Ternura
Alice y Sev volvieron a quedar una noche más, la previa a la luna llena de diciembre, y esa vez se lo hicieron dos veces muy tiernamente, yéndose juntos, para compensar los desmanes de la vez anterior. Además, ya gozaban del Vínculo de Pareja y eso los había unido más todavía. Se despidieron a la mañana siguiente con mucho pesar, ternura y mimos.
-Buf… Prince… a volver a dormir mal…
-Jo… cariño, lo siento mucho, pero debo guardarle un pequeño período de abstinencia a Hipólita. Ella lleva seis meses esperándome, apenas van a ser quince días.
-Claro que sí, mi amor, lo comprendo perfectamente. ¿Volverás a las pajas con ella?
-Si me lo propone, hasta el cuarto creciente, claro, que tendré que guardar el período de abstinencia para ti.
-Claro, claro, y también yo. Se me va a hacer muy duro, ¿eh? No poder ni siquiera hacérmelo sola ahora que tengo tanto material para ponerme y ya me voy mucho más fácil.
-Cierto. Pero tienes todavía más de tres semanas para disfrutarlo, no tienes por qué dormir mal en todo ese período.
-Claro que no.
Al tercer día, Hipólita le dijo a Sev:
-Prince, Prince… nos toca paja esta noche.
-Has esperado tres días… - riendo.
-Claro… para que desconectaras un poco de Alice. ¿Te apetece?
-Mucho.
-Ya verás, tengo un montón de ideas nuevas que he ido acumulando a la espera de estos días. Vamos a hacerlo cada tres días, vas a pasarlo genial.
-A no ser que tengas el período y tenga que cuidar de ti como el mes pasado, meu amor.
-Claro, claro, pero no pienses en eso ahora, ya tocará cuando toque. Espero que no me toque justo en el novilunio, nos fastidiaría todos los planes.
-Cierto, no lo había pensado.
-Si no, esperamos hasta el de enero, te habrás limpiado más todavía de la saturación.
-No… Quiero pasar todo ese mes besándote, meu amor…
-Bueno… Entonces lo haremos igualmente aunque tenga el período. Total, se trata sólo de escaparnos un rato hasta la plaza de la iglesia de Godric's Hollow. He de curtirme, Prince.
-Vale…
-¿Quieres que te ponga ya?
-Claro que sí.
-Muy bien, allá voy. Imagina que me lo haces bajo el agua del Lago, con branquialgas, como si fuéramos sirenas…
-Wooow…
-Por detrás, para verlo todo.
-Será fantástico.
-Lo haremos, reserva para mí todas las que sean bajo el agua.
-Por supuesto que lo haré.
La siguiente semana, la previa a las vacaciones de Navidad, Hipólita tuvo el período y aunque no se le pasó el dolor con la pastilla, se lo comunicó a Sev muy contenta en la cena.
-Prince, Prince, lo he tenido, no nos fastidia los planes.
-Estupendo. ¿Has tomado la pastilla?
-Sí.
-¿Te está doliendo?
-Sí, Prince, no se me pasa.
-¿Y sangrar?
-Todavía sólo me he puesto una compresa, ha sido después de clases, cuando estaba en la Biblioteca.
-Vale, lo vigilaremos. Esta noche duermo con la Reparadora.
-No, Prince…
-Sí, Hipólita, al menos los días que te dure, llevo un mes sin tomarla. Aunque vayamos a reencontrarnos en el cielo de los brujos si mueres, no quiero perderte precisamente ahora.
-Vale, vale, lo entiendo. ¿Vas a tomar también Estimulante?
-No, aguantaré todo lo que pueda sin dormir y después dormiré dos horas y media.
-Está bien, mucho mejor así. Qué bien que mejoraste la Reparadora, Prince.
-En Navidad va a hacer un año que comencé con ella.
-Y en enero la patentarás y comenzarás a venderla.
-Pues sí, por fin a ganar dinero también con eso.
Hicieron así, los siguientes tres días Sev durmió apenas dos horas y media por noche con la poción Reparadora, aprovechando para leer y ensayar con el Muffliato mientras vigilaba de vez en cuando el período de Hipólita, que el mes anterior había manchado las sábanas de noche pero esa vez no lo hizo. Al cuarto día ya no tuvo apenas flujo de sangre, remitió más temprano que otras veces.
