Como Entrenar a tu Dragón no me pertenece yo solo escribo el fic por diversión, si algún personaje no pertenece a los libros o película, es mera invención invención.

¿Qué es esto? ¿Una actualización? Ups. Lo lamento mucho.

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Los dragones lograron esquivar las redes y boleadoras que eran lanzadas por Alvin. Sin embargo muchos de ellos ya estaban lastimados, algunos con leves rasguños y otros estaban más graves.

Hipo sabía que debía sacarlos de allí pronto. Los marginados habían logrado capturar algunos de los dragones y seguirían más si no se iban.

Una manada de cremallerus y pesadillas monstruosas había estado viajando hasta otra isla (por lo que Hipo pudo deducir) y en cuanto los marginados los vieron comenzaron a atacar.

Pero ¿Por qué? Los dragones no habían hecho nada, solo pasaban e ignoraron el barco en cuanto lo vieron, los vikingos atacaron primero y sin provocación.

Hipo primero había intentado dialogar con Alvin y hacerle entender que los dragones no eran bestias desalmadas, que era posible hacer la paz. Pero como todo vikingo terco no había querido entender.

No, de hecho hubo algo que sí entendió, y a la perfección. Los dragones se pueden montar, perfecto, hasta ahí iban bien. Claro que con la mente vikinga y marginada instalada en el otro, pronto entendió que se podían montar para conquistar, doblegar y obtener poder. Quien se oponga puede considerarse muerto.

Esa no había sido la idea del castaño. Y su mente no dejaba de culparlo por esto, por supuesto su conciencia no podía dejar de decirle que tuvo que haber pensado en aquella posibilidad cuando le ofreció a Alvin enseñarles a domesticar a los dragones para traer la paz.

Y de ahí surgió otro problema, ahora el marginado lo perseguía específicamente a él para que "doblegara a las bestias". ¿Su situación podría ser peor? Si, si podía. Porque justo el día que se hizo esa misma pregunta por millonésima vez, se encontró con, el auto nominado, Dagur el desquiciado. Si el hecho de que él mismo se había puesto ese nombre no daba a entender lo loco que estaba, entonces las risas maniacas te lo dejaban en claro y más aún cuando lo tenías a dos metros de distancia apuntándote con una espada y riendo como el loco que era.

Entonces, otra vez ¿Las cosas podrían ser peor? Por algún motivo que no lograba entender, los Dioses siempre contestaban que sí. Era como si tuvieran una lista de "cosas que podían hacer para empeorarle la vida a Hipo".

Dagur se había aliado con Alvin y juntos intentaban atraparlo para quitarle todos sus conocimientos sobre dragones y luego cortarlo en pedacitos, como dijo el mismo Dagur. Por el amor de Thor, incluso Alvin le tuvo miedo al otro en cuanto lo dijo, con aquellos ojos psicópatas y el grito y la risa de un loco.

Loco se estaba por volver él, ¿Por qué a todos lados que iba encontraba a alguien que intentaba matarlo?

Por el Norte tenía un ingenioso cazador de dragones persiguiéndolo, más al sur un vikingo sediento de poder que se dejaba consumir por el rencor hacia Estoico y por eso se las agarraba con él, y yendo al este se encontró con un loco desquiciado que solamente quería matarlo.

Los berserker arrojaron una red hacia donde Hipo y Chimuelo volaban, el dragón disparó una de sus plasmas al centro de esta y logró dejar solo unos cuantos pedazos de cuerda sueltos que caían por el aire.

El castaño buscó la fuente de todas las boleadoras y redes, pero eran tantos vikingos con tantas armas diferentes que simplemente se volvió casi imposible.

-Vamos amigo. Como lo practicamos.- Jinete y dragón se dejaron caer al mar para luego volver a levantar vuelo cuando estaban a unos centímetros de este. Con más impulso se dirigieron al aire y de un rápido aleteo de las alas de la Furia, volaron a toda velocidad sobre los distintos barcos arrojando disparos de plasma que dieron en su objetivo.

La mayoría de los barcos empezaron a llenarse de agua y hundirse, los que estaban a su alrededor comenzaron a ayudar a sus compañeros en el mar. Desde el barco principal Dagur le gritó a Alvin.

-¿Qué hacen esos idiotas? Hay que seguir atacando.

-No, ya nos superaron hay que reunir a los hombres y volver otro día.

Eso fue todo lo que Hipo logró escuchar de la conversación, Chimuelo arrojó más disparos de plasma y con la ayuda de los demás dragones que habían ido a ayudarlo (en su mayoría arenas fantasmales) rescataron a los capturados y movilizaron a los heridos hasta la orilla del dragón.

Era un viaje un tanto largo que duraba un par de horas, pero era la tierra más cercana y segura que tenían, ya que el nido de su madre estaba más lejos. Tenían otras islas a su alrededor pero descubrió de la mala manera que no eran habitables, como la isla del "canto mortal", no solo le puso muchas cruces en su libreta sino también millones de advertencias. Era sin lugar a dudas una isla que no quería volver a visitar.

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-¿Se puede saber qué diablos pasó ahí?- El grito de Dagur resonó entre las paredes de la sala de reuniones en la isla de los Marginados.

-Lo mismo debería preguntarte a ti.

-Paso que nos ganaron, nos hicieron pedazos por tu culpa Alvin.

-¿Mi culpa?

-Sí, tuya. Teníamos al mocoso en la palma de nuestra mano, pero por tu necesidad de salvar a los hombres en el agua no pudimos.

-Escucha Dagur, ningún hombre es descartable. Y ya nos estaban haciendo trizas, no había forma de ganar. Pero la victoria no les durará mucho.- La mirada en el rostro del marginado era de suficiencia y venganza.

-¿A qué te refieres?

-La espía ya está en Berk. Solo es cuestión de tiempo para que el libro de Dragones esté en nuestras manos.

-¿Qué nos asegura que no les dirá de nuestro plan y buscará ayuda?

-Es una niña Dagur, hará lo que sea por proteger a sus padres. No los pondrá en riesgo, puedo asegurarlo. Ahora has tu trabajo y ve a ver a los prisioneros, han intentado escapar muchas veces.

