Adorable

Mientras Sev esperaba a Audrey en el rincón de la Sala Común, se vinculó con Deborah y le preguntó:

-¿Hoy iba alguien a la Sala de Menesteres?

-No, Prince, no por el momento.

-Estupendo. No se la dejes a nadie, la quiero sólo para mí.

-De acuerdo, así lo haré.

Se desvinculó. Poco después llegó Audrey y lo miró muy incitante.

-¿Vamos?

-Vamos, vamos…

Salieron de la Sala de las mazmorras, la tomó de la mano y la condujo por los corredores.

-¿Adónde me llevas? - le preguntó ella.

-Ah… sorpresa…

-Buaaah… Prince… qué recuerdos. Nunca olvidaré las dos veces que nos lo hicimos, una de ellas en el Bosque, fueron maravillosas.

-Qué bien, entonces ésta es la tercera.

-Vaya que sí, y sólo de pensar que vas a follarme… buf… ya estoy a cien…

-Estupendo. ¿Me dejas meterte mano?

-¿Pidiendo permiso? No pidas permiso para nada, ya has visto que me he puesto falda para ponértelo fácil, por eso he tardado.

La arrinconó contra la pared detrás de una estatua.

-Ya me has puesto, Audrey, voy a hacértelo aquí mismo aunque tú no te vayas.

-¿Cómo? ¿En pie?

-Sí.

-Buaaah… estás como un toro, ¿eh?

-Ya te digo que lo estoy, ya verás…

-Nunca me lo he hecho en pie.

-Pero yo sí, no te apures…

Le metió la mano bajo la falda y le palpó la ropa interior, ella comenzó a jadear.

-Buaaah… estás empapada…

-Sólo tú me pones así…

-Buf… Audrey… creo que no va a ser sólo una noche, ¿eh?

-Lo pensaré, lo pensaré…

Le bajó la ropa interior y él también se bajó los pantalones y la suya, ella se la sacó por los pies.

-Tócame – le dijo él – Para que sientas lo que te voy a meter.

Ella lo hizo moviendo la mano.

-Buaaah… ya la recordaba, ya… Vas a hacerme alucinar aunque no me vaya…

-Estupendo, porque esta vez no voy a preocuparme por ti. Si lo hacemos una segunda ya lo haré, y si no, te prometo otro día si quieres.

-Tú mandas, mi Comandante.

Se lanzó a besarla.

-Buf… Audrey… eres fantástica, debí quedarme contigo…

-Pues sí, eso mismo pienso yo…

-Te prometo que yo también voy a pensarlo.

-No pienses en eso ahora, Prince… a lo que estamos… Dale, que estoy ansiosa…

-Vale, vale…

Se separó de ella, la tomó por ambos muslos y se la subió a la cintura, ella se aferró a él por los hombros.

-Métetela tú, no quiero hacerte daño – le dijo él.

-Prefiero que lo hagas tú si sabes, me va a poner más...

-Wooow, Audrey… a mí también. Allá voy entonces… Dices que llevas casi un año sin follar, ¿no?

-Sí, Prince…

-Voy a romperte – amenazante.

-Ya te digo que vas a hacerlo...

Buscó su humedad y la penetró de golpe, completamente envuelto en su calidez. Ambos gritaron y él se quedó quieto y respirando profundamente para no irse.

-Buf… casi me voy nada más meterla, Audrey, qué estrecha estás.

-Deberías haberlo hecho poco a poco...

-No, me pone mucho más dártela de golpe. ¿A ti no?

-Ya te digo que sí…

-¿Te gusta?

-Wooow… Gustar es poco, me alucina, nunca me habían llenado así….

-Voy a seguir.

-Dale, dale…

-Despacio para que dure…

Comenzó a clavarse en ella apoyándola contra la pared.

-No te agotes, después de probar esto quiero un segundo.

-Estoy casi seguro que lo tendrás aunque no pueda continuar bebiendo. Yo también estoy alucinando, llevaba más de tres meses sin hacérmelo.

-Por esperar a la boba de Hipólita.

