Sensibilidad

A la mañana siguiente Audrey y Sev se despertaron casi a la vez en la casa de la Sala de Menesteres.

-Buenos días… - dijo Audrey - ¿Llevas mucho rato despierto?

-No, acabo de hacerlo.

-¿Has dormido bien?

-De maravilla.

-No te arrepientes de lo de anoche, ¿verdad?

-En absoluto.

-Bien… porque yo tampoco. ¿Tienes resaca?

-No.

-Maravilloso. ¿Cuánto tiempo tenemos?

-Son las siete y media.

-Yo bien paso un día sin ducharme. ¿Tú lo pasas?

-Sí.

-Entonces con estar en casa a las ocho y cuarto nos llega.

-Tenemos que salir de aquí a las ocho.

-¿Tenemos breve charla y aprovechamos el resto del tiempo?

-De acuerdo.

-Habla tú primero.

-Te espero hasta que te decidas. Voy a dejar de dormir con Hipólita, quiero intentarlo contigo.

-Buf… Prince…

-Sí.

-Vale, toda la carne en el asador, así me gusta. Pues yo también. No voy a dejarlo con Percy, no así, pero sí que voy a aprovechar lo que puedas darme mientras quieras. Se lo contaré próximamente.

-Maravilloso.

-¿Cuándo volvemos a quedar?

-Cuando quieras.

-No quiero que nos volvamos locos, vamos a tomárnoslo con calma. Hoy no.

-Vale.

-Lo vamos hablando, ¿vale?

-Estupendo. Si quieres quedamos a las nueve para estudiar.

-Vale, eso sí.

Sev vio a Hipólita en el desayuno, no se vinculó con ella, ella lo hizo cuando ya terminaban y le preguntó:

-¿Qué tal estás?

-De maravilla.

-Me alegro.

-No lo creo.

-Qué poco me conoces.

-Es posible, creía conocerte y anoche me sorprendiste.

-Buf…

-Lo siento, Hipólita, es lo que hay.

Sev se desvinculó y no volvieron a hablar en todo el día. A las nueve estudió con Audrey y a las once se metió en su cama pequeña del dormitorio de sexto en lugar de en el Fidelius. Al rato, mientras estaba leyendo, llegó Hipólita a buscarle y le preguntó:

-¿No vas a dormir conmigo?

-No.

-¿Por qué?

-Porque lo he decidido así.

-Buf, Prince… no me vuelvas loca…

-No te vuelvo loca, Hipólita, he tomado una decisión y ya está.

-¿Y no vas a explicármelo?

-No. Ya te dije anoche que no ibas a enterarte por mí.

-Pero lo dijiste de borrachera, Prince.

-No estaba tan borracho, lo recuerdo todo.

-Buf… Mira que eres intransigente, ¿eh? Por una vez que me he negado a algo.

-Buf, Hipólita… no me hables de eso… Recuerda que si me emborraché fue por ti, por ceder a tus deseos. Ya me he cansado de ceder a todos tus deseos, ahora voy a mirar por los míos.

-¿Y qué debo hacer?

-Tú verás, yo no voy a decírtelo al igual que no quiero que me digas más qué debo hacer yo.

-Me has utilizado para salir del hoyo en que estabas metido y ahora me desechas.

-Pues sí, quizá sí, pero en ese caso tú también me has utilizado a mí, tú también has aprovechado lo tuyo.

-Buf…

-Vamos a dejarlo por hoy, Hipólita, vamos a acabar alterándonos y no quiero, nos quitará el sueño.

-Vale, vale… ¿Cuándo volvemos a charlar?

-No lo sé. Por el momento, nunca.

-Buf…

-Te lo he dicho desde el principio, es lo que hay.

-Prince… las cosas no se hacen así.

-¿Y cómo se hacen? ¿Tienes tú la receta perfecta para hacer las cosas?

-Cuando cortaste con Alice te lo puse fácil para que lo hicieras cara a cara.

-Porque fuiste tú quien me hizo cortar con ella. Quizá habría podido arreglarlo con ella y no habría llegado al punto en que me veo ahora.

-Puede ser.

-Por supuesto que pudo ser, Alice lo comprendió todo a la perfección en cuanto se lo conté, ya te lo dije.

-De acuerdo, te dejo en paz, ya veo que tienes respuesta para todo. ¿Puedo hacerte una última pregunta?

-Hazla.

-¿Durante cuánto tiempo has meditado esta decisión?

-Durante toda la noche de ayer hasta que me dormí.

-¿Y te parece suficiente?

-Sí, me lo parece, me he reafirmado en ella durante el día. Y ya es la segunda pregunta.

