Beso
Hipólita y Sev tenían unos días de descanso hasta que pasara el día de Navidad, que Sev repartió entre la casita de Godric's Hollow y Cokeworth. El día veintiuno, martes, tras tomar el té con Andrea, salieron a pasear por el pueblo ya de noche, bajo la nevada, tomados de la mano y muy abrigados.
-Buf… Prince… qué nerviosa estoy…
-Y yo, cariño, estoy muy emocionado.
-Al final no ha resultado tan mal lo de planearlo, lo he disfrutado anticipándolo durante mucho tiempo, he imaginado mil veces cómo va a ser. ¿Y tú?
-Yo no, ya lo hacía con Lily y al final no se pareció en nada a como lo había imaginado. Fue muy triste, los dos llorando.
-Has de contarme esa historia, ¿eh?
-Claro que sí, meu amor, lo haré.
-Pero hoy no, hoy olvídate de ella. Piensa sólo en mí, en nosotros, perdona por habértela recordado.
-Claro que sí, no pasa nada, sólo pienso en ti.
-Si entonces lo imaginabas era porque era el primero para ti, como me pasa ahora a mí.
-Claro… Y así fue como aprendí a besar, imaginándolo, ya sabía besar antes de hacerlo por primera vez.
-Vaya… Entonces yo también voy a saber…
-Estupendo. Voy a dejar que lo hagas a tu manera.
-¿En serio?
-Claro, es tu primer beso, mandas tú. Ya te daré muchos más a mi manera.
-Genial. Vamos a callarnos hasta que lo hagamos, hablar de ello le quita la magia.
-Cierto.
Continuaron caminando en silencio hasta la plaza de la iglesia, ambos profundamente emocionados por el mágico ambiente invernal del pueblo de Godric's Hollow de noche, bajo la nevada, con sólo la luz de las ventanas para alumbrarse por el camino.
Llegaron por fin. La vidriera de la iglesia estaba iluminada y su resplandor teñía de colores la plaza cubierta de nieve, los villancicos se oían en el interior del edificio, Sev nunca la había visto así. Sin decirse nada llegaron hasta el centro de la plaza y se abrazaron, Hipólita le dijo, de viva voz, al oído:
-Te amo… Prince…
-Te amo, Hipólita…
Ella enredó los dedos en sus cabellos y comenzó a besarle el rostro, recorriendo su mejilla casi desde su oreja hasta llegar a su boca, y cuando llegó a ésta lo besó repetidas veces sólo con los labios, besos todos ellos que él devolvió. Después ella recorrió con la punta de la lengua la comisura de los labios de él. Le habló vinculada:
-Qué bien sabes y qué labios más suaves tienes, me conformaría sólo con esto.
-Vaya… todavía nunca me habían dicho eso. Yo no me conformo, quiero más, mucho más.
-Ahora verás.
Ella volvió a besarlo con besos más abiertos y en cuanto tuvo ocasión introdujo la lengua entre sus labios y dientes obligándolo a abrir la boca, que invadió sin miramiento alguno, dándole un beso de verdad muy largo y profundo, con el que Sev alucinó.
-Wooow… Hipólita… qué bien besas…
-De algo tenía que servir imaginarlo tantas veces.
-Desde luego. Cómo vamos a disfrutar…
-¿Te has puesto caliente?
-Por supuesto que lo he hecho, estoy como una moto.
-Bien… Si no llevaras el abrigo lo comprobaba. Ya voy teniendo muchas ganas de tocarte también, ¿eh?
-Hazlo cuando quieras y cuanto quieras.
-No, no, voy a hacerte esperar tres meses para que tengas muchas más ganas conmigo, poniéndote caliente con besos pero sin irte.
-Qué mala eres…
-Hay que estar a tu altura, Prince… Además, a partir de la semana que viene has de pasar un mes sin irte y apenas vas a ver a Alice, de lo contrario no aguantaréis. Vas a estar a mi merced.
-Qué mala eres…
-La que más. Ya estoy pensándome incluso lo de las pajas que nos quedan.
