Oigan, me encantaron sus reviews, son ustedes grandiosos. Ojalá la historia les siga gustando y cada vez les resulte más interesante, n_n.
Declaración: Frozen no me pertenece.
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Capítulo 4.
―¿Qué? ¿Esta noche? Anna, no, no estoy lista.
―Solo es una cena, Elsa…
―Ajá, una cena con tus padres, ¡con tus padres!
Anna guardó silencio, lo tuvo en cuenta pero intentó convencerse a sí misma que si tendía sobre hojuelas la invitación, su novia no tendría oportunidad de negarse; pero ya Anna la había puesto al tanto de la discusión que mantuvo con sus padres y de cómo Iduna se encontraba en una firme negativa sobre su relación con otra mujer, así que las preocupaciones de Elsa eran válidas.
―Está bien, sé que no es una simple cena, pero, en algún momento deberás conocer a mis padres, ¿por qué no ahora y nos quitamos esa preocupación de encima?
―¿Por qué podríamos comenzar a cargar otra?
―Elsa ―dijo Anna, sonando un poco suplicante ―, haz un esfuerzo, es importante para mí; y si es que tenemos planes a futuro juntas, entonces es importante para las dos. Te prometo que mi padre es un hombre muy simpático y considerado, va a caerte bien.
―No tengo duda de tu padre, ¿pero qué me dices de tu madre? Ella me odia.
Anna se rascó la cabeza, ¿es que no podía simplemente hacer que las dos mujeres más importantes de su vida se llevaran bien?
―Admito que mamá es mucho más difícil y…
―Y no está de acuerdo en que salgas conmigo ―la muchacha iba a responder, pero Elsa continuó hablando ―… Y sé que ella es muy importante para ti. No me preocupa lo que tus padres piensen de mí o si están de acuerdo o no con nuestra relación, tengo bastante claro que tanto tú, como yo somos personas adultas y con las condiciones suficientes para hacer con nuestras vidas lo que queramos. Lo que sí me preocupa son las espectativas que esto pueda generarte, siempre has sido una chica de familia y aunque estés dispuesta a luchar por nosotras, debes tener en cuenta lo difícil que será si las cosas no salen como esperas. Y siento que tú esperas cosas buenas.
Anna se quedó un momento en silencio, claro que esperaba cosas buenas, tenía tantos planes fijos en su futuro y no quería descartar ninguno de ellos, sentía que estaba viviendo la etapa más bonita de su vida y como sea, se aferraría a eso, aunque en el proceso terminara perdiendo otras cosas.
―Deja que lo decida yo, ¿está bien? Permíteme confrontarlo, porque de cualquier forma es algo qué tendrá qué suceder. Solo te pido que te mantengas a mi lado porque, si tú estás ahí, me sentiré más fuerte. Y si algo sale mal, ¿sigue en oferta tu cama de adolescente?
―Con todo y almohadas ―respondió Elsa al otro lado de la línea, con un tono de voz más relajado. La pelirroja no pudo evitar sonreír ante la sensación de imaginar a su novia alzando los hombros en señal de rendimiento.
―Te amo, Elsa.
Y Elsa le devolvió el gesto.
―Como lo dije tantas veces anoche, yo también te amo, Anna.
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¿Por qué Anna iba a arriesgar lo que tenía hasta ese momento con Elsa por un capricho de su madre? Entendía lo que podría perder, había pensado mucho sobre aquello, porque si algo tenía Elsa, es que indirectamente la ponía a reflexionar antes de tomar decidisiones importantes. Y esa noche particularmente le resultaba muy difícil hilar algunos de esos aspectos en su vida. Su abuelo Runeard la había llamado más temprano para pedirle que lo visitara con mayor frecuencia. Era un viejo cascarrabias pero amaba a Anna tanto como a la propia Iduna, y aunque el hombre tenía más familia, siempre resultó evidente su favoritismo hacia la joven pelirroja y su madre; las dos mujeres sabían que Runeard intentaba compensar las cosas malas que hizo en el pasado, y tenían qué ser verdaderamente malas por todo lo que el hombre hacía por ellas, y no por los demás.
Así que a la doctora le resultaba particularmente difícil tomar decisiones concretas al respecto de su abuelo y de su familia cercana, ninguno de los cuales era gente fácil de tratar. Afortunadamente la joven Hansen se sentía inspirada por otra figura de autoridad que sabía lo que implica pelear por lo que se ama, y este era su padre, a quien Anna quería seguirle los pasos, y si para mantener a Elsa a su lado tenía qué enfrentarse al poderoso Runeard Haraldssen, entonces lo haría.
Eso por una parte, por la otra no le quedaba más qué aceptar los términos y condiciones de Iduna y por el momento mantener su relación en total discreción al respecto de su abuelo, ya que el hombre era viejo y propenso a las enfermedades, una noticia fuerte, como la que implicaba su noviazgo con otra mujer para un hombre conservador como Runeard, podría resultar fatal para su deteriorado estado de salud, y eso era algo que la pelirroja tampoco quería provocar, teniendo en cuenta que en algún momento Elsa y ella se comprometerían.
Los pensamientos de la joven doctora se agolpaban en su mente mientras observaba su delgada figura frente al espejo, había elegido un vestido color verde botella para la ocasión, Elsa le dijo que le lucía lindo con el color cobrizo de su cabello, así que esa noche Anna buscaría todas las formas de hacerla enloquecer, la rubia quedaría tan fascinada que, con algo de suerte, comenzaría a idear la manera de pedirle matrimonio de una vez por todas, ¿para qué esperar más tiempo? Si había algo que Anna deseara más que todas las cosas en el mundo, era ser la esposa de Elsa.
