CAPITULO 4: ENVIDIA Y SABOTAJE PARTE 2
How To Trein Your Dragon no me pertenece, yo solo escribo este fic por diversión. Si algún personaje no pertenece a la película es invención mía.
Vergüenza, depresión, miedo. Esos sentimientos y más pasaban por la mente de Hipo en aquel momento.
Era de noche, todos se habían ido, solo tenía como compañía a su fiel Chimuelo. Estaba en la plaza central del pueblo. El depósito de comida estaba destruido, literalmente. Solo seguían en pie las paredes y el techo. Pero en cualquier momento se irían abajo.
Ahora su padre tendría que enviar a un grupo de pescadores a que recolectaran pescado para sobrevivir el invierno. Y los granjeros tendrían que adelantar la cosecha de verduras, el jefe tendría que hacer tratados con aldeas vecinas para que los ayudasen con suministros.
¿Y todo por qué? Por algo tan sencillo como un escudo. Pero no cualquier escudo. Un escudo con una catapulta retráctil, una ballesta y reforzado con un metal fino pero resistente para una mejor duración. Que estúpido, ¿Por qué algo así tendría que funcionar? En definitiva era un inútil.
Solo un vuelo por la oscuridad de la noche podría ayudarlo a escapar de su triste realidad. Pero no podía salir volando solamente… o más bien no debía. Porque ahora debía de limpiar el desastre, su desastre.
Hipo pateo un balde que tenía al lado con tanta ira, frustración, impotencia y quien sabe que otro sentimiento más. Y con las manos en su cabeza se sentó en una pila de escombros.
Muchos dirían que estar limpiando lo que él mismo ocasiono era su castigo. Pero no, su castigo era el remolino de sentimientos que ahora pasaban por su mente. La misma mente que ahora se preguntaba… ¿Por qué? ¿Por qué esto le pasaba a él?
Entendía que tendrían que imponerle un castigo. Pero a él siempre se lo imponían, pero… ¿Por qué a los gemelos no? Ellos habían destruido el puerto y no se vieron obligados a repáralo, habían hecho explotar la fragua y no la limpiaron. Todo él, él era el encargado de limpiar desastres.
Estaba consiente que eran causados por él, pero fue un accidente…
Cuando los animales de la granja de Abono y Cubeta provocaron destrozos en el pueblo porque ellos no habían cerrado la reja del corral; No se vieron obligados a reparar ellos mismos el pueblo, sino que los mismos vikingos los habían ayudado, al igual que cuando Gothi hizo estallar su casa al mezclar ingredientes equivocados. Sí, hasta ella cometía errores pero todos la ayudaron.
En cambio si era él, solo podían pensar en que era una vergüenza, un idiota, un fracaso, un…
Un error.
Y le dolía horrores cuando decían eso.
¿Y por qué pensaban eso de él? ¿Y no de los gemelos? Esos dos hacían bromas constantemente, lo de ellos era intencional y lo suyo un accidente. Era Estoico quien dejaba pasar lo que esos dos hacían. Y sin embargo a él nadie lo ayudaba, nadie lo veía como el intento de alguien que solo pide encajar. Ni siquiera el jefe, su padre.
Y pensar que todo había iniciado tan bien en la mañana del día anterior. Estaba tan feliz, optimista y emocionado…
Aún recordaba cada momento que vivo antes del fiasco…
OOOooooOOO
Ese era el día. El escudo estaba listo y le daría la demostración a su padre de lo bien que funcionaba su invento. Se propuso a olvidar todos los pensamientos negativos que albergaban su mente para concentrarse en su hoy y ahora.
Hipo fue corriendo hasta su escritorio donde estaba su invención. El escudo era plateado, reforzado con un metal, fino y ligero pero resistente. Además tenía la imagen de un furia nocturna en el centro. Era de multiuso, ligero, hermoso y parecía una pieza de decoración. Sin duda impresionaría a su padre y acallaría todos los rumores en el pueblo.
Solo faltaban unos pequeños toques y esa misma tarde haría la demostración. Además aún tenía muchas más ideas en su mente que moría por empezar a diseñar.
Pero Hipo no era el único emocionado por esa tarde, Adrián ya quería que comenzara el fiasco que resultaría ser la demostración del invento. Él junto con Patán y los gemelos esperaban por reír como nunca. El primo del chico ya dijo que tenía palomitas listas.
En su mente no podía dejar de imaginarse los resultados.
Y siempre disfrutaría de verlo aún más hundido. Aun cuando pareciera que no podría estar más abajo, él se encargaría de recordarle lo inútil que era, que no servía para nada; sus inventos no funcionaban, no era un gran jinete, ni un gran vikingo y por todo esto no tenía más amigos, orgullo, respeto. NADA. Hipo sería NADA.
Pero si quería lograrlo no podía descansar y debía preparar la siguiente parte de su plan, por lo tanto fue con sus cómplices para detallarles lo que deberían de hacer…
-Me fascina- Grito Patán –Ya quiero ver la cara de Hipo cuando no se lo vea venir-
-¿Y ustedes qué?- Pregunto Adrián a los gemelos -¿Aceptan?-
Los hermanos se miraron entre sí con complicidad.
-Mi querido Ardían- Hablo Brutacio – ¿No te parece acaso una idea muy descabellada?-
-Alguien podría salir lastimado- Le secundo su gemela.
-¡Y nos fascina cuando eso pasa!- Gritaron al unísono chocando sus cascos.
Perfecto, ahora solo quedaba esperar por el espectáculo de esa tarde y al día siguiente llegaría otro y luego otro y él se regocijaría en cada uno.
Y mientras ellos cuatro hablaban ilusionados de lo que pasaría, la gente en Berk iba amaneciendo listos para empezar con las labores del día.
Hipo estaba en la fragua terminando con las sillas que tenían que tener listas. Al parecer Bocón había hecho una apuesta, de nuevo, diciendo que podría tener 15 sillas para esa tarde en solo 48 horas. El día anterior habían hecho la gran mayoría, ahora solo faltaban 5 más y podría terminar.
-¿Todo bien?- Hipo tirando el martillo que tenía en mano, al escuchar la voz detrás de él. Y al darse la vuelta se encontró con Astrid mirándolo como si nada.
-¿Tus padres no te enseñaron que no tienes que aparecerte detrás de una persona con un martillo y asustarla?-
-Vine a que afiles mi hacha- Respondió extendiéndole el arma.