Sin más Alvin se fue cerrando la puerta con un ruido sordo. El Berserker solo miró el lugar por donde el mayor se fue, con odio. Nadie daba órdenes a Dagur el desquiciado, el jefe Berserker. Pero eso no duraría mucho más.

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En Berk las cosas no iban muy bien. Eran un caos de hecho. Los dragones asustaban tanto a los animales que estos dejaron de producir leche o huevos, incluso arruinaron gran parte de los cultivos en una estampida. Esto llevó a que Estoico movilizara las granjas a un área alejada de Berk y los jinetes tenían el trabajo de asegurarse que los dragones no cruzaran a esa área. Sin embargo los granjeros no estaban para nada felices con esta decisión y sus quejas ya tenían a Estoico en un dolor constante de cabeza.

No solo eso había sucedido, hacia unas semanas había llegado a la isla una muchacha de cabello negro llamada Heather, le dieron un lugar donde dormir, comida, ¡incluso hizo amigos!. Patapez, Patán y los gemelos la aceptaron en su grupo con los brazos abiertos. Hasta empezaron a enseñarle todo lo que sabían sobre sus dragones.

Astrid era un caso diferente, la muchacha la había tenido en la mira en cuanto llegó. Los otros chicos la habían llamado paranoica, pero demostró su punto en cuanto Heather intentó robar el libro de dragones. Desde entonces la tenían encerrada en una celda en la academia de dragones.

La chica había intentado escapar muchas veces y había tenido casi completo éxito la mayoría de las veces.

Les dijo que Alvin tenía secuestrados a sus padres y que si ella no le llevaba el libro de dragones entonces los mataría. No sabían si creerle o no y Estoico ya tenía demasiados problemas en su cabeza para agregarle otro más, por lo que los chicos decidieron no decirle nada del plan que se le había ocurrido a Astrid.

Ahora toda la pandilla estaba en el territorio de los Marginados, le habían pintado el cabello a Astrid de negro y la habían vestido con ropas parecidas a las de Heather. Si Astrid descubría que lo que Heather había estado diciendo era verdad, entonces de una escapada se iría con sus amigos a Berk de vuelta y le informarían al jefe de la situación.

Aunque Heather los había acompañado, porque los convenció de que mientras ellos no estaban podría escapar por la ineptitud de los guardias.

Alvin había obligado a Astrid que le demostrara que sabía cómo entrenar a un dragón y por lo tanto no necesitaban el libro. A pesar de sus súplicas internas a la chica la querían hacer entrenar a un Pesadilla Monstruosa en lugar de un Nadder.

Lo que la salvó de aquella situación fue recordar que Patán había dicho que a Diente Púa lo calmaba cuando sus cuernos tocaban el suelo.

Así logró convencer a Alvin, sin embargo la victoria no duró, pues al felicitarla el vikingo se dio cuenta de que su cabello estaba pintado con carbón, los demás jinetes y Heather llegaron al rescate minutos después.

Al descubrir el engaño Alvin los amenazó con acabar con la vida de los padres de Heather a no ser que le entregaran el libro.

Las cosas terminaron bien al final, pues vencieron a Alvin y regresaron a Berk con Heather y sus padres, Astrid y Heather terminaron como buenas amigas y la chica pelinegra volvió en un barco a su isla.

La vida era difícil, pero podían sobrellevarlo… más o menos.

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Alvin golpeó la mesa con su puño mientras Dagur lanzaba cuchillos a la imagen de un furia nocturna en la pared.

-Esto salió realmente mal.- Se quejó el enorme hombre.

-Yo creo que ya es hora de aceptar la propuesta-

-NO- Lo interrumpió. –Escucha Dagur, si acepte que hiciéramos equipo es porque de verdad quiero a ese mocoso y su padre muertos.

-¡Y yo quiero la cabeza del furia nocturna en mi lanza Alvin! ¡Y Viggo Grimborn nos puede proporcionar eso!

-Un último ataque Dagur. Buscaremos a tu dichoso Scril y atacaremos Berk con todas nuestras fuerzas, si eso no funciona uniremos fuerzas con Grimborn.

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Por el bien de su cordura mental Hipo no le había dicho mucho a su madre de los ataques de los marginados y los Berserkers unidos, tampoco le dijo mucho de los cazadores de dragones. Hipo había pasado toda su vida preguntándose cómo sería tener una madre, con sus constantes consejos, su vigilancia extrema y la preocupación inagotable. Ahora que lo había descubierto se dio cuenta de que no era muy agradable aunque no se quejaba de tener de regreso a su mamá, era preferible que lo retara a que lo dejara.

Aunque eran vikingos, fuertes y duros como el acero, Valka se preocupaba más que otras madres vikingas. Aunque ni él ni ella eran como otros vikingos.

Fiel a su promesa Hipo la visitaba todas las tardes, a veces pasaba un rato en la mañana y otras en la noche, pero siempre estaba allí para visitar a su madre. De vez en cuando Hipo enviaba a Tirador a Berk para ver que tal estaban las cosas.

Durante los últimos meses él había estado incapacitado para volver. Aunque estaba buscando otra palabra para decirle a su padre.

En su estancia en el nido de dragones había aprendido tantas cosas de su madre. Ella debía ser la persona con más conocimiento de dragones en el mundo. ¿Chimuelo tenía su edad? ¡Chimuelo tenía su edad! No se habría imaginado que su amigo tendría 15 años.

Tal vez al llegar a Berk más de la mitad del pueblo quisiera matarlo por desaparecer pero cuando todo el drama acabara estaría ansioso de enseñarle a Astrid todo lo que había aprendido. Y no solo eso, también quería partir a la búsqueda de otras islas, especies de dragón y quién sabe qué más podría descubrir.

Su madre se había reído de su entusiasmo y le había dicho que fuese más lento.

No habían hablado mucho del como Hipo terminó en aquella situación ni en que debía regresar a Berk o en si debía decirle a su padre sobre ella o como él reaccionaría sobre que su hijo desaparecido hace meses junto a su esposa creída muerta hace 15 años. Hipo supuso que ella debía de querer mantenerlo en secreto por ahora.

Valka se tropezó y casi tiraba al suelo la bandeja con comida de no ser porque Hipo, ya acostumbrado a esto, logró atraparla.