-Buf… esto del período es muy raro, Prince, no hay por donde pillarlo. No siempre que duele sangras mucho y no siempre que sangras mucho duele, y cada vez dura distinto.
-Cierto. Es porque lo tienes irregular, cariño.
-Claro… Pero estoy teniéndolo todos los meses.
-Buena señal, eso significa que se te regulará pronto. Podrás dejar de vigilarlo, tomar la poción anticonceptiva y olvidarte de él.
-Claro…
-Aunque a mí me gustaría lamerte esa sangre alguna vez, ya lo sabes. Y metértela sangrando.
-Vaya Prince… mira que eres retorcido, ya me has dado la idea para la paja de hoy.
-Dale, dale, ya estoy caliente sólo de imaginarlo.
Ella le quitó la ropa de cama de encima para verlo y él comenzó a hacérselo.
-Te lo haré yo encima y me clavaré de golpe en ti, como si estuvieras rompiéndome cada vez que entres.
-Wooow…
-Gritaré cada vez que lo hagas, porque me dolerá el cuello del útero si me lo golpeas mientras tengo el período.
-¿Y soportarás el dolor?
-Ya lo soporto cada vez, me compensará sentirte dentro de mí. Sabes que soporto muy bien el dolor.
-Ya te digo que lo haces.
-Aun así no pararé, lo haré durar mucho, mucho.
-Wooow… Hipólita…
-Guárdate ésa también para mí.
-Desde luego.
-Nunca dejes que Alice te lo haga así.
-No, no, claro que no, ni hablar.
-Con el tiempo lo haremos en todas las posturas que lo veas bien, por delante y por detrás, aunque yo no me vaya, lo sabes.
-Quizá por detrás te duela más todavía.
-Sí, ya lo sé, Alice ya me lo ha contado. No tengas pena, Prince, amar duele, como te duele a ti cuando me duele a mí. He de compensarte todo lo que haces por mí, será un dolor muy placentero.
-Nunca lo hagas por eso, meu amor.
-Desde luego que no, lo haré porque me dará la gana, a mí nunca me dominarás.
-Lo haré, lo haré.
-Eso será lo que te haré creer para que la goces, pero nunca me someterás si yo no quiero. Yo no soy como todas, Prince, que te quede bien claro, yo también me cebaré contigo.
-Buah…
-Pelearé con uñas y dientes contra ti para ser yo quien mande, nunca me harás nada que yo no quiera. Eso ya lo tienes con Alice y yo no soy como ella, soy mucho más brava. Recuerda, Sly, combativa.
-Claro que sí.
-Tú has vencido a la vencedora del basilisco, yo venceré al vencedor de la guerra mágica, en eso estaré por encima de ti.
-Desde luego que lo harás, me dejaré someter por ti siempre que quieras. Estarás siempre por encima de mí, siempre, siempre.
Alice decidió quedarse en Hogwarts en Navidad para ir preparando a sus padres para lo que esperaba un enfrentamiento definitivo en Semana Santa o quizá al principio del verano, por disfrutar a sus anchas de la Sala de Menesteres y por no echar demasiado en falta a Sev ya que apenas se habrían visto.
Hipólita y Sev se marcharon por Red Flu desde el despacho de Minerva a la casita de Godric´s Hollow el sábado por la mañana. Los recibieron Andrea y Philip, que se habían tomado el día libre.
-Papá… mamá… - los saludó Hipólita.
Ambos abrazaron con mucha ternura a su hija.
-Cuánto os he echado de menos, más que nunca…
-Cierto, desde que estás con Prince te has vuelto mucho más cariñosa y nos llevamos mucho mejor que antes – dijo Andrea.
-No es por eso, fue porque dejasteis de controlar lo que hacía. Desde entonces me dejáis hacer todo lo que me viene en gana.
-Tienes toda la razón, ya te cuida él, hemos podido dejar de cuidarte.
Rieron los cuatro. Andrea y Philip dieron cálidos abrazos también a Sev.