Hipo dio un resoplido y la tomo. Se dirigió a la piedra y la hizo girar para poder comenzar frente a la atenta mirada de Astrid. Afilando primeo un lado de la hoja para luego seguir con el otro, muy concentrado en su trabajo. Al terminar solo se la extendió y ella comenzó a corroborar su peso pasándola de una mano a otra y moviéndola golpeando el aire. El chico le señalo una pila de troncos en frente y sin titubear los golpeo, partiéndolos en el acto.
-Buen trabajo Haddock-
Hipo se quedó tieso al escucharlo. Alguien más le había llamado así…
-Veo que metiste la pata hoy Haddock-
Hipo se dio la vuelta encontrándose con Adrián detrás suyo.
-¿A qué te refieres?-
-En la fragua. Es de lo que todos hablan. Otro gran invento de Hipo que extrañamente salió mal- comento con falso asombro y una risa. -¿Cuánto tiempo crees que tarde tu padre para darse cuenta que eres un fracasado?- Hipo solo lo miraba expectante de sus palabras, Adrián le estaba dando donde más le dolía –Yo digo que en poco tiempo todos verán que sigues siendo el mismo inútil. Todos se darán cuenta que sigues siendo Hipo- Adrián se le acerco y lo miro con una sonrisa socarrona, entonces le susurro -Disfruta lo que ahora tienes porque no durara mucho. Los amigos, el orgullo de tu padre, el respeto del pueblo, todo esto es solo un sueño…-
El chico se fue y dejo a Hipo solo con sus pensamientos en mitad de la noche, entonces llego Chimuelo y lo vio con la mirada perdida, la respiración rápida y lo vio comenzar a correr desesperadamente hasta su casa.
-Hipo… Hipo- Lo llamaba su amiga sacudiéndolo.
-¿Qué? ¿He?-
-Te quedaste tieso. Te estaba preguntando que como iba el tema de la dichosa apuesta de Bocón-
-Ha eso… he…bien-
-¿En qué pensabas Haddock? A mí no me engañas-
-Em, yo… y-yo- La chica se le acercaba más acorralándolo contra mesa. –Y-yo… Ya termine mi escudo- Dijo mostrando el artefacto. Aparentemente Astrid se concentró en ello, ya que, empezó a mirarlo y poso sus manos sobre el frio metal.
-Hipo quedo genial- Dijo asombrada –Parece de decoración. ¿Seguro funcionara?-
-Por supuesto. Tú misma lo viste en acción-
Él se lo había mostrado una tarde en el bosque, antes de que los gemelos lo rompieran por primera vez. Y había funcionado a la perfección. Inclusive Astrid hizo que Tormenta le lanzara espinas, estando Hipo desprevenido, para probar la resistencia del metal y si, efectivamente era resistente. Después se tuvo que comer un regaño de que rayaría el metal y pudo haberle sacado un ojo. Pero eso llevo a que el regañado terminara siendo Hipo, con Astrid diciéndole que pese a haber hecho las paces con los dragones tenía que aprender a defenderse ya que Chimuelo no podía andar cuidándole el trasero toda la vida.
-Como sea. Ya me tengo que ir- Dijo la rubia encaminándose a la salida –Y ni creas que me olvide de tu problema- Agrego al final, paralizando al castaño –Descubriré que estabas pensando Haddock. Lo hare así como tenga que sacártelo a golpes- Para cuando se fue, Hipo estaba pálido y con la vista perdida.
Ella no será capaz de… ¿O sí? No, Astrid era incapaz de golpearlo para… ¿Pero y si, sí lo hacía?
El castaño se quedó perdido en sus pensamientos. Sin notar la llegada del herrero al forja.
-¿Qué tal todo Hipo? ¿Has podido terminar las demás sillas?- El chico se quedaba callado viendo un punto lejano, perdido en sus pensamientos. -Hipo- Insistía el herrero -¡Hipo!-
-Una silla lista, otra en proceso. Faltan tres- dijo mecánicamente como un robot. Bocón decidió ignorarlo y mejor ponerse a trabajar. Hipo de por si ya era raro, por lo que no le dio más importancia de la necesaria.
A diferencia del castaño que no dejaba de dar vueltas en su cabeza las palabras de Astrid. Le creía, y le creía mucho.
Siguió trabajando mecánicamente en las demás sillas. Para cuando llegaron las dos de la tarde ya las tenían hechas. Por lo que Bocón recibió unas disculpas, a regañadientes, de los vikingos que dudaron de su rapidez y eficiencia además de que tuvieron que darle 10 monedas de oro cada uno como parte de su trato. Por lo que al final, el herrero termino con 50 monedas fruto de su esfuerzo.
Hipo veía al hombre admirando su premio con ojos brillosos y no pudo evitar reír. El herrero corrió su vista hasta su joven aprendiz que ordenaba unas herramientas en la mesa de trabajo.
-Hipo- Lo llamo. El castaño se dio vuelta y vio un pequeño destello dorado volar en el aire, lo atrapo y miro a su maestro quien le sonrió.
-Buen trabajo- Al abrir su mano el chico vio la recompensa de su mentor; Una moneda de ese preciado material.
-Guau, que feliz me siento. En verdad Bocón lograste materializar todo mi esfuerzo en tu estúpida apuesta- Dijo con evidente sarcasmo que el herrero no llego a escuchar, ya que se había ido –Y pensar que hice más del sesenta por ciento- Susurro. Luego miro el pequeño metal valioso en su mano. No le vendría mal empezar a ahorrar. Después de todo, los materiales que necesitaba para fabricar sus demás inventos no le caerían del cielo.
Y lo peor, lo peor, de todas las cosas inimaginables lo peor era que el hombre le comento que en una hora tendría que acudir al ruedo, ya que ahora lo utilizarían para entrenar a los jóvenes vikingos. Y qué significaba eso; aprender a luchar. Eso no solo era malo por los duros entrenamientos, que estaba seguro no darían fruto con él, a los que sería sometido sino también porque le daría la excusa perfecta a Astrid de sacarle la verdad.
Y esa misma chica de seguro era quien había dado la idea. Según Bocón, Estoico hablo con él y le comento que alguien del pueblo se lo sugirió, pero que por favor no dijera que había sido su idea. Estaba claro que era Astrid, para obligarlo a entrenar sí o sí. Y la chica no quiso que dijeran que era su idea porque así él se enojaría con ella. Y claro que lo estaba, estaba muy enojado. Lo único bueno de su día aún no ocurría; y sería cuando probara su invento y le mostrara a la chica que el ingenio podría llegar a dar mejores resultados que la fuerza.
