Curarse
En cuanto entraron en el dormitorio, Sev le dijo a Hipólita:
-Hipólita, no me ha hecho ninguna gracia que le contaras lo de Alice a tus padres.
-¡Prince! ¡Espabila! No estás haciendo nada malo, mis padres son tu familia y ésta es tu casa, si hubiera otro dormitorio podrías traer a Alice aquí.
-Ya.
-Mis padres ya se esperan esas cosas desde que les hablé de que estabas con Lauren nada más llegar en verano.
-Claro…
-Y ya los has oído, te admiran por ello. Somos brujos, Prince, y Slys, y mi padre es hombre y puede aconsejarte en las cosas. ¿O acaso no te contó lo de la marcha atrás, que Deborah no te lo había contado?
-Cierto.
-Pues ya sabes, Prince, mi padre también es tu padre, puedes confiar en él para todo.
-Claro…
-Siempre te llama hijo, lo sabes, eres como el segundo hijo que no han podido tener.
-Hay que proponerles que lo tengan ahora que les va bien.
-Eso es cosa suya, Prince, seguro que ya lo han pensado. Y piensa algo más, la guerra, éste es un pueblo mágico que podría ser atacado.
-Cierto.
-¿Y dónde lo meterían cuando nosotros estuviéramos aquí? En cuanto dejara de dormir en cuna tendrían que meter otra cama en esta habitación, ya no cabríamos los dos.
-Claro… En ese caso me iría yo.
-No, Prince, porque entonces te extrañarían a ti, tú ya eres un hijo para ellos. Tranquilo, todavía les quedarán años por delante después de que nosotros nos independicemos y vivamos en Hogwarts.
-Vale…
-Anda, métete en la cama y no le des vueltas a esas cosas. ¿Has vuelto a ponerte caliente con el beso?
-No, delante de tus padres no.
-Mira que eres remilgado, Prince… No pasa nada, te pongo en un periquete.
-No quiero hacer nada más, Hipólita.
-Sí, sí, tenemos una semana de locura por delante, no vamos a desperdiciarla, para que en cuanto hagas la Unión con Alice no te dé una nueva locura con ella, me tengas también a mí. Te convengo más que ella, mucho más.
-Cierto…
Se metieron en la cama, Hipólita se lanzó a besarlo reteniéndolo por la cabeza.
-Me vuelve loca esto, pasaría horas y horas haciéndolo…
-Y yo… Voy a dejar a Alice, Hipólita…
-Por eso te has enfadado porque hablara de ella delante de mis padres, ¿verdad? Sigues con esa idea en la cabeza.
-Sí, Hipólita, pero no ha sido sólo por lo de hoy, ya me lo hiciste ver el sábado. Con ella me he acostumbrado a ser muy sucio, le he hecho adoptar mi forma de ver el sexo y no me gusta, me paso de la raya.
-Pues lo tienes fácil, pídele que no se deje.
-Si no se deja se lo hago a la fuerza.
-Buah…
Hipólita se separó de él, asustada.
-Sí, Hipólita.
-Ya te digo que te pasas de la raya y que no te conviene, porque no debería dejarte que le hicieras esas cosas, en todo caso una vez y después abandonarte.
-Claro… Pues ya se lo hice la primera noche.
-Buf… Ni hablar, ni hablar. Piénsalo durante una semana, le escribes y la dejas, que no mantenga la abstinencia por ti.
-Claro… Pero me parece fatal dejarla por carta.
-Prince, es problema suyo que se haya quedado en Hogwarts. Es ella quien está incomunicada, no tú.
-Cierto.
-Y tiene una enfermedad muy grave, ¿eh? Peor que la tuya. Está tan enganchada a ti que es capaz de perder toda su dignidad por complacerte. Eso es muy enfermizo.
-Desde luego. Buf… me estoy arrepintiendo mucho de lo que le hice la penúltima noche, cuando nos vinculamos.
-Cuéntamelo para sacarlo fuera.
-No, Hipólita, me da mucho apuro. Acabas de asustarte de lo que ya te he contado.
-Prince… eres peligroso, he de conocerte si quiero estar contigo. Venga, no me asusto.
Él se lo contó, ella no le interrumpió en todo el tiempo. Concluyó:
-Y todavía le hice dormir esa noche con la herida, con poción de sueño para repetir por la mañana.
-Buf… Vaya tela, Prince, con lo que debe doler una herida ahí abajo, en una zona tan sensible.
-Pues sí.
-Ya te digo que te pasaste un montón.