-Hijo… - le dijo Philip - Has crecido, ¿eh?
-Lo he hecho, sí, e Hipólita, ahora siempre nos medimos.
-¿Has visto el piano, Prince? – le dijo Andrea – No os contamos nada por carta para daros una sorpresa. Sophie me acompañó a comprarlo, lo trajimos a principios de mes. Philip ya toca algo, está tomando clases con ella los domingos.
-Es fantástico, Andrea, muchas gracias.
-Prince, quedamos nada más conocernos en que nunca nos daríamos las gracias por nada. Si no fuera por ti no tendríamos mucho de lo que tenemos ahora. Salud, dinero y amor, no nos falta de nada. ¿Queréis comer algo de fruta hasta la hora de almorzar?
-Vale.
-Tenemos uvas, ¿las has probado alguna vez, Prince?
-Sí, en Hogwarts también tenemos.
-Vaya… Me habría gustado habértelas descubierto yo. ¿Y naranjas?
-También, el zumo de naranja para desayunar.
-Qué bien se come ahora en Hogwarts.
-Cierto.
-El zumo de naranja, además, se puede multiplicar.
-Claro, por eso nos dan a todos. Lástima que sólo se den en invierno.
-Pues sí, deberéis pensar en algo para sustituirlo en verano.
-Frutas de temporada, sólidas. Hay muchas en primavera y llegando al verano.
-¿Qué os apetece entonces? ¿Os apetece un zumo recién hecho?
-A mí no, Andrea, con el estómago vacío me cae mal.
-Buf… tu estómago débil…
-Pues sí, pero uvas sí que me apetecen.
-Estupendo, ya verás que ricas están.
-Yo sí que quiero zumo de naranja, mamá – dijo Hipólita.
-Vale, hija. ¿Tú, Philip?
-Yo no, ya he tomado para desayunar.
-Philip… siempre igual, ¿eh?
-Si me meto algo ahora me quita las ganas de almorzar, lo sabes. No estoy acostumbrado a tomar nada a media mañana cuando trabajo.
-Vale… buf…
Andrea se metió en la cocina, e Hipólita, Sev y Philip se sentaron en el sofá, ella al centro como siempre. Philip la abrazó y se la comió a besos.
-Ay… mi pequeña… que se hace mayor…
-Ya te digo que lo hago, papá. Tenemos que contaros un montón de cosas de las que no se puede hablar por carta.
-Claro, claro, pero esperemos a tu madre.
-Cuéntanos tú del piano, anda. ¿Qué has aprendido ya?
-Ya sé tocar blues.
-Vaya… - dijo Sev - ¿En quince días?
-Sí, sin walking todavía, ¿eh? Sophie es una profesora excepcional, ya me ha dicho que no me preocupe por aprender solfeo por el momento.
-Estupendo. Estaría bien que fuerais ambos a realizar el ritual de la cueva para gozar de memoria absoluta y fidedigna.
-Claro, sería genial.
-Podéis ir donde fue Alice este verano, queda cerca de un lugar apropiado para Aparecerse que viene en las guías, y después hay transporte público hasta allí. Me ha dado toda la información, cuando vacíe el baúl os la paso.
-Estupendo.
-Ya estás empezando con los temas que deberíamos hablar entre los cuatro, Prince – le dijo Hipólita.
-Cierto, cierto…
-¿En qué tonalidad tocas blues, papá?
-En la menor y en do mayor – respondió Philip.
-¿Improvisas también?
-No, todavía no.
-Pues has de improvisar, papá, es muy fácil, tienes que animarte.
-Llevo menos de un mes tocando, cariño.
-Yo ya improvisaba con la flauta la primera semana que toqué.
-Cierto.
-Si me dejan grabaré algo en mi disco, ahora ya lo hago mucho mejor.
-Y en el mío - dijo Sev.
-Claro, claro – dijo Philip - Lo bueno es que ahora voy a poder tocar yo al piano para que vosotros podáis improvisar a los vientos. Vamos a pasarlo genial.
-¡Vaya que sí! – exclamó Hipólita.
-Por eso me he preocupado de aprender a acompañar antes que a otra cosa.
