Capitulo XI

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Su mirada se clavó en el cielo, estaba a punto de anochecer, sus hombros se sentían pesados, y sus ojos aún más. Había trabajado tan duro ese día que lo único que pedía era encontrar el segundo libro que Robín la mando buscar. Pero por ninguno de los cuatro pisos de la biblioteca aparecían.

Para Nami se le había hecho ya muy bueno que al entrar a la ciudad se hubiese topado con Viví sin querer, y que esta le brindara como siempre toda la hospitalidad posible en el castillo. Eso sin contar que de la nada se encontró que los injertos que le había dado de sus preciados mandarinos, ahora estaban repletos de fruta, y que aquel guerrero halcón no había muerto en aquella batalla.

Todo era de ensueño, hasta la aceptación del estúpido capitán en los aposentos del rey, todo era miel sobre hojuelas hasta que pregunto por el mentado manuscrito. Fue ahí cuando el rostro del monarca cambio de tono, y explico que si lo lograba encontrar era suyo, pero sin ayuda. Solo dio una tonta respuesta que en realidad ni siquiera entendió.

-"Existen libros que no debieron existir, que no deben leerse, y que jamás se deben buscar, pero si lo encuentras por tu propia mano, tuyo será"-.

Eso parecía los refranes de los libros tétricos de Nico, pero en verdad no quiso discutir, prefirió ir corriendo a la biblioteca esperando que por obra de los espíritus del cielo lo encontrase en un estante olvidado, pero no, no había nada de nada, y los criados ni siquiera asomaron la nariz al lugar por órdenes del rey.

-"Si tan solo supiera como es la pasta, todo sería más rápido"- se recostó en el piso buscando un poco de inspiración.

No había nada tan desesperante como no encontrarse a sí misma, y en ese momento se sintió mal por Zoro y Luffy que no podían ni hallarse en una habitación vacía. En cambio ella, no había lugar en el cual se perdiera, tenían una brújula integrada, y un mapa bien hecho. Pero eso no le serbia de nada en ese momento.

-"Aun no lo encuentras"- fue más una afirmación que una pregunta.

-"No Viví"- respondió tapándose la cara con las manos –"¡no logro ayerme a mí misma ni dejando boronas de pan por donde voy!"- grito desesperada.

-"No creo que solo sea por el libro"- dijo la princesa sentándose a su lado –"¿dime que más te molesta?"-.

-"¡Todo!"- contesto descubriendo un poco su cara –"mis nakamas desaparecieron, viajo con una banda de piratas que no tienen ni idea de cómo tratar a una mujer, mi trasero me duele por montar, mi cabello es un desastre y el inútil de Law me beso y no sé si me gusto o no"- se sentó de golpe algo exasperada –"luego las mentiras de Zoro, y el engaño de mi tripulación con lo del tema de la famosa Rebeca"-.

-"¿Law te ha besado?"- interrumpió la peli-azul algo desconcertada.

-"Si, y para el colmo la mayoría de su tripulación dicen que esa cosa y yo haríamos realmente una buena pareja"- se giró a mirarla –"¿me encuentro perdida?"-.

Viví rio un poco y después obligo a la pelirroja a acostarse en su regazo; de entre los pliegues de su bello vestido saco un peine y le separo un mechón de pelo rojizo a su amiga para cepillarlo. Ya que si le ayudaba con algo, la mujer en sus piernas no terminaría en un colapso mental.

-"Cuéntame todo desde el principio ¿quieres?"- su voz se suavizo, y escondió un par de mechones azules detrás de su oreja.

-"Bueno Zoro sabía desde la llegada a Sabaody que Luffy no tenía interés en nadie, solo en el One Piece, y jamás me lo dijo, después la mayoría de la tripulación se dio cuenta que Rebeca la princesa de Dress-Rosa mandaba correspondencia romántica a Luffy"- sus ojos cafés se perdieron en el piso del salón.

-"¿Robín lo sabía?"- interrogo la princesa deteniendo su labor.