-No… no seas mala… - suplicante - No me dejes también sin pajas…
-Así me gusta verte, suplicándome. Ya te tengo dominado, con sólo un beso te vencí.
-Por supuesto que lo has hecho.
Pasaron mucho tiempo así, hasta quedar cubiertos de nieve. De camino a casa fueron bromeando y riendo porque tenían el pelo mojado. Cuando llegaron, Andrea los regañó.
-Qué desastre, ¿cómo habéis pasado tanto tiempo fuera con la que está cayendo?
-Mamá, cállate, debíamos hacer algo muy importante – le espetó Hipólita.
-A la bañera directos, un buen baño de agua caliente.
-Buf… a mí no me apetece nada, me seco el pelo y ya está.
-Prince va a agarrarse un buen resfriado. Mientras tú te lo secas que se bañe él.
-Báñate conmigo, Hipólita… – dijo Sev, suplicante.
-Lo pensaré – dijo Hipólita.
Se metieron en el cuarto de baño, ella puso a llenar la bañera y comenzaron ambos a desvestirse.
-¿Vas a bañarte conmigo? – le preguntó él, ilusionado.
-Lo pensaré, por el momento voy a cambiarme de ropa, a ponerme ya el pijama.
-Qué mala eres…
-Tres veces, suerte.
-Báñate conmigo… - suplicante – Paja en la bañera… bajo el agua, como tu fantasía del Lago, nunca lo he hecho en la bañera…
-Buf… vas a convencerme, ¿eh? La bañera es muy pequeña para los dos, haber aprovechado cuando estuvimos en casa de Jack, que ahí sí que habría querido.
-Jo, Hipólita… de eso hace casi seis meses, no llevábamos ni un mes juntos.
-Ya, ya, pero parece que porque te he dado un beso ya lo quieres todo.
-No estoy pidiéndote nada que no hayamos hecho ya.
-Ah… Pensaba que querías que te hiciera yo la paja, por eso te he dicho que te la habría hecho en casa de Jack.
-En absoluto, sólo quiero bañarme contigo y que me pongas caliente.
-Vale, vale. Venga, si ya estás métete y ve mojándote con agua caliente para no resfriarte.
Él lo hizo, se metió y se remojó con el grifo de la ducha.
-Qué bien que mis padres compraron un calentador más grande, ahora llega para llenarla bien.
-Con el tiempo deberíamos volver a instalar cocina de leña como había en la época de tus abuelos.
-Pero entonces no cabría la de gas, Prince, la cocina es muy pequeña.
-Podríamos unirla a la sala como en el ático de Lauren.
-Cierto. Pues propónselo a mi madre, ella misma podría hacer la obra. Anda, túmbate ya mientras sigue llenándose y déjame sitio para que entre yo.
-Vale, vale.
Sev se sentó en la bañera e Hipólita entró, remojándose también con agua caliente.
-Wooow… Ya no me arrepiento de haberme metido, estaba pelada de frío.
-Claro, boba…
Ella le enfocó el grifo de agua caliente a la cara.
-Hipólita, no hagas eso, no me gusta nada el agua caliente en la cara.
-Mira que eres raro, ¿eh? Tienes más manías que un viejo gruñón. ¿Quién te aguantará de viejo?
-Tú no. Habrá una chica que quizá todavía no ha nacido que se enamorará de mí cuando sea profesor.
-Ja… tus ganas. Una mucho más joven que tú, ¿no? Al que le parecía que dos años eran mucha diferencia. La llevas clara.
-En absoluto, la elegiré y haré que se enamore de mí durante años.
-Buf… que la elegirá… Pienso que muchas bobas se enamorarán de ti, pero no precisamente la que tú elijas.
-Eso lo veremos – desafiante.
-¿Quién te ha metido esas ideas en la cabeza? ¿Deborah?
-No, Alice. Tuvo la idea y yo la desarrollé.
-Vaya… esta Alice… Tirando piedras contra su propio tejado, porque antes la dejarás a ella que a mí, tenlo por seguro.