Pensó en que nunca en su vida se había preparado tanto para una noche, si bien sus salidas con Elsa eran frecuentes, ella simplemente sentía que la noche en que sus padres por fin conocieran al amor de su vida tendría que ser especial, lucir lo suficientemente decente y femenina para que ellos no pensaran que el hecho de salir con una chica significaba que dejaría de ser la mujer que criaron; y atractiva para que esa chica se pensara bien la opción de terminar con ella si es que sus padres, o ella misma terminaban decepcionándola.
Decente y femenina, hermosa y sensual. Podría cubrir estos aspectos muy fácil, después de todo, ella también era una chica muy hermosa.
―Anna ―llamó su padre, quien llevaba rato observándola desde el umbral de la puerta de su habitación ―creo que deberías bajar ya, son casi las ocho y no querrás que tu madre reciba a la invitada.
―Por Dios, no ―dijo la joven, terminando de ponerse el labial y desgreñar su cobrizo cabello, Elsa lucía tan hermosa con sus cabellos platinados revueltos que seguramente a ella no le vendría mal copiarle alguna de sus particularidades.
Agnarr se detuvo a observar a su hija cuando esta se dio la vuelta para tomarlo del brazo, el hombre simplemente asintió con la cabeza en acertada admiración.
Al contrario de Agnarr, la reacción de Iduna cuando Anna bajó las escaleras acompañada de su padre fue más bien de frustración, y no porque su hija no le pareciera hermosa, sino justamente por eso, Anna lucía hermosa y apropiada, apropiada si tan solo no se hubiera arreglado de aquella forma para otra dama.
―Mira esto, amor, ¿cuándo fue que creció tanto nuestra pequeña?
La estirada mujer deseó por todos los medios encontrar alguna manera de rebatir aquella forma sublime de lucir de su pequeña, ella misma estaba admirada de lo hermosa que se veía Anna, pero su postura por el momento era negarse a aceptarlo, simplemente porque era Iduna y no estaba de acuerdo.
―Diría que es la imagen perfecta, perfecta para acompañar a una bonita corbata.
―¿Te preocupa que mi novia resulte una mujer travestida, madre?
Pues sí, y le preocupaba bastante. Desde que Anna saliera del clóset fue una más de sus preocupaciones al día. Le dolía la cabeza imaginar cómo sería ser aquella mujer que les estaba robando todo, qué tan corto tendría el cabello; cuántos cigarrillos fumaba al día; si vendría a la cena con una playera estampada de algún súper héroe o de su equipo favorito de fútbol de la cual destacaban los pechos, si es que estos no estaban operados. Esas eran las cosas que preocupaban a Iduna, además de los modales y de si sería una de esas lesbianas que nalguean a su novia delante de sus padres con un vaso de cerveza en la mano al mismo tiempo que eructa sonoramente.
―Ni siquiera tienes idea, cielo.
El timbre replicó en toda la casa con un sonido suave, casi como si Anna escuchara a la misma Elsa anunciarse, los nervios de la pelirroja se afilaron y de pronto sintió que toda la seguridad que había ensayado frente al espejo, se desvanecía en medio de la puerta de la calle y la mirada escrutadora de Iduna, exigiendo terminar con ese circo de una vez por todas.
Sin avisarlo la misma Anna acudió a recibir a su invitada, el corazón le golpeó fuerte en el pecho cuando detrás de la puerta, se encontró con los radiantes ojos azules de la mujer de su vida.
―Wow… ―suspiró ―luces espectacular.
Elsa le sonrió, y no hizo falta que le expresara con palabras lo que sus ojos opinaban de la figura de la ginecóloga, al parecer, la muchacha lo había conseguido: su novia quedó fascinada.
―Entra, mis padres están esperando.
Gentilmente la joven pelirroja tomó del brazo a su novia y la condujo hasta la sala de su elegante residencia.
La casa de los Hansen tenía el tamaño suficiente para una pequeña familia, pero todos los lujos y comodidades de las que se podía echar mano, de ese modo, la sala donde la familia acostumbraba a recibir a sus invitados tenía un desnivel que le permitió a los padres hacerse de una perfecta y espectacular vista de la recién llegada.
―Papá, mamá, ella es Elsa, Elsa Ekman.
Espectacularmente rubia y pálida, y no es que los Hansen jamás hubieran visto mujeres rubias en Noruega, es que esta era simplemente diferente, con el cabello perfecto, en el largo perfecto y peinado perfecto, suelto como una cascada de hermosa vista sobre hombros níveos y delicados; ojos azules y brillantes, de apariencia fina y delicada, como si estuviera flotando. Vestido negro con casi tres cuartos de mangas, suelto sobre las femeninas caderas que pronunciaba un cintillo color plateado atado a su delgada cintura, zapatos color hueso y una sonrisa tan sutil como encantadora.
La mente de Iduna se quedó en blanco y sus pensamientos en silencio, no era lo que se había figurado, y vaya que pensó en eso tantas veces, porque Iduna era una mujer que pensaba en todo, y si habría qué convivir con la mujer que tenía loca a su hija, entonces debía saber cómo tratar con alguien que estaba totalmente fuera de su mundo ideal en su familia ideal, y estaba segura que no tendría buenas impresiones.
