4. Odio

Me despierto cada mañana pensando en el pasado,

un pasado en el que tú eres la protagonista principal,

un pasado que atormenta mi presente,

un pasado que no me deja vivir...

La hermosa sacerdotisa de ojos amatista entró en aquella habitación que asemejaba una cueva, como tantas veces lo había hecho antes, aunque sabía que esa noche todo sería diferente. Era una de los lugares favoritas de la chica, una especie de caverna sin ventanas, llena de repisas rocosas con formas irregulares, cubiertas con cera derretida, donde descansaban cientos de velas encendidas, aquellas flamas representaban una oración que alguien había lanzado en señal de fe y esperanza.

Cada noche debía apagarlas todas y encenderlas de nuevo por la mañana. Una actividad tediosa pero que, para ella era reconfortante. Era un inicio y un final que se perseguían el uno al otro, como la vida y la muerte.

Dio un suspiro al llegar a la puerta y recorrió con la vista todo el lugar. En su mano derecha cargaba un matacandelas, y en la izquierda, apretaba con fuerza un pedazo de jadeita que atesoraba desde hacía un año.

-Es la noche -escuchó nada más entrar y apagar la primera vela.

-No hay plazo que no se cumpla-respondió con brusquedad.

-¿Estás molesta?

-Para nada-agregó con agresividad mientras apagaba el siguiente grupo de velas.

-Parece que traes prisa hoy, ¿No vas a dejar que me despida?

-Te dije adiós el mes pasado, no debiste venir hoy.

-Extrañaré tu amor salvaje, mi hermosa y tierna princesa—dijo Jadeite con sarcasmo.

Rei se paró en seco y apretó con fuerza su puño izquierdo mientras le lanzaba una mirada amenazante al rubio. Le dolía respirar, le dolía caminar entre aquellos angostos pasillos de una muy pequeña habitación. Sabía que cada vela extinta era un minuto menos con aquel hombre, al que tanto se había rehusado a querer y que ahora, no quería olvidar.

-¿Qué hay si no apago tu última vela?

-Se apagará sola. La cera se acabará y de todas formas ocurrirá- dijo el rubio mientras avanzaba en sentido contrario al que ella se movía, pero por otro pasillo.

-Todas estas velas-murmuró la sacerdotisa -, son deseos, anhelos y peticiones especiales que las personas le hacen a una divinidad, pretendiendo que ésta los escuché y los favorezca.

-Es un bello acto de fe, ¿No lo piensas así?

-Es un acto de fe y esperanza, que cada noche apago y vuelvo a encender. Ellos no saben que deben apagarse por seguridad.

-Parte de la fe radica en estar convencidos de nuestras acciones, y que éstas nos llevarán a donde queremos ir—dijo el joven apagando con sus dedos un par de flamas.

-¡Pero yo las apago!

-Y las vuelves a encender, porque sabes lo importante que son para los demás. Eres parte de sus pequeños y grandes milagros-contestó él con dulzura.

-¡Pues espero que no pretendas que encienda una vela más por ti! -expresó con rabia.

Jadeite sonrió conmovido mientras cambiaba de pasillo y se acercaba más la chica.

-Sabía que me querías, tanto como yo a ti.

-¡Eres un bobo! ¿Cómo podría querer a alguien como tú? La gente no quiere a un muerto que no conoció, la gente recuerda nada más por lo que esa persona fue. Tú y yo no fuimos nada.

-¿No fui nada para ti? -preguntó con curiosidad.

-¿Qué podrías ser? Eres una aparición de alguien que... ¡De alguien que no pudo estar conmigo! ¡No solo no te quiero, sino que te odio tanto!

No sé si aun te amo y estoy sufriendo tu ausencia,

o si el amor que te tenía ahora se convirtió en odio,

y este odio me hace amarte cada día más,

o este amor me hace odiarte cada día mas

Los ojos azules intensos de Jadeite, se posaron sobre una repisa, adornada con mucho más cuidado y esmero que las demás. Ahí descansaban tres velas apagadas, una azul, una amarilla y una verde. Al costado de ésta última, una vela roja seguía encendida y tintineante. Jadeite sonrió con melancolía.

-No me mires así-renegó Rei -. Esas velas se apagaron solas.

-¿Ves a lo que me refiero? Todo cumple su función y simplemente vuelve a donde corresponde.

-¿Qué sentido tenía todo esto entonces? -preguntó la morena, -¿Por qué lo hicieron si iban a irse de todas maneras?

-Por el viaje, mi querida Rei.

-¿El viaje? -cuestionó sorprendida.

-Si me preguntas a mí, y supongo que los demás hubieran dicho lo mismo, regresar de la muerte por un año solo para verte, ha valido la pena. Cada segundo valió la pena, cada minuto de esos doce días que pude ver tus ojos y escuchar tu voz.

-¿Aun cuando no sabían lo que sentíamos por ustedes? -respondió tratando de ignorar la respuesta anterior.

-Aun cuando no digas que me odias, aunque sé que no es verdad.

-¡Pero duele! No me ha dejado de doler desde el momento que me dijiste que esto era temporal.

-Todo en la vida es temporal, tú también lo eres.

-¡Yo no quería sufrir, yo no te pedí que vinieras! ¡Ninguna de nosotras les pidió venir! No puedo dejar de pensar que se van satisfechos mientras nosotras nos quedamos llorando.

