En el roble
El siguiente lunes fue veintiuno de marzo, el cumpleaños de Hipólita. La chica quiso que la celebración consistiera en algo muy especial, ese primer día de comienzo de la primavera y que se cumplían tres meses de su primer beso: hacer su primera práctica en el roble de la Sala de Menesteres.
Sev, cómo no, accedió a sus deseos, y le dieron dos horas atrás al Giratiempo después de clases para tener suficiente tiempo de luz. Entraron a la Sala y se dirigieron al roble, escogieron desde abajo una rama baja y casi horizontal, muy gruesa y resistente. Se desnudaron, se encaramaron a ella y se sentaron frente a frente, él contra el tronco.
-Vamos a hacer todo como si ya fuera de verdad pero sin meterla – dijo ella.
-De acuerdo. ¿No estás pasando frío?
-Un poco, pero hay que resistir si queremos hacerlo antes del verano, ¿no te parece?
-Claro que sí. Podemos usar el hechizo calefactor.
-No quiero hechizos, y cuando comiencen las lluvias no quiero Impervius. Todo al natural, tira la varita al suelo.
-Vaya…
-Claro que sí, ser uno con la Naturaleza, como los animales. Sufrir sus inclemencias al igual que disfrutamos de sus beneficios.
-Me parece estupendo, meu amor – él tiró la varita.
-Cuando sea así dejaremos agua a calentar en la casa para bañarnos en la bañera en cuanto acabemos para no resfriarnos.
-Vaya… Podríamos haberlo hecho también ahora, habría estado bien.
-Todavía podemos ir si quieres, no te lo he propuesto para tomarnos hoy mucho tiempo.
-Cierto, está bien así, hoy ya nos llega con esto.
-Hoy, además, puedes irte dentro, es mi quinto día.
-No, cariño, quiero irme contigo.
-No, Prince, quizá no lo consigamos y quiero que te vayas así. Tenemos muy pocas ocasiones y quiero sentirte así, va a ser maravilloso.
-De acuerdo.
-Qué poco estás protestando hoy.
-Porque hoy mandas tú, es tu cumpleaños.
-Por algo he estado reservando todas las propuestas para hoy.
-Qué lista es mi chica…
-¿Vamos a ello?
-Vamos.
-Te pongo caliente con la boca, va a ser lo único activo que pueda hacer hoy.
-Como quieras.
Ella se inclinó sobre él aferrándose al árbol con las piernas y a él con los brazos y lo succionó. Él se abandonó a la sensación echando la cabeza atrás y cerrando los ojos mientras le acariciaba la cabeza con ternura. Creció con rapidez, ella le dijo:
-Te lo hago un rato, me apetece mucho.
-Dale, dale…
Ella se lo hizo muy lenta y tiernamente, envolviéndolo bien con la lengua todo el tiempo.
-Wooow, Hipólita… Ya prefiero que me lo hagas tú con la boca que los polvos que echaba con Alice…
-Qué buena señal, te estás curando por fin… Acaríciame también la espalda…
-Claro que sí – él lo hizo, apreciando el tacto de su piel.
-Tienes callos del contrabajo, los dedos ásperos – le dijo ella.
-Cierto, he de buscar un hechizo que los elimine.
-En absoluto, los callos también son algo natural, fruto del trabajo duro. Todos los trabajadores manuales los tienen, son algo muy bello.
-Tienes razón.
-No debes eliminarlos en absoluto, me encanta sentirlos sobre mi piel, y te ayudan a tocar.
-Cierto, pero me quitan sensibilidad.
-Ya eres muy sensible en todo el resto de tu cuerpo, no tengas pena.
-Claro que no.
-Disfruta, anda.
-Ya lo estoy haciendo. Para en cuanto te canses.
-Ya sabes que ya tengo mucho aguante.
-Pero quiero tomarme mucho tiempo contigo.
-Tenemos todavía tres horas, Prince…
-Cierto.
-Tira el reloj al suelo también.
-Buf… se romperá.
-Échalo sobre la ropa.
-Vale.
Sev se quitó el reloj y lo arrojó al montón de ropa, continuó acariciándola. Mucho rato después ella le dijo:
-Suficiente por hoy. ¿Quieres irte así una vez?
-No, cariño, comienzo a estar incómodo sentado aquí.
