Capitulo X

Octubre 1

Día en altamar 320

Cuando era joven, y tenia deseos de unirme a la marina, mi padre me conto una historia, y aunque en ese momento no la entendía, ahora voy captando lo que me intentaba decir. No era un secreto que las mujeres no debían navegar, porque para unos era de mala suerte.

Y aun así las piratas, van en acenso.

Pero eso no es lo que quiero decir, mi padre decía siempre al pie de la chimenea y con una bocarada de su pipa, que al mar, no se le debe ver como un hombre, ya que somos predecibles y un tanto monótonos, mejor ahí que verlo como una dama, que son impacientes y testarudas. Pero al mismo tiempo dulces y fráguales.

La mar, como mi padre solía decir, en toda su escancia es mujer, porque si nos ponemos a pensar, tiene ese vaivén como de unas caderas queriendo coquetear, y un olor inolvidable, como el dulce perfume de la más refinada dama. Pero también, cuando una mujer se enoja es imparable, y desborda odio, con tan solo una mirada puede fundirte el alma entre los fuegos del infierno, y con tan solo una caricia repararte el corazón.
Por eso, es esencial que ninguna mujer viaje con una embarcación, los celos del mar son mortales, y sus bestias, como los pajarillos de cenicienta, pueden no solo sacarte los ojos, sino devórate.

Contaba la vieja historia de la diosa Calipso, y como su furia se desato entre la lucha de piratas y marines. Al pensar en eso, también recuerdo que los vencedores, fueron lamentablemente los piratas, y ahora entiendo el porqué.

Un pirata deja todo por hacerse a la mar, se olvida de familia, amigos, y de todo, sin importarle nada se une al mar y le entrega incluso su vida cuando es necesario. No tiene una amada, sino miles, pero la principal siempre será la mar, con sus celos irracionales y sus locuras de madrugada

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Sus ojos se paseaban de un lado a otro, era como regresar en el tiempo a una edad en la que todo se le hacía maravilloso, e inexplicable. Tenía tanto tiempo navegando, disfrutando de las corrientes, las brisas y aquel aroma a agua salada, que el mar le brindaba, que pensaba que eso era todo lo que el océano podía ofrecer, pero no era así; se había dado cuanta en sus viajes que el mar era un amante muy traicionero y misterioso, si lo veías por fuera, pero por dentro, ese amante se transformaba en algo bello, dulce, e implacable, con más secretos de los que le gustaría descubrir. Y en ese momento, ella se encontraba embelesada con todo lo que veía.

-"Es tan bonito"- suspiro la joven sobre su taza de café.

Atreves del grueso cristal, la pelirroja podía ver uno de los milagros más grandiosos del mundo, bueno aunque ya lo había visto sobre el Sunny, era mil veces más mágico verlo en vivo y a todo color.

Era un gran cardumen de medusas, que habitaba en lo más profundo del mar, y ahora danzaban frente a ella, luciendo unos clores psicodélicos. El mar se llenó de luz, conmemorando la época de apareamiento de esos invertebrados, que parecían ajenos a todos. Nadie nadaba entre ellos, hasta el temible rey de mar les sacaba vuelta para no sufrir la ira de miles y letales medusas.

-"Solo se puede ver bien desde aquí"- susurro Bepo entrando al lugar con una charola.

-"Las aguas son profundas, y carecen de corrientes marítimas, el agua está a una temperatura ideal, y es luna llena"- suspiro la navegante –"inclusive esas cosas son más románticas que uno"-.

-"Lo dudo"- respondió el oso –"solo hay que dar un empujoncito"-.

Nami rio por el comentario, al oso polar se le había metido una idea un tanto loca, pero ella lo respetaba, y era incapaz de enojarse con el cuándo ponía cara de osezno regañado. Ella por su parte no estaba de acuerdo, el que Law necesitara una mujer en su vida, no la hacía merecedora de eso, solo por estar despechada.

-"Nada de eso, el amor llega y se va rápidamente, no se necesita a un empujón, sino un balde de realidad"- dijo la chica palmeando un lugar a su lado para que el osos se sentara.

-"Piensas que lo que digo no es verdad"- afirmo Bepo dejando la charola entre los dos.

