Advertencia: He dudado mucho sobre si incluir este capítulo, contiene sexo de muy dudoso consentimiento y juego, digamos, sangriento, todo muy enfermizo y egoísta (a partir de aproximadamente el segundo tercio del cap hasta el final). Al final he decidido dejarlo porque de otro modo no se explicarían bien cosas que ocurren más adelante en el relato, pero ahora que ya sabéis de qué trata podéis saltarlo y no por eso dejaréis de comprender lo demás. Así que leedlo bajo vuestra responsabilidad, estáis avisados. Ah, y por cierto, es algo puntual que no se repetirá.
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Sado
Cuando Alice y Sev despertaron por la mañana charlaron un rato.
-He decidido tomármelo con más calma, Prince, por varias razones – le dijo ella.
-Habla, Alice, explícame.
-La primera, necesito más tiempo para recuperar el resto de mis relaciones, que en cierto modo he abandonado.
-Claro que sí.
-La segunda, quiero sentir que tengo algo de control.
-Alice, sabes que el control lo tenemos ambos, todo lo que hemos hecho lo hemos decidido de mutuo acuerdo.
-Excepto dejar de vernos en Navidad.
-No lo haríamos si tuviéramos dónde, lo sabes.
-Cierto.
-¿Le has dado muchas vueltas?
-Desperté de madrugada.
-Jo…
-Prince… no te agobies… Sabes que es la norma para mí cuando no duermo contigo.
-Vale… Entonces, ¿cómo lo hacemos?
-Ya te aviso yo cuando me apetezca quedar.
-Está bien. Al final voy a ser yo quien va a perderte, y no tú a mí.
-Buf… no me lo pongas difícil, Prince.
-No quiero hacerlo, claro que no. Pero lucharé por retenerte, Alice, ya te lo dije una vez, no quiero perderte.
-Tercera razón para tomármelo con calma, que tengas que hacerlo, no ponértelo tan fácil y que no decaiga tu interés.
-Muy buena, Alice, pensaba que ya me lo estaba trabajando – sarcástico.
-Desde luego que lo haces, pero no en ese sentido.
-Ya, tú tampoco estás teniendo que hacerlo, yo también te lo pongo fácil – tajante - No me gusta nada esa última razón, te vuelve retorcida, así pierdo el interés, no lo gano.
-Buf…
-Bufa todo lo que quieras, puedo renunciar ya mismo a lo que tenemos si me lo pones difícil para vernos, estoy muy ocupado y no puedo permitirme que eso me distraiga de mis obligaciones. Así te lo digo.
-Tienes razón.
-Desde luego que la tengo.
-Quedemos entonces en dos o tres días por semana, cuando puedas tú.
-Está bien, lo pensaré y te diré.
-Me salió el tiro por la culata.
-A retorcido no me vas a ganar.
-Buf… no quiero despedirnos así…
-Tú te lo has buscado, Alice. Podrías haber caído en la cuenta por ti misma de que no iba a pasar por ese aro, sabes mejor que nadie lo ocupado que estoy.
-Que sí…
-Pues ya sabes. Ahora, a esperar.
Sev se tomó unos días más de descanso, Hipólita le preguntó a los tres días:
-¿Qué pasó con Alice la otra noche, Prince? ¿Por qué no has vuelto a quedar con ella?
-Porque no está muy segura de lo que quiere, estoy dándole tiempo para que lo piense.
-Vaya… ¿y eso?
-De noche me dijo que temía perderme y por la mañana quería ponerme contra las cuerdas para que tuviera que trabajármelo para quedar con ella.
-Jo, Alice… ya la está fastidiando, la muy boba… Mañana charlo con ella.
-No, Hipólita, no le digas nada, déjala que lo piense sola. En una semana le propondré quedar.
-Prince… vais a perder mucho tiempo…
-Eso no es perder el tiempo, cariño, será ganarlo si los dos llegamos a acuerdos más sólidos.
-Vale… no le digo nada…
-Me he dado cuenta de que siempre esperas tres días para preguntarme las cosas.
-Claro, tres, suerte.
-Sigues siendo adorable, meu amor. Dame un pico.
Se lo dieron.
-Vaya… Cuánto tiempo sin pedírmelo tú.