Sin embargo estaba ahí, delante de sus ojos, una belleza femenina que era toda curvas delicadas y a simple vista, una perfección andante, podría significar que Iduna se había equivocado, pero la primera impresión no debía ser el todo de aquello, porque detrás de ese rostro inocente y gentil, sabrá Dios qué habría oculto, el hecho de que una mujer como esa fuera la pareja de su hija, y no de un hombre de los que seguramente habría cientos tras de ella, le daba una mala espina. Por el momento la divina imagen de Elsa le asestó cuatro fuertes cachetadas al rostro de la asombrada Iduna.
Agnarr le apretó la mano a su esposa, sintiendo la tensión que desprendía la mujer y esta notó el temblor en la mano de su esposo, ese gesto tan particular de él cuando se reía de ella por lo ridícula que muy probablemente la mujer se sentía en ese momento.
El hombre se apresuró a subir las escalinatas para ofrecerle cortésmente el brazo a Elsa, invitándola a sentarse; se moría de ganas por hacer todas las preguntas que le venían a la mente, sobre todo ahora que estaba tan impresionado del excelente gusto que muy seguramente le heredó a su hija.
―¿Te hemos hecho cambiar los planes para esta noche, Elsa? La cena fue tan imprevista.
―No tenía nada planeado para hoy, señor Hansen, salvo ver a Anna; es un gusto y agradezco la invitación para acompañarlos.
―Oh, bueno, desde que Anna nos habló de ti tenía muchas ganas de conocerte; nunca escuché a mi hija tan románticamente emocionada, y si ambas me lo permiten, debo decir que eres preciosa y que mi hija sin duda tiene un gusto maravilloso.
―Gracias, padre ―dijo Anna, sonriente y complacida, mientras esperaba ansiosa por la respuesta de Iduna.
―Bien ―dijo la mujer ―, podemos comenzar a conocerla durante la cena, sin duda también me encuentro muy curiosa al respecto.
El tono de Iduna fue seco, y Anna podría saber de qué iba la curiosidad de su madre sobre su novia. Y no sería nada bueno.
Iduna acababa de desenfundar su espada.
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―¿Por qué decidiste especializarte en pediatría, Elsa? Anna dice que tienes un excelente trato con adultos.
La muchacha respondió mientras terminaba de cortar su carne.
―Me gusta tratar a cualquier tipo de pacientes, pero sin duda los niños se roban mi atención. Como adultos podemos entender por qué algo nos duele y saber que pasará, pero ellos son tan inocentes, y a veces tienen tanto miedo, y solo necesitan que alguien use las palabras correctas y el trato correcto para que, a pesar de sus dolores, puedan sonreír. Y me gusta hacer eso.
―Tienes un bonito espíritu. Por alguna razón una persona que tiene la cualidad de entender a los niños, a los viejos y a los animales, siempre me inspira mucha confianza. Pero no me llames señor Hansen, dime Agnarr.
―¿Te gustan los niños? ―en medio del silencio del que fue protagonista por largo rato, finalmente Iduna pareció interesarse en la conversación ―Entonces supongo piensas tenerlos, ¿no es así?
Hasta entonces Agnarr había conseguido mantener a su mujer al margen, pero sabía que no lo lograría por mucho. Y ahí estaba ella, comenzando a lanzar sus dardos.
―No lo sé, señora Hansen, es algo que todavía no decido.
―Oh, ¿cuántos años tienes? ¿Veinte?
―Veintisiete.
―¿Y todavía no estás segura sobre una decisión tan importante?
Elsa mantuvo la calma, Anna ya la había puesto al tanto de la postura terriblemente conservadora de su madre.
―Tener hijos no es mi prioridad, al menos no por ahora; recién terminé mis estudios, estoy trabajando en lo que me preparé y trato de mantener estable mi vida antes de decidir lo siguiente.
―¿Cómo tener una familia?
―Tengo una familia, y tengo a Anna.
―Sí, me refiero a una familia de verdad ―arrojó la mujer, entre risas burlonas bebiendo de su copa de vino.
―En algún momento Anna y yo formalizaremos y entonces viviremos juntas. Planear hijos ya no es algo que me compete solo a mí, sino a ambas y lo que a ambas nos convenga; tengo en cuenta que Anna recién está comenzando su vida laboral y probablemente la responsabilidad de los hijos no sea algo que le llame la atención ahora. Lo platicaremos en su momento.
―Sí, no hay prisa para eso ―respondió Agnarr, fascinado y burlón, hasta parecía que quería darle un codazo a su esposa diciendo "te lo dije" ―, las dos son jóvenes y…
―Ya, pero, realmente esperábamos preservar nuestro apellido y sangre, dentro de todos los términos legales y socialmente aceptables con los que una familia decente pueda contar. Es lo menos que espero, y me disculparán, pero adoptar niños en nuestra familia lo vería más como un fracaso que otra cosa, si eso es lo que están pensando.
Antes de que Elsa pudiera responder a aquello, con las manos tensas sobre los cubiertos que manipulaba, Iduna habló otra vez.
―¿Tus padres están de acuerdo con esto?
Elsa miró a su novia, pidiendo permiso para responder. La pelirroja le expresó un gesto suplicante, como si le rogara mantener la compostura aun sabiendo lo que implicaba para ella la firme postura de Iduna ante las adopciones. No es lo que Elsa quería, pero tampoco deseaba hacer de esa noche un martirio para la pelirroja.
―Discúlpeme, ¿de acuerdo con qué?
―Con esto, con tu… relación con otra chica ―mencionó la señora Hansen, con un gesto desdeñoso, como si el simple hecho de mencionarlo le escociera.
