Cerveza

Hipólita y Sev bajaron a cenar a la hora de siempre. Cuando terminaron los platos apareció una tarta con quince velas ante ella.

-¿Y esto? – preguntó la chica.

-Sorpresa, se la pedí a Minerva para ti – respondió Sev.

-Wooow, Prince… hace años que no soplo velas en mi cumpleaños. Hace dos años la Semana Santa cayó en marzo pero lo hice un día después, porque mi cumpleaños fue viernes. Desde antes de ingresar en Hogwarts no soplo velas el día de mi cumpleaños… qué ilusión…

-Cumpleaños feliz…

Cumpleaños feliz…

Te deseamos todos…

Cumpleaños feliz… - le cantó toda la familia Sly.

Hipólita sopló las velas y las apagó todas a la primera, le aplaudieron.

-Tenemos fiesta en casa, bonita – le dijo Valerie.

-¿Qué dices? – preguntó Hipólita, asombrada.

-Lo que oyes. El viernes, cuando fuimos a Londres, aprovechamos para aprovisionarnos.

-Wooow…

-Tu fiesta, Jefa de Sly.

-No la merezco.

-Desde luego que la mereces. Estás haciendo feliz a nuestro Jefe, lo estás cambiando para bien, y eso nos beneficia a todos.

-La mereces por mucho más que eso – le dijo Sev.

-Pero eso es lo que la distingue de cualquier otra persona.

-Cierto, tiene razón – dijo Hipólita – Todo el resto de cosas que hago las hacemos todos.

-Anda, corta y reparte tu tarta, que llegue para todos – le dijo Sev.

-Claro que sí.

Mientras la comían le dijo vinculada:

-Mira que dejarme hacer planes para la noche sabiendo lo de la fiesta… ahora me los fastidias todos.

-Para que aprendas a no planificar tanto. Lo dejamos para mañana.

-¿Me dejas emborracharme?

-Claro que sí, es tu cumpleaños. Yo también lo hice en el mío, y el viernes bebí en Londres.

-¿Te emborrachas conmigo?

-Buf… no sé, Hipólita… No quiero acostumbrarme, y a partir de Semana Santa tenemos concierto en Londres todas las semanas, mucho peligro para mí.

-Cierto, cierto, haz lo que quieras entonces. A Londres pienso ir con vosotros, ¿eh? Te vigilaré, no quiero que te desmandes otra vez en ese ambiente, los músicos atraen a las fans como la miel a las moscas. ¿El viernes no te entraron las chicas?

-Por supuesto que lo hicieron, un montón de ellas.

-¿Y no pensabas contármelo? Me necesitas.

-Claro que te necesito, sí pensaba contártelo y proponerte que vinieras. Pero no hoy, no quería darte un quebradero de cabeza en tu cumpleaños.

-Vale, me vale… Pues en ese caso no tengas pena por emborracharte hoy, ya hace más de dos meses que no lo haces, y también te vigilaré en Londres en ese sentido. Yo nunca beberé, como no lo he hecho hasta ahora en las fiestas del colegio.

-Vale… entonces lo pienso…

-No, si lo piensas no vas a hacerlo, quiero que me digas ahora mismo que sí. Emborráchate conmigo, Prince, es mi cumpleaños y mi primera vez.

-De acuerdo, lo hago.

-¡Bien! Ahora vamos a decidir qué bebemos. ¿Qué hay?

-Licores fuertes, de todo, refrescos para cubatas y cerveza rubia.

-¿Llega para toda la casa?

-Éramos sólo cuatro para cargar. No, no llega para que se emborrache toda la casa, no hay mucha cerveza, y mañana es martes. Va a ser una fiesta corta, cuando se acabe la bebida, a la cama.

-Muy bien, entonces tenemos que reservar lo nuestro. Pienso que siendo mi primera vez debería beber sólo cerveza.

-Yo también lo pienso, y más si no quieres tener resaca mañana.

-Claro, claro. Entonces cerveza. ¿Está fresquita?

-Desde luego, Valerie se ha encargado de todo esta tarde, la tiene en su armario.

-¿Bebes cerveza tú también?

-Vale, lo prefiero a viciarme con el ron, el viernes bebí ron.