-Pues sí, te he tenido muy abandonada, pero ya no más.
-Hoy es luna nueva, Prince… nos queda un mes…
-Cierto, minha vida… nos queda sólo un mes…
La abrazó y se la comió a besos.
Cuando hubo pasado una semana habló con Alice en privado.
-Preciosa, podemos quedar hoy si quieres – le dijo él.
-Vaya… Ya pensaba que no ibas a volver a pedírmelo.
-Pues ya ves que pensabas mal, sólo estaba dándote tiempo para pensar bien las cosas.
-Claro…
-¿Las tienes más claras?
-Sí, Prince, las tengo.
-Pues lo hablamos en persona si quieres.
-De acuerdo. ¿Como siempre en la Sala?
-Sí, como siempre en la Sala.
Se vieron esa noche, ambos se abstuvieron de demostraciones de cariño hasta que estuvieron en el dormitorio, ella por inseguridad y él por no saber a qué atenerse.
-Comencemos con la charla – le dijo él.
-Acepto lo que me des en la medida que puedas, he recuperado el primer sentimiento que tuve hacia ti.
-Bien… Bésame, anda.
Lo hicieron con muchas ganas, ambos se habían echado mucho de menos.
-Wooow… Prince… Lo he pasado fatal, pensando que te había perdido…
-Pues ya ves que no, sólo estaba dándote tiempo.
-Podrías habérmelo explicado.
-No, Alice, porque deberías haberte dado cuenta por ti misma, y pensar que me perdías te ha hecho recapacitar en el buen sentido.
-Tienes razón.
-No me has fallado.
-Nunca lo haré.
Cuando se separaron, le dijo él:
-Yo también he pensado durante este tiempo en darle otro sentido a nuestra separación en Navidad.
-¿Cuál?
-Aguantar un mes entero y hacer la Unión de las Almas.
-Vaya…
-Claro, ya tenemos todos los ingredientes. ¿Quieres?
-Desde luego que quiero.
-Pues hay que decidir cuándo, si en novilunio o creciente.
-Y antes tenemos que vincularnos como Pareja.
-Claro.
-Buf… malas experiencias que tienes ya. ¿Estás seguro?
-Sí, Alice, ya te digo que lo he pensado, de lo contrario, no te lo habría propuesto. He dedicado toda la semana a pensar en ello.
-Quizá no podamos vincularnos siempre que queramos.
-Pues sí, eso es inevitable, no siempre vamos a estar bien los dos, pero me apetece mucho experimentar la Unión, Alice, en especial contigo en este preciso momento.
-Y a mí.
-Y si esperamos al próximo año quizá no podamos, tú ya no estarás aquí.
-Claro…
-Piénsalo tú también, hay tiempo. La hacemos en el novilunio o el cuarto creciente de enero.
-¿Y el Vínculo?
-Antes de la próxima luna llena, nos quedan diez días.
-Buf… agendas apretadas…
-Ya te digo.
-Tranquilo, no volveré a quejarme, también se me podía haber ocurrido a mí.
-Pues sí.
-Y si a ti te ha bastado una semana a mí me llegarán diez días.
-Estupendo. Basta de cháchara, desnúdate – autoritario.
-Hoy vienes con ganas, ¿eh? – desafiante.
-Ya te digo, estos diez días te pienso reventar – amenazante.
-Qué bien nos ha sentado la separación – admirada.
Siguieron viéndose en días alternos durante esos diez días y uno de ellos se vincularon como Pareja, una noche que reservaron la Sala de Menesteres para ellos solos, de nuevo a la luz y calor de la chimenea.
-Vamos a vincularnos mientras nos lo hacemos, con ella dentro ya, para que sea distinto a todos mis Vínculos anteriores – propuso Sev.
-Estupendo. ¿Cómo has pensado?
-Tú sentada sobre mis piernas, estrechamente abrazados.
-Nunca lo hemos hecho así.
-Desde luego que no, la estaba reservando para esta ocasión.
-Quizá no me vaya así.
-Pues luego cambiamos, me tiro sobre ti sin sacarla y te lo hago yo, que también hace tiempo que no lo hacemos así.
-Estupendo.
-Pero para metértela voy a romperte…
-Sí…
-Sin manos, hoy quiero que nos duela.
