CAPITULO III

Suspiro profundo, era el gran día, no se molestaría por nada, ni por las piedras del camino que arruinaban sus bellos tacones, ni por el hecho que después de la batalla su linda ropa allá quedado inservible, menos por los constantes acosos de todos los varones que yacían en la isla. No, ese día era tan especial que nadie lo arruinaría. Sonrió, después de todo a solo unos cuantos metros el estaría en la playa, mirando con vehemencia el campo de batalla y al incansable Sunny que dio más de lo que un barco normal daría.

Su corazón estaba hecho una tempestad, nadie la podría parar, esa emoción y ese sentimiento retenido por ya varios años, estaba a punto de salir a flote como los escombros de un naufragio.

Se tentó el corazón sonriente, era el gran día.

Siguió caminando, tarareando una vieja canción nativa de su isla, cortando flores del empedrado, jugando a quitarle las hojas en señal de amor, todo parecía perfecto, pero solo parecía, en el momento que Nami pudo ver a Luffy, su mundo se desborono.

El capitán, que ahora ya era el rey de los piratas estaba con una mujer, tomados de la mano, más cerca de lo que Nami había llegado a estar, en una situación fuera de las batallas y/o escapes.

Sus ojos chocolate se llenaron de lágrimas al ver como el amor de su vida besaba sin pudor a su acompañante; unas manos fuertes y callosas por el uso constante de sus armas le cubrieron la vista.

-"Hubiera sido mejor que te quedaras a contar el tesoro"- el espadachín susurro -"fue el motivo de mi insistencia en que esperaras en la cueva"-.

-"¿Hace cuánto?"- cuestiono la mujer con voz temblorosa.

-"Desde hace mucho, poco después de volvernos a reunir en Shabondy"- respondió.

-"Pensé que éramos amigos, y que confiábamos el uno en el otro, fui sincera contigo al contarte mi secreto y guardarte los tuyos, pero tú no fuiste sincero al decirme que podría llegar a ser la mujer que el un día necesitaría"- con coraje se dio la vuelta para encarar a su nakama -"te ayude a rescatar a Tashigi cuando la acusaron de traición y tú no pudiste decirme que el tenía otra mujer"- se mordió los labios tratando de no llorara.

-"Simplemente no podía contarte, era un secreto de mi capitán"-.

Se echó a correr, sin mirar atrás, se sentía traicionada en más de una forma, pero no los culpaba, Zoro siempre le seria fiel a Luffy, aunque implicara matar a alguien, o destruir una civilización entera. Su corazón le dolía, o más bien le dolía ser tan ingenua para no notarlo.

Ni tampoco notar la raíz que la llevo a caer de cara contra el suelo.

-"Siempre seré una tonta"- sollozo poniéndose de rodillas -"jamás tuve una oportunidad, ella están, pero tan bonita, digna de la realeza, y yo"- se cubrió la coca para evitar gritar -"una simple gata"-.

Se fue encogiendo, haciéndose bolita sobre la tierra, manchando más sus shorts y su chaleco rojo; sus labios estaban a punto de sangrar por aquel habito tan arraigado que tenía. Sus oídos se ensordecieron, sus ojos se cegaron y el mundo se apagó por completo.

Solo las manos de Robín que comenzaron a vagar por toda su espalda la regreso a la realidad, solo para lanzarse a sus brazos para desahogarse por completo.

-"Nami"- suspiro la pelinegra -"desahógate, déjalo salir"-.

Más que patética era como se sentía, las mil y una imágenes de los años junto con Luffy vagaban por su mente, torturando y abriendo más la herida. En todos sus años como fiel miembro de los sombreros de paja se había cuestionado como seria su vida si no hubiera salido de Kokoyashi.

-"Un año"- susurro Nami aferrándose a la blusa de su amiga.

-"¿Un año? ¿De qué hablas Nami? ¿Te sientes bien?"- Robín le tentó la cabeza con temor a que estuviera divagando por fiebre u otra cosa.

-"Un año para olvidarme de él"- musito -"un año para mí, para mi mapa del mundo, para alejarme de todos y de todo"- se puso de pie y se limpió las lágrimas -"no lo tomes a mal Robín, pero tanto tu como yo necesitamos tiempo, tú con Franky, y yo, y yo sola"-.

-"Nami, pero"- el dedo índice le para en su relato.

-"Quiero ser libre, quiero navegar libremente por el norte, el sur y el oeste, para terminar mi mapa, no quiero distracciones, ni tontos revoloteando a mi alrededor"- coloco sus manos en la cintura, mostrándose segura de sí misma.

-"Nami"- la arqueóloga de nuevo era silenciada por la navegante.

-"Si, lo sé, el idiota de Luffy no me lo permitiría, pero ahora esta con ella, estoy segura que esa mujer sabes navegar perfectamente, ¿si no como llego aquí?"- se comenzó a sacudir la tierra de su ropa sin prestar atención a su amiga -"está claro que así él no me necesita"-.