-"Si pero acordó con Zoro y Franky que era mejor que yo me diese cuenta por mí misma"- respondió melancólica –"debí de haber visto las señales, hubo un tiempo en que yo entregaba esas cartas al capitán, esperando estar a solas con él, mientras que el solo esperaba las noticias de su amada"-.

-"Bueno el amor ciega, y a veces engaña"- Viví buscaba un modo dulce de decir las cosas –"pero bueno prosigue"-.

-"Lo demás es historia, me enoje, una enorme serpiente por poco me devora, y decidimos tomarnos un tiempo para estar con la familia, creo que de ahí todo se desmorono, una mañana vi que ofrecían el triple de lo que valía antes, y decidí dejar mi isla"- se limpió una lagrima traviesa que se escapó con los recuerdo –"lloque a Loguetown y las cosas se pusieron feas, fue cuando di con Law"-.

-"¿No te has puesto a pensar que tal vez él te va a ayudar a superar a Luffy?"-.

-"Solo a veces, cuando aún siento su sabor a ron bailándome en la lengua, pero prefiero no hacerlo"- respondió incorporándose lentamente.

-"¿Y te gusto?"- la voz de la princesa tenía una pisca de picardía, y sus labios se torcieron en una sonrisa como sabiendo la respuesta.

-"No te puedo mentir Viví, hacía tiempo que esperaba besar una boca con sabor a carne, pero sabes"- se giró a mirarla con una sonrisa sincera –"prefiero el ron"-.

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El aroma a incienso entraba hasta lo más profundo de su subconsciente, y las luces bailarinas atraes de las cortinas de seda, le obligaban a mantener los ojos medio cerrados. Las dulces notas de aquellos artilugios típicos del lugar le arrullaban, pero realmente él quería permanecer despierto, tal vez solo por ver a las dulces mujeres bailando a su alrededor.

-"¿Se le ofrece algo más Trafalgar-san?"- uno de los sirvientes le hablo acercando una enorme charola de bocadillos.

El moreno no se negó, tomo un par y ordeno otra botella de ron, ya que tanta hospitalidad debía ser aprovechada. Y no era solo por decir, después de que entraron a palacio y se les fueran dadas sus habitaciones, uno de los mejores harems del rey llego con todo para complacerle. Era como estar en el cielo.

Le habían dado uno de los más placentero baños, y lo habían alimentado como si de un rey se tratase; las mujeres no ponían pero en nada, aun después de pedirles satisfacer uno que otro capricho, las damas seguían ahí esperando más ordenes que cumplir. Sin duda el rey era un hombre con mucha suerte, rodeado de tanta belleza exótica, sin duda no repetía mujer en todo el año.

En ese grupo de bailarinas, no había ni una igual, pero todas era realmente bellas, había de piel tan morena, que el término correcto era negras, y tan blancas que carecían de cejas o pestañas. De pelo tan rizado que parecían resortes, y de pelo tan lacio que ni el manto sujetaba. Bellas sin duda, de cabello negro, castaño, rubio y de tantos colores que el arcoíris no alcanzaba. Pero solo una pelirroja, de cabello corto, y ojos cafés, era la única entre el grupo que le llamaba la atención.

Las mujeres se abrieron en un círculo rodeándolo, contemplando como lucia aquel pirata con ropas de rey. Una por una, entraba al círculo mostrando sus mejores pasos, esperando la aprobación del hombre al cual querían impresionar. Ya que todas sabían que si el pirata sonreía, es que la afortunada pasaría una noche con él. Así se fue más de la mitad del harem esperan una simple mueca que no llego hasta que la mentada pelirroja pasara.

-"Que disfrute Trafalgar-san"- dijeron todas al unísono antes de dejarlos solos.

Law se levantó lentamente, tentando el terreno, la mujer no tenía ni una pisca de miedo o emoción. Su mirada altiva y sus labios rosados estaban rogando al cielo que la tomase como la concubina que era. Una mujer fuerte sin duda.

