Capitulo VIII
La cama era suave, como el pelaje de un animal con un buen acondicionador, era tan acolchonada que ella simplemente se dejó envolver por el calor dado por las barias frazadas que estaba usando. Tal vez estaban a mediados de septiembre, con el otoño casi en la puerta, y en la mayoría de las islas se sentía un calor infernal, pero no ahí, el frio empezaba a ser más duro mientras más avanzaba el año.
Suspiro reacomodándose dentro de las cobijas, quedando mirando al techo, donde la fina pintura recién restaurada contaba la historia de una de las viejas leyendas de la isla. Estiro la mano queriendo tocarlas, y con su índice, fue siguiendo los patrones del trazo, simulando dibujar.
-"Los amantes de media luna"- susurro para sí misma cerrando los ojos.
Pocas fueron las historias que Chopper les llego a contar de su isla natal, pero aquella leyenda era una de las pocas que escucho. Era la historia de dos amantes que ofrecieron su vida a la luz de la luna creciente, para parar el hambre y apaciguar la guerra. Algo hermoso y trágico, cargada de amor, paz y un montón de cursilerías que jamás pasarían en su vida.
El reloj del buro marcaba las diez de la mañana, era relativamente temprano, así que cargada de pereza se levantó de su cama, tomo sus cosas para el baño, y se encerró en la habitación continua que agradecía tener.
Blanco, todo era blanco, desde el piso que reflejaba su silueta, hasta la tina cargada de agua caliente. Sin pensarlo dos veces se quitó el pijama y se sumergió en aquella agua dulce, que reparaba su ánimo, con sus sales aromáticas y jabones de olor. En ese momento no pensaba más que en sí misma, no se preocupaba por nada, ni por nadie.
Bueno en verdad no, en su mente aun vagaba la expresión de Kureha al oír lo que había pasado con sus nakamas. También estaba la preocupación de su paradero, y el hecho de que la estuvieran buscando como si de un animal salvaje se tratase. No entendía muy bien la situación, pero la verdad no le estaba gustando mucho.
Se sumergió por completo, aguantando la respiración, esperando que cuando saliera del agua estuviera en el baño del Sunny, compartiendo como siempre la ducha con su mejor amiga, mientras Sanji las espiaba por la puerta. Pero cuando salió, no había pasado nada, seguía en Drum y la tristeza la invadía poco a poco.
No supo el porqué, pero en ese momento deseo que jamás hubiera llagado la guerra a su país, así sus verdaderos padres no hubieran muerto, y jamás hubiera conocido a Nojiko y Belle-meré, habría crecido como una chica normal, sin deseos de crear un mapa del mundo, o alzarse en altamar, jamás hubiera conocido a Luffy, y así no se hubiera enamorado de él.
Sin pensarlo sus lágrimas ya rodaban, si ella hubiera aceptado la relación de esa princesa con su capitán no estuviera en ese situación, corriendo como una rata para esconderse, o viajando con un capitán horrible que solo la hacía sentir mal con sus miradas, o su voz, o con aquella piel bronceada llena de tatuajes que desearía….
-"Maldición"- negó con la cabeza –"eso jamás va a pasar"- se comenzó a sumergir de nueva cuenta –"yo no amare a nadie más que a"- el agua estaba a punto de taparle la boca –"Lu…..w"- dijo dejándose cubrir por completo.
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-"¿Dígame capitán no le parece linda?"- era la tercera vez en ese día que Bepo hacia la misma pregunta.
-"No"- respondió Law entrando a la tina del baño –"es la mujer de Mugiwara-ya"-.
-"Técnicamente no, ya que Mugiwara tiene quereres con una princesa"- el oso canto tallándose la espalda.
-"¿A qué viene esa tan repentina pregunta?"- dijo Trafalgar con sarcasmo.
-"Bueno es que ella me conto que usted la beso"- el animal dijo deteniendo su baño.
-"¿Y?"- cuestiono Law.
-"Que si no me equivoco ni con las chicas de Amazon Lili con las que tuvo que ver, se besuqueo"- sus ojos negros miraron fijo a su capitán -"¿será que ella es mejor que esas?"-.
