!

-Fawkes, en cuanto se abra la puerta pasa y ciega al basilisco. Lo mismo, si no está no vuelvas a salir.

Albus pronunció la palabra en pársel de nuevo y la puerta de la cámara se abrió, dejando ver una sala muy grande apenas iluminada. El fénix pasó y Albus se retiró también a la pared. Esperaron otros diez minutos.

-Buf… qué tensión… - dijo Sev.

-Ya te digo. Total, para nada – dijo Valerie.

-Muy bien, no está en la cámara – dijo Albus - Deberemos abrir también el cubil, a ver si es tan fácil como hasta ahora. Pasemos y planeemos la estrategia.

Pasaron a la sala, quedando maravillados. Altísimas columnas de piedra talladas con serpientes entrelazadas se elevaban para sostener un techo que se perdía en la oscuridad, proyectando largas sombras negras sobre la extraña penumbra verdosa que reinaba en la estancia, en la que había un silencio de ultratumba.

-Buaaah… qué chulo… - dijo Sev.

-Era alucinante, alucinante, magnífico. Te habría encantado estar allí – dijo Valerie.

-Quiero ir y ver al basilisco muerto.

-Pues mañana nos escapamos un rato después de cenar, ya que no vamos a tener ensayo.

-Pero ya será de noche y no se verá.

-Ya ves que está bajo tierra, está iluminada mágicamente.

-Genial, entonces iremos si estás recuperada.

-De lo contrario vienes conmigo – dijo Deborah.

-No, si no lo está esperamos hasta el domingo. Quiero ir con Valerie también. Que la disculpen de leer este fin de semana.

-Desde luego.

Alice se acercó a ellos, les habló de viva voz:

-Chicos, voy a bajar a cenar con Frank.

-Muy bien, Alice.

-¿Puedo hablar un momento en privado contigo, Prince?

-Claro que sí.

Sev se desvinculó de todas y se vinculó con Alice.

-Ya está, cariño, ¿qué quieres?

-Dormir contigo hoy.

-Claro que sí - la tomó de la mano - ¿No prefieres dormir con Frank?

-No, no, Frank ya está saturado. Se satura muy fácilmente, tú tienes mucha más paciencia.

-Claro que la tengo, cariño.

-¿Cómo quedamos?

-¿A la hora del toque en la puerta de la Sala? ¿Resistirás hasta entonces? Llevas cinco horas más en el cuerpo.

-Resisto, resisto, así duermo mejor.

-Estupendo.

Él se levantó.

-Dame un abrazo, anda.

Alice se aferró a él. Sev también la abrazó muy fuerte y le dio muchos besos en la cabeza.

-Alice… no sabes cuánto te amo… eres la mejor, la mejor… Te haré el amor esta noche si quieres.

-¿En serio, Prince?

-Desde luego.

-Pero sin meterla.

-Como tú quieras.

-Sí, sin meterla.

-Te quedarás satisfecha, no te preocupes.

-Eso no me importa, me importa sentirte…

-Lo que quieras, cariño, hoy mandas tú.

-Te amo, Prince, te amo, el sentimiento no ha perdido intensidad en absoluto. Todo el tiempo, mientras luchaba, sólo pensaba en que si no salía viva no iba a volver a verte nunca. Era lo único que me importaba, ni siquiera que Frank hubiera caído petrificado.

-Vaya…

-Pienso que nunca lograré arrancármelo.

-Buf… Volveremos a estar juntos, Alice, quizá con el tiempo.

-Sueño con el día. Perdona por ponerte en este aprieto.

Se separó de él, que la miró a los preciosos ojos castaños cargados de amor.

-No, cariño, no es un aprieto en absoluto. Has estado callándotelo durante más de dos meses y me lo has dicho en el momento oportuno, cuando yo te he propuesto lo de la noche, estás haciéndolo muy bien. Piensa si quieres que te haga el amor de verdad, estoy dispuesto, ya te lo he dicho.

-De acuerdo. Bajo a cenar, nos vemos a las diez.

-Allí estaré.

Alice se marchó con Frank, que estaba esperándola. Vinieron Jack y Genevre.

-Nos marchamos a cenar, yo ya estoy listo. Andrew cenará aquí, se queda con Paul – les dijo Jack.

-Vale. Nos vemos en casa o mañana.

-Muy bien, Prince.

Se acercaron también Minerva y Albus.

-Hemos de bajar al Comedor para que no haya alarma – dijo la profesora – Fabian se queda con Gideon y Moddy con Aberforth, Edgar también se marcha ya a casa.

-Nosotros nos quedamos con Valerie – dijo Sev.

-Pues pedidle a Poppy la cena, que os la traigan aquí.

-Vamos a darle más trabajo de la cuenta.

-Ella encantada de teneros, normalmente se aburre mucho.