-Supongo que tres meses no son tiempo suficiente para recuperar la práctica perdida desde hace quince años.-Comentó Valka.

-Eso supongo.

Un Terror Terrible entró volando con una carta atada a una de sus patas y se posó sobre el hombro de Valka.

-Hijo termina de poner la mesa mientras leo esto ¿Si?

Hipo asintió mientras su madre desenrollaba el papel de la pata del animal. El chico terminó de acomodar los platos cuando vio la cara estupefacta de su madre, con la vista fija en el papel.

-Mamá… ¿Qué pasa?- Valka se alarmó y se alejó unos pasos cuando Hipo se acercó a ella. Lo primero que él notó fue la forma en la que ella apartó el papel de él, como si temiera que lo leyera.

-N-nada. ¿Terminaste con los platos? Ya tengo hambre.

-Si, ya termine. ¿Qué decía la carta?

-Nada. Solo… solo es una carta de uno de mis contactos. Ya sabes. ¡Erika! Tú la conociste el otro día.

-Sí, lo hice. ¿Qué pasa con ella?

-¿Con ella? Nada hijo. Nada, ella solo… tiende a exagerar un poco las cosas. Eso es todo.

-¿Exagerar qué?

-Est- Nada. Solo… ¿Desde cuándo eres tan preguntón?

-¿Desde cuándo eres tan paranoica?

-No estoy siendo paranoica.

-Bien… dame la carta.- Hipo trato de alcanzarla pero su madre la alejó de él.

-¿Qué? No.

-¿Por qué?

-Son cosas de adultos.

-¿Cosas de adultos? ¿Qué tipo de cosas?

-¡Solo cosas Hipo!- Estalló Valka.

El chico retrocedió y parpadeó sorprendido. No podía recordar otra vez que su madre le hubiese gritado, menos de una forma tan desaforada. Hasta los dragones habían dejado de hacer sus cosas para verlos.

La mujer suspiró y se llevó una mano al rostro, masajeando sus sienes, entonces se acercó un paso hacia su hijo y lo abrazó.

Valka lo rodeó con un brazo mientras Hipo se quedó quieto en su lugar sin corresponderle. No estaba acostumbrado a los cambios de humor de su madre, de su padre sí, pero de ella no.

-Vamos a comer ¿De acuerdo?

Hipo asintió y ambos se dirigieron a la mesa. La cena debió de ser la más silenciosa que jamás habían tenido ellos dos. El adolescente de quince solo miró su pescado y comió muy poco, mayormente jugaba con la comida usando el tenedor, su madre no estaba en un estado muy diferente al suyo.

Valka se levantó de la mesa y recogió los platos en silencio.

-¿Te quedas a dormir esta noche?

Hipo la miro levantar la comida y arrojar los restos para dárselos a los dragones, normalmente le habría discutido diciendo que faltaba poco para el fin de semana y que debía vigilar la orilla del dragón, pero había… algo en la forma de caminar o de actuar de su madre desde que leyó la carta, que le impidió negarse.

-Claro…

-Bien… prepararé las camas.

Valka comenzó a acomodar las pieles, Hipo la vio hacerlo aun desde su lugar en la mesa. Su mirada de repente se posó en la carta olvidada frente a él. Solo bastaba con estiar su brazo y la tomaría.

Con cuidado y viendo que su madre no se diera cuenta, Hipo la tomó y comenzó a leer, al llegar al final de esta no pudo retener el jadeo de horror y su expresión debió de ser muy parecida a la de su madre unos minutos antes.

-¡¿Atacan Berk?!

Valka se dio la vuelta y encontró a su hijo parado junto a la mesa con la carta en las manos y viéndola incrédulo.

-¡Te dije que no leyeras eso!- Cuando ella se acercó a quitarle el papel Hipo se alejó de ella.

-¡Te hice una pregunta! ¿Sí o no? ¿Están atacando Berk?

Valka miró los ojos de su hijo y suspiró. No podría mentirle.

-Probablemente. Erika nunca se equivoca en esas cosas. Pero Hipo no-

-Lo siento ma. Voy a ir. No dormiré aquí esta noche.

-¡Hipo no!

-¿No qué?- Valka vio la determinación reflejada en los ojos de su hijo, la misma determinación que conocía perfectamente de los ojos de su marido. -¿No qué mamá? ¿No a defender a mí pueblo? ¡Allí está papá! ¡Bocón! ¡Mis amigos! La gente que conozco desde… siempre.

-Lo sé Hipo. Pero ya estás involucrado en demasiadas guerras. Ellos pueden con esta solos. Tu padre puede hijo, lo sé.

-¡No! No lo sabes. Hace quince años que no vas allí ¿En serio te parece que sabes? -Hipo respiro profundo sabiendo lo duo que era lo que acababa de decir, se sumieron en el silencio unos segundos hasta que, más calmado, el adolescente volvió a hablar -Escucha, se que te preocupa. Pero… voy a ir. Sabes que no puedes detenerme, no es como si no fuera a volver.

-Es como si no fueras a volver Hipo. Hijo… tienes quince años, no deberías estar involucrándote en todo esto.

-En Berk también hay chicos de quince años como yo y que ya están involucrados en todo esto. Ahora, en este mismo momento. Y yo puedo ayudar.

-Ay Hipo…

-Yo voy a ir… cúbreme desde lejos. ¿Te parece? Yo actúo desde dentro y tú te encargas de vigilarme a la distancia.

-No hay posibilidad de otro tipo de negociación ¿verdad?

Hipo negó con la cabeza y Valka maldijo en silencio, discutir con Hipo era exactamente lo mismo que discutir con Estoico. Mientras ambos preparaban a sus dragones ella no pudo evitar la pequeña sonrisa al imaginarse discutiéndolos juntos, ambos vikingos con una cabeza tan dura como una roca, una pelea así de seguro nunca terminaría.

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-¡Ancianos, niños y mujeres embarazadas se dirigen al Gran Salón AHORA! Daven quiero que cuando todos estén reunidos los lleves al bosque, ponlos a salvo.-El hombre asintió a su jefe y corrió siguiendo sus indicaciones. -¡Patán, Patapez! Informe aéreo.