-Vale…

Hipólita se marchó y no volvieron a hablar en varios días. Mientras tanto Sev continuó durmiendo en el dormitorio de sexto o en la Sala de Menesteres con Audrey aunque sólo de vez en cuando. Una semana después Hipólita volvió a hablar con él.

-Prince, tenemos que hablar.

-Dale.

-¿Qué vas a hacer en Semana Santa?

-Ir a casa de mi madre.

-Buf… qué disgusto les vamos a dar a mis padres…

-Lo siento, Hipólita, es lo que hay.

-Tenemos que arreglarnos para la gira del verano, ¿eh?

-No hay nada que arreglar, dormiremos por separado y ya está.

-Claro…

Ella se sentó en la cama y dejó caer la cabeza entre los brazos, derrotada.

-Hipólita…

Se volvió hacia él, llorando.

-No lo soporto más, Prince. Dame alguna pista, por favor… ¿Me marcho del Fidelius?

-No sé.

-Ahora has tenido más tiempo de pensar. ¿No quieres que me vaya?

-Toda mi determinación se ha venido abajo al verte así.

-Lástima no, por favor – limpiándose las lágrimas.

-No es lástima, Hipólita, es sensibilidad. Dame un abrazo.

Ella se echó en sus brazos.

-Prince…

-Hipólita, meu amor

-¿Duermes hoy conmigo?

-Claro que sí.

-No tienes idea de cómo he sufrido viéndote dormir solo pudiendo hacerlo conmigo.

-Cariño… lo siento mucho…

-Pero la culpa ha sido mía, por no demostrarte lo que estaba sintiendo.

-Yo tampoco te lo he puesto fácil, minha vida.

-La fastidié exigiéndote explicaciones hace una semana.

-Sí, quizá sí.

-No voy a pedirte más.

-Mejor así, meu amor.

Esa noche durmió con Hipólita. Al día siguiente había quedado para estudiar con Audrey.

-He de hablar contigo – le dijo.

-Habla.

-Vuelvo a dormir con Hipólita.

-Bueno, no esperaba que la dejaras definitivamente por mí en una semana, al igual que yo no he dejado a Percy.

-Entonces, ¿no te parece mal?

-Claro que no, Prince, no voy a pedirte explicaciones de lo que hagas al igual que tú no me las pides a mí. Recuerda que fuiste tú quien tomó esa decisión, no yo, no soy yo quien debe echarse atrás.

-Estupendo. Aun así quiero seguir quedando contigo.

-Toma, y yo.

-Maravilloso.

-¿Te apetece hoy?

-Ya te digo.

-Bien… Hay que aprovechar los días que nos quedan antes de vacaciones.

-Eso, eso.

Así lo hicieron, ese miércoles, jueves y viernes previos a las vacaciones Sev los pasó con Audrey y no le contó nada a Hipólita. El sábado se marcharon a Godric's Hollow por Red Flu desde el despacho de Minerva, como ya hicieran en Navidad. Por la noche, después de la película, tuvieron charla en el dormitorio.

-Prince, si va a volver a ser como con Alice deberías haberme avisado – le dijo ella.

-Hipólita, dijiste que no ibas a pedirme explicaciones.

-Buf…

-Encerrona, ahora que estoy aquí.

-Cierto…

-Pudimos hablarlo ayer.

-Tienes toda la razón.

-Pues ya sabes, ahora te callas.

-Bien comenzamos las vacaciones…

-Tú sola te lo buscas. Podrías haber supuesto que Audrey y yo queríamos aprovechar los días que nos quedaban antes de vacaciones, sin más, que ha sido lo que hemos hecho.

-Claro…

-Ya he tenido que darte las explicaciones, pero son las últimas, ¿eh? Ella no me las pide.

-Vale, vale…

-Acabas de fastidiarnos la única noche que podía trasnochar contigo.

-Buf…

-A dormir.

Sev se puso de espaldas a ella y apagó la lámpara de su mesilla.

-Prince…

Ella le acarició la espalda.

-Déjame, Hipólita, no estoy de humor para nada.

-¿Tampoco para que te abrace mientras duermes?

-Buf… hazlo si quieres, anda.

-Si quieres tú.

-Vale… quiero…

Ella apagó también su luz y lo abrazó muy estrechamente desde atrás.

-¿Te molesto? – le preguntó.

-En absoluto, me encanta…

-Nos queda la mañana de mañana si se te ha pasado el enfado.

-Ya se me ha pasado, Hipólita. Te entiendo, te acostumbré a contártelo todo y ahora no lo hago, te comprendo a la perfección.

