La mejor noche

Alice y Sev descansaban tumbados en el futón hombro con hombro, tomados de la mano.

-Wow, Prince… Ha sido mágico, nunca me lo había hecho en el suelo ni frente a una chimenea, a la luz del fuego. Maravilloso, ha sido como una primera vez para mí también – decía Alice.

-Qué feliz me hace oír eso, cariño.

-También porque llevaba casi tres meses sin hacérmelo, me habría gustado que hubiera sido más tiempo, esperarte más tiempo, ya que tú me has dado tu virginidad.

-Eso no importa, mi amor, no tiene importancia alguna. Tres meses es más que suficiente. Y recuerda, para mí ha sido muy importante que haya sido precisamente hoy, el día de tu hazaña. Yo sí que lamento no haber estado allí para verla en directo.

-Desde luego, tú también habrías luchado hasta el final.

-Siempre que no hubiera sido herido. Pienso que Paul también lo habría hecho si no hubiera caído.

-Sí, Paul sí, y Frank probablemente también.

-Desde luego, Frank ha sido el primero en descender por el agujero y Paul el primero en ofrecerse.

-Pero Frank ha sido muy bobo por mirar al basilisco.

-Desde luego.

-Ya se lo he recriminado, ¿eh? Un guerrero que no habría desfallecido.

-Pues sí, los tres que han caído petrificados han sido hombres, muy bobos.

-Bueno, en proporción eran más hombres que mujeres.

-Y precisamente tres mujeres lo han vencido. No me valen esas estadísticas, nos superáis con creces.

-A ti no, tú estás a nuestro nivel.

-Gracias, mi vida. Dame un beso.

Se besaron.

-Ponte de lado, vamos a mirarnos – dijo ella.

-Buf… volveremos a empezar…

-De eso se trata.

-Déjame recuperarme un ratito más, mujer, hacer ganas.

-Bueno…

-¿Sabes qué va a ser lo malo si pasamos toda la noche despiertos?

-¿Qué?

-Que nos va a entrar hambre y no tenemos comida.

-Cierto.

-Nos escapamos a las cocinas, es muy divertido andar por el castillo de noche.

-Claro…

-Vamos así, desnudos.

-¿Y si nos pilla Filch?

-Corremos.

-¿Y los elfos?

-No se chivan.

-Vale, vamos así.

-Siempre que no pases frío.

-Un poco de frío no tiene importancia alguna.

-De aquí a la puerta de la Sala pasaremos frío de madrugada.

-Corremos también.

-Estupendo, no tropieces y te caigas, ¿eh?

-Vamos con los Lumos.

-O quizá ya haya salido la luna.

-Claro… Pero las zapatillas nos las ponemos, ¿eh? Para no hacernos daño en el camino.

-Vale, eso sí, también para andar por el castillo, te pones los pies asquerosos y aquí no podemos ducharnos.

-Estupendo. Por lo que veo ya has hecho lo de andar desnudo de noche por el castillo.

-Desde luego, pero sólo desde las mazmorras a las cocinas, nunca el castillo entero como vamos a hacer hoy.

-Qué bien, otra primera vez conmigo.

-Y habrá muchas otras mi amor. Estoy por estrenar en muchos aspectos.

-Y yo, lo sabes.

-Maravilloso.

-La que va a quedarse sin tus primeras veces es Hipólita.

-Con Hipólita tengo otro tipo de primeras veces, todas las de la música y de todas las cosas que hacemos juntos al margen del sexo. Tengo muchas primeras veces con ella.

-Claro… ¿Vas a contárselo?

-Claro que sí.

-Buf… volverá a ponerme las pilas.

-¿Te puso las pilas?

-Desde luego que lo hizo, la mañana que nos despertamos los tres en casa de Jack, el día después de nuestro día loco.

-Vaya… ¿y qué te dijo? Muéstramelo.

-No, no, que me da mucho apuro.

-Jo, Alice… cuéntame…

-Son cosas entre ella y yo.

-Vale… Ya me encargaré yo de que no vuelva a decírtelas.

-Pero si ahora pasas tres noches por semana conmigo vas a abandonarla en cierto modo.

-Pues lo siento por ella. A ti y a mí sólo nos queda un año de estar juntos en Hogwarts, y al próximo no tendré vivienda todavía para que vengas a visitarme.

-Cierto, aunque milagro será que aguantes un año conmigo.

-Me entristece mucho que confíes tan poco en mí. Con Lily estuve siete meses y con Hipólita ya llevo tres.

-Eso no es nada, Prince.

-Tienes razón.

-Pienso que con Lily aguantaste tanto porque apenas os veíais.

-Pero con Hipólita nos vemos a todas horas. Llevamos más de dos meses conviviendo en el mismo dormitorio, en Godric's Hollow y aquí.

