Cumpleaños

El domingo nueve de enero, día que Sev cumplía su mayoría de edad, el día más ansiado y esperado de su vida, era también su último día de vacaciones.

-¡Prince…! ¡Diecisiete…! – exclamó Hipólita en cuanto despertó.

-¡Bien!

-Venga, saca la varita y haz magia.

-Nací a las diez y cuarto de la mañana, Hipólita, quizá no pueda todavía.

-Bueno, bueno, inscriben el día, no la hora.

-Buf… ¿quién sabe? Prefiero no arriesgarme.

-Venga, Prince… si te mueres de ganas… Aprovecha, esta tarde estaremos de vuelta en el colegio y ya no será especial.

-Claro…

Él sacó la varita del cajón de la mesilla.

-¿Y qué hago?

-Un hechizo tuyo, por supuesto.

-Claro, claro…

-Lánzame un Levicorpus y caigo de cabeza sobre la cama.

-Buf… – riendo.

-Que sí, que sí, verás cómo nos reímos.

Lo hicieron muchas veces, a carcajada limpia hasta que se aburrieron.

-¿Has visto cómo no te ha llegado la carta del Ministerio? – le preguntó ella.

-Cierto, cierto…

-Qué afortunada me siento por estar viviendo este día contigo, el día más importante en la vida de un brujo.

-Y yo de que estés haciéndolo, meu amor.

-Prepárate para tarta y velas, ¿eh? Mi madre seguro que se quedó anoche preparándola cuando nos metimos en la cama.

-Claro… Nunca he tenido tarta y velas.

-Vaya…

-Nunca tuve una fiesta de cumpleaños.

-Jo… Pues más especial todavía que ésta sea la primera, el más importante de tu vida.

-Pues sí.

-Y más con todo lo que ha cambiado tu vida el último año.

-El pasado también fue muy especial. Estuve casi todo el día con Ariel, salvo un par de horas que fui a realizar mi primer ritual correcto en el abeto.

-Vaya…

-Y juré al Universo que daría mi vida por combatir a Voldemort.

-Wooow… Te reencarnarás en los dieciséis en el cielo de los brujos.

-Exactamente.

-Yo con poco más de catorce. Fue a la vuelta de Semana Santa cuando elucubré los planes descabellados para protegerte.

-Vaya… Siempre me ganarás, Hipólita.

-En eso sí, pero hay una diferencia fundamental. Yo estaba dispuesta a morir por ti, tú por todos.

-Cierto.

Ella se tiró encima de él.

-¡Paja de cumpleaños!

-¡Bien!

-¡Qué suerte que no vas a hacer la Unión con Alice, te la habrías perdido!

-¡Vaya que sí!

-Hoy sólo para ti.

-No, quiero contigo.

-Yo no, Prince, llevo planeándola mucho tiempo, todas las vacaciones, para que disfrutes un montón, voy a hacerte todo lo que más te gusta junto.

-Vaya…

-Claro, es tu día, no el mío, no quiero que hoy te preocupes por mí.

-Jo…

-No te desilusiones, meu amor. Ya te lo trabajas un montón para que yo me vaya cada vez, sigue costándome mucho.

-Llevas muy poco tiempo haciéndolo, cariño, es normal, tampoco te cuesta tanto.

-Pero no quiero pensar en ello hoy, es mucho esfuerzo para lo poco que dura el orgasmo.

-Pero, ¿y todo lo que disfrutas mientras tanto? Eso también cuenta.

-Disfruto y sufro de ver que me cuesta tanto. Prince, vuelvo a lo mío de siempre, no le doy importancia. Déjame hacerlo sólo para ti, hoy no quiero tener que pensar en ello.

-Vale…

Para desayunar tenían tarta de zanahoria, muy sana y poco dulce, que había preparado Andrea. Le cantaron el cumpleaños feliz y le hicieron soplar las velas, pues pensaba ir a almorzar con su madre y su hermano.

-Has de pedir un deseo, Prince, antes de apagar las velas – le dijo Hipólita.

-Ah, ¿sí?

-Sí, claro.

-Vaya… Pues no se me ocurre qué, soy muy feliz con lo que tengo, no quiero nada más.

-Buf… Pues a mí se me ocurren un montón de cosas que podrías pedir.

-Pues dime alguna.

-No puedo saber qué deseo has pedido, si lo dices no se cumple.

-Vaya… Yo no sabía esas cosas de los deseos.

-Anda, piensa, algo querrás. Date prisa o se consumirán las velas y la tarta se llenará de cera.