-Claro…

-Eso, no os cortéis. Como si esta noche queréis pasarla aquí con ellos, ya veis que hay camas de sobra.

-Vale, Minerva, lo haremos así si ellos quieren.

-Yo me quedo con Paul y Valerie – dijo Deborah.

-Y Andrew también se quedará– dijo Valerie.

-Yo ya me he comprometido con Alice – dijo Sev.

-Pues te marchas – dijo Deborah.

-Desde luego que voy a ir, me necesita.

Minerva se marchó, Sev volvió a sentarse y vincularse con las tres.

-Alice se ha quedado hecha polvo – dijo Valerie – La que más, no ha despegado los labios desde que ha matado al bicharraco.

-Ya me ha dicho Frank que estaba en shock.

-El susto y el bajón de la adrenalina – dijo Deborah.

-Buf…

-Has de ayudarla, Prince.

-Desde luego. Seguid contándome, anda.

-Lo hemos dejado en cuando hemos entrado a la cámara – dijo Valerie - ¿Quieres seguir tú, Deborah?

-En absoluto, es muy agradable ver en tus recuerdos.

-Estupendo, sigo entonces.

Al llegar al último par de columnas vieron una estatua, tan alta como la misma cámara, que surgía imponente, adosada al muro del fondo. Valerie echó atrás la cabeza para poder ver el rostro que la coronaba, era un rostro antiguo y simiesco, con una barba larga y fina que le llegaba hasta el final de la amplia túnica de mago, donde unos enormes pies de color gris se asentaban sobre el liso suelo.

-Salazar Slytherin – dijo Albus.

Su voz retumbó en el silencio sepulcral de la cámara, el fénix había vuelto a posarse en su hombro.

-Debe ser la entrada al cubil, voy a probar de nuevo con 'Ábrete'. No sabemos por dónde saldrá, si se desplazará la estatua entera. Quizá salga por la boca, formad un pasillo a ambos lados con Gryffindors alternados, para no verlo de frente, no miréis directamente.

Los demás lo hicieron.

-Apártate tú también, Albus – le dijo Deborah.

-Sí, será lo mejor.

Albus también se apartó a un lado y dijo al fénix:

-Fawkes, prepárate para cegarlo en cuanto salga.

El fénix emprendió vuelo sobrevolando la estatua y Albus pronunció de nuevo la palabra en pársel, pero nada ocurrió.

-Muy bien, era de esperar que esto no fuera tan fácil. Voy a probar con frases que ya tengo preparadas y otras que se me ocurren al ver cómo es la estructura. No voy a traduciros cada una, paciencia ahora, por favor.

Albus pasó un largo rato probando frases en pársel. Cada una la repetía tres veces, con ligeros cambios en la pronunciación.

-Bueno, esto me lo salto, porque ha tardado mucho en encontrarla, media hora al menos – dijo Valerie.

-Buf… qué tensión…

-Ya te digo, ¿sabes cuál era?

-¿Cuál?

-'Háblame, Slytherin, el más grande de los cuatro de Hogwarts'.

-Vaya...

-Os lo muestro.

Llegó Poppy.

-¿Cena para cuatro? – les preguntó.

-Sí, Poppy, por favor – respondió Sev.

-De acuerdo.

Se marchó a preguntarles a los demás.

-Nos ha avisado cuando ha comenzado con las frases que podrían abrir la boca para que no miráramos hacia allí.

-Claro, claro…

Valerie les mostró la última frase pronunciada por Albus. Oyeron un ruido procedente de la boca de la estatua.

-¡Ahí está! ¡No os volváis hacia ella! – exclamó Albus -¡Va a salir por la boca!

Poco después, la mole del basilisco pasó por delante de Valerie. Jack, enfrente, ya había caído petrificado.

-¡El bobo de Jack lo ha mirado sin darle tiempo al fénix a cegarlo! – exclamó Sev.

Todos rieron.

-Y también Frank y Edgar.

-Eso, eso, porque no se ha puesto violento hasta que lo ha cegado. Habríamos pasado todos sin caer petrificados, el plan era magnífico – dijo Valerie.

-Cierto, no estaba tan mal, no.

-Lo que te decía cuando has entrado, y no veas el trabajo que nos han dado después.

-Pues sí.

-Aparte de que no han podido combatir.

-Claro, claro.

-Tres hombres, dos de ellos jóvenes y buenos guerreros.

-Cierto. Y uno de ellos Gryff.

-Pues sí. Sigo.

-Sigue, sigue.

Los que quedaban junto a los que habían caído petrificados se apresuraban a apartarlos a un lado, junto a la pared de la cámara, tras de la estatua, mientras se escuchaban horribles bisbiseos del basilisco.

-Ahí estaba cegándolo.

-Claro…

-Estremecedor.

-Desde luego.