-Eso. Vamos a callarnos, quiero besarte.

-Yo también.

-Me alucina cómo besas.

-Y a mí cómo lo haces tú.

-Te amo, Audrey.

-Vaya…

Continuaron haciéndoselo besándose también, cada vez golpeaba su fondo. Cuando comenzó a sentirse cansado le dio frenético para irse, lo hizo gritando, ella le decía:

-Buaaah… cómo te siento… Es alucinante, alucinante…

Cuando acabó salió de ella, la dejó con cuidado en el suelo, se arrodilló y la besó tiernamente en el lugar que tanto placer le había dado, abrazándola por el trasero, ella le acariciaba la cabeza.

-Te amo, Audrey, te amo, muchas gracias… No sabes lo feliz que me has hecho, voy a compensártelo.

-Nada que compensar, Prince, cualquier cosa contigo es alucinante, inolvidable, de otro modo no habría accedido, lo sabes.

-¿Quieres que te lo haga con la boca aquí mismo?

-No, cariño. Vamos a ese lugar al que ibas a llevarme ahora que se te ha pasado el ansia, y nos lo tomamos con calma. Si vuelves a ponerte prefiero reservarme para ésa.

-Estupendo. Voy a ponerte lo que te he quitado.

-No, no, del suelo no, voy sin ellas.

-Vale, claro…

Recogió su ropa interior, se levantó y se la dio, ella la metió en la mochila, él volvió a vestirse.

-Buf… estoy chorreando tu semilla… - dijo ella - Cuánto tiempo sin sentir eso también…

-¿Te gusta?

-Me encanta todo, pero porque es tuyo, ¿eh? De otro modo me resultaría incómodo y ya me lo habría limpiado.

-Vaya…

-Yo también te amo, Prince, ya deberías saberlo. No he dejado de amarte, recuerda que ya lo hacía antes de conocerte.

-Vaya…

-Nunca te lo dije porque tú no lo hacías.

-Claro…

-Perdona por no habértelo dicho cuando me lo has dicho tú, me he quedado alucinada. Tampoco olvidaré nunca ese momento.

-Ni yo.

-Aunque temo que por tu parte haya sido el calentón.

-Claro…

-A ver si me las apaño para engancharte ahora que he cambiado mi perspectiva de esas cosas, estás dándome una segunda oportunidad.

-No lo veas así, Audrey. Tú vales mucho y también estás dándomela a mí. Y ante todo, no quiero fastidiarte la vida. Ya sabes lo que hay conmigo, así que piénsalo muy bien antes de dar algún paso definitivo.

-Desde luego que voy a hacerlo, pero no ahora, ahora vamos a disfrutar. ¿Se te ha pasado la borrachera?

-Por completo.

-Mucho mejor.

-Pues sí, no voy a seguir bebiendo, prefiero esto mil veces a beber.

-Toma, y yo. Voy a hacer algo entonces, voy a devolver las cervezas a la Sala Común, no había mucha bebida.

-Vale.

-Espérame aquí, ¿vale? Quizá Lucy quiera enterarse de qué tal ando.

-Claro, claro…

-Seré breve, le diré que inmejorable.

-Mentirosa…

-Para nada. Vuelvo enseguida.

Audrey se marchó y Sev la esperó. Cuando regresó le dijo:

-¿Vamos? Es casi el toque y Filch podría pillarnos.

-Vamos, vamos, no me apetece correr.

Se pusieron en camino, tomados de la mano, hacia la Sala de Menesteres.

-¿Está muy lejos? - preguntó ella.

-No voy a decirte nada, sorpresa.

-¿No será afuera?

-No, vamos a un lugar muy acogedor, alucinante.

-Vaya… Eres una caja de sorpresas, Prince. Si me hubieran dicho hace una hora que ibas a hacerme tan feliz no lo habría creído.

-Esto no ha sido nada, pequeña. ¿Qué te ha dicho Lucy?

-Ha insistido en lo del trío, pero le he dicho que vaya olvidándolo, que no te lo haces con alguien que ya se lo hace con dos, que has querido conmigo porque llevaba casi un año sin follar.