-"Gusta un trago"- ofreció el capitán a la mujer.

-"No"- dijo con voz seductora.

Se dirigió a la puerta, puso el seguro, y regreso a su lugar despojándose de toda la ropa que llevaba consigo hasta terminar como dios la había traído al mundo. Se dio una sensual vuelta y espero que la mirada gris de Law la recorriera toda.

-"Ven"- apenas articulo dejando de lado su bebida.

La joven no espero a que se lo dijeran dos veces, con paso sensual, y un tanto provocativo, llego a su destino y se montó sobre el varonil pirata. Con besos cálidos marco su cuello, y abrió su camisa, para así recorrer sus muchos tatuajes con la lengua. Beso todo de la cintura hacia arriba, marco el corazón de besos y mordisqueo un poco su barba. Pero como era de esperarse Law jamás dejo que le besara los labios.

Después de eso desabrocho su pantalón, se relamió los labios, y como una experta que era devoro con gusto su miembro hasta atragantarse. Lamio desde la base hasta la punta, beso más que su pene, y no se detenía.

Fue casi instintivo sujetarla del cabello para acelerar el paso, y echar la cabeza atrás sintiendo que tan sedosa era su garganta. Podía sentir como la lengua de la chica se movía desesperada intentando abarcar todo el grosor de su miembro. Todo era tan excitante que se permitió dejar escapar unos que otros quejidos.

Estaba tan absorto en su propio placer que jamás escucho como tocaron la puerta, o el rechinido que esta hizo al abrirse, simplemente abrió lentamente los ojos cuando dejo de sentir la lengua de la bailarina pasearse por su miembro.

-"Lo siento"- susurro Nami al ver la escena que se llevaba a cabo en aquella habitación.

-"No hago tríos amiga, detesto compartir, así que espera tu turno"- la concubina se levantó solo para indicarla la salida.

-"Oh la verdad lo siento"- dijo dando media vuelta.

-"Bueno ya vete"- espeto la mujer volviéndose a montar sobre el capitán.

Nami salió sin decir más, afuera la esperaba Viví con los brazos abiertos para darle consuelo, había oído todo, y se sintió algo culpable por animar a la navegante para ir hablar con el capitán de los piratas Heart. Pero la respuesta de la pelirroja fue evidente, solo se alejó de todo, se fue con la mirada baja hacia la biblioteca.

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La mañana llego con débiles gotas de agua que mojaban la arena calmando el calor, los pocos rayos del sol que invadieron la habitación se colaron por sus cabellos rojizos, pero sus ojos jamás se abrieron. Hay entre sus manos estaba el manuscrito que tanto había buscado, se demoró toda la noche, y apenas tenía poco menos de media hora tirada ahí dormida.

-"Me siento tan mal"- susurro Viví viendo la escena desde la puerta.

-"No ha sido tu culpa mi niña, tu quisiste hacerle un favor, pero las cosas no salieron bien"- Cobra susurro a sus espaldas.

-"Jamás pensé que él iba a estar con una mujer en ese momento, así como lo describió Nami, pensé que estaría sumido en un libro, o ahogado de borracho"- se giró a mirar a su padre.

-"Hable con las chicas"- dijo de la nada el rey.

-"¿Y?"- cuestiono la princesa.

-"Eche a la susodicha"- respondió –"mis órdenes fueron claras, ayudar al invitado, no dormir con él, así que me di la tarea de echarla del castillo"-.

-"No veo el porqué, ya el daño esta echo"- la peli-azul dio unos pasos lejos de su padre –"él se va mañana, y ella se quedara aquí"-.

-"Aun así, la mujer se fue, no tolerare que una de mis concubinas fuera de alguien más"- explico.

-"Bueno sería que pasaran la noche contigo"- susurro la princesa –"pero bueno son tus gustos"-.