Claro está, que eso no era lo único que quería demostrar, también quería que el pueblo se diera cuenta que seguía siendo el mismo. No el mismo fracasado que se mataba día y noche pensando en un aparato que le ayudase a compensar su falta de fuerza y agilidad.
Sino, el mismo chico que logro verse reflejado en los ojos de un dragón, que tuvo suficiente inteligencia, piedad y bondad como para dejarlo ir, aun sabiendo que el animal podría matarlo, el mismo chico que quiso saber qué fue del animal y al verlo encerrado sin poder casar o volar; remendó su error, se arriesgó a ir con el dragón y le dio de comer, para luego ganarse su amistad y darle de vuelta el cielo que le quito, la sensación de libertad y el viento en el rostro.
El mismo que logro ver su alma reflejada en aquellos ojos verdes, que logro romper con la barrera que lo separaba de la majestuosa criatura, y lo defendió aun cuando todos estaban en su contra. Quien, a pesar de todo, fue junto con su mejor amigo a defender a aquellas personas que tanto daño les hicieron.
Eso quería él. Así quería que lo vieran…
OOOOoooOOOO
Peor realidad no podría tener, cuando Bocón volvió a la fragua tuvo que sacudirlo un poco para hacerlo volver de la lejana dimensión en la que estaban sus pensamientos. Al tenerlo de vuelta en la Tierra le dijo que era hora de ir al ruedo y levantando un escudo rojo del suelo, dándoselo y poniéndole el casco que le regalo su padre, lo envió a volar sobre Chimuelo hasta la arena de entrenamiento.
Desde que el herrero le dijo que era hora, se había quedado en shock. Técnicamente llego de forma mecánica al lugar. Cuando entro por la puerta, pudo ver que los gemelos, Patán y Patapez ya estaban allí, solo faltaba Astrid.
Hipo miraba a sus compañeros, los hermanos hablaban de lo cool que seria y las posibles cicatrices que querían llevarse consigo; Patán presumía su fuerza y besaba sus músculos, Patapez tenía un libro en mano y parcia algo nervioso pero en definitiva no como él.
Su primo compensaba su falta, o mejor dicho ausencia, de intelecto con fuerza, casi como todos en Berk. Los gemelos no eran corpulentos pero la carencia de inteligencia, sentido común y su locura lo compasaba. Patapez no era dado a la pelea pero sin dudas era inteligente y debido a su gran tamaño era capaz de defenderse.
En cambio él… solo era… Hipo. Y eso ya era mucho decir, ¿Para qué agregar más?
Entonces llego, su pesadilla, su confusión, la culpable de la tortura que ahora tendría que sufrir una hora por día.
Astrid.
La rubia entro en su Nadder sacándolo abruptamente de la comparación que hacía entre sus compañeros y él. Primero la miro algo confundido y luego paso a mirarla con odio puro en su mirada.
La chica reparo en que era el objeto de mira del castaño y solo se hizo la desentendida y le sonrió.
-Muy bien. Vamos a comenzar- Hablo Bocón.
El hombre les explico todo lo que entrenarían en el ruedo a partir de ahora, para luego comenzar con lo básico. Empezaron a hacer abdominales, sentadillas y flexiones. Y con cada segundo y musculo que ardía en su cuerpo su odio incrementaba. Tal vez no era odio, lo que es en si el odio. Pero en ese momento no quería ni verla. Él estaba feliz antes ¿Por qué obligarlo a esto?
Después emprendieron a practicar golpes individualmente. Sin un minuto de descanso o posibilidad de tomar agua. Por lo menos no los había puesto a pelear de una para "aprender en la práctica" como solía hacer.
Pero solo les daba la oportunidad de una pequeña práctica por pedido de Estoico. Aunque Hipo prefería mil veces un dragón a tener que pelear con alguno de sus compañeros.
Para finalizar, Bocón puso sus nombres en un balde para sacarlos de a uno y definir quien pelaría contra quien en una semana. Las próximas clases tratarían de peleas en equipo hasta llegar a enfrentamientos uno contra uno. Algo es algo.
Al final, las peleas quedaron así.
Patán contra Astrid.
Brutacio contra Brutilda.
Patapez contra Hipo.
Al menos sabía que el rubio jinete de la Gronckle, no le golpearía tan duro ni lo disfrutaría como seguro lo harían los demás, inclusive Astrid. Mayormente Astrid.
Tal vez estos entrenamientos le ayudasen en algo pero sin duda alguna también lo haría con los demás. Solo no quería que llegase el momento de la pelea. Por el amor de Thor, ellos eran amigos. Él y Patapez se llevaban excelente y ahora el rubio tendría que hacerlo picadillo frente a todos.
Pero prefería no pensar en eso, mejor concentrarse en la demostración que le haría a su padre en una hora. Todo saldría perfecto, jamás había sido más optimista en su vida.
Cada jinete monto su dragón y se fue. Para cuando se puso a pensar en sus proyectos olvido completamente lo enojado que estaba con su amiga.
Hipo llego a la fragua y comenzó a pulir su escudo. Lo único que haría sería mostrarle a su padre lo bien que funcionaba, no sería algo que vería todo el pueblo. Y algunos podrían pensar que era exagerado de su parte ponerse tan feliz por algo como una exposición de un escudo, pero esta era la primera vez en… ¿Cuánto? ¿10? ¿11 años? Que su padre le pedía ver cómo funcionaba uno de sus inventos.
-Hola- Una voz lo saco de sus pensamientos y al ver enfrente, donde los vikingos pedían sus sillas, no vio nadie. –Aquí abajo Hipo- El nombrado bajo la vista y se encontró con Gustav, un niño de la tribu entre unos 12 u 11 años con cabello negro.
-Gustav. ¿Qué te trae por aquí?-
-Quiero una silla-
-¿U-una silla? No sabía que tuvieras un dragón-
-No lo tengo-
-Entonces…-
-Pero lo tendré-
-¿Qué?- Dijo Hipo confundido
-Quiero ser un jinete como ustedes-
-¡¿Qué?!- Pregunto esta vez más alto y confundido.
-Y proteger Berk-
-¿¡Qué!?- Hipo estaba en shock. En su opinión el niño aún era muy chico para montar un dragón como ellos lo hacían, y más aún para defender Berk. Además no tenían ninguna amenaza de guerra y aunque así fuera, los dragones no eran una máquina de matar y utilizarlos para tal atrocidad seria horrible. Estas criaturas no eran demonios venidos del infierno mismo, sino una bendición de los dioses. Y habían tardado en darse cuenta.