-"Pamplinas"- rio el hombre –"lo hice para que cerrara la boca"-.
-"Si, así se dice ahora"- Bepo dijo en susurro –"dígame jefe ¿qué hará cuando los once supernovas desaparezcan y dejen un legado menos usted? La mayoría de capitanes de su generación, están con hijos o están a punto de tenerlos, y la verdad se ven felices"-.
-"La felicidad es efímera"- canto el moreno colocándose una toalla en la frente.
-"Puede que sí, pero no quisiera verlo como Shirohige, perdiendo su vida por un hijo que no es suyo"- el oso termino de tallarse, se dejó caer un cubo de agua, y con eso dio terminado su baño.
Ya sin mucho que decir el animal se levantó del banquillo de donde estaba, y se metió a la tina; el ya no diría más, sabía bien que había dejado pensando a su capitán, y eso era lo que buscaba desde un principio. Tal vez ese no era su estilo, pero tenía que quitarle la venda de los ojos, antes de que fuera demasiado tarde y el terminara solo.
El vapor del agua apaciguaba el ambiente, Law se dejó recostar en el borde de la tina, ignorando olímpicamente a oso que jugaba con su patito de hule; el cuadro extraño que se vivía, solo era algo que ese par podía vivir. Pocos sabían que Bepo y Trafalgar compartían esa confianza que permitía cualquier cosa. Ellos sin duda eran viejos amigos, aunque el cómo se conocieron jamás era dicho o mencionado, simplemente decían que tenían historia.
-"Yo no soy estúpido"- canto Law, aun con los ojos cerrados.
-"Si usted lo dice"- Bepo rio ante el comentario, él podía decir lo que quisiera, pero sabía que muy al fondo era igual o peor que Mugiwara.
El silencio reino otra vez, los piratas se dejaron llevar por la paz del agua, después de todo era su ultimo día en esa isla. Buenos y malos recuerdos les llovían cuando pisaban una isla de inverno, por eso la mayor parte del tiempo, se la vivían evitando ese tipo de islas.
Unos fuertes golpes en la puerta los sacaron de su momento de paz, intentaron ignorarlos, pero a cada minuto se hacían más fuertes y desesperados los golpes. Así que sin mucho que decir, Bepo salió del agua para ver quien interrumpía su santo momento.
-"Shachi"- saludo el oso al momento de ver a su compañero.
-"Tenemos problemas"- dijo cortando cualquier explicación que vendría después.
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La aglomeración de gente frente a la costa no era nada bueno, los susurros de los mitos de los ancianos tampoco. A cada paso que daban, las cosas no se estaban pintando nada bien, y cuando llegaron a su destino todo su plan se vino abajo. No era para nada normal, que sacaran su submarino del agua, mucho menos si el no ayudaba, tampoco era de su agrado ver que le faltaba un par de cosas.
-"¿Qué paso?"- cuestiono el capitán detallando con la mirada el estado de su nave.
-"Fuimos acareando las cosas como ordeno"- respondió Pinguin –"pero al ir por el último viaje, esto paso"-.
El submarino estaba fuera de las aguas frías de Drum, y las hélices no estaban, era extraño ya que nadie además de él, podía levantar el sub y dejarlo con cuidado sobre la nieve, algo más estaba pasando ahí. La marina no pudo ser, ya que en ese caso ya tendrían a varios de sus chicos arrestados, y los hubiera sentido mucho antes de que ellos pisaran la isla.
-"Fueron las hadas del otoño"- grito una niña a sus espaldas.
Law se dispuso a ver a la pequeña y romperte el corazón al decirle que tales cosas no existían, pero no lo hizo. Su pelo castaño y sus ojos grises le impidieron parpadear, era igual a su hermana, probablemente tenía la edad de Lamí cuando murió.
-"¿Hadas?"- cuestiono siguiéndole el juego a la niña.
-"Si hadas, yo las he visto, se llevan cosas buenas días antes del otoño, para regresar con cosas mejores"- sonrió con inocencia.
-"Puede que haiga tontattas en la isla"- de la nada la voz de Nami penetro sus oídos.
