Disclaimer: Boku no Hero Academia es propiedad de Kohei Horikoshi.

N/a: Hola y sean bienvenidos y bienvenidas, de ante mano me disculpó si notan faltas de semántica o de ortografía; puesto que no poseo computador/ordenador y escribo desde mi teléfono. En ocasiones el auto corrector se sale con la suya sin importar cuanto me esfuerce en la edición

Pintura

El ruido en el mercado era bullicioso, y el sol ya parecía tener un orígen artificial aquel otoño. Brindaba luz y claridad pero sus rayos ya no eran acompañados por el calor en lo absoluto, el frío estaba ganando terreno de forma despiadada y el único consuelo que la gente encontraba entre el augurio de un invierno crudo y una larga época llena de conflictos, era que las cosechas de ese año fueron innegablemente buenas. Personas en los puestos de venta ofrecían y exhibían todos sus productos de manera efusiva y descarada y la gente se tomaba su tiempo para escoger sabiamente o por el contrario, deliberadamente soltaban dinero en manos ajenas creyendo que llevaban la mejor calidad consigo hasta sus hogares. En cuanto a un hombre en particular en un puesto de panes presuntamente recién horneados, este dudaba de todo lo que veía, pero no estaba dispuesto a irse sin lo que fue a comprar llenando una bolsa de tela que cargaba consigo, se tomó su tiempo y bajo el escrutinio del ojo vigilante del panadero, ponía toda su concentración en no equivocarse en su elección. Finalmente después de unos cuantos minutos que supieron eternos.

—Deme las tres barras de pan del fondo… — su voz era grave y carente de ingenuidad. El viejo panadero en cuestión lo veía sonriente y bonachón, siempre era divertido esconder la mercancía recién horneada a la espera de que un ojo ávido y una nariz delicada y selectiva encontrara sus mejores creaciones.

—Enseguida… — el panadero gozaba de ver cómo la gente se agrupaba alrededor cada vez que su vecino iba ceremoniosamente a hacer sus compras semanales. Tardaba mucho en cada puesto y prácticamente le salían raíces en los lugares que vendían herramientas y utensilios diversos para su oficio. Era relativamente famoso en todo el estado por su trabajo tan extravagante. Aunque él solo lo conocía por ser descendiente de orientales y por ser maniático a la hora de dejarlo sin pan de buena calidad que ocultarle al público — ¿Cómo va tú negocio? — a juzgar por la ceja que el moreno arqueo de forma irritada, el panadero supuso que no le gustaba ese término para designar a lo que se dedicaba. Tuvo que ahogar un par de risas burlonas aunque sin malas intenciones.

—No es un negocio

—Ganas dinero al ofrecer tus servicios. Por su puesto que es un negocio.

—Solo tengo un par de pedidos especiales cada tantos meses. Pocos encargos particulares y la mayoría de lo que hago se queda conmigo… — al moreno le gustaba desviar la vista al esclarecer sus puntos. De esa forma evitaba ser lo más mordaz posible con la gente que apreciaba ya que no le resultaba nada difícil ser tajante e inescrupuloso al exponer un punto.

—Olvidaste mencionar que esos pocos trabajos te garantizan más florines al mes, que lo que gana un ciudadano común en un año. Y que tienes una clientela selecta cabe agregar…— soltó un par de risas bonachonas y algo paternales mientras le extendía una bolsa de papel barato con sus panes y luego ponía las manos tras su espalda— No me has visto nunca venderle nada a nadie importante. Mi clientela más distinguida deben ser tú y el herrero. Aquí normalmente viene gente tan ajustada que me termina pagando una barra de pan en cuotas…— ahora el hombre más joven no encontraba palabras para defenderse — Yo en cambio he visto blancos corceles pura sangre y carruajes finísimos aparcados frente a tu casa muy seguido..

—Resultó ser usted muy observador… — el hombre moreno y de barba crecida decidió pagar lo que debía y dejar morir esa conversación que lo estaba apenando más de la cuenta. Se despidió con un asentimiento de cabeza y continuó su empresa. Tenía que resurtir su despensa y también su taller de trabajo. Se había quedando sin material para hacer mezclas y colores, necesitaba además una nueva paleta, pinceles y un sin número de objetos que agradecido haber enlistado de antemano. A medida que avanzaba entre la gente, no resonaba otra cosa en el aire que no fueran murmullos y platicas acaloradas sobre las últimas noticias y novedades que invadían la atmósfera igual que una plaga de langostas y arrastraban a las personas igual que inmensas olas. Eran tiempos turbulentos y saber que la en ese momento República de Venecia, pese a un leve declive que estaba azotándola, seguía portando el estandarte de la ciudad estado más poderosa y rica, económica y culturalmente. Además, de contar con otros factores como: su propio y vasto imperio comercial, la persistente herencia bizantina que en las personas y las calles se veía con facilidad y la existencia de una estructura política y social capaz de integrar a los extranjeros. Después de todo, aunque de vez en cuando aparecía un individuo o dos que se extrañaban bastante de escuchar su apellido y posteriormente tener que preguntar por su procedencia, o de notar rasgos afilados en sus ojos al quedársele viendo fija en indiscretamente y saber de inmediato que había una mezcla obvias de razas en su sangre. Él podía vivir ahí tranquilamente y trabajar en lo que le apasionaba sin mayores percances. Además de que, encontrar a alguien con una ascendencia tan peculiar como la suya no era para nada común, de hecho llegaba a ser tan estadísticamente improbable que la gran mayoría en vez de despreciarlo lo trataba como una suerte de especie exótica y elegante. Para crear altercados verbales o físicos en cuanto a la raza para eso ya tenían preferencia en buscarle pleitos a los franceses, españoles y portugueses, sus vecinos más próximos y con quienes compartían el pan diariamente. Aunque en Venecia se veía notablemente disminuido ese comportamiento.

Al llegar a cada puesto en el mercado que tenía apuntado en su lista de víveres, siempre hallaba una cara sonriente y cálida dándole la bienvenida. Muchas de las personas ahí estaban familiarizadas con él y si no le conocían de trato lo hacían por ser relativamente famoso. Después de todo tenía un trabajo bastante vanguardista y poco practicado. Decían que era una de esas modas modernas y pasajeras, pero él sabia perfectamente que dedicarse a ser un pintor y escultor avocado a las nuevas corrientes de arte y filosofía que estaban ganando terreno en toda Europa no era un oficio intrascendente ni mucho menos. Además, solo eran comunes esas habladurías en personas de clases bajas, ya que en principio no entendían ni comprendían el valor de aquello ya que no lo comercializaban igual que cualquier otro tipo de trabajo en el momento. Normalmente había que estar bastante ilustrado para ponerlo en práctica y saber leer y escribir como un mínimo extremadamente básico para intentarlo y eso si que no era común en lo absoluto. Por lo mismo sus clientes eran de la nobleza y su oficio se consideraba para eruditos y aunque su madre lo apoyo en su momento, su padre nunca hizo otra cosa más que repetirle que su abuelo se sentiría decepcionado de que no quisiera seguir con la tradición que los había mantenido en ese país sanos y salvos. Honestamente ser albañil nunca fue lo suyo y ver la cara que su padre le puso en su momento le dio bastante risa y más cuando le llamó irreverente, tenía quince años cuando eso ocurrió y tanto su madre como él se rieron en su cara, después de todo no podía defender sus propios argumentos así que tuvo que ceder, aunque su padre fuese estricto era un completo rebelde a ojos de su abuelo, quien siempre le hecho la culpa de esas venas individualistas a la sangre italiana de su abuela. Y más tarde la sangre veneciana de su madre término por aniquilar esa sumisión. Solo era un asiático y daba gracias a que no le afectó el remordimiento por desobedecer y seguir sus sueños como a su padre cuando este fue más joven.