-Está bien. Entonces voy a pedirle a Valerie que guarde cerveza suficiente para emborracharnos los dos.

-Genial.

-Pero no tanto que no podamos llegar hasta el Fidelius.

-Claro que no, aunque sabes que Jack nos metería en la cama.

-Sí, como le tocó hacer contigo en tu cumpleaños.

-Cierto.

-Te pasaste de la raya, ¿eh?

-Por supuesto, era mi decimoséptimo cumpleaños, la fiesta de mi vida.

-Pues sí, la merecías después de tanto trabajo, apenas tuvimos vacaciones. Me desvinculo, voy a hablar con Valerie.

-Vale.

Hipólita se desvinculó de Sev y se vinculó con Valerie.

-Valerie, bonita, guárdanos a Prince y a mí cerveza suficiente para emborracharnos hoy.

-¿Cinco por cabeza os llega?

-Buf… cariño… No tengo idea de esas cosas, nunca he probado la cerveza muggle.

-Entonces a ti te llegan tres. Os guardo cinco por cabeza de todas formas, por si a Prince no le llegaran.

-Genial.

-Cuando lleguemos a casa subes conmigo a mi dormitorio y te digo dónde está para que vayas tú a buscarla a medida que la necesitéis.

-Muy bien. Gracias, Valerie.

-Si al final no os la bebéis toda no tengas pena, ya me la beberé yo cualquier tarde.

-Estupendo.

-Y si te pasas de la raya y no puedes ir tú a buscarla me la pides a mí, yo no voy a emborracharme hoy. Viene Sirius de visita y quiero estar en forma, hace mucho tiempo que no estoy con él.

-Buf… vas a tener que pelearte con Lauren.

-Nada, nada, ya lo hemos hablado, me lo deja esta noche.

-¿Alice viene?

-No, no viene, lo dejan libre para mí.

-Estupendo. ¿Y dónde vas a meterte con Sirius?

-En el dormitorio de chicos de sexto, Prince nos deja su antigua cama.

-Id a la Sala, mujer…

-Bueno, ya veremos, con los nuevos colchones se duerme muy bien, y en la cama pequeña estamos más cerca, más calentitos.

-Id a la Sala, a ver las estrellas…

-Hoy está nublado, cariño.

-Cierto, milagro es que no hayan comenzado ya las lluvias.

-Nosotros también tenemos nuestras 'Águas de março'.

-Cierto.

Bajaron a casa después de cenar, e Hipólita subió con Valerie, Angie y Deborah al dormitorio de chicas de séptimo año para ayudar a organizar la bebida en la mesa de la cristalera.

-Hipólita, baja a divertirte – le decía Deborah – Es tu fiesta, hoy no te toca trabajar.

-Pero es que me hace mucha ilusión ayudaros precisamente por eso, porque es mi fiesta y no he tenido que preparar nada – dijo Hipólita.

-Coge una cerveza para ti y otra para Prince y baja a la Sala Común, todos están esperándote.

-Buf… ¿qué dices…? Qué vergüenza…

-Si hubieras bajado enseguida no habría ocurrido, así le has dado tiempo a Prince a organizarte el recibimiento.

-Claro…

-No le hagas caso – le dijo Valerie – Ya lo tenía organizado, lo hizo el fin de semana.

-Buf… Esta vez me la ha jugado pero bien, ¿eh? Hemos pasado toda la tarde juntos y no me ha dicho nada.

-A estas alturas ya deberías haber comprobado sobradamente que le encanta su característica principal, el misterio.

-Cierto. Me tiene muy mal acostumbrada a contármelo todo.

-Pues nunca confíes – le dijo Deborah – Eso es lo que puede parecer.

-No te permito que me hagas desconfiar de él. No se callaría nada importante, sólo ha pretendido darme una sorpresa – tajante.

Deborah no respondió.

-Bajo, ya me has puesto de mal humor – continuó Hipólita.

-Baja, baja.

-Ven aquí, Hipólita y dame un abrazo – le dijo Valerie – No le hagas caso a Deborah, pienso que a estas alturas todavía te tiene celos porque te lo has llevado tú siendo que os hizo de alcahueta - se abrazaron.