-"Las mujeres son como las flores hija mía, es mejor verlas en un jardín que en un florero"- susurro despeinando a su niña –"si no duermo con ellas o no las toco es por respeto a ti y a tu difunta madre, pero créeme que me deleito viéndolas bailar, o jugando con los gatos"-.

-"Son tus gustos padre"- Viví le dio un casto beso en la frente a su padre y se encamino a los jardines.

El rey se quedó contemplando un buen rato a la pelirroja y después se fue en silencio, no había mucho que hacer por esa frágil mujer que de frágil no tenía nada. Solo espero que los dioses la favorecieran en todo lo que ella decidiera.

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La noche llego en un suspiro, y la fresca brisa de las lluvias frecuentes se colaba por todos lados del castillo. Aun así no menguaba mucho el calor abrazador del suelo bajo sus pies. Pero agradecía mucho las ropas frescas que dejaban que el aire viajara por dentro de las telas.

Encerrada en su alcoba, simplemente contemplando lo poco que las nubes dejaban ver de la luna, se reprochó lo tonta que había sido. Ella no se merecía a Luffy, él era un completo idiota, y Law no la merecía, él también era un completo idiota.

-"Seré la tía sexy, y rica de la tripulación"- susurro.

-"Señorita la cena esta cérvida"- la vos de una de las sirvientas la desconcertó un poco.

-"Si ya voy"- respondió sacudiendo su rojiza melena tratando de lucir menos melancólica.

La navegante salió despacio de su cuarto, esperando no toparse con el famoso cirujano de la muerte. Cuidaba cada paso mientras caminaba por el pasillo, y a cada ruido aceleraba su andar para salir corriendo. Parecía un gatito escurridizo, tratando de espantar a su amo.

Fue toda una caminata llegar al salón comedor, lo malo es que ya estaba ahí el mentado capitán. Así que no le quedó más remedio que sonreír y sentarse la más lejos posible de él. Fue así como la cena dio inicio, con un suculento banquete, y una conversación nula. Solo las miradas que viajaban por la mesa daban a entender que no era cómodo para la navegante ver al capitán pirata.

-"Gracias por la comida"- dijo la pelirroja limpiándose la comisura de los labios, y rechazando el postre con la mano.

Con eso la merienda se dio por terminada la cena, las sirvientas se apresuraron a levantar la mesa, mientras los tres restantes comensales disfrutaban del postre.

-"¿Entonces capitán partirá mañana?"- el rey cuestiono.

-"Si"- fue la escueta respuesta del hombre.

-"Y dígame ¿Qué tal le pareció Arabasta?"- esta vez fue la dulce princesa que dejaba de lado su postre para interrogar al frio capitán.

A la entrada del salón, Nami se había detenido para oír solo un poco más la voz de Trafalgar, después de todo ya no lo volvería a ver por un largo rato, y se permitió darse ese pequeño placer de oírlo una vez más. Pero no duro mucho, apenas lo suficiente para que esa voz calmada se silenciara en espera de la tercera pregunta.

Después con paso sereno se alejó del salón, no tenía nada que hacer cerca de ahí, así que solo pidió una taza de té a la primera moza que encontró, y se encerró en su alcoba tratando de abrir el libro.

Le tomo tiempo encontrar el manuscrito, pero después de ver aquella escena, y de sentirse una estúpida, regreso a la biblioteca y tropezó sin querer con una revelación. Caramente el libro no estaría a la vista, pero sí muy bien escondido. Así que al estar a pocos minutos del amanecer, encontró el famoso libro escondido dentro de una repisa.

Fue toda una odisea, que claramente valió la pena, lo malo del asunto era que el libro no se podía abrir con nada. Tenía una cerradura curiosa don letras entre lazadas y un par de corazones; para ella no había cerradura en el mundo que se le resistiese, pero era más que claro que con esa no iba a poder.

-"Nami-ya"- la rasposa vos del capitán hiso eco en la habitación.

La pelirroja se negó a contestar, había puesto el seguro, y aunque Law tratase de entrar no podría, así que sin remordimientos se dio la tarea de ignorarlo.