El castaño miro al niño que lo veía expectante.
-Ven Gustav, pasa- El nombrado entró en la forja, he Hipo se agacho para quedar a su altura.
-¿Por qué quieres un dragón?-
-Ya te lo die, para ser un jinete y defender Berk-
-Lo sé, pero… ¿en verdad eso es todo?- El niño bajo la cabeza. Pensando en si decirle o no. Hasta que se decidió y tras una bocanada de aire le conto.
-Patán me presume de Diente púa, y dice que jamás llegare a ser un gran jinete como él, que tuvo el honor de defender Berk-
-Gustav… no tienes que hacer caso a ese cabeza de carnero ¿Acaso no le ves montar su dragón por las tardes?-
El niño soltó una pequeña risa –Sí, su dragón hace lo contario a lo que le pide. A veces me da pena- Ambos rieron recordando el numero incontable de veces en que lo vieron peleando con el animal.
-Además…tener un dragón implica más que montar y defender. También tienes que conseguir el permiso de tus padres, adecuar un lugar para que viva en tu casa, alimentarlo, juntar sus heces y a veces hasta bañarlo-
-Entiendo…-
-Entonces…- Dijo el castaño después de un rato de silencio. – ¿Aún quieres un dragón para ser como Patán?-
El niño bajo la cabeza y proceso un momento la pregunta del castaño. He Hipo lo dejo sin presiones pensar en silencio.
-Quiero un dragón para defender a mi pueblo, para sentir lo que es volar pasando las nubes, para tener una amistad como tú y Chimuelo, para ser un jinete, como Astrid… como tú-
Hipo se quedó petrificado ante lo último dicho por el niño ¿Cómo él? ¿Para qué querría ser como él? Al ver que no decía nada Gustav siguió.
-Tú que defendiste a tu pueblo, te hiciste el mejor amigo de un dragón. Fuiste el primero en surcar los cielos a espaldas de uno. Sin importarte lo que pensaría o haría tu pueblo, tu padre. Defendiste lo que creías correcto, por eso quiero ser como tú-
Hipo se quedó viéndolo procesando lo que el niño le dijo. Nunca nadie le había dicho todo lo que logro de esa forma. No creía siquiera que por más de lo que hubiera hecho alguien y menos un niño, lo llegase a admirar o lo viera así.
-Gustav… yo…yo…- Tartamudeaba sin saber que decir –No tienes que ser como yo para defender a tu pueblo, para tener una amistad como la mía con Chimuelo- Al ser nombrado, el dragón levanto con su cabeza el brazo de Hipo para que lo acariciara –Para defender tus ideas. Gustav, si solo eres tú y piensas en lo que quieres, lograras mucho. Yo sin Chimuelo en realidad no sería nada-
Gustav le sonrió –Pero como dices… siendo tú lograste hacerte amigo de Chimuelo y tuviste que arreglártelas para aprender a montarlo, aun cuando a él le falta una cola y nadie te ayudo, fuiste solo tu-
-¿Sabes? Me parece que eres un tanto chico para estar en la defensa de Berk conmigo y los demás jinetes. Pero si en verdad quieres un dragón, consigues el permiso de tus padres y estás dispuesto a todo por uno. Yo puedo ayudarte-
-¿En serio?- Pregunto emocionado.
-Sí, yo mismo te ayudare. Y quien sabe, tal vez algún día llegues a estar en la guardia o tengas tu propia guardia-
-Wow, gracias Hipo eso sería genial.-
-Ya lo creo. Y recuerda algo… los dragones no son una máquina de defensa. Son criaturas maravillosas y asombrosas, una bendición de los Dioses. Y por eso tenemos que cuidarlos y no despreciarlos, usarlos, corromperlos o maltratarlos. Ellos nos defienden porque es lo quieren y no debemos emplearlos para defendernos en una guerra si no quieren. Porque una vez que te ganas su confianza no hay nada que un dragón no haría por ti-
Gustav asintió con ánimos y una sonrisa en su rostro –Lo tendré en cuenta. Siempre lo tendré en cuenta- El pelinegro salió corriendo de la forja y se detuvo en la puerta. –Hipo. Antes que se me olvide. Tu padre me pido que te dijera que no podrá venir ya que está arreglando el puerto que destruyeron los gemelos…-
-Okey, gracias por avisar- El niño volvió a correr pero paro.
-Ha Hipo…Gracias- Dijo con total sinceridad.
-No… Gracias a ti- El niño ladeo la cabeza confundido –Por animarme y verme como nunca nadie lo hizo- El chico le sonrió y salió corriendo del lugar rumbo a su casa.
-Veo que alguien está feliz- Esa voz lo saco de su ensoñación y se giró para ver a la emisora del comentario.
-As-Astrid… ¿Cuánto tiempo…?-
-Recién llego- Dijo -¿Qué le pasa que se fue tan feliz?-
-Nada, solo le dije que podría entrenarlo para montar un dragón si quiere-
-¿No te parece muy chico para eso?-
-Dije montar, no participar de la guardia… aun-
-¿Cómo qué aún?-
-Astrid… tiene ánimos y se nota que quiere y cuidara bien de un dragón. Es lo único que necesita. Además tiene potencial-
-Si tú lo dices- Dijo no muy convencida. Luego se quedaron sumidos en un silencio algo incómodo que ninguno sabia como romper. Pero no porque no hubiera tema para hablar, sino porque debían de hablar de uno que ninguno quería tocar.
-¿Aún…aún sigues enojado? ¿Me odias?- Pregunto ella temiendo su respuesta. Porque sabía que a pesar de todos sus esfuerzos él podría deducir que ella había sido la de la idea del entrenamiento. Y aunque fuera estúpido pensar que podría ser odiada por eso, aun así tenía miedo. Miedo de que no la perdonase, miedo de perderlo.
Y el aun no contestaba y eso la mataba. Hipo tenía los labios apretados, la vista en algún punto del suelo y las manos en puños.
-No- contesto por fin, haciendo que ella soltase todo el aire que había estado reteniendo sin saberlo – Tal vez, lo estuve, estuve enojado; muy enojado. Pero de ahí a odiarte… no, jamás podría hacerlo. No me atrevería-
-Es bueno saberlo- Dijo con una sonrisa.