Camino por todo el mercado, paraba aquí y allá y compraba generosas cantidades de todo lo que necesitaba. Paso cerca de la plaza mayor y escucho todo el alboroto de la gente ahí reunida. Poso sus ojos en cada lugar, persona y paisajes que le llamara la atención así fuese remotamente. Buscaba con ansiedad inspiración hasta debajo de las rocas de ser necesario, después de todo ese era el motor de su trabajo y este estaba empezando a descomponerse. Tenía varios clientes frecuentes que estaban abusando de su posición y de su generosidad haciéndole encargos uno tras otro cada fin de mes. Corrían la voz de forma descarada y dejaban que sus allegados también llegaran a las puertas de su hogar exigiendo pinturas, esculturas y demás artesanías de diversas naturalezas a cambio de suntuosas cantidades de florines de oro y plata y promesas de donar a mucho a la comunidad, a los orfanatos e iglesias con tal de tener algo de su trabajo entre sus manos. Pero hasta él se quedaba sin ideas. No fue hasta que se dio cuenta de que sus cuadros con modelos femeninas estaban poniéndose de moda, que empezó a sentirse en grandes aprietos. No sólo era increíblemente difícil encontrar modelos adecuadas, sino que cada encargó venia con la petición o la orden de ser totalmente original. Y aunque podía usar a las mismas chicas y hacer gala de su creatividad para cambiar un sin número de detalles, a la larga se hacía pesado para él, demasiado simplista y rutinario. Ninguna tenía aquella energía inagotable y carisma desbordante que se requería para darle una vida nueva a cada personaje que creaba. Todas habían nacido para desempeñar un único papel. Era como pintar sobre un lienzo usado y la idea empezaba a desagradarle en gran medida. Aun así no podía relegar de sus compromisos y responsabilidades por más que quisiera. Suspiro hondamente y terminó comprando cosas de más, pero por fortuna la carne seca y el queso le durarían bastante tiempo, al igual que el café el azúcar y las legumbres.

Para cuando regresó a su hogar su ama de llaves estaba terminando de limpiar. Tenía permitido darle nueva vida a todo en su casa salvó por su taller privado, de eso se encargaba él personalmente. Su hogar era un pequeño edificio, solo tenía tres pisos pero para un hombre solo era bastante espacio que no utilizaba en su mayoría. Apenas la mujer canosa y entrada en años salió por la puerta sonriéndole y con su paga en mano le aviso que volvería la semana entrante. Se quedó viendo a la puerta principal que ya había sido cerrada por más tiempo del que quiso y luego suspiro de nuevo y se pasó una mano por el cabello. Dejó todo lo que cargaba consigo en la mesa del comedor y camino hasta el baño, comprobó que la mujer que acaba de abandonar el inmueble le había dejado la bañera lista para que entrará en ella. Estaba desbordante de agua caliente y sales de baño. A veces miraba al cielo ironizando y reflexionaba con algo de burla y reproche para consigo mismo, que de hecho era un hombre bastante rico. La gran mayoría tenía que pagar sumas altas para poder asearse en los locales correspondientes para ello, por lo mismo mucha gente duraba semanas sin tomar un baño. Mucha gente pasaba totalmente de ello y vivía con mugre e inmundicia en la piel por meses. La ventaja de vivir en un lugar tan económicamente bien posicionado y además ser de clase media alta era que podía disfrutar de todo tipo de lujos. Baños calientes diariamente, comer azúcar, carnes rojas y blancas, tener muchas mudas de ropa y productos varios destinados a la higiene personal. Platería fina y muebles refinados. A veces no recordaba porque vivía tan bien. Las cosas solo parecían acumularse. Sin pensar más se metió la baño y al salir ya vestido retomo el proyecto que había dejado abandonado en su taller, no obstante para cuando tuvo tres horas en el lugar y decidió tomar asiento para darse un respiro y tomar algo de vino. Se dio cuenta de que el techo sobre su cabeza tenía una filtración que empezaba a tornarse sería. Le extraño no haberse dando cuenta de aquel detalle siendo que pasaba la mayor parte de su tiempo en su taller. Le tomó algo de tiempo para poder escudriñar todo el lugar con la vista y pronto se percató de que este empezaba a parecer un almacén de cosas acumuladas. Ya que el moreno no le permitía a su ama de llaves entrar a limpiar y se ocupaba el mismo de acomodar el sitio personalmente, fue que cayó en cuenta de todo el trabajo de limpieza que había postergado. Es más, ni siquiera recordaba cuando fue la última vez que barrio el piso o que pasó un trapo por algún estante. La duela del suelo era de madera y parecía un mosaico de cerámica de mal gusto gracias a todas las manchas de pintura y suciedad que tenia, en algunos lugares el polvo ya era tan grueso que parecía retazos de alguna alfombra vieja y horrenda. Debía haber cualquier cantidad de arañas y otras alimañas viviendo entre las cajas y los caballetes rotos que tenía arrimados. En vez de botar lo que ya no necesitará solo lo arrimaba en algún rincón. Como resultado parecía el cuarto de algún acumulador. El aire estaba viciado con olor a pinturas y disolventes, polvo y humedad y también empezaba a achacarle la culpa de su falta de inspiración a su taller que más bien parecía un cementerio de materiales de arte de todo tipo. Nadie debería poder trabajar en esas condiciones. Pero sorprendentemente él lo hacía.

Tuvo que esperar a su ama de llaves los días correspondientes para comentarle la situación, su rostro apenado y esquivo logró enternecer a la mujer madura, esta se limitó a sonreírle y decirle que no habría problema alguno y que se haría cargo de sus problemas.

—Descuide señor Aizawa, quedara todo resplandeciente antes de lo que se imagina.. — el moreno le sonrió ampliamente y asintió con la cabeza. Ya que le daba vergüenza que una mujer sola hiciera tanto peso y se encargará de tantos quehaceres pesados, se postuló a si mismo para ayudarla. También recordaba que hace mucho tiempo que se había rendido con la señora que hacia la limpieza y la comida en su casa, esta siempre pronunciaba su apellido de una forma particular y cantarina, como todo el mundo en ese país cabía aclarar. Únicamente el panadero se había tomado la molestia de pronunciar correctamente a través de los años. No era algo que le molestara pero le acusaba una mezcla de risa e incomodidad muy confusa. La mujer canosa fue advertida sobre el nivel de polvo en el lugar y pronto la vio amarrándose pañuelos de algodón en el rostro para evitar aspirar directamente el aire. Le hizo ponerse uno también y que le ayudase a mover los muebles. Fue un trabajo duro y arduo pero finalmente después de unos minutos toda la gravedad real de la situación salió a la luz para mortal sorpresa de ambos. Apenas movieron varios muebles de su posición original, el suelo de madera podrida cedió ante su propio peso y generó un enorme agujero en medio del taller. Mucha basura cayó dentro de el haciendo un ruido escandaloso, había una clarísima filtración haciendo estragos y muchas termitas además, había que reemplazar el suelo y reforzar las paredes después de reparar la mentada entrada indeseable de agua, había que desechar varios kilos importantes de basura, y seguramente surtir de muchas cosas nuevas, el mundo parecía venírsele encima a Aizawa cuando su ama de llaves declaró que necesitaba con urgencia a un albañil ahí — Será mejor que no ponga esa cara de decepción, usted mismo dijo que no tiene inspiración últimamente y aunque la tenga no podrá continuar con su trabajo en este taller.. — reto a Aizawa viéndolo directamente a los ojos y poniendo las manos en las caderas.

—Tiene razón.. — lo peor era que no tenía otra estancia con el tamaño y la entrada de luz natural que tenía aquel salón que transformo en su lugar de trabajo habitual. Era preciso para él ganarse la vida creando en ese sector del edificio. Solamente ahí se sentía pleno al esculpir, pintar o dibujar. Tenía dinero suficiente para pagar mano de obra que restaurará todo el inmueble si así se le daba la gana. Invertiría lo que fuese necesario en devolverle la vida a su moribundo a su taller que tanto había hecho por él.

—Necesitará alguien con músculos y juventud para todo el trabajo que hay que hacer aquí, quizá contratar a un par de personas…— la mujer detalló el lugar con la vista y se tomó el mentón pensativa.

—Eso es lo de menos, necesito a alguien que trabaje rápido… — vio el cuadro que estaba a punto de terminar y el cual era el responsable de tenerlo lleno de pintura de pies a cabeza en ese momento. Aun con el taller ese esas condiciones había seguido trabajando en este— Estoy a nada de terminar este encargó, pero se que vendrán más al final del mes… tengo otros pendientes inconclusos pero, puedo terminarlos en mi propia habitación una vez termine el cuadro.. — también hacia esculturas pequeñas y decorativas. Estas eran más sencillas para él y requerían menor espacio para ser terminadas. Eran pequeñas estatuas de hadas y ninfas y se podían apreciar desde su posición en un estante del taller. Esperando por él para adquirir nueva vida y alegrar las estancias de sus futuros hogares, o quizá terminar en la habitación de alguna pequeña llena de imaginación y fascinación por los cuentos de hadas— Correré la voz y convocare a los mejores de la zona.. — al verlo tan serio y decidido su ama de llaves solo pudo sonreír e imaginaba todos los posibles resultados de aquella empresa. Convenció a su señor de llamar a un par de carretilleros que se llevasen la basura del taller y las cosas que ya no fuera a utilizar, de esa forma también tendrían una vista más completa de todos los daños del lugar. Fue una verdadera suerte que el piso no siguiera hundiéndose, para el final de aquel día tan terriblemente pesado, dos humildes sujetos con enormes carretas para transportar cosas inservibles se retiraban del domicilio del artista local con una buena cantidad de basura y varios florines de plata en los bolsillos. Antes de que la poca claridad del día se terminará de esfumar Aizawa y su ama de llaves quedaron impresionados con el aspecto del taller. Este no sólo parecía haber triplicado su tamaño ya sin tantos objetos ocupando el espacio vital. Sino que se veía lóbrego, lleno de manchas de pintura vieja y las paredes y el piso se veían como a punto de derrumbarse.