-"Nami-ya sé que estás ahí dentro"- Law de nuevo golpeo la puerta esperando una respuesta.

Sin duda la navegante tenía cosas más importantes que hacer, con un par de ganchos en cada mano, intentaba sin éxito abrir el libro. Absorta en sus asuntos decidió desconectarse de todo. Movía hábilmente las manos, y podía escuchar bien un "Clic" pero no pasaba nada, el cerrojo no cedía, y estaba llevando al límite sus pobres herramientas.

No sintió cuando la puerta se abrió poco a poco, y tampoco le prestó atención a la mano tatuada que lentamente dejo una taza de té a su lado.

-"Estúpida cosa"- refunfuño la mujer lanzando uno de sus artilugios –"ña, ña, ña, no hago tríos, ña, ña, ña, vallase a la mierda todos"-.

-"Ese no es lenguaje para una señorita"-.

Nami solo pudo ponerse tiesa del susto, y no fue por la horrenda voz que tanto le gustaba oír, sino que el descarado le había hablado tan cerca de su oído, que su piel se había puesto chinita.

-"¡Eres un idiota!"- ella trato de pegarle un buen golpe, pero era más que obvio que Law podía más que ella.

Sin mucha delicadeza le sujeto las dos manos sobre su cabeza rojiza, y dejo salir esa estúpida sonrisa sádica que solo utilizaba cuando torturaba o masacraba a un pobre infeliz. De la nada una escurridizo gemido salió de la boca de Nami, y las cosas cambiaron un poco de contexto, la sonrisa de Law se pronunció, y el rostro de la pelirroja se colorió de carmín.

-"Es de muy mala educación golpe a la persona que se ofreció atraerte tu bebida"- aclaro el cirujano repagando el cuerpo de la mujer contra la pared.

-"Ja lo dice el hombre entra a la habitación de una dama sin avisar"- contesto tratando de liberarse de su agarre.

-"Toque barias veces"- su rostro se acercó peligrosamente al de ella –"tu jamás atendiste"- suspiro.

-"¿Y a mí qué? No tengo ni motivo, ni razón para abrirle la puerta"- agacho la cabeza evitando su mirada.

-"Te vas a quedar aquí"- de la nada dijo soltando sus manos.

-"Si"-.

Todo se quedó en silencio, la navegante apenas alzaba la mirada para ver sus reacciones mientras se sobaba las muñecas. Fue casi una sorpresa cuando él la tomo de nuevo de las manos para revisarlas.

Eran suaves manos pequeñas, tersas y perfumadas, no eran diferentes a las de otra mujer, pero por alguna razón se le parecían a las de su madre. Eran chiquitas, pero muy avilés, como las de Nami.

-"No tienes nada"- susurro soltándola de golpe.

-"Eso es evidente, solo simplemente me dueles por lo bruto que fuiste"- sin más regreso a su lugar tratando de recuperar su color natural.

Law dejo salir un suspiro casi inaudible, camino hasta la salida, y se detuvo antes de abrir por completo la puerta. Tal vez por el simple hecho de las tontas palabrerías de Bepo se obligó a girarse y decirle aquello.

-"Me iré a primera hora, por si gustas acompañarnos"-.

-"De acuerdo"- fue la simple respuesta de Nami.

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Las horas en el reloj se hicieron lentas, mientras el calor invadía cada milímetro de su piel, las cobijas enredadas entre sus piernas largas, y su cabello extendido por toda la cama, solo explicaban un poco su estado mental. En su mano derecha jugueteaba con una dulce copa de vino, y la otra acariciaba con monotonía el libro.

Aquella imagen de la otra chica pelirroja haciendo el amor con Law, era como un suplicio, o solo era su imaginación, ella no sentía nada por el ¿o sí? Se levantó de golpe y se empino toda la botella de vino que tenía en la mesita de noche.