-Cierto, ya hacéis vida de matrimonio sin haberos dado un beso todavía.

-Cierto.

-Un caso muy atípico.

-Desde luego.

-Pero aun así sigue siendo muy poco tiempo, no habéis tenido tiempo de quemaros ni de aburriros. ¿No chocáis siendo ella tan brava?

-Por supuesto que lo hacemos, mucho. Cada vez me deja menos que le diga lo que tiene que hacer.

-Es que no debes decírselo, Prince, al igual que ella no lo hace contigo.

-Ella lo hace conmigo todo el tiempo. Siempre me está ordenando, me dirige la vida mucho más que yo a ella.

Alice rio.

-El matrimonio… A mí me hizo algo así aquella mañana que me puso las pilas. Fue muy tierno, con su bolsa de agua caliente y ambas frente a ti, viéndote dormir en la enorme cama de casa de Jack.

-Anda, cuéntame… Así estamos un rato entretenidos hasta el próximo…

-Vale…

Alice le mostró la conversación con Hipólita de aquella mañana en su mente. Cuando terminó, él le dijo:

-¿A eso le llamas poner las pilas? Deberías ver cómo me las pone a mí.

-Cierto, eso no fue poner las pilas, fue darme buenos consejos porque te conoce mejor que yo, me quedé alucinada. Y me ha ido muy bien recordarlo, me dio todas las claves para engancharte, esta vez no te perderé.

-Genial.

-Porque aquella mañana volví a fastidiarla enseguida, cuando me pusiste las pilas tú.

-Cierto.

-Así que no voy a volver a pedirte que me lo hagas, cuando te apetezca a ti.

-Tampoco es eso, Alice, a mí también me gusta que me requieras, sentirme deseado.

Ella se puso de lado y se volvió hacia él, comenzó a acariciarle el pecho.

-Pues eso te puedo asegurar que lo eres mucho, mucho, todavía no he disfrutado ni de tocarte.

-Pues hazlo todo cuanto quieras, me encanta que me toquen.

-¿Cómo te gusta más?

-De cualquier manera, como te salga, sorpréndeme.

Ella lo hizo muy levemente con las yemas de los dedos, también por el vientre.

-Buaaah… me estás haciendo cosquillas.

-Y se te ha puesto la piel de gallina. Eres muy sensible, eres encantador.

-Nunca me habían tocado así.

-Vaya… más encantador todavía. ¿Te gusta?

-Sí, me encanta.

-Y tienes la piel muy suave para ser chico.

-Vaya… eso nunca me lo habían dicho.

-Pues sí, tienes una piel magnífica, y a la luz del fuego es espectacular. Estás moreno, ¿eh? Tienes una buena marca del bañador.

-Cierto, he seguido bañándome y tomando el sol incluso aquí.

-Claro, estás licenciado de leer.

-Pues sí, querida, lo tengo merecido. Pido licencia para ti mañana también si quieres.

-No, no, ya va a tomársela Paul y probablemente Valerie. No podemos faltar tantos, de lo contrario la cosa no avanza y la gente está privándose de hacer su vida normal por aprender Oclumancia.

-Cierto.

-Ya descansaremos cuando seamos más legeremantes que pensaderos, tendremos mucho tiempo de descansar.

-Está bien. ¿Vienes mañana o el domingo, cuando Valerie se recupere, a ver al basilisco muerto?

-Buah… ¿Bajar allí otra vez?

-Claro, para acompañarme a mí para que lo vea.

-Buf… no sé, ¿eh? Asco de tubería, ya puedes prepararte para tirar a la basura la ropa que lleves.

-Vaya…

-Claro, nosotros hemos llevado ropa de segunda mano que había conseguido Minerva, y nos hemos duchado y cambiado en cuanto hemos llegado.

-Claro…

-A Paul lo han dopado a poción antibiótica, porque tenía herida y se le ha ensuciado de la suciedad que llevaba en el pantalón. Si se le infecta podría perder la pierna.

-Buf… vaya tela…

-Si Poppy se la ve mal lo mandará a San Mungo.

-Claro, claro…

-Era escalofriante lo de Paul, se le veía el hueso a través de la herida.

-Buf…

-A ver si queda bien. De lo contrario, cojo.

-Vaya tela…

-Heridas de guerra de las que estar orgulloso.

-Desde luego. Le dedicaremos a él la versión de 'Para la libertad'.

-Si pierde la pierna no podrá tocar la batería.

-Sí, mujer, con una prótesis, hoy en día los cojos también caminan.

-Claro, lo han hecho toda la vida, las patas de palo.

-¿Dónde le asomaba el hueso?

-Por debajo de la rodilla.