-Son muchos barcos jefe.- Dijo Patán con la preocupación mal disimulada tiñendo cada uno de sus jóvenes rasgos.

-¿Señor?- Preguntó Patapez, dudando en dar la mala noticia a su jefe. Este lo miró y el niño supo que no era momento para preguntar si debía o no decir algo. ¡Estaban en una guerra por el amor de Thor! Las cosas no se preguntan solo se dicen, sean buenas o malas noticias. Sin embargo en medio de la situación estresante Estoico mantuvo la compostura, pues estos chicos eran solo niños que debían pelear batallas pues eran los más capacitados volando dragones. –No son solo Marginados… los Berserker también nos atacan.

-Imposible, tenemos un acuerdo de paz ¿Dónde está Oswald el agradable?

-No está.-Dijo Astrid, aterrizando con Tormenta junto al jefe. -Dagur tomó el control de los Berserker y ahora se hace llamar Dagur el desquiciado.- La rubia decidió omitir cómo tenía esa información, no estaba en sus planes contarle al jefe cada detalle de cómo descubrieron que Heather no mentía, el hombre tenía demasiados problemas en el saco para preocuparse por adolescentes intrépidos e irresponsables que volaban a una isla llena de enemigos sin respaldo adulto.

Estoico se llevó una mano al rostro. Y como si todo esto fuera poco, había un enorme Scril atacando y destruyendo todo a su paso. El jefe evaluó sus opciones por un minuto hasta dirigirse a los niños frente a él. –Astrid, Patán ustedes dos protegerán el frente de la isla solo defensa ninguna ofensiva ¿De acuerdo?- Ambos asintieron al mismo tiempo con sus ojos llenos de miedo aunque trataban de disimularlo y presentar un porte valiente. Estoico se odio por tener que enviar niños a la guerra pero estos chicos eran su única opción, de lo contrario todo el pueblo sería calcinado, estas decisiones fueron las peores de ser jefe. –Patapez, quiero que busques a los gemelos y juntos movilicen a la gente hasta el otro lado de la isla con Daven, hay algunos barcos de evacuación por emergencia, metan a toda la gente que puedan ahí y cuando cada barco este lleno hasta el número máximo de personas que puede albergar zarpen y no miren atrás.

Los tres adolescentes asintieron y montaron a sus dragones dirigiéndose a sus misiones asignadas.

-¡Estoico!

-Bocón ve con los chicos, sube a uno de los barcos y-

-Estás loco amigo. En las buenas y en las malas peleamos juntos.- El pelirrojo asintió y ambos vikingos se dirigieron con sus armas en alto a la guerra, a atacar marginados y Berserker que habían logrado anclar en la isla.

En el cielo Astrid apretó la mandíbula con fuerza y protegió con Tormenta a muchos vikingos. Se encontró con un padre que protegía a sus dos hijos de dos marginados y una berserker. A pesar de la orden de no atacar, la rubia dirigió a su Nadder quien tomó a los tres vikingos con las patas y los arrojaron al agua. Aterrizó junto a la familia y los dos niños subieron sobre Tormenta, cuando la chica le extendió la mano al hombre este se negó. –Lleva a mis hijos al lugar seguro, yo pelearé junto al jefe.

-Pero señor.- Astrid no pudo terminar pues el hombre le dio un beso a sus hijos para luego correr a defender Berk. La chica presionó sus labios con fuerza y se elevó en el cielo, Tormenta guió el camino mientras ella intentaba controlar a ambos niños que lloraban desconsolados y gritaban por su padre.

Llegó con Patapez y le dio a los niños, limpiándose ella disimuladamente una lágrima del ojo, si su amigo lo notó o no, no dijo nada. Cuando ambos pequeños estaban a salvo ella se dirigió junto a Patán quien tenía serios problemas con siete vikingos que lograron atar las patas y el cuello de Diente Púa y lo tiraron al suelo.

Astrid y su Nadder volaron al ataque, pese a las indicaciones del jefe ninguna de las dos había nacido para ver a la gente que le importa sucumbir y padecer, ambas eran chicas de pelea y la ofensiva era lo suyo. Sin importar el resultado pelearían por la gente y los dragones que amaban.

Patapez debió resistir el impulso de chillar del miedo. A su alrededor el cielo era rojo como si ardiera en llamas, padres dejaban a sus hijos con él y los gemelos para luego volver a la lucha, las familias se rompían y en los barcos solo había niños y gente anciana, a excepción de las dos únicas mujeres embarazas de Berk. El mismo Patapez debió ver a su hermana entregarle a sus tres hijos y correr a la guerra, sus sobrinos chillaban y pateaban arriba de Gordontua, gritaban y lloraban por su madre y padre que tal vez no volverían jamás. Dejarlos en el barco y él mismo abandonarlos también fue la acción más dura de su vida, los rostros de los tres niños sollozantes quedarían grabados en su mente eternamente. Por lo que Patapez Ingerman tomó una decisión he hizo algo que jamás pensó que sería capaz, ignorar la orden de su jefe y proteger a su gente luchando junto a ellos.

Brutacio y Brutilda pese a ser bromistas extremos y un par de cabezas de carnero, no eran inconscientes de la catástrofe a su alrededor, su gente luchaba y salía herida, sus propios padres eran partícipes de la guerra, solo se cercioran de que su abuela llegará bien al barco de huida y luego partieron a pelear. Ambos hermanos presumían de una relación telepática que tenían constantemente y ninguno necesitó ni una sola mirada de parte del otro para saber que harían lo de siempre y desobedecieron deliberadamente las órdenes directas de su jefe, tal vez los Berserker fuesen rudos y tuvieran un Scril, pero ellos tenían algo que nadie más, locura y poder Thorston.

Patán Mocoso estaba del peor humor imaginable, mientras los demás sentían tristeza y se arrastraban llorando por todos los rincones en pleno ataque Berserker y Marginado juntos con la ayuda de un poderoso Scril. En lugar de entristecerse Patán se enfureció e hizo oídos sordos a las órdenes de su jefe. Su plan nunca fue ser un escudo humano, o en su caso escudo humano y dragón, él lucharía y protegería su isla hasta con su último aliento. ¿Quiénes se creían estos imbéciles para atacar Berk? Por lo que no lo dudo un segundo al lanzarse hacia siete vikingos y atacar, sobra decir que debería haberlo pensado mejor pues las patas y cuello de Diente Púa fueron sujetados con sogas y los empezaron a arrastrar hacia el suelo, por suerte Astrid apareció y lo ayudó a salir de tan precaria situación. Vio a todos sus amigos peleando, incluso a Patapez, y supo que no fue el único con la resolución de pelear y patear traseros marginados y berserker.