-"No lo mal intérpretes, pero ¿él y yo? Somos como un desastre que sucederá pronto, y muchos saldrán lastimados, así que es preferible no intentar"-.

-"¿Es eso o sigues enamorada de Luffy?"- pregunto el oso.

-"Me he preguntado eso mismo en todo el viaje, pero al acercarme al alumbramiento de sus hijos cada día descarto la posibilidad"- suspiro –"Rebeca es una buena princesa, y como reina de los piratas será mejor"-.

-"Bueno, pero no te he visto intentar llamarlo, o buscar a uno de tus nakamas, desde que estas aquí"- musito el Bepo tomando un bocadillo de la charola.

-"Desaparecieron"- dijo cortante.

-"¿Y qué piensas hacer?"-.

-"Nada, pienso refugiarme en Arabasta, y descifrar este libro"- palpo con fuerza la vieja pasta del manuscrito.

La conversación se terminó ahí, estaba más que claro que la charla no podía ir más allá, Nami había hecho esa seña particular para que su acompañante guardara silencio, y clavo su vista en las medusas; la noche siguió tranquila, sin palabras que interrumpieran el mágico momento hasta que en un punto Bepo de disculpo, y se llevó consigo la charola, dejando a solas a la navegante.

Ella aún estaba perdida entre las medusas y las palabras del viejo libro, y se negó irse a dormir. Tenía la mitad del tomo ya trascrito para Trafalgar, pero le costaba caminar a su habitación y dárselo. En su debate de ir o no ir, Morfeo la invadió, dejándola dormida sobre almohadones, y páginas del libro.

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Los mapas estaba puestos sobre la mesa, y los vasos de té helado, amenazaban con derramarse sobre ellos. El pobre navegante sufría al ver como los hielos danzaban en el oscuro líquido, y se quería morir cuando el enigmático sudor del vaso tacaba los pergaminos.

Apenas había amanecido y aquel par no había dejado de discutir, ni siquiera para el desayuno, y el calor abrazador lo único que hacía era empeorar las cosas. Muchos de los piratas por eso estaban encerrados en sus habitaciones, como niños que escuchan a sus padres discutir. Aquello no pintaba nada bien para el resto de la tripulación.

-"No podemos entrar por la puerta principal"- dijo Nami señalando la entrada de Arabasta –"por si no lo has notado la marina está aquí"-.

-"Pero dar la vuelta tampoco es una opción"- canto el capitán.

-"Tal vez por un costado"- dudo la navegante.

-"Es terreno peligroso, además el palacio quedaría más lejos de lo acordado"- espeto Law.

-"Si sugieres entrar a como simples mortales por el muelle principal, el cual está rodeado de marines, con orden de apresarnos, no te entiendo CAPITAN"- Nami alzo la voz molesta.

-"Me sorprende Nami-ya que al estar con esa tripulación, no se te haya pegado nada, simple, entramos por un acantilado, en lugar del muelle"- señalo el lugar con su dedo de corazón.

-"Es una buena opción, pero está cerca de una aldea, no podemos llegar todos por ese lugar, seria sospechoso"-.

-"Solo iremos tu y yo"- aclaro Trafalgar –"Bepo no soportara el calor, y Shachi y Pinguin se negaron a acompañarnos"-.

-"Entonces es una buena idea"- sonrió la navegante.

-"Tomen la ruta marcada, y estén alertas, estas aguas son poco profundas"- grito el capitán dándose la media vuelta para salir de ahí.

Nami salió detrás de él, y no para alcanzarlo, sino para ganarle el baño, le había dejado una nota en la puerta del camarote, pero estaba segura que Law la había ignorado, como sus demás notas, donde le pedía que le dejara el baño de tal hora a tal hora. Pero esta vez ella lo acompañaría, y le diría en su cara que la ducha d de la tarde era suya, menos ese día, ese día se bañaría antes de salir del submarino. Pero en realidad su esfuerzo por seguirlo fue inútil, ya que en un parpadeo, ella estaba en la sala de juntas.

-"Lo detesto"- grito rascándose la melena rojiza –"lo odio, con odio del malo"-.