-Pues si conserva la rodilla no es nada, podrá caminar.

-Desde luego, pero no le dejarán ser Auror.

-Buf… perderá su medio de vida.

-Y no podrá conducir.

-Cierto. Buf, Alice… ¿por qué estamos hablando de esto, adelantando acontecimientos? Ahora voy a pasar días preocupado.

-Jo, Prince… Siempre la fastidio, pensaba que lo habrías hablado con él. Él nos lo ha contado a todos, por eso te lo cuento yo.

-Claro. Perdona, Alice, has hecho bien. Yo también debía enterarme para interesarme, pero ya sabes, tengo una virtud que a veces se convierte en defecto, me preocupo tanto por los demás que acaban no contándome las cosas para que no sufra.

-Cierto. ¿Quieres que te haga olvidarlo?

-Sí, por favor.

-Pues tócame tú a mí, que tampoco me has tocado.

-Vale…

Sev se volvió hacia ella, le palpó firmemente el muslo.

-Wow, Alice… cómo me pones...

-Ya he visto, ya. Ha sido espectacular, disfruta un rato.

Ella se tumbó de espaldas y él la recorrió entera palpando cada músculo, que ella tensaba a su paso.

-Qué abdominales, Merlín… Tienes el vientre más duro que he tocado nunca, más incluso que el mío.

-No lo creo.

-Toca, tócame a mí y tócate tú y verás.

Ella lo hizo.

-Pues tienes razón.

-¿Cómo has hecho para mantenerte en forma en verano?

-Combatiendo contra todo aquél que quería hacerlo, y todos quieren contra mí.

-Claro…

-Dos contra mí, ¿eh?

-Desde luego.

-Valerie y Andrew, Deborah y Paul, Genevre y Ronald, Jack con cualquiera de ellos. En casa de Jack o Deborah.

-Claro…

-Gracias a ti, mi amor. Todos mis amigos. Un verano muy productivo, el mejor de mi vida pese a estar sola.

-Cómo me alegro, Alice.

-Así ahora estoy en forma para ti, como te gusta a ti.

-Nunca lo hagas por eso.

-¿Y por qué no? Es una muy buena motivación añadida.

-Pues sí, tienes razón.

-Ya que nunca seré una hembra espectacular en el resto de aspectos físicos.

-Eres la más espectacular de todas, Alice, porque todo lo que tienes te lo has trabajado.

-No te gustan mis pechos.

-¿Como que no?

-No me los tocas.

-Porque estoy tocándote los músculos y ahí no hay músculo.

-Vale, vale…

-Vamos por partes. Ahora te toca encima, vas a ver cómo te los toco.

-Genial.

-En cuanto quiera ponerte caliente te los toco. Me has dicho que disfrute un rato, yo nunca tengo prisa para estas cosas.

-Pues antes sí que la has tenido, cero preliminares.

-Buf… Después de haberme puesto caliente tres veces y tener que buscarte durante casi veinte minutos por fuera y por dentro de la casa. Me lo has puesto muy difícil.

-Cierto.

-Y si no hubiera sido así, de arrebato, si me hubiera tomado tiempo para pensarlo, no lo habríamos hecho porque tú tampoco estabas convencida.

-Vaya que sí.

-¿Y a que ahora te alegras mucho?

-Por supuesto.

-Ha sido la mejor decisión que he tomado en mucho tiempo, de arrebato. Cómo la vamos a gozar, vamos a ser muy felices todo lo que nos queda de año.

-Desde luego.

-Porque no vamos a quemarnos con la convivencia, se va a mantener vivo, ya verás.

-Cierto, nos va a dar tiempo a echarnos de menos entre vez y vez que nos veamos, y más al principio, que vamos a estar locos por hacérnoslo todo el tiempo.

-Ya te digo, yo ya estoy loco.

Comenzó a pellizcarle un pezón rodeando el pecho con la mano y ella a jadear.

-No te he dicho nada sobre lo rápido que te has recuperado. Eres muy potente, Prince.

-Eso ya me lo han dicho muchas veces.

-¿Puedo tocarte yo también a ti? Me pone mucho.

-Desde luego.

Ella comenzó a hacérselo con la izquierda, muy lento.

-¿Te gusta?

-Me encanta, pero después de haber probado lo otro me sabe a poco.

-Desde luego. No tengas pena, nos lo hacemos en cuanto quieras. Nos lo haremos siempre así hasta que nos cansemos, una vez lo pruebas, la boca y la mano son sólo para variar un poco.

-Perdona, eso puede ser en mi caso, pero no en el tuyo. Muchas chicas me han dicho que les ha gustado más cómo se lo he hecho yo con la boca o la mano que follar.