-Vale… Le estoy cogiendo el gusto, ¿eh?
-Lo sabía, mira cómo estoy ya. Vamos, encima de mí – autoritario.
Él se sentó con las piernas dobladas y ella sobre él.
-¿Sin preliminares?
-Nada, quiero que estés cuanto más seca mejor, que nos duela mucho.
-Pues dale.
La alzó con las manos por el trasero y volvió a bajarla sobre sí, buscando su entrada. Cuando sintió su humedad la bajó de golpe, ambos gritaron de dolor mientras la penetraba hasta el fondo.
-Buf… Si no la hubiera tenido tan dura me la habría doblado.
-Es que hoy te has pasado de la raya, Prince. Has de tener cuidado, puedes tener un accidente.
-Cierto, y vaya apuro un accidente así.
-Ya te digo.
Siguió moviéndola un rato y después se abrazaron muy estrechamente para vincularse, con él dentro de ella, fue indescriptible para ambos. Después ella continuó moviéndose mientras él le acariciaba intensamente las piernas, sintiendo cómo trabajaban sus músculos.
-Le hemos dado la vuelta a la Magia Roja, ha sido el mejor de todos mis Vínculos – decía Sev – Deberías vincularte cuando ya te lo haces, cada vez me parece más absurdo hacer la Unión de las Almas siendo virgen todavía.
-Ya sabes, influencias del patriarcado y la iglesia – decía Alice.
-Pues sí.
-Deberíamos reelaborarla, no dejar que se dé en Hogwarts tal como viene.
-Cierto.
Cuando se aburrió se lanzó sobre ella sin previo aviso y se lo hizo encima, clavándose muy lento y profundo con todas sus fuerzas, con lo que la hacía gritar muy fuerte cada vez.
-Buaaah… Prince… me lo estás haciendo como nunca… estás haciendo que me duela también en esta postura.
-Ése era el objetivo, quiero que sigas gritando, no voy a esperarte para irme.
-No vas a tener que esperarme, estoy casi a punto.
-Pues me parece mal, no quiero que te vayas, quiero irme sólo yo. Si te vas me vas a fastidiar, quiero aguantar un rato así.
-Pues te contienes, yo también quiero irme.
-Contente tú, esperas a que me vaya y aprovechas lo que te quede.
-Vale, vale, pues no me voy.
Continuó así un buen rato y al cabo lo hizo frenético para irse sin dejar de golpearla con la misma violencia, se fue gritando él también y mientras no le bajaba comenzó a hacerlo para ella, pero ella le dijo:
-Descansa, ya me iré luego, disfruta del momento.
-No, quiero que te vayas.
-No quiero hacerlo con prisa, ha sido fantástico de cualquier modo.
-Genial.
Se dejó caer sobre ella y descansó, ella lo besaba muy tiernamente en la cabeza y le decía:
-Mi amor… mi amor… Cada vez me gustas más, estoy más y más enganchada a ti, pensaba que un mes nos llegaría, y ya ves, ya llevamos dos y medio y no nos cansamos, eres increíble, increíble.
-¿Iba en serio que te pone que te duela?
-Ya te digo que sí, lo de ahora me ha encantado, pienso que debo tener herida en la entrada de cuando me has penetrado así, porque me está escociendo todo el tiempo.
-Wow… fantástico, ¿por qué no me lo has dicho?
-Te lo digo ahora, para el siguiente.
-Estupendo.
-Y no quiero que me la cures, aunque me impida irme.
-Buaaah… maravilloso… Buf, Alice… no sabes cuánto voy a extrañarte en Navidad.
-Si no fuera porque vamos a hacer la Unión podríamos habernos escapado de vez en cuando a un hotel.
-Pues sí, no creas que no lo pensé, pero también pensé que acostumbrados a este lugar tan íntimo y especial un hotel nos iba a parecer vacío e impersonal.
-Desde luego, no habría sido lo mismo. ¿Sabes? Estoy pensando quedarme en Hogwarts en Navidad.
-¿Sí?
-Sí, no me apetece ver a mis padres.
-Vaya… Al final no me enfrenté a ellos.
-Llevo todo el trimestre sin escribirles.