-"Eso es mucho odio para una niña tan chiquita"- dijo Jean con una leve sonrisa.

-"Tu estúpido capitán de pacotilla"- grito golpeado con sus zapatos el suelo –"se creó mucho por ser capitán, pero si no fuera por los navegadores ellos no valdrían ni un pepino"-.

-"Realmente estas molesta"- atino a decir el pirata.

-"Eso es poco, no estoy molesta, estoy más que eso, ese capitán de cuarta"- refunfuñaba la mujer.

Si bien eso era gracioso, el pobre Jean Bar no se atrevió reírse en ningún momento, Nami no estaba de humor para eso, así que lo único que pudo hacer, fue retirarse y dejarla sola, ya que una mujer en ese estado, no pinta nada bien.

-"Oh gran Lord Trafalgar gran señor de los estúpidos"- susurro la pelirroja dejándose caer en uno de los sofás de la sala.

Con su poca paciencia al límite, decidió retomar la calma, después de todo lo único que tenía que hacer se resumía en dos cosas, enojarse y en contentarse; un trabajo nada fácil, pero al mismo tiempo simple. Sin ánimos lo único que le quedo hacer fue tejer su pelo mientras recuperaba la cordura.

No le tomo mucho tiempo volver a su estado natural, y pensar con la cabeza fría, así que solo respiro profundo y se fue en dirección a su habitación. En esos momentos no tenía muchas ganas de discutir con Law, aunque este se merecía un enorme puño de amor, tal y como los daba Grap.

-"Estúpido"-.

Susurro, caminando entre los piratas atareados, las ordenes ya estaban dadas, y en esta ocasión, lo único que se le apetecía hacer, era darse una ducha larga y placentera. Así que cuando llego a su camarote, tomo las últimas hojas que había traducido y su bata de baño, para dirigirse al cuarto de su dolor de cabeza personal.

Al llegar a su destino, toco barias veces la puerta, antes de entrar sin una invitación, ya lo había hecho antes, pero prefería no husmear y resistir la tentación de tomar algo. Dejo las paginas traducidas en el escritorio, y se dispuso a entrar al baño, cuando algo llamo su atención. Regreso sobre sus pasos para ver bien lo que yacía en el escritorio. Era una libreta. Se veía normal, pasta gruesa, con el nombre del Law grabado, la verdad Nami no se resistió a husmear, como bien lo decía Zoro, la curiosidad mato al gato.

Con cuidado de no rosar los trazos fue apreciando cada uno de los dibujo, muy bien hechos del capitán, pero hubo uno que realmente le gusto. Era una mujer, con ojos grandes y grises. Los detalles resaltaban ya que diferenciaba de os mapas o animales que había dibujado, ese estaba lleno de color; su cabello castaño y labios rosas, eran cosas que no paso por alto, no la podía describir como una amante de Trafalgar, pero tampoco como una mujer cualquiera.

Sonrió al imaginar que tal vez sería alguien importante para él, una hermana, una prima, inclusive una novia de la infancia. Cerró con cuidado la libreta, y se giró en dirección al baño; si tardaba más tal vez no tendría esa ducha relajante que tanto quería.

Pero ese día estaba para más decir, que no era su día ahí frente a ella la imagen de un moreno en solo vaqueros y con una toalla sobre los hombros, entre el vapor de la ducha, la hizo cerrar de golpe la puerta. Su rostro ardía, y una boba sonrisa le bailaba en los labios.

-"Lo siento"- grito Nami.

-"No importa"- Law ya estaba enfrente suyo.

Trafalgar le arrojo su toalla húmeda al rostro, se le hacía divertido cuando ella se ruborizaba sin razón. Para ser una gatita seductora aún era mui ingenua, pero a la vez más lista que nadie.

-"Pensé que no había nadie"- dijo la mujer girándose para no verlo.

-"Me cepillaba los dientes ¿Cómo querías que te respondiera?"- pregunto.

-"Perdón"- fue lo único que dijo antes de meterse al cuarto de baño.

Se quitó rápidamente la toalla de la cara ya que se había negado respirar con ella puesta, aun así ese olor entro a su subconsciente, aunque era inevitable, la habitación olía a él. Sacudió la cabeza, y colgó su bata de baño, se despojó de su ropa y entro a la ducha.