-¡Albus, corre a refugiarte! – exclamó Deborah – ¡Ya no te necesitamos!

-¡Vale, vale! – exclamó el director.

Albus se desplazó al mismo lugar donde habían llevado a los petrificados, pero el basilisco se volvió, ya cegado, al oír la voz de Deborah, y comenzó a perseguirla abriendo su enorme boca con colmillos como sables. Ella huyó de espaldas lanzándole maldiciones a la cabeza, que le acertaban de pleno. Los demás fueron en su persecución lanzándoselas también, aunque muchos no acertaban, pues el basilisco se volvía también hacia ellos agitándose violentamente sin dejar de bisbisear horriblemente.

-Buf… ahora se guía por el sonido – dijo ella.

-Claro, claro… - dijo Paul – Hay que procurar no hablar.

-Pero de todos modos va a oírnos correr.

-Pues sí. Es un mal menor, está desorientado.

La encarnizada lucha continuó durante un rato. Muchos caían al suelo huyendo de él, Aberforth uno de los primeros, no pudiendo volver a levantarse, por lo que Fabian y Moody lo arrastraron también a refugiarlo. Poco después, golpeó violentamente con la cola a Paul, haciéndolo caer también.

-¡Pierna rota! – exclamó.

Fueron también por él, Valerie y Andrew.

-Sigo yo, Valerie, que tú no has visto cómo le aparecía la espada a Alice – dijo Deborah – Ha sido justo ahí.

-Prefiero que me lo cuente ella – dijo Sev.

-Vale, vale, entonces que continúe Valerie.

Llegó Poppy con la cena para Valerie.

-¿Queréis que os convoque una mesa para que cenéis más cómodos los acompañantes?

-Vale, Poppy.

-Entonces una larga para todos.

La medibruja la convocó y todos los acompañantes, Fabian, Moody, Deborah, Andrew, Hipólita y Sev, se sentaron a ella y cenaron conversando.

-¿Ya te han contado tus amigas? – le preguntó Moody.

-Están en ello, lo hemos dejado en lo más interesante.

-Con lo del Vínculo y la memoria fidedigna, ¿no?

-Sí, sí.

-Ya nos lo ha explicado Albus, a ver si me llevan él o Minerva a realizar el ritual, aunque no sé si después de esto quiero tenerla.

-Cierto, yo tampoco sabría si querría.

-Si lo hago te mostraré muchas historias de caza de Mortífagos.

-Estupendo.

-Para que aprendas para cuando te toque.

-Genial.

-A mí también, Moody – le dijo Hipólita.

-No, no, que luego no duermes.

-Duermo perfectamente. Valerie me está mostrando al basilisco y no me da ningún miedo. Ojalá yo también hubiera acudido a matarlo. Si hubiera sido Gryff, que pude serlo, el Sombrero tardó un montón en decidirse, me habría aparecido la espada a mí, estoy segura de ello, soy la más valiente del colegio.

-Vaya…

-Me cargaré a los Mortífagos de tres en tres haciéndolos desangrarse lentamente, me haré legendaria como tú. Ya me llaman Hipólita, terror de los Mortífagos.

-Estupendo, entonces formarás mancuerna conmigo si quieres.

-No, no, ya hemos formado el Trío de Plata, Prince, Sirius Black y yo, iremos a sus casas a cazarlos.

-Estupendo.

Cuando terminaron de cenar reanudaron la historia donde la habían dejado.

La gran mayoría, agotados o aterrorizados, dejaban de perseguir al basilisco, pero no Valerie, que había sufrido una grave caída, Deborah, que le acertaba en la cabeza todo el tiempo porque se ponía justo frente a él, y Alice, que blandía la espada con la izquierda y lanzaba maldiciones con la varita en la derecha. Por fin consiguieron que el reptil dejara de agitarse y se detuviera.

-Deborah, Valerie, cada una a un lado y yo de frente – dijo Alice.

Así lo hicieron. Las Sly se colocaron cada una a un lado sin dejar de mandarle maldiciones. El basilisco continuaba abriendo la boca de enormes colmillos.

-A ver si para y puedo clavársela en un ojo – dijo Alice.

Siguieron un rato así, no paraba.

-No espero más, en el paladar.

-Dale, Alice, ten cuidado de que no te hiera – dijo Valerie.

-No importa, las lágrimas de fénix me curarían.

-Cierto.

-Allá voy.

Alice se acercó mucho al basilisco y esperó a que abriera la boca en toda su amplitud, empuñó la espada con ambas manos y la hundió con todas sus fuerzas en el paladar del bicho. De inmediato se apartaron las tres sin dejar de lanzarle maldiciones, pues el basilisco se agitó horriblemente antes de caer muerto pocos segundos después.

-¡Victoria! – exclamó Valerie.

Las tres se abrazaron emocionadas.