Dos días después Aizawa estuvo entrevistando por decirle de cierta forma a cada albañil que tocó a la puerta de su casa en la mañana. Su ama de llaves había regado la noticia en el pueblo de que necesitaba contratar mano de obra para su hogar y ya que se domiciliaba en una zona rica y aunque no fuera el artista más reconocido del país o del estado gracias a las personalidades que esa época se destacaban, tenía bastante buena fama. Necesito re agendar todo su día para atender a tantos. Se cansó de manera horrida y mortificante de tener que darles a todos y cada uno de los sujetos que llegaron a ofrecer sus servicios un tour por su sala de estar y posteriormente hasta su taller que se ubicaba en la planta baja. Vio hombres de todas formas y tamaños, pequeños, altos, macizos, otros muy delgados, calvos, otros de cabello rubio, pelirrojo y negro, más experimentados unos que otros y de entre una edad media entre diecisiete y sesenta años. Se mareo con tantos datos técnicos y consejos que tuvo que escuchar. Y también frunció el ceño y arqueo más las cejas ese día que en toda su vida. Ninguno le convenció y para evitar hacer un manifiesto de puntos negativos se limitó a anotar mentalmente los más importantes. A todos les preguntó el tiempo estimado que necesitarían para terminar las reparaciones y ninguno bajaba de un mes. Puede que él se haya querido dedicar a otra cosa, pero sabia lo suficiente de ese oficio como para entender que su taller se veía peor de lo que realmente estaba y no haría falta tanto tiempo para dejarlo en mejores condiciones. Obviamente la gran mayoría quería ir añadiendo días a su cuota de trabajo para que les pagase más de lo debido aprovechándose de su posición económica, quienes daban un precio razonable ofrecían más de un mes de trabajo por la edad con la que contaban. Seguro eran muy buenos pero los años les pesaban. Y quienes ofrecían un tiempo más corto hablaban de cosas que para él no tenían sentido de la lógica, no inspiraban confianza y posiblemente fueran timadores. Todo término en aproximadamente una veintena entrevistas y no se quedó con ningún trabajador. Cuando ya casi era de noche y el sol ya enrojecía el cielo fue que su ama de llaves se le acercó disimuladamente con una charola de plata con té y panecillos y una cara bastante sospechosa. Tan pronto como el moreno tomó la taza destinada para él y un panecillo dulce no pudo terminar de darle el primer mordisco cuando la voz de su acompañante lo tomó desprevenido.

—Señor Aizawa: Con respecto la tema de su inspiración que se ha visto obstaculizada, si son modelos lo que necesita mis sobrinas podrían…

—Por enésima vez, no todo lo que hago necesita modelos de cara o cuerpo entero. Y con respecto a sus sobrinas… — la cara de repelús que puso el moreno le fue demasiado graciosa a la misma ama de llaves. La situación era sencilla. Annetta Lombardo, su única criada era una mujer en sus cincuenta y tantos años, pero tenía complexión pequeña, era delgada, de piel blanca y mirada juvenil. Aizawa estaba seguro de que en sus mejores años fue la belleza más codiciada del pueblo ya que aún a su edad se apreciaban las sombras de esa belleza. Cuando está le menciono hace un par de años cuando necesitaba con urgencia una modelo femenina para un encargo está le insistió mucho en emplear a sus fulanas sobrinas. Aceptó con agrado ya que si compartían genética con Annetta debían ser lo que estaba buscando. Craso error. Eran increíblemente poco agraciadas, robustas y con serios problemas cutáneos. Escandalosas, algo marginales y se creían unas bellezas inalcanzables. Aizawa batalló bastante para que se fueran sin ser demasiado grosero — Simplemente no entraré en esa discusión… cuando tenga que esculpir gárgolas para alguna catedral te aviso.

—¡Jajajajajaja! ¡Eso fue cruel! — lo bueno era que su ama de llaves era risueña la mayor parte del tiempo.. Justo cuando estaban a punto de cambiar el tema de conversación alguien había tocado a la puerta principal — ¿Quién podrá ser a estas horas? — Aizawa se sumió de hombros y su criada tuvo que ir a verificar quien era el inesperado huésped. Abrió la puerta y junto al frío de la temprana noche también vio una figura alta y esbelta frente a ella. Era un sujeto vestido humildemente, con un sombrero ocultado su cabello. Este hizo una inclinación con la cabeza y ella lo imitó.

—Buenas noches, lamento la sorpresiva intromisión pero escuche en la ciudad que el señor de esta casa buscaba mano de obra…

—Efectivamente así es, pero tendrá ye venir en la mañana si desea presentarse ante el señor. — le había dicho firmemente aunque con un tono algo burlón — ¿Qué le hace pensar que estas eran horas de presentarse…? — antes de poder continuar con su sermón la voz de Aizawa se oyó desde el interior de la sala. Fue lo suficientemente audible para que el huésped inoportuno escuchará.

—Esta bien, déjalo pasar… — tan despreocupado como siempre el moreno no le había dado mayor importancia al asunto de la hora. La mujer dudo un poco pero tuvo que dejar pasar al inmueble al curioso visitante. Cuando ambos estuvieron dentro, Aizawa se levantó de su silla y detalló al intruso. Era alto, se veía fuerte y saludable además de joven, no podía verle bien el rostro gracias al sombrero y la poca luz que más bien hacia más sombras sobre su rostro. Lo que sí era visible era su postura relajada y de aura enigmática, parte de su cuello y pecho— Espero que sea consciente de que se está acabando la luz del día y será difícil ver el daño con lámparas de aceite… ¿Señor…? — lo ojeo de arriba para abajo mientras esperaba su respuesta.

—Mm..— dudo un poco en soltar su apellido, al ver cómo se tomaba del cuello apenado el moreno arqueo una ceja — Puede llamarme Yamada… y no tiene de que preocuparse, tengo una excelente vista.

—Hmp… — el moreno se cruzó de brazos y casi deja ir una risa burlesca, pronto le dio la espalda y le hizo una seña para que lo siguiera. Le solicitó a su ama de llaves que prepara un par de lámparas de aceite, cada uno termino llevando la suya propia. Entraron al taller y en las esquinas más alejadas de este ya la oscuridad se hacía presente. Ambos: amo y criada observaron al hombre adentrarse con cuidado en la habitación y detallar el lugar con la vista, lo vieron acercar su lámpara cada tanto a las paredes y el suelo y ponerse la mano en el mentón. La luz de sol casi se había extinguido cuando se aproximó a ellos y pidió cortésmente ir a ver la segunda planta de donde provenía la filtración. También echo un vistazo a la fachada exterior siendo así el que más tiempo había tardado en dar su opinión profesional y el más silencio también, no emitió ni una palabra hasta que se sintió satisfecho con su veredicto.

—Se ve peor de lo que es en realidad… — había dicho con voz monótona y relajada. Aizawa sintió por primera vez en aquel día que alguien le estaba hablando en su idioma y la ama de llaves vio todo muy curiosa. — Es un edificio muy viejo, este otoño esta siendo particularmente húmedo y lluvioso, el agua ha estado siendo absorbida con facilidad por la estructura. Con los materiales adecuados estoy seguro que puede quedar toda el área afectada en excelentes condiciones.. — por su tono era obvio que le estaba insinuando que si quería algo bien hecho le iba a salir un poco caro. Y no precisamente por sus honorarios. Hasta parecía tener lastima o consideración por el capital ajeno y le daba algo de mal rollo escupir un precio.

—El costo de tales materiales sería cubierto, no pienso escatimar en gastos…— declaró Aizawa vehementemente — Me interesa más que todo cuanto se tardaría ¿Es capaz de darme un tiempo estimado para que todo este listo si le diera el trabajo? — el sujeto alzó un poco la vista y Aizawa pudo apreciar un destello de color verde viniendo de uno de sus ojos.

