Nota: Hoy les traje un capítulo algo intenso, y que en sí tiene relación con mi long-fic "Naruto: Sueños Reconstruidos", pero que al no ser narrado en tercera persona está subido aquí y no en la otra. En fin, ojalá les guste.

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NaruSaku

Por Shoseiki

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Injusto.

Sí, así es como lo veo. No lo califico de otra forma. No podría hacerlo cuando la injusticia en mi caso es evidente. Eso Naruto lo sabe.

Ambos lo sabemos.

Ninguno de los dos merece esto, y aún así... no tenemos otra opción. No hay más alternativa. Naruto y yo debemos separarnos aquí y ahora, a tan sólo un día de volver a Konoha.

Nos duele, sí, y muchísimo. Pero nuestra relación no debe ser descubierta ante la sociedad, no al menos hasta que me divorcie de Sasuke y él haga lo mismo con Hinata. Ésa es la única forma en que lograremos ser libres y felices juntos. De otra manera es imposible.

— ¿Sakura-chan?

Si queremos casarnos y crear una familia, así debe ser.

— Sakura-chan —oigo que me llama, tan suave que casi no logro escucharlo—, ¿qué ocurre? —pregunta curioso.

Separo mis labios para hablar y decirle unas cuantas cosas que llevo atoradas dentro, pero no me salen. No puedo. Sólo atino a negar con la cabeza y mirar el paisaje que tengo frente a mí. Afuera está lloviendo. Las gotas golpean contra el cristal de la ventana, y mis ojos se quedan prendados con el efecto visual que produce esta tormenta.

Naruto continúa parado bajo el marco de la puerta.

Me encuentro de espaldas a él.

— Te conozco Sakura-chan. Dime qué te pasa, por favor.

— No es nada importante. —le respondo.

Naruto avanza unos pasos hacia mí, y mi cuerpo ya percibe su calor.

Su perfume... su aroma natural, puramente masculino, se dispersa por toda la recámara conforme escucho que avanza.

— ¿Se trata de lo que hablamos en la feria?

— ...

— Estás así porque nos regresamos mañana, ¿verdad?

Mañana. Viaje.

Regreso. Konoha.

Lo pienso y me duele el pecho. El alma. Mi corazón. Porque sé que tendremos que fingir. Tendremos que hacer de cuenta que este momento único e inolvidable no existió, y es doloroso. Lo es porque, gracias a estos días que pasamos juntos, me dí cuenta de cuánto lo amo.

Y olvidarme de eso es como decir que Naruto no es nada para mí, cuando en realidad lo es todo.

No logro imaginar una vida sin él.

— Es eso, ¿no? —vuelve a interrogar, pero yo me siento muy afectada como para contestarle enseguida—. Sakura-chan.

— Debemos irnos hoy si queremos llegar al amanecer. —es lo único que le digo.

— No es necesario que sea ahora, recuerda que con el Hiraishin no Jutsu estaremos allá en unos segundos, de veras.

Cierto. Lo había olvidado. Esa técnica nos teletransportaría muy rápido.

Naruto siempre encuentra la solución a todo.

Mi Naruto es así.

— No recordaba que pudieras hacer eso —confieso, sonriendo leve. Una sonrisa triste—. Entonces partiremos en la madrugada.

— Sí.

— ...

— Sakura-chan —pronuncia, y yo siento un nudo en la garganta. Mis ojos comienzan a picar—. Si... si sabes que te amo, ¿verdad? Dime que sí lo recuerdas.

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Sí lo recuerdo, quiero decirle, pero mi boca está sellada.

Sellada porque si la abro aunque sea por dos segundos me echaré llorar y no lo deseo. No pienso hacerlo.

No voy a llorar. ¡No!

— Tú y yo nos amamos, nunca dudes de eso, por favor. Yo jamás he dudado de mis sentimientos por ti.

— Lo sé. —susurro bajito, para que no oiga la fragilidad en mi voz.