-Vaya…
-Así te lo digo, paso de ellos, si me dieran mi herencia me buscaba una casa ya mismo.
-Si vas en Navidad nos enfrentamos a ellos y se la exigimos, ahora ya eres mayor de edad muggle también.
-Pues sí, podríamos hacerlo, lo pensaré.
-Me queda poco más de un mes para ser mayor de edad, qué ilusión.
-Al final vamos a hacer la Unión cuando esperábamos.
-Cierto, salvo que mientras tanto lo estamos pasando de muerte.
-Desde luego, hicimos bien en hacerlo así, no habríamos vivido todo esto, menos meses de vida disfrutados.
-Ya te digo, hay que empezar muy joven con estas cosas, en cuanto puedes hacerlo, cuanto más joven mejor para vivirlo más años.
-Al final también acabas cansándote, ¿eh?
-Ya verás cómo no lo hacemos, tenemos un amplísimo repertorio.
-Desde luego que sí. Qué duro se me va a hacer el próximo año.
-Obstáculos que superar que nos unirán, estaré cada sábado para ti.
-Maravilloso, estaré ansiosa de que llegue cada fin de semana.
-Y yo.
Al rato él le dijo:
-Te toca, mi amor, voy a hacer que te vayas aunque te duela.
-¿Cómo?
-Con la boca, me muero de ganas de lamer esa herida.
-Wooow…
-Ojalá no se haya cerrado todavía.
-Y si lo ha hecho me la vuelves a abrir.
-Buah… vale. Le voy a dar con el Lumos porque te la quiero ver bien, va a ponerme mucho.
-Pues en cuanto acabe yo vuelves a follarme.
-Estupendo.
Se incorporó de encima ella y cogió la varita, la encendió y la observó atentamente tumbado frente a su sexo, abriéndola con los dedos, a la luz de la misma. Tenía una herida que ya se había cerrado.
-Buaaah… ya estoy caliente…
-¿Está cerrada?
-Sí.
-Pues ábremela con el instrumento.
-No, no, con los dedos, quiero verlo bien. Allá voy.
Lo hizo, separando ambas partes de la herida, y ésta sangró.
-Buaaah… Qué pena que no tengas el período, de cuánta sangre disfrutaría, voy a lamerte.
Lo hizo.
-Me encanta, me encanta…
-Vaya con la nueva faceta tuya…
-Todo aquello que más sucio y retorcido te parezca va a gustarme. Ya deberías esperarlo, Hipólita lo sabe desde hace mucho.
-Disfrutarás del suyo.
-Vaya que sí, siempre que ella no esté sufriéndolo.
-Pues sí.
-Jo… qué pronto se acaba.
-La saliva es un buen cicatrizante, los animales se lamen las heridas.
-Claro…
-Podemos experimentar con el sado-maso, hacernos heridas a propósito.
-Buf… no… Eso no, ya me parece pasarse, podría ponerme frenético y pasarme de la raya. Eso ni hablar.
-De acuerdo.
-Cuando surja así, para variar un poco.
-Estupendo, pero sin hacernos daño de verdad, ¿eh?
-Cierto, antes me he llevado un buen susto. Bueno, voy a hacértelo, ya me llega de herida.
Se lo hizo con la boca tal como a ella le gustaba, haciéndolo durar para que disfrutara mucho tiempo, después comenzó a presionar más. Cuando estaba a punto, ella le preguntó:
-¿Estás caliente…?
-No.
-Lo digo para irme mientras me la metes…
-Entonces me iré yo también, Alice, termina así, por favor.
-Vale…
Se fue jadeando intensamente, cuando acabó él se tumbó a su lado y la abrazó.
-Mi amor… Es un obstáculo esto de que siempre provoque tu orgasmo, ¿eh? – le dijo ella.
-No, Alice, no lo es en absoluto, a mí me encanta que sea así porque podemos irnos juntos siempre que queremos.
-Ya, pero cuando no queremos me quedo muchas veces con las ganas de irme contigo dentro.
-Pero ahí está precisamente la gracia, en que sea distinto cada vez, de lo contrario lo haríamos siempre igual.
-¿Cómo quieres el siguiente?
-Descansa un rato, anda.
-Vale, vale...
-Va a ser por detrás ya que tú ya te has ido, también para poder verte la herida, voy a volver a abrírtela.