-Desde luego – dijo Sev.
-En las tonalidades que mejor os van a vosotros.
-Claro, claro… - dijo Hipólita – Pues en cuanto comamos las uvas nos ponemos, ya charlaremos almorzando.
-Genial, estoy deseándolo.
Comieron uvas y bebieron zumo de naranja, y después tocaron blues con Philip hasta la hora de almorzar, alternándose con el trombón, la flauta y el fliscorno para improvisar. Almorzando charlaron del Ejército, de todo cuanto no habían podido contarles por carta. Después cada pareja se metió a su dormitorio, los chicos a deshacer los baúles. Sev comenzó de inmediato, Hipólita no.
-Buf… qué pereza, Prince… - decía ella - Era mucho mejor cuando esto me lo hacía mi madre, con magia…
-Venga, Hipólita, que es un ratito, luego nos echamos una siesta.
-¿Y si nos la echamos antes?
-Ni hablar, primero la obligación.
-Hoy nos toca paja, Prince…
-Mejor por la noche.
-Nunca hemos probado por la tarde, y esta noche hay película y estaremos reventados.
-Yo no sé si veré la película, ¿eh? Voy a ir a cenar con mi madre.
-Pues con más razón para hacerlo ahora. Venga, desnúdate.
-Vamos a vaciar los baúles, Hipólita.
-Buf… me libré de mis padres pero llegaste tú.
-Pues sí, no todo es fácil en esta vida.
-Trato. Vacío mi baúl si después te haces una paja.
-Vale…
Hipólita comenzó a vaciar su baúl.
-Mientras tanto voy a pensar en cómo ponerte, a elegir de mi repertorio, porque la próxima toca el martes y ya nos daremos besos, ya no tendré que tirar tanto de imaginación.
-Claro, claro…
-Por eso la de hoy ha de ser muy especial, porque es la última sin beso.
-Desde luego. Te gustan más a ti las pajas que a mí.
-Claro, Prince, porque te amo, disfruto de verte disfrutar, ya que yo no llego con eso me llega.
-Claro, cariño.
-Aunque desde que duermes siempre conmigo no he vuelto a intentarlo.
-Claro, pues hazlo si quieres, ¿eh? A mí no me importa.
-No, Prince, he decidido que la primera vez que me vaya sea contigo, lo que ya pensé una vez.
-Maravilloso.
-Ahora ya no falta tanto tiempo para que ocurra.
-Claro que no, dentro de tres meses ya podremos, ¿querrás ya?
-Sí, Prince, para mi cumpleaños, sí, sí.
-Estupendo.
-Pero la Unión no la haremos al menos hasta el próximo año. Quiero muchos meses sin meterla para aprender a irme.
-Lo que quieras tú, yo no tengo ninguna prisa.
-Claro, porque tienes a Alice, y también por eso quiero para el próximo año, cuando ella se haya quitado de en medio y te tenga sólo para mí.
-Ah… pilluela…
-Para que te vuelvas loco conmigo.
-Claro, claro…
-Ya pensaré si en septiembre o espero unos meses más para que te hayas desenganchado de ella y tengas muchas ganas conmigo.
-En septiembre, Hipólita, hay que aprovechar todo lo que podamos.
-Vaya… el que no tenía prisa… Pero el novilunio de septiembre cae más temprano que este año, el día trece, te fastidiaría medio mes de agosto con Alice.
-Claro… ¿Ya has consultado incluso las efemérides de septiembre?
-Desde luego, Prince, hay que planificar. Lo pensaré de aquí a entonces.
-¿Vas a contarles a tus padres lo del beso?
-No sé, Prince, no es necesario contarles nada. Ya les pasamos nuestra copia de la Magia Roja y ya verán que nos besamos cuando lo hagamos delante de ellos.
-Claro, claro…
-Porque lo haremos, al igual que ellos no se cortan un pelo.
-Claro que sí.
-Ahora le están dando, ¿no los oyes?
-Claro que los oigo.
-Podrían cortarse y usar el Muffliato ya que se lo enseñamos, pero nunca se cortaron un pelo. Con la excusa de que veníamos nosotros se están echando uno por la tarde.
