Entrar

Sev apuró el tiempo para pasar el máximo con sus amigos en la enfermería, después pasó por casa a coger lo que necesitaba para pasar la noche y subió a la Sala de Menesteres antes del toque de queda. Ya estaba allí a las diez menos cuarto para que Alice no tuviera que esperarlo. Ella llegó también antes de las diez. Se abrazaron muy estrechamente y se vincularon.

-Mi amor, hoy tenemos la casa para nosotros solos, no va a venir nadie más – le dijo él.

-Genial, qué pena que ya sea de noche.

-Pero podemos encender la chimenea de la sala y dormir allí si quieres.

-Wow… sería fantástico…

-Convocamos un colchón para estar cómodos.

-Estupendo.

-Y no hablaremos de lo que vamos a hacer, lo que hayas pensado me lo pides en el momento, quiero sorpresas.

Demandaron y entraron, fueron hasta la casa tomados de la mano bajo las estrellas. No había luna, era cuarto menguante, pero aun así no encendieron los Lumos. En el exterior de la casa se entretuvieron admirando las constelaciones del casi equinoccio de otoño.

-¿Puedo pedirte algo, Prince? – le preguntó ella.

-Lo que quieras.

-Prueba Patronus conmigo, a ver si tienes el gemelo del mío.

-Está bien, voy a probar este momento.

-Yo también.

Probaron a un tiempo, emergieron dos jaguares refulgiendo en la noche y se pusieron a luchar entre ellos.

-Wooow… fantástico… El mío ya ha cambiado de nuevo, es ver esto – dijo ella.

-Y el mío. Qué feliz me haces, Alice, ahora me arrepiento de haberte dejado. Bésame.

-No es buen momento, es cuarto menguante.

-Cada vez estoy más convencido de que todo eso es superstición. Es el mejor momento, el momento de tu triunfo.

-Desde luego.

-Es nuestro momento, Alice y te lo debo desde julio, bésame.

-No esperaré a que me lo pidas una tercera vez si tan seguro estás.

-No me importaría tener que pedírtelo tres o treinta veces, no me echaré atrás si es lo que tú quieres también.

-Desde luego que quiero.

-Bésame entonces.

Ella se lanzó a sus labios con una pasión inusitada, hundiendo los dedos en su cabello, él la abrazó. Fue un beso muy largamente ansiado por ella y muy disfrutado por él, ambos llevaban más de dos meses sin besar a nadie, desde principios de julio. Fue un beso profundo y muy largo, durante el que no se dijeron nada más ni pensaron siquiera, sólo lo disfrutaron. Cuando por fin ella se separó, le dijo:

-Cómo besas, Prince, me conformaría con esto durante horas.

-Pues nos besamos durante horas, sin más.

-Que sepas que no he besado a nadie desde principios de julio.

-¿No has vuelto con Frank?

-No, Prince, no he vuelto. Sigo enamorada de ti, a él no lo soporto, ahora ya no soporto ni su carácter.

-Vaya…

-Comparado contigo es bastante machista.

-Vaya…

-Influencia de su madre.

-Buf… Yo tampoco había besado a nadie desde entonces.

-¿Tampoco a Hipólita?

-No. Estamos esperando a Navidad, a ella le hace mucha ilusión que sea entonces.

-Vaya…

-Y quiere hacerlo en luna nueva.

-Claro, ella no tiene prisa, es más joven.

-Eso, nos queda mucho camino por delante, aunque sí que hacemos otras cosas.

-¿Qué hacéis?

-Me pone caliente y me hago pajas delante de ella.

Alice se carcajeó.

-Vaya tela…

Sev también rio.

-Ya, visto así es muy gracioso, pero comprende que no puedo pasar tanto tiempo sin irme, y ella quería que no lo hiciera solo, dice que debe ser muy triste.

-Claro, claro… Yo sí me hago pajas sola, ¿eh? Me he vuelto experta desde aquella primera vez que me ayudaste.

-Vaya…

-Duermo mucho mejor cuando lo hago.

-Genial.

-¿Nos metemos en la casa?

-Vamos.

Se dirigieron hacia la casa enlazados y entraron encendiendo los Lumos.

-¿Hay leña? – preguntó ella.