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Arabasta si era una caja de arena, claro con sus oasis y aldeas amistosas, era algo nuevo para él, ya que la mayoría de isas que visitaba, odiaba a los piratas, pero ultima mente visitaba unas que no. Se detuvo a medio camino solo para apreciar la calma, eran las tres de la tarde y todo el mundo se refugiaba de los rayos del sol, en los negocios, o en sus casas. Solo él y la navegante, caminaban por la calle ajenos a las miradas curiosas de los pueblerinos.

-"Camellos"- dijo la mujer.

-"¿Camellos?"- pregunto Law.

-"Si es la forma más rápida de llegar al siguiente oasis, antes de que anochezca, podemos abastecernos de agua, y algo de fruta fresca, para así evitar las aldeas"- saco de entre sus ropas un bonche de monedas –"cabalgaremos toda la noche para acortar tiempo"-.

Sin más que decir se adentraron a los mercados, ahí había de todo, desde personas, hasta frutas del diablo, pero era mejor no comprarlas, ya que eran falsas. Los mercados de Arabasta nunca fueron algo de lo que se podía presumir.

-"Buenas tardes"- grito la pelirroja.

-"Buena tarde, sea usted bienvenida al emporio de camelos del tío Mustafá"- dijo un hombre encorvado –"mejores camellos no encontrara en toda la nación"-.

-"Eso espero"- susurro Law.

-"En este mes tenemos una promoción ya que es cameyubre, puede llevarse tres al precio de dos, cinco el precio de tres, y diez al precio de ocho"-.

-"Necesitamos solo dos"- dijo Nami sacando unas cuantas monedas –"espero y sea suficiente"-.

-"Por esa cantidad"- sus ojos se abrieron como platos –"puede llevarse cuatro"-.

-"Solo dos, pero con una condición"- se volvió a guardar las monedas –"se dé buena fuente que usted tiene más emporios de camellos por toda la nación"-.

-"Si así es"- el anciano babeaba por las monedas.

-"Quiero una carta donde los pueda cambiar por caballos en otra pueblo"-.

-"¿Caballos? No, son lentos y enanos, camellos son la mejor opción"- se sobo las manos ansioso –"Mejor camellos"-.

-"Caballos por camellos en otra ciudad o no ahí trato"- le lanzo una moneda solo para que comprobara la calidad.

-"Si la bella dama dice caballos, caballos tendrá"- mordisqueaba con fervor el centavo, esperando que se doblara, pero no fue así.

El viejo tomo dos de sus mejores animales, les sello un documento donde ya pasaban hacer de su propiedad, y una nota para el siguiente vendedor del gran emporio de camellos del tío Mustafá.

-"¿De dónde sacaste tanto dinero?"- pregunto Trafalgar al salir del mercado.

-"No es más que una ilusión, que desaparecerá cuando lleguemos a la otra ciudad"- sonrió Nami sacando el verdadero saco de monedas de su escote.

Law dejo salir una pequeña sonrisa, si bien el costo trabajo pensar que dejaría ir tanto dinero solo por un par de anímales, ahora entendía bien, que ni la mitad del saco eran monedas reales, había que reconocer su astucia, aunque el orgullo no dejara reconocerlo. Así que lo único que hizo fue solo dedicarle una mirada, dándose cuenta de cosas que realmente se veían a lo lejos.

Cosas como que usaba un diminuto short de mezclilla, y botas, eran detalles de los cuales apenas se daba cuenta, eso sin contar la camisa de tirantes y la gruesa caperuza café que traía consigo. El realmente no había puesto atención en ella desde que había subido por el acantilado.

-"¿Se te perdió algo?"- dijo Nami con un tono juguetón.

-"No"- respondió Law regresando su mirada al frente.

Trafalgar no era un hombre despistado, sino, simplemente ocupado, poco le apuraba los atuendos típicos de las islas, o los platillos del mercado. Pero pensándolo bien fue esa la razón que antes de llegar al primer poblado le había extendido una capa de igual color, para él, los rayos del sol no eran problema.