-"Lo dudo"- respondió mirándola –"aparte de la población solo hay unas doscientas especies del reino animal en este pedazo de tierra, no existen duendes aquí"-.
-"Nami-nee-chan"- la niña corrió a los brazos de la mujer –"onii-chan no me cree dime que tu si"-.
-"Bueno"- la mujer cargo a la chiquilla –"Sami- chan siempre está en las nubes"- sonrió la pelirroja.
-"Pero yo las vi"- Sami hizo un mohín inflando las mejillas.
-"¿Sabes a donde las llevan?"- Law dijo interrumpiéndolas.
-"Si"- canto feliz la niña –"están debajo del lago lunar"-.
De un salto se zafó del agarre de Nami, y cogió la mano de Trafalgar, solo para correr en dirección al famoso lago. Se abrieron paso entre la gente con los gritos chillones de la niña, y aunque ella simulaba que corría, Law caminaba tranquilamente detrás de ella. Nami no se quedó atrás y arrastrando a Bepo salieron disparados en una lenta persecución.
-"¿Crees que diga la verdad?"- cuestiono Bepo a la pelirroja.
-"No sé, cuando viene la primera vez era solo una bebe"- respondió la chica guardándose las manos en su suéter.
-"Los niños son tan problemáticos"- suspiro el oso.
Con una risa, siguieron su camino, según lo que alcanzaban a escuchar, no estaba tan lejos, solo cruzando uno de los singulares cerros que la isla ofrecía. Una hora solamente, se tardarían en llagar a dicho destino, y con una entusiasta guía, aquel camino se acorto a nada.
-"Mira onii-chan ahí está el lago"- la niña grito al llegar a donde había visto las piezas faltantes de sub.
El lago no se le llamaba lunar por nada, ya que el lago tenía la forma de media luna, los tres piratas aceleraron el paso solo para confirmar lo que la chiquilla decía, y aunque al capitán no le gusto lo que vio, era una triste verdad.
-"¿Esas no son las hélices?"- dijo Nami mirando atreves del hielo.
-"Nop, no lo son"- agrego Bepo.
La imaginación de una niña era el arma más poderosa que cualquiera pudiese manejar, ya que era caprichosa y fantasiosa. Así que cuando vieron lo que la niña llamaba hélices, no hicieron más que sonreírle a la chiquilla, que orgullosa mostraba su descubrimiento.
-"Perdona pero no son las nuestras"- dijo Law tratando de aminorar la decepción de la niña.
-"Pero yo las vi"- canto Sami señalando el lago.
-"Puede que las hadas la hallan escondido en otro lugar"- dijo Nami a su costado –"las hadas son traviesas"-.
Lo que el hielo mostraba eran las figuras que algunos patinadores habían dejado en la noche, los dibujos plasmados en el lago congelado era flores, así que tal vez por eso la niña se había confundido.
-"Bepo"- el capitán miro a su primer oficial con severidad –"consigue un herrero, que haga unas nuevas lo más pronto posible"-.
-"Como diga capitán"-.
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Para su mala suerte las piezas que necesitaba estarían dentro de casi una semana y media, o antes según el clima. El odiaba que las cosas no salieran según el plan, pero que se podía hacer, ni el con todo su poder podía hacer que las cosas salieran tal y como se planeaban, y la mujer con la que caminaba era una prueba viviente que las cosas salen mal solo porque sí.
Había dejado que sus subordinados ayudaran al herrero, solo para apresurar el procedimiento para elaborar hélices de Kairoseki. Aunque sabía que aun así estarían partiendo después del solsticio de otoño. Suspiro ante la decepción de aguantar a la vieja bruja que no dejaba de acosarlo, y que resultaba ser la supuesta madre de Chopper.
-"Oh es hermoso"- Nami dijo deteniéndose en una de las tiendas de Bighorn.
Sin querer se encontró dedicándole una mirada a la cosa que a la pelirroja le llamo la atención, aunque la verdad no compartía sus gustos. Tal vez si fuese unos pendientes, o alguna baratija de oro le daría la razón, pero un estúpido conejo de la tundra, y por su aspecto no tenía ni tres semanas de haber nacido.