Mi chico se acerca.

— Pues no lo parece por cómo estás actuando ahora.

— ¿Y cómo según tú actúo yo en este momento? Dime.

— Estás distante conmigo —me dice—, no me miras a los ojos, no me comentas cómo te sientes... nada. Y la verdad es que tu comportamiento me confunde mucho, Sakura-chan.

Naruto se oye afligido, desesperado, y todo es culpa mía. Él no entiende ni mucho menos sabe de las emociones que me embargan, pero tampoco me encuentro en condiciones de explicarle. Sólo necesito que me dé mi espacio. Eso es lo único que quiero pedirle, aunque al mismo tiempo sienta una urgencia de tenerlo conmigo, a mi lado como ahora, no puedo.

No cuento con las fuerzas necesarias para solicitarle que se vaya un momento. Mi temor a perderlo me lo impide.

— Yo... lo lamento —sueno patética, pero él me sigue escuchando—. Mi intención no fué esa. Es sólo que...

— Quieres que me vaya, ¿no? Porque créeme que si es así yo lo entenderé.

Lo pienso unos segundos; el tiempo suficiente para que Naruto malinterprete mi silencio y comience a marcharse. A separarse de mí.

De pronto el pánico me invade.

No quiero que él se vaya. No.

— Naruto espera. —exclamo a toda prisa, con el corazón acelerado mientras lo oigo detener sus pasos. Lo hace sin decirme nada.

— ...

Giro el cuerpo hacia la entrada de la habitación para por fin encararlo, pero Naruto sigue de espaldas a mí. Ahora es él quién evita mi mirada.

No sé por qué.

— Lo siento . No quería que me malentendieras. —susurro.

— No hace falta que te disculpes, de veras. Yo comprendo muy bien lo que tratas de explicarme.

Sus palabras me sorprenden.

— ¿Lo dices enserio?

— Sí, no te preocupes. —contesta, y voltea el rostro para regalarme una sonrisa; una totalmente falsa, antes de avanzar hacia la salida de la récamara.

— ¡Espera! —grito sin querer, Naruto se detiene.

— ¿Qué ocurre?

— Es que yo... no quiero hacerlo.

Naruto voltea de nuevo a mirarme.

— ¿A qué te refieres, Sakura-chan? —pregunta confundido.

— A esto —le digo—, al hecho de tener que separarnos.

— Pero será por sólo un tiempo.

— ¿Y si no? ¿Y si después de regresar a Konoha lo nuestro llega a su fin?

Se acabó, ya está dicho. Suspiro para no llorar y Naruto frunce el ceño, viéndome.

Yo trago saliva.

— ¿Qué te hace creer eso?

— Es obvio, ¿no? Tú estás casado con otra.

— Me divorciaré, eso ya lo sabes.

Humedezco mis labios un poco, observando su pecho desde lejos. Naruto trae la pijama de rayas puesta con los primeros botones de la camisa desabrochados, y por ello no puedo evitar ver esa parte de su piel desnuda, concentrada en cómo respira frente a mí.

Ahora luce comprensivo.

Y esa faceta suya me encanta.

Todo de él me fascina.

Ese es el pequeño detalle de estar enamorada.

— Sakura-chan —pronuncia suave, despacio, logrando que despegue los ojos de su pecho y me fije en los suyos. Esos orbes me paralizan—, sé sincera conmigo.

— Siempre lo he sido.

— Bien. Entonces respóndeme algo.

Asiento en un movimiento de cabeza sin dejar de verlo, porque no puedo apartar mi vista de la de él. No quiero hacerlo.

Sus ojos me consumen. Me devoran.

Y mi cuerpo siente el fuego de su mirada.

Una mirada que está despertando en mí miles de sensaciones.

Por kamisama...

— Pregúntame lo que quieras. —le digo.

Naruto da un paso hacia mí.