-Mentirosa…

-Tiene parte de verdad, ¿o no?

-Claro que sí, cuando me lo has contado me han entrado muchas más ganas. Ser el primero para ti después de tanto tiempo.

-Por eso te lo he dicho enseguida, porque sabía que lo valorarías. ¿Por qué razón lo valoras? ¿Porque nadie había entrado en mí o simplemente porque estaba más estrecha?

-Por ambas, pero en especial porque en cierto modo te hayas guardado durante todo este tiempo y te hayas entregado a mí sin dudarlo, como si te hubieras guardado para mí.

-Cierto, eso es muy bonito, tú también lo has hecho después de tres meses y medio, que también es bastante tiempo para un chico y más para ti que podrías tener a cualquiera. Me siento muy especial porque me hayas escogido a mí.

-Pues sí, y no me arrepiento en absoluto, así yo también he podido darte algo bonito.

-Dime la verdad, para que tenga más información para pensar. ¿Cuánto tiempo has pasado pensando en entrarme?

-No ha llegado a cinco minutos.

-Vaya… arrebato.

-Sí.

-Pero no ibas tan borracho como para haber sido una simple locura del momento.

-No, no, estaba convencido.

-Y ahora se te ha pasado la borrachera y no te arrepientes.

-Desde luego que no, y no estoy mintiéndote, de lo contrario me habría marchado solo, no te habría esperado ahora que ya me había quedado satisfecho.

-Claro. A ver por la mañana, también tendremos charla.

-Las que hagan falta. ¿Sabes que todavía tengo tu coletero y le tengo mucho cariño?

-¿Sí…? – muy ilusionada - ¿En serio…?

-Claro que sí, me lo pongo siempre para ir a San Mungo y para ducharme sin mojarme el pelo. Es mi amuleto, siempre que lo lleve no pueden pillarme.

-Vaya… Yo que siempre pierdo los coleteros y tú todavía conservas el que te di yo hace casi un año.

-No voy a perderlo, soy muy cuidadoso con las cosas. Voy a conservarlo hasta que se rompa.

-Cuando sea así pídeme otro, seguirá dándote suerte.

-Eso haré.

-Mira – ella le mostró la muñeca – Yo siempre lo llevo aquí, como una pulsera. Tú también puedes llevarlo, así siempre estarás cubierto.

-Vale, entonces voy a hacerlo mientras quiera seguir contigo, será una manera de recordarte, una señal para mí y también para ti. Si me lo ves puesto es que todavía te espero.

-De acuerdo, porque quizá tengas que esperarme todavía unos días hasta que decida qué voy a hacer.

-Lo que sea necesario, no pienso hacérmelo por el momento con Hipólita ni con nadie más mientras haya posibilidad contigo. Yo también he de pensarlo.

-Estupendo. ¿Vamos aquí, al tercer piso?

-No, vamos a un pasadizo, hay que seguir subiendo. ¿Estás cansada?

-En absoluto, estoy en plena forma gracias al Ejército. Percy y yo vamos a entrenar muchas tardes, y también con el comando, entrenamos casi todos los días.

-Vaya… ¿Y estudiar?

-Por las noches.

-Claro, claro… ¿Qué tal llevas los TIMOS?

-Voy sobrada, también gracias a ti, a los poderes y a cómo me motivaste para esforzarme. Ya te he dicho antes que mejoraste mucho mi vida, supero en todo a Percy.

-Wow...

-Quizá también logre el premio este año.

-Ojalá.

-He descubierto que soy una bruja con mucho talento, también estoy preparando Astronomía.

-¿Tenías Adivinación?

-No, estoy haciéndola por mi cuenta.

-Vaya… ¿Y Aritmancia?

-Con ayuda de Percy. Ya voy por el programa de quinto, pediré los exámenes externos de ambas.

-Maravilloso, si quieres yo también puedo ayudarte.

-Como quieras, pero tú estás muy ocupado, Prince.

-Pero voy a pasar menos tiempo con Hipólita y me servirá para estrechar lazos contigo. El año pasado dejé enseguida de hacerte caso.