-Pero me enojare contigo cada hora durante el entrenamiento-
-Bien supongo que me lo merezco-
-Si-
-Pues… si no puedo hacer nada con tu mente en cada entrenamiento. Piensa en mí Haddock- Ambos volvieron a sumirse en el silencio, pero este no era incomodo sino que se decían lo necesario con la mirada y una sonrisa. Hasta que la de Astrid cambio a una más triste, recordando cuando vio a su amigo tildado, pensando con un aire de preocupación. Y ella le prometió que le sacaría la verdad, a golpes si era necesario.
-¿Qué pasa?- Pregunto él preocupado.
-Nada, solo… ¿En qué pensabas hoy?- El castaño sabia a la perfección a que se refería su amiga. Pero no quería contestar. ¿Cómo decirle que se estremeció cuando lo llamo por su apellido porque Adrián, quien le llenaba cabeza de miedos de que volvería a estar solo, lo llamaba así?
-Yo… solo. No presiones Astrid, Por favor- Contesto deprimido.
-Lo lamento, solo quiero ayudar. No me gusto verte así. No te sacare la verdad a los golpes si eso es lo que temes- Dijo lo último más divertida.
-Qué bueno que aclaraste, porque ya estaba pensando diferentes escondites-
-¿Escondites Hipo? ¿Es en serio? Ves como necesitas el entrenamiento-
-Oye, no me culpes. Cualquiera lo haría si la vikinga más hermosa y fuerte de Berk planea golpearte- Calló en seguida al ver lo que había dicho y su cara se tiño de rojo.
Astrid le sonreía y estaba un tanto roja. ¿En verdad él la veía así? Pero él parecía arrepentirse de haberlo dicho, por lo que mejor lo dejaría pasar para que su amigo recuperase los colores en la cara.
-Así que… ¿listo para la demostración?- Pregunto acariciando el metal del escudo.
-En realidad, papá está ocupado reconstruyendo el puerto. Así que tendré que esperar a mañana-
-Hay Hipo lo siento tanto. Yo sabía que tú estabas muy emocionado por esta tarde-
-Sí, lo estaba. Pero solo tendré que esperar a mañana. No es nada grave-
-Muy bien- Dijo sonriente Astrid –Entonces mañana le demuestras a tu padre lo buen inventor que eres. Admito que al principio dude un poco, pero…-
-Pero…-
-Funciona bien Haddock-
-¿Solo bien?-
-No esperes más de mi parte por hoy. Veamos cómo sale todo mañana… Y veremos-
-Waw. Cuanto ánimo me das- Expreso irónico como siempre.
OOOOoooOOOO
Estaba corriendo, corría como solo lo hacía en una determinada ocasión cuando era niño. Corría para salvarse de una paliza.
Bocón tuvo la excelente idea de que ese día, en el entrenamiento, jugaran a captura la bandera en el bosque. Cualquiera podría decir que es un juego entretenido y divertido, pero no para Hipo. Los vikingos son muy competitivos, por lo que si te tienen que quebrar un brazo, lo hacen. Y él nunca represento una amenaza para ningún niño cuando jugaban de chicos. Pero igual le dejaban unos cuantos raspones y heridas solo por diversión.
Lo peor de este juego es que no les permitieron tener consigo a sus dragones y había trampas por todo el bosque. Pero lo peor, peor era que Astrid estaba en el equipo contrario.
El grupo de A constaba de:
Astrid
Patán
Brutacio
El grupo B era constituido por:
Hipo
Patapez
Brutilda
Y el ahora corría esquivando árboles, hasta que llego a un punto en el que había verdes y amarillas hojas esparcidas por el suelo, él siempre dijo que el ingenio serbia mas que la fuerza y eso ahora lo estaba probando.
Las hojas estaban esparcidas solo por un punto circular del bosque, no había más en los alrededores, lo que quería decir que las habían puesto allí y además algunas eran verdes, lo cual significaba que las habían arrancado. Además se notaba que había arboles a los que les faltaban hojas.
Se acercó un poco más a uno y pudo ver una rama en el suelo que en definitiva había sido cortada. Se debió de romper cuando intentaron atar una soga a esta. Lo que quería decir que la soga estaba entre el techo de hojas y ramas que hacían los arboles sobre su cabeza.
No había duda que esa era una trampa. Podría escalar los árboles y caer del otro lado. Luego llegaría hasta el fuerte de los "enemigos" que era custodiado por Patán y conociendo a su primo lo saldría a correr. Entonces lo dejaría atrapado en su propia trampa. Y le restaría burlar a Brutacio, lo cual sería tarea fácil y tomar la bandera, ganando el juego.
Después correría por su vida cuando Astrid quisiese matarlo por ganar. Pero de eso se ocuparía luego.
Pero no conto con algo…
-Cuidado…- Grito la gemela Thorston. Chocando con Hipo y tirándolo en medio de la trampa. Entonces una red apareció y lo levanto del suelo atrapándolo. Era irónico pensar que su propio equipo lo había metido allí.
La chica lo ignoro y siguió corriendo. Hipo empezó a forcejear con la red pero no podía salir de ahí. Y distinguió una silueta a lo lejos que se dirigía a paso rápido hacia él. Estaba rogando que fuera Patapez para ayudarlo a salir de la trampa.
-Veo que alguien callo engañado- Dijo Astrid con tono burlón mirando al chico colgado.
-Ja, ja que graciosa-
-¿Se te hace conocido esto?- Pregunto mostrando un pedazo de tela triangular y amarilla. La bandera. -Suerte saliendo de allí- Grito mientras volvía a emprender carrera.
Hipo insulto para sus adentros, dejo de forcejar para guardar energía y se puso a pensar. Él contaba con la daga que siempre llevaba consigo en su cinturón. Pero conociendo a Astrid de seguro había adecuado una segunda trampa por si escapaba.
Entonces el castaño tomo la daga y corto las sogas a su alrededor y salió por el agujero que logro hacer. Luego se sostuvo de la red y comenzó a balancearse para ganar impulso. Y en seguida se lanzó lejos del círculo de hojas, cayendo a horcajadas en la tierra. Posteriormente sin titubeos empezó a correr hasta el lago, pero al llegar Astrid y Patapez peleaban por la bandera. O mejor dicho la rubia golpeaba al pobre chico que se cubría con los brazos. Hasta que el jinete de la Gronckle cayó de espaldas al rio y se sostenía de una roca para que no lo llevase la corriente.