-Vale, ya sé.

"Que todos aquéllos a quienes amo sobrevivan a la guerra mágica."

-Ya está.

-Ahora tienes que apagarlas todas de golpe, de una sola vez. Si queda alguna encendida no se cumple.

-Buf… Hipólita… ¿cómo no me has avisado de eso? No habría pedido lo que he pedido.

-¡Venga, que tú puedes!

Sev llenó los pulmones de aire y barrió de un soplido las diecisiete velas. Todas se apagaron.

-¡Bien!

Le aplaudieron los tres.

-Esos pulmones de trombonista… - le decía Philip.

-Cierto.

-Más vale saber dirigir el chorro de aire, eso lo sé hacer yo muy bien por la flauta – dijo Hipólita.

-Para apagar diecisiete no basta con dirigir el chorro, también hay que tener chorro – dijo Philip.

-Vamos a catar la tarta, tiene una pinta que te mueres.

Comieron tarta hasta hartarse, estaba deliciosa. Después salieron los cuatro de paseo por los bosques del Valle de Godric, esa mañana estaba cubierto pero no nevaba.

-Jo… me habría encantado que hubiera hecho sol… - decía Sev.

-Aquí no sale el sol en todo el invierno, hijo – decía Philip – Bastante suerte hemos tenido de que no esté nevando.

-Cierto.

A mediodía, Sev fue a La Hilandera por Red Flu tras haber preparado su baúl. Lo recibieron su madre y su hermano.

-¡Feliz cumpleaños, hijo! – lo abrazó Eileen.

"El año pasado ni siquiera me escribió para felicitármelo."

-Hace un año estábamos almorzando juntos, brother – le dijo Ariel.

-Cierto. Gracias a ti no estuve solo, hermanito.

Almorzaron los tres y Eileen sacó de postre… tarta de queso y velas, mientras le cantaban el cumpleaños feliz.

-Mamá… ¿a estas alturas de la vida me haces una fiesta de cumpleaños?

-A callar, más vale tarde que nunca. Al fin y al cabo es el único cumpleaños que te ha importado nunca – le respondió Eileen.

-Cierto, tienes toda la razón.

-A pedir un deseo, brother – le dijo Ariel.

-Ya, ya sé cómo va, ya he comido tarta y he soplado las velas también en Godric´s Hollow.

"Que Hipólita sea mi compañera hasta mi muerte y más allá de ella."

Sopló y apagó. Se quedó con ellos hasta la hora del té, que volvió a Godric's Hollow. Su hermano tampoco había cogido ese domingo el Expreso, como tampoco lo hiciera en verano ni de ida en Navidad. Llegaría más tarde al despacho de Slughorn en el colegio.

-Ay… que volvéis a dejarme sola… - decía Eileen.

-Búscate un novio, mamá – le decía Sev.

-Para novios estoy yo a estas alturas de la vida…

Tomaron té en Godric's Hollow acabando con los restos de tarta, y se despidieron de Andrea y Philip.

-Chicos… cuánto vamos a extrañaros… - decía Andrea.

-Y yo a vosotros, papás – decía Hipólita – Voy a escribiros un montón.

-Yo también, yo también… – decía Sev.

-Para Semana Santa ya tocaré standard – decía Philip – En cuanto os marchéis voy a mi clase con Sophie.

Fueron por Red Flu hasta el despacho de Minerva.

-Quedaos a tomar el té conmigo. Es tu cumpleaños, Prince, y no podremos charlar hasta el próximo sábado – les dijo la profesora.

-Está bien, pero sólo leche, Minerva. Ya hemos tomado en casa y tenemos que vaciar los baúles antes de cenar.

-Vale, vale.

-Y no quiero hablar de trabajo precisamente hoy.

-De acuerdo. Entonces charlaremos de lo que habéis hecho en Navidad.

Se carcajearon.

-¿Se lo cuentas tú, Hipólita? – preguntó Sev.

-¡Matarnos a pajas, Minerva! – le espetó Hipólita.

-Buf… - rio también la profesora, apurada.

Tomaron leche con ella en su saloncito contándole sobre la grabación del disco, tema que a la profesora, que no tenía idea alguna del mismo, le apasionó, y les hizo numerosas preguntas. Después bajaron a las mazmorras, deshicieron sus baúles y descansaron un rato antes de que llegara el Expreso y debieran presentarse a cenar.

-Nos da tiempo a una rápida, Prince – le dijo ella.

-Buf… ya han sido dos esta mañana, ya me ha llegado.