—Dos semanas cuando mucho.

—¿E… Enserio? — esa había sido Annetta quien se veía notablemente pasmada e impresionada.

—¿Esta usted alardeando? — la única mujer ahí había visto muy mal a Aizawa, como si este fuera un chiste malo andante. Había tildado de incompetentes y timadores a todos los que habían ido en busca de trabajo a su hogar ese día y cuando llegaba de sorpresa uno que si cumplía sus expectativas no lo tomaba en serio.

—… — el hombre se limitó a negar con la cabeza y regalarle una sonrisa ladeada que transmita mucha paz. Al moreno volvió a asombrarle la personalidad de aquel sujeto.

—Bueno, veremos si hace honor a sus palabras. Venga mañana después de medio día y hablaremos de todo lo que va necesitar para que inicie de inmediato.. — aquel hombre que había llegado sin avisar se quedó pasmado en su sitio mientras procesaba esa nueva información. Para cuando reaccionó, su nuevo empleador estaba marchándose rumbo al interior de su hogar dejando a su nuevo trabajador con más dudas que otra cosa en mente. Aunque eso no fue impedimento para que por dentro estuviera profundamente agradecido. El ama de llaves se tomó la molestia de despedirse adecuadamente de él y desearle las buenas noches después de recibir de regreso la lámpara. Al verla marchar detrás su señor fue su señal para perderse en la oscuridad de la noche.

Para la tarde del siguiente día. Aizawa se encontraba confinado a su habitación. Salía únicamente para atender sus necesidades básicas y asearse. Estaba totalmente sumergido en su trabajo y puede que estuviera varios días consecutivos así hasta finalmente terminar lo que tenía pendiente. Su ama de llaves ya se había tomado su semana libre, así que ahora permanecería con él durante el día. Esta se encargaba de llevarle sus alimentos y tener la limpieza del edificio al día. También fue la que se encargo de atender al nuevo empleado y de escribir una detallada lista de materiales que el hombre le había dictado previamente. Tomó sus cosas y lo dejó almorzando tranquilamente en la cocina mientras ella iba distintos lugares a pedir las cantidades precisas de todo lo que necesitaría. La mujer volvió luego de una hora y después de otra hora más llegarían varios hombres de distintos lugares con todos los materiales y herramientas requeridos.

Ese día darían inicio las labores de restauración en el hogar del artista de ascendencia nipona. En los días posteriores el trabajador que este había contratado se preguntaba porque nunca lo veía en la planta baja, cada vez que terminaba con una parte del trabajo que tenía se lo cuestionaba y al final de la primera semana sin haber percibido más que el leve ruido de los pasos de este en la segunda plata, su curiosidad pudo más y le preguntó al ama se llaves sobre el misterio que envolvía al de cabello negro. Esta solamente pudo atinar a decirle que ese escenario siempre se repetía cuando se trataba de su señor y de como este se ganaba la vida, pero que no tenía de que preocuparse.

Para el onceavo día de arduo trabajo el albañil anuncio que solamente le faltaban afinar un par de detalles y todo estaría listo antes de lo que él mismo premedito. Obviamente eso se lo había dicho al ama de llaves y esta estuvo emocionada y contenta de poder darle tan ansiada información a su señor. Aunque le tomó mucho más tiempo del que creyó, aquel día muy entrada la noche por fin había finiquitado su labor. Sonrió satisfecho al ver su obra, pero su alegría fue interrumpida por su estómago que empezaba a rugir clamando por alimento. Decidió que comería algo en ese lugar por última vez antes de tener que marchar. Aquellos días ahí Annetta había sido muy amable en servirle manjares que no había probado en toda su vida y más de una vez cuando esa situación se repetía y se quedaba hasta muy tarde ella le dijo que era libre de entrar a la cocina y tomar lo que quisiera ya que ella era la encargada de la despensa y su amo se contentaba con comer pan y mermelada cuando ella no estaba y le juro que no habría el menor problema. De los once días que estuvo en ese lugar y cinco de sus noches donde partió del sitio después de las nueve de la noche, nunca se topo con el dueño del inmueble ni siquiera por accidente y pensó que esa noche no sería una excepción.

Llegó a la mencionada estancia, se sirvió algo del vino que estaba servido en uno de los varios decantadores en el mesón de la cocina y se dispuso a prepararse un bocadillo sencillo. Aquella noche estaba haciendo algo de calor bastante inusual gracias a una sutil humedad que gobernaba el ambiente que el mismo había llenado de energía con tanto movimiento al terminar con las reparaciones. Se abrió parte de la camisa blanca y holgada que cargaba y se sacó el fiel sombrero de la cabeza. Se le ocurrió abrir una ventana mientras caminaba por el lugar con una copa de vidrio entre los dedos y fue entonces que al voltear casi escupe la bebida de uvas fermentadas, se quedó quieto en su lugar viendo a las escaleras que daban al segundo piso y que estaban justo en la salida de la cocina. Ahí, parado y viéndolo de forma bastante severa, amenazante y notablemente confundido se encontraba su empleador al que no le había visto la cara en bastante tiempo. Trago bastante duro sin saber que hacer o decir precisamente.

—¿Quién se supone que es usted y porque ha entrando en mi casa? — la pregunta fue hecha de forma bastante contundente, intimidante y agresiva. No había alzado la voz pero aún así el albañil sintió que le habían gritado. El moreno lo veía de arriba para abajo. Yamada se había puesto tan nervioso que no encontraba su propia voz. Trago bastante duro y dejó la copa junto a él en el mesón, alzó las manos tratando de darle entender que estaba ahí en son de paz a lo que el dueño del lugar meneo la cabeza un poco intrigado ante esa reacción, realmente al albañil le hacía bastante gracia de una manera muy morbosa el hecho de que quien lo contrató se haya olvidado por completo de su persona al grado de pensar que era un vulgar intruso o un ladrón.

—Eh… — dudo un poco al hablar, pero tenía que empezar a aclarar las cosas — Señor Aizawa, soy yo… — le sonrió con la mueca más grande y amigable que pudo poner y trató de aminorar el ambiente— ¿Yamada? ¿El que contrató para arreglar su taller…? — con esta aclaración el moreno bajo la guardia y lo observo con una expresión más amable y rostro relajado.

—¿Y bien? — volvió a increparle al susodicho con rostro serio de nuevo.

—… ¿Eh?

—¿Qué hace en la cocina? — Aclarado el misterio de su identidad y de detener el posible uso de acciones violentas en su contra por creerlo un allanador de morada, aun así la pregunta era la misma de todas formas.

—Y-Yo p-pues… — se sostuvo la nuca avergonzado de estar en esa situación y bajo el rostro bastante apenado y notablemente afectado. Era obvio que no era bienvenido más que para hacer su trabajo, estaba claro que únicamente podía interactuar con la ama de llaves porque estaba en la misma categoría que él. No supo porque pensó que solamente por compartir en común la rareza de tener apellidos de ascendencia asiática iba a poder entablar aunque sea una conversación sencilla con el famoso artista local, este podía considerarse una especie de noble de nueva generación y el era un simple obrero con un pasado truculento y nada bonito, se recriminó mil veces su estupidez antes de seguir hablándole — Le comunique a su ama de llaves que terminaría el trabajo el día de hoy. Termine mucho más tarde de lo que pensé, le ruego me disculpe.. — hizo una inclinación con la cabeza y procedió a marcharse de la cocina. No obstante la voz de su interlocutor volvió a detenerlo antes de poder tomar su sombrero.

—¿Le apetecería cenar antes de irse, señor Yamada…?

—¿M-Mm…? — estaba perplejo y no sabía muy bien como reaccionar. Se giro de nueva cuenta y pudo apreciar como el hombre frente a él lo veía con una extraña amabilidad en el brillo de sus ojos, el fantasma de una sonrisa en los labios y con pose relajada.

—Por favor acepte. Así podremos hablar de su pago también.. — le dijo mientras sacaba dos vasos de vidrio y tomaba un decantador con ron, la luz de las lámparas de aceite hacían que todo cobrara una vida lóbrega y apacible. Cuando el moreno lo vio encaminar sus pasos de regreso al interior de la cocina y tomar asiento en la mesa de forma dubitativa, sintió calma — Bien, no tardare.. — anunció.

—…Con el alcohol esta bien. No tiene que molestarse.. — carraspeo un poco antes de decir aquello y el moreno lo noto bastante ansioso.