-"Morirá"- dijo secamente observando al animalillo de la tienda –"podría apostar mi oro a que lo han destetado antes, y que ahora su madre está en cinta otra vez provocando que no le pueda dar más leche, dejándolo así morir lentamente"-.
-"Que cruel"- Nami lo miro con reproche –"si es o no es así, no tienes derecho a decirlo en voz alta, pudo ser que alguien quisiera adoptarlo y ahora no lo hará porque oyó ese feo comentario"-.
-"Decir la verdad no es un pecado"- musito retomando su camino.
-"No pero ofende y desanima a las personas"- la pelirroja hablo a sus espaldas.
-"Mas bien con eso cresen las personas"-.
La conversación se pauso, ambos caminaban cada quien en su mundo, mirando desde las tiendas, hasta los niños corriendo descalzos como si fuese pleno verano. Los dos piratas ajenos a ellos mismos, menos al mundo.
"Mira Sofí son hermosos".
Unas jóvenes conversaban a lo lejos frente a una zapatería, bailaban de felicidad al ver las novedades en el mostrador. A la edad que podían tener eses dos chiquillas, todo era emocionante y bello, tal vez demasiado, pero era lo bueno de ser aun jóvenes.
"Si para el solsticio, se verían hermosos con el vestido nuevo que me acabo de comprar".
A Nami le entro la duda, las niñas hablaban como si de algo jamás visto hubiera en esa tienda, así que sin pedir autorización, empujo a Law para que la dejase pasar y poder llegar a la tienda más rápido. Y ahí en una repisa giratoria estaban unos patines de hielo, que a simple vista te enamoraban con su diseño de cuchillas de plata y acabados en relieve.
-"Son bellísimos"- susurro la navegante.
-"Claro que lo son"- una de las niña le dijo –"pero seamos sinceras, son tan caros que por eso el zapatero hizo apenas siete pares"-.
Los patines si eran realmente caros, pero el material en que estaban hechos era mucho más; la tentación de tomar su bolso, entrar, y comprarlos, se hacía más grande a medida que las luces de la tienda comenzaban a extinguirse. La noche había llegado en un suspiro, y la mayoría de los locales estaban cerrando, si no se daba prisa, ese par único se irían frente a sus ojos.
-"Vámonos"- Law la tomo del brazo y comenzó a jalarla.
-"Pero los quiero"- dijo la pelirroja con reproche.
-"Puedes comprarlos pero jamás los utilizaras, solo será un gasto innecesario"- el estoico capitán la soltó de inmediato al verla alejada del ventanal.
-"Pero"-.
Esa vez y por más estúpido que se oyera, el capitán de los piratas Heart tenía la boca llena de razón, seria gastar más de la mitad de sus ingresos jugando póker, para solo darse el lujo de no verlos en los pies de aquellas niñas mimadas.
-"Nami-ya no ahí pero que valga, además no estaremos para esas fechas, mejor compra al conejo moribundo y dale un fin digno"- Law la miro de soslayo.
La pelirroja le saco la lengua, y le guiño un ojo coquetamente, para después simplemente dedicarse a observar como las luces de los negocios se extinguían, volteando periódicamente a ver la zapatería que cada vez quedaba más atrás. Tal vez la hubiera dejado comprárselos, pero era un gasto innecesario que salía de los bolsillos de sus incompetentes subordinados.
-"Caerá una tormenta"- susurro la navegante acercándose ha el –"aceleremos el paso"-.
Lo tomo del brazo y comenzó a caminar más rápido, si llegaban tarde los teleféricos dejarían de funcionar, pero a cada segundo, el viento y la nieve opacaban el camino que debían de seguir.
-"Sostente nos trasportare a la sima"- Law la tomo de la cintura.
El domo azul se empezó a hacer más grande, y sus manos estaban a punto de invocar aquel conjuro que los enviaría a la seguridad del castillo, cuando algo llamo la atención de la mujer a su lado.
-"Espera"- se apartó bruscamente –"¿no oyes eso?"- sus manos fueron a sus oídos queriendo oír todo más claro –"por aquí"-.