Hipo tenía dos opciones o aprovechaba la distracción para quitarles la bandera, ya que todos pensaban que seguía en la trampa, o ayudaba a su amigo que tragaba agua en el rio. No lo pensó mucho y le extendió al rubio una enorme rama que encontró, ayudándolo a subir a tierra.
El chico tosía y escupía agua desaforadamente. Mientras el castaño le daba golpes en la espalda para ayudarlo. Y luego un grito de victoria se escuchó.
Astrid, Patán y Brutacio festejaban su victoria entre saltos y gritos cuando la rubia colgó la bandera amarilla junto a la azul que era de ellos.
-Muy bien, muy bien. Fue un buen juego- Dijo Bocón llegando al lugar. –El ganador es el equipo A- Y los gritos volvieron a empezar con el grupo festejando.
Brutilda se unió a Hipo y Patapez. Viendo los tres como sus amigos-enemigos festejaban. Luego de eso Bocón envió a los ganadores a casa y los perdedores debían de limpiar el lugar. Para cuando terminaron eran alrededor de las siete, el sol ya no alumbraba como antes y los tres estaban muy cansados. Pero a Hipo aun le faltaba concretar una tarea. Y al llegar caminando al inicio del bosque donde los tres dejaron a su dragón, vieron a un malhumorado Brutacio, que se tuvo que quedar ya que su dragón necesitaba dos jinetes, y cada quien partió para su lado.
Hipo fue a la forja donde se quedó puliendo el escudo para cuando llegase su padre a verlo. Estaba muy entusiasmado. Nada podía salir mal ni lo haría.
Mientras, cuatro chicos miraban con una sonrisa de oreja a oreja al castaño en la forja. Adrián, los gemelos y Patán observaban divertidos la escena que pronto tendría lugar. El último había llevado palomitas como había prometido y estaba muy feliz ya que su día estaba resultando perfecto. Había ganado el juego de captura a la bandera y ahora vería el mejor espectáculo.
Bocón llego al lugar y vio el escudo de Hipo.
-Valla, valla. Te quedo genial. Hasta parece una pieza de decoración-
-Bueno, aprendí del mejor-
-Sin duda te enseñe bien chico-
El herrero se puso a terminar de perfeccionar algunas sillas he Hipo siguió puliendo el escudo. Entonces llego Estoico a la herrería listo para ver el invento de su hijo.
-Bueno Hipo- Dijo el efe –Es hora de que me muestres…-
-Estoico- Lo interrumpió un vikingo –Necesito tu ayuda. Tengo un problema enorme- EL hombre comenzó a contarle al jefe como es que las ovejas habían entrado a su casa y se adueñaron de su casa y cama. Pero su esposa no las quería sacar ya que se encariño con ellas y lo mando a él a dormir al corral tras una discusión.
Hipo veía como su padre se pellizcaba el puente de la nariz, en definitiva pensando que hacer con aquel hombre y sus raros problemas.
El chico sostuvo el escudo y se lo coloco en el brazo. Entonces pulso un botón y apareció la catapulta. Cuando iba a comprobar la calibración y ligereza, la sintió más dura de lo normal.
El artefacto estaba diseñado como una gomera para hacerlo aún más liviano, pero este estaba atorado. El castaño tiro de la goma elástica con mucha fuerza y la trabo en un metal del escudo puesto allí justamente para eso, pero que al pulsar un botón, este soltaría la goma elástica disparando el proyectil. Y luego volvería a su lugar junto con la goma. O por lo menos ese era el plan.
Tomo una de sus bolsas con "Pintura" y la coloco. Pero cuando iba a pulsar el botón para tirar el proyectil este no funcionaba. Lo siguió pulsando unas cuantas veces más pero parecía atorado.
Hasta que de repente la catapulta disparo y la bolsa salió proyectada fuera de la forja. Cayendo en una antorcha con fuego pegada a la pared del depósito de provisiones. Y una nube de humo se hizo presente, asustando a un Yack, que salió corriendo y choco con uno de los vikingos que tenía otra antorcha en mano, y esta se le cayó en un montón de paja junto al lugar que reservaba las provisiones para invierno y así se empezó a incendiar frente a la atónita mirada de todos.
Estoico vio el desastre y junto con otros vikingos salió corriendo a apagar el incendio.
Tal era el caos que nadie se percató de cuatro jóvenes vikingos que reían a carcajadas y se atragantaban con palomitas en una esquina.
-¿Qué paso Hipo?- Pregunto el jefe. Ambos habían salido afuera a ver el desastre que se estaba produciendo.
-N-no…no sé, solo se soltó la bolsa, pero no entiendo como la pintura pudo haber causado una nube de humo. So-solo tengo que revisar, algo debió de salir mal- Dijo, controlando su escudo. Coloco una de las bolsas de "pintura" en el compartimiento y reviso lo engranes. Pero sin querer entre la desesperación, caos, fuego y humo, la bolsa salió disparada justo hasta el depósito, donde se producía el incendio.
Y una nube de humo más grande espanto a los vikingos que hacían lo posible por controlar las llamas.
Hipo miro lo que causo y Estoico aparto a su hijo de la escena, metiéndolo dentro de la forja bruscamente.
-Quédate aquí y no causes más problemas- Le advirtió apuntándolo con un dedo. Y salió a ayudar a los demás vikingos a espantar el fuego.
Mientras, Hipo miraba todo el caos ocasionado por su culpa. Y su mente paso desde los sucesos actuales hasta los del pasado.
-Quédate aquí y no causes más problemas- Eso mismo le decía al pequeño Hipo de cinco años, al de siete, de nueve, trece, de quince... Lo encerraba en la forja y lo obligaba a quedarse, mientras él arreglaba su desastre.
En ese momento volvió a sentirse como un niño de cinco años regañado por su padre. Que solo quería demostrar lo que valía.
Mientras algunos apagaban el incendio, otros corrían a los animales que estaban asustados por el caos. Y nadie se preguntaba quién era el culpable. Porque un desastre así, ni siquiera los gemelos causaban. Ellos se concentraban en un lugar para hacer una broma. Ni siquiera las peleas entre Patán y Astrid daban como resultado algo así.
¿Y que tenían todas las situaciones en común? que nadie los odiaba después de eso. El pueblo entero se juntaba a reparar daños.
Y este desastre en específico tenía el sello de Hipo Horrendous Haddock III.