—No es ninguna molestia.. — le resto importancia al asunto mientras el de ojos verdes sentía una vibra extraña subiéndole por la médula. Era bastante simple lo que ocurría. Aizawa estaba actuando de manera pasivo agresiva y francamente no lo ocultaba nada bien. Había despertado de una siesta de dos horas luego de casi un día sin dormir, había estado en ese vaivén por varias semanas pero finalmente había terminado todos sus encargos. Lucia ojeras pronunciadas y una eterna expresión cansada además de una barba en crecimiento. Se había despertado abrazando a la almohada con demasiada fuerza y un sentimiento enorme de pérdida. Había soñado con una luz blanca con tintes de colores que le había hecho compañía en su lecho mientras lo abrazaba y besaba, un ser hecho de luz magnífico y encantador, mientras estuvo dormido pudo notar que tenía forma humana de cierta manera. Era como de costumbre, aquella fuente de inspiración que siempre se jactaba de hacerlo sufrir y que agonizaba buscando, era esa perfección y aquella mina de ideas y emociones eternas y perfectas. Esa Musa que nunca había podido encontrar y que también representaba casi todos sus anhelos. Se había enojado tanto por saber, aun estando dormido que estaba lejos de conseguirla, que: Cuando le sonrió con aquella enorme boca llena de blancos dientes tan burlona, única y carismática término rompiendo su almohada en jirones. Se incorporó de la cama y bajo de muy mal humor a la cocina puesto que su estómago le reclamaba por alimento al punto donde el hambre paso a ser dolorosa y ruidosa. Se detuvo a la mitad de la escalera y abrió los ojos lo más que pudo. Cuando salió del sobresalto inicial de ver a un tipo en su cocina a esa hora de la noche cuando presuntamente estaba él solo en su casa, fue que su razón fue eclipsada por otro factor. El sujeto en cuestión se sacó el sombrero descubriendo una cabellera rubia larga y provocativa. Dejando al descubierto facciones anatómicas con las cuales sólo había soñado y viendo directamente el resplandor verde mas vivo y precioso que alguna vez detalló nacer de los cristalinos ojos del intruso. Este abrió la ventana de la estancia y también se había servido vino como si esa fuera su casa. Terminó de bajar los escalones silenciosamente esperando no estar dormido todavía y que esa no fuese una alucinación más. La belleza que vio en ese joven hombre lo había dejado totalmente cautivado y embobado. Era simplemente única y tenía que detallarla mejor. Luego de preparar algo sencillo y servir los dos tragos de ron, tomó asiento en la otra cabecera de la relativamente pequeña mesa de la cocina y le hizo un gesto con la mano alzando el vaso, luego de decirse salud mutuamente ambos le dieron un trago al licor. El rubio frente a él se tomó casi todo el contenido de un sorbo y en cuanto a él apenas y tocó la bebida con los labios y luego saboreó un sorbo muy pequeño a la par que veía fijamente como su interlocutor esa noche parecía apurado, azorado e incómodo, aunque extrañamente complacido al beber de un licor de aquella calidad. De un elegante movimiento Aizawa deslizó el decantador por la superficie de la madera hasta que llegó a la palma de la mano abierta de su invitado, este la recibió encantado y se sirvió otro trago.

—Gracias…— con las mejillas algo sonrosadas le había sonreído a su empleador mientras de daba valor a si mismo para continuar ahí. No había esperado un gesto de camaradería como ese. El moreno asintió con la cabeza regalándole un mudó de nada. Perfectamente entendible.

—Perdóneme por no haberlo reconocido. Se ve muy diferente sin el sombrero.. — el artista local había empezado la conversación y el rubio percibió como una enorme capa de hielo se quebró con el sonido de esa voz.

—Ya me lo habían dicho antes.. Jejeje… — aunque eso aliviaba sus ideas nada concluyentes sobre si el dueño del lugar solamente lo había descartado por no ser de la misma clase social, no iba a dejarse llevar fácilmente por aquella atmósfera. Levanto el emparedado que le sirvieron y le dio un enorme mordisco, mastico tratando de ahogar cualquier dialogó futuro. En cuanto a Aizawa este solamente bebía con flojera de su vaso mientras estaba recostado de la mesa y sentado abierto de piernas a sus anchas.

—Y bien ¿Cuál es su tarifa? — concreto, contundente y al punto. Aquella noche el rubio se dio cuenta de que esa era la forma del moreno de hablar que le salía más natural.

—Eh… — el de ojos verdes pareció adquirir un deje de seriedad que mancillo sus nervios iniciales y empezó a saber cuentas mentales para después lanzar su veredicto— Diez florines de plata.. — espero no sonar demasiado irrespetuoso o fantasioso con aquel precio. Después de todo había trabajado completamente solo y en un tiempo envidiable. Gracias al ama de llaves sabia que el artista local bajaba a supervisar el trabajo en las áreas que iba terminando cuando él se iba y está le había comentado que su señor estaba complacido con el acabado final. Aunque tenía bastante claro que era muy posible que le gritaran por lanzar un precio tan escandaloso como ese y que quizá le pagasen solo cinco piezas de plata a lo mucho.

—Perfecto..— ante una contestación como esa el de ojos verdes había quedado, anonadado feliz y gratamente impactado, estaba sin poder creérselo— le pagaré treinta florines de plata y cinco de oro.. — Yamada apenas podía procesar el hecho de que le fuesen a remunerar lo que valía según él, su trabajo. Esta de más decir que casi se le bajo la tensión al escuchar tal locura saliendo de los labios de ese hombre.

—¿Ah? …¡¿Eh?! ¿Qué? ¡No puede estar hablando en serio! Jajajaja…— su risa era tan sincera que logró contagiar un poco de su buen ánimo al moreno. Creyó ver una sonrisa ladeada en su pálido rostro y todo.

—Siempre hablo en serio. Es el pago que se merece.. — dijo y dejó el vaso vacío en la mesa y tomó su propio emparedado para darle un enorme mordisco — La plata por su eficiencia y eficacia y el oro por su rapidez… — lo vio fijamente y Yamada sintió que lo atravesó una daga al rojo vivo. — Por otro lado señor Yamada ¿De casualidad sabe usted cuanto gana actualmente un modelo que sirva de referencias varias para gente como yo?

—Me temo que… ¿No? — estaba pálido, sudando frío y sin creerlo aún, apretaba la tela de su pantalón con sus dedos y sonreía nervioso al frente. Ese sujeto debía estarle tomando el pelo. Es decir, no se veía en sus cabales derrochando una cantidad de dinero como esa y su rostro era la viva imagen de la aparente insalubridad mental que tenía. Nunca había visto ojeras tan pronunciadas ni ojos tan cansados en el rostro de una persona que pudiese entablar una conversación tan racional y tranquila, era como si estuviera fresco como una lechuga. Aunque ahora que se fijaba mejor la luz de la lámpara le daba un semblante sombrío, cautivador y hasta hipnótico. Tenía toda la pinta de ser diestro cortejando damas. Tenía esa presencia que odiaba admitir tenían homólogos que magnetizaba y su cabello negro y ondulado le hacía un increíble favor al resto de sus facciones. Tuvo que detener sus pensamientos al ver el rumbo que tomaban junto a sus ojos curiosos que empezaron a detallar su cuello y la parte expuesta de su pecho y sobre todo porque le volvieron a hablar.

—Dependiendo de las horas y la naturaleza del trabajo para el que requiera al modelo podría incluso pagarle tres florines de oro a un modelo por cada trabajo que me ayude a completar.. — se tomó el último sorbo de ron restándole importancia a lo que había dicho. Yamada por su parte estaba muy impresionado.

—¿T-Tanto por estar sin hacer nada? — acababa de escuchar algo inaudito.

—Servir como inspiración para grandes obras no es simplemente no hacer nada...— ladeo una sonrisa bastante pedante y encantadora mientras le pedía el decantador, se servía más ron y lo veía entre burlón, malicioso y con sueño — Es aguantar el estar quieto, acatar órdenes y sobre todo exponerte al resto del mundo de cuerpo entero o por partes, además de lo obvio, brindarle inspiración al artista o escultor. No todo el mundo es apto para el trabajo, se tiene que tener una belleza única y rara. Difícil de ver e imitar… — le encajo la mirada de forma feroz y Yamada no pudo sino tragar durísimo. No sabía que estaba ocurriendo pero de cierta forma no le era desagradable en lo absoluto. Había una tensión extraña en el ambiente, densa y sofocante, para él fue como haber entrado en otra dimensión donde los convencionalismos sociales que conocía se habían extinguido igual que la efímera llama de un cerillo — Características especiales cuando menos…

—Suena muy interesante.. — por algún motivo imagino que el hombre de cabello negro frente a él se fundía junto al resto de la cocina y la mesa en un cuadro al óleo, capturando el momento por completo y congelándolo en el tiempo, recreo una pintura en su cabeza con los precarios conocimientos de arte que tenía y descubrió que su empleador se veía magnífico como el protagonista de un retrato.