-Desde luego que lo tengo.
Hipólita se sentó frente a él en la bañera, entre sus pies.
-A ver si aguantáis el próximo año que apenas vais a veros. Alice no lo lleva bien, mira que quedarse en Hogwarts para no extrañarte tanto…
-Y para aprovechar la Sala de Menesteres.
-Precisamente el lugar donde más va a extrañarte.
-No, porque pensaba pedir demandas de cosas que le apeteciera hacer.
-Claro, claro… Alice necesita aficiones. Si el próximo año no se mete a la Academia de Aurores va a aburrirse un montón, e incluso aunque lo haga.
-Ya te digo.
-Sólo le gusta luchar.
-Cierto.
-Y follar contigo.
Rieron.
-Los tacos de Amparo.
-Cómo la he echado de menos, y no podemos ni escribirle. ¿Vamos a quedar con ella esta Navidad?
-Podríamos hacerlo, dar alguna clase en la Biblioteca de Cokeworth.
-Claro… Pasando de Lily, ¿no?
-Así tendrá que ser, llevo desde el verano sin hablar con ella.
-Ni yo, ni siquiera cuando nos vemos en los entrenamientos. Ya ni me saluda.
-Ni a mí.
-Qué triste.
-Desde luego.
-Si alguna vez tú y yo terminamos no nos va a pasar así, ¿eh? Que lo sepas, yo voy a seguir queriéndote un montón aunque seas tú quien me deje.
-Gracias, meu amor.
-¿Vamos con la paja, que ya te cubre el agua?
-Vamos.
-Hoy no voy a hacerte imaginar nada, sólo voy a besarte como antes.
-Wooow…
-Allá voy.
Ella se tumbó sobre él, piel contra piel, bajo el agua, y lo besó con mucha pasión.
-Buaaah… ya la tienes dura… cómo la siento… Me la metía ya mismo…
-Hazlo.
-No, Prince, todos los planes al traste, en una semana comienza tu período de abstinencia para Alice.
-Paso de ella, quiero contigo.
-Ni hablar, las cosas bien pensadas. Eso es porque llevas quince días sin follar, en cuanto vuelvas a estar con ella vuelves a alucinar. Y recuerda, yo no quiero todavía, he de practicar mucho sin meterla para poder irme contigo en nuestra primera vez. Aquí no me iría, Prince, no tengo espacio ni para abrirme de piernas, no te vuelvas loco.
-Vale, vale…
-Lo que sí puedo hacer es ayudarte.
-Dale.
Ella comenzó a frotarse contra él sin dejar de besarlo.
-Wooow…
-Baja un poco más para que me dé gusto a mí también – dijo ella.
Se recolocaron haciendo coincidir sus sexos.
-Wooow… bajo el agua caliente, es alucinante… - dijo Hipólita - Lo haremos en las bañeras de la Sala de Menesteres, pienso que me resultará más fácil.
-Vaya…
-Claro…
-Dale todo lo que quieras, a ver si consigues irte, minha vida.
-Ya te digo que voy a darle mucho rato, esto es mucho mejor que mi mano. ¿A ti te está gustando?
-Me encanta, lo haces genial.
-Porque también lo he imaginado muchas veces, cuando lo intentaba sola.
-Claro…
-Un amplísimo repertorio que irás descubriendo poquito a poco, porque yo no te lo daré todo de golpe, para tenerte bien pillado durante mucho tiempo.
-Qué mala eres…
-Ventajas de ser la última de la fila, aprendiendo de los errores que cometen las demás. Esto se me acaba de ocurrir viendo cómo ahora estabas dispuesto a pasar de Alice porque ya has hecho de todo con ella.
-Claro… ¿Quieres que te ayude?
-¿Y qué harías?
-Apretarte más contra mí.
-¿Agarrándome del culo?
-Sí, a tu ritmo.
-Vale, dale.
Él lo hizo, la movió al ritmo de ella, ambos comenzaron a jadear.