―Comprendo. Pues ―respondió la rubia, con toda la calma y serenidad que su persona demostraba ―, mi madre lo está; mi padre murió hace ya tiempo y si viviera, él no solo estaría de acuerdo, él mismo estaría ahora vuelto loco trabajando en los esponsales. En realidad mis padres no consideran la sexualidad de sus hijos adultos como algo que les concierna, mientras no sean delincuentes. Y por cierto, mamá adora a Anna.
Agnarr iba a decir que estaba de acuerdo cuando su esposa lo interrumpió.
―¿Y a qué se dedica tu madre? ―realmente a Iduna no parecía preocuparle la indiscreción.
―Es médica también.
―Médica… Mmm… qué lenguaje tan sofisticado.
―Tengo entendido que es aceptable.
―Sí. ¿De qué murió tu padre?
―Por una enfermedad del corazón.
―Oh, no serás propensa a ella, ¿o sí?
Elsa guardó silencio y miró de nuevo a Anna, la pelirroja creyó que era su turno de intervenir, pero no sabía cómo.
Y se equivocó.
―No, Elsa no es propensa a eso, ya se hizo pruebas y está muy bien.
La rubia mostró un gesto tranquilo pero aun así, dirigió de nuevo la mirada a su novia, esta vez con un atisbo de decepción en su mirada opaca, el dolor se mostraba evidente en el azul grisáceo de sus ojos, y aún así, antes qué decir lo que estaba pensando, prefirió darle su lugar a Anna.
Elsa amaba a su novia, pero justo ahora se preguntaba si tal vez al final ella no era lo que la chica necesitaba.
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―Elsa, lo siento, no pensé en lo que dije, solo me vino a la mente para sacarnos a mi madre de encima.
―Lo sé, no he dicho que no lo comprendo; en realidad, porque lo comprendo es que estamos aquí.
―Por favor, esto no puede significar un problema mayor para nosotras.
―Anna, esto no es algo que deba evitarse y ya, no podemos pretender que el hecho de que yo sea adoptada no influye en la relación que tienes con tus padres. Tú quieres que mantengamos buena relación con ellos, ¿y para eso debo ocultar de dónde vengo yo, o lo que no soy? Es tu madre, y lo entiendo, lo entiendo bien, pero no podemos construir una relación sobre una base de mentiras para mantener las apariencias. No lo considero correcto.
―¿Y entonces qué hacemos? Iré a hablar con mi madre, hablaré con ella y le diremos la verdad.
―No, está bien, no es necesario, y tampoco es necesario que lo sepan todo de mí; lo único que quiero es que lo que yo soy no te perjudique a ti.
―No lo hace, a mí no me importa, Elsa.
―Pero te importa que a tu madre sí, y quieres evitarlo. ¿Cómo crees que ella reaccione cuando se entere que la novia de su hija fue una niña adoptada?
―No, me equivoqué ―dijo desesperada la joven ―. Me equivoqué, lo lamento, solo quería quitártela de encima.
―Anna ―Elsa suspiró ―, no vamos a terminar nuestra relación por esto, no te preocupes; pero lo que sí quiero es que consideres a dónde vamos a caminar a partir de hoy. Y no estoy de acuerdo en comenzar así. Mira, el hecho de que consideres que mi pasado es problemático para tus padres, supone que yo tendría qué ocultar quién es la persona a la que yo considero mi madre y lo que hizo por mí, estaría invisibilizando a las personas como ella, que hacen cosas buenas, y estaría invisibilizando a las personas como yo, a los niños como yo y como Kristofff, que no tienen la culpa de nada y pareciera que el hecho de no vivir con nuestros padres biológicos es vergonzoso e indigno para algunas personas. Y no es como que vaya a presentarles a mi madre como "hey, miren, ella es mi mamá adoptiva", pero en lo sucesivo es una verdad que podría conocerse y dime qué pasará entonces.
―Lo sé, lo entiendo. No será así, Elsa, lo prometo. Dame la oportunidad de demostrártelo.
Elsa la tomó de los brazos e inclinó su mirada para verla de frente, sabía que no era culpa de Anna, pues ella simplemente tuvo la fortuna de nacer en un hogar así, con unos padres así, Elsa no podía culparla de algo a lo que la joven no estaba acostumbrada.
―Tonta, tú no tienes nada qué demostrarme, y no te preocupes por eso ahora, ya pasó y si alguna vez se retoma, lo arreglaremos.
Anna asintió, en total pena, y se hundió en el pecho de su novia que le extendió los brazos cálidamente para confortarla, aunque la lastimada fuera ella.
Elsa estaba segura que Iduna se convertiría en un dolor de cabeza para su relación.
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―¿No estás orgullosa? ―preguntó un alegre Agnarr a su esposa ―Anna eligió muy bien, no es tonta, su novia es una chica inteligente y está demás mencionar que además es muy hermosa.
―Ahf ―gruñó la mujer ―, no vuelvas a decirlo de esa manera.
―¿Te molesta que me refiera a Elsa como la novia de Anna? ¿O te molesta que resultara ser todo lo contrario a lo que esperabas? Porque sé honesta, Iduna, tenías ese perturbador deseo de que Elsa fuera alguien a quien pudieras humillar, y ahora estás enfadada porque la chica no te dio una sola razón para hacerlo. Es perfecta, y es perfecta para Anna.
―Una cara bonita no lo es todo, Agnarr, evita pensar con otra cosa que no sea la cabeza.
―Por dios, mujer, es la novia de mi hija, y sería un hipócrita si no reconociera el buen partido que es, porque los dos sabemos que Elsa Ekman no es solo una cara bonita, es una mente brillante, un carácter tranquilo, una personalidad atractiva y elegante, no se diga femenina.