-"¿Que dices Nami por que no necesitaría a la mejor navegante y cartógrafa del mundo?"- Luffy hablo desde la rama de un árbol cercano.

Nami ni siquiera se dignó a verlo, sabía perfectamente que acababa de llegar, apenas pudo haber escuchado lo último.

-"A lo que se refería Nami es que todos necesitamos un descanso capitán"- Robín intervino poniéndose de pie -"La batalla nos ha dejado exhaustos y algo lesionados, creo que sería mejor tomarnos un breve descanso"- camino lentamente para ponerse en medio de sus dos amigos -"un buen rey siempre ve por los demás antes que de sí mismo"-.

-"Pero ahí más islas que visitar, más aventuras que vivir y sobretodo más tesoros"-

-"Las islas no se moverán, las aventuras esperaran y los tesoros no son todo"- se giró molesta.

-"Nami"-.

-"Quiero un tiempo de paz, no un día, ni una semana, menos un mes, quiero tiempo para mí, para estar con mi familia, no seas egoísta Luffy"-.

-"¡Nami!"- grito Luffy algo molesto.

-"¡Que!"- respondió la pelirroja.

-"Acércate lentamente"- Robín le estiro la mano.

Nami no obedeció y giro bruscamente, para toparse con unos ojos rojos, ojos que sería lo único que recordaría antes de caer en la inconciencia.

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Aquel olor era tan insoportable, que le molestaba respirar, tendría que hablar seria mente con Chopper para que le permitiera poner un aromatizador en la enfermería, odiaba ese olor a medicina y pomadas herbales. Aunque eso era raro, ya que la enfermería del Sunny siempre olía a algodón de dulce raramente olía así; se remolineo en la cama en busca de comodidad, pero se cayó al intentar dar la vuelta.

-"Nami-nee-chan"-.

Abrió los ojos al momento del impacto, lo único que veía era una sábana blanca cubriéndola, un dolor en ambos brazos y en una de sus piernas la hizo darse cuenta que aquello que estaba recordando había sido ya hace más de cuatro meses, alguien le jalo las cobijas y no se sorprendió al ver a un pelirrojo ruborizado, y un oso blanco cubriéndose los ojos.

-"Nami-nee-chan que bueno de que ya allá despertado"- el oso se giró para no vela desnuda.

-"Hola Bepo"- la chica jalo la sabana para cubrirse y se fue incorporando lentamente a causa del dolor -"Shachi"-.

-"Perdón Nami-nee-chan pero nos has sacado un buen susto"- Shachi rápidamente se ofreció a levantarla -"la encontramos hace un par de días, estaba muy lastimada"- la cargo de inmediato y la subió a la pequeña camilla.

-"Si lo recuerdo"- la pelirroja miro sus manos vendadas -"fue una a masacre"-.

-"Ni que lo diga, había muchos cuerpos calcinados y otros ardiendo sobre el buque de la marina"- se arrodillo frente a ella -"por poco y no la cuenta"- sonrió de medio lado.

-"Nami-nee-chan tome"- Bepo le extendió una bolsa con el logo de la tripulación -"úselo"-.

-"Gracias"-.

Los miembros de los piratas Hearts se disculparon y la dejaron sola, mientras se vestía; de la bolsa saco unos bóxer naranjas, una camiseta del mismo color, calcetines, un mono negro y un par de botas.

Se levantó dejando caer las sabanas al piso, su muslo derecho esta vendado, hasta la rodilla, su hombro izquierdo también vendado, ambas lesiones nada fuera de lo común, pero su brazo derecho, era como el de una momia, incluso los dedos estaban cubiertos por vendas, le dolía con solo verlo.

Sin prisa se puso la ropa que Bepo le había llevado, le causo gracia llevar ropa interior de varón, pero su trasero se veía hermoso, la camiseta se le trasparentaba, el mono le quedaba algo grande, pero era cómodo, si sus sentidos no la engañaban era de algodón. Se ajustó las mangas y se terminó de poner las botas.

-"Ya has despertado"- una voz gruesa bien conocida se oyó desde la entrada.

-"SIP"- respondió ella dándose la vuelta.

-"¿Qué crees haces en el East Blue?"- cuestión cruzado de brazos.

-"Nada que te incumba"- dijo reajustándose su vestimenta.

-"Si no me incumbiera dime ¿porque estabas buscándome?"- mostro una Viver Card con su nombre -"si ibas tras de mi me importa"-.

Nami negó efusiva, y dejo salir un largo suspiro, tenía que decirle.

-"Bien tienes mis cosas"- fue una afirmación más que una pregunta -"en la bolsa que traía se encontraba un manuscrito que Robín me mando, te buscaba para que me dieras un aventón a Arabasta"-.

-"Dime crees que dejaría mis vacaciones por irte a llevar a una caja de arena como es Arabasta"- se burló.

-"No, la verdad no, pero si me dieras mi bolsa te diría el porque te interesaría"- sonrió la pelirroja.

La bolsa apareció a los pies de Nami, junto con el clima tac, se arrodillo, tomo la burbubolsa y con un simple toque se reventó; el libro y el mapa, más una que otra cosa más estaban intactos. Se incorporó ondeando el mapa, que para su sorpresa no cambio la expresión de si anfitrión.