El castaño se asomó fuera de la forja a ver el desastre. Y una mano en su hombro lo retuvo en su lugar. Al mirar al lado suyo, tenía a Bocón que le negó con la cabeza para que no saliera.
Una vez los animales fueron calmados y el incendio apagado, Hipo salió afuera y vio a su padre de espaldas a él, masajeándose las cienes, con un evidente dolor de cabeza.
-He papá… y-yo… no fue mi… lo sien…-
-Una oportunidad- Interrumpió el jefe, a su tímido hijo, con su potente y autoritaria voz dándose la vuelta para verlo –Te di una oportunidad- Repitió señalándolo –Y no la aprovechaste. ¿Ves el caos que acabas de provocar?- Hipo miro a su alrededor, viendo el quemado deposito, las cosas destruidas por la estampida de animales, y a los sucios y enojados vikingos que lo veían con odio y rencor. El castaño no soporto las miradas rebosantes de aborrecimiento y bajo la vista al suelo.
Chimuelo vio la situación de su amigo y se le acercó para que no se sintiera tan solo. Entonces el jefe siguió –No puedo dejarte solo en la fragua porque en cinco minutos destruyes Berk. Ya van más de dos explosiones provocadas a causa tuya en mucho menos de un mes. ¿Acaso tengo que nombrarte tus desastres?-
Hipo no quería que siguiera, no quería que le nombrara ninguno de los hechos que causo, pero sabía que lo haría, siempre lo hacía.
–Provocaste una lluvia de tuercas asustando a tu dragón que luego hizo estallar el horno, ese día terminamos con la herrería hecha un desastre de humo y herramientas. Y Bocón con Gothi.
Luego por no controlar que el furia nocturna cuide el horno como se debe, este término estallando por segunda vez.
Y ahora provocas que estallara el depósito de comida y hubo en estampida de animales por todo el pueblo. ¿Te das cuenta de lo que haces? Y todo por andar concentrado en este invento tuyo que ni siquiera funciona Finalizo quitándole el escudo de sus manos.
-Papá no. ¿Qué haces?-
-¡Ya me has traído demasiados problemas con este invento tuyo!- Grito tirando el proyecto de su hijo al suelo, para luego pisarlo con fuerza, rompiéndolo. Frente a la atónita mirada de Hipo.
Ahí estaba su escudo, su invento, su idea, que tanto trabajo le tomo. Y no funcionaba, por eso estaba allí, en el suelo, roto, pisado. Porque era tan inútil como él mismo.
-Limpiaras todo el desastre que has provocado. ¡Tú solo! Ese será tu castigo-
Estoico se fue del lugar dejando solo a su hijo. Solo, mirando los escombros de su invención. Al poco tiempo todos se fueron de la plaza. Y mientras se marchaban, pasaban a su lado y le murmuraban cosas como "Vergüenza" "Inútil" "Idiota" "¿En serio eres hijo de Estoico?"
"Eres un error"
Se fueron, dejando la plaza desierta, en la oscuridad noche. Y mientras se marchaban cada quien dejaba atrás una palabra y una herida en el corazón del joven heredero.
No había ningún rastro de presencia humana a excepción del hijo del jefe que no dejaba de ver su trabajo, inútil y destruido.
Chimuelo movió con la cabeza la mano de su jinete y este solo lo ignoro. Y como un robot comenzó a limpiar el lugar. Levanto un pedazo de madera del suelo y ahí estaba. Lo vio. Un charco de agua que reflejaba su patética existencia.
Frente a él había un chico castaño, con pecas, el rostro sucio, una mirada triste y ojos verdes que brillaban. Pero ya no como antes, estos ojos brillaban por las lágrimas que tenían acumuladas.
Y aquí estamos, de vuelta en el principio. ¿Hace falta que lo repita?
Vergüenza, depresión, miedo. Esos sentimientos y más pasaban por la mente de Hipo en este momento.
En la noche, todos se habían ido, solo como compañía a su fiel Chimuelo.
Solo un vuelo por la oscuridad de la noche sobre el lomo de su dragón podría ayudarlo a ser invisible, podría ayudarlo a escapar de su triste realidad. De ese tormento de emociones que sentía. Solo volar podría ayudarlo a aliviar su alma, podría ayudarle a aclarar su mente. En la que veía las imágenes del caos, su escudo destruido, las miradas de odio que le daba el pueblo… y su padre, la mirada de su padre no la olvidaría nunca. Duro, como de costumbre, furioso, estricto y lo peor de todo… decepcionado.
La decepción era lo último que quería ver en los orbes de su progenitor. Tan parecidos a los suyos y a la vez tan diferentes.
Necesitaba volar, salir volando en ese mismo instante, desaparecer en el manto azulado, irse, perderse para siempre. Y olvidarlo todo.
Pero no podía olvidar, ni salir volando… o más bien no debía. No debía irse, no debía olvidar. Ahora debía de limpiar el desastre, su desastre. Y jamás lo dejarían olvidar.
Hipo dejo caer la madera que tenía en mano y esta provoco que el agua que reflejaba su patética existencia, se volviera turbia, tal cual como sus sentimientos, como su realidad…
El chico pateo un balde que tenía al lado con tanta ira, frustración, impotencia y quien sabe que otro sentimiento más. Y con las manos en su cabeza se sentó en una pila de escombros.
El jefe, su padre le impuso como castigo estar limpiando lo que él mismo ocasiono. Pero no, su castigo eran las palabras hirientes que los vikingos dejaron atrás, su castigo era recordar el odio en la mirada de cada aldeano y de su padre, y su castigo era el remolino de sentimientos que ahora pasaban por su mente. La misma mente que ahora se preguntaba… ¿Por qué? ¿Por qué esto le pasaba a él?
Entendía que su padre debía implantarle un castigo. Pero a él siempre se lo imponían, pero… ¿Por qué a los gemelos no? Habían hecho explotar la fragua y no la limpiaron. Ahora ese error de los hermanos era recargado en sus hombros. Su mismo padre se lo dijo. Tomo la primera estallada de la fragua como su culpa.
Todos eran ayudados cuando cometían un error; Abono, Cubeta, Patán, Astrid, Los gemelos, Gothi…Pero no los odiaban. Nadie los odiaba. No tendría sentido odiarlos por eso.
No era culpa de ellos no ser una vergüenza como lo era el inútil de Hipo.
Todos cometemos errores y ellos no eran odiados por los suyos, nadie era odiado por su error. A no ser que fueras Hipo, en Berk solo podían pensar en que era una vergüenza, un idiota, un fracaso, un…
Un error.