―Bien, ¿cómo es que dos mujeres tan… femeninas van a poder estar juntas? ¿Te preguntas eso? ¿Qué figura de protección tendrá Anna con una mujer que necesita ser protegida también? ¿Quién va a cuidarla?
―Anna lo hará, ¿no las escuchaste? Elsa no pretende representar las cosas que Anna ya sabe hacer por sí misma, solo quiere ser su apoyo y compañera. Tal vez si hubieras estado determinada a escuchar lo que tenía que decir sobre su futuro en lugar de dónde proviene su pasado tendrías un concepto distinto de ella. Es una buena mujer y tendrás qué aceptarlo, y vivir con eso.
La mujer se volvió al hombre, incrédula.
―¿Es que tú estás conforme? ¿Lo estás, Agnarr? ¿Ya te vislumbraste presentándole a tu familia la pareja de tu hija?
―Mi familia no tiene nada que opinar, y quien no quiera a mi hija por quien ella es, entonces no me quiere a mí y no merece un lugar en mi vida, ni en la suya. Deberías tenerlo en cuenta, porque no voy a permitir que tu padre venga a pretender arruinarlas, si eso es en lo que piensas.
―Mi padre no lo sabrá. Y alguna manera encontraré para mantener a la familia al margen de esta locura que pasa por la cabeza de Anna.
―Me parece muy bien, lo prefiero así antes que les arrebate la felicidad como lo hizo contigo, mira en qué te convirtió.
Iduna abrió los ojos como platos, sorprendida porque Agnarr le hablara como pocas veces lo hacía.
―No te asustes, amor, yo te amo, pero sabes que tengo razón. Déjalas tranquilas. Ellas estarán bien mientras no haya alguien que las perturbe.
Pero Iduna estaba decidida a hacer lo contrario, y evidentemente ella no iba a aceptar que Agnarr tuviera la razón.
Esa mujer no se quedaría con su hija y punto.
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Habían pasado un par de meses después de aquél encuentro y como era de esperarse, la relación entre Elsa e Iduna no fue la mejor. No es que se faltaran al respeto, pero era evidente el rechazo que la mujer expresaba hacia la novia de su hija.
Aún con la madre en contra, no fue motivo suficiente para que, tiempo después, a mitad de un romántico paseo por el bosque, Elsa finalmente le pidiera ser su esposa.
El lugar que la rubia escogió para proponérsele a Anna fue el sitio preciso para silenciar por un buen rato a su novia, antes de que la emoción le permitiera a Anna darle el "sí". Elsa bajó del caballo que hacía bastante tiempo el viejo amigo de la familia le regalara cuando esta cumplía doce años, pero como Elsa no tenía dónde mantenerlo, el animal se quedó al cuidado de una persona especializada que se lo permitía cada vez que ella quisiera, así que, dado a que Anna era todavía más amante de los caballos que ella, la idea de pedirle matrimonio después de llevarla a cabalgar a lo largo del fiordo le pareció excelente.
Después de una exquisita comida campestre, Elsa extendió la mano a Anna para ayudarla a bajar del corcel, la pelirroja estaba fascinada con el caballo de Elsa, tan blanco y tan fino como la misma dueña, se llamaba Nökk y el nombre le fascinó también a la muchacha.
―Oye, ese amigo de la familia que tienes es bastante considerado contigo, este muchacho ―dijo Anna, palmeando cariñosamente al animal ―, es un excelente chico, te hace sentir como si flotaras sobre las nubes. Excelente servicio, un diez.
―Me alegro que te gustara ―respondió la rubia ―, porque creo que cuando finalmente tengamos nuestra casa a este lado de la ciudad, tendremos un patio donde podrá quedarse y lo montarás siempre que se te antoje.
―¿Ah, sí? Has pensado en eso, eh ―dijo coquetamente la chica ―, ¿y cuándo haremos ese sueño realidad?
Anna extendió los brazos alrededor del cuello de Elsa para besarla, pero desistió cuando la muchacha no le correspondió; al bajar su mirada para ver en qué tenía las manos ocupadas Elsa que se negaba a sujetar su cintura, se quedó muda.
―Eso dependerá de cuándo fijes la fecha… Anna Hansen… ¿te gustaría ser mi esposa?
Anna quería seguir mirando la sortija, pero también quería mirar a Elsa, y como a esta podía escucharla, y olerla, decidió continuar admirando la belleza de un hermoso anillo de plata, el metal favorito de las chicas, con pequeñas incrustaciones que reflejaban los colores del otoño alrededor.
―Elsa… ¿de verdad…?
―Te amo, y estoy tan prendida de ti que no puedo esperar más tiempo. Hemos manejado las cosas bien y aunque hay algunas que se salen de nuestro control, ninguna de ellas representa un impedimento para mí y el deseo de que te conviertas en mi esposa. Por favor, acéptame y hazme feliz…
Una parte de lo que Elsa ensayó para su propuesta fue cortado por un beso húmedo que la atrapó, porque Anna lloraba.
―Por dios, sí. Claro que sí, Elsa, he esperado tanto este momento. Oh, dios ―dijo ella ―, es como lo imaginé. Tonta, me trajiste aquí para esto. ¡Te amo! Y sí voy a ser tu esposa, en tres meses, o en dos, o mejor en uno. Por mí podemos casarnos mañana.
―Nos casaremos cuando tú lo decidas.
Anna volvió a abrazar a su ahora prometida, con la sortija brillando en su mano; si había una mujer feliz en el mundo, esa era Anna Hansen.
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Durante los meses que la boda se preparaba las cosas no mejoraron con Iduna. Anna estaba feliz, e Iduna también quería estarlo, y seguramente lo haría sino fuera por el hecho de que Anna se casaría con una mujer, y no una cualquiera, sino quien representaba la mayor competencia que Iduna hubiera tenido jamás.
Había momentos en los que podía conversar de nuevo con Anna, en los que se olvidaba de quién esperaría a su hija en el altar, y entonces podía señalar algún color para los manteles, o negarse a un diseño del vestido de boda, porque a pesar de todo, Anna seguía siendo su hija y verla tan feliz de repente le provocaba todas las ganas de compartir aquellas sonrisas con ella. Incluso cualquier rencor que pudiera tener en contra de Elsa pudo desvanecerse del mismo modo como había surgido, si los Hansen jamás se hubieran enterado de una verdad acerca de Elsa, y es que, tras el encuentro inevitable con la familia de la rubia, a Iduna no le cayó en gracia enterarse de la procedencia de la joven pediatra, y lo concerniente a su adopción, y dedicó días a hostigar a Anna para que repensara su situación romántica.
―Nunca vas a estar segura de con quién te estás metiendo.
―Por dios, madre, conozco perfectamente a mi familia y sé de lo que pueden ser capaces muchos de los que creemos conocer tan bien, ¿por qué te preocupa no tener el antecedente de Elsa?
―¿Lo dices en serio? Anna, por favor, te eduqué para que fueras una persona inteligente, y todo la inversión puesta en ti de un momento a otro se fue a la basura, solo porque alguien te movió sensualmente las faldas. No eres tú.
―Ni siquiera me conoces realmente, madre, todo lo que te ha importado de mí hasta ahora es que sea perfecta ante los ojos del mundo, ¿y para qué? ¿Para hacerte quedar bien a ti? ¿Y qué hay de mí? ¿Acaso no tengo derecho a decidir mi propio rumbo? ¿Es que tuviste una hija solo para moldearla a tus gustos y porque el primer intentó falló?
El rostro de Anna se volteó de una fuerte cachetada. Cuando volvió la vista a su madre, esta se encontraba con el rostro desencajado y el siempre perfecto peinado, arruinado.
―Es algo que no deberías volver a mencionar.
―Pensé que habías aprendido la lección ―dijo Anna, con un tono de voz herido ―, pensé que lo que viviste con mi abuelo te ayudó a aprender y no repetir la misma historia, pero terminaste siendo justo lo que tanto odiaste.
Anna tenía cierta razón, e Iduna lo sabía, y por eso no podía reclamarle nada. A pesar de lo mal que lo estaba pasando, realmente intentaba hacer el esfuerzo por darle a Anna su cariño de madre, porque la amaba a pesar de todo, porque era su niña, su única niña y su razón de ser. Y tal vez era simplemente que veía a Elsa como su rival, alguien que le estaba robando la atención que antes le pertenecía.
Iduna nunca manifestó el mismo problema con Ryder. Era como si el hecho de pensar en Elsa y tenerla cerca, a pesar de querer evitarla, la acercaban más, y toda la curiosidad que la rubia le despertaba, terminaba expresándolo de la peor manera.
Esa noche escuchó que la joven Ekman esperaba a Anna en la sala, así que la voluntad o la inercia la empujaron a abandonar su lugar de trabajo en su propia casa para ir ahí, aprovechando que Anna terminaba de arreglarse para salir con su prometida.
La joven pediatra levantó la vista de su teléfono al percatarse de la sutil presencia de la mujer, que llegaba sin hacer ruido, como una fiera al acecho de su presa.
―Sé que eres inteligente, así que no necesito expresarme mucho para que entiendas que nunca serás aceptada en esta familia, sin importar que te cases con Anna.
Tranquilamente, Elsa guardó su celular en el bolso de mano que llevaba consigo, con toda la paciencia que siempre mostraba y que tanto crispaba los nervios de la otra mujer, que solo esperaba razones para enjuiciar a la rubia.
―Me da gusto saber que voy a casarme con Anna y no con usted, ni con nadie más de su familia.
―Mira qué después de todo sí tienes carácter.
―No, señora, solo atiendo su pregunta.
―¿Te das cuenta que nunca serás la persona correcta para ella? ¿Piensas que la hace feliz organizar una boda donde no estará una parte de su familia? ―contraatacó la mujer, ignorando intencionalmente cualquier respuesta de la rubia ―¿Qué es lo que vas a ofrecerle? Ni siquiera sabes quiénes son tus padres.
―Si Anna no quiere casarse conmigo, que me lo diga. Su hija es mayor, Iduna, y sabe lo que quiere, tal vez su charla no debería ser conmigo.
―¿Qué harás el día que mi hija sienta la necesidad de ser madre? ¿Cómo vas a darle hijos?
―Ni siquiera sabe si ella quiere tenerlos; por dios, señora, evitémonos esta pena, somos adultas y abordar estos temas me parece ridículo.
Pero Iduna seguía firme.
―Solo quiero que tengas en claro que si tu intención es hacerla que adopte solo porque quieres seguir la tradición de a quien consideras tu familia, la harás muy infeliz porque cualquier niño sin origen que llegue a esta casa jamás será aceptado.
―Me parece perfecto, así no tendrán qué lidiar con tanta falsedad e hipocresía.
―Sabes que Anna en algún momento querrá estar con un hombre, alguien que la haga sentir mujer de verdad, que la proteja, que pueda presentarle a su familia y pueda darle lo que tú no puedes.