-Pero fue ella quien me animó a hacer todo eso. Primero me lo propuso y luego se arrepintió.
-Entonces también fue culpa suya. Prince, no lo pienses ni una semana, escríbele mañana mismo, si quiere que le pida a Minerva venir hasta aquí por Red Flu y charláis.
-Claro…
-Quizá todavía lo salvéis, pero ella debería cambiar radicalmente su actitud, un cambio que no va a hacer en apenas una semana, porque ya se ha acostumbrado durante meses a ser así para retenerte. Un fallo muy gordo, poner su relación contigo por delante de su propio criterio y dignidad.
-Cierto. Tú también me dijiste que estarías dispuesta a que te doliera por complacerme.
-Pero siempre hasta cierto punto, Prince, y si a mí también me da placer. Y nunca dejaré que me la metas a la fuerza, en todo caso te someteré yo a ti.
-Claro…
-Será jugando.
-Claro, claro…
-Y si tengo una herida no me dejaré hasta que me cure, el dolor sólo será si es inevitable, cuando tenga el período o me la des por detrás si me duele por detrás.
-Claro, claro…
-Y tú también debes cambiar tu actitud, que dejen de ponerte esas cosas, lo de hacer daño. Pero para eso me tienes a mí, yo voy a ayudarte mucho.
-Gracias, cariño… - llorando.
Ella lo abrazó.
-Venga, no llores. Quedamos así, mañana le escribes a Alice y tenéis cuanto antes una charla sobre el tema para que os dé tiempo de pensar mientras estéis separados. Podéis decidir aplazar la Unión para más adelante.
-Claro…
-Para que os dé tiempo a curaros a los dos, no creo que debáis volver a las andadas mientras no lo solucionéis.
-Claro, claro…
-Míralo por el lado bueno. ¡Vamos a tener período prolongado de locura tú y yo! ¡Tendremos más de una semana!
-Bien… - riendo.
-Así me gusta. Eres como el arco iris, que sale cuando llueve y hace sol a la vez. Lloras y ríes a un tiempo, eres maravilloso, Prince. En cierto modo comprendo a Alice, ¿eh? La pobre no se ha tomado tiempo para conocerte bien y saber qué es lo que necesitas de verdad para engancharte, y tampoco, al parecer, tenía muy buena educación en ese aspecto.
-Pues no, ya ves que se lleva fatal con sus padres, son viejos y nunca le han hablado de esas cosas.
-Claro… Vamos, olvídalo todo ya – separándose de él y limpiándole las lágrimas con los dedos - ¿Has visto cómo no me he asustado? Hay que saber disculpar cuando alguien reconoce que tiene un problema y necesita ayuda para superarlo, esto va a unirnos mucho. Dificultades que superaremos juntos, como fue también en verano, lo de Ariel y lo de las chicas.
-Desde luego.
-No me dejarás por esa jovenzuela, deberá compartirte conmigo.
-Claro que sí.
-En todo caso te dejaré yo a ti si te vuelves un viejo gruñón.
Rieron.
-Te doy permiso para hacerlo.
-Tú no tienes ningún permiso que darme… - con desdén.
Volvieron a reír.
-Hipólita, eres fantástica, te amo mais que á minha vida.
Se lanzó a besarla y pasaron así mucho rato.
-¿Estás caliente…? – le preguntó ella.
-Ya te digo que lo estoy…
-Tócame las tetas…
-Buf…
-Sí, Prince, en la bañera me he quedado con las ganas…
-Vale… Si te hago daño avísame.
Se las masajeó febrilmente.
-Wooow… nunca me habías tocado así…
-¿Te gusta…?
-Me vuelve loca…
-¿No te duele…?
-Nada, nada… ¿Ves? Ya te estoy curando, si me doliera no me lo harías así. Cuando falte poco para mi período no podrás hacérmelo.
-Claro…
-Ahora voy a hacerte yo la paja…
-Wooow…
-A ver si ya he aprendido después de ver tantas y todos los consejos de las chicas.
-Vaya tela…
-Me he vuelto la más sabia, Prince, estando todavía sin estrenar, ahora sí que valgo mi peso en oro. Allá voy.
Se la tomó con firmeza con la mano y comenzó a hacérselo muy lento, con el pulgar le apretaba mucho la punta cuando pasaba por ahí.
-Buaaah… qué gusto…
-Gusto el mío, me encanta tocártela dura y no he podido hacerlo desde casa de Jack, siempre aguantándome las ganas de hacerlo cuando te veía.