-Estupendo, entonces quedamos cuando quieras a las nueve en tu rincón, en el que ya casi nunca te sientas.

-Cierto.

-Y la gente seguimos dejándolo libre, ¿eh?

-Es verdad.

-No puedo evitar sentirme tan orgullosa de estar con el Jefe…

-Buf… no, cariño, para esto yo sólo soy un chico más.

-No seas tan modesto, Prince, no lo eres en absoluto, ni por fuera ni por dentro, eres el más especial de todos nosotros. ¿A qué piso lleva este pasadizo?

-Al séptimo.

-Vaya… ¿En cuántos pisos?

-En dos.

-Genial. ¿Hay escalones desilusionados?

-No, no los hay, te habría avisado.

-Estupendo. Conoces el castillo como la palma de tu mano, ¿eh?

-Pues sí, gracias a mis exploraciones y al Mapa del Merodeador.

-¿Ese mapa que tenías el año pasado?

-Ése.

-Cuéntame esa historia, anda, que me quedé con las ganas de saber. Ya soy oclumante desde junio y ahora soy mucho más discreta.

-De acuerdo, lo hago.

Sev le contó la historia del Mapa del Merodeador mientras llegaban hasta la Sala de Menesteres. Mientras terminaba se quedaron fuera desilusionados, pues ya pasaba del toque.

-Wow, Prince… Tus acosadores te salvaron la vida, qué carambola del destino.

-Desde luego.

-Por eso les perdonaste.

-No, no les perdoné por eso, les perdoné porque yo también fui perdonado de mis errores.

-De querer hacerte Mortífago.

-Eso mismo.

-Todo en ti es alucinante, Prince… tan honesto… Aluciné contigo la primera noche, tu noche, me lo confesaste todo ya la primera noche.

-Fuiste mi segunda chica después de Lily.

-Lo sé.

-Y la segunda con quien he follado.

-Vaya… increíble… Todo esto has de contármelo, Prince, para que te valore más y lo ponga todo en la balanza, aquella vez me tocó adivinar – acariciándolo con mucha ternura.

-De acuerdo, tú pregunta todo lo que se te ocurra.

-Eres alucinante en todos los sentidos.

-Vamos a continuar camino, nos queda un trecho todavía.

-Vale, ¿adónde se va desde el séptimo?

-¿Sabes lo que es la Sala de Menesteres?

-No, no lo sé.

-Te lo explico de camino, hemos de pasear tres veces arriba y abajo de esta pared demandando en nuestras mentes 'Espacio de Estudio y Entrenamiento en Hechicería Olvidada'.

-Vale.

-Vamos a ello antes de que venga Filch.

-Estupendo.

Lo hicieron tomados de la mano. Apareció la puerta, entraron y la puerta se cerró a sus espaldas.

-Wooow… estamos al aire libre dentro del castillo… - dijo ella.

-Sí, cariño, estamos en un Bosque, mañana por la mañana lo verás. Dame la mano y te guío.

Ella le dio la mano.

-Vaya tela… ¿No puedo encender el Lumos?

-Me gusta más ir sin luz.

-Vale, vale...

-Así nos quedan sorpresas para la mañana.

-Estupendo.

Se pusieron en camino, durante el cual él le contó la historia completa, resumida, de la Sala de Menesteres. Audrey alucinó.

-Wow, Prince… ¿Cuánta gente la conoce?

-Alrededor de una veintena de alumnos, los primeros oclumantes.

-Qué privilegiada me siento, Prince… muchas gracias…

-No has de dármelas en absoluto, la decisión de traerte aquí ha sido egoísta.

-¿No vendrá nadie más?

-No, cariño, la he reservado solo para nosotros.

-Maravilloso.

-La gran mayoría están en la fiesta.

-Claro…

-Por descontado, te pido que no la desveles a nadie, ni a tus amigos.

-Me ofende que dudes de mí, Prince, claro que no voy a hacerlo. Cuando paso la noche con Percy vamos a su cuarto, y nunca se lo diría a Lucy, vendría siempre aquí con sus dos chicos a montarse tríos.