—¿Su familia de donde es? — y tan repentina como toda aquella conversación el hombre de cabello negro lanzo aquella pregunta dejando al rubio en el aire, al verlo tan ido en su sitio Aizawa deslizó el decantador hasta él de nuevo. Este lo atrapó y se sirvió lo más rápido que pudo. Bebió y carraspeo fuertemente antes de contestarle.

—De Florencia. Vine aquí a vivir a los quince años por mi propia cuenta.. — le contestó con una sonrisa carismática y está se borro y dio paso a un rostro confundido al oír y ver cómo su interlocutor empezaba a reírse en voz baja, al parecer algo le había hecho mucha gracia— ¿He dicho algo gracioso?

—Eh, no para nada.. — volvió a sonreírle y a beber de su vaso — Es sólo que me refería al orígen de su apellido. Supongo que algo que los dos notamos es que nuestros rasgos faciales y nuestros nombres patronímicos nos excluyen un poco del montón.. — terminó el trago con rudeza y luego lo vio muy divertido — Mi abuelo nació y creció en Japón, más precisamente en Kyoto. Vino aquí en el auge de la era Muromachi con todo este tema del intercambio comercial entre Japón, Portugal y España viajaba siempre con mi bisabuelo y este decidió que le gustaba mucho este país el cual debían cruzar con cierta frecuencia.. — tomó su último sorbo y lo vio casi con enfado pero no para con él — Así que a partir de ahí solo han sido setenta años de la familia Aizawa siendo renombrados albañiles, hasta que decidí asesinar el oficio familiar…— aprovecho para reírse un poco — Mis padres están actualmente viviendo a las afueras de Venecia. Mi padre no viene a verme con la excusa de que solo vendrá a conocer a sus nietos, pero mi madre viene cada verano un par de días.. — con esa última declaración personal el hielo que permanecía atado al ambiente término por descongelarse por completo. Yamada sintió algo cálido por dentro y le brillaron los ojos. Ahora un poco más motivado a entablar una charla se relajo en su sitio.

—Mis …abuelos son de Kantō — sonrió y después se rascó la mejilla algo apenado — Ambos eran japoneses pero diez años después de tener a mi tío se separaron. Mi abuelo tuvo a mi padre con otra mujer, italiana por supuesto y luego mi padre desposó a una mujer de Florencia mitad alemana..— eso explicaba porque tenía esa melena rubia y esos ojos tan verdes además de esa fisionomía, apenas se apreciaba en la forma de sus ojos y pómulos algo de sangre asiática. Aunque Aizawa tuviese el cabello negro lo tenía bastante ondulado y grueso, lo que más le delataba era su piel pálida, el color de cabello y ojos. Del resto no era para nada asiático.

A medida que avanzaba la conversación el decantador con ron iba sucumbiendo, la charla era acalorada, de matices fuertes, llena de chistes y expresiones desvergonzadas. Hablaron de todo un poco, cuando se hartaron de hablar de la política regional y de las crisis de por aquí y por allá, empezaron a hablar de aquel otoño y de las esperanzas de tener cosechas grandiosas de todo ámbito. Ya fuese de vino o de hortalizas, frutas y verduras. Aizawa se tomó la molestia de regalarle algunos panecillos dulces y algo de pastel que tenía guardado. La cara de Yamada ante la mención del azúcar no tuvo precio alguno, después de todo el azúcar estaba reservada para la nobleza y gente con abundante dinero y si bien Aizawa la conocía y degustaba muy ocasionalmente no podía decir que podía darse ese lujo todo el tiempo. Aunque adoraba esos panecillos le pareció que lo más correcto era compartirlos con su invitado. La expresión llena de brillo y alegría en su rostro le hizo recordar a la de un niño pequeño y se le hizo monstruosamente adorable. Pero aún así solo tenía un interés mediano por aquella conversación, aunque era bastante acogedora el objetivo que tenía metido entre ceja y ceja podía más que el hecho tan raro de que estuviera conviviendo con alguien en su hogar que no fuera su ama de llaves. Siempre hacia plática en algún bar o en festivales pero nunca en la intimidad de su hogar. Noto lo rosados que ya estaban los pómulos de su invitado y lo indefenso que se veía. Así que aprovechó de levantarse de su puesto y estirar los músculos.

—Ya es bastante tarde, si gusta puede quedarse a dormir en una de las habitaciones de huéspedes esta noche. Mañana puede recoger su pago después del desayuno.. — propuso con una sonrisa muy disimulada. En cuanto al rubio alzó la mirada desorientado, estaba mucho más embriagado que su empleador y todo se sentía extraño y ligero, sus neuronas apenas podían procesar y solamente podía pensar en lo bien parecido que se veía el artista parado a contra luz. Apenas se puso de pie trastabillo un poco, se había levantado muy rápido y le zumbaron los oídos, todo se puso negro un instante y se había mareado. Ni siquiera reparó en que estaba sujetándose de unos fuertes brazos y un pecho fornido y amplio. Se sintió seguro y confortable de manera tan rápida y abrumadora que eso solo logró marearlo más. El cambio brusco de postura alteró su circulación y terminó en un estado donde literalmente no podía pensar o moverse hasta que se le pasará aquella sensación, mientras tanto aquel abrazo que se habían dado involuntariamente le daba al moreno una vista espectacular de las facciones y el cuerpo de su empleado, confirmando casi por completo lo que ya intuía, su futura víctima no tenía la menor idea de lo que se estaba tramando en sus narices únicamente podía sonrojarse más de lo que estaba mientras el sueño se apoderaba de él. Cuando todo volvió a la normalidad se vio a si mismo siguiendo los pasos del moreno por la escalera, siendo guiado a una habitación y posteriormente casi cayendo inconsciente en un colchón muy cómodo mientras veía como el moreno desaparecía por la puerta. Todo su ser le gritaba que no debería estar aceptando aquella invitación, que era un atrevimiento muy grande el que se estaba tomando, sus nervios le reclaman que saliera de ese cuarto y de ese edificio y que llegará a la habitación que alquilaba y donde residía. Que simplemente se largara de ahí. No estaba acostumbrado a tantas muestras desinteresadas de afecto y cordialidad. Pero ciertamente tampoco lo estaba a ese mullido colchón y esas sabanas tan suaves y sorprendentemente limpias. Se abrazo a la almohada y cayó rendido aún con la imagen de la espalda y la silueta del moreno marchándose de su lado entre sus párpados.

No tan temprano a la mañana siguiente habían tocado suavemente a la puerta del cuarto donde Yamada se encontraba. Apenas y podía abrir los ojos, nunca había dormido tan bien en toda su vida y ciertamente no quería moverse de su sitio. La puerta fue abierta con delicadeza y por ella se asomo el ama de llaves a cargo del lugar, esta le sonrió con calidez lo cual hizo al rubio espabilar y darse cuenta de donde estaba. Se incorporó sobresaltado de su lugar y quedó sentado en la cama. El largo cabello caía entre su rostro y su espalda sorprendiendo bastante a la mujer, quien seguramente no imaginaba que este tuviese semejante caballera y semblante tan cautivador con esa mirada aun llena de sueño.

—¡Buenos días! — notificó la mujer quien cargaba consigo varias telas entre las manos y otras cosas que el rubio no lograba enfocar bien por su perspectiva y por lo lento que se sentía. Le dolía un poco la cabeza además.

—¿Eh? ¿Qué…? — el rubio se froto los ojos tratando de despertar por completo y sacarse la pereza de encima, recién caía en cuenta de realidad. Por otra parte Annetta no podía creer la suerte que tenía en ese instante y que le hubiese gustado tener cuando era un poco más joven. Era consciente de que su señor era un tipo bastante atractivo pero ahora veía despertar a un sujeto sumamente apuesto en el mismo lugar donde ya trataba con uno y no podía creerlo. Directamente no podía decidir cuál era mejor parecido.