Adrian corrió como nunca lo hizo en su vida, se cruzó con un par de enemigos en su camino y se deshizo de ellos rápidamente, y con deshacerse se refería a pelear unos segundos tirarlos al suelo y correr, ni siquiera noquearlos. No tenía tiempo para eso, debía llegar al otro lado de la isla y tomar uno de esos barcos, Estoico no saldría vivo de esta pelea y él sería el único capaz de liderar en una isla llena de gente anciana y mocosos molestos y llorones, el único adulto entre viejos y niños por lo que de inmediato el puesto de Jefe sería suyo. Pensó en su nombre de jefe con mucho detenimiento mientras corría. Podría ser "Adrian, el grande"no, mejor aún "Adrian el grandioso" "Adrian el aniquilador" "Adrian el gran jefe supremo", ese último sonaba realmente bien.

Estoico bloqueo con su hacha el ataque de un Berserker y con una certera patada en el pecho lo envió hacia atrás tambaleándose, un golpe duro con su escudo en el rostro del otro fue suficiente para un knockout inmediato y una nariz rota a su contrincante. Bocón peleaba a su lado, ambos amigos desde niños, inseparables en las buenas y malas, aunque últimamente tenían más malas que buenas.

El herrero encestó un golpe con su martillo en la cabeza de un marginado y este cayó al suelo como un peso muerto.

Alvin observó a Estoico y se acercó a paso decidido, lo sabía muy bien dentro de sí, este era el día en que por fin llegaría su venganza, la muerte de Estoico el Basto. Le hizo señas a dos compañeros y estos se dirigieron hacia Bocón para alejarlo de su amigo. Mientras el jefe de Berk se deshacía de un Berserker, Alvin atacó por detrás y el pelirrojo esquivó un golpe mortal por puro milagro de los Dioses.

-¡Alvin! Solo los cobardes atacan por la espalda.

-¡No te preocupes Estoico! ¡Planeo ver tu rostro cuando te mate!

Ambos se sumieron en una pelea a muerte, hacha contra martillo. Una vez amigos y ahora enemigos los dos hombres peleaban con ferocidad por resguardar su propia vida y acabar con la del otro.

Desde la distancia un Furia Nocturna volaba seguido de un escuadrón de muchos otros dragones. Hipo y Valka intercambiaron una mirada de preocupación al ver la cantidad de barcos que zarparon en las orillas de Berk, aun desde lejos la figura de vikingos peleando entre sí se distinguía muy bien. Los dragones intentaron defender a los vikingos con los que estaban tan encariñados pero eran capturados a una velocidad alarmante. El ceño de Hipo se frunció y Valka supo que su hijo estaba pensando un plan de acción. No pudo evitar pensar que era la misma expresión de concentración de Estoico.

-¿Tienes un plan?- Preguntó la mujer, con la voz amortiguada por la máscara. Sus dedos se enroscaron nerviosamente en el metal de su silla, por primera vez en años volvería a Berk, y aunque no estaba en sus planes revelar su identidad los nervios la carcomían por dentro.

-Sí, lo tengo. Y no te preocupes no implica que te muestres mucho. -Dijo el niño tranquilizadoramente, sonriendo a su madre. -Solo necesito que rescates a los dragones capturados, yo veré como encargarme de los barcos y el Skril.

-Bien… pero recuerda hijo, se ve atemorizante pero aun solo es un dragón, tiene miedo por eso ataca. Gánate su confianza.

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Estoico fue derribado al suelo por su oponente, Alvin soltó su escudo y con esa mano tomó una espada, el hacha y el escudo de Estoico habían desaparecido y Bocón miraba horrorizado a su amigo a punto de ser asesinado. Alvin blandió su espada y Estoico se cubrió el rostro con la mano, la punta del arma lo rozó y dejó un corte profundo en su palma derecha que iba desde su dedo meñique hasta el pulgar. Intentó pensar en algo mientras el otro se acercaba a él con el arma lista para matarlo. Preparado para su final Estoico cerró los ojos, pensó en su esposa y su hijo, lo mucho que los amaba y que pronto estarían juntos, los tres como una familia otra vez.

-Hipo, Val… ahí voy.-Pensó.

Alvin estaba por clavar la espada en el corazón de su enemigo cuando un sonido inconfundible y particular llenó el aire. Toda la isla que se había convertido en un campo de batalla se detuvo abruptamente, la gente paró en seco sus acciones y todos agudizaron el oído hasta volver a escucharlo… el grito inconfundible de un Furia Nocturna antes de-

-¡Furia Nocturna. Al suelo!- Gritó alguien. Y absolutamente todos en la isla se tiraron al piso cuando una bola de plasma explotó justo en uno de los barcos, el cual estaba desprovisto de toda vida, el disparo fue solo una forma de llamar la atención de todos en la isla. Antes de que cualquiera se diera cuenta una horda inmensa de dragones llegó volando y tomó a los atacantes por los hombros con las garras y los regresaron a sus respectivos barcos. Algunas personas lograron salir del estupor del momento y reanudaron su lucha con un grito reavivado.

Estoico seguía en shock sin poder creerlo. Alvin gruñó con ira pero antes de poder hacer cualquier movimiento fue tomado por los hombros por un Furia Nocturna que pasó a toda velocidad y lo arrojó lejos de Estoico. Hipo y Chimuelo aterrizaron, el niño no perdió tiempo en bajarse de su dragón y correr hacia su padre, envolviendolo en un abrazo tan fuerte como pudo pero sobre todo extremadamente necesitado.

-Lo siento.-Balbuceo el niño con lágrimas corriendo por sus mejillas. –Lo siento mucho, te amo papá. Tenía miedo de venir, pasaron muchas cosas. Lo sien- Las palabras fueron cortadas abruptamente cuando Estoico lo abrazo fuertemente. El niño rodeó el cuello de su padre y permanecieron allí varios segundos, tal vez incluso minutos. Aunque estar con su madre fue fenomenal el niño no podría negar que había extrañado a su padre demasiado.