-Vale, vale. Si quieres utilizarla alguna vez se la pides a Deborah.

-Así lo haré, pero por el momento prefiero reservarla sólo para estar contigo si volvemos a estar. No se me ocurre nada más para lo que la necesite, ahora tenemos de todo.

-Vale.

-Quizá más adelante, cuando Percy aprenda a ocluir.

-Cuando sea así me avisas, ¿vale?

-Claro que sí, Prince.

Habían llegado al claro.

-Vamos a una casa que hay en este claro, hoy no se ve nada porque apenas hay luna y está cubierto.

-Claro…

-De hecho, está comenzando a llover, comienzan las lluvias.

-Cierto. Qué especial, justo el primer día de primavera.

-Vamos rápido, que no nos mojemos.

-Vamos, vamos.

Llegaron hasta la casa, entraron con los Lumos.

-Voy a encender la chimenea.

-Vaya, ¿hay chimenea también aquí?

-Desde luego, hay tres. Una aquí, otra en la sala de estar y otra en la cocina.

-¡Hay hasta cocina!

-Sí, enciendo la chimenea y te lo enseño todo, ¿vale? Coge unas pieles y siéntate en el suelo.

-De acuerdo.

Ella se sentó en unas pieles mientras él encendía la chimenea.

-Lo haces a lo muggle

-Claro, me encanta. En mi casa donde vivo desde pequeño hay cocina de leña y chimenea, y sé hacerlo desde niño.

-Eres alucinante, Prince… Ya lo tengo casi decidido, ¿eh? Quiero pasar todo el tiempo que pueda contigo aunque sólo sea por conocerte mejor, me estás descubriendo mundos enteros, me estás haciendo tan feliz… Va a compensarme con creces aunque no te tenga para siempre y Percy me deje, sé que puedo tener a cualquiera que se me antoje y más después de todo lo que vas a enseñarme tú.

-Buf, Audrey… me está estallando el pecho por lo que siento al escuchar eso. Te amo, te amo…

Se lanzó sobre ella a besarla. La hizo caer de espaldas al suelo, pasaron así varios minutos, se pusieron calientes los dos, se separó de ella.

-Buf, Audrey… Sí que voy a poder con el segundo, ¿eh? Pero quiero hacer las cosas bien, que estemos calentitos y enseñarte la casa primero.

-No me importaría que me lo hicieras ya mismo, así, con ropa. Quizá así haya un tercero…

-Vale… no necesito mucho para que me convenzas. ¿Quieres que te prepare?

-En absoluto… ya lo estoy…

-Buf, Audrey… eres perfecta…

-Tú sí que lo eres…

Él se bajó los pantalones.

-Prueba a metérmela sin manos, como antes.

-Genial.

-Pero ahora hazlo poco a poco, prueba otra sensación.

-De acuerdo…

La penetró con cuidado y no de una vez, si no cada vez una pulgada más.

-¿Ves…? Así vas abriéndome poco a poco… ¿Te gusta…?

-Sí… me alucina… nunca lo había hecho así…

-Vaya… eres adorable, Prince…

-En absoluto, todo lo contrario…

-¿Por qué dices eso?

-Buf… hablamos luego, ¿vale?

-Claro, claro…

-Bésame…

-Desde luego…

Se lo hizo hasta que la hizo llegar pero él no se fue. Cuando Audrey terminó salió de ella.

-¿Qué te pasa? – le preguntó ella.

-Buf… soy un cerdo, Audrey.

-¿Por qué dices eso?

-Mira cómo te he entrado y lo que te he hecho en las mazmorras. No deberías haberme dejado.

-Buf, Prince… Yo quería, no me has hecho nada a la fuerza.

-Pero no es así como se hacen las cosas, Audrey.

-Las cosas se hacen como salgan, no somos dos desconocidos como la primera vez que nos lo hicimos, y aquella noche pasaste dos horas charlando conmigo antes de comenzar con el tema. Yo he aceptado lo que me has propuesto, pues ya está, no has de darle más vueltas.