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Cuando la luna reino sobre el cielo, y la temperatura fue bajando, la pareja llego al primer oasis, y aunque no era un hotel cinco estrellas, se conformaban con la pequeña laguna, y los árboles frutales que ahí estaban. Los camellos fueron dejados libres para que saciaran la sed, y los piratas se dedicaron a extender una sábana en la arena y recolectar uno que otro fruto.

-"Al amanecer llegaremos a la siguiente ciudadela, ahí cambiaremos los camellos"- dijo Nami dejándose caer en la sabana –"así será más rápido"-.

-"El agua esta amargosa"- Law escupió un sorbo que había bebido.

-"Bueno que esperabas, no ha llovido en meses"- suspiro la navegante lanzándole un coco.

-"¿Entonces nos hemos detenido aquí para nada?"- renegó el capitán.

-"Si bien el agua de la laguna no se puede beber, el agua de lluvia si"- canto felizmente la mujer.

-"No hay ni una nube en kilómetros, y tu bastón, si mal no recuerdo esta averiado"-.

-"Si ya no sirve"- dijo con pesar –"pero eso no significa que no tenga un as bajo la manga"-.

Del pequeño bolso que la acompañaba, saco un estuche de maquillaje, una toalla para el rostro, una botella vacía, una brújula, una libreta y un lápiz, para sacar al final un estuche. Ella lo mostro orgullosa, pensando que Trafalgar entendería, pero al ver su cara de duda comenzó a explicar.

-"Cuando estuve en una isla del cielo aprendí más de lo que ya sabía del clima, fue ahí donde perfeccione mi arma y adapte todo su poder en esto"-.

-"Es una pluma"-.

-"Nop"- canto la pelirroja –"es el mini perfect clima tac"-.

El mentado objeto no pasaba ni de los quince centímetros, aun así su creadora estaba orgullosa, aunque su acompañante dudara de sus capacidades mentales. Sinceramente dudaba que ese palito con aros plateados pudiera hacer algo, pero solo basto girar los anillos del popote y soplar con toda su fuerza para que de la nada unas nubes de lluvia se formaran en sobre sus cabezas.

-"Practico ¿no crees?"- rio Nami al ver como la lluvia se dejaba caer sin ni un aviso.

-"Ridículo diría yo"-.

-"Vamos Torao, solo admite que es fantástico mi invento"- abrió su botella y la coloco en el piso esperando que se llenara.

-"No le veo el chiste"- confeso –"si siempre llevabas contigo el otro bastón ¿para que querías eso?"-.

-"Simple"- respondió, metiendo de nueva cuentas sus cosas a la bolsa –"para cuando pasara esto"-.

La pelirroja siguió sonriendo, aunque el ceño fruncido de Law se marcara más por estarse mojando, a Nami no le intereso el humor, del egocéntrico capitán, y decidió levantarse. Camino hasta los camellos y de ambos bajo unas garrafas bacías, las enjuago con algo de agua del lago y después las dejo para que se llenaran de la poca llovizna que cayera en su interior.

-"Toma"- dijo ella lanzándole un cilindro –"presiona el botón y tendrás una paraguas"-.

Law se confundió un poco, así que no hizo nada, obligando a la navegante regresar sobre sus pasos y mostrarle el truco. Del cilindro salió una burbuja, que después adopto la forma de una sombrilla.

-"Ingenioso"- susurro.

Nami rio y se sentó a su lado, no había más que hacer, los botes se llenarían en poco tiempo, y dejaría que las nubes vagaran por los siguientes poblados. El país necesitaba agua, y ella no se las negaría.

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El camino al siguiente poblado fue algo agotador, y no era por el calor, o la carga de agua extra, sino porque sus ropas aún estaban mojadas. Basto con solo ir con los estafadores del tío Mustafá a cambiar los camellos y después ir a descansar a una posada; ya que para ambos el dolor en el trasero por montar era insoportable.

-"La casa de la abuela Ruth"- leyó la pelirroja el letrero que colgaba en la posada.

Era una locación modesta, pero se veía cómoda, la anciana que se encontraba detrás del mostrador se mostró amable y servicial, ya que por unas monedas extras les dio acceso al establo y algo de comer. Si no fuera por la situación tan calma en la que estaban pensaría que era una trampa.