Podía sentir como sus mejillas se calentaban y el sudor resbalaba por sus largas piernas, fue así como tambaleándose se acercó al balcón de su cuarto; no tenía ni idea de cuantas botellas se había bebido, simplemente lo único que quería era recuperar un poco de cordura, que simplemente poseía.

Su mochila estaba lista por si se quería ir, y habían dado órdenes a los soldados que acompañarían al cirujano de traer todas sus cosas. La cabeza le daba vueltas, y simplemente podía contar las botellas que había tomado ¿eran quince o casi treinta? Daba igual aún tenía una caja llena para seguir tomando.

-"Law"- sus labios se abrieron saboreando cada letra del nombre –"¡Trafalgar D. Wáter Law!"- soltó una sonora carcajada.

La puerta se abrió despacio, y fue como una invitación a salir, con su paso un poco más controlado y un par de botellas en las manos, salió al jardín. La luna estaba resplandeciente, no había resto de nubes, y la brisa hacia ondear su vestido. Perecía uno de esos bellos espectros que se aprecian frente a los piratas sobre las cubiertas de los barcos.

-"Nami-ya"-.

-"No, no, no me llames con ese estúpido apelativo"- dijo dándole un buen trago a su botella.

-"Nami-ya estas ebria"- aclaro el capitán a sus espaldas.

-"Yo no me pongo borracha, tengo mucha tolerancia al alcohol"- sonrió lanzando el embace al piso.

-"No comiste nada, y ahora bebes"- Law le logro quitar la segunda botella, y trato de que no pisara los vidrios esparcidos en el piso.

-"Déjame"- lo empujo –"vete, no quiero verte"- de sus ojos brotaron un par de lágrimas.

-"¿Que te sucede Nami?"-.

-"Nada, lárgate"- se separó bruscamente de él.

-"Estas loca mujer"- dijo el capitán dando la vuelta.

-"No"- le sujeto la mano evitando que diera el primer paso.

Las nubes se juntaron sobre sus cabezas, ella se movió lento, tentando el terreno, sus ojos chocolates capturaban la poca luz de luna que aún quedaba en los cielos, sus labios se abrieron, y su piel ardía como las llamas del infierno.

-"Nami"-.

Era imposible saber que era lo que pasaba en su cabeza, pero simplemente se dejó gozar aquel dulce placer carnal, que solo con ella podía tener. Law coloco sus manos en la cintura de Nami, mientras ella sujetaba su cara con delicadeza.

Fue en ese momento que las nubes reventaron, aquel pijama blanco se fue enjarrando más al cuerpo curvilíneo de la navegante, y la camisa negra del capitán se pegó tanto que se podía ver claramente cada musculo que tenía.

Nami ardía, su piel quemaba, y su sabor aumentaba cada vez que retomaban el beso después de tomar oxígeno, lo raro era que su saliva era fría, como si estuviera muerta por dentro, y lo estaba. Estaba muerta de ganas de sentirse amada, por dar todo lo que podía ofrecer, y por sentirse mujer.

-"¿Entonces se irán juntos?"- el sabio rey susurro con una taza de té entre sus manos.

-"Eso creo padre"- respondió su hija que feliz veía la escena.

Law podía ser un hombre muy discreto, pero jamás se imaginó que sus anfitriones los estuvieran viendo por uno de los ventanales del salón del trono. Tenían que ser más cuidadosos la próxima vez.

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Después de un largo tiempo les dejo esto aquí!

Lo iba a subir en la semana pasada pero por ir a un maldito ciber se me infesto mi USB de virus y arraso con todo lo que tenía dentro ¿y quien creen que no tenía un respaldo? Si así es lo perdí todo!

Pero bueno mejor tarde que dentro de más un año

Hahahahahahaha

(Una leve indirecta a la escritora de noches de insomnio)

¿Alguien lo ha leído?

¿Saben que fue de la escritora?

¿Algún día lo terminara?

Son preguntas que me hago cada que lo releo, y es que ella me inspiro a escribir mi primer Fic.

En fin.

GRACIAS POR LEER

C: