PROLOGO

Dolor, eso sentía. Un dolor inmenso que empezó desde su pie izquierdo y lo recorría entero. No se iba. Su pie ardía y esto parecía aumentar a cada segundo. Una fuerte punzada de dolor lo llevo a, instintivamente, inclinarse asía delante a tocar su pie. Pero algo se lo impidió. Sintió un par de manos que lo sujetaban de los hombros y lo mantenían inmóvil. Intento pateando pero no lo dejaban ¿Por qué le hacían eso? ¿Qué le había pasado? De repente el dolor se hizo demasiado fuerte. Gimió de dolor y grito, pero nada parecía ser suficiente para que lo dejaran. Estaba seguro de que sus gritos se debían de estar escuchando por todo el archipiélago.

-Tranquilo hijo, todo va estar bien- La voz de su padre, la reconocería donde fuera. Pero nada iba a estar bien, ambos lo sabían, todos lo sabían ¿Cómo las cosas iban a estar bien si sentía tanto dolor?

Otra punzada de dolor, seguida por un inmenso ardor y grito con agonía, como nunca antes creía haberlo hecho.

-Ya vasta por favor- Otra voz que reconocería donde fuera; Astrid. Sonaba dolida, al borde del llanto. De verdad se sentía agradecido con ella, por lo menos alguien lo apoyaba ¿Pero que les pasaba a todos? ¿Astrid llorando? ¿Su padre dándole ánimos?

- Apresúrense que está despertando- Bocón ¿Qué diablos hacían todos allí?... ¿Dónde era allí? No sabía de donde saco la fuerza pero abrió los ojos. En cuanto lo hizo, lo primero que vio, fue a Astrid. Ella era quien lo sujetaba de los hombros. Parecía ser que estaba en la casa de la curandera, recostado en una mesa. A su alrededor vio los muebles con las medicinas. Su padre le sostenía la pierna izquierda, Bocón la derecha y Gothy junto con otras mujeres parecían estar trabajando en su pie. Donde provenía todo ese dolor ¿Por qué lo torturaban así?

-B..basta Por..por favor- Logro decir tartamudeando.

-Apresúrense que despertó- Rogo Astrid.

Comenzó a removerse y forcejear para que lo dejaran, pero al igual que las suplicas y los gritos, todo era inútil.

-Ahhg… Por favor- Dijo esta vez en un grito recargado de dolor. Hipo pudo ver las miradas de su padre, Bocón y Astrid. Todos parecían preocupados.

Otro grito de dolor. Y a su vez, después de eso, pudo escuchar un sonido muy conocido. Un gruñido, de afuera de la casa, recargado de angustia y un grito.

-Sujétenlo. No puede entrar- ¡Chimuelo! ¿Qué le hacían a su amigo? ¿Por qué no podía entrar a verlo?

-¡Chimuelo!- Grito desesperado. Del mismo modo, Chimuelo también se desesperó. Pero no lograba entrar a ese lugar a ver a su jinete. Sabía que estaba herido, que lo ayudaban ¿Pero por qué no podía entrar? ¿Por qué hacían sufrir así a su amigo?

Más y más dolor. Más y más y ritos y forcejeos para soltarse. Ya no le quedaban fuerzas. Sentía como todo a su alrededor se desvanecía de a poco.

- Por favor- Logro susurrar. Un susurro cargado de agonía, angustia y suplica.

-¡Hipo! ¡Hipo!- Lo último que escucho fue a su padre llamándolo, y todo se volvió negro.

Los ojos le pesaban, trataba de abrirlos pero era inútil, cada esfuerzo lo dejaba agotado. Y se sentía… incompleto. Era raro, una sensación que solo desaparecía junto con su conciencia. Tenía breves lapsos de estar "despierto", pues no lograba abrir los ojos. Pero podía sentir presencias a su alrededor, todas voces muy conocidas para el joven heredero; Bocón, algunas mujeres de Berk y… ¿Patán? Debía de estar muerto. Un momento… ¿Astrid? ¿Acaso le estaba pidiendo que despertara? Pero si ya estaba despierto y… ¿Ese fue su padre? Otro más que le pedía que despertara. Pero ¿Por qué? ¿Por qué le pediría eso? Por su tono de voz parecía estar… ¿preocupado? Si, en definitiva estaba muerto. Eso no podía estar ocurriendo. Estoico el Vasto. Un guerrero formidable, jefe de Berk, un gran vikingo, su padre, él… aunque ya no era su padre, Hipo ya no pertenecía a la familia. Estoico se lo dijo perfectamente "No eres un vikingo, no eres MI hijo" esas palabras retumbaban en su mente y no lo dejaban. Ahora no tenía apellido, no tenía casa, honor, no tenía nada.

¿Qué fue eso? De repente sintió algo húmedo que lo toco en la mejilla, un resoplido y lo sacudía un poco. Un gruñido ¡Chimuelo! Pero claro que tenía algo, tenía a su mejor amigo con él. El único que lo vio cuando era invisible estaba ahí, quien lo hizo sentir que servía para algo, quien lo hizo saber que servía para algo y no se movía de su lado. Lo sabía, todas las demás presencias, en algún momento, lo dejaban, pero su amigo no se iba, no lo dejaba solo, jamás lo haría, no se fue, no se iba y no se iría. Estaba seguro de eso. Era bueno saber que su compañero y mejor amigo estaba bien. Pero… ¿él cómo estaba? Aun no lograba abrir los ojos. Cada intento le resultaba agotador. Tanto que no podía decir cuánto tiempo había pasado desde que estuvo "despierto" hasta que se volvió a "dormir".

Un intento mas ¿Qué tan difícil podría ser abrir los ojos?

Era fácil decirlo, pero no hacerlo. Sentía que cada parte de su cuerpo pesaba una tonelada, y esa sensación de vacío, de que faltaba algo, aun estaba allí, no sabía cómo explicarlo, pero había "algo" que estaba mal, o mejor dicho que no estaba. Y a todo esto… ¿Qué hacia sin poder abrir los ojos? ¿Por qué? ¿Qué había pasado?

Intento recordar. Todas eran imágenes borrosas. Por algún motivo la que más estaba presente en su mente era la de una explosión, enorme, y de repente la sensación de estar cayendo. Y su amigo desesperado por atraparlo. ¡Su amigo! ¡Chimuelo!, ahora recordaba; habían peleado contra la muerte roja, ese enorme dragón que obligaba a los otros para que le dieran comida, lo vencieron y cuando estaban por escapar fueron golpeados por su cola, lo que le hizo perder estabilidad y caer.

Entonces, sintió sus ojos más pesados al igual que su cuerpo. El sueño lo invadió y volvió a perder la conciencia.

Cuando volvió a "despertar" se sentía relativamente mejor. El cuerpo era más liviano, la sensación de sueño lo había abandonado y podía sentir esa presencia que nunca lo había abandonado. Su dragón seguía ahí. De a poco fue abriendo los ojos, esta vez el esfuerzo fue mucho menor que otras veces. Aunque en cuanto lo hizo, los volvió a cerrar. La luz de repente le pareció verdaderamente agobiadora. De apoco se fue acostumbrando, y después de un par de parpadeos, pudo ver dos enormes ojos verdes, que lo miraban con preocupación. Al ver a su jinete despertando, Chimuelo, lo sacudió un poco para que no se volviera a dormir.

Para Hipo despertar ir ver a su amigo y saber que estaba bien, fue lo mejor…

Bueno como verán es cortito. Este es el comienzo de una nueva historia que planeo; pero que voy a continuar luego de terminar con la que ya tengo, solo quiero saber que les parece. Esta no es la primera historia que publico…

Es la segunda

Mi primera historia (y en la que estoy trabajando ahora) es de El origen de los guardianes, pero con esta idea carcomiéndome por dentro tenía un enorme bloqueo y no la podía continuar.

Acepto cualquier tipo de críticas, pero no sean duros por fis. Recuerden que es solo la segunda historia que publico, pero la primera de Como Entrenar a tu dragón. Si tienen sugerencias sobre la escritura para ayudarme a mejorar lo agradecería mucho. Perdón por cualquier Horror de ortografía, hago lo que puedo.

También quiero que sepan que no se mas o menos que rumbo va a tomar esta historia. Tengo una muy vaga idea. Así que si me quieren dejar una idea de lo que les gustaría ver, eso también me ayudaría.

Voy a utilizar los nombres en español.

Chimuelo: Desdentado/Toothless

Hipo: Hipo/Hiccup

Patan: Mocoso

Brutacio y Brutilda: Ruffnut y Tuffnut

Bueno etcétera. Recuerden que la voy a continuar al terminar con mi otra historia

(Suelo pensar que es mejor terminar una historia para empezar otra; pero bueno cuando se tiene un bloqueo…)

En síntesis esta historia trata de ¿Qué pasaría si luego de matar a la muerte roja a Hipo lo siguieran tratando como una vergüenza?

¿Qué puedo decir?, Me encantan los ¿Qué pasaría si…?

Espero que les haya gustado este pequeño prologo.

Bueno en fin, creo que se me está haciendo más larga la nota que el propio prologo.

Chau. Chau