-Creí que estabas muerto.-Balbuceó el hombre, aun tratando de comprender toda la situación.

-Lo sé, lo siento, lo siento mucho. Sucedieron muchas cosas y tenía miedo de volver por … las últimas semanas entre tu y yo no fueron muy…

Hipo bajo la mirada, aunque hubiera perdonado a su padre aún estaba muy dolido por todo lo que había pasado. Que lo perdonara no quería decir que podía confiar en él de nuevo tan fácilmente.

-Lo sé, lo sé hijo. Pero te prometo que nunca más perderé mi confianza en tí. Realmente, realmente no quiero que seas de otra forma. Aún me enojare contigo y tú conmigo pero confío en tí y espero que sigas siendo siempre… pues Hipo.

Aún abrazado a su padre, el muchacho asintió, pero necesitaría tiempo y pruebas para creer totalmente en su padre.

Un pensamiento golpeó la mente de Estoico y se separó un poco de su hijo tomándolo por los hombros. De repente el hecho de que Hipo llevaba meses desaparecido en la inmensidad del océano llegó a él. – ¿Hipo estas bien? ¿Estás herido? ¿Te duele algo? ¿Alguien te lastimó?- El niño negó con la cabeza pasándose el dorso de la mano sobre la mejilla y limpiando sus lágrimas, Estoico no encontró heridas superficiales por lo que decidió creerle… por ahora. Aun así la mente del niño no pudo evitar vagar al día en que Raiker lo dejó naufragando en el océano a su suerte ante la pregunta de si alguien lo lastimó, pero decidió que no era momento para esas historias.

-Estoy bien, no estoy herido.-Estoico volvió a abrazar a su hijo saboreando el momento y la calmante sensación de tener a su pequeño Hipo sano y salvo… ¿salvo? Esa palabra activó un interruptor en su cerebro y sus ojos se ensancharon de golpe. Rápidamente se puso de pie y tomó al niño del brazo, emprendiendo camino hacia los barcos de evacuación. –Papá ¿Qué haces?

-¿Qué haces aquí? Esta es zona de guerra, hijo. Debes estar a salvo.

-No papá, no vine para irme. Estoy aquí para ayudar.

Estoico giró hacia su hijo y sus ojos tenían la misma mirada de determinación, ambos vikingos testarudos y con cabezas duras como una roca, no cederían en sus posturas ante nada.

-No te acabo de recuperar hace un minuto para perderte otra vez.

-Juro papá que no me estás perdiendo. Yo puedo acabar con esto, puedo movilizar a los dragones y ganar la batalla, tengo un plan. Confía en mí.

-¡Confió en ti Hipo! Pero no te voy a perder.

-No te preocupes, no lo harás.-Antes de que Estoico pudiese darse cuenta, su hijo se soltó de su agarre y corrió hasta Chimuelo con quien emprendió vuelo inmediatamente. Estoico lo llamó pero el chico no se dio la vuelta. Hipo juro y perjuro que compensaría a su papá por esto, era un milagro que aun no le hubiese dado un ataque al corazón al hombre.

Chimuelo voló hasta donde se encontraban los amigos de Hipo, los rostros de tanto los adolescentes como los de los dragones estaban en completo shock, todos habían pensado que ambos habían muerto hace meses. Cuando el Furia aterrizó sus mentes parecieron reaccionar pero Hipo los interrumpió antes de poder formar aunque sea una palabra, este no era el momento para preguntas.

-Lo sé, lo sé. Estoy vivo. Les debo una explicación pero este no es el momento. Y no Patapez, no soy un fantasma.- aclaró. –Ahora, necesito que me ayuden a movilizar los barcos lo más lejos que puedan y desarmar a todos los atacantes. Los dragones que traje conmigo se están encargando de llevar a Marginados y Berserkers desarmados a los barcos, sin armas no nos pueden herir e iniciaran una retirada. Patán tú encárgate de desarmarlos, Patapez mantenlos alejados de los civiles y los lugares donde se refugian, Astrid, tú y los gemelos ataquen los barcos de la primera fila en formación, destruyan las catapultas, si es necesario hundanlos.

-¿Tú qué harás? -Preguntó la rubia.

Hipo miró en dirección al enloquecido dragón negro que lanzaba rayos -Intentaré acercarme al Skrill.

-Ten cuidado con eso. -Asintió con la cabeza y cada uno fue a hacer lo que les ordenaron.

Al ser una pesadilla monstruosa, Diente Púa intimidaba, con solo una parte de su cuerpo en llamas -para no incendiar a su jinete- asustaba a muchos Marginados, los Berserker eran más difíciles de enfrentar para lograr desarmarlos pero al final tanto dragón como jinete avanzaban rápido arrojando las armas al océano o cualquier pare del suelo, inmediatamente después un dragón llegaba y se llevaba al vikingo invasor hasta el barco más cercano.

Si bien Gordontua era muy cariñosa y sensible, aún era una Groncol y por lo tanto había rudeza en ella, tenía una piel escamosa muy dura y gruesa por lo que perfectamente podía servir de escudo y evitar que los atacantes hirieran a la gente del pueblo.

Barf y Belch podían destruir gran cantidad de armas y barcos al hacer una columna de gas y encenderla. Tormenta tenía uno de los poder de fuego más potente por lo que asustaba a los vikingos con sus espinas y destruía catapultas con sus llamaradas.

Hipo tomó la respiración y se acercó al Skril con cuidado. Sin embargo, tanto él como Chimuelo se detuvieron en seco al ver que este tenía cadenas envolviendolo y desde la tierra, Dagur el desquiciado controlaba esas cadenas, con una risa escalofriante y psicópata, a cada tironeo de las cadenas el Skrill lanzaba rayos o los dirigía desde el oscuro cielo nublado hacía las casas de Berk. Uno especialmente fuerte impactó contra el Gran Salón destruyendo parte del techo.

Dragón y jinete intercambiaron una mirada, sería más fácil razonar con el dragón que con Dagur. Esto sería muy difícil.