-"Que disfruten su luna de miel"- canto la anciana cerrando la puerta.

Lo único malo del lugar, era que estaba lleno, así que por obra de los dioses tenían que compartir habitación. La navegante corrió al baño, de minutos salió con un blusón largo y una licra de bajo, para después lanzarse a la cama, solo para dormir un poco.

-"Tomare una ducha"- anuncio Trafalgar antes de azotar la puerta del baño.

Paz y tranquilidad, era lo único que pedía Nami, sus parpados se comenzaron hacer pesados y de un segundo a otro ya estaba dormida. Bueno el viaje no era favorecedor en ese sentido pero, con unos cuantos minutos de sueño podría recuperar fuerzas.

Law salió pocos minutos depuse de su ducha, encontrándose con el rostro de la Nami enterrado entre las almohadas. Instintivamente tomo asiento a un lado de ella, le peino los cabellos de la cara y se puso a recordar el beso de Whisky Pick; pero para su suerte la anciana toco la puerta, llevaba una bandeja con té helado y ofreciendo su servicio de lavandería, cosa que el pirata agradeció.

-"Nami-ya despierta"- sacudió con fervor a la joven dormida –"Nami-ya he mandado la ropa a lavar, así que date una ducha y larguémonos de aquí"-.

-"No, no quiero más mandarinas mama"-.

-"¡Nami-ya!"- susurro fuerte en su oído.

La navegante se levantó de golpe, pegándole un cabezazo a su querido acompañante, y a pesar de que había sido un accidente, ella estuvo a punto de soltarse a las carcajadas, pero no pudo ya que Law la transporto al baño.

-"No lo siento"- grito desde adentro una muy contenta Nami.

Su baño como siempre fue de casi una hora, y agradeció ya tener ropa limpia y seca esperándola en una silla fuera de la regadera. Por lo menos Torao serbia para algo que no fuera molestar.

Él ya estaba vestido y ansiaba largarse de ahí, la mujer se la pasaba tocando cada cinco minutos ofreciéndole más servicios por una modesta cantidad, y lo único que le pedía era algo de paz. Así que cuando Nami salió del baño, nadie lo detuvo para tomarla del brazo y quererla sacar lo más rápido posible de ahí.

-"Espera"- le arrebato su brazo a Law –"Necesito hacer algo"-.

De su bolsa volvió a sacar el estúpido popote, y se fue a la ventana, giro de nuevo los anillos y soplo inclusive más fuerte que en la noche, así que cuando sus pulmones pedían a gritos oxígeno, las nubes cubrían más que la ciudadela.

-"Vámonos"- al fin dijo la pelirroja –"antes de que empiece a llover"-.

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FELIZ AÑO 2016

Bueno después de un tiempo aquí está el capítulo X.

Realmente me está costando mucho trabajo seguir con esto, y no es porque tenga muchas cosas que hacer, de lo contrario no hago nada.

Ok si hago algo.

Pero bueno ese no es el punto, espero que recuerden que anteriormente les dije que alguien importante para mí se debatía entre la vida y la muerte, pues ahora ya no lo hace porque ha fallecido, y es un alivio para todos, porque en verdad estaba sufriendo mucho.

Ella me hizo muchas promesas, que no cumplió, y creo que por eso aún no me resigno a dejarla ir, ya cumplió el mes finales de diciembre y es tiempo que aún no me animo a ir a su casa para ver las cenizas, lo peor de todo es que no tuve el valor suficiente para pararme en su funeral, menos en su misa, realmente soy cobarde.

La quise como una nieta adora a su abuela, aunque admito que aun así era una mujer que a pocos les agradaba (mi madre y mis dos hermanas no la querían mucho) pero yo a pesar de sus regaños y sus ideas de hace mil años yo la amaba, era mi abuela, la madre de mi padre, y una mujer que a pesar de sus enfermedades, no se dejaba caer.

Pero ya porque lloro TT-TT

En fin espero que les guste.

GRACIAS POR LEER…. Y AGUANTARME…. Y PERDONARME… Y POR TODO