-Vaya…

-Claro, meu amor. Cambios muy radicales, no te doy tiempo a acostumbrarte. Soy un desastre.

-No, Prince… no te tortures, eso no.

-Vale…

-También fue un cambio radical que quisieras volver conmigo, el más radical de todos, y lo acepté porque era lo que yo quería, así que debo aceptar también lo demás.

-Está bien.

-¿Seguro? ¿Estás bien?

-Seguro.

-¿Te apetece olvidarnos del mal rato?

-No, Hipólita, no me apetece hacer nada más.

-Vale.

El lunes comenzó la grabación del disco de Sly Snake, lo que consumió por completo las vacaciones incluidos los festivos, pues no lo terminaron en el plazo prefijado, que eran cinco días. Fue una carrera contra-reloj en la que lo pasaron mal temiendo no terminarlo o que no quedara todo lo bien que debería.

El siguiente lunes volvieron al colegio, Minerva los recibió como siempre.

-Buf, Minerva… hoy voy a declinar tu invitación a té, necesito unas horas de olvidarme de todo – le dijo Sev.

-¿El disco? – preguntó la profesora.

-Sí, ha sido infernal. Terminamos ayer a las doce de la noche.

-Buf…

-Valerie y Andrew dormían con Reparadora para poder coger hoy el Expreso en condiciones.

-Claro… Podrían haber venido por Red Flu también.

-Pues sí, no lo pensamos, pero si hubiera sido así nos habrían liado también para la mañana de hoy, habría sido peor.

-Claro… En ese caso marchaos a casa cuanto antes, aunque contaba con hablar contigo a solas de cierto tema. Deberemos tener una reunión próximamente.

("Se acabó el sosiego.")

-De acuerdo, cuando quieras me citas.

-Así lo haré.

Cuando salieron del despacho, Hipólita le preguntó:

-¿Tienes idea de qué quiere hablar contigo?

("Ya te digo que la tengo.")

-No, cariño, no lo sé. Esta noche voy a escaparme si quiere Audrey, ¿eh?

-Como quieras, meu amor, ya te he tenido toda la semana.

-Bueno, eso de tenerme es un decir, apenas nos hemos visto.

-Pero hemos dormido juntos todas las noches.

-Sí, al menos eso.

-Pasa la semana entera con ella si quieres, aunque yo no soy quién para darte permiso, ya lo sé.

-Gracias, minha vida, así lo haré si quiere.

Esa noche Sev quedó con Audrey en la Sala de Menesteres. Estaba nervioso y preocupado, ella se lo notó.

-Prince, cariño… ¿Qué te pasa hoy?

-No puedo contártelo, Audrey.

-¿Como aquello que no podías contarme?

-No, no tiene nada que ver con el tema.

-¿Puedes hablar de ello con alguien más?

-Sí, puedo hacerlo.

-¿Con alguien cercano con quien te relaciones bien?

-Buf… no.

-Pues cuéntamelo a mí.

-Es muy largo, Audrey.

-Apenas son las diez y media, tenemos tiempo.

-No quiero, Audrey.

-Buf, Prince… se te acaban las excusas, ¿eh?

-Voy a preocuparte innecesariamente.

-Nunca se preocupa a alguien innecesariamente. Si hay razón para preocuparse se preocupa y si no la hay no lo hace, y al parecer hoy tienes una muy buena razón, quiero compartirla contigo.

-Con innecesariamente me refiero a que es algo en lo que no puedes intervenir. Que lo sepas no va a aliviarme en absoluto, todo lo contrario.

-Más vale que me lo cuentes, porque ya me huelo de qué va el tema y ya estoy preocupada yo también.

-Buf…

-Prince… yo también soy guerrera, tengo derecho a saber.

-No es algo que puedan saber todos los guerreros, apenas lo sabemos un puñado de personas.

-Si me pides que no lo cuente no lo haré.

-Pero en un futuro tal vez hagas la Unión de las Almas con Percy.

-Eso está por ver, por el momento estamos tomándonos un tiempo.

-¿Has hablado con él?

-Sí. En Pascua, que podíamos pasar más tiempo juntos para compensarle porque sus padres nos dejan dormir en su casa, lo ha desaprovechado, me ha dicho que no se siente capaz de competir contigo y que mientras estemos juntos me deja a mi aire, que cuando me dejes ya verá si vuelve conmigo.

-Buf…

-Lo que te dije el primer día, Prince. No es persona para mí porque yo sí me sentía capaz de llevarlo con los dos, me llega el amor para repartir.

-Desde luego que te llega.