La pelirroja comenzó a correr sin rumbo fijo, deteniéndose solo para poder oír algo que el capitán no podía, así que sin pensarlo aquella pareja se lanzó en una búsqueda dentro de una creciente tormenta.
-"No hay nada regresemos"- Law grito esperando que la testaruda mujer entrara en razón.
-"No, ya estamos cerca"- la pelirroja corrió un par de metros más.
Law sabía bien la reputación que la banda de piratas de esa chica cargaba, y aun así fue a alcanzarla, solo para darse cuenta que las alucinaciones de la mujer solo era una prueba que el sentido de oído femenino era más agudo que el del hombre. Ahí muriéndose de frio un niño que había sido aplastado con nieve, se encontraba inconsciente.
Sin perder tiempo la navegante comenzó a escarbar para sacar a la creatura de entre la pequeña montaña blanca que cubría la mayor parte de su cuerpo. Pero el capitán de los piratas Hearts simplemente con la ayuda de su ope-ope no mí, en un segundo ya lo tenía fuera.
-"Cúbrelo"- dijo Nami poniéndose de pie –"le puede dar algo"- se sacó la chamarra solo para tapar al niño.
-"¿Y tú?"- cuestiono el estoico pirata.
-"Estaré bien, solo llevémoslo al pueblo sus padres lo han de estar buscando"- sonrió abrazándose a sí misma.
Con paso rápido se regresaron por aquel camino que sus huellas habían dejado, y eso era una fortuna, ya que el aire hacía difícil ver a más de un metro de distancia. Entrecerrando los ojos y cubriéndose la vista, avanzaron casi dos kilómetros hasta la aldea, y al llegar, como lo había predicho la pelirroja, ya estaban en busca del chiquillo.
-"¡Oigan!"- grito Nami adelantándose para llamar la atención de los pueblerinos –"¡encontramos al niño!"- esa simple oración rompió la barrera de silencio que no permitía oír ni los pensamientos.
Los lugareños corrieron en su dirección, encabezados por una mujer de cabello guinda y un hombre rubio, que cuando llegaron solo le arrebataron al niño y se hincaron en la nieve, lloraban por la angustia de no saber de su hijo por varias horas.
-"Muchas gracias"- dijo la madre abrazando al chiquillo como si alguien se lo fuera arrebatar.
-"De nada"- la pelirroja susurro al ver la tierna escena.
Ella en un momento se preguntó, si después de la guerra sus padres biológicos la habían buscado, o por si las dudas le había hecho un funeral en su honor. Eran cuestiones, que jamás tendrían respuesta, pero que se las hacia cuando caía en ese tipo de depresión minúscula, que la hacían desear que jamás se hubiera echo pirata.
-"Vámonos"- el moreno la tomo del brazo, y con cuidado, la comenzó a alejar de la escena.
Nami no opuso resistencia, comenzó a caminar a la par con su aliado, repagándose a él debe en cuando solo para recibir un poco de calor. Lo bueno era que los teleféricos no estaban lejos, y con solo depositar unas cuantas monedas, la cabina encendió sus luces y abrir las puestas para que lo abordaran. Pero como todo algo malo tenía que suceder, y es que a medio camino la maquina se descompuso, dejándolos varados en medio de una tormenta de nieve.
-"Estamos atascados"- chillo la pelirroja mirando por la ventana.
-"Y no hay nada que hacer"- concluyo Law tomando asiento en uno de los sillones.
-"¿Cómo?"- lo miro despectiva –"¿Qué acaso no puedes tele trasportarnos?"-.
-"No"- dijo cerrando los ojos con cansancio –"esta cabina es de Kairoseki"-.
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Algo largo pero corto, y con un toque de suspenso, que siempre amo poner.
Muchas gracias por sus comentarios y sus opiniones, como siempre las tendré en cuenta.
La verdad las amo.
Les quiero aclarar que yo, en lo personal, siento que Bepo le puede decir cualquier cosa a Law y este no tomara represarías con él, no she, pero siento que es como su mayor confidente.
Otra cosa, que para las que entienden mí retorcida cabeza, puede que en el próximo capítulo haiga un retroceso o una breve lectura del famoso libro, claro solo es un supositorio.
En fin.
GRACIAS POR LERR!