-"¿Un mapa?"-.

-" Y un libro"- señalo -"sé que a ti no te interesa, y has de pensar que si Robín no lo pudo descifra menos yo"- dio unos paso tentativos hacia la puerta -"pero yo sé que puedo y que a ti también te interesa"- hojeo el libro atenta a cada hoja que pasaba -"lo sé al ver este nombre"-.

Giro el manuscrito en dirección a Law, así él pudo ver perfectamente que el nombre de su mentor estaba ahí, con mayúsculas.

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La comida no era tanto buena como la de Sanji, pero saciaba el hambre, había llegado hace poco y la atención de todos los tripulantes se había dirigido a ella. Se sentía raro decirlo, pero en esos días la atención era lo que menos quería llamar.

-"Nami-nee-chan"- Penguin estaba sosteniendo una charola frente a ella -"pruebe la sopa"- la inclino hacia Nami para que la viese.

-"Ya no puedo comer más"- rechazo cordial.

-"Se ver muy bien en el uniforme de nuestra tripulación"- Pinguin dijo bajándose más la gorra -"si alguien la viese así diría que es una más de nosotros"-.

El parloteo no se hizo esperar por los miembros de los Hearts, se había dicho en más de una ocasión que el grupo buscaba bellas enfermeras, lo malo es que las enfermeras no los buscaban a ellos. Tenían un par de uniformes femeninos guardados en la lavandería, pero con el ajetreo de esos días no se habían puesto a buscarlos.

-"Sabe que si un día se cansa de las monadas de su capitán tiene las puertas abiertas de par en par"- Jean Bar musito con una taza de sake pegada a los labios.

-"Lo tendré en cuenta"- sonrió, parecía que la mayoría sabia del accidente de hace cinco meses.

Los chicos se veían como un grupo de inadaptados sociales, la mayoría claro no contando a Jean ni al capitán, se ponían nerviosos con la presidencia de una chica, Bepo no contaba ya que era un oso.

Era una incongruencia siendo los piratas Hearts una de las bandas más sanguinarias, se portaban como vil adolecentes. Aunque en un punta estaba bien, era una extrañar compañía, pero bien apreciada. Con ellos no temía demostrar su lado gentil y femenino, mucho menos su lado masculino, a diferencia de su tripulación.

Siendo dos mujeres se podría decir que es fácil, pero no, las cosas eran más bien controladas, Robín era la mujer serena y educada, ella la bruja histérica, y así eran catalogadas, una no podía soltar un gas sin recibir abucheos de los demás.

Los demás.

Decidió no pensar más e invito a los chicos a un buen juego de Jack Black, quería comprarse algo lindo en la siguiente isla.

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Donquixote Rocinante.

Con una buena caligrafía se mostraba en más de una página el nombre de aquel marine que considero un segundo padre. Y sin entender ni una palabra de lo que decía el libro leía o más bien buscaba de nuevo el nombre de Cora.

Cerró el manuscrito cansado, eran trecientas páginas, en las cuales solo en doscientas diecinueve se mencionó a su mentor. La caligrafía era perfecta, ni un rastro de borrón o tachadura, pero no entendía ni una sola palabra. Las letras estaban ahí, pero al unirlas no tenían sentido.

La puerta se abrió despacio, dejando entrar el parloteo de afuera, una figura de lo más delicada, cubierta por feos trapos entro sin tocar.

-"¿No entiendes nada?"- pregunto con un tono de burla disfrazado de pena.

-"Soy doctor no especialista en letras y lenguas muertas"- bufo tallándose en puente de la nariz.

-"Lo mismo pensé al recibirlo, pero me di cuenta de algo"- se acercó tomando entre sus manos el manuscrito -"este dialecto, y este extraño libro, no es más que una bitácora de algún capitán"- paso las hojas lentamente, detallando con cuidado cada palabra escrita -"y no solo de un simple capitán"- señalo un renglón -"el capitán de mi madre"-.

Belle-meré.

Era el nombre que Nami señalo, Law la miro escéptico, seguía sin entender; pero ¿cómo hacerlo? Era una lengua muerta, y si Nico-ya no pudo descifrarla menos una navegante con problemas de carácter.

"Primero de marzo del año en curso, tal y como Sengoku lo predijo ahí dos grandes miembros entre nosotros, el primero y el más torpe Donquixote Rocinante y Belle-meré de Kokoyashi. Marines un tanto fuera de lo común"

Con apenas esos pocos renglones pudo capturar el interés de uno de los capitanes más sádicos del mundo, y su boleto para descubrir el misterio tras el misterioso libro.

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Pam pam pam paaaaammmmmm

Bueno un nuevo capítulo de mi segunda historia wiiiiiiiiiiiiii aunque la que más me apura es la otra pero mi inspiración anda algo corta, así que si me permiten complacerlos con estas pocas páginas de lectura simple seré feliz.

GERACIAS POR LEER!