-Wooow… esto es fantástico, Prince… así sí que te siento…
-Claro…
-¿Puedes darle mucho rato?
-Todo el que quieras.
-Eres perfecto, en plena forma en todos los sentidos… Sé que contigo me iré…
-Anda, calla y disfruta. Si llegas al borde avisa para que me vaya contigo.
-No sé qué es eso del borde.
-Cuando sientes que vas a irte.
-Pero no sé si lo sabré.
-Claro… En ese caso vete y ya está, cuando llegues lo sabrás, me lo dices.
-Estupendo.
Pasaron así un buen rato, se interrumpieron cuando la bañera ya casi rebosaba y tuvieron que cerrar los grifos.
-Buf… a volver a empezar… - dijo ella.
-No tengas prisa, meu amor.
-Mi madre va a mosquearse. Mi padre ya debe haber llegado y seguro que tiene que pasar al baño.
-Que lo haga fuera, por una vez no pasa nada.
-Vale, vale…
-No pienses en eso ahora, y no te pongas nerviosa ni tengas prisa, sólo disfruta.
-Vale, Prince, vale…
-Voy a ayudarte un poco más, voy a morderte los labios.
-Wooow…
Siguieron haciéndolo así otro montón de rato, el agua ya se estaba enfriando cuando Hipólita dijo:
-Ahora… wooow… es alucinante, alucinante…
Él también se dejó ir apretándola contra sí con todas sus fuerzas pero sin cambiar el ritmo.
-Wooow… te siento latir al mismo tiempo que yo…
-Claro… es precioso, minha vida…
-Lo que me he estado perdiendo, Prince…
-Ya no más…
-Pero sola no me sale…
-Te lo haré siempre que quieras, meu amor…
-No se acaba… sigue y sigue…
-Claro… no tengas prisa y no hables, disfrútalo…
Por fin terminó y descansó sobre él.
-Buf… he quedado reventada. Ahora entiendo lo de hacerlo en una cama, cuando llegas sólo te apetece dormir.
-¿Has estado haciendo fuerza para llegar, cariño?
-Sí, con los abdominales y las piernas.
-Por eso te ha costado tanto, has de hacerlo relajada.
-Ya… Pues eso es lo que me pasa cuando lo hago sola, que siempre hago fuerza.
-Claro… ¿Y eso no te lo ha explicado ninguna chica?
-Valerie me dijo que lo hiciera.
-Una que se acostumbró mal porque con Andrew nunca llegaba, y después maleducándote a ti. Le voy a dar.
-No, Prince, no le digas nada, lo importante es que lo hemos conseguido, y de paso hemos hecho ejercicio ya que ahora apenas podemos hacer nada fuera. Vamos a perder la forma en Navidad.
-No, no, le daremos a esto.
-Pero tú no puedes a partir de la semana que viene.
-Pero te lo haré para ti con la boca y la mano, no necesitas demasiada presión. Lo lograremos, ya verás.
-Estupendo. Se ha enfriado el agua y mi madre debe estar subiéndose por las paredes.
-Descansa un rato…
-Es que me está entrando frío, Prince, vamos a salir ya.
-Tenemos que lavarnos.
-¿Necesitas lavarte el pelo?
-No, me lo he lavado esta mañana.
-Pues ya está, salimos sin lavarnos.
-De acuerdo.
Salieron de la bañera y se secaron, también el pelo, con el secador el uno al otro, dejándolo como les gustaba. Cuando salieron a la sala vestidos con las batas y los pijamas, Andrea ya estaba en la cocina haciendo la cena y Philip tocando el piano. Cuando los vio se interrumpió y les dijo:
-Vaya… la que no iba a bañarse…
-¿Ya te ha calentado mamá la cabeza? – le preguntó Hipólita.
-No, cariño, pero he tenido que hacer mis cosas en la calle con la nevada que está cayendo.
-Lo sentimos mucho, papá, se estaba muy a gusto en la bañera.
-Si hubiera estado sólo Prince habría pasado con su permiso, ¿eh? Pero contigo no.