-Claro…
-Cuando te aburras avisa.
-Cuando te aburras tú, yo no voy a aburrirme. Hazlo a tu manera, sorpréndeme.
A los diez minutos pasó a ritmo medio.
-¿Soportas mucho rato así?
-Ya te digo que lo hago, estando acostumbrado a follar.
-Estupendo, te ha ido bien entonces.
Pasó así otros diez minutos.
-Ahora túmbate de espaldas, necesito las dos manos.
Él se tumbó de espaldas con los brazos tras la cabeza, mirándola hacer. Ella se arrodilló a ambos lados de sus piernas y se la tomó con la izquierda apretándole el punto en la base que solía apretar Lauren.
-¿Es aquí el truco de Lauren?
-Sí, cariño.
-Genial. ¿Sabes? Fue muy gracioso, me lo explicó con un pepino.
-Vaya… - se carcajeó.
-Luego nos lo comimos en los sándwiches del té.
-Vaya tela…
Volvió a comenzar a ritmo medio pero enseguida pasó a frenético.
-Buaaah… No habían vuelto a hacérmelo desde entonces, más de seis meses.
-No sé cuánto rato aguantaré así, ¿eh? Se me cansa la mano.
-Claro, claro…
-Cuando me canse cambio de mano.
-No, cariño… ya me ha llegado…
-Prince… he de fortalecerme, me irá bien para la guitarra hacerlo con la izquierda.
-Claro…
-Quizá no te guste tanto con la izquierda.
-Eso a mí me da igual, yo también me las hice con la izquierda cuando me rompieron el brazo.
-Vaya… muchas historias por contarme todavía…
-Desde luego.
Ella cambió cuatro veces de mano, a la quinta, le dijo él:
-Ya me llega, meu amor. Quiero acabar.
-Lo haces por mí.
-No, en serio, ya me llega.
-Terminarás cuando lo diga yo, me has pedido que te sorprenda.
-Vale.
Al minuto, Hipólita dejó de presionar el punto y él estalló gritando, ella pasó a movimientos lentos.
-Buaaah… cómo te has ido, de golpe, ha salido disparado como aquella vez…
Cuando terminó él le dijo mientras ella lo abrazaba:
-Pienso que ha sido por retenerlo durante tanto tiempo.
-¿Con Lauren no te pasó así?
-No lo sé, porque me lo hizo con la boca.
-Claro…
-Entonces nunca te lo habían hecho así.
-No, cariño, a Valerie también le conté el truco pero no me lo hizo hasta que me fui.
-¿Te has quedado a gusto?
-Ya te digo, voy a dormir como un bendito.
-Voy a taparnos entonces.
Ella los tapó.
-Vale, pero quédate así, encima de mí. ¿Podrás dormir así?
-Ya te digo que podré, Prince, tengo sueño desde que nos bañamos y me fui yo.
-Estupendo.
-Unos pocos besos más…
-Vale…
-Sólo con los labios ahora, para no volvernos locos…
-Maravilloso…
Se dieron muchos besos contenidos sólo con los labios, que los hicieron alucinar también a ambos hasta que cayeron rendidos de sueño.
. . . . . . . . .
Comenzó así la temporada de saludable locura con Hipólita. Al día siguiente Sev escribió a Alice y se la envió al colegio con la lechuza de la chica. Le llegó respuesta el jueves por la mañana, día veintitrés, anunciándole que iría a verle nada más terminara de almorzar.
-Buf… ha enviado la lechuza de madrugada… - dijo Hipólita.
-Cierto.
-Ya ha pasado la noche sin dormir dándole vueltas. ¿Le has dicho algo por carta?
-No, sólo que teníamos que hablar cuanto antes.
-Claro… Bueno, tenemos toda la mañana para planificar la charla.
-Cierto.
-Lo primero que tienes que hacer es pedirle disculpas por haberla tratado así, haciéndole creer que así conseguiría retenerte.
-No, cariño, yo pensaba que en efecto lo estaba haciendo.
-Prince, despierta, no es la primera vez que caes en ese error, ya te ocurrió con Lauren, tú también has tenido culpa.
-Tienes razón.
-Se lo explicas así si quieres, pero te disculpas también por no haber caído antes en la cuenta. Cuéntale si quieres que has hablado conmigo y yo te lo he hecho ver.
-Vale…
-Y que ahora has decidido curarte y para eso necesitas desconectar de ese tipo de relación y todo lo que te recuerde a ello.