-Nada, un quebradero de cabeza menos, porque mientras esté contigo puedo buscarme otro tranquilamente, tú no vas a impedírmelo, y así no estar sola cuando me dejes.

-Si te dejo, Audrey. Estoy muy bien contigo, quiero pasar contigo toda la semana.

-Vaya… Entonces tienes que contármelo, no te soporto así todas las noches sin saber de qué va el tema, ni hablar. No haré la Unión con nadie si no lo considero adecuado.

-Si no lo considero yo.

-Vale, si no lo consideras tú. A cambio la harás conmigo si quiero.

-De acuerdo.

-Aunque ya no estemos juntos, quiero experimentarla.

-Lo haré, te lo prometo.

-No me valen promesas, quiero un juramento, no cumpliste lo que prometiste el año pasado.

-Vale, te lo juro, me parece de justicia.

-Pues venga, cuenta.

-Está bien, no me interrumpas. Es una larga historia que comenzó en el año 1926…

Le contó al completo toda la historia de los Horrocruxes como un cuento de miedo para niños. Les dieron las doce, ella no lo interrumpió en ningún momento. Concluyó:

-Dumbledore sospecha que hay un Horrocrux oculto en una cueva a la que Tom Riddle acudió de niño mientras estaba en el orfanato, una cueva en un acantilado que quizá esté hechizada o maldita. Quiere que vayamos ambos por él porque yo soy en quien más confía para llevar a cabo la misión dado lo bien que lo hice con el primer Horrocrux que encontramos. Ha estado esperando a que pudiera Aparecerme para que pueda escapar de allí si él no vuelve, y me ha llegado la hora, Minerva me ha dicho esta tarde que debemos tener una reunión urgente, sé que es para hablar de eso. Fin de la historia.

-Buaaah… Prince… Ahora entiendo que estuvieras preocupado. Niégate, no podemos pasar sin ti, no debería recaer sobre ti esa misión.

-Debo hacerlo, Audrey. Quince personas se la jugaron por el basilisco y no me dejaron ir por ser menor de edad y Comandante en Jefe. Ahora me toca jugármela a mí.

-Lo entiendo. En ese caso debes hacer lo posible por relajarte y no estar tan preocupado y nervioso, Prince, de lo contrario vas a poner en peligro la misión.

-Claro…

-Te ha sentado bien contármelo, ahora estás mucho mejor.

-Cierto.

-Y ya has visto que yo no me he desesperado, ni por el peligro que vas a correr ni por saber que Voldemort es inmortal y va a seguir persiguiéndote quizá durante décadas, tal vez toda tu vida.

-Claro…

-Porque estás protegido por tu enorme valía, no vas a dejarte pillar.

-Vaya…

-Y por mi coletero.

-Cierto…

Rieron.

-Cuentas muy bien los cuentos. Cuando hayas acabado con Voldemort has de escribir lo que me has contado tal cual y publicarlo, será un clásico de la literatura mágica.

-Claro...

-O puedes convertirlo en letras de canciones, un disco entero.

-Vaya… Qué bueno, un disco con una misma temática.

-Claro, Prince. Haz las dos cosas, el cuento y el disco.

-Claro…

-¿Has visto cómo ha merecido la pena contármelo, qué ideas más bonitas te he dado?

-Cierto.

-Estás mucho mejor ahora.

-Sí, Audrey, sí, eres una compañera magnífica.

-Sé escuchar, en especial a ti, que siempre cuentas cosas a las que merece la pena prestar atención.

-Gracias.

-¿Qué? ¿Echamos uno o se nos ha hecho muy tarde?

-Debes estar agotada del viaje en Expreso.

-En absoluto, me pueden las ganas que te tengo.

-Vaya…

-Claro, Prince, más de una semana sin ti.

-Y yo sin ti…

-Pero tú tenías a Hipólita.

-Pero apenas hemos tenido tiempo. Ya te he contado que la grabación me ha robado toda la energía, ni siquiera nos lo hemos hecho esta mañana que no hemos madrugado.

-Vaya… Y aun así has venido corriendo a verme y quieres pasar toda la semana conmigo.

-Desde luego, no cambio lo que hago contigo por lo que hago con ella, y ya no sólo por eso. Como persona estoy mucho mejor contigo, también me comprendes mucho mejor y eres mucho más tolerante y cariñosa. Te amo con todo mi ser, Audrey, no fue el calentón.

-Lo sé.

-Te he extrañado mucho, me habrías aliviado mucho de la tensión.

-Claro… Pues te alivio ahora, te lo hago yo, ¿quieres? Me apetece un montón.

-Vale…

-Boca arriba.