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-Oh pero que tierno, un gran momento padre e hijo, que tiernos esos momentos padre e hijo ¿no crees Estoico?

El nombrado dejó de mirar a su hijo que acababa de irse y al darse la vuelta gruñó, apretando los puños, y observando a Alvin. -Tú y yo aún tenemos algo pendiente.

Alvin gruñó apretando su agarre sobre su arma.

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-Ah. -Chimuelo esquivó el rayo con mucha suerte,se alejaron nuevamente a una distancia prudente del Skrill mientras la risa maníaca de Dagur resonaba fuertemente. No lograban acercarse, la idea inicial era romper las cadenas, era preferible un dragón peligroso y mortal suelto que un dragón peligroso y mortal controlado por un loco desquiciado. Sin embargo rápidamente cambiaron ese plan por otro al ver lo difícil que era, pensaron provocar que Dagur soltara las riendas, eso también era difícil y peligroso pero era su única idea, aunque se les estaba dificultando terriblemente.

La risa maníaca de Dagur solo sirvió para aumentar su estrés, el dragón estaba demasiado alterado como para entrenarlo o tranquilizarlo.

La visión de Hipo fue segada por un brillo potente, el sol del atardecer acababa de reflejarse sobre una pieza de metal en el suelo. Al ver hacía el Skrill estaba seguro que lo vio cambiar su vista al objeto brillante, brevemente tiró de las cadenas para acercarse a él pero el efecto desapareció tan pronto como el sol dejó de resplandecer en él.

El dragón rugió enojado y una serie de rayos le siguió.

Necesitaba ayuda de alguien más profesional.

Hipo se dirigió a un lugar lejano a la pelea, sobre un alto peñasco en el mar Valka observaba la situación, había intervenido muy brevemente, de hecho HIpo y Chimuelo guiaban a vikingos y dragones a la perfección, por lo que no había necesitado intervenir demasiado más que para ayudar a destruir algunos barcos.

Hipo y Chimuelo aterrizaron sobre la roca. -Necesito ayuda con el Skrill.

-Valka -aún bajo su máscara -observó hacia donde se podía ver a lo lejos al Skrill disparando rayos con ferocidad. -Está siendo controlado por Dagur, lo tiene atado con cadenas y lo controla. No puedo acercarme.

-Los Skrill son una de las especies más difíciles de entrenar pero no es imposible. Si pueden controlarse pueden entrenarse.

-¿Cómo hago?

-En ese estado de estrés y agresividad sería demasiado arriesgado.

-¿Qué sabes sobre ellos? Quizás pueda idear algún plan.

-Se enojan con gran facilidad, frecuentan las tormentas por lo que por instinto suelen seguirlas, y ...esta última es una teoría pero si bien pueden controlar rayos creo que no pueden dirigirlos hacia donde impactan con gran precisión. Depende mucho del objetivo, pueden enviar un rayo directamente hacia tí pero depende de la circunstancia. Mayormente envían muchos rayos juntos a puntos muy distintos dentro de cierto radio. Pero es una teoría Hipo, no son muy frecuentes los Skrill así que esto es todo lo que puedo decirte sobre los pocos que he visto y el corto tiempo que los he tenido enfrente.

Hipo asintió -Bien… creo que tengo un plan.

-Hijo, me iré una vez que los barcos empiecen a marcharse, no puedo arriesgarme a que tu padre…

-Lo sé.Y seguro me quedaré un tiempo aquí,ya sabes con papá. Ayudarlos a arreglar las cosas pero volveré a verte, tenlo por sentado, pronto, muy pronto, esta misma semana.

Ella asintió entendiendo la situación en la que se encontraba su hijo.

Hipo se dirigió a gran velocidad hacia donde estaban los otros jinetes, tenían la situación muy bien controlada, de no ser por el Skrill ya habrían ganado. -Necesito su ayuda con algo.

-Dinos. -Dijo Astrid.

-Necesito algo brillante y grande, lo suficiente para cubrir a una persona.

-¿Qué tal el trasero de Patán? -Sugirió Brutilda.

-Mis sobrinos tienen unos baldes con la mica de la arena picada, la utilizan como una especie de brillantina para jugar.

-Es perfecto. Acompáñame Patapez.

Los dos chicos se dirigieron a la cabaña y de ahí Patapez saco un balde lleno del polvo brillante. Hipo hizo que Chimuelo y Gordontua vertieran una gran cantidad de saliva, ya que la saliva de dragón era muy pegajosa y debería ser útil para que el contenido se adhiriera a Dagur -¿Te servirá?

-Eso espero. Ah. -Un rayo casi impacta sobre la pierna de metal de Hipo, Chimuelo logró esquivarlo por puro milagro, ambos se miraron preocupados. -Patapez necesito que hagas algo más. Por algún motivo creo que los rayos impactan más en Chimuelo y en mí, no sé por qué, sucede cada vez que intento acercarme al Skrill, aunque lo tome desprevenido así que necesito que tú arrojes esto sobre Dagur.

-¡¿Estás loco?!

-Lo haría yo si pudiera.

Patapez tenía miedo, mucho miedo pero después de suspirar brevemente, tomó el balde y se dirigió hacia donde estaba Dagur.

-Solo debes arrojarlo y que quede completamente cubierto. Yo lo distraeré. -Patapez asintió inseguro -¡Oye! ¡Aquí! ¿Me buscabas Dagur?

-Pondré la cabeza de la Furia Nocturna adornando mi lanza Hipo. -Grito Dagur.

-Atrévete a intentarlo.

Los ataques del Skrill, guiados por Dagur comenzaron a ser dirigidos hacía Hipo. Patapez aprovecho y con rapidez voló sobre el Berserker vertiendo el contenido del balde en él, eso descolocó al vikingo quien insultó confundido. Se miró a sí mismo asqueado por el contenido viscoso que cayó sobre él. -¿Este es tu plan Haddock? Asquearme.

El fuego de las antorchas iluminó a Dagur pero muy brevemente, entonces, el sol asomó entre las nubes intensificando ese brillo, Dagur se iluminó fuertemente, el Skrill fue atraído por el brillo y se dirigió a Dagur, tomándolo entre sus patas, con las pupilas dilatadas lo miraba fascinado.