-Claro, claro…
-Que no parezca en ningún momento que ha sido porque te has cansado de ella, porque no ha sido así.
-Desde luego.
-Debéis conservar la buena relación, es tu segunda.
-Estoy seguro de que vamos a hacerlo.
-Prepárate para alguna escenita si no se lo espera, puede estar pensando que la abandonas por mí, porque por fin nos hemos besado y nos lo hacemos.
-Cierto.
-Si te la monta y no lo soportas la mandas por donde ha venido y cortas con ella con otra carta explicándoselo todo bien, tú ya le habrás dado la oportunidad de hacerlo cara a cara.
-Claro…
-Y si no te apetece no le cuentes que te lo haces conmigo al igual que a mí no me contabas todo lo que hacías con ella. Error, porque yo te habría conducido por el buen camino mucho antes y no habríais llegado a este punto.
-Cierto.
Después de almorzar, Hipólita y Andrea se marcharon a casa de los primos, Philip a trabajar, y Sev se quedó fregando y recogiendo la cocina. A la una y media llegó Alice, él estaba esperándola en el sofá de la sala, se levantó a recibirla y se abrazaron.
-Alice, cariño…
-Qué poco tiempo has aguantado sin verme… ¿Te salió el tiro por la culata con Hipólita? ¿Cambio de planes?
-No, preciosa, se trata de nosotros.
-¿No están en casa?
-No, han ido de visita, la han dejado para que podamos charlar tranquilamente.
-Buf… ya me huelo lo peor…
-¿Has dormido esta noche?
-A ratos.
-Alice…
-Tenía que enviar la lechuza.
-Podrías haberla enviado al despertar y me habría llegado en el almuerzo, a tiempo de avisarme. También podrías haber venido más tarde.
-Buf… Quería quitármelo de encima cuanto antes.
Se sentaron en el sofá, vueltos el uno hacia el otro.
-¿Qué has hecho estos días? – le preguntó él.
-Tomar el sol en una playa caribeña que demandé en la Sala de Menesteres.
-¿Una playa caribeña? – muy asombrado.
-Ya te digo, mucho calor y doce horas al día de luz, unos amaneceres en el mar espectaculares.
-Wow…
-La mejor Navidad de mi vida, de vacaciones en el Caribe. Sólo salgo de allí para comer, incluso duermo allí, me lo paso bañándome y leyendo.
-Vaya tela…
-Y cuando me aburra voy a demandar la selva amazónica.
-Buf… peligroso…
-También es peligrosa la playa caribeña, hay tiburones, me baño con la varita para protegerme.
-Vaya tela…
-Si pude con el basilisco no va a devorarme un tiburón.
-Claro que no.
-Bueno, dale, al grano, que quiero volver para echarme mi siesta bajo un cocotero. Qué buenos están los cocos, debería haberte traído.
-Pues sí, podrías haberlo hecho.
-No lo he hecho para que no los viera Minerva. Tranquilo, estoy recolectándolos y los llevaré a la casa de la Sala para tener provisiones nocturnas.
-Buf, Alice… has tocado el tema candente.
-Ya que tú no lo sacas.
-Sólo estaba interesándome por ti.
-Dale, anda.
-Vamos a dejarlo al menos durante una temporada.
-Muy bien, ¿por qué?
-He de pedirte disculpas.
-Muy bien, ¿por qué?
-Por hacerte creer que me retendrías accediendo a todas mis demandas.
-No lo hacía por eso, tú también respondías a las mías.
-La penúltima noche no fue así, me pasé de la raya.
-Ya te digo que lo hiciste.
-Pero sólo hice cosas que me habías propuesto tú previamente.
-Pero has de dar en todo momento la oportunidad de echarse atrás a la otra persona, de lo contrario se convierte en una tiranía.
-¿Por qué no te resististe entonces y accediste a repetir por la mañana?
-Ya te lo dije, para evitar la violación con la que me amenazaste.
-Buf, Alice… ¿Te das cuenta de que nos hemos pasado mucho de la raya y ya lo hicimos desde la primera noche, en la que tú misma me pediste esa violación?
-Desde luego, no voy a quitarme mi parte de culpa, yo te lo he permitido todo.
-No sólo me lo has permitido, has provocado que lo desee. En mi primera vez procuré no hacerte daño y horas después me pediste que te lo hiciera. Sabiendo lo enfermo que estoy lo has alimentado en lugar de remediarlo, de hacerme cambiar, tú que estabas en posición de hacerlo, y me has acostumbrado a hacérmelo así siendo primerizo, me has hecho enfermar más todavía.