-Claro… no había pensado en eso. Puedes irte y bajamos un rato.
-No, en absoluto. Me va a llegar con una vez.
-Si te quedas con ganas repetimos de noche.
-Vale…
Ella se desprendió de él con mucha delicadeza, abarcándolo bien con los labios, y se incorporó.
-Wooow… Me sigue alucinando siempre cómo la haces salir de ti.
-A mí también me encanta hacerlo. Le tengo mucho cariño, es una de mis fuentes de placer.
-Claro…
-Siempre me da pena despedirme de ella.
-Desde luego. Anda, ven aquí y siéntate sobre mí.
-No, no. Vamos a andar un rato por el árbol para que descanses de la postura.
-De acuerdo.
Se pusieron en pie sobre la rama y se encaramaron a otras. Subieron todo lo alto que pudieron, que fue mucho, rieron un montón.
-Debíamos aprovechar para hacerlo hoy – dijo ella – Cuando llueva será peligroso, podríamos resbalarnos.
-Claro…
-Además, es mucho más fácil sin zapatos.
-Desde luego.
-¿Subías a los árboles de pequeño?
-No, en Cokeworth no hay árboles apropiados para subir a ellos. Comencé a hacerlo cuando llegué a Hogwarts y andaba por el Bosque.
-Claro… Yo sí que lo hacía desde pequeña en el Valle de Godric.
-Cierto.
-Al no asistir al colegio muggle tenía mucho, mucho tiempo para divertirme.
-Claro...
-De cualquier modo, ambos lo hacemos genial. ¿Habías llegado tan alto alguna vez?
-Sí, desde luego.
-Y yo, y yo. El que tenía vértigo con la escoba.
-Con la escoba llegas mucho más alto, y la velocidad…
-Por supuesto. Ahora bajar, bajar es más difícil que subir.
-Déjame ir por delante por si tengo que ayudarte, todavía soy más alto que tú.
-Vale, dale.
Bajaron de nuevo sin grandes dificultades, ella no necesitó ayuda. Volvieron a sentarse en la rama.
-Ya he tenido mi ración de ejercicio de hoy – dijo ella - ¿Te ha descansado el culo lo suficiente?
-Sí, sí.
-Pues estamos en el mismo punto que al principio, se te ha pasado el calentón. ¿Cómo quieres ponerte?
-Voy a tocarte los pechos, así te pongo a ti también.
-De acuerdo, dale. Ya sabes que en estos días puedes darle todo lo fuerte que quieras.
-Estupendo.
Él se los masajeó febrilmente apretando con mucha fuerza los pezones, ella pronto jadeó y él creció instantáneamente en cuanto comenzó a hacerlo.
-Wooow… siempre me haces alucinar… - dijo ella.
-Y tú a mí, adoro cómo te pones cuando te pones caliente. Es mi mejor incentivo, mira cómo he crecido.
-Ya lo he visto, ya. Sigue un rato si no tienes mucha ansia, anda.
-Claro que no la tengo, antes ya me has dejado a gusto.
-Podrías haberte ido, has sido bobo.
-Cierto, pero subir al árbol se nos ha ocurrido después.
-Pues sí, por no planificar.
-Mejor no planificar tanto estas cosas, Hipólita.
-Tienes razón, pero ya conoces mi afición, me encanta planificarlo todo, incluso estas cosas. De lo contrario no lo habría hecho tan bien desde el principio.
-Cierto. Cuánto más has madurado, Hipólita, desde Navidad.
-Desde luego, el sexo hace madurar mucho, no me arrepiento en absoluto de haber comenzado temprano. Incluso para eso he tenido suerte de estar contigo, de que seas mayor que yo. Le he sacado mucha ventaja a todas mis compañeras, incluida Shelley, que todavía no ha comenzado a hacer nada con tu hermano.
-Vaya…
-No estoy segura, ¿eh? Lo último que me dijo fue que quizá comenzarían en este novilunio, que fue el sábado, y no hemos vuelto a hablar del tema. No me meto en la vida de la gente, sólo cuando ellas quieren contarme.
-Claro.
-Que lo hacen siempre porque sé más que todas ellas juntas y les aconsejo bien.
-Desde luego. Calla y disfruta, anda, has dejado de jadear.
-Vale, vale… La rama también me da gusto, ¿sabes?