—El señor Aizawa le manda una muda de ropa y otros implementos, dice que puede ser libre de darse un baño, vestirse y bajar a desayunar antes de hablar de su pago pendiente.. — le hizo entrega de todas sus futuras cosas y lo instó a levantarse de la cama de forma muy enérgica. Yamada se vio fuera de esta de un momento a otro y fue casi arrastrado al baño principal en donde recibió una explicación rápida sobre cada cosa que le entregaron. Eran distintos menjurjes para el cabello, los dientes y jabón para el cuerpo y lociones para después del baño. No era ajeno de para que servía cada cosa, pero eran raras las ocasiones donde no tenía que usar cosas hechas con ingredientes baratos y naturales para mantener la salud de su dentadura y de su cabello, resultaban ser algo agresivas al contacto con efectos secundarios que duraban un par de días molestándole antes de desaparecer, pero daban buenos resultados. Lo dejaron solo antes de lo que pensó y vio la bañera llena de agua caliente detrás suyo como si fuera una ilusión. Por primera vez no tenía que derrochar dinero para entrar a una y definitivamente no iba a desperdiciar esa oportunidad. Antes de irse la mujer le había dicho que podía tomarse su tiempo y así lo hizo.

Para cuando salió del cuarto de baño se sentía como flotando en una nube, se sentía suave, limpio y muy bien consigo mismo. No sabía que se había echado en el cabello con certeza pero se había enamorado del resultado, le había quedado oliendo delicioso y con un brillante resplandor dorado que jamás le había visto antes. La ropa era cómoda y de clase media alta le sentaba bastante bien, suponía que era de Aizawa, median prácticamente lo mismo y por lo que pudo notar tenían una constitución parecida. Al bajar las escaleras escucho dos voces conocidas y al llegar al comedor sintió algo cálido que no supo interpretar en el pecho al ver de nuevo al moreno. Este le saludo con un ademán de cabeza y le invitó a tomar asiento a la mesa junto a él, así lo hizo y luego noto que el dueño del lugar lo veía entre divertido y muy curioso. Justo en ese momento el rubio recordó lo inapropiado de su situación y su buen ánimo comenzó a decaer. Por uno o dos segundos se había perdido en ese ambiente hogareño y se le había olvidado su posición. Lo mejor era dirigirse a su empleador apropiadamente.

—Muy buenos días señor, lamento profundamente las molestias que le he causado .. — se disculpó bajando un poco la cabeza, en cuanto a Aizawa este estaba concentrado en verlo taciturno, exhibiendo sus enormes ojeras y expresión de desinterés total mientras sorbía de un vaso de leche.

—¿Qué con el bigote?

—¿A-Ah?

—No tenía esa forma antes.. — señaló a su labio superior indicándole de nuevo su pregunta.

—¡Ah! ¡Eso! — Yamada había vuelto al ánimo anterior. — Últimamente no había tenido tiempo de recortarlo, la señora Annetta fue muy amable de pasarme una navaja de afeitar.. — ahora su bigote era más pequeño, seccionado, con mucha personalidad. Aizawa juraría que no a cualquiera le quedaría tan bien un estilo como ese. Justo en ese momento el ama de llaves le sirvió su desayuno al rubio con una espléndida sonrisa. Este le agradeció con la cabeza y regresándole el gesto.

—¿Anne? ¿Podrías ir por el pago del señor Yamada? — hablo el moreno yendo directo al grano pero aún así sonaba muy amable.

—Enseguida — dijo su ama de llaves y se retiró escaleras arriba.

Apenas la mujer dejo la estancia ambos hombres se dedicaron a empezar a degustar sus alimentos. O eso había pensado el invitado ahí presente. De repente escucho una silla moverse de forma brusca y al siguiente segundo dos manos habían capturado su rostro de forma violenta. Abrió los ojos tan rápido que se le secaron. De la nada y sin ninguna explicación tenía al moreno sosteniendo sus mejillas y con el rostro a escasos centímetros del suyo. La mirada que le estaba dando era profundamente penetrante, sentía que le estaba ardiendo la piel y miles de llagas se abrían en ella y se enfriaban al mismo tiempo, la profundidad de esos ojos le asustaba pero al mismo tiempo encontró una belleza que nunca había visto antes. Sintió dedos moviéndose por su mandíbula y alzándole el rostro. Vio como esos ojos lo detallaban y se concentraban en cada pedazo de su rostro, como tocaba su cabello y no podía dejar de inquietarse por las muecas que hacia el moreno, como arrugada la nariz y como se mordía el labio inferior. Sentía el pulso desbocado y la razón pérdida, además de estar muerto del pánico y no poder moverse de la impresión. Justo cuando quedaron a la misma altura ya que el moreno pretendía desabrochar su camisa el rubio no sabía que hacer, por un lado quería conectarle un puñetazo en la cara y por el otro sentía el impulso de acercarse más de lo debido. Antes de poder decidirse observo atónito como Aizawa era jalado del cabello hacia atrás de forma dolorosa, doblándose sobre si mismo y quejándose.

—¡Ah! ¡Ey! — se quejó bastante alto mientras asesinaba a su ama de llaves con la vista.

—¡¿Se puede saber que estaba haciendo?! ¡¿No le había dicho que dejará de acosar así a las demás personas?!

—¡No a todo el mundo! — la vio como si lo hubiese insultado de la peor manera posible — ¡Sabes muy bien que no cualquiera cumple mis expectativas!

—¡Como sea! ¡No es razón para actuar así! ¡Usted es muy intimidante cuando está tan serio! ¡Mire al señor Yamada esta muerto del pánico en su lugar! ¡¿No se le remuerde la conciencia?! — la mayor en esa habitación conocía muy bien las mañas de su señor, en cuanto entró por la puerta aquella mañana y descubrió que el moreno la estaba esperando en la sala de estar, supo que se traía algo entre manos. Cuando le explicó lo ocurrido la noche anterior, era obvio que su ferviente deseo porque su invitado estuviera limpio y decente no era movido por otro interés más allá de detallarlo lo más posible, según el artista había descubierto al albañil sirviéndose de su vino en la cocina a altas horas de la noche cubierto de polvo, cal, pintura, yeso y suciedad. A pesar de la pinta de desalineado y el cabello decolorado por la misma mugre a Aizawa le había parecido ver una aparición frente a sus ojos. Si aún en ese estado era tan bien parecido tenia que verlo limpio y decente sin importar el costo. En efecto al verlo entrar en la cocina pensó que un Ángel se había hecho presente en su hogar: Rasgos delicados, fuertes y masculinos, físico envidiable, piel de exquisito color, ojos hipnóticos y cabello largo y dorado, era un espécimen de belleza masculina nada sencillo de encontrar. Su personalidad también había pasado ciertas pruebas del moreno y no iba a dejarlo ir fácilmente.

—Ah, por favor no seas exagerada.. — le resto importancia al asunto y le quitó de las manos blancas y delicadas la bolsa de cuero con el pago de su albañil. Luego se giro a este muy serio y entonces fue que aprecio lo rojo y descolocado que se veía pero no le dio la mayor importancia — Como le prometí, aquí está lo acordado. Pero tengo una propuesta que hacerle si es tan gentil de escucharme… — el moreno tenía toda el aura y la decisión en la mirada de alguien que observa mercancía valiosa y esta dispuesto a ofrecer cualquier precio con tal de poseerla. En ese momento el de ojos verdes se sentía como un ejemplar de algún animal de granja cotizado y muy demandado. Aizawa definitivamente lo estaba viendo como si fuera un semental purasangre de colores exóticos. Yamada descompuso el semblante y lo vio como si fuera un mal chiste con patas con una ceja tiritando.

—Ya me manoseo, no creo que le importe de verdad si me niego a escucharlo… — le dio una gran mordida a su desayuno y se vio muy complacido al saborearlo— ¿Qué otra cosa se le ofrece? — le dijo con la boca algo llena, luego trago y le regaló una enorme y odiosa sonrisa que no se iba a molestar en disimular. Eran prácticamente desconocidos pero recordaba muy bien la charla de la noche anterior donde pudo compenetrar un poco con aquel hombre de cabello negro y debía admitir que su compañía le generaba una especie de bienestar bastante singular. Toda aquella situación le era muy divertida.

—Le pagaré con florines de oro si acepta ser mi nuevo modelo de cuerpo.. — lanzó la pregunta y las caras de los otros dos presentes fueron de antología — Dos por cada trabajo que me ayude a concretar ¿Qué le parece?

—¿Q-Qué? ¡jajajajajajaja! — Yamada casi se atora con su comida y tuvo que hacer una pausa para beber de su vaso de leche y evitar un accidente— ¿E-Eso no es sólo para mujeres? Jejeje..— carraspeo un poco para pasar el incendio y ahora de la nada se veía algo ofendido y confundido.