-Pues sí, eso mismo pienso yo, pero que se fastidie, tuvo su oportunidad antes que yo y no supo aprovecharla.

-Así se habla. Compréndela, le falta hombre, no tiene a Paul siempre que quiere.

-Que se fastidie también, siendo como es puede darse con un canto en los dientes habiendo enganchado a alguien como Paul.

-Desde luego.

-Porque no aprende teniendo tan buenos ejemplos a su alrededor.

-Bueno, bueno, tampoco os cebéis, ¿eh? – dijo Deborah.

-Pues discúlpate, porque encima es eso, sueltas la bomba, las demás tenemos que soportarla y ni siquiera te disculpas, esperas a que Valerie solucione tus desaguisados.

-Lo siento mucho, Hipólita.

-Así me gusta. Bajo.

-No, no bajes. Voy a intentar compensarte, ya lo tenemos todo, déjanos ir por delante para recibirte también.

-Está bien. Perdonada, Deborah.

-Subimos dentro de un rato por lo que queda, con esto llega para comenzar.

-Maravilloso. Espero unos minutos para daros tiempo a organizar.

Las tres chicas bajaron muy cargadas e Hipólita se quedó unos minutos más en el dormitorio a la espera de que organizaran todo en la mesa de la cristalera. Cuando llegaron a la Sala Común abarrotada de gente, Sev les preguntó:

-¿E Hipólita?

-Nos va a dar tiempo para que organicemos y la recibamos también – le dijo Deborah.

-¿Se lo habéis contado?

-Sí, me he ido de la boca.

-Deborah… siempre igual…

-Ha sido justificado, quería bajar cargada como nosotras, he tenido que explicárselo.

-Jo… quería darle una sorpresa…

-Venga, Prince, no te desilusiones – le dijo Valerie – Ha sido inevitable.

-Vale, vale… os ayudo.

-No, no, no sea que baje y tú también te lo pierdas, que nos ayuden los que están cerca de la mesa.

-Genial.

Por fin bajó Hipólita, con una lata de cerveza muy fresquita en cada mano. Cuando apareció en las escaleras toda la casa y algunos invitados comenzaron a cantar 'Cumpleaños feliz'. Al llegar al pie de las escaleras la alzaron en hombros. Cuando terminaron la canción comenzaron a corear:

-¡Hipólita, terror de los Mortífagos, los cazará como caza la snitch!

Y después:

-¡Hipólita, la dama halcón! ¡No fallará una presa!

Y luego:

-¡Hipólita, reina de las amazonas! ¡Veloz y certera como sus flechas!

Cuando amainó, antes de que terminaran, fue ella quien gritó:

-¡El lema de casa! ¡Adiós para siempre, víboras!

Toda la casa coreó y después, ella misma:

-¡El lema del Ejército! ¡Más vale morir en pie que vivir arrodillado!

Cuando terminaron, alguien gritó un sexto lema:

-¡Quince de mayo a las nueve quince! ¡El amanecer de un mundo nuevo! ¡Quince primaveras cumple la Jefa de Sly el día del equinoccio!

Cuando acabaron, toda la casa:

-¡Larga vida a la Jefa de Sly! ¡Larga vida a la Jefa de Sly! ¡Larga vida a la Jefa de Sly!

Por fin la bajaron y fue directamente hacia Sev a pasarle su cerveza.

-Toma, meu amor, debe haberse calentado.

-No pasa nada, minha vida.

-A ver si me gusta.

-Si te gusta la tónica te va a encantar, es amarga pero no tanto.

-Estupendo.

Abrieron sus cervezas y comenzaron a beber.

-Vaya… me encanta… - dijo ella.

-Podrás beber un par de ellas en Londres cuando vengas a vernos tocar, con dos en toda la noche no te emborrachas.

-No, no quiero beber alcohol todas las semanas y acostumbrarme. Pienso que yo también tengo mucho peligro, me gusta demasiado.

-Mejor.

-Si la hubiera sin alcohol…

-Vaya, pues sería una buena idea para comercializarla, un posible negocio a montar para proponer inversiones a Lauren, Sirius y Jack. Podemos comentárselo esta noche.

-Desde luego. ¿Los buscamos y lo hacemos ya mismo? Lo digo porque Sirius venía a estar con Valerie, para que quede libre de Lauren cuanto antes.