-Vale.
-Alguna que no hayamos probado todavía, aunque tengamos que convocar accesorios. Nos queda sólo una ocasión de continuar experimentando.
-Buaaah… sí…
-Aunque me haría gracia también salir de aquí para hacerlo si no hiciera tanto frío fuera.
-Ya. Pena, habrá que esperar a la primavera para repetir en todos los lugares que lo hicimos los primeros días.
-Pues sí, o quedar directamente en ellos.
-Buena idea, más motivación para después de la Unión.
-Ya te digo, y después de casi dos meses sin hacérnoslo vamos a estar como locos de nuevo.
-Buf… Cuando estamos juntos no hablamos más que de sexo, qué obsesión…
-La mejor obsesión del mundo.
Cuando Alice hubo descansado, comenzaron de nuevo.
-Lo he pensado mejor, sí que quiero repetir – dijo él.
-¿Cómo?
-Contigo encima pero por detrás, quiero que me siga doliendo.
-Vaya…
-Tira bien hacia delante, ¿eh? Ya sabes cómo me gusta.
-De acuerdo, un día voy a hacerte una avería.
-No, tranquila, si te pasas te aviso.
-Voy a ponértela dura con la boca.
-No, me pongo viéndote la herida y frotándome contra ella, vamos a ponernos atravesados para que quedes de espaldas al fuego y verte bien.
-Como quieras.
-Buf… ya casi estoy sólo de imaginarlo.
-Vaya que sí.
-Vamos, vamos.
Se colocaron así, él la abrió con un pulgar y con la otra mano dirigió la cabeza a su entrada, se empapó con la semilla del anterior que se escurría fuera de ella y se frotó repetidas veces contra la herida, jadeando.
-¿Te está escociendo? – le preguntó.
-Ya te digo…
-Te estás poniendo caliente otra vez.
-Pues sí…
-Bueno, me pensaré si acabar contigo. Te aviso que no creo que lo haga, ¿eh? Quiero irme viendo esto, no he tenido oportunidad hasta hoy ni sé cuándo volverá a surgir.
-Como quieras, es tu turno, y llevas toda la razón, ojalá pudiera verlo yo también.
-Luego te lo muestro si quieres.
-Claro...
-O ahora mismo.
-Estupendo.
Le mostró en su mente lo que estaba viendo en ese mismo instante, ella también comenzó a jadear.
-¿Cómo no se nos ha ocurrido antes hacer esto? – preguntó ella - Quiero verlo entero mientras te lo hago.
-Desde luego que sí, a mí no me cuesta esfuerzo alguno.
-Qué magia maravillosa, ya había pensado alguna vez en espejos, como en las casas de putas de las películas, pero así es mucho mejor.
-Claro que lo es. Estoy poniéndome frenético de imaginar cómo se te va a abrir cuando te la meta. Vas a sangrar y me vas a manchar.
-Voy a sangrar más que cuando me la has abierto con los dedos, con ese pedazo.
-Buf… Voy a relajarme un poco o me voy antes de hora, ¿eh? – respirando profundamente.
-Si quieres te lo hago una vez más con la boca para que sea el tercero.
-No, no, que no me aguanto las ganas.
-Pues haz una cosa, no la metas de golpe como haces siempre, mete y saca la punta empapándote bien con la sangre, también para que se te seque y te tire cuando estés dentro.
-Buaaah… sí… Calla, Alice, estoy intentando relajarme…
-Sólo te doy ideas para que disfrutes más.
-Claro, claro… gracias. Espero que Hipólita se deje que le haga esto cuando tenga el período, va a volverme loco con tanta sangre.
-Y si ella no quiere o no puede te lo haré yo, de cuando en cuando dejaré de tomar la poción anticonceptiva y dejaré que me lo hagas.
-Wooow… Alice…
-Claro, claro…
-Bueno, ya me siento preparado, allá voy, quiero que grites si te duele.
-Eso está hecho.
La penetró con brusquedad sólo con la punta, la herida se abrió y sangró más que antes, ella gritó.
-Buaaah… Ahora me ha dolido mucho, así en frío – dijo ella.
-Te fastidias. A mí me encanta…
Se la sacó y la empapó en la sangre, se la volvió a meter con brusquedad, ella volvió a gritar.