-Cierto.
-Y luego siesta, y así pasan el invierno. Así que ya sabes, tú tampoco te cortes. Si hoy te gusta mucho la paja, grita, fuimos muy bobos en verano.
-Pues sí.
-Si luego preguntan algo verás qué corte les doy.
-Estupendo, meu amor.
-Vamos a callarnos, que tengo que elegir de mi repertorio.
-Vale, vale…
Terminaron de vaciar los baúles, se desnudaron, apartaron la ropa de cama para no manchar y se tumbaron en ella frente a frente.
-Ya sé dónde nos lo haremos por primera vez – dijo ella.
-¿Dónde, cariño?
-Porque ha de ser de día para que la luna esté en el cielo en el novilunio.
-Claro…
-Encaramados al roble de la Sala, en mi árbol, donde me llevaste a adquirir los poderes.
-Buaaah… precioso…
-En una rama ancha y resistente, tú sentado contra el tronco y yo sobre ti.
-Así es difícil irse para ti, meu amor, y en la Unión de las Almas hay que irse.
-Ya. Pues te tumbas sobre mí o me tumbo sobre ti. Ya habremos practicado mucho, practicaremos también allí mismo sin meterla para que me acostumbre a estar incómoda.
-Buah… será maravilloso… Pero no tenemos por qué hacer la Unión en nuestra primera vez, eso de ser virgen o no son bobadas cristianas.
-Ya, ya lo sé, pero aunque no hagamos la Unión estaría bien conseguir irnos juntos en nuestra primera vez. Además, es así como lo he imaginado, déjame que te lo cuente así.
-Desde luego. Y más así, será muy bonito.
-Pero no te pone caliente, no ha sido buena idea ésta para la paja.
-Es porque me parece muy tierno.
-Prince, pues la ternura también debería ponerte. Eres muy retorcido, ¿eh?
-Sí, cariño…
Ella lo acarició retirándole los mechones de la frente.
-He de curarte de eso, porque Alice no está consiguiéndolo. Yo lo haré, en una larga temporada ya no más imaginación maléfica, no conmigo.
-Vale…
-Anda, cierra los ojos e imagina cómo será, tú sentado contra el tronco, con ambas piernas a los lados de la rama.
Él cerró los ojos y comenzó a imaginar.
-Yo sentada sobre ti con las piernas abiertas.
-Claro…
-Me la meterás de una vez para romperme y nos quedaremos un rato quietos, pronunciando los conjuros y sintiéndonos.
-Desde luego.
-También para que no te vayas, pues estaré muy estrecha. Nos quedaremos abrazados, en contacto con el árbol además, con algo natural y completamente desnudos, naturales como él.
-Claro…
-Bien… ya te estás poniendo… Yo no tendré punto de apoyo, tendrás que moverme tú.
-Cierto.
-Lo haremos a tu manera todo el rato que te apetezca.
-Claro…
-Imagínalo, imagina que ya estás dentro de mí.
-Wooow…
Creció por completo y comenzó a hacérselo.
-Bien… lo conseguimos… Sigue imaginado, piensa durante un rato que me lo estás haciendo así.
-Vale…
Al rato le dijo:
-Después será mi turno, me recostaré en la rama sin que salgas de mí y te pondrás encima de mí.
-Buf… ¿y si nos caemos, Hipólita?
-No nos caeremos, ya habremos practicado. Yo abrazaré la rama con los brazos por detrás y tú me abrazarás a mí y a la rama.
-Claro...
-Podrás clavarte muy profundo, ayudándote de los pies contra el tronco, y lo haremos todo el tiempo que sea necesario hasta que yo me vaya, no cejaremos hasta que lo consigamos.
-Claro…
-Imagínalo un rato, imagínalo.
Pasaron así un rato más.
-Último paso. Cuando yo me vaya, cuando lo sientas, te irás tú también a mi ritmo, porque eso ya lo has practicado mucho.
-Desde luego.
-Imagínalo y vete.
Él lo imaginó y se fue, jadeando intensamente. En cuanto terminó, ella lo abrazó.
-Prince… lo hemos conseguido, nuestra última paja sin beso, la más tierna y especial…