-De acuerdo.

Buscaron a sus tres amigos y formaron corro con ellos, les propusieron la idea.

-Buf… pero eso requiere de investigación – dijo Jack – Años de inversión sin beneficios.

-Claro, claro… - dijo Sev.

-Y no creo que podamos patentar la idea sin tener el producto inventado. Si se la proponemos a una cervecera simplemente nos la robarán.

-Proponédselo a un fabricante de cerveza de mantequilla, la cerveza de mantequilla apenas tiene alcohol.

-Claro… - dijo Sirius – Así el dinero se queda en el mundo mágico.

-Estupendo entonces.

-Prince, esto irá a partes iguales, ¿eh? – le dijo Jack.

-Conmigo no, con Hipólita, la idea ha sido suya.

-Pero tú has propuesto decírselo a ellos y se te ha ocurrido lo del fabricante de cerveza de mantequilla – dijo Hipólita.

-A cinco partes entonces – dijo Jack – Esto nos solucionaría la vida para siempre, nos haríamos de oro. Ya podéis ir pensando el nombre de la cerveza.

-Pues ése, 'Gold', la cerveza es dorada – dijo Hipólita.

-Estupendo.

-Y podéis ponerle una condición más al fabricante para invertir en su negocio.

-¿Cuál?

-Que una vez tenga el producto patentado y deba montar la factoría para producirlo, que será enorme, contrate en ella como trabajadores a todos los guerreros que no pasen a ser Aurores una vez termine la guerra.

-¡Claro que sí! – exclamó Lauren – La vida solucionada para todo el Ejército. Déjame darte un morreo, preciosa - se lo dieron.

-Que sepas que eres la única persona a la que he besado aparte de Prince – le dijo Hipólita cuando se separaron.

-Ojalá yo pudiera decir lo mismo – dijo Lauren.

-Vaya, mujer… gracias por la parte que me toca – dijo Sirius.

-Y a mí – dijo Jack.

-Buf… - dijo Lauren, riendo - Qué malo es esto de mezclar los negocios con el placer.

-Ha sido culpa tuya por hacer ese comentario delante de ellos, Lauren – le dijo Hipólita.

-Cierto, cierto… Lo siento, chicos, pero ambos conocéis mi historia sobradamente, es lo que hay.

-Disculpada… Ya me conformo con que te llegue conmigo después de haber catado a Sev – le dijo Sirius.

-Lamentablemente, yo no puedo decir lo mismo – dijo Jack.

-Jack, cariño – dijo Lauren – Quizá algún día vuelva contigo. Estoy dándote tiempo para que encuentres a alguien más, alguien sólo para ti, pero si no lo haces no te quedarás solo, tenlo por seguro.

-Vale, me vale.

-Así que no te confíes, Sirius. Aunque no vuelva con Jack, esta Semana Santa voy a reencontrarme con mi primer amante, ya sabes quién, y quizá vuelva a surgir la chispa.

-Buf… ¿en serio? - preguntó Sirius.

-Pues sí, estoy ansiosa. Y tú no tienes nada que decir, actualmente mantienes dos amantes en exclusiva. Desde que estamos juntos he tenido que compartirte, si lo has dejado con Valerie es porque has comenzado con Alice.

-¿Estás también con Alice, Sirius? – le preguntó Sev, asombrado.

-Sí, Sev, sí, voy quedándome con todo lo que desechas tú. Tienes muy buen gusto para las mujeres y ya me las dejas educadas – respondió Sirius.

-Buf… ya sé a qué te refieres. Pues no me hace ninguna gracia.

-No te metas, Prince – le dijo Hipólita – Es la vida de ellos.

-Cierto, cierto. Olvida lo que acabo de decirte, Sirius.

-Olvidado – dijo Sirius.

-Me he quedado con la mosca detrás de la oreja, Lauren – le dijo Jack - ¿Quién es ese primer amante con quien vas a reencontrarte? ¿Un maléfico?

-Jack, no puedo hablar del tema, sólo lo sabemos cuatro personas. Si es conveniente lo sabrás en su momento – respondió Lauren.

-De acuerdo.

-Te vas de la boca, Lauren – le dijo Hipólita.