-Hay. Deborah se encargó de la recogida en el bosque, había muchos árboles secos con el verano tan caluroso que ha hecho, no va a faltarnos en todo el invierno.

-Estupendo.

Sev encendió fuego a lo muggle, pues también había cerillas, papel y ramitas. Alice lo observaba sentada en unas pieles en el suelo.

-Incluso para esto eres un artista – le dijo.

-Me encanta encender fuego a lo muggle, un trabajo artesanal que también requiere de inteligencia.

-Cierto. Es fantástico, a la próxima me dejas intentarlo a mí.

-Desde luego. ¿Convocamos el colchón?

-Ya lo hago yo, voy a convocar un tipo especial de colchón, un futón japonés, que es fino y duro y se pone directamente sobre el suelo.

-Estupendo.

-Ponemos pieles debajo para aislarlo, ¿vale?

-Vale.

Pusieron pieles sobre el suelo y Alice convocó el futón. Se tendieron en él, Alice del lado de la chimenea, de espaldas a ella.

-Vaya… es muy cómodo, y me encanta estar a ras de suelo – dijo él.

-Los japoneses lo hacen todo a ras de suelo, apenas tienen muebles, incluso se arrodillan en el suelo para comer.

-Vaya…

-Una cultura muy interesante, la japonesa. También las puertas de las habitaciones son corredizas y las paredes de madera, para desperdiciar el mínimo de espacio construido.

-Claro… ¿Cómo sabes esas cosas?

-Por las películas.

-El cine es alucinante.

-Pues sí, una ventana al mundo, a todo el mundo.

-Alice… feliz cumpleaños

-Ya me lo felicitaste el miércoles.

-Ya, ya lo sé, pero no te hice el regalo que debería haberte hecho, te abandoné. Has tenido que hacer una hazaña inmensa, jugándote la vida, para que recordara y te apreciara en lo que vales. Bésame, por favor.

-No vas a pedírmelo más veces, estás precioso a la luz del fuego.

-Bésame.

Ella se lanzó de nuevo a besarlo, pasaron mucho tiempo así y se pusieron calientes los dos. Cuando ya jadeaban y les faltaba el aire, ella se separó.

-¿Quieres más? – le preguntó él.

-Buf… tengo tantas dudas… Por un lado está la iniciación, no precipitarnos.

-Claro…

-Pero por otro tengo tanto miedo de que si no aprovecho ahora no vaya a volver a tener la oportunidad de tenerte…

-Buf, Alice… no bases en eso tus decisiones, si has de tenerme me tendrás, y si no, no lo harás. Déjate llevar por lo que sientes en este momento.

-La duda, Prince, mi característica.

-Está bien, relajémonos un rato. Les he pedido a las chicas que no me contaran una parte del relato, cuando te ha aparecido la espada. Quería que me lo contaras tú.

-Claro… Vale. ¿Desde cuándo te cuento?

-Desde que ha herido a Paul, que ha gritado ¡pierna rota!

-Vale, yo me he girado a mirar…

-Muéstramelo en tu mente, no me lo cuentes de palabra.

-De acuerdo.

Alice había mirado hacia Paul y visto que ya Valerie y Andrew, que estaban más cerca, se dirigían hacia él. Al darse la vuelta de nuevo había visto ante ella, en el suelo, el Sombrero Seleccionador.

-¿El Sombrero Seleccionador? – asombrado.

-Sí, con el puño de la espada asomando.

-¡Vaya tela!

-Ya nos lo había explicado Minerva a todos los Gryff, la espada aparece dentro del Sombrero Seleccionador.

-Vaya… Sigue, sigue.

Había tomado la espada con la izquierda y seguido lanzando maldiciones al basilisco hasta que habían logrado reducirlo entre las tres. Le mostró todo el relato desde su punto de vista hasta que había matado al basilisco. Fue más impresionante todavía que el de Valerie, pues había estado frente a él mucho tiempo esperando la oportunidad de clavársela en un ojo, y pudo ver cómo se introducía casi entera en la boca del monstruo para clavársela en el paladar.

-Wooow, Alice… Te juro que yo no habría sido capaz.