-Claro…
-Es muy sensual, abrirme de piernas para el árbol.
-Desde luego. Frótate contra ella.
-Vale…
Ella comenzó a hacerlo mientras él no dejaba de tocarla.
-Wooow… también me pone que sea áspero…
-Estupendo, a mí me estás poniendo a cien viéndote…
-Claro...
-Un día tienes que tocarte para mí, ante mí. Eso sólo lo hiciste una vez, en casa de Jack.
-Porque ya nunca me lo hago sola, sabes que nunca me he ido sola.
-Pues ahora que tienes más práctica deberías volver a intentarlo.
-¿Y desperdiciar una vez pudiendo irme contigo? Ni hablar.
-Pues a mí me encantaría verlo sin participar, como lo hacías tú cuando me hacía pajas.
-Yo participaba, ¿eh?
-Yo participaría poniéndote caliente, claro que sí.
-Entonces lo haremos, quiero hacerlo todo contigo.
-Si consigues irte sola sería una primera vez también para mí. Nunca he visto a una chica yéndose sola.
-Vale… entonces seguro que lo hacemos.
-Y si no lo consigues te hago irte yo.
-Estupendo…
Siguieron un poco más, al cabo Hipólita dijo:
-Me llega, no me aguanto más y no quiero que te duela el culo otra vez, ahora vas a tener que soportar mi peso.
-Dale, anda, ven aquí.
Ella se sentó sobre sus piernas frente a él, acoplándose íntimamente. Se frotó contra él apoyándose en sus hombros mientras él la abrazaba.
-Wooow… qué gusto… - dijo ella - No te hago perder el equilibrio, ¿no?
-No, tranquila, estoy bien asentado contra el tronco, muévete todo lo que quieras.
-Estupendo, así tú no te cansas tanto.
-Sabes que eso no es problema alguno.
-Sigue tocándome las tetas.
-Claro que sí, no te caigas tú, ¿eh?
-No, no, mantengo el equilibrio también.
-Te toco sólo con una mano.
-Vale…
Siguieron así un rato más, hasta que ella dijo:
-Muéveme tú ahora, quizá llegue así, y si es así me llega por hoy, ya lo haremos todo en otra ocasión, así no lo quemamos todo el mismo día.
-Estupendo.
Él la tomó por el trasero y la frotó contra sí con todas sus fuerzas, ella se lanzó a besarlo.
-Wooow… sigo alucinando… Esta postura es genial, te siento en todo mi sexo, no sólo en el clítoris.
-También podemos hacerlo en la cama o sentados en una silla.
-Claro, claro… Ojalá lograra irme así, pero lo dudo mucho con las piernas abiertas. Deberíamos haber practicado eso más, no he planificado bien.
-No importa, meu amor, no tengas prisa alguna.
-No me frotes entonces con tanta fuerza, quizá te canses antes de hora.
-Sabes que no lo hago, estoy en muy buena forma.
-Desde luego, cada vez mejor. Cuando nos conocimos pensaba que era imposible, pero cada vez estás más y más bueno, suerte que ya no tengo competidoras.
-Gracias, meu amor.
-Lástima que yo nunca seré una hembra tan espectacular como tú lo eres en macho.
-¿Por qué dices eso?
-No me gustan mis pechos, no tienen una forma bonita. Pensaba que al engordar cambiarían de forma, pero los tengo caídos para la edad que tengo.
-A mí no me lo parece en absoluto, me encantan.
-Pero los has visto mejores.
-He de admitir que sí.
-Y también soy muy estrecha de caderas.
-Bueno… eso me encanta, así también eres más estrecha por dentro.
-Tendré problemas para parir.
-Vaya… claro…
-Cesárea y a correr, cicatriz.
-Vaya…
-En última instancia, quiero todo natural.
-Claro que sí. No pienses en eso ahora, Hipólita, concéntrate en lo que estamos.
-Vale, vale… Un grave fallo que tengo, la cabeza me va como una moto, pienso que es por eso que siempre me cuesta tanto.
-Yo también comienzo a pensarlo. Tú también necesitas terapia. Intenta no pensar, sólo siente.
-De acuerdo.
Un buen rato después, ella le dijo:
-No voy a conseguirlo, Prince, a este paso me voy a irritar antes de lograrlo. Cambiemos.