-Cierto – dijo Lauren.

-¿Vamos a buscar a Remus y Cecile, Prince? – le preguntó Hipólita – Me apetece mucho estar con ellos.

-Vamos – dijo Sev.

-Ahí os quedáis, chicos.

Buscaron a Remus y Cecile y pasaron un buen rato charlando con ellos.

-Sev… me has fallado… no te has hecho animago todavía… - le dijo Remus.

-Ya lo sé, Remus, no tengo tiempo, y tú sigues teniendo a Sirius y James y ahora también a Cecile – dijo Sev.

-Cierto.

-Y ayudé a desarrollar la poción Mata-lobos.

-Tienes toda la razón. Vaya invento, pienso que va a estar lista en el plazo que fijó Belby.

-Sí, eso me dijo la última vez que estuve con él, y que de cualquier modo apenas quedarán retoques que podrá realizar compaginando su trabajo en Hogwarts en la asignatura de Salud. Es casi seguro que va a darla él.

-Maravilloso, lo disfrutaremos un año.

-Pues sí. No sabes cómo lamento no haberme hecho animago ya, yo más que nadie, pensaba disfrutarlo mucho.

-Cierto.

-Y a partir de Semana Santa lo tengo aún peor. Vamos a tocar todas las semanas en el Club 100.

-¿Qué dices? – preguntó Cecile, asombrada.

-Lo que oyes, nos contrataron en cuanto bajamos del escenario por el doble de lo que nos pagaron el primer concierto. Vamos a arreglarles la vida a Paul, Valerie y Andrew.

-Buaaah… qué buena noticia…

-Tu madre ya lo sabe, le escribimos el sábado en cuanto Minerva se puso a nuestra disposición para dejarnos salir del colegio todas las semanas.

-Maravilloso.

-Estás más que disculpado por no haberte hecho animago, Sev – le dijo Remus.

-Gracias, amigo.

-Y recuerda, Remus, que de no ser por él no habrías recuperado a Sirius y James – le dijo Cecile.

-Tienes toda la razón – dijo Remus.

-¿Cuál es tu nombre de merodeadora, Cecile? – le preguntó Sev.

-¿Nunca te lo he dicho? – le preguntó ella.

-No.

-Luparia, como la planta.

-Qué bonito.

-Por el nombre latino del lobo, Lupus, y por Lupin, desde luego.

-Claro...

-¿Qué es eso de merodeadora, Cecile? – le preguntó Hipólita.

-Los Merodeadores, los cuatro chicos Gryff de nuestro año, los animagos acompañantes del licántropo y creadores del Mapa del Merodeador que salvó la vida de Sev – respondió Cecile.

-Y sus acosadores durante cuatro años.

-Eso, nunca lo olvidemos para no repetirlo - dijo Remus.

-Pero no les quita mérito, también serán legendarios cuando se conozca toda la historia, que será dentro de muy poco, en cuanto se conviertan en animagos registrados y expulsen a la rata en Semana Santa – dijo Sev - Ya tengo la letra de la canción.

-¡Vaya tela! – exclamó Remus – Una canción para los Merodeadores, qué bueno.

-Todo Hogwarts va a conocer tu secreto, Remus, lo siento mucho.

-Ya no me importa. Si no se asustaron del basilisco no lo harán de un licántropo. Tenías razón cuando me decías que debería contárselo a la gente, todos los que lo saben lo han aceptado.

-Claro que sí.

-Y ahora, con la poción Mata-lobos, ya no soy peligroso.

-Por eso, es el momento adecuado. Lástima que no entrará para el disco que grabemos.

-No importa, en el siguiente. Así también podréis incluir una letra mía que se me acaba de ocurrir.

-Cuéntame.

-Una transformación tal como la vivo yo.

-Claro…

-Con dos partes, antes y después de la Mata-lobos.

-Será fantástica. Escríbela sin estrofa y estribillo, simplemente un tema dividido en dos partes. La música irá en consonancia con la letra, oscura en la primera y más luminosa en la segunda.

-¿Del tipo de 'Volando en la oscura tempestad'?

-Exactamente, pero sin cambiar de estrofa a estribillo.

-Maravilloso, es mi tema favorito en cuanto a música de los que tenéis.