-Lo habrías sido, porque ha sido gradual. A medida que se nos pasaba el susto el basilisco estaba más débil y era más fácil.

-Cierto.

-Cualquiera habríasido capaz, pero ya has visto que me ha aparecido la espada muy temprano, he tenido mucho tiempo de hacerme a la idea.

-También me han contado que de camino de vuelta no has hablado nada.

-Estaba en shock, y agotada por el bajón de adrenalina, reservando energías para la vuelta. Tenía que volver a ascender la escalera y ayudar a subir a los heridos.

-Claro, claro…

-Aunque eso último no me han dejado hacerlo.

-Desde luego. Qué fuerte eres, Alice. Se me había pasado el calentón y he vuelto a ponerme cuando le has clavado la espada. ¡Qué nervio tienes! – profundamente admirado.

Él le palpó el brazo firmemente.

-Quiero verte desnuda.

-Buf… Prince…

-Sólo verte.

-Vale.

-Voy a echar leña al fuego, ve preparándote.

Él se levantó a echar leña al fuego y volvió a tumbarse de espaldas a él. Alice estaba en pie, ya se había quitado las deportivas y los calcetines.

-¿Vas a desnudarte para mí como lo hiciste aquella vez?

-Sí.

-Estupendo.

-Pena que no llevo ropa sexy, me habríapuesto algo para hoy.

-Ni hablar, Alice. Ya eres muy sexy como eres, no necesitas eso en absoluto. Dale, anda.

Se desnudó para él muy lenta y sensualmente, más todavía que aquella vez.

-Wooow, Alice… me lanzaba ya mismo sobre ti. Que no estés segura de querer me pone más todavía, sería capaz de hacértelo a la fuerza…

-No me digas eso…

-Lo sería.

-Ya estoy caliente yo también…

-Voy a pedirte un favor, no me lo pongas fácil, quiero que luches.

-Está bien, primero tendrás que cazarme – retadora.

-Vale.

Alice se dirigió velozmente hacia la puerta y Sev se puso en pie de un salto y la siguió. No la alcanzó antes de que saliera, ella echó a correr una vez estuvo en el exterior, pero como iba descalza y sobre la hierba del prado no la oía correr y no sabía qué dirección había tomado. Seguían hablando vinculados.

-Alice, así va a ser imposible.

-Búscame, me has dicho que no te lo ponga fácil.

-Pero tú me oyes y yo a ti no, puedes huir de mí.

-No hagas ruido al caminar.

-Vale…

Él la buscó a lo largo de las cuatro paredes de la casa caminando sigilosamente, pero no la encontró. Después se dirigió a la ducha y la letrina, también las rodeó, no estaba allí. Entró en ambas, tampoco estaba dentro. Volvió a entrar en la casa, cerró con el hechizo de su invención y recorrió toda la planta baja con el Lumos. Echó un tronco más a la chimenea, subió al piso alto y entró en cada dormitorio. Al fin la encontró en el que habían dormido juntos el miércoles anterior.

-¡Te tengo! – exclamó de viva voz.

-Eso es lo que tú crees – dijo ella, desafiante.

-Buf… se me había pasado y has vuelto a ponerme. Te vas a enterar de lo que es bueno, ahora sí que te juro que te lo hago aunque no quieras y más sabiendo que llevas casi tres meses sin hacértelo. Voy a romperte – amenazante.

Se lanzó por ella, le pasó el brazo entre las piernas y la alzó sobre su hombro, ella pataleaba y le daba puñetazos en la espalda.

-Sigue, sigue así, que me hagas daño me pone más todavía.

La sacó del dormitorio y volvió a llevarla frente a la chimenea, la lanzó sin miramientos sobre el futón y la cubrió con su cuerpo, ella seguía pataleando y dándole puñetazos.

-Voy a esperar a que te canses. Te saco ventaja, llevas cinco horas en el cuerpo más que yo y mucho esfuerzo físico y emociones. Para ti son las cuatro de la madrugada y a este paso no vas a dormir lo suficiente para el entrenamiento de mañana.

-No esperes, intenta hacérmelo así.

-De acuerdo, tú lo has querido, voy a cometer mi primera violación.