-De acuerdo.
Se bajó de encima de él y retrocedió sentada en la rama aferrándose a la misma.
-¿Te llega aquí para estirarte sobre ella? – le preguntó ella.
-Pienso que sí.
-Pues voy a acostarme.
Ella se aferró con las piernas a la rama y se dejó caer hacia atrás despacio tensando mucho los abdominales. Cuando estuvo tendida sobre ella se agarró a la misma con ambos brazos por encima de la cabeza.
-Probamos directamente con las piernas cerradas, ¿vale?
-Como quieras.
-A ver cómo hacemos.
-Me acoplo con las piernas abiertas y luego las cierras, para que ya esté agarrado a la rama.
-De acuerdo.
Hicieron así, él la abrazó a ella y a la rama y después ella se estiró en la rama y él sobre ella.
-Buf… No tenemos punto de sujeción en toda la mitad inferior del cuerpo, estoy comenzando a pensar que esto no es tan buena idea – dijo ella.
-¿Estás desequilibrada?
-Todavía no, pero quizá sí lo esté cuando comiences a moverte.
-Claro…
-¿Llegas con los pies al tronco?
-Sí, sí.
-Dale, anda. A ver si no nos matamos, espero que nadie se pase justo ahora por aquí, se partiría de la risa.
-Ya te digo… – riendo – Le doy con cuidado, ¿vale? A la mínima señal de peligro me avisas.
-De acuerdo. Si nos matamos al menos habrá sido haciendo algo muy agradable, y nos reencontraremos de inmediato en el cielo de los brujos.
-Cierto.
-Pues venga, sin miedo.
Comenzó a moverse contra ella al tiempo que la besaba y aguantaron un buen rato así, sin perder el equilibrio ninguno de ambos. Al cabo, ella dijo:
-Vamos a dejarlo por hoy, minha vida. No voy a poder, estoy muy incómoda y pendiente de no caerme, no me concentro.
-Jo…
-Así que ya sabes, dale para irte y vete dentro de mí, me compensará del mal rato que he pasado.
-Vaya…
-¿A ti te ha gustado?
-Mucho.
-Pues ya está, con eso me vale. Dale para irte.
-Vale.
-Me abro de piernas para que entres en mí.
-De acuerdo.
Ella se abrió de piernas y él le dio más rápido y clavándose más, cuando lo sintió llegar buscó su entrada y la penetró hasta sentir la barrera, yéndose con mucha potencia en su interior mientras se movía ligeramente contra su resistencia, como a ella le gustaba.
-Wooow… cómo te siento latir, me alucina, me alucina… Esta noche volvemos a hacérnoslo así en la cama.
-Pero te vas...
-Ya veremos, eso es lo de menos.
Cuando terminó se quedaron abrazados y ella le dijo:
-Prince, meu amor, ve quitándote de la cabeza esa obsesión que tienes por que me vaya. Para mí no tiene importancia alguna, ya me ha llegado todo lo que me has hecho sentir, y tú tampoco te has ido como te gusta, moviéndote, lo has hecho para mí.
-Cierto.
-Pues ya está, sé egoísta y piensa a ratos en tu propio placer como yo lo hago. Yo pienso mucho en el mío, he sido egoísta y te he pedido que te fueras como me gusta a mí.
-Vale…
-Que te valga para muchas otras ocasiones, aunque te lo repetiré todas las veces que haga falta.
-Está bien…
-Y por lo de esta noche, lo mismo. Me llega con volver a sentir cómo te vas dentro de mí. Voy a utilizarte, así que nos lo haremos a tu manera aunque yo no me vaya, ya he tenido suficiente por hoy.
-Vale…
-He de aprovechar los días que podemos.
-Eres adorable. ¿Te he hecho daño al entrar sin manos?
-Un poco, pero sabes que me gusta.
-Vaya…
-Lo que te digo, voy a ser tu amante perfecta, he de compensarte el tiempo que te estoy haciendo esperar. Podrías romperme cuando te diera la gana, más yéndote así, las ganas que debes tener y no lo haces. Pienso que ya te has curado por completo, podemos pasar a hacérnoslo con dolor de vez en cuando. Esta noche te chupo como te gusta.
-Wooow… sí…
-En compensación por lo que vas a hacerme tú a mí.
-Maravilloso…