-¿Qué haces, dragón inutil?

Hipo aprovechó para lanzar una certera bola de plasma y romper las cadenas, cuando el sol dejó de iluminar al volver a esconderse tras las nubes, Dagur dejó de brillar y el Skrill perdió toda fascinación por él. Gruñó enojado para arrojar al Berserker a un lado con brusquedad, el dragón, ya libre se alzó más sobre el cielo y rugió enojado.

-Ahora sí, vamos amigo. -Hipo y Chimuelo llamaron la atención del Skrill, quien los persiguió, volaron rápido guiandolo lejos del pueblo, los perseguía enojado y debían esquivar los rayos que eran atraídos hacia ellos.

Volaron entre peñascos y árboles frondosos, llegado un punto lograron perderlo de vista y se escondieron tras un enorme peñasco sobre el mar. El Skrill miró en todas direcciones, buscándolos, estaba muy enojado. Sin embargo no los encontró y decidió irse hacia donde la tormenta lo llevara, lejos de Berk.

Jinete y dragón observaron al Skrill alejarse y suspiraron aliviados. Era hora de volver, de regreso en Berk lo peor parecía haber pasado. Algunos barcos ya se estaban retirando y los invasores que aún quedaban sobre la isla estaban siendo capturados por los berkianos o se retiraban de regreso a los pocos barcos que aún quedaban.

Una pelea en medio de un montón de ruinas llamó la atención de Hipo. Allí su padre estaba peleando contra un montón de Vikingos, lo superaban en número por mucho, iba perdiendo y no había nadie más que él cerca para ayudarlo nadie más llegaría a tiempo.

Una roca muy grande golpeó sobre Chimuelo, cayeron al suelo, el dragón rodeo al chico con sus alas para amortiguar su caída. Hipo se levantó algo adolorido, no tenía tiempo para lamentarse. -¡Papá! -Empezó a correr en dirección hacía donde había visto a su padre.

-¿A dónde crees que vas?

Se chocó con Salvaje, un subordinado de Alvin -¡Chimuelo! -Al darse vuelta el dragón estaba siendo rodeado por un gran número de Marginados, que le arrojaron una red encima. Acababan de caer en una trampa.

Los vikingos los apresaron y los mantuvieron inmóviles unos minutos hasta que Alvin el traidor llegó. -Tú vendrás conmigo. - Tomó a Hipo del hombro y rodeo peligrosamente su cuello. -Escucha dragón, cualquier movimiento y le parto el cuello a tu jinete, ¿entiendes?

Chimuelo gruñó enojado. Alvin hizo que los Marginados llevaran a Hipo y Chimuelo hasta un lugar en ruinas, había muchas pilas de escombros, Hipo lo reconoció como una parte del Gran Salón. No podía creer que hubieran destruido gran parte del Gran Salón. Alvín le sonrió de forma siniestra. -¿Sabes por qué tu padre me desterró? -Hipo negó. -Porque era como tú. De niño yo era débil y quería ser como los demás, metí la pata un par de veces aunque... no tanto como tú. ¿Qué tan preciado crees que eres para Estoico? Déjame decirte que NADA.

-Mientes, yo lo sé.

El hombre se encogió de hombros. Observó a sus hombres y ordenó -Llévenselo. Acabaré con él una vez que mate a su padre.

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Estoico luchaba contra un gran grupo de marginados, cuando acababa con ellos otro grupo le seguía, era un gran guerrero pero el cansancio se estaba empezando a manifestar en él de tal forma que no podría ignorarlo.

-Alto. -Una voz gruesa resonó en el lugar, desde la cima de unos escombros Alvin descendió y llegó hasta donde estaba el jefe de Berk. -Su muerte me pertenece a mí.

-Al fin te dignas a aparecer. Ya parece que dejas a otros hacer tu trabajo sucio.

-Soy muchas cosas Estoico pero no un cobarde.

Estoico gruño. -Yo no estaría tan seguro de eso.

-¿Recuerdas el día que me exiliaste? ¿Recuerdas qué fue lo que me dijiste?

-Que eras una vergüenza para la tribu.

Albin sonrió. -¿Y recuerdas lo que te respondí?

Estoico suspiro apretando la madera de su hacha entre sus manos. -Que un día me llegaría mi castigo. -Dijo con la voz afligida.

-¿Y llegó?

Estoico tomó aire y tragó el nudo en su garganta -Sí.

-¿Lo ves? Tu esposa ha muerto y el único heredero que te dejó, ni siquiera está a la altura de llamarle así.

-Quizás… Admito que hubiera deseado un hijo mejor, no hace nada bien, pero Hipo es lo que me tocó a mí y lidio con él. Mientras que a tí te tocó el exilio y vivirás con ello.

Alvin sonrío con malicia. -¿Lo ves niño? Te lo dije. -De detrás de una columna, Hipo salió con una expresión shockeada y herida, terriblemente herido. Estoico abrió sus ojos de par en par al verlo.

Hipo negó sin poder creer lo que había escuchado.

-Hijo… escucha, yo- El chico negó no quería oírlo.

Unos Berkianos llegaron en aquel momento y combatieron contra los hombres de Alvin, este al final se retiró junto a los demás en los barcos. Hipo corrió hacia Chimuelo y le sacó la red de encima.

-Vamonos Chimuelo -Dijo soportando las ganas de llorar. Se subió a la espalda de su dragón que lo miraba muy preocupado.

-¡Hipo! -Bocón, que había llegado a socorrer a su amigo y llegó a escuchar la declaración, fue corriendo hacia donde estaba el muchacho y lo detuvo sosteniendo su brazo. -Estoy seguro que tu padre no quiso decir eso. Hipo negó con un par de lágrimas en sus ojos.

-Yo lo escuche.

-Hipo, no, espera a-a dónde irás. -Pregunto preocupado el herrero.

-Lejos, a cualquier parte.

-¡Hipo! -El chico no escuchó y se fue volando con Chimuelo, lejos de allí. Una vez en el cielo las manos le temblaban mientras se sostenía de la silla, los dientes le castañeaban y por más que intentó, cerrando los ojos con fuerza, al final las lágrimas se derramaron por sus mejillas. -Vamos a la Orilla Chimuelo, quiero estar solo.