-Tienes toda la razón, y de paso he caído enferma yo también.
-Y todavía me propusiste experimentar con el sado-masoquismo dándome ideas muy descabelladas.
-Cierto, lo siento mucho, Prince.
-Hemos dejado de ser puros e inocentes, Alice, nos hemos perdido por el camino. Hemos dejado de ser las personas de quienes nos enamoramos hace seis meses.
-Desde luego.
-Si volvemos será después de una larga temporada de descanso, yo quiero curarme de lo que me pasa. Tú lo tienes mucho más fácil, sólo has de recordar quién eres y recuperar tu dignidad. Yo lo tengo mucho peor, porque he sido así desde que comencé a hacérmelo, necesito muchos meses de ayuda y sexo sano.
-Con Lily no eras así.
-No, pero soñaba con serlo, cuando me hacía pajas imaginaba de todo.
-Claro… Cuando me sienta preparada quizá también pueda ayudarte.
-Ya veremos, Alice. Por el momento no quiero, aplazo indefinidamente la Unión de las Almas.
-¿Te lo estás haciendo con Hipólita?
-Sí, pero no es ésa la razón para dejarlo contigo. Hacérmelo con Hipólita, con quien todavía no hay nada viciado, me vale también como proceso curativo, aprender a enfocarlo de otro modo.
-Claro, claro…
-Ella es muy sana y madura para esto, fue quien me salvó de caer con Lauren en una relación así en julio y ha sido quien me ha hecho ver el grave problema que tengo, que hasta ahora todas habíais disculpado. Es quien mejor me comprende, a un nivel más profundo, porque yo, a la larga, siempre acabo sintiéndome mal por lo que hago, no tengo la conciencia tranquila, así que he de cambiarlo para poder vivir en paz conmigo mismo.
-Cierto.
-Por eso es la más indicada para ayudarme, es quien mejor me conoce y sabe exactamente lo que necesito para sentirme bien.
-Desde luego, es tu compañera.
-Y mientras tanto quiero estar sólo con ella sin plazos ni apremios, poder despreocuparme de lo demás.
-Lo comprendo a la perfección.
-Lo que por otra parte significa simplificar mi vida, cosa que necesito en grado sumo.
-Desde luego.
-Pues eso es todo cuanto tenía que decirte, puedes volver a tu playa.
-Tenéis piano, tócame algo, así nos relajamos los dos.
Él se levantó y se sentó al piano.
-Siéntate conmigo, anda.
Ella lo hizo.
-Te toco los temas que vamos a grabar, ¿quieres?
-Estupendo, yo te digo si me gustan o no.
-Te van a gustar, son buenos, de lo contrario los habríamos rechazado. La mitad son nuestros, ¿eh?
-Vaya… vosotros sí que sabéis aprovechar bien el tiempo. Habéis compuesto medio disco para cada uno en tres meses con lo ocupados que estáis ambos.
-Nuestros llamo también a los de Sophie, ella también ha compuesto para los dos. No habríamos tenido tiempo de componer tanto, son temas muy elaborados.
-Claro, claro, es jazz y bossa-nova.
-Y pop, tenemos temas pop los dos.
-¿Os dejaron meterlos?
-Sí.
-Qué poco me he interesado por esta faceta tuya, nunca te pedí que me tocaras algo cuando íbamos a la Sala. Ahora me arrepiento mucho.
-Bueno, yo tampoco te lo propuse nunca. Me urgía mucho más lo otro, ha sido culpa de ambos.
Alice se echó a llorar, Sev la abrazó.
-Alice, cariño…
-Es que ahora me doy cuenta de cuánto bonito nos hemos perdido por volvernos locos así. Me arrepiento, me arrepiento mucho porque en lugar de unirnos nos ha separado y ahora ya no tendré oportunidad de recuperar lo que me he perdido. Lo hemos hecho todo al revés.
-Cierto. No pienses en eso ahora, ya tendrás tiempo, y disfruta este rato, anda.
Alice se limpió las lágrimas.
-Discúlpame, Prince, estoy derrotada por no haber dormido apenas anoche, necesito mi siesta.
-Entonces márchate ya si quieres.
-No, no, quiero que toques para mí.
-De acuerdo, allá voy.
Sev dedicó a Alice un concierto de casi dos horas, todos los temas que iban a grabar Hipólita y él en sus discos, a ella le encantaron. Después se marchó a tumbarse bajo un cocotero a su playa caribeña.