-Hemos de colgar una cortina de bañera para que no se vea a quién está dentro y pueda pasar otro.
-Pues no es mala idea. Luego se lo decimos a tu madre y que vaya mañana por ella.
-Claro, papá, la tienen en todas las casas, también para que no salga el agua fuera de la ducha.
-Si nos lo hubieras dicho antes ya estaría puesta, habría podido convocarla tu tío el domingo.
-Cierto.
-Contaba con tocar un rato con vosotros, pero ya no merece la pena que saquéis los instrumentos antes de cenar, ya casi va a estar.
-Jo… ¿Tanto rato hemos pasado dentro?
-Pues sí, cariño, sí.
Cenaron y después tocaron un rato. Sev sacó al piano los villancicos que habían oído en la plaza de la iglesia, los tocó y cantaron los cuatro. Justo antes de irse a dormir, Hipólita le dijo:
-Vamos a hacerlo oficial, Prince. Besémonos ante alguien más por primera vez.
Lo hicieron con no menos pasión que las veces anteriores, dejando alucinados a Andrea y Philip. Cuando se separaron, ella les dijo, emocionada:
-Chicos… enhorabuena… ¿Eso es lo que habéis ido a hacer a la plaza de la iglesia?
-Sí, mamá, ha sido en la plaza de la iglesia, por eso hemos tardado tanto – respondió Hipólita - ¿Quieres más detalles?
-No, ninguno, ninguno.
-Si considero conveniente contarte algo más lo haré en privado.
-De acuerdo, mi amor.
-¿A ti qué te ha parecido, papá? Has quedado alucinado, ¿verdad?
-Sí, pero no porque no lo esperara, pensaba que ya lo hacíais desde hace mucho tiempo, sino por cómo lo hacéis siendo vuestras primeras veces – respondió Philip - Ha sido un beso de película, digno de los mejores actores, una belleza verlo.
-Vaya…
-En la bañera habéis estado practicando, ¿verdad?
Todos rieron.
-¡No te metas en nuestra vida! – le espetó Hipólita.
-Vale, vale… cuidado si os lo hacéis, ¿eh? No es necesario que volvamos a tener aquella conversación tan incómoda, ¿verdad?
-No, Philip, no – le dijo Sev.
-Ahora Prince ya controlaría, ya no es virgen – dijo Hipólita.
-Hipólita, no te permito hablar de eso.
-Venga, Prince, si no pasa nada… No seas remilgado, mis padres no se asustan.
-Jo…
-Claro, Prince, desde el principio ya sabíamos lo que había contigo – le dijo Philip – Si nuestra hija lo acepta no tenemos nada que decir.
-Y ella lo acepta, se lo toma con mucha más filosofía que tú – dijo Andrea – No es algo de lo que debas avergonzarte, afortunado eres si eres capaz de hacer felices a varias personas, si eres capaz de repartirte así.
-Estoy aprendiendo todavía – dijo Sev.
-Pues sí, porque Alice es medio boba y lo pone en aprietos – dijo Hipólita.
-¿Alice? ¿La Gryff? – preguntó Andrea, asombrada.
-Sí, sí, Alice, la mejor guerrera del mundo mágico, vencida por Prince.
-¿Pero no llevaba ya muchos años con Frank?
-Mamá, no te enteras de nada. Lo dejó ya a principios de julio, en cuanto se enamoró de Prince, y le esperó más de dos meses hasta que se lo hicieron.
-Vaya…
-Claro, cualquiera que cate a Prince ya no lo cambia por nadie.
-Desde luego.
-Ahora me toca pelear para que no me abandone a mí como ha hecho con tantas. Pero voy a saber conservarlo, ya verás, ya me estoy curtiendo desde mediados de septiembre.
-Muy bien, cariño, eso hay que aprender a hacer.
-Bueno, ahí os quedáis, nos vamos a la cama a seguir practicando.
Volvieron a reír, se despidieron con besos de buenas noches y se marcharon a dormir.