-La tercera, Prince, suerte.

-Ahora no me apetece desnudarme, lo dejamos para la noche.

-Vale…

-¿Bajamos a la Sala Común, que la tenemos para nosotros solos?

-Vale, sofá, sofá.

-Y voy a buscar a Ariel para darnos mimos los tres en el sofá, como aquella noche después de la fiesta en la casa Rave.

-Genial.

Sev fue a buscar a Ariel, que estaba en su dormitorio, y bajaron los tres a la Sala Común con sus gatitas, que estaban entrando en celo. Se instalaron en el sofá dándoles mimos, y también entre ellos.

-Están calientes, no paran de maullar reclamando gato – decía Hipólita – El de Andrew va a ponerse las botas en cuanto llegue.

-Pues sí, esta noche tenemos que dejarlas sueltas en la Sala para que hagan sus cosas – decía Sev.

-Y dentro de dos meses, ¡gatitos pequeños!

-Vamos a llenar la casa de gatos.

-Tendremos que darlos en adopción.

-Claro, claro. Se pelearán por ellos, ya verás.

-Nosotros nos quedamos otra gatita, la más cariñosa.

-Vale.

-A ver de qué colores salen. El de Andrew no es muy bonito, pardo. Habría estado bien cruzar a Nube con otro siamés para mantener la raza.

-Bah, eso son bobadas. La pureza de la raza en los animales es como el dogma de la pureza de sangre entre los brujos o la supremacía de la raza aria entre los nazis, algo que hay que erradicar. A los gatos no les importa en absoluto y es mejor llevarnos la sorpresa cuando nazcan, todos diferentes. En la variedad está el gusto.

-Claro que sí. Voy a darle gustito en su cosa.

Ella le tocó sus partes a la gata.

-¡Hipólita! ¡No seas cochina, no le toques ahí!

-¡Prince! ¡Cosas naturales! ¡No es suciedad! Luego me lavo las manos y ya está.

-Vale…

-¿No ves cómo le gusta? Pobrecita, está ansiosa.

Un rato después subieron a cenar, el Comedor comenzaba a llenarse con los alumnos que bajaban de los carruajes de Hogsmeade. Fueron a sentarse en su hueco de la mesa Sly, y pronto se vieron rodeados por su familia. Cuando todos estuvieron sentados a la mesa comenzaron a cantar dirigidos por Valerie.

-¡Cumpleaños, feliz…!

¡Cumpleaños feliz…!

¡Te deseamos todos…!

¡Cumpleaños feliz…!

La repitieron tres veces, hasta que todo el Comedor cantaba, y cuando terminaron todos aplaudieron. Valerie se puso en pie sobre el banco y proclamó por encima del estruendo con el hechizo Sonorus para elevar la voz.

-¡Es el cumpleaños de Prince! ¡Por fin es mayor de edad! ¡Y por eso mismo esta noche tenemos fiesta en el Comedor! ¡A las nueve!

Volvió a bajarse del banco mientras el Comedor entero estallaba en vítores aclamándolo.

-¡Prince, Prince, Prince!

-¿Qué estás diciendo? – preguntó él muy asombrado.

-Lo que has oído. La ha organizado Minerva, ha pasado la Navidad dedicada a eso.

-Vaya… Hemos estado con ella al llegar y no nos ha contado nada.

-Claro, sorpresa. Anda, levántate y di algo, te reclaman.

-Buf… los discursos no son lo mío.

-Dale, anda, cualquier cosa que digas les va a encantar.

Sev se puso en pie sobre el banco, todos dejaron de gritar y aplaudieron. Esperó a que se acallaran mientras pensaba qué decir.

-No merezco tal homenaje, yo sólo soy la cabeza visible, la cabeza no puede vivir sin el cuerpo que todos vosotros constituís. Lo que estamos logrando es la suma de muchos esfuerzos, de muchas horas de sacrificio, mucho sudor y lágrimas. Mi deseo en este día tan especial para mí es que el esfuerzo de todos merezca la pena y nos lleve a la victoria en un futuro que cada vez es menos oscuro, más luminoso. Espero seguir compartiéndolo con todos y cada uno de vosotros y que tras los tiempos difíciles nos llegue a todos el momento de disfrutar sin estas preocupaciones que no deberíamos tener a nuestra edad. Seremos los artífices de la victoria.

Volvió a sentarse, volvieron a aplaudir y cantar cumpleaños feliz.