-Y el mío, en cuanto a música y letra, y lo compuse yo por completo.

-Es que ese tema es alucinante – dijo Cecile.

-¿Cuál es tu favorito en cuanto a letra, Remus?

-'El largo y crudo invierno' – respondió Remus.

-Claro… por el Bosque Prohibido…

-Eso, eso, es fantástico, muy poético.

-Inspirado en mis largos paseos de la Navidad de quinto año, cuando me quedé en el castillo y encontré las flores de Pascua que te envié, Cecile.

-Cierto, también hablas de esas flores, y del muérdago – dijo Cecile.

-Claro.

-Y del despertar de la Naturaleza en primavera, de los ciclos de la vida.

-Desde luego, inspirada también en la temática de 'Águas de março'.

-Y pensar que hace un año todavía no habías leído tu primera novela y ahora eres un poeta consumado.

-Bueno, eso de consumado…

-Lo eres. Has de recopilar todo lo tuyo y publicarlo junto.

-Buf… no tendría unidad…

-Pues por un lado las letras de Sly Snake, las de todos, y por otro lo que compusiste para tu disco y el de Hipólita.

-Entonces no da todavía para libros, más adelante.

-Claro, claro…

-¿Cuál es tu favorita, Cecile?

-Buf… es imposible elegir sólo una. Pero la que más gracia me hace y con la que me siento más identificada por la parte que me toca es 'Maldito Sombrero Seleccionador'.

-Cierto, pensé mucho en ti cuando la escribí.

-Ah, ¿sí? Yo creía que estaba inspirada en tu historia con Lily.

-También, el título es una frase fetiche nuestra.

-Claro…

-Pero pensé más en ti, en tu familia, una muggle y tres brujos de casas distintas. Además, por entonces ya llevaba más de dos meses sin hablar con Lily, y eso después de todo el verano enfadados.

-Claro…

-De hecho, creo que hace meses que no hablo con vosotros de ella.

-No, no lo has hecho.

-¿Qué tal lo lleváis con ella?

-Nada, lo justo, ahora me llevo mejor con Mary que con ella.

-Buf…

-Se ha quedado sola, porque con Bethany tampoco se lleva.

-Por suerte.

-Ya te digo.

-¿Y vosotros con la rata, Remus?

-Lo mismo, lo justo, a Obliviarlo cada vez que sale de Hogwarts, ahora volverá a tocarnos – respondió Remus.

-Cierto. ¿Viene a las fiestas?

-Ya te digo que viene, es muy fan vuestro, se sabe todas las canciones. Pienso que es lo máximo que ha conseguido aprender de memoria en su vida.

Rieron.

-Las canta a todas horas en el dormitorio, no nos deja dormir.

-Vaya tela…

Volvieron a reír.

-¿Cuál es su favorita?

-La de las escobas, la de las escobas, como dice él.

-Vaya… pues tiene buen gusto…

-No lo creas, es porque alucina con la historia, no ha vuelto a volar desde primer año.

-Se hará Mortífago aunque sólo sea por eso.

-Cierto.

-¿Has terminado la cerveza, Prince? – le preguntó Hipólita.

-Sí, cariño.

-Pues voy por otras dos.

-Estupendo. ¿Te ha afectado?

-Bah, apenas, pienso que soy bastante tolerante.

-A ver qué tal la segunda.

-Eso, a ver qué tal la segunda. Vuelvo enseguida.

Hipólita se marchó.

-Hoy me toca emborracharme con cerveza, cosa que nunca he hecho, a ver cuántas tengo que beber.

-Vaya… - dijo Remus.

-Es la primera vez para Hipólita y me ha convencido.

-Claro… ¿Cuánto ron te hizo falta en la fiesta de tu cumpleaños?

-Buf… ni idea, no recuerdo cuánto bebí, Jack tuvo que meterme en la cama. Pero con el tercer chupito todavía estaba apenas en el puntillo.

-Buf… tienes mucha tolerancia, ¿eh?

-Tengo, tengo, la otra vez que me emborraché fue con whisky de fuego y por lo que me contaron creo que bebí seis antes de caer dormido.

-Buaaah… seis whiskys de fuego…

-Fue la primera vez en mi vida que bebía alcohol y con cinco fui capaz de hacérmelo con Deborah, aunque yo no me fui.