—Cualquier persona y cualquier cosa puede ser retratada — le aseguró el artista presente — ¿Cree usted que las esculturas masculinas no tuvieron un modelo que sirviera de inspiración? Hay que tener una destreza sobrehumana para crear cuerpos y rostros humanos sin una base.. — dijo tan serio que aniquiló todos los sonidos vivos en la habitación. Yamada alzó una ceja y lo vio dubitativo.

—¿Habla siempre tan abiertamente de este tipo de cosas con otros sujetos como si nada? — no quería pero tenía que preguntar, lo veía divertido pero era obvio que parte de su molestia era porque otro hombre lo había tocado y visto de formas nada convencionales. Aunque fue demasiado obvio para Aizawa lo que intentaba decirle, para sorpresa de rubio le sonrieron con bastante maldad de vuelta.

—¿Y usted suele reaccionar así siempre? ¿Tan sumisamente?

—¡S-solo no me gusta el conflicto! ¡Y mucho menos contra alguien que me dio trabajo y paga tanto! — ahora estaba sonrojado y molesto, veía a otro lado tomando de su vaso de leche y al moreno le volvió a irritar esa ternura tan impropia y extraña que le causaba ese sujeto.

—Y yo soy un profesional. No cuestione mis métodos le garantizo que tienen una razón de ser.. ¿Entonces aceptara? — volvió a inquirir el artista y el rubio se mordió el labio inferior. No se había negado en el acto porque tenía deudas que saldar en varias partes y por otro lado era la mayor suma de dinero que alguien de su posición social podría adquirir tan fácilmente en toda su vida. Podría ahorrar y establecerse por fin en un buen lugar, tener todo tipo de cosas con las que siempre soño. A decir verdad solo un idiota extremadamente prejuicioso diría que no y ni siquiera alguien así se negaría. Estaban hablando de oro de después de todo. Y no le vendría nada mal, así que luego de terminar muy gustoso su desayuno bajo la intensa mirada de sus acompañantes y hacerse un tanto el interesante. Acepto.

Contó el dinero que le habían pagado por la obra realizada en el inmueble y le notificaron que podía ir la siguiente semana después de que el dueño del lugar entregará los trabajos anteriores y hablase con unos cuantos clientes que vendrían desde el centro del país, entonces posiblemente ya tuviese un trabajo específicamente para él.

—¿Y… por cuanto tiempo tengo que permanecer así? — Yamada se encontraba de pie en medio del flamante y recién remodelado taller, el cual lucia resplandeciente por obra suya y del sudor de su esfuerzo. Debía darse crédito a él mismo, había hecho un muy bonito y muy eficiente trabajo, no obstante por muy cómodo que pudiese resultar a la vista y al tacto el pobre ya sentía los dedos de los pies entumecidos y no dejaba de sentirse nervioso. Estaba de espaldas al dueño del inmueble con su cuerpo posando junto a un bastón en su mano derecha, rígido y sin tener idea de si estaba haciéndolo bien o no.

—Podrás tomar un descanso pronto… — la voz de Aizawa sonaba ronca y suave al mismo tiempo. Necesitaba de toda su concentración para no robar más del tiempo de su nuevo modelo del que era necesario para ese trabajo. Estaba imprimiendo esfuerzo en la restauración de un viejo cuadro de hace dos generaciones que le habían confiado y el necesitaba ser traído de vuelta a la vida— Es realmente una suerte que tu complexión sea tan parecida a la del abuelo de la noble que me encargó esta encomienda… — el cuadro había sido dañado severamente por ser almacenado en un sitio repleto de humedad. Se trataba del retrato de un hombre adinerado, vestido con finas ropas y viendo hacia un jardín, aunque el sujeto de la pintura presumía ser un hombre de mediana edad, de cabello castaño y ensortijado y nariz prominente. También fue un tipo alto y de figura esbelta y trabajada, por lo cual tener al rubio a su disposición solo para guiarse viendo la parte posterior de su cuerpo era muy beneficioso, de aquella pieza de arte ajena al trabajo original de Aizawa apenas si se habían salvado los bordes del cuadro, todo lo demás estaba borroso, decolorado y difuminado. Apenas se distinguían formas y colores. Luego de otros diez minutos de dar pinceladas Aizawa le notificó a su ayudante que podía romper con la ilusión que creaba permaneciendo de pie.

—Ahh… — Yamada no podía sino suspirar y alegrarse enormemente de al fin caer sentado en una silla y poder beber algo frío y comer algo caliente, todo previamente facilitado por el ama de llaves del artista.

—Le advertí que era agotador.. — Aizawa simplemente se limitaba a tomar de su vaso whisky sin abandonar su banquillo junto al caballete. Tenía los dedos llenos de pinturas de varios colores mesclados en su piel de forma desordenada y viéndose muy profesional.

—¿Cuánto tiempo más cree que necesite para terminar…? — intento morderse la lengua puesto que le iban a pagar buen dinero por literalmente no mover un músculo, pero su naturaleza se sentía amenazada en ese lugar, quedarse quieto y callado por largos períodos de tiempo no era su estilo, no era común en el y succionaba todas sus fuerzas como miles de sanguijuelas. Vio al moreno ahogar una risa maliciosa y luego ponerse serio.

—Es el primer día, no se rinda tan pronto… — estiró todos los músculos de su cuello y hombros y luego de descontracturar su cuello y dedos declaró un desvergonzado : — Podría tomar más de tres días de su asistencia. Quien me ha hecho el encargado aseguró que era una pintura ampliamente detallada y puedo asegurar que no mentía. Aun estando tan estropeada como esta puede apreciarse la composición original.

—¡Ahhhhh!— Yamada suspiro hartísimo y solamente atinó a pegar la frente de la mesa en donde estaba comiendo. — ¡Es que este sitio es tan silencioso y aburrido!

—Así funciona un taller de arte…— por algún motivo Aizawa se sintió algo ofendido. Pero no le dio la mayor relevancia al asunto.

—¿No podría hablar de vez en cuando para que no me duerma de pie como un caballo? — Hizashi lo vio aún con la cabeza apoyada en la mesa y Aizawa pensó que era increíble que estuviese compartiendo el aire con alguien tan extrovertido y sincero con sus opiniones, estaba dando un espectáculo digno de un adolescente berrinchudo y en vez de parecerle molesto y escandaloso le resultaba entretenido y hasta tierno de cierta forma.

—No tengo muchas cosas que añadir a un conversación informal. Si gusta puede hablar y yo le escucharé, el movimiento de su quijada no interfería con mi trabajo así que: Por mi, adelante… — le dijo y se levantó del banquillo para tomar uno de los emparedados que había en la mesa junto a la cabeza del rubio, lo tomó y se lo llevó a la boca, Yamada no podía sino apreciar desde esa perspectiva la forma tan única de moverse y de hablar del moreno, estaba con un pantalón negro y una camisa holgada llena de manchas de pintura vieja lavada en varias ocasiones, la camisa dejaba ver buena parte del pecho del artista y su cabello revuelto y rebelde junto a la barba crecida le daban un toque cautivador. Sin lugar a dudas andaba muy informal y relajado. Tenía que admitir que esa forma de ser tan despreocupada generaba un magnetismo impresionante.

—¿Porque me da la impresión de que no va a escuchar una sola de las cosas que diga si hago eso? — Hizashi únicamente se rio de forma juguetona mientras se enderezaba y mordía una manzana que había en un frutero dispuesto para ambos mientras trabajarán.

—Suena como algo bastante probable… — confeso muy quitado de la pena el artista quien ya casi terminaba de comer.

—¡Jajajajajajajaja! — la risa de Yamada tomó por sorpresa a Aizawa quien le dedicó una mirada intrigada e intensa a su modelo.

—¿Qué es tan gracioso?

—Nada, pfff….es solo que…— se tomó la nunca y luego le sonrió ampliamente— Nunca había conocido a nadie tan sincero.. — Aizawa intento no pensar en las emociones que le provocó aquel comentario tan carente de toda malicia. Y sobre todo no podía evitar sentir que la habitación contaba con una luminosidad propia y llena de vida gracias a la presencia del rubio en ella.

—Llegaras a acostumbrarte o a odiarlo muy pronto… — luego de terminar con rapidez ese descanso volvió a sentarse en su banquillo y a ver al rubio con apremio. — Es hora…

—¡¿Qué?! ¡No han pasado ni quince minutos! — los quejidos y pucheros de su nuevo modelo solamente lo alentaban a explotarlo de ser necesario para seguir oyendo esas rabietas, por algún motivo se le hacían extraordinariamente tiernas.