-Buaaah… Va a ser el mejor de los dos meses y medio, ya te digo que voy a irme así, olvídate de irte tú otra vez, voy a hacerlo hasta que me canse y después voy a dormir.
-A qué mala hora te recomendé que fueras egoísta. Haz como quieras, de cualquier modo no creo que pudiera irme después de este dolor.
-Cuando acabemos te curo.
-De acuerdo, de lo contrario quizá no pueda ni dormir.
-En ese caso ya pensaré si te curo, que te cueste dormir, y mañana, reventada por la mañana, te la vuelvo a abrir y te toca ir a Poppy.
-Bueno, ya ves qué problema, tomaré poción de sueño y ya está.
-Lo pensaré, si me gusta mucho repetimos mañana. Ha vuelto a sangrar lo suficiente, allá voy de nuevo.
Se la sacó, la empapó en la sangre y la volvió a meter todavía más bruscamente, ella gritó otra vez.
-Eres muy sádico, ya te digo que serías peligroso si probaras ciertas cosas.
-¿Qué cosas? Cuenta, cuenta…
-Azotar con un látigo, por ejemplo.
-Wooow… me encantaría.
-Hasta hacer saltar la piel y hacer sangre también.
-No lo haremos, ya te digo que podría volverme loco. Pero me valdrá para imaginar.
-Estupendo.
-Hablando de azotar.
Le dio una buena palmada en el trasero con la mano libre, ella gritó también.
-Qué malo eres.
-Prueba a resistirte, lucha.
-Ni hablar, ahora no soportaría una violación y no puedo huir afuera con el frío que hace.
-Vale, vale… Allá voy otra vez, la última, ahora sí que voy a metértela de golpe.
La sacó de nuevo, de nuevo la empapó en sangre y volvió a meter la punta con brusquedad, ella gritó otra vez, la tomó por las caderas y la hizo bajar sobre él con toda la violencia de que fue capaz, ella gritó más fuerte todavía.
-¡Toma! – de viva voz – El pago que me debes por lo que te he hecho antes, pienso cobrármelo, va a ser tan largo al menos como yo he pasado haciéndotelo a ti.
-Buf…
-Inclínate hacia delante hasta que te diga.
Ella lo hizo muy poco a poco.
-Ahí, ahí – le dijo él – Qué gusto, cómo me tira…
-Qué enfermo estás…
-Ya te avisé de ello desde la primera noche, has tenido muchas oportunidades de echarte atrás, no vas a hacerlo en este preciso momento.
-Desde luego que no.
-¿Te sigue gustando que te duela?
-Tanto no.
-Mejor para mí, si te gustara no tendría tanto interés. Voy a seguir, sigues sangrando, vas a mancharme entero.
La movió arriba y abajo a ritmo medio, manchándose de sangre, golpeándola con violencia cada vez, ella gritaba cada vez que entraba.
-Jo… estás tan mojada de antes que me lavas la sangre y no se me seca, no me tira como has dicho.
-Encima quejándose…
-Pues sí, porque no es todo lo bueno que podría ser.
-Culpa tuya, si estoy tan mojada es por tu culpa.
-Bueno, bueno… tú también mojas, ¿eh? La primera que mojas eres tú.
-Cierto. ¿Te está gustando?
-Ya te digo… El mejor, el mejor, hoy duermes con la herida y vuelvo a hacértelo mañana por la mañana aunque lleguemos tarde al entrenamiento.
-Buf… Entonces que no dure mucho ahora…
-Durará lo que a mí me venga en gana.
-Vale…
-Y si no, ya sabes lo que te espera, violación.
Continuó así hasta que se aburrió mucho rato después, la herida no se cerró ni dejó de sangrar en todo ese tiempo, al final sí que le empapó lo suficiente para que le tirara, por lo que de nuevo sacó la punta repetidas veces y la volvió a meter para que lo hiciera ahí también.
Se fue a ritmo medio, con la incomodidad de la postura y de la sangre seca le costó más de lo habitual, lo disfrutó mucho. Por la mañana repitieron después de que Alice durmiera con poción de sueño, luego la lavó bien y la curó, llegando tarde ambos al entrenamiento del sábado.