-Vaya…

-Hoy porque mando yo ya que es la noche de mi estreno, pero en ocasiones sucesivas te voy a hacer alucinar.

-Estupendo, tú me lo harás así y yo a cambio dejaré que me la metas sólo para ti.

-Maravilloso, si es así, si quieres esta misma noche. Ya se me está ocurriendo dónde y cómo quiero.

-Cuéntame.

-No, no, sorpresa.

-Misterioso…

-No sabes cuánto. ¿Estás?

-Estoy, además, ahora ya estaré toda la noche mojada, recuerda que te has ido dentro de mí.

-Claro, claro…

-Otra sensación.

-Buf… más mojada todavía… Venga, encima de mí.

Él se tumbó de espaldas con los brazos tras la cabeza, ella se arrodilló ágilmente a ambos lados de sus caderas.

-Métetela tú, a ver cómo lo haces. ¿Qué sabes hacer?

-Yo no tengo amplio repertorio, ¿eh? Justo dejé de hacérmelo con Frank la noche que me dieron tantas ideas. Encima y debajo y se acabó.

-Mejor, más primeras veces para mí. Dale, anda.

Ella la agarró firmemente y se la encajó. Descendió de golpe sobre él, que le golpeó el fondo con mucha más violencia que antes.

-¡Buaaah! – de viva voz – Mejor todavía que haciéndolo yo…

-Claro, con todo el peso de mi cuerpo.

-Es fantástico. Sigue, sigue…

-¿Aguantarás?

-Desde luego, si lo haces despacio sí, no hace ni media hora que me he ido.

Ella lo hizo repetidas veces, ambos gritaban. Por fin él dijo:

-Pero así tú no te vas.

-No, así no, he tumbarme sobre ti, pero me está gustando, ¿eh? Si tú puedes lo hacemos durar como antes.

-Vale, vale, que dure, que dure…

-No te preocupes por mí, esta noche no te preocupes por mí, es tu noche.

-Estupendo, Alice. Voy a motivarte un poco más.

Comenzó a tocarle ambos pechos con las manos, pellizcándole los pezones.

-¿Te gusta así o más fuerte?

-Dale más fuerte si quieres.

-Quiero, quiero.

Siguieron así un buen rato.

-Buaaah, Alice… me estás volviendo loco… ¿No te cansas?

-En absoluto.

-Pues sigue hasta que te canses. Eres una máquina – con profunda admiración – Perfecta, perfecta.

Siguieron así un rato más, por fin ella dijo:

-¿Te llega?

-Me llega.

-Pues voy a tumbarme para irme.

Ella se dejó caer sobre él y comenzó a moverse arriba y abajo.

-Estupendo. Cuando te vayas, si no me voy contigo, si puedo evitarlo, ¿puedo moverte yo en esa posición para irme?

-Claro que sí, mandas tú, ya te lo he dicho.

-Estupendo. Bésame, anda.

Se besaron.

-Puedes ayudarme aferrándome por las caderas como hacías antes.

-No tengas prisa alguna, ¿eh? Disfruta un buen rato tú también si quieres, voy a aguantar.

-Estupendo.

Siguieron otro rato así.

-Me llega, quiero irme, agárrame y muéveme tú – dijo ella.

Lo hizo.

-Buaaah… Prince… cómo te clavas en mí… Voy a irme enseguida, a ver si no te hago irte a ti como antes.

-Y si me voy no me importa nada, me va a encantar a mí también, y la otra queda de reserva.

-Estupendo. Qué bien lo haces, Merlín, me vuelves loca, loca…

-No me avises cuando te vayas como antes, sorpresa.

-Vale, vale…

Al medio minuto sintió sus espasmos y se descargó dentro de ella de nuevo, ambos gritando.

-Brutal… brutal… Buaaah… Alice, ¿te das cuenta de que vamos a irnos juntos siempre que queramos?

-Cierto, somos perfectos el uno para el otro, eso es muy raro. Y con polvos largos además, más raro todavía. Es todo mérito tuyo, Prince, eres perfecto tanto en lo que tienes por nacimiento como en tu habilidad, perfecto, perfecto.

-Gracias, Alice.

Terminaron y ella se dejó caer sobre él.

-Esto me ha terminado de matar, me dormiría así.

-Hazlo.

-Ni hablar, descanso y me das poción Estimulante, no voy a dejarte en la estacada si quieres más.

-Ya me llega, ¿eh, Alice?

-No, no, al menos uno más, el que se te ha ocurrido antes sólo para ti, tengo mucha curiosidad.

-Genial. La verdad es que me desilusionaría quedarme con las ganas de ése hoy.

-Pues lo dicho, lo hacemos, quiero que sea, como has dicho antes, la mejor noche de nuestras vidas.