-Vaya tela… esto va a compensarme de todas las fiestas de cumpleaños que no he tenido en toda mi vida – les dijo a los más cercanos de la familia.

-Hoy te emborrachas – le dijo Valerie.

-¿Va a haber alcohol?

-En la fiesta no, pero traemos nosotros.

-Buah… Pues creo que sí, ¿eh? Una vez al año no hace daño.

-Viene un grupo mágico de rock, Las Brujas de Eastwick, todo chicas.

-Vaya… Por eso se ha interesado tanto Minerva en la grabación del disco.

-Pero no es ésa la buena noticia. La buena noticia es que vienen a algo más que a tocar, en especial vienen a dejarnos sus instrumentos hechizados para que podamos tocar Sly Snake y hacernos de teloneras. Tocarán antes que nosotros para romper el hielo, y cuando terminemos el repertorio continuarán la fiesta.

-¡Vaya tela!

-Nuestro estreno mundial. Voy a aprovechar para difundir las ideas anarquistas a todo el colegio desde el escenario y con ayuda de las letras, llevo una semana preparando discursos. Tú también hablarás, a ti te harán más caso todavía.

-Claro que sí.

-Tu segundo concierto, Prince, el primero para mí, nunca tanto público tuvimos ninguno de ambos. Qué satisfecha me siento de compartirlo contigo.

-¿Y Paul?

-Llega por Red Flu después de cenar.

-Estupendo.

-Quizá nos dé tiempo a subir a la Sala de Menesteres a calentar motores.

-A repasar las que tenemos más flojas para poder tocar al menos diez.

-Claro, claro…

-Yo llevo toda la Navidad sin tocar el bajo. Ni clase de contrabajo he podido dar, la grabación ha absorbido todo nuestro tiempo.

-Buf… ¿qué tal ha ido?

-De película, nos van a quedar discos redondos, muy completos y equilibrados, estamos muy satisfechos. Tengo los masters en cinta, los escucharemos en los descansos de Sly Snake.

-Maravilloso. Deborah, no dejes la Sala a nadie después de cenar, vamos a ir a ensayar.

-Ya me lo has dicho antes, Valerie, no se la he dejado a nadie.

-Estupendo.

Terminaron de cenar y subieron a ensayar, le dieron un repaso a todo el repertorio en el orden que iban a tocarlas en el concierto, previamente decidido por Valerie, deteniéndose a tocar varias veces aquéllas en las que no quedaron satisfechos. A las nueve y cuarto salían de la Sala.

-Jo… nos estamos perdiendo a Las Brujas… – dijo Valerie.

-Quizá no hayan comenzado todavía – dijo Sev.

-No, quizá no, quizá estén esperándonos. Estoy segura de que si la fiesta se prolonga más allá de las doce, mañana nos disculparán la primera hora de clases.

-Desde luego, nunca se montan fiestas la víspera de un día lectivo.

-Vaya honor, ¿eh? – ella le revolvió el pelo – Y casualidad que haya caído así, justo el día de volver al colegio. ¿Sabes? Minerva llevaba pensándolo desde el verano.

-Vaya tela…

-Ya no sólo por ti, ¿eh? La gente necesita divertirse, ya casi nadie va a Hogsmeade una vez al mes por no perderse los entrenamientos.

-Claro…

-Lo que has dicho tú, estamos sacrificándonos mucho.

-Desde luego.

-Y al final ni siquiera estamos montando fiestas cuando hay partido de Quidditch como pensamos el año pasado por lo mismo, por no fastidiar el ritmo de los entrenamientos.

-Cierto.

-He hecho copias de los discursos de presentación de los temas, nos los repartimos como quieras. 'Para la libertad' se la vamos a dedicar a Paul, por su cojera.

-Por supuesto.

-Aunque la gente no se entere de qué va.

-Se enterarán, contamos la historia del basilisco en 'Colmillos de sable'.

-Claro, claro. Falta que le presten atención a las letras.

-Déjame presentarla a mí, diré que es una historia real ocurrida en el colegio.

-De acuerdo. Falta también que se nos escuche bien, no hemos probado sonido.

-Canta con el Sonorus.

-Desde luego, es como lo hacen ellas, pero quizá los instrumentos me tapen.

-Los bajamos de los mandos.

-Estos instrumentos no son como los nuestros, ¿eh?

-Que nos expliquen cómo lo hacen ellas.

-Claro, claro, por eso quizá sí estén esperándonos.

-Pues vamos corriendo, que la gente no se impaciente.

-No, Prince, Paul no puede.

-Cierto.