Sin dejar de cubrirla con su cuerpo se bajó los pantalones y la ropa interior a la vez, la abrió bruscamente de piernas y la palpó cerciorándose de que estaba empapada. Se tomó con la mano y se encajó en su umbral.

-Allá voy, si no quieres que te haga daño para quieta.

Ella dejó de patalear.

-Dale.

La aferró por las caderas y se clavó en ella de una vez golpeándole el fondo, ambos gritaron. Se quedó inmóvil para no irse.

-Buaaah… es indescriptible… Qué estrecha, caliente y mojada, es alucinante, alucinante…

-Para mí también… nunca me habían llenado así…

-Buf… lo que me he estado perdiendo…

-Desde luego…

-Que le den por saco a la Magia Roja, voy a seguir.

-Dale, dale…

-Lento para no irme y que dure.

-Como quieras, va a gustarme igualmente, pero mejor lento, sí.

-Enséñame a hacerlo para que te vayas tú.

-Cuando me apetezca irme ya te lo diré, disfruta un rato sin preocuparte por mí, es tu primera vez.

-Estupendo.

Salió de ella y volvió a clavarse repetidas veces, siempre golpeándole el fondo. Cada vez gritaban ambos.

-Buaaah… Prince… Está siendo alucinante, alucinante, qué bien lo haces…

-Te lleno bien, ¿verdad?

-Por supuesto.

-A mí también me está encantando, eres muy estrecha, Alice.

-Claro, soy menuda.

-Incluso para eso eres perfecta.

-Tú sí que lo eres.

-Te amo, te amo, qué feliz me estás haciendo…

-Y tú a mí, me siento unida a ti en cuerpo y alma, como nunca antes.

-Y yo…

-Déjame que te quite la camiseta, piel contra piel.

-Cierto.

Paró y ella le sacó la camiseta.

-Quítate los pantalones también para estar más cómodo.

-Entonces he de salir.

-No pasa nada, vuelves a entrar.

Salió de ella y se quitó las deportivas sin desatarlas y los pantalones.

-Claro, claro… Ayúdame, Alice, soy novato para esto.

-No te preocupes, lo estás haciendo todo perfecto. Frank, a estas alturas de la vida, me hacía daño si me la metía él. Debía hacerlo siempre yo, y tú no me has hecho daño ni resistiéndome.

-Vaya…

-La gran mayoría de los hombres son muy torpes, Prince, siempre les sacarás ventaja. No te sientas menos por ser primerizo.

-Estupendo. Estoy plenamente convencido de que he hecho lo correcto, Alice, aunque haya sido un arrebato. Es mejor hacérselo por primera vez con alguien que ya sabe para que te ayude.

-Claro, como eran típicamente las iniciaciones, alguien experimentado con alguien que no lo era.

-Y que haya sido precisamente hoy, el día que has vuelto a nacer.

-Cierto. Si estás vamos a seguir, de lo contrario se nos pasa.

-Vale, allá voy, ¿o quieres tú encima?

-No, sigue así, si no pudiera irme cambiamos.

-Vale.

Volvió a entrar en ella.

-Wooow… sigues igual de estrecha…

-Tú siempre vas a sentirme estrecha, a cualquier mujer, porque eres muy ancho.

-Claro.

-Ventaja tanto para ti como para mí. Sería desventaja si no controlaras y te fueras, pero incluso eso controlas no habiéndolo hecho nunca.

-Cierto.

-¿Puedo pedirte que me beses o estás demasiado concentrado en lo otro?

-En absoluto, claro que puedo besarte.

-Entonces sigamos un rato disfrutando así, sin hablar.

-Estupendo.

Siguieron haciéndoselo besándose también. Al rato Alice dijo:

-La mejor experiencia de este tipo de mi vida, Prince, estoy alucinando, alucinando, qué feliz me estás haciendo. Creo que nunca había echado un polvo tan largo.

-Vaya…

-Pasaría así la noche entera, ya ni siquiera me importa irme.

-A mí tampoco.

-Pero vamos a irnos juntos, porque es tu primera vez. ¿Quieres acabar ya?

-Cuando quieras tú, puedo seguir así todo el tiempo que quiera.

-Entonces sigue hasta que te canses.

-No voy a cansarme, Alice, así que decide tú.