-Bueno… Es que si me cuentas que te fuiste no lo creo. ¿Se te puso dura?

-Ya te digo que sí.

-Vaya tela… ¿De dónde has salido tú, chaval?

-No me digas.

-Pienso que vas a necesitar al menos seis cervezas.

-Buf… sólo me han guardado cinco.

-Pide que te guarden más.

-Beberé de las de Hipólita, que le han guardado otras cinco.

-Pero no sabéis cuántas necesitará ella.

-Ya. Pues cuando vuelva le pido que suba otras dos al armario. Todavía quedan en la mesa.

-Otra manera de aprovechar mejor el alcohol es beber más rápido, de trago, te sube mucho antes.

-Vaya… buena idea, de lo contrario no me emborracharé hasta dentro de dos horas o más.

-Cierto, cierto.

-Pues no le pido que suba nada, voy a coger una de la mesa y voy a abrirla ya. ¿Queréis algo?

-¿Tú la has terminado, Cecile?

-No, yo todavía no – respondió Cecile.

-Entonces trae una para mí – dijo Remus.

-Dame ésa si está vacía y la dejo en la mesa – dijo Sev.

-Gracias, Sev.

Sev fue por las cervezas, en cuanto le dio la suya a Remus abrió la otra y se bebió media lata de un trago.

-Wooow… qué rica, fresquita…

-Qué peligro tienes, chaval – le dijo Remus.

-Ya te digo que lo tengo, me viene de familia, y tú encima me das ideas.

-De haberse cumplido mi premonición habrías sido alcohólico.

-Con total seguridad.

Llegó Hipólita.

-¿Ya tienes otra cerveza? – le preguntó.

-Sí, pero tranquila, es porque voy a beber más rápido que tú, de lo contrario no te alcanzaré.

-Claro…

-Hablando con Remus me he dado cuenta de que tengo mucha tolerancia.

-Cierto. Perdí la cuenta de lo que bebiste en tu cumpleaños.

-Desde luego. Dame la mía y abre tranquila la tuya.

-Toma.

Ella le pasó la lata, continuaron charlando. Sev bebió de trago esas dos y fue a la mesa por la cuarta y otra para Cecile, apenas iba en el puntillo.

-Buf… vaya aguante tienes – le dijo Remus - ¿No tienes que ir al baño todavía?

-No les ha dado tiempo a salir del estómago, Remus – respondió Sev.

-Ésa no la bebas de golpe, ¿eh? Te va a subir todo junto.

-No, no, ya no me cabría, la vomitaría, estoy muy hinchado.

-A ver si no te pones malo del estómago – dijo Hipólita.

-Culpa tuya será, por obligarme a emborracharme, yo no quería.

-Podrías haber bebido ron en lugar de cerveza si lo hubieras pensado antes.

-Cierto, pero no me has dado tiempo a meditar sobre ello.

-Son cosas que ya deberías saber tú. Yo nunca me he emborrachado, tú sí.

-Tienes razón.

A los diez minutos se sentía mareado.

-Bueno… me subió, ahora a ver si no vomito… ¿Qué tal tú, Hipólita?

-Apenas en el puntillo y ya la estoy terminando – respondió ella.

-Bien, bien, por el momento te gano. Arriba nos quedan seis, ¿no?

-Sí, pero todavía quedaban más que las chicas no habían bajado, no podían con todo.

-Vaya… si lo hubiera sabido no bebía tan rápido…

-Fallo mío por no habértelo dicho, pero no esperaba que fueras a metértelas así, no me ha dado tiempo de pensar que podrían sentarte mal al estómago.

-Cierto.

-¿Quieres que nos sentemos, Sev? – le preguntó Remus.

-Pues no estaría mal.

-Ya voy yo a hacer sitio en el sofá – dijo Hipólita.

-No, que en el sofá no podemos ponernos frente a frente. Un círculo en el suelo, como hicimos el quince de mayo con los de tercero.

-Vale, entonces hago hueco junto a la chimenea.

-No, junto a la chimenea no, comienzo a tener calor.

-Pues quítate el jersey, Prince. ¿Ya empiezas con tus quejas?

-Vale…