-Mi intención nunca fue hacerte daño, preciosa ¿Puedes entenderlo?

-¿Y entonces cual era tu intención?

-Mi alma, que es prácticamente todo lo que soy, necesitaba de la tuya para poder irse en paz.

Rei lo miró de nuevo, esta vez con sus ojos llenos de pesar.

Pero lo que sé es que sea amor u odio

es algo que día a día está allí para recordarme que

los días que pase contigo pudieron ser buenos y los extraño,

o pudieron ser malos y los detesto

pero, aunque los extraño o los deteste me hacen recordarte cada día más.

-No me pidas que te recuerde, no quiero torturarme con un hombre como tú.

-Pues haces bien, porque yo no soy como todos los hombres-aseguró con orgullo -¡Yo soy el peor de todos ellos! Soy el hombre que te ha hecho sufrir, rabiar y desesperarte. El que te tiene aquí encerrada en la oscuridad, encendiendo velas que ahora debes apagar. A quién has jurado no olvidar y, sin embargo, el mismo que te pide que lo olvides y continues tu vida, a pesar de todo el dolor que te causé.

-Y aun así estoy aquí para verte una última vez.

-Por favor, mi vida, no me tomes de modelo y no digas que todos son como yo. Sé que encontrarás a alguien que sea mil veces mejor.

-¡Tú no eres malo, eres... eres el amor de mi vida.! -gritó Rei con los ojos brillantes por las lágrimas.

-De la pasada sí- intervino el chico, acercándose a un pasillo de distancia -. De esta vida sólo quiero ser un lindo recuerdo.

-¿Cómo me dices eso?

Por eso día a día pienso si es que quiero olvidarte para no amarte,

o quiero amarte sin olvidarte,

o tal vez quiero que vuelvas a mí

para no tener que olvidarte ni odiarte.

La luz de la habitación fue menguando poco a poco, las velas encendidas cada vez eran menos mientras la chica de ojos amatista caminaba con lentitud por la última hilera del fondo. El joven rubio la seguía de cerca, justo atrás de ella, contemplando su andar.

-Tienes que prometerme que no te encerraras en ti misma cuando me vaya.

-Tendrías que prometerme tú que volverás.

-Sabes niña, que yo no controlo eso. Pero si enciendes una vela y se lo pides al universo, quizá.

Rei giró sobre sí misma y vio de frente a Jadeite, que la observaba con añoranza.

-Incluso al final, soy yo vagando tras de ti, ¿No sientes pena por mí? -dijo con burla.

-No, no quiero sentir pena por ti. Sólo siento amor y nada más -dijo Rei apagando otro conjunto de velas.

Jadeite miró de reojo que solo quedaba una mesa con una media docena de flamas sobre ella.

-¿Nada más amor?

-Y... quizá un poco de odio.

-Debo decir, mi amada Rei, que con que sientas algo por mí me basta—Jadeite apagó dos velas, dejando solo cuatro encendidas.

-¿A quién trato de engañar? Tú sabes mi querido Jadeite, que este corazón te ama con toda la fuerza que le queda y que, si a la vez te odio, es por la debilidad que siento de perderte para siempre. ¡No quiero estar sola!

-No lo estarás, siempre hay una luz encendida al final del túnel.

Rei se acercó al rubio y tomó su rostro con ambas manos.

Tal vez te amo tal vez te odio, tal vez te extraño o no puedo olvidarte,

tal vez te recuerdo para no odiarte, o te quiero olvidar para nunca más amarte

lo único que sé es que te recuerdo con tristeza porque aún estas en mi corazón

o solo son las espinas de la rosa de tu amor que hieren cada rincón de mi amor por ti ,

y que entre más te quiera sacar de mi menos podre olvidarte

Jadeite acortó la distancia y posó sus labios sobre los de ella, en un beso profundo y lleno del amor y la pasión que la diosa del fuego guardaba en su interior.

-Si te prenderé una vela, a ti y a los demás los recordaremos siempre.

-Sé que lo harás.

Rei apagó las últimas velas y la habitación se puso en penumbras. Se abrazó al chico frente a ella, al que ahora no podía ver, pero si sentir.

-Hay algo más, querida Rei.

-¿Qué dices?

El joven rubio sacó de detrás de él, la vela roja que estaba hace unos minutos en la otra repisa, junto a las de sus amigos. La puso frente a los ojos de la sacerdotisa que quedó hipnotizada con la llama.

-¿Debo apagarla ahora?

-Así es, y pide un deseo.

Rei sonrió con los ojos inundados en lágrimas, mientras de sus labios salía el aliento que apagó la vela de su amado general.

Tal vez soy yo quien no te quiere olvidar

tal vez soy yo quien no te quiere dejar de amar,

pero algún día poder volver a soñar,

con un beso suave de amor que cure mi alma de ti.

-Rei, ¿Estás bien? -preguntó Nicolas que entraba a la habitación con una lampara en las manos.

-Si Nicolás, no te preocupes- contestó la chica secando las lágrimas con su manto.

-Escuché que hablabas, ¿Hay alguien más aquí?

-No—dijo tomando al chico de la mano y caminando con él hacía el templo -. Sólo oraba por alguien muy especial.

FIN

***Muchas gracias por sus comentarios y por leer mis historias, un abrazo a todos.