— ¿Tú... realmente me amas?

— Con mi vida —confieso, acercándome de a poco—. Te amo como a nadie, Naruto.

— ¿De verdad?

— Sí.

Detengo mis pasos frente suyo, a tan sólo pocos centímetros de distancia. Ambos nos miramos sin pronunciar algo. Con la vista nos decimos todo.

— Te adoro —suspira observándome—. Eres mi vida entera, eso no es secreto para nadie.

— Lo sé. Pero es que...

— ¿Qué?

Mi mirada cae sobre sus labios.

Algo crece entre nosotros.

— No quiero dejarte —declaro a corazón abierto—. No es una opción para mí hacerlo, ¿entiendes?

— Entonces no lo hagas. No me dejes, Sakura—chan.

— Estás casado y yo también. Todos nos conocen y son capaces de juzgarte, eres el Hokage y...

— No me importa —interrumpe él, eliminando el espacio que nos separaba.—. Nada de eso me importa, de veras. Lo único que quiero es amarte. Amarte siempre.

El tono con el que me habla consigue afectarme, porque creo que de lo contrario no estaría sintiendo esto por dentro. Estas... ganas de abrazarlo y de fundirme en él como nunca lo hice.

Como si de un momento a otro fuéramos a desaparecer.

— Dime qué piensas, qué sientes —murmura subiendo una mano a mi rostro, para después acariciar la mejilla y rozarme el labio con el pulgar en una caricia fugaz, y lenta a la vez. Su palma es cálida. Los dedos, grandes y ásperos—. Sakura-chan.

Te necesito, quiero decir, pero mi boca habla antes de que siquiera mi mente lo procese.

Con Naruto siempre es así.

— Quédate conmigo. —pido al final, viendo sus ojos azules totalmente hechizada.

El corazón va a salírseme del pecho.

— Toda la vida —contesta mientras se acerca cada segundo un poco más—. Eso es seguro.

Naruto pega su frente a la mía, y pone la otra mano en mi mejilla restante. Ahora es mi cara lo que sostiene entre sus palmas, aunque si lo pienso bien... no sólo es mi cabeza, sino también mi corazón lo que tiene en sus manos.

Un corazón que es y será suyo hasta el día en que me muera.

Así de fuerte es lo que tenemos Naruto y yo.

Los dos cerramos los ojos.

— Sakura-chan —me llama, y mi cuerpo acude a su encuentro. Inclino mi rostro en busca de sus labios pero no consigo atraparlos por la diferencia de altura, entonces Naruto baja una de las palmas a mi cadera. Sus dedos se cierran sobre mi piel—. Quiero estar contigo ahora, Sakura-chan.

Ya es suficiente. No lo soporto más. ¿Por qué? Pues porque lo amo y lo necesito, quizás mucho más de lo que creí antes.

Eso es lo único que sé.

Yo elevo las manos al inicio de su camisa, tomo con mis dedos parte de la tela y tiro de él hacia mí, causando que nuestros labios se junten. A la primera suave, casi que con timidez, pero luego algo entre nosotros estalla y cualquier roce de ternura pasa a ser un gesto digno de dos amantes.

La palma que Naruto mantenía en mi pómulo termina sobre mi nuca, atrayéndome más hacia sí y encerrando el cabello rosa en un puño, claro que lleno de suavidad.

Sus labios se abren estando todavía encima de los míos y pronto el fuego que nos consume, que nos encierra a los dos en una especie de burbuja, reaparece y el control se esfuma. Mis brazos rodean el torso de ese hombre como a un bote salvavidas en medio del mar, más que urgida por sentirlo. Y es en ese momento cuando me devora la boca entera, con su lengua dentro de mí. Probando, comiéndome sin miramentos. Tomando lo que siempre ha sido suyo.

Porque sí, es verdad.

Yo soy de Naruto y él es mío.

Esa es nuestra realidad.

El punto final de esta historia sin terminar.