-Sigue entonces.

-Genial.

Siguieron un rato más, por fin ella dijo:

-Me llega, voy a enseñarte cómo hacerlo para que me vaya estando yo debajo. Si no nos sale a la primera no te preocupes, me pondré yo encima y ya está, encima siempre me voy.

-Estupendo.

-Yo te marco el movimiento, has de presionar con el hueso púbico donde sabes que está el clítoris a la vez que entras y sales.

Él lo hizo.

-¿Así?

-Así, así. Te marco mi ritmo, si no lo soportas avísame y cambiamos.

-Estupendo.

Ella lo abrazó por el coxis y le marcó un ritmo más rápido que el que había llevado hasta ese momento.

-¿Puedes con ello? – le preguntó.

-Sí, porque ya me he acostumbrado a la sensación.

-Estupendo.

-Y si no, me contengo, no pasa nada, eso también sé hacerlo.

-Mejor si no tienes que contenerte en tu primera vez.

-Cierto.

-Bésame, anda, y muérdeme, me ayudará a irme. Cuando esté a punto te aviso.

Hicieron así, se besaron y mordieron, a los dos minutos, ella le dijo:

-Llega… Clávate más y no cambies el ritmo…

Él lo hizo así, sintiendo sus latidos en toda su longitud, lo que provocó que él también se fuera. Ambos gritaron.

-Buaaah… qué potencia, Prince, cómo te siento irte… - dijo ella.

-Ahora sí que me siento unido a ti en cuerpo y alma, te amo, Alice, te amo…

-Te amo, Prince…

Fue muy largo e intenso para ambos. Cuando terminaron, ella le dijo:

-No salgas, quédate así, descansa sobre mí.

-Vale.

-El orgasmo, la oxitocina, la hormona del amor.

-¿Y eso?

-Enseñanzas de Deborah. ¿Por qué razón las hembras humanas nos ponemos calientes en cualquier momento de nuestro ciclo reproductor aunque no seamos fértiles en ese momento?

-No lo sé, cuéntame.

-Cuando nos lo hacemos y nos vamos segregamos una hormona llamada oxitocina que nos hace amar. Al hacérnoslo con nuestra pareja reforzamos los lazos, porque las crías humanas nacen más indefensas y con un período de crianza mucho más largo que el del resto de mamíferos, por lo que necesitan de sus dos progenitores para salir adelante. El orgasmo humano une a las parejas, de hecho, se sospecha que las hembras animales no disfrutan de esa capacidad. También la segrega la mujer de parto, para que ame a su hijo.

-Vaya… qué interesante…

-A mí me desilusionó cuando me enteré, que todo se base en la química.

-No es así, Alice, yo ya te amaba antes de irme contigo.

-Desde luego, y yo a ti.

-De otro modo no lo habríahecho. Puede ser así para las parejas que se lo hagan nada más conocerse, pero sabes que contigo no es así en absoluto.

-Claro que no.

-Alice… me quedo contigo, quiero mucho de esto…

-¿Estás seguro?

-Por supuesto que lo estoy, ahora que lo he probado quiero hacerlo todo el tiempo.

-Claro… Es que una vez lo pruebas no tiene vuelta atrás.

-Voy a quedar contigo al menos tres veces por semana si quieres.

-Wooow…

-Si quieres mañana mismo.

-Estupendo. Si nos dormimos pronto todavía nos da tiempo a otro por la mañana.

-Buaaah… sería genial…

-A no ser que quieras volverte loco y pasar toda la noche haciéndonoslo hasta que nos caigamos de sueño.

-No, Alice, tú llevas cinco horas más que yo en el cuerpo.

-Pero he dormido hora y media después de cenar, Prince.

-Bueno… si es así, vale…

-Claro, contando con algo así. De lo contrario no habríasido capaz de luchar contra ti.

-Estupendo. Además, tengo buena noticia, dormiremos lo suficiente. Acabo de recordar que tengo aquí frascos de poción Estimulante y Reparadora, tenemos tiempo hasta las cuatro y media o las cinco, con dormir tres horas o tres y media nos llega.

-Buaaah… maravilloso…

-Vamos a pasar la mejor noche de nuestras vidas.