―Preséntele a uno, o a varios. Si ella se interesa por alguno, le prometo que yo me retiro y la dejo ser feliz. Pero usted no lo hará porque sabe y está convencida que muy a su pesar, Anna me ama y no va a cambiarme por nadie.
La mujer sonrió desdeñosamente, y miró a Elsa de los pies a la cabeza, como era su costumbre siempre que la tenía delante.
―Para no ser nadie en este mundo tienes mucha voluntad, pero la belleza no te va a durar toda la vida. Podrás haber enloquecido a mi hija por tu carita inocente y vamos, sí, porque eres atractiva, pero cuando ella se canse te va a botar y buscará lo que no encontrará debajo de esas faldas.
―Dígame una cosa: ―respondió la pediatra ―¿usted considera que la inteligencia de Anna se mueve por sus hormonas? Porque de ser así me resulta repugnante y creo que si hay algo que Anna no merece, es una madre que esté obsesionada con imaginarla cogiendo. Es muy perturbador. Pero si quiere saberlo, puedo decirle que ella jamás se ha quejado de mi desempeño, y que por supuesto, yo menos del de ella. Lo hace genial.
―No te permito…
―No, yo no le permito a usted que insulte de ese modo la inteligencia de Anna, será su madre, pero yo su prometida y la amo y sobre todo la respeto, si le queda un poco de cariño por su hija, debería demostrarlo en lugar de buscar la manera de hacerla infeliz.
―Eres muy insolente, ¿dónde dejaste hoy tu crianza adoptiva? ¿No presumes tanto de ella? Como si ser huérfana te hiciera mejor persona. Lo que quiero evitarle a Anna es el historial de una persona cuyos padres no sabemos si fueron drogadictos, u homicidas.
―Me parece mayormente aceptable que sean lo primero que teme a tener la cabeza llena de barbaridades como la tiene usted. Y no pienso disculparme por decírselo. No soy del criterio de que debemos soportar malos tratos solo para quedar bien. Para que quede claro, quien a mí me importa es Anna, no usted ni lo que piense. Y si esto va a seguir entre nosotras, entonces solo me obliga a sacarla de aquí cuanto antes, porque le guste o no, somos una pareja y seremos un matrimonio, porque Anna va a ser mi esposa contra todo lo que se interponga.
―Así que me retas.
―No, señora, la sentencio.
Justo terminó Elsa de hablar, cuando los pasos de la hermosa pelirroja se detuvieron al final de la escalera.
―Lo siento, amor, ¿te hice esperar demasiado?
Las dos mujeres en la sala dirigieron la vista hacia la joven mujer, una sonreía mientras la otra rabiaba.
―Descuida, tu madre estuvo aquí para hacerme una charla provechosa. ¿Lista?
―Lista ―sonrió Anna. Terminó de bajar los escalones para acercarse a Iduna y besarle en la mejilla.
―Te veo más tarde, madre.
Y después le dio la mano a Elsa quien la llevó del brazo hasta el coche.
Si Iduna pensaba que deshacerse de Elsa sería sencillo, se había equivocado, no era la mujer que ella pensaba, era fuerte y estaba decidida a pelear por Anna.
Y tal vez en algún momento Iduna tendría qué aceptar su derrota.
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―Conozco a mi madre y sé perfectamente que esa no fue una charla pacífica.
―En efecto, pero le dejé en claro algunos puntos en los que ella no coincide. Pero si algo bueno salió de esa charla, es que cada vez me convenzo más de lo mucho que te amo y lo mucho que ya quiero tenerte conmigo.
—Ow, y yo ya quiero amanecer a tu lado también. ¿Me llevarás a tu departamento esta noche?
—Por supuesto que sí —le guiñó la rubia.
Pero los planes de esa noche terminaron desviándolas de su reunión, hacia la casa de Elsa, debido a una complicación de último momento con el paciente necio que procuraba siempre la atención de la pediatra.
—¿Me perdonas por arruinarte la noche?
Preguntó tímidamente la rubia a una Anna que aguardaba pacientemente en el pasillo del hospital donde trabajaba su novia.
—No me arruinaste nada, aún estoy contigo.
—Oye, si no te importa, puedes quedarte conmigo en casa de mi madre, estamos mucho más cerca de allá que de mi departamento y de tu casa, estoy un poco cansada para conducir y por supuesto no voy a dejar que te vayas a casa tú sola.
—Me encantará ir contigo a casa de tu madre. ¿Cómo está tu paciente?
—Ah, ese hombre; sabe bien que no puedo ser su médico, pero insiste en que sea yo quien lo revise y le prescriba medicamentos, en este mundo no hay doctor a quien le confíe más su vida que a mí.
—En realidad eso es algo lindo, parece tenerte mucho cariño.
—Es la costumbre, mi padre fue quien lo atendió hasta el día de su muerte, pero él sí era cardiólogo. En fin, ya está dormido y algunos de sus familiares llegaron para cuidarlo, estará bien. Podemos ir a casa.
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Anna se sintió enternecida al observar las cosas en la habitación de Elsa, al parecer su novia siempre fue una chica discreta con pocos intereses, o poca necesidad de demostrarlos. Su vieja habitación era austera, aunque eso probablemente se debía a que sus cosas más importantes ya estaban colocadas en su departamento, y en ese lugar solo quedaban las que traían más recuerdos.
—Me gusta tu habitación.
—¿De verdad? Kristoff siempre dijo que era aburrida.
—En realidad dice mucho de ti, una chica sencilla, amante del azul y los chocolates, tienes envolturas de todas las presentaciones.
—Fue una tonta manía por guardarlas.