-Buf…

-¿Has pasado todo el tiempo pensando en eso?

-Sí, y en más cosas…

-Abrázame, anda…

Él la abrazó y lloró.

-Buf, Prince… Pienso que también es el bajón de la borrachera, mañana te sentirás mejor…

-No lo creo, Audrey.

-¿Lloras por tu chica?

-No, en absoluto, no ha sido en ella en quien he estado pensando sino en mí mismo, en los problemas que tengo.

-¿Quieres hablar de ello?

-No quiero abrumarte con esas cosas, no hoy. Soy un aguafiestas.

-En absoluto, si tienes confianza para hacértelo conmigo también debes tenerla para charlar. No sé si estaré a la altura pero al menos lo sacarás. Sería peor quedarme así, no me quedaría tranquila, Prince.

-Vale, hablaremos.

-¿Quieres acabar?

-No, no quiero, si hubiera querido lo habría hecho.

-Prince… no te niegues algo bonito… estás castigándote…

-Ahora no quiero, Audrey, en serio.

-Vale, vale…

Se quedaron abrazados y ella le dio muchos mimos hasta que se calmó.

-Voy a encender fuego, ¿vale? – dijo él.

-Vale, como quieras.

Comenzó de nuevo a preparar el fuego.

-¿Estás mejor? – le preguntó ella.

-No mucho.

-¿Qué puedo hacer, Prince?

-No lo sé.

-Habla, anda, cuéntame.

-Buf… es muy largo de contar, Audrey.

-Confía en mí, Prince, déjame intentarlo. Sé más de estas cosas de lo que piensas, quizá pueda ayudarte.

-Cierto.

-¿Quieres que te ayude a empezar?

-Vale.

-Has comenzado a preocuparte cuando te he dicho que eras adorable por no haberlo hecho nunca así. Tú me has respondido que todo lo contrario y me has dicho que ya hablaríamos de ello.

-Sí, así ha sido.

-De ahí deduzco que cuando te lo hacías lo hacías con brusquedad la mayoría de las veces, como me lo has hecho la primera vez.

-Por ahí va el tema, sí.

-Pero has pasado tres meses y medio sin hacértelo. No ha sido sólo por esperar a Hipólita, de lo contrario habrías llorado por ella.

-En el clavo, Audrey, también ha sido porque estaba tratando de curarme de esa manera de ser.

-Y te has curado, me lo has hecho como yo te lo he pedido.

-El primero no.

-Pero yo también quería así, no me he negado. Me has preguntado si me gustaba y te he dicho que sí.

-Cierto.

-Pues ya está, Prince, no le des más vueltas. ¿Me habrías obligado a hacer algo?

-En absoluto.

-¿Habrías parado si te lo hubiera pedido?

-Desde luego.

-Prince, estás curado.

-¿Tú crees?

-Claro que sí, no has hecho nada que yo no quisiera también.

-Uf…

-¿Mejor ahora?

-Desde luego.

-El que no quería hablar porque el tema era muy largo de contar. Si hubieras hablado cuando te ha venido a la cabeza, que te he preguntado, no habrías sufrido durante todo este rato.

-Cierto.

-Pero comprendo que no quisieras hacerlo. No nos lo hemos tomado con calma como aquella primera vez, no hemos creado la confianza.

-A eso me refería cuando te decía que las cosas no se hacen así.

-Pero no ha sido sólo cosa tuya, Prince, yo también te he apremiado en las mazmorras y aquí cuando hemos llegado.

-Cierto.

-¿Te has quedado tranquilo del todo?

-Sí, Audrey, sí.

-Y ha sido también el bajón de la borrachera. ¿Nunca te había pasado?

-No lo sé, de las otras dos veces que me he emborrachado antes de ésta no recuerdo nada, pero creo que no porque en ambas tuvieron que meterme en la cama.

-¿Es la tercera vez que te emborrachas nada más?

-Sí.

-Eres adorable, Prince, permíteme que te lo diga.

-Ahora sí lo acepto.