Él se tumbó de espaldas con los brazos tras la cabeza, ella apartó la ropa de cama y se sentó sobre él acariciándole intensamente el pecho y el vientre.

-Buf… qué bueno estás, Prince… sigo alucinando… estás aún mejor que el año pasado… Cómo me pone sólo verte y tocarte, no es necesario que tú hagas nada.

Él ya había crecido.

-¿Te la metes ya para que no estés tan mojada y me duela un poco?

-Claro que sí. Pero poco a poco, hoy vengo cerradita de diez días.

-Claro… wow…

Ella se la metió y descendió un poco sobre él, que sintió cómo la abría pulgada a pulgada.

-Wow…

-¿Aguantas bien?

-Sí, sí…

-Claro, bobo, así es mucho mejor para no irse. Y no sólo eso, lo disfrutas más tiempo.

-Desde luego, prefiero mil veces hacerlo así.

-Y tuvo que llegar Audrey a enseñarte.

-Cierto.

-La última pulgada de golpe. Allá voy.

Descendió de golpe sobre él, que gritó.

-Buaaah…

-Ahora otro ratito suave.

Subía y bajaba recorriéndola entera hasta tenerla dentro por completo pero sin golpear el fondo con fuerza.

-De las próximas no voy a avisarte, sorpresas.

-Estupendo.

Lo hizo así un rato, de vez en cuando descendía de golpe sobre él haciéndole gritar.

-Eres fantástico, los chicos no suelen gritar en la cama.

-Vaya… ¿Y tú por qué no lo haces?

-Porque me acostumbré a no hacerlo, recuerda que me enseñaste el Muffliato justo cuando dejé de hacérmelo.

-Claro… Pues quiero que lo hagas, me pone mucho.

-Vale.

Siguieron otro rato más, ahora ella también gritaba cuando le daba fuerte. Al cabo le dijo:

-Ahora que ya me has abierto bien voy a volver a cerrarme.

-Sí… Eso también me lo hiciste tú por primera vez.

-Pero tú ya conocías el truco. ¿Por qué no se lo contaste a tu otra amante?

-Buf… Porque ella era más estrecha que tú, me habría ido.

-Claro… allá voy.

Se cerró en torno a él apretando la musculatura interior repetidas veces, sin moverse.

-Buaaah… qué fuerza tienes…

-Porque no he dejado de practicar en todo el año, no hay que perder forma.

-Maravilloso, aguanta mucho rato así.

-Antes de cansarme la meto y saco también.

-Sí, sí…

-Porque cansa, ¿eh?

-Claro, claro…

Aguantó un ratito y después se lo hizo en movimiento, golpeándolo todas las veces.

-Buaaah… todo a la vez…

-La apoteosis final, después me toca irme.

-Claro, claro…

Un poco después se tumbó sobre él.

-Bésame, Prince…

-Desde luego.

Se besaron y mordieron mientras ella se movía para irse.

-¿Puedo pedirte algo?

-Claro que sí.

-Ya sé que te he dicho que te lo hacía todo yo, pero alucinaría si me movieras tú.

-Desde luego, cariño.

Comenzó a moverla al ritmo de ella, ayudándola a presionar.

-¿Vas a irte conmigo? - le preguntó ella.

-¿Te importa si no lo hago?

-En absoluto.

-Quiero irme a mi manera, me alucina, al ser más ancha aguanto más tiempo.

-De acuerdo.

Poco después ella se fue gritando, él sintió su ola pero no se fue.

-Descansa un poco si quieres, mi amor – le dijo él.

-Vale… Pero que no te baje, ¿eh?

-No me baja, en unos minutos no me baja.

-Alucino con eso de ti, eres increíble, Prince, muy raro.

A los cinco minutos ella volvió a incorporarse.

-¿Le das o quieres que siga yo?

-Sigue tú un poquito.

Ella se lo hizo a ritmo medio golpeándolo cada vez.

-Buaaah… Si no llevara ya un buen rato me iba…

-Porque has pasado sin irte, ¿cuánto?

-Más de una semana, desde el domingo pasado.

-Buf…

Poco después él la tomó por las caderas y la movió frenético hasta que se fue gritando.

-Buah… qué bien voy a dormir…

-¿Has visto? A pesar de los Horrocruxes.

-Cierto. Túmbate sobre mí para dormir, sin sacarla.

-Vale…

Ella se tumbó sobre él, apagaron las velas y se durmieron de inmediato.

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Hasta aquí la quinta parte de esta serie. La próxima, 'El Año de la Victoria VI. La Búsqueda de los Horrocruxes.'