—Es tierno.
—Bueno, espero que puedas dormir en esta pequeña cama —dijo Elsa, probando si el colchón sería lo suficientemente cómodo para su visita.
—¿Quién dijo que quería dormir? —respondió ella, y Elsa no pudo evitar una sonrisa de su parte.
—¿Ah, sí? ¿Pretendes convertir este santuario de niña en otro lecho que sofoque tus calores?
—Creo que es lo contrario, en realidad, estar aquí me enciende. ¿Hay alguien en casa?
—Kristoff estará aquí hasta en la mañana y mi mamá tiene guardia de veinticuatro horas.
—Excelente —dijo la pelirroja, bajando los tirantes de su vestido y poniéndose a horcajadas sobre la cintura de Elsa —; tengo la necesidad de hacer que te relajes.
El tono sensual de Anna ya prometía mucho de lo que dijo, así que Elsa se recostó sobre la cama y permitió que su novia cumpliera su deseo.
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Anna dibujó un círculo sobre la espalda desnuda de Elsa, cariñosamente. La llamó por su nombre en dos ocasiones, casi en un susurro pues en realidad sabía que Elsa estaba cansada y no quería despertarla, y le gustaba verla así, tan hermosa e inocente.
La joven ginecóloga miró la hora en el reloj sobre la mesita de al lado y decidió levantarse a hurtadillas para no importunar el descanso de su amada, podía regresar a casa por ella misma.
Sacó del clóset una camiseta de Bob Esponja que seguramente Elsa usara en algunos de los eventos en el orfanato, ya que tenía manchas de pintura sospechosas, y la combinó con unos pantalones viejos que seguramente la rubia no extrañaría; a pesar de la ropa, Anna se veía muy bien.
Antes de salir de la habitación besó a su novia en la cabeza y le dejó un romántico recado dentro de su puño, y salió al pasillo intentando andar lo más discreta posible.
Al bajar las escaleras se encontró con lo que parecía un recién llegado Kristoff, quien se detuvo a mitad de la sala, mirándola.
—Espero no hayas buscado la joyería en el cajón de mis calzoncillos —bromeó el muchacho, solía llevarse bien con Anna, aunque con ciertas reservas.
—No, pero podría recomendar hacerte de un nuevo guardarropa, ¿o es que la pantera rosa tiene un valor sentimental?
Kristoff sonrió.
—¿Tan mala fue la noche que huyes de Elsa en la mañana?
—Está dormida —respondió la pecosa, terminando de bajar las escaleras —. Anoche tuvo una emergencia y llegamos hasta aquí un poco cansadas, prefiero dejarla dormir.
—Oh, muy bien. ¿Vienes en coche?
—Tomaré un taxi.
—De ninguna manera, permíteme llevarte.
—Oh, no, acabas de llegar, seguramente de una noche pesada, no me gustaría que…
—Elsa lo haría por mí —interrumpió Kristoff —Lo ha hecho antes, de hecho. No te preocupes.
—Okey.
A pesar de que a Anna le preocupaba molestar a Kristoff, aceptó de buen modo su cortesía.
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—¿Así que Elsa ha hecho esto por ti antes?
—Algunas veces, sobre todo porque puedo ser muy despistado, y Elsa no se dormiría tranquila sabiendo que una chica anda sola por la ciudad en la madrugada.
—Bueno, pero no es la madrugada ahora.
—Es correcto —dijo él, muy concentrado en el camino.
—Qué buenos hermanos, llevando a las novias del otro a sus casas.
Kristoff dirigió brevemente la mirada hacia Anna, apartándola por primera vez del camino.
—¿Temes que haya pasado algo más entre Elsa y alguna de ellas?
—¿Qué? No, no, confío en Elsa, dijo que jamás tuvo nada con nadie.
El muchacho se quedó momentáneamente callado, mientras sus ojos volvían a centrarse en la carretera. A Anna le pareció un poco extraño su silencio pese a que sabía que Kristoff hablaba poco.
—Qué bueno que lo vea de ese modo.
Ahora la atención de Anna estaba puesta en el cirujano.
—¿ Acaso Elsa me mintió?
—¿Qué? No, no. No lo creo, si ella dice que es así, debe serlo, realmente es renuente a las mentiras, y no sé cómo hace para siempre hacer lo correcto. Yo ya estuviera cansado.
—¿Pero lo dices por algo en particular? Porque tengo la impresión de que fue así.
—No, está bien. Yo le creo a Elsa. De verdad. ¿El número doce, dijiste?
Kristoff orilló la camioneta y esperó pacientemente a que Anna decendiera, la muchacha le dio las gracias no sin antes mirarlo por un buen rato, él seguía con su postura amable y atenta, pero algo le decía a Anna que Kristoff había intentado decir algo más de lo que tenía permitido, algo que involucraba a Elsa y a otra mujer, algo que Anna ignoraba pero que pronto averiguaría.
¿Es que toda esa perfección de Elsa debía traer algo desgarrador y oscuro consigo?
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Bueno, he estado enferma y no sé si voy a morir, así que antes de que eso suceda, actualizo esta historia. Y si muero, ¡luchen porque elsanna sea real! XD
Por cierto, para los que han leído Cuatro lirios para la reina, me di cuenta que subí la versión borrador del capítulo cinco, así que lo cambié por la versión final. En realidad no cambia mucho, solo errores de escritura sin editar. Pero por si alguno de ustedes lo leyó y se les hizo raro, he ahí mi idiotez.
Hermandad elsanna, que la paz sea con ustedes. Vayan con el quinto espíritu.