Y le dolía horrores cuando decían eso.
Ahora estaba sentado en aquella pila de escombros y rodeado por los mismos. Su mente no dejaba de pensar, de recordar. Y al poco tiempo las lágrimas salieron de aquellos orbes verdes, que brillaban de tristeza.
Tal vez todos tenían razón, él era un error y su padre lo sabía. Estaba seguro que su padre se arrepentía de haberlo tenido junto a su madre.
Su madre, de seguro ella lo veía desde el Valhala y estaba decepcionada de su hijo. Ni siquiera él mismo podía creer que fuera su hijo.
Chimuelo fue al lado de su hermano y se quedó junto a él apoyándolo. Sosteniéndolo para que no cayera, Hipo no podía caer, no podía rendirse. El dragón no sabía que había pasado. Por qué el trabajo de su jinete salió tan mal. Él mismo lo vio dedicarse en cuerpo y alma para que todo saliera perfecto. Aun cuando el proyecto parecía listo el chico lo retocaba para que no fallara.
Y las lágrimas salían como cascadas de los ojos del muchacho. Una tras otra, pero todas silenciosas; ni un lamento se escuchaba de los labios del chico. Estos estaban sellados. Había tanto silencio en la plaza que si agudizabas el oído lo único que se escuchabas eran los grillos, el viento soplando y dragones volando pero ni así podías lograr escuchar la respiración agitada del jinete del furia. Su mente era un remolino de recuerdos, palabras hirientes, gritos, decepciones.
Hipo buscaba silencio y aunque lo hubiera en realidad solo lo parecía. Porque en su mente lo último que había seria silencio. Y por eso no sollozaba o no hacía notar su agitada respiración. No quería dejar ni un rastro de que él, en esa oscura noche, había estado llorando y lamentándose. Por eso no hacia ruido, por eso había silencio…
Holis jeje. Mejor no digo nada y paso a los reviews y agradecimientos. Ustedes deben de estar odiándome.
Gracias por los favoritos a: Patsi24, Gabriel y Y melgamonster. Qué bueno que les guste tanto mi historia y perdón si los hago sufrir.
Gracias por los Follower a: Patsi24 Y melgamonster. Hoy no diré mucho, todos han de querer matarme y para colmo este cap es el más largo hasta el momento. Muchas gracias por los follower.
REVIEWS:
Gabriel y : Em ¿Qué te digo? ¿Lloraste? No puedo creer que hayas sentido una daga en el corazón en el capi anterior. Me doy cuenta que últimamente todos mis capis terminan con una escena triste. Pues no estás muy equivocada con algunas cosas. Pero no quiero dar espoiler ;) Y como vez te torture un poquito haciendo que Hipo considere la idea de irse de Berk. Espero no haberte destrozado ya que aún falta y cuando creas que no podrá ser peor. BUM una nueva bomba. Y aprovecho a decirte que la idea que me sugeriste en tu primer review la veras creo que en el prox capi. He Hipo se sentirá solo pero siempre tendrá a Chimuelo a su lado ayudándolo. A no ser que…
Te dejo con la duda. Saludos.
LunaBeatriz1: No puedo creer que casi hayas llorado en el capi 3 y estés tan nerviosa. No puedo ni imaginarme como te habrá dejado este. La verdad es que ni yo sé cómo logre dejarte tan mal, creo que tengo un don para hacer sufrir a mi personaje principal. ¿En serio no puedes predecir nada? Waw y yo que estaba alterada pensando que los hechos que siguen serían muy predecibles. Creo que ya todos saben que adoro el drama, así que habrá mucho; no sé si decirte que los disfrutes o lo sufras.
La verdad es que la relación de Hipo y Chimuelo me encanta, la adoro. Así que él ayudara mucho a Hipo. Y no sé si habrá tanto romance Hiccstrid. O por lo menos mi fic no se centrara en ello. Tendrás que comerte algunas partes románticas de esos dos ya que yo adoro la pareja. Pero el fic no gira en torno al romance. Mis fics suelen ser más de aventura (especialmente los del origen de los guardianes) ya que al no haber tanto romance supongo hay más personas con diferentes gustos que lo pueden disfrutar.
En cuanto al personaje de Adrián en definitiva lo hice para que lo odies. Y la relación con Estoico estará complicada. Odiaras mucho a muchos ¿Ves esa mosca que está pasando en frente tuyo? También la odiaras. Y los gemelos y Patán… solo quieren divertirse un rato y el ultimo solo quiere llegar a ser el heredero pero ninguno quiere hacer sufrir a Hipo de esta forma. Y hasta que no se den cuenta…
Espero te haya gustado el capi. Saludos.
Melgamonster: Que bueno que te guste mi fic y te haya atrapado, me haces muy feliz. Me alegra que la ortografía este tan bien, en realidad ese uno de los puntos que mi profesora de lengua me pide mejorar. ¿Alguna vez escribiste error con H? Yo sí, aprendí la lección a la mala. En definitiva muchos sufren con las maldades que le pasan al pobre Hipo y concuerdo en que ya debió de sufrir mucho en su niñez. Y coincido con tu comentario, en definitiva es guapo. Yo tengo que ver la serie por You Tube ya que aún no tengo Netflix; Aun. Y respecto a lo que dices de Adrián estoy de acuerdo: Cuando derrote un gran dragón, derribe y vuele un furia nocturna puede hablar de Hipo, pero sino NOP. El jamás lograra lo de Hipo, a no ser…
Je je adoro la intriga debo de estar matándolos. En definitiva te vendo la entrada para que golpees al mal nacido de Adrián, pero no lo mates que seguro hay más que esperan su turno ;)
Espero te haya gustado el capi. Saludos.
FIN DE ESPACIO DE REVIEWS
Bueno Chicos esto es todo. Como siempre les agradezco haberse tomado el tiempo de leer mi fic. Y como verán este cap es más largo. 17 hojas de Word, en definitiva fue una buena elección empezar a publicar los viernes.
Agradezco de corazón a todos los que se toman el tiempo de leer mi historia. Muchas gracias por favoritos, follower o incluso a quienes solo leen. Todos me hacen feliz.
Sé que supuestamente debí de actualizar el viernes y hoy es jueves, pero no soporte la espera y se los di un día antes.
Con esto me despido y los dejo con duda, angustia, odio y cualquier otro sentimiento. Nos leemos en el prox viernes.
¿REVIEWS?
